IMITACIÓN

A Iizuka Hiroko al principio le hizo gracia que le propusieran el papel de Hongo-sama. Veinte años después… Casi igual que Paul Newman en aquella película de billares…

Pero le desagradaba ver su personaje reducido a una mala imitación, a una burda copia interpretada por una novata sin experiencia.

—Hongo Mio soy yo —se decía, llena de enojo.

No iba a dejar que destruyera a su Mio…

Pero cuando se oyó llamar okā-sama por aquella muchacha de ojos dorados, no pudo evitar el escalofrío que le recorrió el cuerpo. Se le erizó la piel de miedo y pudo sentir el desprecio, el odio…

Su hija la odiaba…

Mio, la verdadera Mio, la odiaba…