Nueva York

Viernes

Debemos aprender a vivir con las decisiones que tomamos, así estás no sean las más acertadas. Pero siempre y eso es global, cada decisión trae su consecuencia y aveces, ni siquiera somos nosotros mismos quienes pagamos las consecuencias de nuestros actos, sino las personas que más queremos.

Rachel lo sabia de primera mano. Años atrás solo pensando en su beneficio, había revelado el secreto de Quinn ¿Cuál secreto? Quien era el padre de Beth ¿Qué consecuencia tuvo? La rubia tuvo que irse a vivir con Mercedes. Nuevamente, Rachel le había enviado mensajes de texto a Quinn, sabiendo que ésta estaba conduciendo ¿La consecuencia? Quinn estuvo un par de meses en silla de ruedas.

Y ahora si el Karma o como quieran llamarlo, no le cobraba a esa persona, el daño que le había plantado a Quinn, habían otros métodos, para el mismo fin, pero eso sería seguir alargando la consecuencia y si alguien sabia, de lo que se sentía ver a otra persona sufriendo por sus acciones, esa era Rachel, quien en ese momento estaba inconsciente, luego de haber visto la nefasta noticia.

-¿Rachel? – la morena sentía que alguien la golpeaba en la mejilla. Era un buena señal de que estaba recobrando el conocimiento - ¿Rachel?

-Mmm

-¡Despierta Berry! – la latina dejo caer una jarra de agua en el rostro de Rachel, dejándola sentada

-¿¡Qué demonios te pasa!? – le gritó tratando de secarse

-Aquí están las amigas de Fabray – murmuró la latina observando a las dos mujeres, que estaban sentadas en los cómodos sofás del salón de entretenimiento.

Rachel caminó hasta a ellas, colocándose Trece de pie

-¿Qué fue lo que paso con Quinn? – preguntó con la voz entrecortada.

-No diré nada, hasta que ésta – miró a la latina – no se largué

-Me iré si Rachel me lo pide – se cruzó de brazos

-Pues fíjate que está es la casa de Quinn, no de Rachel – se acercó a ella hasta quedar cara a cara con la latina – y así no esté ella, yo haré respetar – mascullo entre dientes.

-¿Respetar que? – se burló – si la adicta ya no está aquí

-¡Sant…! – la exclamación de Britt y Rachel murió, cuando vieron como el puño de Trece se estrellaba en la cara de la latina, sacándole un poco de sangre.

-¡Largo de aquí! – empezó a empujarla, hasta sacarla de la habitación.

En medio de empujones llegaron a la sala en donde, Trece le hizo señas a Isabella, quien llamó a Howard. Cuando el hombre llegó, la doctora empujó nuevamente a la latina

-¡Ésta mujer tiene prohibida la entrada a está casa! – señaló a la latina a la vez que le hablaba al hombre - ¡No importa si viene invitada por Berry o por Brittney! – miró a las dos mujeres negando - ¡Si no tiene nuestra autorización! – señaló a Isabella - ¡O en su defecto la de Beth! ¡No puede entrar!

El hombre asintió abriendo la puerta.

-Esto no se va a quedar así - le grito Santana desde la puerta señalando su rostro

-San por favor - le suplico Brit. finalmente, una Santana enojada, salio seguida de su esposa, que se disculpo con la mirada.

-¿¡Pero que diablos te pasa!? – le gritó Rachel a Trece una vez se quedaron solas - ¡Si vas a echar a la gente, échala a ella también! Qué seguro es la culpable de lo que le pasó a Quinn – murmuró mirando a la cantante que estaba sentada en el sofá favorito de Quinn

-¡Yo de ti, cuidaría el tono con el que le hablas a mi prometida! – exclamó Trece sorprendiendo a Rachel

-¿Pr-prometida?

-¡Ahora siéntate y cállate! –Trece sacudió la cabeza y se alejó de allí rumbo a la cocina.

La sala permaneció en silencio un par de minutos, cada una de las presentes sumidas en sus propios pensamientos. Nada de esto debería estar ocurriendo, fue lo primero que pensó Rachel.

-¿Qué pasó? – preguntó con la voz rota. Isabella la miró, respiró profundamente y finalmente habló.

-Tenemos la teoría de que a Quinn la drogaron – susurró tan bajo, que Rachel creyó que lo había imaginado – En los últimos días andaba extraña, le dolía mucho la cabeza - eso lo sabía Rachel, de las pocas veces que hablo con la rubia - estaba colorada, como si estuviera hirviendo pero no tenía fiebre, varias veces la encontré, bien tarde dentro de la psicina porque el calor, no la dejaba dormir y creeme Rachel, estos días hizo frío en Los Ángeles.

-¿Desde cuando estaba así?

-Después del viaje a Washington llegó así, por eso...

-Espera – algo no andaba bien - ¿Quinn estuvo en Washington? – Isabella asintió, quitándose la chaqueta.

-No te dijo nada, porque realmente no quería ir, Trece la obligó.

-¿Por qué? ¿Qué había en Washington?

-La mamá de Quinn se infarto – contestó Trece regresando a la sala, entregándole un vaso de jugó a Isabella, a la vez que se sentaba a su lado – la señora Fabray está hospitalizada y me pareció de mal gustó que Quinn no fuera a visitarla

-Pero… - la morena frunció el ceño - ¿Por qué no me dijo?

-Sabia que si te decía, ibas a llegar a Washington y no quería exponente a comentarios maliciosos.

-¿Qué paso en Washington? – las dos chicas se miraron y finalmente Trece habló.

-Creemos que a Quinn la drogaron – Rachel asintió, Isabella ya había mencionado eso – antes de seguir… ya estamos investigando que paso en Washington, puesto que Quinn en ningún momento se separó de nosotras

-Pero ya tenemos un leve indicio de quien puede ser el culpable – comentó Isabella mirando para otro lado. Trece había hablado con Glenn y éste estaba gestionando todo el tramite con el abogado de Quinn, para acceder a las cámaras de vídeo del hospital, del día en que la rubia estuvo visitando a su madre.

-Alguien logró que Quinn recayera en la droga ¿Pero por qué un psiquiátrico? – preguntó Rachel.

-No es una droga cualquiera Rachel… - el teléfono de Trece interrumpió la conversación de las chicas – discúlpame – contestó el teléfono, colocándolo en altavoz – Foreman ¿Qué noticias me tienes?

-Ya me entregaron los resultados de las pruebas que le hicimos a la droga – Isabella y Rachel miraron fijamente el aparato, cuando el doctor dijo eso – está droga es mortal Trece, quien quiera que se la haya puesto a Quinn, quería matarla; para una persona normal, está droga lo puede destruir mentalmente con ocho dosis, pero para un adicto en rehabilitación, esto es doblemente mortífero. Con las ocho dosis, puede morir. Afortunadamente Quinn sólo llegó a consumir tres de las ocho dosis.

-¿Cada cuánto tiempo debía consumir la droga? En caso de que Quinn hubiese decidido seguir consumiendo – preguntó Trece.

-Una persona normal, consume cada dosis en un tiempo aproximado de 48 horas, pero en un adicto el tiempo es menor, alrededor de 12 a 24 horas. Según lo que ustedes me dijeron, la primera dosis fue hace casi una semana, a está altura, un adicto ya debía haber consumido las ocho dosis. De alguna forma muy extraña, Quinn logró contenerse y sólo consumir tres.

-¿Eso es favorable? – preguntó está vez Isabella

-Bastante, aunque el tiempo de recuperación será bastante largo

-¿De cuánto estamos hablando? – Trece preguntó mirando a Rachel que tenía la mirada pérdida

-Aproximadamente unos dos o tres años…

-¿Tanto? – Rachel se levantó y comenzó a caminar de lado a lado

-Menos tiempo no puede ser Trece, a lo mucho dos años, menos de eso es imposible. Debemos determinar que tan grave es el daño y el tratamiento que utilizaremos.

-Gracias Eric

-Cualquier cosa te estoy avisando – Trece colgó la llamada

-¿Querían matar a Quinn? – murmuró Rachel frotándose los brazos

-O al menos perjudicarla… ¿Qué haces? – preguntó Isabella al ver a Rachel marcando un número

-Llamando a mi a agente – contestó como si fuera los más obvio, colocándose el teléfono en la oreja – Necesitó el primer vuelo disponible a Los Ángeles

-Frénate Rachel – dijo Trece levantándose y quitándole el teléfono.

-¡Oye! – exclamó la morena – Necesito ir a ver a Quinn, necesito hacerle saber que estoy con ella, que no la voy a abandonar - la angustia con la que hablaba, hizo que a Trece se le formara un nudo en la garganta. Realmente esa pequeña morena amaba a a Quinn.

-Rachel entiendo que necesites ver a Quinn, pero no puedes abandonar la ciudad

-¿De que hablas? – Isabella se levantó en busca de la mochila con la que habían llegado

-A Quinn la denunciaron por abandono a un menor – Rachel abrió los ojos sorprendida – Shelby Corcoran, la demandó por haber dejado a Beth aquí en Nueva York. Nos enteramos antier, así que ayer en presencia de un abogado y de Foreman, Quinn te cedió la custodia de Beth mientras se recupera – Isabella le entregó los papeles correspondientes – de igual forma, Quinn te cedió el control total de sus cuentas bancarias, así que puedes sacar lo que se necesité

-Pero…

-Quinn confía en ti Rachel – la morena asintió algo confundida; el teléfono de Trece sonó nuevamente, atrayendo la atención de las tres chicas.

-Hoy fue el día de las llamadas a Trece – trató de bromear Isabella, ganándose un beso por parte de Trece, quien se levantó y se alejó para atender la llamada

-Que raro fue eso – mencionó Rachel

Las dos chicas se quedaron en silenció, cada una sumida en sus propios pensamientos. Para Rachel no era fácil asimilar la nueva situación de Quinn. Hacia dos semanas estaban juntas amándose y ahora, Quinn estaba internada en un psiquiátrico y ella a cargo del tesoro de su novia. Salió de sus pensamientos cuando el teléfono de Isabella sonó, anunciando la llegada de un mensaje.

-¡A carajo! – exclamó Isabella

-Tenemos que irnos – entró Trece algo agitada – Beth tuvo un accidente

-¿¡Qué!? – brincaron las otras dos, saliendo tras Trece

-Un auto ¡Necesitamos un auto!

-Tengo mi camioneta en el estacionamiento – se regresó corriendo en busca de las llaves, cuando las encontró, Trece se las arrebató y corrió al estacionamiento subterráneo para buscar el auto.

Rachel salió y se quedó con Isabella esperando, quien le regresó el celular y en ese momento observó la cantidad de whatsapp's que tenía del club Glee, todos preguntándole si era verdad lo que había pasado con Quinn.

Rápidamente apareció Trece en la camioneta, se subió en la parte de atrás y cuando ya iban a arrancar, Isabella se bajo corriendo, rumbo a la casa en busca de los papeles que certificaban a Rachel como la tutora legal de Beth. Unas vez Isabella y los papeles estuvieron en el auto, Trece partió a gran velocidad, rumbo a una dirección que sólo ella conocía.

Se mantuvieron en silencio, únicamente escuchando de vez en cuando las maldiciones de Trece al verse envuelta en el embotellamiento de la hora. Rachel había colocado su teléfono en vibración, cuando notó que ya no sólo eran mensajes, sino ahora eran llamadas de sus antiguos compañeros.

El auto se detuvo de repente. La morena pudo observar que la zona estaba acordonada por policías y varios curiosos, también había una ambulancia estacionada. Habían periodistas en el lugar, tratando de captar alguna imagen de la hija de la cantante, que ahora estaba en un psiquiátrico, o sí, eso sí que era la noticia del año.

-No pueden pasar – dijo un oficial parándose en la ventanilla del conductor.

-Con nosotras viene la tutora legal de Beth – le informó al oficial pasándole los papeles que tenía Isabella.

-¿La señora Rachel Berry? – Trece asintió - ¿Y en donde está?

-Aquí – la morena estiró su mano y su identificación. Agradecía mentalmente a su padre, que desde pequeña le había inculcado que siempre debía salir con su identificación, así no saliera con bolso.

-Pueden seguir – les devolvió los documentos. Trece asintió arrancando el auto y entrando por el paso que el oficial le había abierto.

En la acera estaba sentada Beth con una venda en la cabeza y una paramédico atendiéndole las pequeñas heridas que tenía en el rostro. Metros más allá, estaba Shelby discutiendo con un oficial, porque no le permitía llevarse a Beth con ella

-¡Yo soy su madre! – le gritaba al oficial, que nuevamente le repetía que le bajará al tono o sino se la iban a llevar detenida.

-Eso no es cierto señora Corcoran – habló claro y fuerte Trece, atrayendo la atención de los oficiales – la tutora legal de Beth es…

-La tutora legal de Beth está en un manicomio niña – la interrumpió Shelby – mire a ver si se actualiza en noticias y a todas estás ¿Usted quien es?

-¡Rachel! – exclamó Beth levantándose y abrazando a la morena, que miraba fijamente a su madre biológica -¡Estás aquí! – escondió su cara en el cuello.

-Nosotras nos haremos cargo oficial – Trece le entregó los papeles al oficial, quien asintió

-¡Ellas no se pueden llevar a Beth! – gritó Shelby histérica

-Sólo la tutora legal de Beth la puede recoger – le informó el oficial ya cansado por la actitud de Shelby

-¡Su tutora legal no está!

-Aquí estoy Shelby – le dijo Rachel sin soltar a Beth – Quinn me dejó la custodia de Beth – la adolescente se separó de ella

-¿Eso es cierto?

-Sí cariño – la chica volvió a abrazarla, ahora con mucha más fuerza

-Gracias, gracias, gracias – murmuraba.

-Señora por favor retírese – le pidió del oficial, escoltando a Shelby lejos de Beth.

-¿Estás bien? – le preguntó Isabella tocándole el hombro a Beth, quien sólo asintió – afortunadamente Quinn te había comprado un auto seguro – silbó mirando el BMW.

Beth, se había estrellando contra un árbol, luego de perder el conteo del auto. Afortunadamente sólo había recibido unos pequeños golpes, nada graves, aunque el auto había quedado en su 80% destruido – yo me encargó de los trámites con el seguro

-Gracias cariño – Trece la besó, entrelazando sus manos

-¿Cariño? – preguntó Beth confundida.

-Es una larga historia – contestó Rachel, caminado con la adolescente, detrás de la pareja, rumbo a la camioneta.

-¡Rachel! ¡Rachel! - gritaban los periodistas cuando pasaron a su lado - ¿Qué tienes tu que ver con Lynx Pentreath? ¿Es cierto que perdió por completo la razón y quería matar a sus compañeros de banda? ¿El diablo vino a pedir su parte del trato que había firmado con Lynx? - fueron una de las tantas cosas que tanto Rachel como Beth escucharon, aunque ninguna dijo nada, la morena ya estaba pensando en hablar con el representante de la rubia, para que aclarará toda esa situación, ella no iba a permitir que la imagen de Quinn, quedará por el suelo, por culpa de un inescrupuloso.

El viaje de regresó ya fue más lento. Beth se había quedado dormida luego de unos minutos. La medicina que le había dado la paramédico para calmarla, habían surtido efecto durmiendo a la chica.

Luego de un rato, llegaron a la mansión y por primera vez la sintieron helada; saber que Quinn ya no estaba allí, tocando guitarra ocasionalmente o simplemente acostada en el sofá fumándose un cigarrillo, dolía y dolía bastante.

Entre Rachel e Isabella bajaron a Beth del auto y la acomodaron en la sala, a espera de que la chica despertará por si misma.

En la cocina Trece las esperaba, preparando un té para calmar los nervios después de ese día tan largo. Isabella le había dicho, que el domingo viajaría a Los Ángeles, a traer el encargó de Quinn para Beth, pero que por el afán, no habían alistado.

-Que día tan largo – suspiró pesadamente Isabella entrando con Rachel y sentándose en el banquillo – por cierto – llamó la atención de las dos chicas, después de que Trece les entregará el té – hace rato me llegó esté mensaje – le entregó el teléfono a Trece

-¿Pero que diablos? – leyó el mensaje y luego miró a Rachel – Santana López tiene terminantemente prohibida la entrada a está casa – Rachel asintió confundida – la muy perra, fue la que le avisó a Shelby que Quinn estaba en Los Ángeles o al menos eso dice esté mensaje.

-¿Qué mensaje?

-Cuando nos enteramos de que Quinn había sido denunciada – comentó Isabella guardando el teléfono – decidimos hacer unas averiguaciones para saber como era que Shelby se había enterado, porque la denuncia viene con fecha del lunes y la llegada de Quinn a Los Ángeles sólo se anunció hasta el martes cuando salieron las fotos.

-Entonces, mi preciosa prometida, movió algunas influencias y ya sabemos que fue Santana López – concluyó Trece. No se le podría llamar influencias a las personas con las que se había contactado Isabella, eran aquellos maleantes con los que salía mucho antes de que "The Lynx Pentreath Band" saltará a la fama.

Rachel negó con la cabeza, pensando de que manera podría matar a Santana sin lastimar a Britt en el proceso.

-Pareciera que la bruja esa no fuera hacer madre – mascullo Trece – buenas noches Rachel – ambas chicas se despidieron saliendo de la cocina.

Rachel quedó sola en la cocina, mirando todo a su alrededor. Lentamente las lágrimas empezaron a bañar el rostro de la morena, limpiándolas inútilmente, salió de la cocina, observando a Beth durmiendo tranquilamente en el sofá. Sonriendo tristemente subió al cuarto de la chica y bajo una cobija para que no se fuera a congelar de frío la chica.

Regresó sobre sus pasos a la planta superior. Se dejó caer de espaldas cerca de las escaleras, presa del llanto silencioso que la invadía. Su novia, aunque no se lo hubiese pedido, era su novia y la chica que amaba, que quería y ella estaba en un psiquiátrico, todo porque algún idiota, quiso lastimarla.

Se levantó como pudo y camino hasta la Suite de Quinn. Los días anteriores había estado durmiendo en la habitación contigua a la de la rubia, esperando que llegará la chica y le pidiese que se quedará con ella en el mismo cuarto.

La habitación seguía tal cual Quinn la había dejado, las chicas de la limpieza no habían entrado a ese cuarto en los días que iban a asear la mansión. Rachel abrió el closet de Quinn y sacó una de las chaquetas de la rubia y en medio de las lágrimas se la puso, aspirando el olor que está desprendía. De espaldas, se dejó caer en la cama, la misma en donde había hecho el amor con Quinn, la misma cama que había sido testigo de la pasión entre ambas mujeres. Si bien Quinn no le había sido infiel, había consumido voluntariamente o no, lo había hecho y todavía podía recordar, las palabras, el momento exacto en que le dijo, que ese viaje le traía mala espina, ahora debía esperar poco más de dos años para volver a tenerla en esa cama. No importaba cuánto tuviera que esperar por Quinn, ella lo iba hacer y le daría el mejor regalo que podría darle, ser una mujer soltera y disponible únicamente para una mujer Lucy Quinn Fabray, mejor conocida como Lynx Pentreath, la chica que se había robado su corazón.