Los Ángeles

Lunes

-Silencio…Silencio por favor – un hombre hablaba encima de un escenario, atrayendo la atención de todos los presentes – estamos está noche aquí, para celebrar el lanzamiento del disco de Isabella Welch – todos comenzaron a aplaudir mientras la chica subía emocionada al escenario.

-Muchas gracias Glenn – le dio un beso en cada mejilla – estoy muy feliz de verlos aquí, acompañándose en está noche tan importante para mi. A Lynx Pentreath que sacó tiempo, de su apretada agenda para asistir a este evento – señaló a Quinn, quien reía divertida – Esto es una fiesta y vamos a celebrar

La música empezó a sonar y los invitados a beber. Allí se encontraban varios famosos de la industria, entre ellos Marilyn Manson y Bruce Dickinson, el vocalista de Iron Maiden. Charlaron un par de minutos, acordando una reunión para finalizar los últimos detalles de la canción que sacarían los 3.

Varios de los presentes, ya sabían de la existencia de Beth, por lo que muchos se acercaron para felicitar a Quinn por el reencuentro con la adolescente, ofreciéndole una que otra copa, que amablemente la rubia rechazó.

-Me alegra que no estés bebiendo – murmuró Trece acercándose a ella, con un mojito

-Estoy en rehabilitación – sonrió bebiendo de su vaso con agua – es la moda entre las celebridades, mírame puedo ser la próxima Lindsay Lohan – se burló sacando una carcajada de Trece.

-Esperó que no te conviertas en la próxima Lindsay Lohan

-Yo también lo esperó… se ve feliz – señaló a Isabella, que se tomaba unas cuantas fotos con su cd

-Su sueño se hizo realidad.

-Creí que su sueño era The Lynx Pentreath Band – la miró confundida

-Bueno sí – contestó Trece, acercándose a la mesa de bocadillos – The Lynx Pentreath Band, fue el sueño de Isa, sueño que cumplió – señaló a Quinn, mordiendo un brownie – pero desde que la banda se disolvió y empezó a tocar para ti, secretamente, también deseaba la misma atención que recibías tú.

-¿Por qué nunca me lo dijo? – preguntó cruzándose de brazos.

-Eres su amiga, Quinn. Ella no quería que te enojaras por ella, por ella tener celos… pero ya vez – miró a la chica, que ahora charlaba con Charlie Sheen – lo está consiguiendo, obviamente no será tan famosa como lo eres tú, pero algo es algo – se encogió de hombros alejándose de Quinn – pórtate bien

Martes.

Habían llegado a la mansión de Quinn cerca de las 5:00 am. La fiesta se había alargado más de la cuenta. Isabella quedó profunda encima del costos sofá, mientras que Quinn a duras penas había logrado bajar las escaleras para descansar.

La mansión estaba compuesta por tres habitaciones, todas en la planta inferior. Una cocina con vista panorámica, con una puerta corrediza que daba al exterior donde habían varias sillas para descansar, una sala con chimenea. Una piscina que daba a la ciudad de Los Ángeles y a la cual se tenía acceso, desde el cuarto de Quinn o bajando las escaleras, cerca de la cochera.

Apenas eran las 10 de la mañana y el teléfono de Quinn, sonaba sacándola del mundo de los sueños. Medio sonámbula, se levantó de la cama, buscando su chaqueta para sacar el teléfono.

-Hola – respondió sin mirar la pantalla y dejándose caer en la cama nuevamente.

-Quinn…

-¿Qué quieres Frannie? – preguntó ahogando un bostezo después de que reconoció la voz de su hermana - ¿Se te acabó el dinero?

-Quinn…

-¿Qué?

-A mamá le dio un infarto – Quinn quedó sentada, a la vez que sentía un frío bajándole por la espalda

-¿Qué…? ¿Qué le paso? – preguntó sentándose al borde de la cama, refregándose el rostro

-Estaba lavando la ropa y de un momento a otro se desplomó en el piso – Quinn suspiró, levantándose de la cama y caminando hacia el gran ventanal

-Consigue al mejor grupo de médicos, para que la atiendan, yo pago los gastos… - corrió la puerta corrediza y se sentó en la silla que había frente a la piscina.

-Mamá quiere verte…

-Yo no tengo nada que hacer allá Frannie

-Estamos en Washington, por si quieres venir – murmuró – ten buen día Quinn – la rubia suspiró pesadamente luego de que la llamada finalizó.

Se levantó de la silla, para buscar una cajetilla de cigarrillos y regresó a la silla, dispuesta a fumarse uno, con la gran vista que tenía aquella mansión.

Había dejado la colilla ya fumada en el cenicero cuando sintió a alguien sentarse a su lado.

-Buenos días Quinn – la cantante reconoció la voz, como la Trece – ¿Tan temprano y ya fumando?

-¿Tan temprano y ya jodiendo?

-¿Qué paso? – preguntó ignorando el humor de la rubia

-Frannie me llamó – contestó por fin abriendo los ojos y mirando a la doctora – mi mamá está hospitalizada

-¿Qué le paso?

-Sufrió un infarto

-¿Y que haces sentada? – preguntó levantándose - ¿No deberías estar alistándote para viajar a donde sea que toque viajar?

-¿Viajar? ¿Tú estás loca? – sacudió la cabeza bufando – No tengo nada que hacer en ese lugar.

Miércoles

-No puedo creer que este en Washington

A las malas, Trece había convencido a Quinn de viajar a Washington para ver a su madre en el hospital.

-Esto es una mala idea – replicó la rubia entrando en el hospital – Trece está gente me detesta.

-Quinn. Por Dios, comportarte como una mujer adulta, hecha y derecha – la regaño Trece.

-Sólo espetó que este hospital sea discreto – murmuró Isabella entrando tras ellas – sino tendrás muchas explicaciones que dar

-Lo se – se frotó las sienes – pero no quiero involucrar a Rachel en esto.

-¿Sabes que estamos más cerca de Nueva York que de Los Ángeles?

-Lo se – contestó enojándose

-Es por aquí – Trece había ido hasta la recepción y averiguado por la habitación de Judy Fabray - ¿Estás preparada?

-No, pero igual me vas a obligar – se encogió de hombros, caminando detrás de la doctora, que la ignoró olímpicamente

-¿¡Qué demonios haces aquí!? – la voz de Russell Fabray, resonó en todo el pasillo - ¿¡Quien te dio permiso de venir aquí!?

-Mamá quería verla – Frannie habló saliendo de la habitación – por eso la llamé.

-Te dije que era mala idea – murmuró Quinn, sacando una sonrisa en Trece.

-Ven Quinnie – la llamó la rubia mayor

-No me llames Quinnie – replicó con la mandíbula apretada – sólo vine ha hablar con mi mamá y mañana mismo me regresó a Los Ángeles.

-Como quieras… ¿Deseas tomar algo?

-Un vaso con agua – su hermana asintió, dejándola pasar – ya regresó.

Quinn duro cerca de veinte minutos hablando con su madre, aunque tuvo que esperar casi dos horas a Trece, quien se había encontrado con Chase, un antiguo compañero de trabajo, que había resultado ser, el médico de su madre.

-Me duele la cabeza – fue lo primero que dijo al entrar a la habitación del hotel

-Linda habitación – murmuró Frannie. La rubia había insistido en acompañarlas hasta el hotel y más por cansancio, Quinn aceptó

-Estás colorada – le dijo Isabella tocándole la frente – pero no tienes fiebre, ni nada

-Debe ser sueño – sacudió la cabeza sacando su teléfono – llamaré a Rachel – se alejó de ellas, entrando a su habitación en aquella Suite que había pedido para las tres. Después de dos tonos, la morena contestó.

-¡Quinn!

-Hola corazón ¿Cómo estás? – preguntó recostándose en la cama y cerrando los ojos.

-Bien, aquí pasando una tarde con Beth

-¿No tuvo clase?

-Sí, pero salió temprano y estamos utilizando tu Sauna

-Me alegra que se diviertan sin mi

-Pero te extrañamos… ¿Cómo va todo por allá?

-Bien, igual que ayer – contestó suspirando – creó que tomaré una siesta

-¿Estás bien?

-Sí, sólo estoy agotada. Te quiero morena – sonrió al no escuchar palabra alguna – hablamos más tarde o mañana.

-Lindo cuarto – susurró Franie entrando, observando a Quinn acostada – ya veo en que derrochas el dinero.

-Es mi dinero, lo derrochó en lo que quiera – se enderezó hasta sentarse correctamente al borde de la cama – me duchare, quedas en tu casa – murmuró alcanzando su maleta y sacando algo de ropa .

Jueves.

-Estas empezando a preocuparme ¿Segura que estás bien? – preguntó Isabella luego de que entraron a la mansión en Los Ángeles. Trece, a petición de Quinn, se había quedado en Washington trabajando con Chase en el caso de su madre.

-Sí yo… - miró sus manos que empezaban a temblar – me siento como si estuviera en abstinencia – y así era, su aspecto físico, daba para pensar que llevaba dos o tres días sin consumir

-Pero no has consumido nada – dijo Isabella sentándose al lado de Quinn, en aquel sofá rojo.

-Lo se – paso sus manos por su cara, antes de meter la mano al bolsillo de la chaqueta - ¿¡Pero que diablos…!? – exclamó cuando sintió algo que no debería estar allí.

Lentamente, sacó su mano de la chaqueta y al hacerlo pudo ver una pequeña bolsita de droga. Isabella se sorprendió al ver la droga en manos de Quinn, pero más se sorprendió al ver como los ojos avellanas de la chica, se oscurecían y antes de que se la pudiera quitar, salió corriendo, bajando las escaleras de dos en dos.

-¡Demonios! – exclamó Isabella lanzando lejos la pera que estaba sobre la mesita.

Diez minutos más tarde, Quinn regresaba al piso superior, encontrando a Isabella, afuera de la cocina, sentada allí fumando un cigarrillo.

-Hola…

-¿Ya terminaste de drogarte? – Isabella sonaba molesta y no porque Quinn no le hubiese compartido, le enojaba saber que su amiga estaba por destrozar su relación con Rachel y con Beth.

-Lo lamento – se dejó caer en la silla contigua – no se que me paso, ni cuando empecé a dejar de consumir me sentía así.

-Mira Quinn... – se giró para encararla, quedándose en silencio de un momento a otro

-¿Qué? – preguntó al ver el mutismo de la pelinegra

-Estás colorada y tienes las venas del cuello inflamadas – Quinn se tocó el cuello frunciendo el ceño - ¿Qué droga era?

-No tengo idea…

-Estás igual de colorada que ayer – se levantó rápidamente - ¿Ayer consumiste?

-¿Y en que momento? – bufó molesta – si me la pase todo el día con ustedes, en el dichoso hospital – Isabella parpadeó rápidamente tratando de recordar, si Quinn se había alejado de ellas, pero sólo pudo recordar que cuando lo hizo, fue para ver a su madre

-Te traeré un vaso con agua – murmuró apagando el cigarrillo en el cenicero.

Sábado.

Quinn estaba en su cama, con la cabeza para un lado mirando hacia Los Ángeles. Isabella se había marchado para la disquera, luego de dejarle el desayuno en la cama, ya que no había querido levantarse. La noche anterior había hablado con Rachel y se dio cuenta, que la chica se había enojado, al decirle que sólo estaba con Isabella.

Se masajeaba las sienes con crema, puesto que un dolor insoportable de cabeza, la ataca desde que había regresado de Washington, mientras hacia eso su teléfono sonó.

-Hola…

-Hola Quinn – tragó fuertemente levantándose de la cama - ¿Cómo estás?

-Bien… algo cansada pero bien – bostezo abriendo la puerta corrediza y sentándose en la silla.

-¿Estás sola?

-Sí – murmuró encendiendo un cigarrillo – Isabella salió temprano para la disquera

-Quinn ¿A pasado algo? – la pregunta la confundió bastante mientras expulsaba el humo.

-¿Pasado de que?

-¿Con Isabella? ¿A pasado algo?

-¡Por supuesto que no! – exclamó indignada lanzando el cigarro a la piscina – Esto ya fue suficiente – se apretó el puente de la nariz

-Quinn…

-No Rachel escúchame tú a mi. Entre Isabella y yo no ha pasado nada, ni pasará nada. Si ella me coqueteaba y yo no le prestaba atención es simplemente por que Isabella tiene pareja, es más, están comprometidas y a mitad del próximo año se van a casar y si se comportaba así, es porque le divertía verte celosa.

-¿Isabella está comprometida?

-Confía un poquito más en mi Rachel, yo no pondré en peligro lo que estamos construyendo juntas… al menos no voluntariamente – murmuró para si misma al ver los temblores en su mano izquierda.

-¿A que te refieres?

-Me duele la cabeza Rachel – suspiró pesadamente – Te amo morena, no lo olvides – dicho eso colgó la llamada. Dejó el teléfono en la mesita y se dispuso a duchar.

Domingo

Lo último que esperas escuchar a las cuatro de la mañana, es a una persona gritando que los fantasmas la quieren matar, es más, es muy improbable que escuches eso o eso pensaba Isabella, quien se levantaba asustada al escuchar los gritos agonizantes de la rubia

-¡Quinn! – exclamó poniéndose rápidamente unos zapatos y una blusa que la tapará. Salió corriendo del cuarto y agradeció que sólo fueran unos pocos metros de distancia - ¡Quinn! ¿Qué tien…? – la pregunta murió en sus labios, al ver a su amiga sentada en el piso, meciéndose con sus brazos alrededor de sus piernas, sollozando -¿Quinn? – se acercó lentamente a la rubia tratando de no asustarla

-¡No dejes que me maten! – en un movimiento rápido, Quinn había sujetado a Isabella de la camiseta acercándola a ella - ¡No dejes que me maten! – repitió

-¿Quién te quiere matar cariño? – preguntó confundida

-¿¡No lo ves!? – exclamó fuertemente mirando hacia su cama

-¿A quien?

-A Bob

-¿Quién es Bob?

-Él – los ojos temerosos de la rubia, le hicieron comprender a Isabella que aquella situación era real y aunque ella no veía a Bob, Quinn sí y para ella, Bob era muy real

-¿Quieres salir de aquí sin que Bob se de cuenta? – Quinn asintió tan rápido, que Isabella creyó que se lastimaría algo.

-Ven – susurró tomando la mano de Quinn – saldremos en silencio y así, no perturbaremos a Bob.

Tomadas de las manos, subieron las escaleras. Isabella dejó a Quinn en el sofá y fue a preparar un agua de yerbas para tranquilizar a la rubia, quien se la tomó rápidamente sin importarle si se quemaba la lengua, pero cinco minutos más tarde, volvía a caer presa del sueño

-Qué cosa más rara – murmuró bajando nuevamente la escalera. Debía llamar a Trece, ella era la doctora, ella sabría que hacer

Miércoles

Casi a la fuerza, Trece había sacado a Quinn de la mansión para llevarla al médico, a que la revisaran pues últimamente andaba demasiado caliente y las alucinaciones cada vez eran más seguidas.

-¿Hace cuanto consumes Quinn? – preguntó el doctor Foreman, buen amigo de Trece.

-Llevaba ya varias semanas sin consumir hasta la semana pasada – contestó jugando con sus dedos

-¿Qué consumiste?

-No tengo idea

-¿Cuándo fue la última vez que consumiste?

-Anoche – contestó ganándose la mirada de sus amigas – pensé que si lo hacía, podría dormir sin alucinar nada.

-Creemos doctor – habló Isabella – que a Quinn la drogaron

-¿Cuándo? – preguntó tecleando rápidamente en su teclado.

-No lo sabemos, pero después de que regresamos de Washington, Quinn regresó así

-¿De Washington? – frunció el ceño – Quinn ¿De donde estás sacando la droga? – preguntó el doctor.

-En la maleta habían seis bolsitos, quedan cinco

-¿¡Estás diciendo que en tu maleta tienes droga y no nos habías dicho!?

-No le vi importancia – se encogió de hombros.

-¿¡No le viste importancia!? – Trece se levantó de la silla, alzando la voz - ¿¡Pero que mierda tienes en la cabeza!?

-Remy calmarte – el doctor intervino – no es el momento – Trece asintió sentándose nuevamente – vamos ha realizarte unos exámenes Quinn

Horas más tarde, regresaban a la mansión. Donde Quinn luego de un par de días, había podido hablar con Rachel. Trece le estaba tomando la presión e Isabella estaba afuera fumándose un cigarrillo.

-¿A dónde vas? – preguntó Trece al ver a la pelinegra salir.

-Hace mucho que no revisamos el correo – murmuró saliendo, para luego regresar dos minutos después – es una citación – le entregó un sobre a Trece. Ambas mujeres habían entrado a la cocina dejando a Quinn en la sala viendo televisión.

-¿Una citación? ¿De que? – preguntó abriendo el sobre y leyendo rápidamente su contenido, nada bueno podía ser, si tenía los ojos abiertos de par en par.

-¿Qué pasa?

-Han demandado a Quinn, por abandono a un menor

Jueves.

La noche anterior Quinn había tenido un ataque epiléptico, asustada, Trece llamó al doctor Foreman, quien estaba a punto de llegar a la mansión con los resultados de los exámenes practicados a Quinn.

En ese momento Trece e Isabella, observaban como Quinn charlaba animadamente con Ralph. No sabían quien era Ralph, pues sólo Quinn lo veía y eso tenía bastante preocupadas a las dos mujeres.

Antes de que Foreman llegara, el abogado Luke Hamilton, timbraba en la mansión, necesitaban con urgencia asesoría legal.

-Buenos días – saludó el hombre - ¿Qué es lo que sucedió? – preguntó sentándose al lado de Quinn, quien lo miró mal, por sentarse encima de Ralph

-Anoche encontramos esto – Trece le entregó el sobre con la notificación de la demanda, que Shelby había presentado – como verá, Quinn no está muy bien que digamos – los tres miraron a la rubia que tenía la mirada pérdida.

-Okay… primero que todo – antes de que pudiera continuar, el timbre sonó, anunciando la llegada del doctor Foreman.

-Buenos días – saludó entrando – abogado

-Doctor – se saludaron ambos hombres.

-Tengo aquí los resultados de los exámenes de Quinn – comentó sentándose al lado de Isabella – necesitó una bolsita de la droga que Quinn ha estado consumiendo, para determinar con exactitud que contiene, aunque tengo una leve sospecha… - sacó unos papeles de su portafolio – los resultados, no son para nada alentadores. En pocas palabras Quinn está perdiendo la razón. Esa droga que consumió, le quemó, literalmente, algunas neuronas, está perdiendo el sentido de lo que es real y lo que no.

-¿Qué recomienda doctor?

-Internarla en un centro psiquiátrico


La mansión aquí mencionada, es la del juego GTA V en donde vive Franklin. Espero les guste el capítulo.