NOTAS: ¡Hey, hola a todo mundo! Antes que nada, siento haberme ausentado. La vida es algo difícil cuando las cosas que pasan suceden ¡LOL! Bueno como sea, aquí la continuación de éste Fic, espero que les guste, no tengo más que decir.
¡Enjoy!
K-ON! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN SOLO LA IDEA PLANTEADA EN ESTE FAN FIC, EL CUAL NO ES INTENTO DE LUCRO.
ARIGATOGOZAIMASU.
….
El cielo de la noche era claro y brillante por las estrellas y enorme luna que adornaban ésta con su tenue luz. Y en aquel elegante y bello jardín de la casa de la oujo-sama del HTT, aun yacía la misma durmiendo tranquilamente recargada sobre el hombro de Ritsu, prensada de su brazo; mientras que ésta le miraba con atención a cada respiro que la rubia con delicadeza y tranquilidad despedía ¿sería más bella alguna vista, que la mismísima que tenía en esos momentos?... pregunta que se hacía y contestaba con un absoluto "claro que no".
Ritsu miraba los labios carmín, que con finura y delicadeza estaban apenas entre abiertos, levemente humedecidos por el brillo labial que la ojiazul utilizaba y daban ese toque de "irresistibles" ante la debilidad y deseo de Ritsu por querer probarlos, aunque sea en un inocente rose. La ojiambar, perdida en aquel infinito dilema, de si probar o no los labios de la rubia sin su consentimiento sería buena idea, lo cual meditó poniéndose en el lugar de la tecladista; quien amablemente le había ofrecido techo y comida ante su "fatal" situación, y sintiéndose un tanto culpable por aquel pensamiento, se limitó a solo admirar lo linda que se veía la rubia mientras dormía. Esbozando una sonrisa ladina, la baterista admiró el brillo del cielo, que pocas veces había disfrutado en compañía de Mugi, y aunque ésta estuviese dormida, el simple hecho de que estuviese a su lado, sintiendo su calor y tibio aliento, le era suficiente.
-¿Señorita Tsumugi? – una voz proveniente de alguna parte del jardín interrumpió aquel momento, al parecer era el mayordomo. El tipo se acercó un poco hacia donde estaban el castaño y la tecladista, quien dormía en el hombro ajeno -¿Señorita Tsumugi?... – el mayordomo habló un poco dudoso, pues lograba notar que la tecladista dormía.
-está dormida – contestó el ojiambar en un susurro, levantándose cautelosamente para no mover demasiado a Mugi. Acomodó sus brazos entre su cuello para que se prensara de éste, y con mucho cuidado cargó a la oujo-sama entre sus brazos. El mayordomo entendió a la perfección las intensiones del joven, quien sirviéndole cómo guía, lo escoltó hasta la habitación de la rubia donde les dejó a solas; después de todo, Mugi había dicho que era de confianza, así que optó por esperarle en el pasillo. Mientras tanto, Ritsu recostó a la tecladista sobre la cama con mucho cuidado para no despertarla, dándole una última mirada antes de irse a su habitación. El castaño se inclinó un poco para remover un poco el cabello del níveo rostro de la contraria y depositarle un cariñoso beso en la frente, para después salir de la habitación, no sin antes regalarle una sonrisa afable y dedicarle un "Buenas noches…oujo-sama…" en un susurro con las mejillas salpicadas en carmín, para finalmente salir de la habitación cerrando la puerta.
En cuanto la puerta se cerró, Mugi abrió sus ojos lentamente, llevándose una mano a la frente, justo donde la baterista le había premiado con aquel sensible beso, gesticulando una sonrisa satisfecha.
-…buenas noches… mi Ricchan… - la tecladista se acomodó entre las sabanas para quedarse dormida finalmente con una gran sonrisa en sus labios.
Ritsu regresó a su habitación, después de despedirse del mayordomo, quien se aseguró de que todo quedara en orden. Se quitó los tenis y se tiró sobre la cama. Su mente divagaba en sinfín de cosas, desde los exámenes, hasta cuando llegaría el momento para que volviese a ser normal de nuevo. Ella no era una persona que meditara las cosas tan meticulosamente, pues creía que ser espontáneo e impredecible era más fácil a estarse quebrando la cabeza como Mio. Pero es que aunque no quisiera hacerlo, en ésta ocasión debía ser esmerada en todo. Tratando de no perder la rutina, optó por dormir y dejar una vez más las cosas al destino.
A la mañana siguiente, la tecladista y el castaño se levantaron temprano y estaban listos para salir rumbo a la escuela. Ambos tomaron el tren temprano, y en menos de veinte minutos llegaron al colegio. En el camino Ritsu y Mugi platicaban de vez en vez, el castaño como últimamente lo hacía, estaba sumergido en su mundo de pensamientos disímiles a los ajenos, la rubia pensaba que a veces parecía estar en otro mundo, pero podía suponer que su caso era bastante complicado… lo que también le afligía.
Así Ritsu y Mugi llegaron finalmente al colegio. Todas las chicas saludaban al susodicho "Richard" quien se sentía incomodo por las miradas curiosas y algunas más llenas de morbo al ver que venía en compañía de Mugi.
-buenos días Richard-kun – saludó Himeko emparejándose al paso del castaño y de la rubia – buenos días Kotobuki-san – saludó con amabilidad al ver que el castaño no llegaba solo.
-buenos días – respondieron ambos al unísono.
-Richard-kun, me preguntaba si después de clases aceptarías ir al cine con mis amigas… y yo – la chica se notaba apenada, en cierto modo a esos gestos Ritsu era bastante vulnerable, pero sabía que no podría, quería pasar el día con sus amigas ¿pero cómo decirlo?.
-bueno yo… pues… no sé… te diré después de clases ¿de acuerdo? Es que hay que ver si la profesora nos deja tarea, no me quiero atrasar, Ritsu me pidió que fuese puntual - ¡bingo! Esa era una buena excusa.
-¿ah? Tienes razón, bueno, si dejan tarea podemos hacerla juntos ¿no crees? –al parecer la chica no cesó en insistencia, lo cual el castaño no sabía como contrarrestar, estaba en aprietos.
-bueno yo_
-disculpa Himeko, pero creo que estás siendo amablemente rechazada; además después de clases Richard-kun y yo tenemos algo que ir a comprar para Ricchan – cuando el castaño estaba por ceder, ya que se había quedado sin argumentos, la tecladista intervino al escuchar las insistencias por parte de su compañera. El aludido solamente guardó silencio y mirando con sorpresa a la rubia, quien le había salvado el pellejo, volvió su vista con una sonrisa nerviosa asintiendo con rapidez.
Himeko no dijo más, parecía entender por ésta ocasión, pero algo molesta por la intromisión de Mugi, soltó un chasquido con la boca y se retiró del lugar, dedicándoles un simple "bueno, está bien, nos vemos Richard-kun" lo cual era más dirigido para el castaño que a la misma Mugi.
-¡vaya! Te debo una – habló con alivio el castaño.
-aunque creo que pudiste decir un simple "no" – contestó Mugi con simpleza.
-¿eh? bueno es que… no quise ser descortés – se excusaba el ojiambar.
-bueno, tuve que serlo por ti – replicó Mugi, ambas seguían caminando, parecía una discusión.
-bueno yo no dije que lo fueras – Ritsu contestó mirando algo confundida a la rubia, quien parecía levemente irritada – ¡pero gracias Mugi! – la baterista rodeo con sus brazos el cuello de la tecladista, dándose cuenta de su enojo ¿estaría celosa?... aun no lo sabía.
Ante aquel gesto de cariño por medio de la ojiambar, la rubia no pudo evitar sonreír y abochornarse sintiendo el calor correr por su rostro, tan solo dejándose querer por el castaño.
-¡Hey Mugi! ¡Ricchan! – gritaba Yui quien venía en compañía de Azusa y Mio, llegando hasta el lugar donde Ritsu y Mugi estaban - ¿interrumpimos algo? – preguntó Yui inocentemente con una sonrisa traviesa al ver que la ojiambar abrazaba a la tecladista, ambas se avergonzaron.
-n-no… solo… ¡buenos días! – saludó Ritsu cambiando de tema. Mio les miró sin darles crédito a que no hacían nada, pues si no había nada… ¿Por qué se ruborizaban?
-buenos días Mio-chan, Yui-chan, Azusa-chan – saludó Mugi con el debido respeto, todas le devolvieron el saludo tal cual. Azusa parecía darse cuenta de lo sucedía, pero prefirió guardar silencio.
Las miradas de la gatita y el castaño se encontraron de un momento a otro, el viento corrió libremente, y todo a su alrededor sonaba como un simple eco. Mio, Yui y Mugi platicaban pero eso parecía no ser más que parte de los ecos vacios que sonaban a sus alrededores, el contacto visual era de unos escasos segundos, pero antes aquel momento parecían ser minutos, quizá horas. Ninguna pronunció palabra alguna. Azusa había dicho todo, hasta el momento, Ritsu ¿Qué podría decirle a la gatita?... era un dilema bastante incómodo.
-buenos días Azusa – el castaño terminó por ceder ante aquel momento, con un simple saludo era bueno empezar ¿o no?
-buenos días Ritsu-senpai… - la kohai le devolvió el saludo con cortesía y una sonrisa simple.
La campana de inicio de clases sonó, así que las cinco chicas se vieron forzadas a ir a sus respectivos salones. Las mayores se despidieron de la kohai, quien siempre era la primera en llegar, así éstas y el castaño llegaron a su salón, donde como el día anterior, los susurros y miradas curiosas caían sobre el ojiambar.
-vaya Ricchan, eres popular con las chicas – habló Yui con alegría al ver como sus compañeras de clases saludaban al "chico". Ritsu no pudo evitar sonrojarse ante aquel comentario de la guitarrista.
-buenos días Richard-kun, Richard-kun ¿Qué tal tu día?, Richard-kun, hoy te ves muy bien. Richard-kun ¿quieres salir conmigo? – esos y muchos más cumplidos comenzaban a lloverle al ojiambar, quien se encontraba rodeado de chicas, es como si nunca hubiesen visto a un chico en la vida. Mientras el castaño trataba alejarse de aquel puñado de hormonas femeninas, que comenzaban a sofocarlo.
-¿creen que deberíamos a ayudar a Ricchan? – preguntaba Yui con un dedo en su labio con gesto de duda.
-ni hablar, Ritsu siempre en problemas – habló una Mio bastante moleta. Sus amigas comenzaron a caminar hacia el ojiambar para sacarlo de aquella multitud de chicas que rodeaba a la baterista, hasta que finalmente lo lograron.
-¡oigan! Richard-kun no es solo para ustedes – se quejó una chica con molestia.
-si vas a salir con él después de clases, por lo menos deja que hable con las demás durante de – se quejó Himeko dirigiéndose a la tecladista.
-no lo queremos para nosotras, pero pensamos que podrían molestarlo un poco, es algo tímido – intervino Yui para calmar las cosas. Gracias Yui pensó la baterista ante aquella intervención oportuna de la guitarrista. Algunas chicas seguían murmurando cosas, hasta que finalmente llegó la profesora Sawako al salón.
-oh no, hoy es el día en que Sawa-chan imparte las clases, éste día será aburrido – se quejó la baterista inflando las mejillas. Así todas regresaron a sus asientos para prestar atención a la clase.
Las clases comenzaron y todos incluyendo a Yui y Ritsu prestaban atención a la pizarra y a las palabras que pronunciaba la sensei. Ciertamente todo parecía normal, pero cierta pelinegra estaba viviendo ese momento con intriga, intriga que no le dejaba muy a gusto tomar las clases, al parecer ni siquiera estaba prestando atención a las mismas.
¿Por qué Himeko dijo que Ritsu saldría con Mugi después de clases? Entiendo que se esté quedando en su casa, pero creo que pasar mucho tiempo con ella podría ser… ¡no! ¡no debería pensar en eso!... quizá si invito a Ritsu a salir… ¡sí! ¡Así podre averiguar que pasa! – la mente de Mio comenzaba a divagar mientras enfocaba su mirada en el lugar donde se sentaba en esos momentos la baterista.
-Akiyama-san, ¿podría seguir con la lectura? – la sensei le pido seguir con la lectura de la clase, pero Mio por estar pensando y viendo a Ritsu, se había perdido de página.
-¿eh?... ah… etto… - la bajista ojeaba el libro tratando de adivinar la página, pero era inútil, la profesora sabía que no estaba prestando atención.
-Akiyama-san, procura poner tus ojos en la clase y no en Richard-kun por favor – la sensei esbozó una sonrisa amable, y bajo aquel comentario la bajista se avergonzó al grado de que toda su cara se quedó roja en su totalidad encogiéndose de hombros. Todas en clases, incluso Ritsu comenzaron a reír. Después de aquel pequeño inconveniente para la bajista, la clase continúo con normalidad.
-Sawa-chan ¿puedo ir al baño? – habló el castaño levantando la mano después de un rato.
-claro que sí, trata de no tardar, explicaré ecuaciones lineales.
-claro… que tardaré – Ritsu salió del aula diciendo esto último para sí misma con sonrisa maliciosa. La baterista caminó hacia los baños de la escuela con desgane, pensando que al regresar vería números y más números. Abrió la puerta de los sanitarios, topándose con una chica quien al ver al castaño soltó un grito que se escuchó por toda la escuela.
-¿Por qué gritas? – preguntó el castaño tapándose los oídos y entrecerrando los ojos.
-¡pervertido! ¡Estás espiándonos! – la chica le aventó un zapato que le cayó en la cara al chico. Ritsu entendió inmediatamente el mensaje y salió del baño de señoritas a toda prisa.
-¡maldición! ¿Ahora donde iré? – el ojiambar comenzó a caminar hacia la dirección, donde pidió a un profesor que le prestaran el baño de profesores, ya que en el colegio solo había sanitarios para chicas. El profesor accedió y el castaño pasó al baño. Ritsu se metió a un cubículo del lugar, bajando su pantalón deportivo de la escuela, tan solo un poco para hacer sus necesidades.
-maldición… esto es tan difícil, aun no puedo atinarle al inodoro… además de que tengo que agarrarlo cada vez que quiero orinar – Ritsu miraba con cierto desagrado su nuevo "amigo" tratando de atinarle al inodoro a la hora de orinar, pero parecía que éste tenía vida propia y se rehusaba a obedecer al castaño. Finalmente Ritsu logró orinar sin más percances, pero había algo que llamó su atención detrás del bote de basura, y siendo presa de su curiosidad, no se limitó a no investigar.
-¿Qué es esto? – El castaño sacó una pila de revistas que yacían en el lugar, comenzando a ojearlas - ¡¿Qué demonios?! – la cara del chico gesticulo cierta sorpresa, pues no se imaginaba que sus profesores pudiesen tener ese tipo de cosas en la escuela - ¡son unos pervertidos! – Ritsu pasaba las portadas de las revistas y todas eran de lo mismo, todas etiquetadas con el título "Play boy". Chicas semidesnudas y desnudas eran lo único que podía contemplar el castaño en las revistas, y entre más las ojeaba, las páginas contenían chicas más lindas y más provocativas. Pechos grandes y circularmente firmes, curvilíneas por todas partes, rubias, pelirrojas, morenas, castañas de todos los gustos y medidas. La curiosidad del castaño no se detuvo aun después de ver aquellas revistas varadas en el sanitario de caballeros de los profesores, pues seguía ojeando cada una de ellas con cada vez un poco más de curiosidad ¿o es que las chicas lucían envidiables o le estaban llamando la atención? Ritsu estaba anonada con las revistas, unas más explicitas que otras, pero a fin de cuentas provocativamente eróticas. En eso, la puerta del baño se abrió dándole paso a un profesor, la baterista atemorizada y con las mejillas sonrojadas recogió todas las revistas como pudo para meterse al cubículo de donde había salido, dejando caer dos de éstas fuera del lugar donde estaba.
-¿mmmh? – El profesor se percató de aquellas revistas en el suelo y esbozando una sonrisa traviesa las recogió - ¿una mala noche? – preguntó golpeando la puerta del cubículo donde estaba el castaño. Ritsu abrazando todas las revistas con nerviosismo, tragó saliva y no emitió sonido alguno – entiendo, creo que estas concentrado amigo, déjame darte un consejo, la del mes de agosto es muy candente, tiene unos pechos bastante lindos, me ah sacado de algunos apuros – Ritsu cambió su gesto de asustada a asco ¿Cómo era posible que alguno de sus profesores hablase así? Eran todos unos pervertidos. Así, el sensei se metió en el otro cubículo del baño con las revistas que el castaño había dejado caer por accidente y Ritsu se sentó a esperar a que se fuera para poder salir, gracias a dios no le había visto la cara como para saber quién era.
La baterista no tuvo más que hacer, que esperar a que el profesor se fuera. Aburrida y desesperada, volvió a la táctica de hace unos momentos… ojear las revistas. Ritsu seguía mirando las poses de las chicas, y encontró una muy peculiar. Había una pelinegra de ojos grises, tenía el mismo corte que una pelinegra que conocía perfectamente, sí… Mio. El parecido con la modelo era mucho, pero era más que obvio que no era la bajista. Ritsu se dio cuenta de aquel parecido singular y su mente comenzó a divagar e imagines de la bajista nadaban en sus pensamientos. Se imaginaba a Mio en ropa y lencería sexy como las que la modelo de la revista lucía. Su piel se estremeció y sintió un cosquilleo recorrer sus espalda, su rostro estaba sonrojado y comenzaba a sudar, hasta una ligera línea de sangre corrió por su nariz; pero a pesar de todos esos síntomas, la baterista seguía imaginando como se vería su amiga con aquella ropa sexy tratando de ocultarlo por su extrema timidez, lo que le parecía más sexy. Ritsu sintió como algo se levantaba de entre sus piernas, era duro y se sentía caliente dándole pequeñas palpitaciones. Al sentir aquella sensación que le recordaba familiar después de haber tenido un sueño bastante "Hot" con la tecladista, bajó su mirada hacia el punto de ebullición, dándose cuenta de que por estar pensando cosas pervertidas, su amigo había reaccionado dejándole cómo producto de su lujuria… una erección… una vez más.
-¡ah no!... dios mío perdóname – el ojiambar se llevó ambas manos hacia el lugar tratando de aplacar su disparo de hormonas, pero era casi imposible. No había agua para bajarse el contratiempo, tampoco podía esperar a que se desvaneciera por sí sola, ya que la última vez tardó alrededor de quince o veinte minutos en bajar y gracias al baño que se dio, y si tardaba mucho Sawa-chan lo reprendería y se perdería la clase, algo que no podía aunque quisiera, le serviría mucho en los exámenes. Estaba desesperado, asustado, angustiado y se sentía culpable, pero esa sensación y palpitaciones insistentes cada vez que su ropa interior le rozaba le daban ganas de morirse… pensaba que de ser una chica hubiese sido más fácil aguantarse las ganas y salir como si nada del baño, salir muy campante sin que nadie notara tal cosa que sobresalía en demasía.
Se sentó sobre el inodoro cansado de que el profesor de al lado no salía ¿estaría haciendo lo mismo?... quizá sí, ya había tardado un buen de rato. Ritsu no sabía qué hacer, y cada que veía las revistas que había dejado en el suelo, las imágenes sexys se le venían a la mente.
-¡Ah! ¡Maldita Mio! – Se quejaba alborotándose los cabellos – ser adolescente es algo… complicado cuando eres un chico.
-sólo déjalo salir amigo – se escuchó del otro cubículo del baño – enserio, aprovecha ahora que puedes, cuando seas viejo tendrás que tomar pastillas para complacer a tu esposa – el sensei seguía hablando y Ritsu se quedó asqueada, jamás olvidaría que ese día alguno de sus profesores le daba "tips" para su vida sexual.
La ojiambar lo meditó, aquella erección no se desvanecía, ya había tardado bastante y sólo le quedaba una opción… así es… agradecerle a Mio o disculparse con ella por lo que estaba a punto de hacer.
-… perdóname Mio… - el castaño sacó a su "amigo" de su bóxer y aun temeroso e inexperto en esas cuestiones, lo miró con duda en su semblante, tragó saliva y respiró hondo ¿no puede ser tan difícil? Pensaba; así que dándose valor y algo motivado por lo que acababa de imaginar, lo tomó en una de sus manos, sus mejillas estaban sonrojadas y su cara ardía- ¡ah! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡Dios mío que estoy haciendo! ¡¿Cómo pude considerar hacerlo pensando en Mio?! Ella me mataría si se entera – el ojiambar ajustó su ropa lo más que pudo tratando de bajar la erección lo más que podía al presionar su ropa, ya casi no se notaba, solo necesitaba tiempo para que se fuese y si se quedaba quieto y sentado se iría así nada más.
Ritsu salió del baño de profesores rápidamente y caminó encogido hacia su salón. Podía aun sentir que el efecto no se le pasaba, pero tenía que regresar a clases.
-¿p-puedo pasar? – preguntó en la puerta con algo de nerviosismo.
-claro Richard-kun ¿estás bien? – preguntó la sensei al ver la posición en la que venía.
-ah… s-sí… s-solo me duele e-el estomago jeje – el chico caminó hacia su banca donde se sentó rápidamente con las mejillas sonrojadas. A su lado estaba Mio, quien le preguntó si se encontraba bien, al verla las imágenes regresaban a su mente ¿Cómo podría ver a la bajista a los ojos? Estaba realmente apenado.
La clase continuó y Ritsu comenzaba a sentir que todo regresaba a la normalidad, la incomodidad de entre sus piernas se desvanecía poco a poco, lo que le dejó más tranquilo. Un poco más relajado, comenzó a sentir que la clase era más aburrida de lo normal, sus ojos pesaban y su cuerpo estaba flojo, cabeceaba de vez en vez, hasta que finalmente se durmió sobre su escritorio.
-Ritsu… ¿me veo bien con éste top? – Mio estaba posando con una ropa provocativa y hablaba en tono sensual.
-¡¿Qué?! – exclamó el castaño sonrojado.
-¿no te gusta? – preguntaba la bajista con las mejillas sonrojadas y tristemente.
-s-sí p-pero tu – el ojiambar estaba nervioso.
-¿y qué tal me veo yo? – salía Mugi con una bata negra de dormir parecida a un baby doll, la cual dejaba muy poco a la imaginación.
-¿Dónde eh visto esto antes? – se preguntaba el castaño haciéndosele familiar la vestimenta de sus amigas, quienes se veían despampanantemente sexys con aquellas prendas.
-¿Cuál te gusta más Ricchan? – preguntaba Mugi con curiosidad pegándose a Mio. Ambas se veían realmente bien, Ritsu no podía simplemente elegir. Las dos chicas se acercaron al castaño pegándose cada vez más a éste.
-¿nos dirás Ricchan?
-dinos Ritsu ¿Cuál te gusta más?...
-yo…yo…yo no… - el castaño estaba sonrojado a más no poder y volvía a sentir aquella sensación que le provocaban las erecciones una vez más cuando…
-¡Richard-kun! – exclamó la sensei al ver que su "nuevo" alumno se quedó dormido.
-¡¿eh?! ¡¿Quién?! – el castaño despertó de un brinco topándose con la profesora de frente –sawa-chan… es usted – el ojiambar se limpió los ojos para despertar mejor.
-si yo fuera tu, iría por un balde de agua fría – la sensei puso sus manos sobre sus caderas y miró con una sonrisa ladina la entre pierna del chico.
-¿eh? ¡ah! ¡no de nuevo! – Ritsu se tapó la parte señalada y bastante sonrojado se encogió en su banca.
-tienes suerte de que la clase terminara y de que todas tus compañeras ya hayan salido.
-l-lo siento s-sawa-chan…
-ah – la sensei soltó un suspiro cansino y miró con desaprobación al chico – deberías concentrarte más en la clase y menos en cosas que te distraigan Ricchan, además de que no sabía que soñaras cosas… así – esto último lo dijo con sorna.
-¡no es lo que cree! – el castaño se sonrojó cada vez más.
-bueno, bueno, no le diré a nadie, pero bueno, le dije a las demás que fueran al descanso y aprovechando que estás solo tú, ya tengo el día de la boda, es el viernes, en tres días, veo que te está saliendo barba – la profesora se acercó un poco al rostro del chico ajustando sus gafas y tocándole la barbilla – si dejas que te salga un poco más, mis padres creerán el cuento de que eres mi novio.
-sigo creyendo que es raro que yo salga contigo Sawa-chan, no sé si nos resulte.
-no te preocupes, no pasará nada malo, o nada que no quieras – Sawako esbozó una sonrisa traviesa por el actual caso del chico.
-no me gusta cómo me mira… - pensaba el castaño guardando silencio.
-bueno, ya sabes, te esperaré en mi departamento, de ahí nos iremos al lugar de la boda – ninguna dijo más. Ritsu se quedó en su lugar esperando nuevamente que la erección desapareciera, pensando que le sucedía cada mañana y ahora hasta despierta, ¿era demasiado precoz o era normal? Sawako por su parte dio por terminada las clases y le pidió a Ritsu que les avisara a las demás, pues tenía una junta.
La hora del descanso terminó y las chicas regresaron al salón. Gracias a Kamizama, Ritsu se había deshecho de su problema continuo y dio el aviso de la sensei. Todas comenzaron a recoger sus cosas y a despedirse del castaño como era costumbre.
-es mi oportunidad - pensaba la bajista quien tenía en mente invitar al castaño a salir – Ritsu – habló seria y tímida acercándose al chico, Ritsu volteó y actuó con naturaleza, debía dejar de pensar en tonterías – estaba pensando… que… podíamos ir… a comprar algo… tu y yo… - habló finalmente.
-¿quieres que sea helado o frappe? – contestó Ritsu al ver la timidez de su amiga.
-frappe – contestó Mio sonriendo con nerviosismo.
-de acuerdo, le avisaré a Mugi, no tardo – el castaño se acercó a la tecladista para decirle que esa tarde saldría con Mio y que llegaría más tarde a casa, a lo que la tecladista accedió sin contradicciones.
-bueno ¿Qué estamos esperando? – habló Ritsu tomando a Mio de la mano, la cual se sonrojó por el tacto y cercanía de su amiga. Así Mio y Ritsu salieron del aula despidiéndose de Yui y Mugi.
Mugi miraba al castaño y a la bajista salir del salón, en cierto modo le molestaba que se fuese con Mio, pero ¿Por qué?... siempre supo que Mio y Ritsu eran unidas desde que eran niñas, que habían sido amigas desde su infancia y siempre habían estado juntas, era lo más normal verlas salir, solo que esta vez era diferente, ésta vez no le gustaba que Ritsu tomara la mano de Mio, tampoco que le abrazara o que le dedicara miradas tiernas y parte de sus ratos, cuando podía estar con ella… ¿estaba siendo egoísta o estaba celosa?.
-¿nos vamos Mugi-chan? – la voz de Yui sacó de sus pensamientos a la rubia, quien le miró con sorpresa para sonreír amablemente. Yui y Mugi salieron del aula, la tecladista seguía pensando ¿Por qué le molestaba la presencia de Mio cerca de la baterista? Y Yui comía un caramelo mientras ambas iban a buscar a la kohai a su salón.
….
NOTAS FINALES: Chee' creo que está algo flojo el capítulo, pero es que como siempre, me mandan a comprar cuando la madre inspiración aparece, pero bueno que se le hace jojojo espero que les guste éste capítulo y si no pues voy a llorar.
Ya saben que acepto quejas, sugerencias, dinero, posters de play boy ;) y lo que quieran ¡LOL! Arigato por sus bellos y sensuales reviews que son bienvenidos como todo lo que es gratis x) no les cuesta nada comentar, no cobro jo! (por ahora) bueno, sin más que decir, se despide su amiga
¡Maud Davenport Rules!
¡Chao, chao!
"Para contemplar el cielo con claridad… se deben tener al menos cinco minutos de infierno…"
