La soledad es un buen sitio para ir de visita... pero un mal lugar para quedarse.

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5. Sonrisas incomprendidas

-Yumi. ¿Tú sabes leer?

La doncella alzó la vista con desconcierto hacia el príncipe, quien se encontraba de pie a unos cuantos metros de ella y la observaba muy atentamente.

-Si alteza –respondió para después volver a bajar la mirada, siguiendo con la tarea de limpiar los zapatos del príncipe.

-Es raro que ustedes sepan leer –dijo él acercándose un poco a donde la jovencita hacía su trabajo. Por lo regular, ella hacía ese tipo de cosas mientras él no estaba o cuando lo veía llegar, Yumi se marchaba, sin embargo esta ocasión Shaoran le había dicho que podía quedarse-. ¿Quién te enseñó?

-Fue mi padre, alteza.

-Es verdad, tu padre era el jefe de la servidumbre.

La jovencita asintió y bajó un poco más la cabeza. Pocas veces el príncipe le dirigía la palabra y esas veces eran solo para darle alguna orden o encargo, era cierto que nunca la había maltratado con algún golpe o insulto, ni hizo nunca el intento de aprovecharse de ella, como muchos otros nobles hacían con sus criadas, pero tampoco la trataba de alguna manera en "especial". Ella era la sirvienta y él un príncipe, y en los tres años que llevaba sirviéndole, nunca antes le había preguntado nada de índole personal.

Si hasta había olvidado que ella era la hija del anterior jefe de servicio y seguramente tampoco recordaba, que el motivo por el que cambiaron de jefe, había sido por la muerte de su padre.

-¿Y tu lees muy a menudo?

-No mucho, alteza –respondió rápidamente, pues a pesar de todo, su atención estaba siempre dirigida a su señor.

-¿Has leído un libro completo alguna vez?

Ella alzó la cabeza sorprendida.

-¡Un libro! –Exclamó con añoranza- no alteza, los únicos libros que he visto solo han sido los que usted ha leído y solo para quitar el polvo de sus cubiertas.

Shaoran asintió distraído.

-Claro. Ya me lo imaginaba –le dio la espalda a la chica y se alejó para sentarse en el sofá de la habitación-. ¿Si pudieras leer un libro? ¿Qué tema te gustaría leer?

El desconcierto de Yumi aumentaba con cada pregunta, ¿Qué era lo que pasaba con el príncipe?

-Pues, yo… no lo sé.

Shaoran frunció el ceño.

-Vamos debe haber algo que te interese.

La joven asintió aturdida y alzó sus ojos al techo con una actitud pensativa.

-Creo que… -comenzó dudosa-, tal vez uno de aventuras y misterios. Un libro de esperanzas. El bien triunfando contra el mal.

Sin darse cuenta, su voz se elevó y sus ojos brillaron con el anhelo de la historia en su mente, al mismo tiempo que una sonrisa se formaba en su boca. Ya podía imaginarse las aventuras, los obstáculos y las desdichas de los protagonistas, antes de que todo se acomodara en su lugar para llegar al final feliz.

-Hablas de una novela.

La muchacha dio un respingo, por un minuto había olvidado que era el príncipe con quien estaba hablando.

-Así es alteza –confirmó, otra vez modulando su voz para no sonar muy altanera.

El príncipe dejó de ponerle atención y se recostó sobre el sofá mas cercano. Miraba hacia el techo muy pensativo, permaneció de este modo durante más de quince minutos, mientras ella seguía limpiando ahora las botas que usaba para montar.

-Deja lo que estás haciendo Yumi.

La muchacha asintió y guardó los ya limpios zapatos de su príncipe.

-Quiero que vayas a la biblioteca y escojas tres libros, ¡pero no quiero que nadie te vea! –enfatizó alzando la voz, ella volvió a asentir con rapidez-. Bien, quiero que los traigas aquí y después puedes retirarte.

-Disculpe, alteza, los libros… ¿serán los que yo quiera, acerca de lo que sea?

-Los que llamen más tu atención. Ahora vete, rápido. Que para eso te estoy enviando, para que tú los escojas.

La chica salió de inmediato al escuchar eso último. Su señor solía exasperarse con facilidad, pero de eso si estaba acostumbrada. Al parecer el príncipe de siempre había vuelto.

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Touya caminaba por los pasillos seguido por sus cuatro generales, de los cuales dos hablaban sin cesar, uno de ellos apoyando empezar la guerra y el otro, sugiriendo esperar. Touya escuchaba con atención cada una de sus posiciones, y odiaba que ambas tuvieran tan buenas bases.

Doblaron la esquina en un recodo y tanto él como los generales se detuvieron en seco al mismo tiempo que callaban. Pues el príncipe se encontraba frente a ellos.

-¿Qué llevas ahí? -Preguntó Touya al ver que Shaoran tenía las manos ocultas tras la espalda.

Shaoran inclinó la cabeza, en un gesto de respeto.

-¿Se refiere a esto, majestad? –movió las manos hacia adelante, mostrando a su hermano unos gruesos libros.

Los generales asentían y sonreían con aceptación al ver el modo tan respetuoso con el que el príncipe se dirigía a su hermano, sin embargo, el propio Touya frunció mas el ceño al ver y escuchar a Shaoran de ese modo.

-¿Por qué sacaste esos libros de la biblioteca?

-Buscaba un mejor lugar donde leer, tal vez en los jardines, a la luz del Sol.

Touya frunció mas el ceño, algo andaba mal. Lo sabía, o mejor dicho lo sospechaba.

-Buenas tardes, general Lao –dijo de pronto el príncipe dirigiéndose a uno de los hombres que acompañaban a Touya-, hacía mucho que no le veía en palacio. ¿Ha venido junto con la caballería?

El general Lao, era quien entrenaba y dirigía la caballería del ejército de su majestad. Se decía que el hombre había aprendido a montar con tan solo tres años de edad y que era capaz de domar al caballo más salvaje con tan solo dos días. Había muchas otras cosas que se contaban de este hombre, además de su don con los caballos y los hombres, pues se sabía que sus soldados eran los jinetes mejor entrenados de cualquier reino.

-La caballería permanece en Brito, alteza –respondió el hombre, pero además de eso agregó-: a la espera de las órdenes de su majestad.

-Hablando de eso, majestad –terció otro de los generales del cual Shaoran no recordaba bien su nombre-, debemos seguir con nuestra discusión.

Shaoran inclinó un poco la cabeza y dijo con tono amable:

-Por mí no se detengan, me retiro –puso la mano derecha en el pecho y volvió a inclinar la cabeza-. Con su permiso, su majestad, generales.

Y al terminar de decir esto, se marchó de inmediato.

-Veo que su alteza el príncipe está entrando en sus cabales –mencionó el general Ryusuke-. Una buena noticia entre tanto disturbio.

Touya asintió, dejándoles creer a los generales que Shaoran se estaba "enderezando", sin embargo, él sabía diferenciar muy bien cuando su hermano fingía a cuando de verdad iba en serio. Y el día de hoy, se jugaría la corona apostando a que lo único que quería su hermano era alejarse lo más pronto posible de ellos.

Ya se encargaría de eso más tarde, ahora los generales eran quienes pedían su atención. Así que dejó ir a Shaoran y siguió su camino, empezando una vez más la discusión que habían interrumpido.

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Suspiró. Apenas y se salvó por esta vez, a los generales era fácil disuadirlos con un alago disimulado, un trato respetuoso y nada de comportamientos altaneros, es decir, que si hacía el esfuerzo de morderse la lengua y lamer un poco las botas de esos hombres, podía marcharse mucho más rápido. La cuestión aquí era que nunca tenía el humor como para entrar en el juego.

Excepto por el día de hoy, pues había cosas que hacer y no tenía el tiempo de escuchar los sermones de los generales, ni siquiera el del general Lao, quien una vez casi hizo que reconsiderara su comportamiento.

Alejó eso de su cabeza y bajó la vista hacia los libros que Yumi le había traído y ojeó unas cuantas páginas. Se veía que era bastante soñadora, pues efectivamente los tres libros trataban de aventuras aventuras y más aventuras. ¿Cómo había dicho ella? Ah ya lo recordaba "el bien triunfando contra el mal". Con tal solo ver los títulos, de seguro Touya habría intuido algo, pues esa no era la lectura que Shaoran acostumbraba. Tuvo suerte de que no sucediera así.

Cuando llegó a la habitación que celosamente escondía el pasadizo que llevaba a la sala del Oráculo, dejó los libros en paz, echó una ojeada esta vez a su alrededor, cerciorándose que nadie lo viera y finalmente entró.

Recorrer el camino secreto por tercera vez, hizo que al príncipe le pareciera más corto y menos agreste, ya no le parecía tan sucio ni tan oscuro, o tal vez sus ojos se habían acostumbrado, pues algo de lo que estaba orgulloso, era de su facilidad para acostumbrarse prácticamente a cualquier cosa. Algo de lo que pocos nobles (si no es que ninguno) eran capaces de igualar.

Al terminar el camino, la línea que los guardias montaban (una vez más) fue fácil de traspasar.

¿De verdad se esforzaban en cuidar que nadie se acercara al Oráculo o para ellos solo era el trabajo más fácil del castillo? Porque dadas las circunstancias, a Shaoran ya le parecía extraño que de niños Yorito y él no fueran capaces de llegar hasta la puerta de la vidente.

Dejando sus preguntas de lado y estando ya dentro de la antesala de las habitaciones del Oráculo, Shaoran se acercó a la cuerda y llamó una vez. No esperó mucho para que el eterno tintineo que acompañaba a la muchacha se dejara escuchar al otro lado de las cortinas, seguido de la figura de la joven apareciendo frente a él.

-Alteza –saludó ella haciendo una marcada reverencia que hizo a Shaoran sonreír, era agradable ver que la chica hiciera un saludo normal.

Cuando ella se hubo levantado de nuevo, lo primero con lo que su vista se cruzó, fue con el brazo del príncipe levantado, sosteniendo unos libros.

-Pensé que la lectura le ayudaría a pasar el tiempo –dijo él estirando esta vez el brazo hacia ella, quien dudosa tomó los libros con ambas manos cuando Shaoran podía sostener los tres con una sola.

-¿Para… mí?

-Para usted –confirmó él- ¿o ve otro Oráculo presa del aburrimiento por aquí cerca?

Cuando la escuchó reír quiso sonreír también un poco junto con ella, pero lo que lo hiso desistir de ello, fue que al mismo tiempo sintió una gran lastima. ¡Se necesitaba de muy poco para hacer sonreír a esa muchachita!

-Le agradezco, alteza.

-¿No quiere ver de que tratan?

-¡Por supuesto! –se apresuro ella a responder y de inmediato comenzó a ojear el primer libro.

En cualquier otra circunstancia, a Shaoran esa reacción le habría parecido bastante graciosa, pero en esta ocasión, la pobre chica parecía responder a un tipo de "orden" suya y fue por esto que frunció el ceño.

Pero la dueña del escondido nombre de Sakura, no se dio cuenta de todo esto, pues su atención estaba volcada única y exclusivamente en las páginas del libro que tenía ante sí. No necesitó ojearlo mucho para darse cuenta que era un libro maravilloso, pues la vida lo llenaba por completo. Las aventuras, las experiencias, todo lo que a ella le había sido negado, se encontraba también encerrado entre esas páginas blancas, atado a base de tinta negra.

-Muchas gracias, alteza, se lo agradezco infinitamente –y después de decir esto hizo otra reverencia todavía más marcada que la anterior.

-¿Son de su agrado?

Ella asintió.

-Me alegro, creo que Yumi tiene buen ojo después de todo.

-¿Yumi?

-Es la persona que está a mi disposición –explicó él-, calculo que usted y ella deben ser de la misma edad, por lo que pensé que podrían interesarle el mismo tipo de cosas.

-Ella ya los leyó entonces –dedujo la vidente pero todavía no terminaba de decir aquello para que el príncipe comenzara a negar con la cabeza.

-Para nada.

-Entonces… ¿solo los escogió para mí?

Él asintió encogiéndose de hombros pero levantó una ceja cuando ella tomó un libro y estiró el brazo devolviéndoselo.

-¿Qué sucede? –preguntó desconcertado.

-Creo que ella debería leer al menos uno.

-¿Por qué?

La pregunta la tomó desprevenida.

-Supongo que es como comprar una pieza de pan y no poder comerla –respondió al fin.

-Si necesito que compre pan y después me lo dé, ella debe hacerlo, para eso está a mi servicio.

-Eso lo sé, alteza, es igual a mí. Es deber mío obedecerlo y otorgarle mis servicios cuando usted lo necesite –bajó la mirada hacia los libros-. Pero hasta ahora no me ha pedido nada de eso, en cambio se ha portado muy amable conmigo –levantó la mirada hacia él, una mirada que Shaoran vio era más fuerte de lo que su débil cuerpo aparentaba-. A mí también me gustaría ser amable con una persona, aunque esa persona no lo sepa. Así que por favor príncipe, ¿podría darle este libro de parte mía a esa chica?

Casi sin pensarlo, Shaoran recibió el libro, pues estaba más concentrado en la mujer que tenía enfrente que en los movimientos de su propio cuerpo.

-¿Está comparándose con una criada?

-¿Cree que haya una gran diferencia entre ambas? ¿No fue usted quien dijo que éramos de la misma edad? ¿No estamos las dos bajo las órdenes de la corona?

Shaoran se dio la vuelta, evitando así que esa mirada verde siguiera sobre él.

-Entregaré el libro –dijo.

Y sin decir nada más que eso se marchó. Ni siquiera esperó a escuchar por si los guardias regresaban o no en la ronda de vigilancia, simplemente salió y volvió a entrar en el pasadizo. Sin embargo, si hubiera estado más al pendiente de sus acciones impremeditadas, habría notado que en realidad la suerte estaba de su lado en cuanto visitar al Oráculo se trataba, pues apenas y cerró la pared movediza detrás de él, la pareja de guardias dobló la esquina en su aparentemente aburrida rutina de vigilancia.

Pero esto Shaoran ni siquiera lo notó. Caminaba a tientas por el oscuro y frío corredor sin pensar en nada más que en una sola cosa: el Oráculo, la persona mas importante después del rey en todo el país, acababa de compararse con una simple criada, con una muchachita que se ganaba la vida limpiando la suciedad de sus zapatos.

Cuando el príncipe llegó a sus habitaciones, reinaba el silencio. Y con razón, pues Yumi no estaba, la muchacha solo acudía cuando Shaoran la llamaba o cuando había algo que limpiar. Para Shaoran, la muchacha era la única con su permiso de poder entrar a sus habitaciones a libre voluntad, era ella quien recogía el desorden, quien lavaba y compraba su ropa y objetos personales, quien vigilaba la preparación de sus alimentos, además de otras tantas variadas tareas. Había sido difícil encontrar a alguien como ella. Alguien que no hiciera preguntas por los extraños mandados que en ocasiones Shaoran le encomendaba, o que (más importante aún) fuera lo suficientemente prudente, o fiel, como para no abrir la boca frente a Touya.

Con respecto a la muchacha y Touya, a Shaoran todo el asunto le parecía muy divertido. Pues había sido el rey en persona quien mandó a Yumi para ver si esta vez el príncipe se quedaba con ella, ya que muchas otras habían pasado por las órdenes del joven príncipe, de las cuales ninguna duró más de tres semanas.

Al ponerse Yumi bajo sus órdenes, Shaoran supo casi de inmediato que ella era perfecta para servirle. Alguien que no se entrometía de mas en lo que no le importaba, pero que al mismo tiempo tenía siempre todo listo para su comodidad. Pero además de todo esto, de ser una muchachita confiable y eficiente, Shaoran descubrió que entre menos gente hubiera a su alrededor, más seguro se sentía.

Pero una cosa era reconocer el trabajo de la doncella y otro muy distinto escuchar al Oráculo hablar de ella como si fuera su igual.

Dio un suspiro y dejó el libro sobre la mesa más cercana. Lo miró por unos segundos y después de esto, se dirigió a la cuerda que traería a Yumi.

Como siempre, no tuvo que esperar mucho para que la joven muchacha acudiera a su llamado, tan solícita como era habitual en ella, con las manos sujetas sobre su regazo y la cabeza ligeramente agachada, preguntó qué era lo que el príncipe necesitaba.

Shaoran dio otro suspiro.

-El libro –dijo apenas.

Ella levantó la cabeza y dirigió la mirada hacia la mesa, donde uno de los libros que ella misma le había traído, se encontraba solitario. Desde el primer momento de entrar a la habitación lo había visto claramente y ahora que el príncipe lo había mencionado se sintió algo decepcionada de ella misma.

-Lo devolveré de inmediato a su lugar, alteza –dijo haciendo una reverencia.

-No te he dicho que hagas eso.

La muchacha alzó la vista una vez más, pero esta vez, con asombro y desconcierto. Pues al ver el libro ahí sin la compañía de los otros dos, pensó que no había sido del agrado de su príncipe y que su llamado se debía a nada más que ordenarle devolverlo

-Tómalo y léelo.

Lo dijo así, sin más.

-¿Disculpe?

-Es un libro que te gustaría leer ¿no es así? –preguntó el miembro de la realeza.

Ella miró el libro, luego lo miró a él.

Asintió.

-¡¿Entonces qué esperas? –exclamó de pronto con un tono que bien podría ser de enojo pero que en realidad era una manera un tanto brusca de indicarle que se diera prisa.

Ella dio un respingo y levantó el libro con ambas manos, hizo una reverencia al mismo tiempo que daba unos cuantos pasos de espaldas, podía ver el rostro indescifrable del príncipe apresurándola a que se marchara, así que dio la vuelta y se dispuso a salir de ahí, cuando de pronto asimiló lo que en realidad estaba pasando. Se quedó congelada, sin mover un solo músculo.

Lentamente volvió a girarse hacia el príncipe.

-Muchas gracias –esperó por si agregaba algo más, pero el príncipe no volvió a abrir la boca, así que después de sonreírle, se marchó al fin.

Cuando Shaoran la vio cerrar la puerta a sus espaldas y sentirse de nuevo a salvo en la soledad, pudo deshacer esa expresión en su rostro que no decía nada y la cambió por una de desconcierto.

Por un momento había sentido la necesidad de devolverle aquella sonrisa que Yumi tan fácil le había regalado, la sonrisa de una jovencita que bien estaba en edad de poder casarse, pero que en ese momento le había parecido la de una niña con juguete nuevo. Y eso lo desconcertó mucho.

Entonces pensó en lo que sintió cuando vio a la otra jovencita, aquella que estaba encerrada y a la que se le había iluminado el rostro cuando vio los libros que le había llevado, y se dio cuenta que también había deseado sonreír junto con ella.

Y se preguntaba ¿por qué sucedía esto? Y como no supo que responderse, su desconcierto aumentó mucho más.

¿Con quién podía hablar de esto? ¿Yorito? No. Jamás podría hablar con él de sonrisas incomprendidas. Tal vez podría ser Lord Yukito, pero inmediatamente después de pensar en ese hombre, su cabeza se movió de un lado a otro, Yukito no podía ser, pues además de ser de los pocos que le caían bien, también era el más allegado a Touya y de seguro que iría inmediatamente a contarle. Y por una razón que no supo decir cuál era, Shaoran no quería que Touya se enterara de nada de esto, aunque tuviera todo el cuidado de no mencionar al Oráculo.

Entonces quién podría ser ¿Jin, Cuckoo? Otra vez no, pues ¿cómo iba a explicarles aquel sentimiento extraño que el darle libros a su criada y al Oráculo le provocaban?

Y sin embargo quería hablar de esto, quería entender.

Salió de nuevo de sus habitaciones, pues solo había una persona. La persona culpable de todo esto.

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Al momento de que el príncipe la dejó sola, el silencio regresó.

Sakura conocía muy bien al silencio.

A veces hasta eran amigos cuando jugaban juntos, ella trataba de caminar el mayor tiempo posible cuidando que ninguno de sus colguijes hiciera sonido alguno y no espantar así a tan fiel amigo. Ponía tanto cuidado, que la vidente sin saberlo, se había vuelto en una de las personas más sigilosas del reino.

Pero al mismo tiempo de ser amigos, también eran enemigos, había ocasiones en que la perpetua presencia de tan fiel acompañante la embargaba tanto, que se ponía a brincar, correr, dar giros y hasta a gritar con tal de que cada una de sus cuentas, sus pies y también su garganta se encargaran de atraer al ruido, y este a su vez, hiciera el trabajo de alejar al avasallante silencio.

Pero ahora no estaba jugando con el silencio, ni tampoco trataba de ahuyentarlo.

Llevaba en cada mano, uno de los libros traídos por el príncipe, caminaba hacia su recamara principal para leer sobre la cama, por lo que sus innumerables cuentas trajeron un poco de sonido a la solitaria sala. Sakura ya estaba acostumbrada que a cada paso que hacía sin cuidado, traía consigo un tintineo que entretenía a sus oídos tan faltos de algo distinto que escuchar, pero que al mismo tiempo era tan habitual, que hacía mucho había dejado de notar el repiqueteo.

Cuando llegó a su alcoba se dejó caer de espaldas sobre la cama y abrió el primer libro. Sus ojos comenzaron a moverse de un lado para otro con rapidez. Parecía como si las letras fueran a escapar de ella por la manera en la que las perseguía tan ávidamente. Al acabar el primer capítulo, que no tenía más que nueve páginas, la joven vidente decidió leer esta vez el segundo en voz alta.

¿Cómo se escucharía su voz mientras narraba la vida de alguien más?

La respuesta fue: maravilloso.

Todo parecía como si fuera ella quien estuviera viviendo aquellos sucesos. Dejó el libro de lado revisando antes mentalmente en qué página se había quedado y corrió por una jarra con agua que había en el comedor, leer en voz alta le secaba la lengua, pero no quería dejar de hacerlo, así que fue lo más rápido que pudo por la jarra y un vaso para continuar lo más inmediatamente posible.

Sin embargo al tener ambas cosas ya en las manos, un sonido la distrajo.

Frunció el ceño, pues no escuchaba nada más que aquello causado por ella misma. A no ser que…

-¡Oráculo!

La voz del príncipe llegó hasta el lugar en donde estaba de manera fuerte, decidida. En las ocasiones anteriores jamás la había llamado con un grito, usaba la campanilla que había en el recibidor. Debía ser algo importante, sobre todo por haber regresado en el mismo día por segunda vez, dejó la jarra y el vaso de dónde los había tomado, pero primero se bebió un vaso con rapidez para después apresurarse a responder al llamado.

No necesitó atravesar las cortinas para llegar al recibidor, pues el príncipe ya las había cruzado y ahora se encontraba en la salita que se suponía era para atender al rey.

-"También es para atenderlo a él, recuérdalo" –se regañó mentalmente, además, ya habían pasado una tarde ahí, aunque eso no le quitó la sorpresa de verlo tan rápido y en un solo día-. Alteza –saludó e hizo una reverencia.

-¿Leía los libros? –preguntó con una rara expresión.

-Sí –respondió, sin entender muy bien todavía.

-Hice lo que me pidió, le di el tercer libro a Yumi.

Sakura alzó su mirada y sonrió.

-Muchas gracias príncipe, se que fue un atrevimiento de mi parte, pero…

-¿Pero qué? dígamelo –Insistió al ver que la joven no terminaba la frase- ¿por qué me pidió hacer eso?

Esta vez no puso cuidado alguno en sus palabras, las cuales salieron duras como el granito, sin embargo, la vidente no pareció alterarse por ello, sino que al contrario, le respondió de inmediato.

-Imaginé que ella no tendría muchas oportunidades de tener un libro así en sus manos, cuando las mucamas vienen a limpiar éstas habitaciones, a veces puedo escucharlas hablar y a lo largo de este tiempo, he aprendido algunas cosas de sus vidas. Creo que por eso sentí una especie de apego por la joven Yumi de la que usted me habló. Y por eso quise que al menos ella tuviera la oportunidad de leer uno de estos libros.

Shaoran asintió, eso sonaba razonable.

-Ella me lo agradeció –dijo de pronto el príncipe, cuando hubo comprendido las palabras del Oráculo-. He venido para transmitirle esa gratitud, después de todo, el darle el libro fue decisión suya.

-No había necesidad de que viniera tan rápido .

-Ella estaba realmente agradecida –repitió Shaoran casi ignorando lo que el Oráculo había dicho-, ser la persona que me sirve no es cualquier cosa. Ella no es cualquier mucama, ni cualquier criada o doncella de la corte. Vive bien, tiene muchos privilegios en este castillo y también fuera de él, incluso toda su familia y cualquier persona que señale con el dedo, sería protegida por mí, solamente con que ella me lo pida.

Sakura lo miró con una expresión confusa, pues no sabía a donde quería llegar.

-Discúlpeme, pero no entiendo lo que quiere decirme alteza.

-A lo que me refiero es… nunca antes la había visto tan agradecida. Por nada que se haya ganado o que yo le haya dado, nunca antes la había visto así de agradecida. Y eso por alguna razón, me hizo sentir…

-¿Feliz?

-No… lo sé.

-Cuando una persona es feliz por alguna de nuestras acciones, esa felicidad se convierte también en nuestra.

Shaoran la miró con un rostro lleno de sorpresa.

La joven al verlo rio un poco.

-Debe estarse preguntando, cómo es que yo, una persona que no interactúa con nadie más, puede saber esto.

No le respondió, pues era exactamente lo que estaba pensando. La chica simplemente sonreía y hablaba tan fácilmente de su soledad, que a veces lo asustaba un poco.

-El rey me lo dijo una ocasión –se contestó ella misma, pues el príncipe nunca lo preguntó.

-¿Touya?

-El sabe muchas cosas.

Esa expresión soñadora cuando hablaba del rey ya la había visto una vez.

-¿Ésta es una de esas muchas cosas de las que hablan?

Ella asintió.

-¿Es eso muy a menudo?

-No mucho –respondió bajando los párpados-, su majestad es una persona muy ocupada y sé que hace lo posible por visitarme, aunque sea muy de vez en cuando.

Shaoran asintió, él sabía muy bien cómo el reinado absorbía el tiempo de Touya y también conocía con exactitud el sentimiento de esperar a que se apareciera por el umbral de su habitación.

-Además… -continuó hablando la mujer-, no puede venir o pedir por mí, más que tres veces en un mes.

-¿Solo tres veces?

-Así es, teóricamente, él debería consultarme por una predicción. Cuando hago una, hay ocasiones que llegan ecos, más información –torció la boca- es complicado de explicar con palabras.

-Y con eso llegamos a la conclusión que ni siquiera el rey puede verla cuando le dé la gana.

-Exactamente –sonrió-, y jamás pensé que usted si podría, alteza.

Shaoran carraspeó.

-Debe usted saber, que yo vengo aquí sin…

-Sin ningún permiso oficial, si, lo sé –como veía que el príncipe no decía nada más, añadió-: yo no se lo diré a nadie –y dejó escapar una risilla.

Shaoran la miró aturdido, ¿era ésta la misma mujer que no podía mantener la mirada al frente por un minuto seguido?

-¿Siempre es usted así? –Preguntó al salir de su sorpresa- la última vez se veía muy tímida.

Sakura se encogió en su lugar, sonrojada y bajando la mirada.

-No se apene por favor, -se apresuró el príncipe a decir al ver que de pronto enmudecía-. No quise molestarla. Venga, sentémonos, hay muchos temas de los cuales hablar.

La tomó del brazo y la guió a la mesita que ya habían usado una vez. Ella se dejó llevar, había algo en el príncipe, algo que la hacía sentirse bien.

¿Hacía cuanto que no se sentía así?

Nunca. Dijo una vocecita en su cabeza, nunca antes te habías sentido así.

Cuando ambos estuvieron sentados, el príncipe comenzó a hablar, decía un montón de cosas, cosas que el rey nunca le había contado. Le habló de un pequeño mercado en las orillas de la ciudad, le contó como hacían las personas para vender todo tipo de cosas tendiendo una tela vieja al suelo mientras los hombres regateaban sus pertenencias y las mujeres cuidaban de los niños. Le habló también de las hierbas que, las personas sin dinero para acudir a un médico, usaban para curar sus males. Le habló también de cuando terminaba la cosecha y se levantaba el último grano y fruto, el pueblo hacía una gran fiesta para celebrar y se comía y bebía durante toda la noche hasta el amanecer.

Y ella escuchaba, no había comparación con los relatos del rey, el rey hablaba del sol, de las estrellas, de las montañas.

El rey le describía al mundo.

El príncipe le describía la vida.

Y ella sonreía y era feliz y esa felicidad pasó a ser también la felicidad del príncipe.

Fin del capítulo


Hola a todos! ¿Cómo están?

Yo muy mal, me siento mareada, tengo una palpitación en la sien del lado derecho y no puedo comer nada sin vomitarlo después. Pero como no veo otra oportunidad como ésta para subir el nuevo capítulo, lo hice de una buena vez.

¿Les gustó el capítulo? Seguimos en la racha de escenas con Sakura y Shaoran juntos, parece que están teniendo poco a poco más confianza, ya veremos que mas nos pueden traer estos dos. Saben que no soy de muchos comentarios y enferma, creo que menos, por eso discúlpenme si al leer esto, les parece un sin sentido total, tal vez sea el medicamento xD

¡Espero sus comentarios! Críticas constructivas o destructivas, ambas son bienvenidas.

Felices lecturas!

Avances del próximo capítulo: ¿Por qué el príncipe ya no suele escapar del catillo como antes? ¿Por qué ya no lo ha invitado a palacio? Estas son algunas de las preguntas que Yorito tiene con respecto al príncipe. Tal vez sea hora de investigar un poco.

Próximo capítulo: Para qué son los amigos