Dedicado con todo el cariño a Gladys Ashenbert por su cumpleaños. ¡FELICIDADES!

Co-escrito con Anansi's acolyte, producto de la lluvia de ideas de un domingo de biblioteca, cuando yo no estudié ni la dejé estudiar a ella :)


LA MALDICIÓN

La pobre María con once años recién cumplidos entra como una bala en la sala de estar de los Hizuri, con los cabellos y la falda de su vestido ondeando al viento que ella misma provoca a su paso.

—¡Estoy maldita! —viene gritando—. ¡Alguien me ha lanzado un hechizo! —y vuelve a gritar—. ¡Magia negra!

Se deja caer sin fuerzas sobre el sofá, exhala un gemido angustiado y le dice a Kyoko, que aún no se ha sobrepuesto del susto por la repentina intrusión:

—¡Onee-sama, ayúdame! —le ruega la pequeña, implorante.

—P-Pe-pero ¿qué ocurre, María-chan? —balbucea Kyoko. Ren, sentado a su lado, está preparado por si tiene que salir corriendo a partirle la cara a algún imbécil que se haya atrevido a hacerle daño a su niña.

—Alguien me ha lanzado una terrible maldición… —y entrecierra los ojos, destilando malicia y sed de venganza—. Alguien me odia, sin duda…

—María-chan… —dice Kyoko, espantando un escalofrío ante esa terrorífica mirada—. Dime, ¿qué pasa?

—Voy a morirme, Onee-sama… —dice ella con el semblante serio y la voz grave, para luego añadir sus últimas voluntades—. Ren-sama, cuida de mi Onee-sama. Onee-sama, cuida del loco de mi abuelo…

—¡María-chan, ya está bien! —la interrumpe Kyoko, inquieta y nerviosa—. ¿Qué demonios sucede?

La muchacha exhala un suspiro, vaciando sus pulmones y buscando la calma para lo que está por decir…

—Me voy a desangrar hasta morir.

Kyoko parpadeó dos veces.

Ren parpadeó dos veces.

—¿Eh? —preguntaron los dos.

—Llevo dos días sangrando sin parar… —aclara María—. Los dolores en el vientre son terribles… Voy a morirme, lo sé.

—Pero María-chan… —y Kyoko baja la voz para que Ren no la oiga. Aunque la oye, claro…—. ¿No tienes clases de educación sexual en la escuela?

—Sí, bueno, no siempre asisto… —responde ella, un poco nerviosa—. Ya sabes… Los platós, las fiestas del abuelo, los desfiles de Ren-sama y de Onee-sama… ¿Pero qué tiene que ver eso con…

Kyoko toma entre sus manos la de María, que calla, dejando su pregunta sin formular. Se lleva la joven mano al pecho, junto a su corazón, y le dice con la voz llena de la dulzura de una madre:

—María-chan, tenemos que hablar…

Ren escoge ese momento para levantarse. Su idea es darles un poco de intimidad y evitarle a María la vergüenza de tenerlo allí cuando entienda qué es lo que en verdad le ocurre…

—Es tiempo para una charla de chicas… —escucha que dice su mujer antes de salir inadvertidamente de la sala.