Nueva York

Viernes

Dos mujeres, una rubia y otra morena, una alta y otra más baja, entraban en una lujosa habitación, del hotel FourSeasons, envueltas en un apasionado beso, que dejaba ver lo mucho que se amaban.

-Rach – gimió Quinn, cuando sintió las manos de la morena, sobre su torso.

Había pasado cerca de una hora larga, desde que Quinn le había pedido matrimonio a Rachel, fueron cerca de un minuto y medio, los que la morena se tardo en responderle a Quinn, para fortuna de la rubia, fue una respuesta afirmativa.

Beth se había marchado con Phoebe, una vez había finalizado el concierto y realmente Quinn, no quería pensar que estaba haciendo su hija.

De vuelta a la habitación, quien estuviera buscándolas, podría encontrarlas por el rastro de ropa que había por toda la Suite. La rubia había usado sus influencias para que, aquella habitación estuviese lista, cuando llegara con Rachel.

-No sabes cuánto he extrañado tu cuerpo – murmuró Quinn descendiendo lentamente por el cuerpo de la morena, sacándole varios suspiros – Te amo – susurró antes de atacar la zona intima de su chica.

-¡Quinn! – gemía la morena sin poder mantener la espalda pegada a la cama. Era la primera vez que hacían el amor, desde que Quinn había salido del centro psiquiátrico y Rachel sentía que era nuevamente, su primera vez.

-Deliciosa – se paso la lengua por los labios, luego de que la morena alcanzará el climax – ven aquí – Quinn volvió a besar sus labios y en un movimiento rápido, Rachel se ubico encima de Quinn, generando una exquisita fricción entre las dos y le puso bastante empeño, cuando vio que Quinn se mordía el labio para no dejar escapar el gemido que tenia atorado en su garganta.

-Te amo – susurró Rachel contra los labios de Quinn, iniciando un nuevo asaltó que duro hasta bien entrada la madrugada.

Martes

Quinn estaba en su gimnasio, haciendo un poco de cardio, aprovechando que estaba sola en la mansión. Beth estaba en la escuela y por lo que había dejado entrever, no llegaría sino hasta bien entrada la noche y Rachel estaba en una reunión con unos inversionistas de Broadway. Britt se había marchado con Santana; Trece e Isabella se habían marchado el domingo rumbo a L.A.

Quería fortalecer nuevamente su abdomen, volver a sacar aquellos cuadritos que sabía que le encantaban a su chica. En los parlantes sonaba, una lista aleatoria de música de Beth, quien era la que usaba el gimnasio con más regularidad.

Su teléfono comenzó a sonar, sacándola de su rutina de ejercicios.

-Hola – contestó pasándose una toalla por el rostro

-Hola Quinn

-Hola Glenn

-Te llamaba para comentarte, que esté fin de semana va a ver una gala en París, de unos premios x y quieren que estés presente

-Yo…

-Piénsalo, la invitación no es solo para ti, sino para Beth también.

-Gracias Glenn – colgó el teléfono con un suspiró cansado. Si Beth ya era una celebridad desde que se supo que era su hija, desde el sábado lo era más, tanto que incluso esa mañana, Ron tuvo que acompañarla a la escuela, por seguridad.

Tomó uno de los refrescos que Beth tenía en la nevera del Gym y salió rumbo al jardín. En donde se lo bebió con calma, desacalorándose para nadar un rato en su piscina. Ahora que lo pensaba, nunca había disfrutado de las comodidades de su mansión. A su izquierda, estaba Chimuelo tomando el sol.

-Beth la esterilizó por eso está tan gorda – fue lo que le respondió Rachel, cuando preguntó por el gato.

Se quitó en el pantaloneta de entrenamiento, dejándose únicamente con el top que llevaba y los interiores, se lanzó al agua, entrando de cabeza a la piscina, sintiendo un fresco por todo su cuerpo.

Duró un buen rato en la piscina, sin notar que ya no estaba sola en la mansión. Rachel había llegado en compañía de Phoebe, estaban esperando por ella cuando se percataron de que estaba en la piscina.

-Quinn – la llamó Rachel, pero la rubia estaba tan concentrada nadando que no la escuchó - ¡Quinn! – gritó, esta vez logrando que la cantante se asustará.

-¿¡Qué paso!? – Exclamó quitándose el exceso de agua de los ojos - ¿Por qué me gritas?

-Alguien vino a visitarte – Quinn desvió la mirada y vio a Phoebe parada tras Rachel agitando su mano

-Señora Fabray

-Hola Phoebe – saludó Quinn, saliendo del agua buscando su pantaloneta, momento que aprovecho Rachel, para deleitarse con el trasero de la rubia - ¿En qué te puedo colaborar? – preguntó secándose el cabello

-Las dejó a solas – murmuró Rachel besando los labios de su prometida – asumo que no has almorzado – la rubia negó sonrojada – iré a preparar algo – le dejó una caricia en el brazo a Phoebe y regresó a la casa

-¿Qué necesitas? – preguntó Quinn haciendo sonar sus huesos intimidando a la actriz.

-Pedirle permiso – contestó colocando sus manos tras la espalda

-¿Permiso? ¿Para qué? – frunció el ceño para luego abrir los ojos de par en para - ¿No pretenderás casarte con Beth?

-¡No! O bueno sí – rectifico cuando vio la ceja alzada de su suegra – quiero casarme con Beth, pero dentro de unos años – comentó respirando profundamente – lo que pasa es que esté fin de semana, va haber un evento en París y quisiera que Beth me acompañará.

-Tenemos un problema

-Señora Fabray, comprendo que usted no me conozca, pero le aseguró…

-Phoebe – la interrumpió – no digo que tenemos un problema por eso, sino que a mí también me invitaron a esa gala con Beth.

-Oh…pues

-Tengo que hablarlo con Rachel pero ¿Te gustaría acompañarnos? – La actriz la miró confundida – vamos para el mismo evento y me imagino que tu viajarás en un avión normal – la chica asintió – a mi esos vuelos no me gustan y cuando pude me compre mi propio avión, así que te estoy invitando a viajar conmigo, en mi avión privado, en donde podrás pasar tiempo con Beth ¿Qué dices?

-Eh...sí por supuesto – asintió rápidamente. Aunque Beth le había dicho todo lo contrario, ella aun tenía en su mente, la imagen de Quinn como alguien serio y de mal carácter, tal y como lo decían los medios.

-¿Te quedas a almorzar? Digo aun queda tiempo para que Beth salga del instituto

-Sí, por supuesto.

Almorzaron verduras salteadas, que había preparado Rachel. Para Phoebe fue una grata experiencia poder compartir con sus suegras, sin la presencia de Beth, así pudo conocerlas mejor.

Luego de que Phoebe se marchó, Quinn y Rachel se recostaron en las sillas del salón de entretenimiento, para ver una película, que en su gran parte, durmieron.

-Mamá – la rubia sintió que alguien la zarandeada – mamá

-Mmm

-Mamá despierta – Quinn se refregó los ojos, ahogando un bostezo, para finalmente mirar hacia donde estaba su hija

-¿Qué pasa? – preguntó cerrando los ojos

-Son las nueve de la noche ¿Cuánto llevan aquí? –comentó logrando que Quinn ahora si reaccionará

-Desde como las tres – se pasó la mano por el rostro - ¿Ya cenaste? – preguntó bostezando

-Cene algo con Phoebe – se enderezó ayudando a que Quinn se levantará – Phoebe me dijo que vamos a viajar a París

-Sí, bueno es un evento que hay este fin de semana en París y pues Glenn me dijo que tu y yo estamos invitadas

-¿Y Phoebe que tiene que ver? ¿No vas a despertar a Rachel? – preguntó cuando salieron de salón

-Quiero que descanse, ya la levantaré cuando tengamos algo de cenar

-Pero no me has respondido mi pregunta

-¿Cuál pregunta? – Beth trataba de seguirle el paso a su madre, que ya entraba a la cocina

-¿Qué tiene que ver Phoebe con el viaje a París? – repitió sentándose en el banquillo de la cocina

-Vino esta mañana a pedirme permiso para que pudieras ir al evento en París, pues ella también está invitada.

-¿Ósea que ella viajará con nosotras? – Quinn asintió – genial

-Antes de que te vayas – la voz de la rubia detuvo la salida de Beth – necesitó que me expliques algo

-¿Qué cosa?

-Hasta donde yo me acuerdo, yo te regale fue un BMW no un Porshe – Beth tragó con dificultad, al ver a su madre cruzándose de brazos - ¿Qué paso con el auto?

-Eh…yo – tomó una profunda respiración –lo estrellé – susurró tan bajito que Quinn no escuchó – que estrellé el auto

-¿Estás bien? – preguntó tomando la cara de su hija

-Sí, igual eso fue hace mucho

-¿Cuándo?

-Cuando nos enteramos que estarías en un centro psiquiátrico… ese día discutí con Rachel y salí y me fui y me estrellé contra un árbol. El auto quedó inservible después de eso. Rachel me regaló el Porshe de cumpleaños… ¿Estás bien? – preguntó al ver a su madre tan callada.

-Sí, sólo… olvídalo – se regresó hacia la estufa en donde tenía un sartén - ¿Tienes pasaporte?

-No – contestó Beth algo preocupada por el cambio de actitud de su madre

-Mañana iremos por tu pasaporte

Jueves

Beth estaba en la biblioteca de su escuela, no es que estuviera estudiando o algo por el estilo, solo que su madre estaba teniendo un comportamiento bastante extraño y a ella no le gustaba; En esos dos días, Quinn había hablado muy poco con ella, es como si realmente le hubiese molestado que ya no tuviese el BMW, pero a ella se le había olvidado ya ese incidente ¿Por qué a su madre no?

El timbre sonó, avisando que se finalizaba la hora del almuerzo, arrastrando los pies, Beth salió de la biblioteca, rumbo a su casillero para sacar los libros que necesitaba en el último bloque de clases. Manson había solicitado que su casillero quedará junto al de ella, el motivo no lo sabía, pero si le fastidiaba que el chico la estuviera observando

-¿¡Qué!? – Exclamó furiosa mirando al chico, que tenía cara de idiota - ¿Tengo algo en la cara o algo?

-Vuelve conmigo – murmuró regalándole una flor violeta, flor que termino en el basurero.

-Supérame Manson – bufó estresada, cerrando su casillero y dejando solo al chico con los ojos aguados.

La clase que le tocaba en aquel momento era literatura con la maestra Wilde; Kitty y la secretaria de Foster, Marly, habían apoyado mucho a Beth, en las primeras semanas del tratamiento de Quinn, sobre todo cuando los chicos o chicas se agrupaban a su alrededor, ya fuera para preguntarle por la cantante o para decirle cosas ofensivas.

A su lado se sentó Syd, quien solo le sonrió con tristeza. La clase comenzó dando paso a un repaso sobre todo lo visto en el año escolar, para sorpresa de Kitty, únicamente Beth, respondió correctamente las preguntas que le hizo a toda la clase.

-¿Estudiando fuertemente? – le preguntó Syd cuando salieron de clase, rumbo al estacionamiento

-Sí bueno, quería obtener buenas notas, para poder acceder a una beca escolar – contestó buscando las llaves del Porshe

-¿Querías? ¿Ya no?

-Quinn, me dijo que no importa la universidad que escoja, ella la pagará, así que – se encogió de hombros desbloqueando el auto y abriendo la puerta – sube, te llevo a casa.

Cuando la rubia llego a la mansión, se encontró con su madre durmiendo en el sofá del lobby, sin hacer mucho ruido, subió a la biblioteca, tenia tareas para la mañana siguiente, pero no esperaba encontrarse con Rachel allí.

-Hola cariño – la saludó la morena cuando entró - ¿Cómo te fue en la escuela?

-Bien, igual que siempre – suspiró dejando la mochila en la mesa y sentándose en el sofá más cercano – Rachel – llamó a la morena luego de que se quedarán unos minutos de silencio, los cuales Rachel aprovechó para retomar la lectura de su libreto

-Dime – contestó quitándose los anteojos que tenía puestos

-¿Tu sabes lo que le pasa a Quinn? – Preguntó – es que hace días, que está extraña conmigo y no sé qué hacer – enterró su rostro entre sus manos

-Beth, Quinn está confundida y preocupada – se acercó a ella, levantándole la cara para mirar los ojos azules de la chica – verás, ella se siente culpable no solo por tu accidente – Sí, Quinn le había contado su conversación con Beth – sino por todo lo que tuviste que atravesar, mientras ella estaba en el centro psiquiátrico.

-Pero eso ya pasó

-Para nosotras ya pasó, pero para Quinn no. Verás – se sentó al lado de ella – hace muchos años, Quinn sufrió un accidente de auto, que la dejó en silla de ruedas un par de meses… su auto no era tan seguro como el tuyo – comentó al ver los ojos abiertos de Beth – y el hecho de que tú hubieses tenido un accidente, hizo que esos recuerdos volvieran, pero esta vez de peor forma.

-¿De peor forma?

-Teniéndote a ti como protagonista

-No entiendo

-Beth, Quinn se ha estado soñando con su accidente, pero en vez de ser su accidente, es el tuyo.

Sábado

A las cinco de la mañana, habían arribado al aeropuerto Charles De Gaulle de París, en donde estaría guardado el avión privado de Quinn, durante su estancia en la capital del amor.

Beth, aun no había podido hablar con su mamá sobre los sueños que estaba teniendo. El jueves, luego de terminar su tarea, cuando bajo a la cocina, Quinn estaba en el salón de música, componiendo nuevas canciones para su siguiente disco y el viernes, apenas llegó del instituto, tuvo que alistar su maleta, para su viaje a París, que duraría cerca de ocho horas y en el avión la rubia se la pasó durmiendo con Rachel en su regazo.

Era la primera vez que estaba en París y poder ver la Torre Eiffel desde la ventana de su Suite, era algo increíble, giró su cabeza hacia la derecha y de reojo pudo observar a Phoebe salir con Rachel. Suspiró profundamente y camino hacia la habitación de su madre, a la que encontró sentada en la cama, sujetándose la cabeza con fuerza

-¿Estás bien? – le preguntó sacando un leve suspiro en Quinn

-Sí, solo tengo migraña – contestó levantándose de la cama – Pensé que dormirías otro poco – comentó al ver que hasta ahora eran las 12 del medio día.

-No tenía mucho sueño

-¿Emocionada por París? – Preguntó sacando algo de ropa de las maletas – también me pasó, la primera vez que vine, solo que en esa ocasión, me desperté cerca de la una de la tarde

-Necesitó hablar contigo – el tono serio de voz, hizo que Quinn se callara

-¿Qué pasa?

-Desde que te conté lo de mi accidente, no me has vuelto a hablar como antes

-No quiero hablar de eso – murmuró

-Pero yo sí ¡Maldita sea! – Exclamó encarando a su madre - ¿¡Qué demonios te ocurre!? Y no te atrevas a mentirme – Quinn suspiró alejándose de su hija

-Tu accidente, abrió viejas heridas – comentó dándole la espalda y mirando por la ventana – y no de la manera que esperaba. Hace años tuve un accidente y después de que me dijiste del tuyo, me he soñado con ese accidente, solo que no soy yo quien va conduciendo el Volkswagen, sino tú – se giró metiendo sus manos en los bolsillos – te veo cubierta de sangre y agonizando y si no te he hablado estos días, es porque he tenido miedo de volver a perder la cabeza, de volverme loca de nuevo y eso es solo porque, sé que soy culpable de tu accidente y si algo que hubiese pasado, yo no me lo hubiera perdonado

-Mamá – Beth se acercó a ella y en un movimiento rápido, la abrazo – no es tu culpa mi accidente, fue mía, por salir a conducir como una loca, sin mirar por donde iba

-Claro que lo es – contestó aceptando el abrazo – si yo hubiese sido más inteligente, no hubieses tenido que salir en primer lugar de la mansión.

-No te puedes culpar de mis decisiones, por fueron mías mamá – contestó alejándose de Quinn, sin soltarla – se que te pesa no haber estado conmigo con lo del accidente, con lo de Phoebe, pero estás ahora, no me alejes de ti por favor

-Perdóname – murmuró la cantante, volviendo a abrazar a su hija, está vez, soltando unas lagrimas que fueron a parar al cuello de su hija – Te Amo Beth

-Yo también Te Amo mamá

-Se siente lindo cuando me dices mamá

Horas más tarde, a las siete de la tarde, Beth y Quinn desfilaban sobre la alfombra roja de aquellos premios, Beth con una sonrisa en su rostro y Quinn, algo más afligida pero contenta de estar con su hija en ese momento y sabiendo que su hija siempre estaría con ella.

Miércoles

-¿Segura que no tendrás problemas con la obra?

Quinn Fabray y su prometida Rachel Berry, caminaban por el pasillo del hospital central de Nueva York, ese día tenían cita con un doctor especialista en inseminaciones artificiales. Ya era hora de que un nuevo Fabray – Berry o Berry – Fabray llegará al mundo.

-Todos están avisados Quinnie – contestó besando los labios de su chica – además, mi personaje en la obra está embarazada, así que me evitaras usar una panza falsa – bromeo, entrando al consultorio del doctor

-Buenos días, soy el doctor Carter – las saludó el hombre, señalándoles dos sillas para que se sentaran - ¿En qué puedo servirles?

-Verá doctor, mi mujer y yo queremos tener un bebe


Feliz Navidad