CLANDESTINAS
—¿El próximo jueves a la misma hora?
—No, no puedo… Ruriko-san y yo estaremos fuera de la ciudad para un rodaje con Tsuruga-san… ¿El sábado?
—Mejor el domingo… Fuwa-san tiene concierto y seguro que Mimori-san me arrastrará con ella.
—Hasta el domingo entonces.
—Hasta el domingo.
Y así se despidieron estas dos buenas mujeres, dignas de un altar por su santa paciencia y su infinita capacidad de sufrimiento.
Porque cuando el azar (o los dioses) te hacen sufrir la dura prueba de tener como representada a una idol con ínfulas de diva y niñata consentida, ¿qué otra cosa pueden hacer más que buscar un espíritu afín y compartir la onerosa carga y aliviar el espíritu?
Y sacarles los cueros, por supuesto. Ponerlas verdes… Tanto, tanto…, que hasta les empiecen a zumbar los oídos…
