La Vida nos lleva de un lugar a otro; el Destino nos traslada de un punto a otro.

Y nosotros, conducidos en vilo por estos dos gemelos, escuchamos voces temerosas y solo vemos lo que se interpone como obstáculo en nuestro camino.

-Gibrán Jalil Gibrán-

2. Rebeldía

En el blanco.

Otra vez.

Llevó la mano a la aljaba que le colgaba en la espalda y sacó otra flecha que colocó en el arco perfectamente tensado. Estrió a la altura de su mirada y después de unos segundos soltó de súbito la flecha que salió disparada a gran velocidad ensartándose unos centímetros debajo de la anterior.

Bajó el arco y suspiró de aburrimiento, alzó de nuevo la mano y estaba a punto de sacar una flecha más cuando oyó unos parsimoniosos aplausos detrás de él; giró la cabeza a un lado encontrándose con la figura de su hermano.

-Sencillamente excelente -dijo el rey con su usual tono de voz indiferente– cuatro de cinco. Debes practicar mucho.

El príncipe volvió a mirar al frente y terminó de sacar la flecha que acomodó de nueva cuenta en su arco.

-No hay nada más que hacer aquí.

Touya frunció el ceño.

-Si solo hicieras la mitad de lo que... -se interrumpió cuando su hermano soltó la flecha que se clavó a varias pulgadas fuera del blanco, Touya río y todavía sonrió mas cuando vio que Shaoran fruncía el entrecejo- no siempre se puede ser perfecto, enano.

Shaoran lo ignoró, hizo un gesto con la cabeza a un hombre que se encontraba cerca y le entregó el arco y la aljaba todavía lleno de flechas.

-Déjanos a solas –ordenó y luego le dio la cara a Touya-, he querido hablar contigo desde ayer.

Touya por su parte se quedó impresionado al ver que Shaoran no replicaba por la forma en la que lo llamó.

-Lo sé -respondió después de unos segundos– para eso he venido. Resulta algo insólito que no sea yo el que mande llamarte.

Shaoran ignoró el comentario.

-Aquella charla que tuvimos -comenzó– hay ciertas cosas que quisiera aclarar.

-Tú dirás.

-Para que no... –se detuvo y pensó mejor sus palabras antes de decir cualquier cosa– para evitar malos entendidos.

-Por supuesto.

-Cuando hablaste del reino de Ailes, mencionaste a la princesa.

El rey levantó un poco mas la frente y entrecerró los ojos ¿sería que su hermano estaba en realidad interesado en la princesa?

-Así es -confirmó Touya expectante.

Shaoran gruño.

-He oído que es muy linda -continuó- tu mismo lo dijiste ayer.

Touya asintió sin creer lo que escuchaba y Shaoran sonrió para sus adentros al ver la expresión de su hermano. Que tal si...

-¿Por que no te casas con ella? -soltó el príncipe de repente.

-¿Qué?

-Piénsalo, seria un enlace perfecto, los reinos se unirían y...

-No hay necesidad de hacer algo como eso -interrumpió- hay un tratado entre nuestros reinos, lo sabrías si te interesaras mas en tu país.

-Me alegra escucharte decir eso -dijo con una sonrisa, esa que ya conocía su hermano como la señal personal de triunfo de Shaoran– porque por un momento pensé que querrías comprometerme con ella.

Touya se quedó de pie en silencio, comprobando una vez mas el maldito ingenio que tenía su querido hermano y juntó las cejas con enfado. Yukito ya le había mencionado que Shaoran podía utilizar su propia soltería como pretexto pero nunca creyó que lo haría de esa manera, tomándolo de sorpresa haciendo que diera esa inoportuna respuesta.

-Y qué fue lo que te hizo pensar eso -musitó siguiendo el juego.

-No recuerdo una sola vez en que me hayas hablado de mujeres, ya sea tratándose de una princesa o una mujer cualquiera.

-¿Necesito hacerlo? -preguntó el rey con sarcasmo– tengo entendido que no te hacen falta amigas en ese sentido.

Shaoran se encogió de hombros, lo menos que quería hacer ahora era hablar de ese tipo de amigas precisamente con el rey.

-¿Pretendías que tratara a la princesa como a mis "amigas"?

Touya rió divertido.

-Eres un maldito sínico.

El príncipe se relajó un poco mas, al parecer el rey estaba de buen humor el día de hoy, lo sensato sería hacer que permaneciera de esa forma, no fuera a empezar a decir tonterías de compromisos o algo por el estilo, con el fin de terminar con sus paseos ocasionales.

Después de todo no fue por mala suerte que el día de ayer no pudiera hablar con su hermano, pues con el enfado que se cargaba en ese momento, estaba seguro de que habría hecho o dicho algo estúpido sin duda. Pensando en eso, recordó el asunto del Oráculo.

-Supe que ayer hablaste con el Oráculo -mencionó el príncipe y como Touya no contestó continuó-: ¿pasa algo malo?

-¿Por qué piensas eso? –respondió con una pregunta, que a Shaoran le pareció bastante tonta.

-Jamás consultas al Oráculo, hermano.

-¿Será esto algo de interés tuyo por lo que sucede en el reino?

Shaoran hizo un gesto con la mano restándole importancia al comentario.

-¿Jamás vas a perder la esperanza? –Preguntó algo incómodo- ¿Por qué te preocupas tanto por eso? Jamás seré rey, tus hijos serán los de la responsabilidad no yo.

-Nadie tiene el futuro comprado Shaoran -refutó serio esta vez– mucho menos un rey.

Shaoran no contestó nada, simplemente desvió la mirada. Eso no tenía que decírselo, ya lo sabía muy bien.

-Aunque claro, no tengo planeado morir en estos días -agregó el rey al mismo tiempo que se daba la vuelta- por ahora el reino está a salvo de ti. Sigue practicando, te hace falta.

Y con esa confusa frase, se marchó dejando al príncipe solo con sus pensamientos.

x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x

Cuando Shaoran entró a la estancia, sus ojos cafés encontraron de inmediato a su visitante, quien lo esperaba de pie en medio de la sala, inusualmente, con una expresión seria en su rostro.

-Que sorpresa Yorito -saludó cordial a pesar de lo contrariado que se encontraba por el semblante de su amigo.

El joven se inclinó respetuosamente llevándose la mano derecha al pecho a la vez que saludaba.

-Buen día príncipe Shaoran.

Pero antes de que el muchacho volviera a enderezarse, el joven príncipe ya había dado señales a la servidumbre que se encontraba en la sala para que se retiraran.

-¿Qué sucede? -Preguntó al verse finalmente solos.

-Ya se por qué el rey requirió los servicios del Oráculo -contestó el otro rápidamente y sin rodeos.

-Dilo de una vez entonces.

-Cuando volvía el día de ayer, escuché a mi padre hablar con otro miembro del Consejo -comenzó dudoso el noble y Shaoran lo incitó a que siguiera con un asentimiento de cabeza– hablaban acerca del reino de Railan. Parece que recibirán apoyo económico y de armamentos del rey Fendol. Me temo que si esto es verdad, declararán oficialmente la guerra en cualquier momento.

-¿Fendol? ¿Por qué Fendol se inmiscuye en lo que no le importa?

-Piénsalo bien, si Railan gana, quedarán endeudados por bastante tiempo. Además, no me sorprendería que Fendol se aproveche de eso negociando para que la mercancía de su reino tenga paso libre por las tierras de este país una vez que estén en posesión de Railan.

-¿Apoyar al idiota rey de Railan solo para evitar pagar impuestos? –Exclamó incrédulo-. No lo creo.

-Es una posibilidad. Por lo demás, estoy seguro que tiene mas ventajas para apoyar a Railan. Aún así, solo son rumores –aclaró de inmediato– no es nada seguro. Ya no pude escuchar más, porque temía que se acercara algún criado y me atrapara escuchando lo que no me importa, así que decidí escabullirme una vez más y tratar de obtener información en el pueblo. Ya sabes que la gente es la primera en saber de los disturbios de las fronteras, pero parece que nadie sabe nada. Si hay rencillas, su Majestad lo ha sabido esconder bien.

Shaoran asintió, Touya solía ser muy listo cuando se trataba del pueblo.

-'Nadie tiene el futuro comprado' –murmuró recordando las palabras de su hermano- ahora entiendo.

-¿Decías?

-Nada, no es nada importante -contestó– agradezco que vinieras a decirme todo esto Yorito.

-No tienes por qué hacerlo príncipe -torció la boca en un intento de sonrisa -. Solo espero que ese Oráculo sepa lo que hace, supongo que el rey fue en busca de algún consejo.

Shaoran observó mejor a su compañero de correrías, esta vez se le veía bastante serio, Yorito era algo así como la voz de su conciencia, él era quien le hablaba de los temas mas importantes del reino, de su hermano y también de varios de los allegados de éste último, aunque Shaoran nunca se lo pidiera.

-¿Recuerdas cuando de niños solíamos escabullirnos hasta las habitaciones del Oráculo para ver cómo era?- preguntó Yorito tan de repente que el príncipe no lo comprendió por un momento.

-¿El Oráculo?

-Vamos, vamos. No me digas que lo has olvidado.

-Lo recuerdo -respondió al fin, también con una sonrisa– jamás pudimos pasar de la primera entrada. Los guardias siempre nos atrapaban.

-Aunque gracias a esos intentos encontramos un pasadizo más del castillo –agregó el joven noble- tal vez sea un buen augurio, no lo pudimos ver pero el intento resultó beneficioso. Tal vez sea bueno confiar en ella.

-Casi nunca usamos ese atajo -respondió indiferente y luego agregó-: ¿Aun sigues creyendo que el Oráculo es una mujer?

-Tú también lo creías antes -Shaoran no le respondió y Yorito continuó-: además ¿cuando has oído de un Oráculo hombre? No al menos en los reinos cercanos.

-Solíamos tener conversaciones como ésta hace años y jamás llegamos a una conclusión definitiva –replicó Shaoran restándole importancia– no veo porqué ésta vez si podamos hacerlo.

Yorito dejó a la vista su inusual canino con una sonrisa enorme y le dio la razón al príncipe.

-Tal vez ahora si puedas ver al Oráculo -agregó después de un breve lapso de silencio– ya estás grandecito y puedes alegar que quieres estar informado del estado de la situación.

-Primero me creerían que quiero entrar a un monasterio y volverme monje.

-Puede que tengas razón –asintió riendo– pero debo aceptar que esto me ha traído de vuelta esa vieja curiosidad por la identidad del famoso Oráculo.

-¿A quién le importa ya eso? –Shaoran caminó hacia las puertas de la habitación y volvió a llamar a la servidumbre.

Para el joven Shinohara esa era una prueba fehaciente de que la conversación seria había terminado. Las sirvientas entraron con bandejas llenas de frutas y dulces que a simple vista se veían deliciosos.

-¿Quieres? –preguntó Shaoran recuperando su usual semblante, metiéndose un dulce a la boca.

El joven negó con la cabeza, pero en cambio si tomó asiento. Durante las siguientes horas, la conversación fue de temas poco trascendentales, el joven Shinohara sabía bien que a pesar de la actitud indiferente del príncipe, éste se preocupaba por el reino mas de lo que daba a entender y no era precisamente por el reino en sí, sino que lo que le preocupaba era su hermano. Claro que si alguna vez se le ocurriera mencionar esto, el príncipe simplemente lo negaría y seguramente le ordenaría que no volviera decir una sandez como esa, así que mejor se guardaba sus comentarios y trataba de hacerle olvidar la tención que le causaba el preocuparse y no poder expresarlo. Incluso cuando él mismo era quien había traído noticias tan importantes, por no decir malas.

Se encogió en hombros, además de saber que el príncipe lo consideraba como su mejor y único amigo, también era cierto que mas que amistad, el muchacho profesaba lealtad hacia el príncipe y no se sentiría tranquilo teniendo información que podía ser de interés para su príncipe.

-Creo que ya es hora de retirarme –Yorito se levantó e hizo una reverencia al miembro de la realeza- por favor hágale llegar mis respetos a su majestad el rey de parte mía y de mi familia.

Shaoran asintió con gesto de aburrimiento, sabiendo que aunque conociera a Yorito desde que ambos eran niños, jamás dejaría de referirse a él como "príncipe" ni dejaría de mostrarse tan formal cada vez que lo saludaba o se despedía de él. Excepto claro, cuando se encontraban vagabundeando por ahí.

-Claro, claro –rodó los ojos.

El noble sonrió y se retiró, Shaoran al creerse nuevamente solo y aburrido, se puso a merodear por los casi vacíos pasillos del palacio y se hace énfasis en la palabra "casi" porque a pesar de que no se veía a nadie mas que al príncipe a simple vista, éste sabía perfectamente que unos hombres lo veían siguiendo todo el día tratando de no hacer notar su presencia.

Sonrió. Como si fuera tan idiota para no darse cuenta. Pero eso le demostraba que a su hermano ya había empezado con eso de la guardiapersonal. Mentiría si dijera que eso no le divertía un poco y sonrió todavía mas al pensar en darle un pequeño sustillo a su hermano y desaparecérsele de repente a esas dos sombras que traía pegadas, para que después lo encontraran en alguna parte del jardín leyendo o haciendo cualquier otra tontería.

Seguramente el monarca se imaginaría que habría escapado una vez mas del castillo.

La idea no se hizo esperar y puso manos a la obra, entrando y saliendo primero de diferentes salas y habitaciones, pasando por pasadizos (los ya conocidos solamente, pues no quería dejar en descubierto aquellos que tanto le ayudaban), yendo y viniendo por largos pasillos, pero esos hombres no eran tan tontos después de todo y le seguían de cerca, ya se estaba aburriendo del juego. Tal vez lo dejaría así y se olvidaba de la broma.

Pero otra idea le asaltó la mente…

Aquel pasadizo que Yorito le había recordado, ese que descubrieron cuando intentaban ver al Oráculo, sería perfecto, al parecer ese pesaje no era muy conocido en el castillo y si finalmente esos centinelas terminaban descubriéndolo por culpa suya, de todos modos no solía usar ese atajo nunca.

Se dirigió rápidamente hacia aquella dirección, los pasos detrás de él que intentaban ser sigilosos, también aumentaron su velocidad y el príncipe tuvo que contenerse para no echar a correr, no quería ponerlos más alerta de lo que parecían estar ya.

Avanzó lo más rápido pero también lo más silenciosamente que pudo y entro a ese salón que nunca utilizaban y se dirigió a la chimenea que se encontraba al fondo del mismo.

Era una chimenea alta, el marco superior le llegaba a Shaoran hasta al cuello. Se agachó y metió la mitad del cuerpo en el hogar acercándose a la parte izquierda, donde algo parecido a una palanca se encontraba oculto entre el hollín.

Con ambas manos hizo bajar la palanca y con un crujido la pared interna del hogar se movió un poco. Una vez más utilizando ambas manos empujó la pared y entró por el polvoriento hueco. Estando dentro volvió a cerrar el acceso de la chimenea y comenzó a avanzar por el estrecho corredor que se presentaba ante él.

Varias telarañas se le pegaban a la cara con cada paso dado, el lugar estaba tan oscuro y húmedo que apenas y veía a un palmo de su nariz. De lo único que estaba seguro era que giraba a derecha e izquierda y en varias ocasiones tropezaba con escalones que aveces subía o bajaba, por lo que tenía que caminar con cuidado y sin acelerarse demasiado. Finalmente llegó a lo que parecía ser el final del túnel, pues una sólida pared le franqueó el paso de una manera casi abrupta.

Buscó a tientas el mecanismo que abría la salida, hacía tanto que habían descubierto ese pasadizo que había olvidado varias cosas de él, además jamás lo utilizaba y ya estaba empezando a rendirse, cuando recordó que no había mecanismo y lo único que tenía que hacer era empujar la pared móvil.

Apoyó ambas manos y empujó cuanto pudo. La pared apenas y se movió un poco al mismo tiempo que se escuchaba un chirrido que seguramente pertenecía a la bisagras oxidadas. Empujó hasta que tuvo el suficiente espacio para salir y con rapidez se deslizó hacia el exterior, estando afuera volvió a empujar para cerrar el pasadizo y cuando ya estaba de nuevo emparejado fue que dio un vistazo a su alrededor y se dio cuenta que efectivamente se encontraba en el ala que ocupaba el Oráculo.

Apenas dio un paso para marcharse de ahí y movilizar al palacio una vez más en su búsqueda, cuando escuchó unos pasos cercanos. Su corazón latió con fuerza e instintivamente se dio media vuelta y buscó un lugar para ocultarse.

Dobló la esquina y se vio de cara a un par de grandes puertas de madera. Ver aquellas inmensas puertas delante de él lo paralizó por un momento, sin embargo los ruidos se hicieron mas claros y al minuto siguiente se encontró abriendo las puertas para ocultarse detrás de ellas. Estando del otro lado se mantuvo pegado a la madera y con el oído atento.

Los pasos se acercaban, ya estaban por llegar cuando pararon en seco.

-¿Lo ves? Te dije que no era nada –decía una voz.

-Juro que escuché algo, algo que rechinaba –le contestó otra más.

Shaoran aguzó mas el oído, pero esta vez no pudo comprender la respuesta del otro. Sin embargo, sonrió con arrogancia al momento en que se volvieron a escuchar los pasos, solo que esta vez, alejándose.

¿Creía acaso Touya que podía mantenerlo vigilado eternamente?

Mientras se felicitaba mentalmente, alzó la vista y se encontró en un saloncito con un par de muebles decorando el lugar y el recuerdo de saber en dónde estaba llegó a él como un balde de agua fría.

Se dio la vuelta con la firme intensión de irse lo más rápidamente posible de ahí, cuando escuchó el sonido de muchas pequeñas cosas tintineando a la vez. No quería hacerlo pero sus pies lo obligaron a moverse y ver de qué se trataba aquel peculiar sonido, hasta que su curiosidad se vio saciada al ver a una mujer delante de él.

Una bastante extraña por cierto, llevaba ropas un poco holgadas de colores morados y magenta. De su cuello, cintura y muñecas, colgaban todo tipo de collares, cuentas y demás objetos y amuletos que tintinearon al momento en que ella dio un par de pasos al frente. Iba descalza y con anillos de piedras preciosas en los dedos de los pies, se detuvo apenas a unos cuantos metros de él y se arrodilló ante un atónito príncipe, quien estaba acostumbrado a reverencias y muestras de respeto, si, pero no a ver personas con ambas rodillas y la frente sobre el suelo, por lo que Shaoran solo podía ver regada una mata de cabello castaño.

Todo eso lo abrumaba, es decir, el no era el rey, además, nunca había visto a nadie poner la frente en el suelo, ni siquiera por respeto a Touya.

-Muy buenas noches, alteza –dijo ella desde el suelo- aún no ha pasado más de un mes, no puedo atenderle hoy.

Shaoran estaba aturdido ¿Qué estaba diciendo? ¿Un mes, atenderlo? ¡Qué demonios!

-Yo… -intentó decir algo, de verdad que lo intentó, pero su cerebro simplemente no se dignaba a hacer su trabajo y ordenarle a su lengua decir cualquier palabra. Entonces reparó en otra cosa, la mujer seguía en el suelo y en aquella humillante posición-. Por todos los cielos, levántese de una vez.

Apenas y terminó de decir aquello, la mujer se levantó de inmediato, aunque mantenía la cabeza agachada y la vista fija en el suelo.

-Debes ser el Oráculo.

-Lo soy –afirmó ella.

El príncipe dio un par de pasos atrás, algo dentro de él tenía la esperanza que negara aquello, que le dijera que era simplemente una de las doncellas que cuidaban del Oráculo o cualquier otra cosa. Sin embrago, otra parte de él, la más lógica, sabía que aquello no podía ser así. Porque sabía muy bien que el Oráculo no tenía doncellas a su disposición.

-Yo no debería estar aquí –murmuró entre dientes, sin embargo eso hizo que el Oráculo levantara la vista extrañada.

Y entonces fue que pudo ver bien su rostro, tenía ojos grandes y verdes y su piel era de una tonalidad demasiado clara, aquella mata de pelo que vio sobre el suelo ahora coronaba un rostro de ángulos finos. Cualquiera que la viera sabría que estaba frente a una persona delicada, si es que no se mencionaba antes la palabra débil.

Desvió la mirada, sabía que no debería verla pero… deslizó una vez más sus ojos hasta aquel rostro.

-Eres muy joven.

Desde un principio todo aquello había sido de lo más extraño para él, así que no podían culparlo por decir lo primero que le pasara por la cabeza. Ella todavía lo observaba con esos ojos extrañados sin responder, sin decir nada más que lo necesario.

-Hace un momento –comenzó a decir él dudoso- mencionaste algo acerca de un mes…

-Su alteza debe esperar si quiere alguna predicción –explicó ella-. Su majestad el rey acaba de pedir mis servicios un par de días atrás.

-¿Crees que quiero que me hagas una predicción?

La mujer abrió más sus ojos, esta vez con lo que parecía desconcierto.

-Si no es así, entonces no sé el motivo por el cual ha venido hoy su alteza –respondió bajando una vez más la mirada al suelo.

Shaoran dio unos pasos hacia ella pero notó como la mujer se movía en su misma posición con lo que parecía nerviosismo, así que prefirió quedarse donde estaba y mantener su distancia.

-¿Cómo estás tan segura de quién soy? Se supone que el Oráculo no puede salir de sus habitaciones ¿cómo es que me conoces?

No pudo evitar que todo aquello se oyera bastante agresivo, pero las ideas le daban vueltas y a él no le gustaba para nada verse como alguien que no tenía idea de lo que ocurría a su alrededor, y precisamente esta situación lo hacía sentirse así.

-¿No es usted el príncipe? –Preguntó la mujer con lo que se podía catalogar como temor- nadie que no sea de la familia real puede ver al Oráculo, yo pensé que usted sería…

-Lo soy, soy el príncipe Shaoran –la interrumpió al verla tan alarmada.

-Si no desea una predicción –parecía dudar, se le veía incluso temblar- ¿a que ha venido?

Shaoran deseó mas que nada responder aquella pregunta, pero la respuesta era tan vulgar y estúpida que no se atrevió a hacerlo, incluso se calmó al ver que no solo él era el confundido, sino que a ella se le vía bastante desconcertada y sin saber qué hacer.

-Volveré otro día –dijo en vez de responder a lo que ella le preguntaba, se dio la vuelta y caminó hacia las enormes puertas de madera donde se detuvo y se volvió una vez más hacia atrás -¿puedo saber cuál es su nombre?

-El Oráculo no tiene nombre –respondió ella, pero el príncipe pudo notar que su rostro ocultaba más de lo que decía.

-No importa –dijo él- después me lo dirás.

Seguido de esto abrió la puerta y salió dejando a la mujer sola.

Ella pudo escuchar sus pasos alejándose, y cuando el sonido dejó de llegar a sus oídos, el silencio volvió a reinar en el lugar, la mujer de ojos verdes llenó sus pulmones de aire expulsándolo después en un largo suspiro.

Se dio la vuelta y atravesó el umbral que separaba esa pequeña sala de lo que eran formalmente sus habitaciones, acompañada del repiqueteo de sus innumerables cuentas y amuletos. Pasó al lado de lo que ella utilizaba como comedor, siguió por un corredor hasta llegar a lo que era su alcoba: una gran habitación donde se encontraba una enorme cama con dosel y elegantes muebles distribuidos. Llegó hasta la cama y se dejó caer boca arriba observando el techo del dosel.

Nunca antes se había sentido tan nerviosa, porque una cosa era estar consciente que en cualquier momento al príncipe podía ocurrírsele verla y exigirle sus servicios y otra muy distinta verlo atravesar esas puertas y encontrárselo frente a ella sin ningún tipo de aviso, como es que hacía siempre el rey, y todavía era más desconcertante el hecho de que ni siquiera había venido requiriendo una predicción.

Se llevó la mano al pecho, su corazón latía con rapidez. Aquello no era nuevo pues siempre que se veía con el rey, también solía ocurrirle exactamente lo mismo y no podía culparse, pues estando acostumbrada por tanto tiempo a la soledad se le hacía difícil el hecho de entablar conversación con el monarca y ahora no era distinto con el príncipe.

-Creo que debí decirle mi verdadero nombre -se dijo a sí misma en voz alta– después de todo, no todos los oráculos son capaces de recordarlo. El rey nunca me lo ha preguntado, tal vez si lo hubiera hecho…

Se levantó de un salto al escucharse, una ventaja de estar sola era que podías hablar siempre en voz alta y nadie diría que estás loca.

-¿Pero que estoy diciendo? Nadie debe saber mi nombre.

Volvió a recostarse otra vez sobre la cama y esta vez recordó lo que el príncipe había dicho después de preguntar por su nombre. El había dicho que volvería.

-¿De verdad lo hará? –se preguntó inquieta y de pronto se encontró pensando que realmente quería verlo de nuevo.

Y es que tanto el príncipe como el rey, eran las únicas personas con las que ella podía hablar y nadie más. Sin embargo… con el pasar del tiempo, sus citas con el rey eran cada vez más distanciadas y esporádicas. Salvo por el pasado encuentro.

¿Sería el príncipe alguien con quien pudiera también hablar ? ¿O sólo había aparecido este día por pura curiosidad parar después no volver hasta requerir una predicción?

-Me llamo Sakura, príncipe.

Su voz resonó y chocó contra las paredes vacías, torció la boca y alzó una ceja, evaluando cómo es que se había escuchado aquello y rápidamente llegó a una conclusión.

Definitivamente nunca iba a decírselo.

Fin del capítulo


Que tal todos. Pues si, Sakura es el Oráculo y la ultima frase la puse solo por compromiso, porque era bastante obvia la identidad de esta chica, ¿Alguien imaginó que sería una plebeya del pueblo o tal vez la famosa princesa de Ailes? ¿Qué les parece la historia hasta ahora? ¿Media friki no lo creen? xD

Me encantaría que se pasaran por aquí para el siguiente capítulo, ya saben que acepto críticas constructivas y destructivas, sugerencias y todo tipo de comentarios, y bien, solo me queda despedirme de ustedes y desearles siempre felices lecturas y también felices fiestas!

Avances del próximo capítulo: salir del castillo ya no es tan sencillo, pero tampoco es imposible, y Shaoran está decidido a demostrárselo a su querido hermano.

Próximo capítulo: Haru