Los Ángeles
Miércoles
Quinn se encontraba sentada en aquella incómoda cama, mirando hacia un punto indefinido, Foreman me había dicho, que ese día saldría pero no estaba segura de querer salir ¿Quién le garantizaba a ella que no perdería la cabeza afuera?
-Quinn – la voz de Foreman la trajo de vuelta – Rachel esta aquí, pero antes de hacerla pasar, quiero hacerte una última revisión ¿De acuerdo? – La rubia asintió - ¿Cómo te llamas?
-Lucy Quinn Fabray
-¿Qué edad tienes?
-33 – contestó dudosa.
-¿En donde vives?
-Nueva York
-¿Tienes hijos?
-Una chica
-¿Cómo se llama?
-Beth Corcoran
-¿Qué edad tiene?
-17
-¿Tienes pareja?
-Sí
-¿Cómo se llama?
-Rachel Berry.
-¿A que te dedicas?
-Soy cantante.
-¿Cómo te conoce el mundo?
-Como Lynx Pentreath
Luego de la serie de preguntas que el doctor le formuló, Quinn se cambio de ropa por otra que Rachel le había llevado.
Ya cambiada, Quinn salió de la habitación blanca, con la guitarra en la mano y una maleta con ropa, sin poder disimular los nervios de los que era presa, ante el nuevo cambio que la esperaba.
-Quinn ven – la llamó Foreman que estaba con Rachel y Beth
-Hola amor – saludó la morena cuando la rubia se acercó a ellas. Compartieron un tímido beso como saludó. Luego saludó a Beth con un fuerte abrazo que le sacó lágrimas a la chica.
-Les estaba comentando a tus chicas, que ahora en adelante sólo necesitas unas medicinas pero para tu problema de concentración ¿De acuerdo? – Quinn asintió abrazando a Rachel por la cintura – ¿Cómo te sientes?
-Algo nerviosa
-Es normal Quinn, pero ya es hora de que retomes nuevamente tu vida, sólo que ahora sin excesos.
-Por supuesto – Beth tomó la guitarra de Quinn y la maleta con ropa para salir por la parte de ateas del centro psiquiátrico, ya que al frente, había un gran número de fotógrafos y periodistas, esperando ver la primera imagen de Lynx Pentreath luego de más de dos años.
El viaje en el auto de Edward hasta la mansión, fue en completo silencio, ambas entendían que Quinn necesitaba su espacio para acoplase a su nueva realidad.
Luego de unos minutos, llegaron a la mansión en donde las esperaban Isabella y Trece con un pastel para celebrar la salida de Quinn de aquel lugar.
-Bienvenida – Quinn sólo asintió y luego de un abrazo a cada una, descendió al primer piso en donde buscó algo de ropa y se dispuso a duchar.
El baño de su mansión era mucho más cómodo que el del psiquiátrico y los diferentes choros de agua, lograron que sus tensos músculos se relajaran. Se colocó ropa cómoda y luego de muchos meses, pudo ver su reflejo en un espejo, con sumó cuidado, se tomó aquella cicatriz que decoraba su rostro, podía recordar las caras angustiadas de Beth y de Rachel cuando la vieron en el hospital, o lo gritos de Isabella exigiendo que les permitieran pasar.
Con sólo unas chanclas en sus pies, salió a la piscina, en donde se sentó de manera en que sus pies quedaron dentro del agua. Respiraba profundamente, sintiendo el aire en su rostro, sintiendo paz como nunca antes la había sentido.
-¿Estás bien? – le preguntó Rachel sentándose a su lado
-Es raro todo esto – contestó agachando el rostro
-No tiene porque ser así
-¿De que me perdí estos meses? – preguntó alzando la mirada y encontrándose con unos ojos chocolate que la miraban con un brillo especial.
-Me divorcie – sonrió de lado desviando la mirada – eso te gusto eh
-Por supuesto que me gustó – se pasó la lengua por entre los labios - ¿De que más me perdí?
-Beth ahora se apellida Fabray – Quinn giró rápidamente el rostro hacia la morena – cuando Shelby te denunció, el juez fallo a mi favor y me dio la oportunidad a Beth de cambiarse el apellido
-¿Por qué ahora es rubia?
-Bueno… una vez le dije que ella se parecía mucho a ti, así tuviera el cabello negro y de un momento a otro, se volvió rubia
Quinn asintió levantándose para sentarse correctamente en una de las sillas del lugar
-Antes sentía este lugar tan mío y ahora…– suspiró pesadamente
-Trece e Isabella se vinieron a vivir a aquí hace unos meses – le contó Rachel sentándose en una esquinita de la silla de Quinn.
-Ósea que han profanado mi casa – bromeó jalando a Rachel, hasta que la morena quedó sobre ella – te quiero mucho
-Yo también te quiero mucho – se besaron un momento hasta que fueron interrumpidas por Isabella.
-¿A la pareja les gustaría subir y compartir un momento con nosotras?... O si claro Isabella nos encantaría – se contestó a si misma volviendo a desaparecer
-¿Cómo te llevas con ellas?
-Mejor ahora – Rachel se levantó lentamente de encima de Quinn – ayudó mucho que esté con Trece
-¿Se casaron?
-No – contestó sintiendo los brazos de Quinn en su cintura, a la vez que subían la escalera.
De partieron un rico pastel entre las cinco, en donde Beth le enseñó sus dotes como guitarrista.
-Tocarás para mi en un concierto – sentenció Quinn con lágrimas en sus ojos.
Siguieron bromeando y después de mucho tiempo Quinn se sintió en casa. Sin que se fuera cuenta, Beth le había tomado una foto, que subió a su cuenta de Instangram con la frase "Mi mamá la mejor de todas"
Los Ángeles
Jueves
La mañana había llegado rápidamente, Quinn se despertó con Rachel en sus brazos. Se había sorprendido cuando se enteró que el cuarto donde estaban antes sus guitarras, ahora era el cuarto de Beth.
Se refregó la cara antes de mirar el reloj en la mesita de noche. Eran las 8 de la mañana y el sol entraba por completo por su ventanal. Se enderezó bostezando y finalmente se levantó dejando a Rachel durmiendo abrazada a la almohada.
Salió del cuarto con sumó cuidado de no despertar a la morena y subió a la primera planta en donde se encontró con Beth que tomaba jugó.
-No pensé que hubiera alguien levantado – habló mirando a su hija que sólo sonrió – te sienta bien el rubio.
-Gracias – contestó Beth antes de darle un abrazo - ¿Cómo amanecer?
-Bueno, fue un amanecer diferente – comentó recibiendo el vaso de jugó que Beth le ofrecía
-¿Eso es bueno? – Quinn asintió mirando por el ventanal de la cocina – tengo que comentarte algo – el tono serio de Beth la hizo girarse – creó que es mejor que te sientes – señaló el banquillo
-¿Qué sucede?
-Yo… - se aclaró la voz – tengo…
-Tienes… ¿Beth que pasa? – preguntó Quinn confundida.
-Tengo novia – las cejas de Quinn se perdieron en el nacimiento de su cabello – estoy saliendo con alguien
-Una chica
-Una… chica – Quinn sonreía traviesa al ver a su hija tan nerviosa
-Okay… ¿Hace cuanto sales con ella?
-11 meses – Quinn empezó a reírse negando con la cabeza – no te lo dije antes porque…
-No importa – la interrumpió acercándose a ella y dejándole un beso en la cabeza – lo importante es que esa chica te haga feliz – Beth asintió abrazando a su madre – eso es lo que importa.
-Rachel me regaló una guitarra –comentó Beth soltándose de su madre – compuse una canción
-¿Has pensado que estudiar? – le preguntó Quinn, cuando Beth regresó con lasguitarras.
-Me gusta mucho la historia antigua – se sonrojo sentándose en el sofá, Quinn se sentó frente a ella.
-¿Quieres estudiar eso? – Beth asintió
-Estoy trabajando fuertemente para poder acceder a una beca y…
-Nada de becas – Quinn frunció el ceño – yo te pagaré la universidad, no importa en donde, yo la pago.
-Quiero tocar contigo guitarra – pidió entregándole la guitarra a la cantante.
-¿Qué canción compusiste?
Beth comenzó a tocar los acordes y pronto Quinn se vio sumida en la voz de su hija que cantaba con extrema dulzura, que transportó a Quinn, a la época en donde tocaba la guitarra exclusivamente para música clásica.
Luego de unos minutos, en donde Quinn lloró silenciosamente, madre e hija compartieron un tierno abrazo para luego entre las dos tocar Johnny B. Goode.
Rachel, Isabella y Trece, eran testigos silenciosas del mini concierto que hacían Quinn y Beth, en donde Rachel lloró al ver la sonrisa radiante que la rubia esbozaba.
Nueva York
Viernes
A las 4 de la tarde, Quinn, Rachel y Beth, descendían del avión privado en el hangar del aeropuerto Jhon F. Kennedy. En el lugar, las esperaba Ron con Freddy para llevarlas a la mansión.
Al salir del aeropuerto en el Mercedes Benz, Quinn pudo deslumbrar a godos los fotógrafos que esperaban que ella saliera, aún no se sentía preparada para salir ante los medios de comunicación. Beth tomó su mano, sonriéndole y demostrándole que no importaba lo que dijera la gente, ella siempre la querría.
Llegaron a la mansión, al mismo tiempo que llevaba Santana con Nala, para entregársela a Britt. Cuando las miradas de Quinn y Santana se cruzaron, la rubia se apretó el puente de la nariz sacudiendo la cabeza, finalmente entró a su mansión seguida de Rach y de Beth.
Santana se quedó atrás con la bebé en brazos, esperando que Britt saliera, pero fue otra rubia quien salió por la puerta.
-¿No vas a entrar?
-Tengo prohibida la entrada a tu mansión Fabray – Quinn asintió saliendo hasta llegar a ella
-Entra y no me hagas repetirlo dos veces – expresó regresando a la mansión. Entró a la cocina, escuchando como la puerta era cerrada, busco dos vasos y sirvió un poco de jugó en uno y agua en el otro. Salió encontrándose con Santana parada en mitad de la sala con la bebe en sus brazos.
-Gracias – indicó cuando Quinn le entregó el vaso con jugó
-¿Cómo se llama? – preguntó sentándose en el sofá
-Nala
-¿Quieres que te llame a Britt? – preguntó Quinn haciendo sonar su cuello. Santana asintió pero antes de que Quinn se pudiera parar, por las escaleras bajaba Britt
-¡Quinn! – Exclamó lanzando sobre Quinn apenas la vio sentada en el sofá - ¡Volviste!
-Hola Britt – saludó luego de que Britt la soltará - ¿Cómo estás?
-Bien y ¿tú? – Preguntó acercándose a Santana y tomando la bebe - ¿Qué haces aquí? – preguntó a la latina
-No me refiero a eso, sino que haces aquí dentro
-Quinn me invitó a entrar – la bailarina miró a su amiga, que asintió desde su lugar
-Está bien. Te veo en un rato Quinn – Britt subió nuevamente, pero esta vez con la bebe en brazos.
-Realmente hasta ahora me enteró que Britt está viviendo en mi casa – comentó Quinn mirando a Santana que tenía la mirada perdida – no me importa, pero si me gustarías saber que paso
-Britt me dio un ultimátum cuando se enteró de que le dije a Shelby que te habías marchado para Los Ángeles dejando a Beth aquí
-¿Por qué lo hiciste? – preguntó desviando la mirada
-¿Por qué le avise a Shelby?
-No – Quinn saco de su chaqueta unas medicinas, luego de comprobar su reloj, ante la atenta mirada de Santana, se las bebió con el agua que quedaba - ¿Por qué me trataste como me trataste? Yo no te hice nada
-No hiciste nada Quinn, la culpable soy yo
-Me hubiese encantado que el empeño que pusiste en alejarme de mi hija y en estar pendiente de mi vida – indicó Quinn, levantándose y colocando sus manos dentro de sus bolsillos mirando hacia afuera – lo hubieses puesto en tu matrimonio, en tu hija.
-Quinn…
-Me pusiste de prioridad en tu vida Santana, cuando no lo merecía – se giró para mirar a la latina que le sostenía la mirada – yo no soy nadie importante en tu vida, como para que estuvieses pendiente de mi. Eres madre ahora Santana y ahora mejor que nunca debes comprender lo que hice con Beth y el porqué y si la situación o el destino quiso que tuviese una oportunidad nuevamente con mi hija, yo no lo iba a desaprovechar, así el mundo se pusiera en mi contra
-Yo cometí muchos errores Quinn y la vida me los está haciendo pagar
-No tanto como yo Santana, estuve poco más de dos años en un psiquiátrico por mis estupideces, me perdí dos años de la vida de mi hija, cuando recién empezaba a compartir con ella ¿Crees que para mí es fácil saber que mi hija tiene novia? No estuve ahí para ayudarla cuando las dudas la atacaron, no estuve ahí cuando decidió darse una oportunidad con esa chica, ni siquiera sé cómo es esa chica físicamente y ya llevan casi un año juntas – abrió la puerta del jardín – no comentas mis errores Santana.
La latina observó como Quinn salía y caminaba rumbo a la choza, luego de pensarlo varios minutos, salió tras ella, sentándose a su lado. Se quedaron mirando el horizonte sin decir ninguna palabra, hasta que la latina rompió el silencio.
-El error fue mío Quinn, si yo hubiese sido la amiga que decía que era, probablemente tu no hubieses caído en las drogas.
-El hubiera no existe Santana, además esa fue mi decisión no tuya.
-Sí, pero yo pude haberte ayudado a dejarlo antes de que fuera demasiado tarde, pero no lo hice. Créeme que nunca espere, que la última vez que te fuera a ver, fuera esa tarde en el restaurante, cuando llegaste con Isabella, presentándola como tu novia, pensé que tendríamos unos encuentro más hasta que resolviéramos el problema, no que pasarían 10 años hasta volvernos a ver
-Y cuando nos volvimos a ver, empezaste a tratarme mal.
-Te vi – susurró Santana – cuando tocaste con los Rolling Stone – Quinn giró su rostro observándola – fuimos con Berry y con Sam al concierto, vimos cuando Mike Jagger te regaló la guitarra.
Quinn se quedó en silencio suspirando, tratando de encontrar las palabras precisas para hablar, pero nada pasaba por su mente.
-No pude enmendar mi error antes – volvió a hablar Santana – pensé que habías vuelto hacer la misma Quinn del instituto, cuando Puckerman nos dijo que habían terminado y te echo toda la culpa a ti de sus rompimiento. Cuando dijiste que estabas con Isabella, sentí que me traicionabas – Quinn frunció el ceño negando – no me habías contado que ahora salías con chicas y de pronto te presentas con ella.
-Cualquiera que te escuche dirá que estabas enamorada de mi – se burló Quinn con los brazos cruzados
-No estaba enamorada de ti Fabray – le golpeó el hombro – cuando me di cuenta de que había apoyado a la persona incorrecta, mi orgullo no me dejó pedir disculpas.
-Y mira donde nos tiene tu orgullo Santana, tu esposa está a pocos pasos de pedirte el divorcio. Quiero que te quede algo muy claro Santana, tu y yo no vamos a volver a ser las amigas que éramos hace más de una década y se bien que me fuiste a visitar al psiquiátrico hasta que Rachel se enteró y te lo prohibió y te agradezco que hayas ido, pero eso no cambia todo lo que ha pasado en este tiempo – se levantó mirando a la chica – puedes entrar a la mansión cuando quieras, pues yo no soy nadie para negarte ver a tu hija.
Quinn se alejo dejando a la latina en la choza, realmente no entendía a Santana y no tenía cabeza para ponerse a pensar en ella y en sus estupideces. Entró al cuarto de música y se sentó en su piano de cola negra, paso sus dedos sobre las teclas, dejando que estos se reencontraran luego de tanto tiempo, calentó levemente sus dedos y finalmente comenzó a tocar la música que le habían enseñado sus padres desde pequeña, música clásica.
Beth entraba al cuarto de música luego de que escuchó el piano sonar, se detuvo contra la puerta observando a su madre, que con los ojos cerrados tocaba aquel piano, que ella más de una vez trato de aprender a tocar. Le fascinaba la manera en que los dedos de Quinn se deslizaban suavemente por las teclas produciendo un sonido perfecto. Rachel pronto se les unió, también al escuchar a Quinn tocar el piano. Solo una vez, la había escuchado tocar en el club Glee y fue cuando Ms Shue les puso la tarea de componer una canción. La rubia seguía en su mundo, tocando aquellas teclas, como su corazón le indicaba, de un momento a otro abrió los ojos deteniendo sus manos mirando a su novia y a su hija que sonreían con lagrimas en los ojos, se ubico de manera en que ambas chicas se pudieran sentar a su lado, Rachel a su izquierda y Beth a su derecha. Volvió a tocar las teclas, con sus chicas a su lado, los amores de su vida.
-Quiero aprender a tocar el piano – murmuró Beth cuando Quinn finalmente dejó de tocar
-Eso si te lo puedo enseñar yo – sonrió tomando la mano izquierda de Beth y colocándola sobre las teclas – desliza con cuidado tus dedos sobre las teclas, has de cuenta que son de cristal y pueden romperse.
-Iré a preparar algo de comer – Rachel intentó levantarse pero Quinn se lo impidió con su otra mano – No, saldremos a cenar, todas juntas – tomó un profundo respiro y miró a su hija – dile a tu novia que si está disponible para cenar está noche – Beth asintió quitando su mano del piano y sacando su celular.
-¿Estás segura? – preguntó Rachel luego de que Beth se alejará para hablar con su chica
-No, pero es algo que debo hacer en algún momento y que mejor que con mis amores.
-Tú si sabes cómo consentir a una chica ¿no? – Bromeo Rachel sacando una sonrisa en su rubia - ¿Volverás a cortarte el cabello?
-No lo sé, debo pensarlo – murmuró sobre los labios de la morena, entregándose al beso que esta le regalaba – Te Amo Rachel Berry
-Yo también Te Amo Quinn
-Nunca te lo pregunté pero… ¿Quieres ser mi novia?
Al "Guest" que me escribe sobre las faltas de ortografía, te comentó que los dos capítulos que me has dicho sobre las faltas, son los únicos dos, que he escrito en Word xD
La canción que Quinn toca se llama "Le Onde y es de Ludovico Einaudi" es muy bonita.
Nos estamos acercando ya al final, así que esperó que les esté gustando la historia y si tienen alguna sugerencia o algo, me avisas y hay vemos como lo agregamos a la historia. Gracias y no olviden comentar.
