Junio – 2028
Nueva York
Sábado
La vida se trata de las pequeñas cosas que nos hacen felices, no el dinero, no las cosas materiales, sino el amor.
Spencer Fabray había nacido el jueves, 8 de Junio del 2028 en pleno cumpleaños de su hermana mayor Bethany. Han pasado dos días desde su nacimiento y aun no había sido dado de alta. Una pequeña malformación en su pulmón izquierdo lo mantenía en una incubadora para tratar su malformación sin necesidad de cirugía.
Su rubia madre, estaba sentada en la sala de espera, a la espera de que su novia fuera dada de alta. En esos dos días solo había dormido cerca de tres horas y lo había hecho en las incomodas sillas del hospital, no se había duchado, ni cambiado de ropa y si Beth no estaba allí con ella, era porque Phoebe se había encargado de llevársela a la mansión para que descansará, pues la actriz había tenido que aplazar su regalo de cumpleaños para la pelinegra.
Sus suegros se habían tenido que marchar hacia Lima, por trabajo, avisándoles que cualquier cosa que pasará se les avisará para que ellos viajaran de regresó.
-¿Aún no se tienen noticias de tu retoño? – Quinn se enderezó, se encontraba con la cabeza entre sus manos, finalmente se levanto cuando se percató de que su amiga, Trece estaba frente a ella
-¿Qué haces aquí?
-Anoche llame a la mansión y Phoebe me dijo que había nacido tu hijo – comentó sentándose y jalando a la rubia para que volviera a sentarse.
-¿Isabella?
-Fue a entregarle el regalo de cumpleaños a Beth – Quinn asintió quedándose en silencio por unos minutos - ¿Qué es lo que sucede con tu bebé?
-Spencer nació con un problema en un pulmón – suspiró pasándose las manos por el cabello – nació un mes antes de lo previsto y…
-Sus pulmones no habían terminado de formarse – intuyó Trece ante el mutismo de su amiga -¿Qué opciones les han entregado?
-Una cirugía o esperar
-¿Esperar? ¿Qué?
-Si con la incubadora se corrige, pero no hay nada seguro
-Quinn… - la rubia regresó a su posición inicial.
-Se que no es el momento – Trece se estiró en aquella incomoda silla – pero hace unos días estábamos charlando con Glenn, cuando recibió una llamada
-¿Así?
-Sí, y no adivinarás quien lo llamó
-No te ofendas Remy, pero en este momento no estoy para adivinanzas – la rubia se levanto de la silla caminando de lado a lado, para que sus músculos se estiraran
-Tu madre llamó a Glenn – Quinn se frenó, mirando a su amiga que solo asintió. La cantante ya conocía la historia, lo que había pasado con Frannie y la condena que estaba pagando en Washington y en algún momento esperaba que sus padres se pusieran en contacto con ella, pero luego de tanto tiempo, perdió la esperanza – Le dejó su número de teléfono a Glenn
-¡Joder! – Murmuró descargándose contra la pared - ¿Por qué ahora?
-No lo sé rubia, no lo sé
Se quedaron en silencio nuevamente, la doctora observo como su amiga se deslizaba lentamente por aquella pared hasta quedar sentada en el frio suelo, con una pierna flexionada y una mano en su cara. El sueño comenzaba a pasarle factura.
Trece se aseguró que Quinn se había quedado dormida en el suelo, antes de levantarse y escabullirse hacia la zona de los neonatos, en donde estaba el hijo de su amiga. Esperó hasta que una enfermera salió para entran y buscar la incubadora en la que estaba la pequeña criatura. Al lado izquierdo, de primeras, logró visualizar una pequeña placa con el nombre "Spencer Fabray – Berry" el bebé estaba conectado a varias maquinas y se encontraba de espaldas descansando, su piel aun era rosadita, pero podía deducir que el pequeño tendría la piel como la de Quinn. Isabella y ella estaban pensando en hacer el mismo procedimiento que habían hecho Quinn y Rachel, fecundar un óvulo e insertarlo en el vientre de la otra.
-¿Trece? – La doctora se incorporó lentamente sin dejar de ver al bebé - ¿Qué haces aquí?
-Visitando a mi sobrino – contestó girándose hacia Rachel, que tenía puesta una bata azul. Esos dos días en el hospital le estaban pasado factura a la morena, estaba pálida y algo delgada - ¿Estás bien?
-Entre lo que cabe – respondió acercándose a ella para mirar a su bebé - ¿Dónde está Quinn?
-La última vez que la vi, estaba dormida sentada en el piso
-¿Crees… crees que este bien? – preguntó con la voz entrecortada
-No soy especialista en neonatos Rachel – colocó su mano en el hombro de la morena – pero ese bebé es tu hijo y si algo he aprendido con ustedes en estos años, es que nada las vence, ya verás que tu hijo saldrá de está – le dejó un leve apretón y salió de allí en busca de su dormilona amiga.
Quinn seguía en la misma posición en la que la había dejado, la única diferencia, es que ya no estaba sola, Beth e Isabella estaban sentadas frente a ella, mirándola dormir
-¿Dónde estabas? – le preguntó Isabella a su esposa cuando la vio entrar
-Estaba visitando a Spencer
-¿Cómo está? – preguntó está vez Beth parándose de la silla – Hola Trece – la saludó con un leve abrazo – gracias por el regaló está muy linda – la pareja le había obsequiado a Beth una batería, de las ultimas que habían salido al mercado.
-Me alegra que te haya gustado y respondiendo a tu pregunta, está en una incubadora con varios cables.
-¿Lleva mucho rato así? – preguntó la pelinegra mirando a su madre
-Una media hora – contestó luego de mirar su reloj.
Volvieron a tomar asiento frente a la rubia, quien empezaba a dar las primeras señales de que despertaba
-Auch – al girar su cuello había sonado, por la incómoda posición en la que se había dormido – hola – murmuró al ver a sus amigas y a su hija - ¿Ha pasado algo?
-No
Quinn finalmente se levantó del suelo, haciendo sonar todos los huesos de su espalda, sacándole un gemido, cuando sintió que su cuerpo se des tensionaba.
-Iré por un café – se encamino hacia la cafetería dejando a las otras tres en la sala de espera. No había querido que nadie la acompañara en su espera en el hospital y aunque Santana y Britt se habían ofrecido a esperar noticias de Rachel o de Spencer mientras ella descansaba, incluso Phoebe se había ofrecido, pero la rubia se había negado rotundamente, era su familia la que estaba en el hospital, así que debía ser ella quien tenía que estar presente.
Pidió un café negro, bien cargado para poder mantenerse despierta y se sentó en una de las mesas de la cafetería, pasándose repetidamente las manos por la cara y el cabello. Todavía podía sentir, el peso de las palabras del doctor, cuando le dijo que Spencer tenía una malformación en uno de sus pulmoncitos, quiso gritar, llorar pero en esas horas que llevaba en el hospital, había llegado a la conclusión de que era su culpa que el pequeño estuviera sufriendo en ese momento. El óvulo que había sido inseminado, era el suyo, si tan solo se hubiera negado a la petición de su prometida, el bebé estaría bien.
Muchas teorías habían cruzado por su mente, pero todas terminaban igual, sus años de locura, de desenfrenó con el alcohol y las drogas, le estaba pasando factura y su hijo era quien debía pagarla, solo porque ella no podía decirle "No" a su novia.
-¿Estás bien? – estaba sumida en sus pensamientos, que no se percató de que Beth se había sentado con ella
-Sí, solo estaba pensando – siguió bebiendo de su café sin mirar a su hija
-De acuerdo – mascullo para nada convencida – el doctor salió, a Rachel ya le dieron de alta – Quinn asintió terminándose el café
-Vamos – murmuró lanzando el embace a la basura.
Madre e hija caminaron en completo silencio de nuevo hacia la sala de espera, en donde estaba la pareja murmurando por lo bajo.
-¿De qué hablaban? – La voz de Quinn sonaba bastante seria, un mal presentimiento entró en su corazón cuando sus amigas dejaron de murmurar al verla - ¡Díganme! – exigió levantando la voz
-Nada Quinn
-¡No me veas la cara de estúpida Isabella! – una Quinn estresada más una Quinn sin dormir era igual a una Quinn furiosa - ¡El doctor salió no es así! – no era una pregunta, era una afirmación
-Sí –Trece se levantó encarando a su amiga – el doctor salió y nos dio una noticia que probablemente no te guste
-Tienen que operar a Spencer – la voz rota de Rachel se filtró en aquella sala, logrando que Quinn retrocediera, hasta el punto de chocar contra la pared tras ella
-¿Qué has dicho? – se giró buscando a su novia, que estaba parada en el otro extremo, sosteniendo una pequeña bolsa en sus manos
-El tratamiento no está funcionando, deben operar a Spencer.
-¿Quinn? – todas vieron la intención de Quinn de salir corriendo y escapar de aquella pesadilla, pero cuando Isabella se estaba acercando a ella para retenerla, la rubia se enderezó y caminó con paso firme hasta su novia, quien se derrumbó apenas sintió los brazos de su amada
-Tranquila – Quinn trataba de consolar a su chica, aguantando sus propias lágrimas. Definitivamente esto era su culpa - ¿Para cuándo es la cirugía?
-Para el lunes en la mañana – Quinn asintió besando la cabeza de su novia – debes descansar cariño, ve a casa, que yo me quedó con Spencer ¿De acuerdo? – la morena no muy convencida acepto, necesitaba un baño en la tina que Quinn había instalado en la Suite y unas buenas horas de sueño
-Me avisas si pasa algo – le pidió a su novia, quien asintió besando sus labios
-¿Alguna puede llevar a Rachel a casa? – preguntó, sin detallar que Beth fijaba su mirada en las amigas de su madre, quienes captaron la indirecta
-Nosotras la llevamos Quinn – Rachel asintió finalmente separándose de su chica
-Me avisas – fue lo último que le dijo antes de irse con Trece e Isabella
Eran las seis de la tarde cuando Rachel se había marchado hacía la mansión. Quinn se volvió a recostar en la pared y allí se quedó ignorando al resto del mundo, únicamente sintiendo los brazos de su hija que la abrazaban transmitiéndole cariño y tranquilidad, lo que más necesitaba en ese momento.
Nueva York
Lunes
A regañadientes, Quinn había abandonado el hospital el domingo en la noche. Rachel no le había permitido quedarse, luego de enterarse de que la rubia no se había marchado del hospital desde el jueves. Sus músculos le agradecieron a la morena, cuando tocaron nuevamente el agua, hasta que no se desnudo en su lujoso baño, no se había percatado de lo mucho que apestaba. Luego de aquella ducha y de seis horas de sueño y otra ducha, Quinn regresaba al hospital, sabiendo que se encontraría con sus suegros allí, pero había alguien a quien no esperaba.
Su madre, Judy Fabray estaba sentada en una de las sillas de aquella sala, la separaban de Rachel, apenas unos pocos metros. Armándose de valor, paso por el lado de la mujer, que quien al verla, se había puesto de pie, esperando que ella la saludará.
-Hola amor – saludó a su novia, luego de ignorar a madre - ¿Qué ha pasado?
-Entró hace dos minutos a cirugía, solo nos queda esperar - Quinn asintió besando los labios de su chica – tu madre está aquí
-Sí la vi – suspiró sin soltarla
-Habla con ella – le pidió dándole un beso en los labios - ¿Ya desayunaste? – La rubia negó – eso es, ve con ella a desayunar, cualquier cosa nosotras te avisamos
-No quiero dejarte sola – aunque técnicamente no estaba sola
-Mis padres están aquí, tus amigas, nuestra hija y nuestra nuera, estaré bien – la rubia resignada asintió besándola por última vez.
Se acercó a su madre y sin decir una sola palabra, se encamino hacia la cafetería seguida de la mujer. La rubia pidió un café negro y otro con leche, unos huevos para su madre y una torta para ella. La mujer sorprendida, se sentó frente a su hija que esperaba la comida.
-¿Qué haces aquí? – preguntó luego de recoger la bandeja con la comida de la vitrina
-Necesitaba hablar contigo
-¿De qué? – la voz seria de la rubia hacia que la mujer se atortolará frente a ella, finalmente suspiró profundamente observando cómo su hija menor, colocaba frente a ella los huevos y le alcanzaba el café con leche
-¿No comes huevos? – hasta donde ella recordaba, Quinn siempre desayunaba con huevos y tocino.
-No como carne – contestó secamente
-Quinn, sé que me equivoque pero… - se detuvo al ver que su hija sonreía con el vaso cerca a sus labios
-Y te has dado cuenta de ello, luego de tantos años Judy
-Quinn…
-Te escuchó, pero habla rápido que a mi hijo lo están operando en este momento – la mujer asintió tomando aire
-Perdón – la rubia alzó la ceja pero no dijo nada – por todo, por lo que hizo tu hermana…
-No eres responsable de las acciones de Frannie
-Lo soy, las dos son mis hijas y no las supe educar correctamente y mira donde terminaron las cosas, una en la cárcel y la otra en un psiquiátrico. Valiente madre soy
-Todos cometemos errores – giró el rostro terminado su café sin percatarse que su madre no había probado bocado – sino mírame a mí, por mi culpa Spencer está en cirugía
-¿De qué hablas? – ella sabía que al pequeño lo estaban operando por un problema en un pulmón, pero no entendía porque su hija se culpaba.
-Cosas mías – contestó bajando la mirada – come – le indicó a su madre quien tomo el tenedor - ¿Qué quieres Judy?
-Quiero que me perdones Quinn, por todo lo malo que te hice, por todas mis omisiones, por todas las veces que calle y te hice sentir que no te apoyaba en las decisiones que tomabas, para mí fue muy importante que hubieses ido a visitarme cuando tuve aquel infarto.
-A pesar de todo lo que has dicho, sigues siendo mi madre Judy y si algo me ha enseñado la vida, es que no se pueden guardar rencores, lo que paso ya pasó y sería estúpido de mi parte seguir recordando cosas que pasaron hace más de 18 años, casi dos décadas y yo ya no soy una niña tengo 34 años, casi 35 años
-Eres madre…
-Soy madre, entonces ya no puedo seguir con las mismas pendejadas de cuando tenía 20 o 27
-Has cambiado
-La vida me cambio
-Quisiera explicarte muchas cosas Quinn
-Ya no importan, ya lo que paso pasó madre y es mejor dejarlo como está, eso no significa que no podamos intentar recuperar nuestra relación fraternal
-¿Estarías dispuesta?
-Claro que sí y ya olvidémonos del pasado, que eso es lo que me hizo ser quien soy
-Te amo hija
-Y yo a ti má
Luego de que Judy terminará de comer, ambas mujeres regresaron a la sala de espera, luego de haber compartido un sentido abrazo.
Quinn hizo las respectivas presentaciones y la mujer había quedado aterrada de ver a Beth lo grande que estaba
-Y eso que cuando era rubia se parecía más – le había murmurado Rachel.
Se sentaron a seguir esperando las noticias del pequeño Spencer, pero el tiempo pasaba y nadie salía, cosa que desesperaba a Rachel. Luego de más de cuatro horas de esperá Quinn había vuelto a sentarse en el piso, se negaba rotundamente a decir lo que estaba pensando, a decir la verdad, que era culpa de su bebé, pero un comentario de su novia, logró que estallara
-¡No es tu culpa! – exclamó furiosa levantándose del suelo. La morena había expresado que la culpa de que Spencer estuviera en esa situación era suya, pues ella lo había llevado durante 8 meses - ¡Es mía!
-¿De qué hablas? – Rachel miró a sus padres que estaban igual de confundidos que ella – Quinn…
-El óvulo que fue inseminado fue el mío
-Sí cariño, eso lo sabemos todos
-¡Fue mío! – Exclamó alzando la voz - ¡Es mi culpa! ¡Mi adicción a las drogas tiene a Spencer en un quirófano!
-Quinn…
-¡Es mi culpa! – finalmente se había derrumbado, el llanto fue superior a ella las lagrimas salían sin cesar de sus ojos - ¡Perdóname!
-Quinn, amor no es tu culpa – la morena se arrodillaba frente a su novia, algo cohibida por lo que esta decía – no es tu culpa
-Sí lo es – la voz rota de la rubia, lastimo a más de uno de los que estaban presente – Él está pagando por mis errores ¿Quién nos asegura que no tendrá otro problema en el futuro por culpa mía? – Rachel trataba de limpiarle las lagrimas de los ojos a su novia, pero cada vez salían más – no sé cómo puedes estar con alguien como yo – susurró suavemente
-Estoy contigo porque Te Amo, Te Amo demasiado, eres el amor de mi vida y lo que está pasando no es tu culpa Quinn, no lo es – la rubia se aferró a su novia quien la dejó llorar en su hombro acariciándole suavemente la espalda – Te Amo, nunca lo olvides.
-Familia de Spencer Fabray
