NOTAS: hola mundo (: espero que anden súper genial porqué yo lo estoy ¡sí! Como escucharon. Estoy escuchando Iron Maiden a lo que da mi reproductor media xD aprovecho que no están mamá ni papá jojo que mala soy ÒuÓ pero bueno, dejando de lado esa rebeldía, aquí les traigo el siguiente capítulo de éste fic, que por las peticiones de algunos lectores, se ah extendido un poquito más, pero gracias a ello, puedo aportar ideas innovadoras :3 (según yo) espero que lo disfruten y eso
¡Enjoy!
K-ON! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN ¡FUCK! JEJE
…..
Las clases daban inicio. Ritsu y sus amigas, tomaban las clases cada quien con su mundo en la cabeza. Ritsu pensaba en lo mal que se sentía ver a Mugi complacer a Yui, de quien le había dicho que estaba enamorada, Mio no podía contener la emoción de haber comenzado una relación con la baterista, Mugi trataba de convencerse de que Ritsu sólo sería su primer amor platónico y que intentar olvidarse de la castaña era lo mejor, mientras que Yui sólo se dormía sobre la paleta de su banca.
Las clases prosiguieron y todo parecía en orden, la baterista comenzaba a aburrirse comenzando así a cabecear de vez en cuando. Finalmente aquella hora terminó y el siguiente profesor no llegaba, al parecer tendría hora libre, lo cual Yui y Ritsu celebraban a brincos.
-Ritsu – habló Mio con timidez llamando así la atención del ojiambar que se encontraba celebrando con Yui su hora libre - ¿puedes venir un momento? – Ritsu caminó hacia Mio con algo de pena, pues ahora no era solo su amiga, ya había aceptado formar una relación con la bajista.
-¿sí dime? – contestó Ritsu con inseguridad.
-bueno… la profesora no vendrá… creí que como después de ésta clase sigue el almuerzo, podríamos pasar a solas un momento antes de reunirnos con Azusa y las demás – las mejillas de Mio estaban rojas y parecía estar bastante apenada.
-creo que es buena idea – contestó Ritsu con alegría al ver el tierno gesto de la pelinegra, tomándola de la mano para salir del salón. Las demás miraban con intriga al chico y a la bajista quienes salían del aula sin aviso alguno.
-¿Akiyama-san y Richard-kun están saliendo? – preguntó una alumna del salón a Yui que estaba más cerca de ella.
-no lo sé, no creo – contestó con inocencia la guitarrista encogiéndose de hombros.
Mugi veía como aquellas dos salían del salón, y lo que más le molestaba, era tener que soportar la idea de que ambas tenían algo, lo peor… que no podía dejar de pensar en la baterista. Mientras todas morían de intriga, Ritsu y Mio caminaban por los pasillos del colegio silenciosamente. Mio era tímida como siempre y Ritsu no sabía exactamente qué hacer, puesto que nunca había estado en una relación, y menos con una chica.
-y bueno ¿A dónde quieres ir? – preguntó Ritsu finalmente para romper el hielo.
-etto… vayamos por un jugo, tengo algo de sed – contestó la bajista finalmente con pena, Ritsu asintió. Ambas fueron a la cafetería donde compraron un par de bebidas para ambas y después caminaron al patio donde las flores de cerezo adornaban el lugar con sus delicadas hojas de aquel inusual color. Ritsu y Mio caminaban tranquilamente sin nadie a su alrededor ni siquiera cerca de ellas, Mio con timidez, Ritsu con tranquilidad.
-mira Mio, me encontré cinco yenes – Ritsu levantó una moneda del suelo felizmente.
-tienes suerte – contestó la pelinegra con carisma – ambas se sentaron debajo de uno de aquellos arboles que abundaban en el sakuragaoka, para terminar de disfrutar sus bebidas tranquilamente. La mano de Mio se topó con la de Ritsu de momento a otro, ambas se sobre saltaron tímidamente, puesto que ninguna sabía que debían hacer en una relación, lo que era lindo y a la vez frustrante. Ritsu notó la timidez de la bajista, hacía tiempo que no le prestaba atención a la pelinegra y sus dulces y delicados gestos al momento de intimidarse, los cuales aun le parecían tiernos del todo. Con uno de sus brazos, el castaño tendió a abrazar a la bajista pegándola hacia éste para regalarle una sonrisa tierna de sus exquisitos y masculinos labios. Mio se acobijó bajo aquel gesto detallista del ojiambar, sintiendo su pecho plano pero bien formado sonrojándose inmediatamente.
-sabes Mio… - habló Ritsu con pena – n-nunca eh estado e-en una relación… así que perdóname si no s-se mucho de esto…
-yo tampoco… pero podemos intentar – contestó Mio mirando fijamente al castaño. Sus miradas se encontraron ¿hace cuanto que Ritsu no contemplaba aquellos orbes grises y brillantes como la luna?... quizá hace algún tiempo desde que la tecladista robó toda su atención.
Mio por su parte; se deleitaba con los orbes ámbar del castaño que estaba frente a ella, eran tan brillantes y claros, que podía ver su reflejo en ellos, su aroma a vainilla con coco era una esencia que no podía olvidar simplemente y también se preguntaba ¿hace cuanto que no pasaba un momento a solas con la baterista?...
El contacto visual era fijo, el viento jugaba suavemente con sus cabellos, el aroma a vainilla-coco de Ritsu y a gardenias frescas de Mio estaban en el ambiente, no había nadie, sus manos estaban entrelazadas, Mio aun bajo el cobijo de aquel tierno abrazo del ojiambar y tan poco espacio de entre sus rostros, sus labios más cerca que nunca en toda sus vidas, cada quien perdiéndose en el deseo de probar los labios de la contraria… Ritsu en aquel momento se encantó con la belleza de la bajista, olvidándose de Mugi por unos momentos… solo unos cuantos…cuando…
-¡Ricchan! – exclamaba la voz de una fémina que venía acercándose a prisa hacia la bajista y la baterista, quienes inmediatamente regresaron al mundo real –Ricchan… por fin te encuentro – decía Sawako respirando con dificultad, Ritsu le veía con sonrojos en las mejillas y Mio se alejó de aquel abrazo.
-¿Q-que pasa Sawa-chan? – preguntó Ritsu con nerviosismo.
-¿interrumpo algo? – preguntó la sensei con una sonrisa picara.
-"sí y demasiado" –pensaron Mio y Ritsu.
-no claro que no – negó la baterista con inquietud.
-¿entonces podríamos hablar a solas? – preguntó con una sonrisa amable. Ritsu asintió y se levanto, haciéndole de señas a Mio que no tardaba y regresaba, la bajista aceptó. Sawako y Ritsu caminaron no más de seis metros lejos de la bajista para comenzar a hablar.
-¿Qué fue eso? – preguntó Sawako por lo anterior, ya que encontró a Mio y a Ritsu casi a punto de nada de besarse.
-¡¿Qué?! ¿d-de que hablas? – Ritsu fingió demencia, pero su nerviosismo la delataba.
-¡vamos Ricchan! Que utilice gafas no quiere decir que sea ciega del todo – contestó con sorna la sensei.
-¡ah! De acuerdo… - Ritsu soltó un suspiro resignado – verás… es que… Mio y yo… e-e-e-estamos… sa-saliendo – finalizó en un susurro y bastante sonrojada.
-ya decía yo que era cuestión de tiempo – contestó con serenidad la profesora en pose pensativa.
-¡bueno ya Sawa-chan! ¡Dime! ¿Para que querías hablar conmigo?
-¡ah sí! Bueno, era sobre la boda. Verás, se han pronosticado lluvias para éstos días, así que el evento ya no será mañana, si no hasta la semana que viene, el viernes de igual manera, además el vestido de novia aun no se lo han entregado a mi prima, lo siento Ricchan, será hasta el próximo viernes ¿de acuerdo?
-¿eso era todo? Ya se me había olvidado – contestó el ojiambar con una gotita sobre su cabeza.
-bueno, estás avisada, trata de conseguir un traje, y si puedes córtate el cabello un poco – decía Sawako examinando de pies a cabeza al castaño.
-¡¿Qué?! ¡¿Quieres que me corte el cabello?! ¡¿Y qué crees que haré cuando vuelva a ser yo?!
-bueno, bueno no lo hagas, creo que después de todo me gustan los chicos rebeldes, te veo luego Ricchan – Sawako se retiró del lugar dejando a Ritsu atónita.
-¿Qué diablos fu eso? – musitó Ritsu para sí con cierta duda. Ritsu se dio la vuelta y regresó con Mio tranquilamente, para sentarse a su lado una vez más.
-¿Qué pasó Ritsu? – preguntó la ojigris con intriga.
-no, nada, es sobre los papeles y eso, ya sabes, para cubrir mi identidad, nada bueno – contestó Ritsu con simpleza, ya que había quedado con Sawako que no hablarían de ese tema con nadie. Mio creyó en las palabras de Ritsu, ignorando aquello, siguieron platicando normalmente y ya no como estaban antes de la inoportuna aparición de Sawako.
-¿piensas que deberíamos decirles a las demás sobre… nosotras? – preguntó Mio con timidez, como siempre. Ritsu quien no sabía que contestar, pensó en decir que no, pero eso sería negar a Mio y si quería que las cosas cambiaran y regresara a la normalidad, debía aceptar lo que pasaba sin importarle más lo que dijeran los demás… incluso se esforzaba por ignorar que aun quería a la tecladista.
-quizá sea lo mejor – contestó finalmente Ritsu con seriedad, luego así esbozando una leve sonrisa, la cual Mio le contestó con el mismo gesto – creo que sería bueno avisarles a la hora del ensayo – asentó Ritsu con amabilidad, Mio asintió rápidamente, sintiéndose aliviada por la determinación de Ritsu. Ambas siguieron platicando, hasta regresar a su salón y almorzar a solas, pues necesitaban privacidad después de todo.
Las horas de clases pasaron como agua, finalmente llegó la hora del ensayo. Ritsu estaba nerviosa, pues había quedado con Mio que darían el aviso de su relación amorosa frente a sus amigas de banda… incluyendo a Mugi. Sintiendo en su pecho el profundo dolor de tener que abandonar todos aquellos sueños que había formulado a lado de la tecladista, sabía que la vida continuaba, y que Mugi había escogido a Yui, aunque nunca supo si ella figuraba en los planes de la tecladista; y tratando de hacer lo correcto, debía seguir adelante y si no era con ella, había la posibilidad de que llegase a enamorarse de Mio.
La bajista y el castaño entraron al aula de música ligera, donde la gatita, la oujo-sama y la mayor de las Hirasawa ya estaban dentro esperando solo por las contrarias. Todas estaban en silencio y veían entrar a la pareja con curiosidad.
-¡Mio-chan! ¡Ricchan! Por fin llegan – exclamó Yui con entusiasmo. Las aludidas sonrieron nerviosamente.
-bueno, deberíamos comenzar a ensayar – habló Mio finalmente y todas fueron por sus instrumentos. Ritsu, quien estaña indecisa si hablar con Mugi o no, se limitaba a mirarle de reojo de vez en vez, pues aun no habían hablado en todo el día. Ritsu comenzó con su conteo golpeando sus baquetas y así todas comenzaron a ensayar. El ensayo tardó alrededor de dos horas o más, hasta que finalmente Yui se quejó.
-¡ya no puedo más! – exclamó Yui tirándose sobre el sofá.
-yo tampoco, la batería es muy pequeña – se quejaba Ritsu estirando los brazos y piernas, pues no la había ajustado a su nueva estatura.
-eso te pasa por no ajustarla a tu medida – replicó Mio.
-jeje creo que sí.
-¡tomemos té de Mugi-chan! – exclamó Yui sentándose en la mesa rápidamente, ante aquel gesto nadie se negó.
Pronto Mugi comenzó a servir el té y los pastelillos amablemente como solía hacerlo siempre. Le sirvió a Azusa, a Mio, a Ritsu y a Yui con mucha atención, Ritsu colerizó.
-Yui-chan ¿algo más que gustes? Tengo pastelillos extra – comentó la tecladista con amabilidad.
-¡claro que sí Mugi-chan! – Yui estiró su platillo con migajas de pan alrededor de sus labios, las cuales Mugi limpió con sutileza apoyándose en un pañuelo que ésta usaba.
-¡huele bien! ¡Jazmines y fresas! – dijo Yui aspirando el aroma del pañuelo de la oujo-sama.
-gracias Yui-chan – Ritsu veía con cierto recelo aquella escena, Mugi siendo amable en demasía con la guitarrista y Yui devolviendo y haciendo halagos a la rubia. Ritsu recordó que no debía sentirse así, pues si Yui era la felicidad de la ojiazul, debería estar feliz porque ésta le correspondiera, después de todo debía acoplarse a lo que viniera, su felicidad… era la felicidad de la rubia.
-Ritsu… creo que es buen momento – musitó Mio. Ritsu recordó en lo que habían hablado en su hora libre. Tragando saliva espesamente, y soltando un suspiro de motivación, irrumpió en el lugar.
-chicas – todas voltearon a verle – Mio y yo… tenemos que decirles algo… importante – asentó con determinación y sus mejillas ruborizadas – queríamos notificarles que… Mio y yo estamos saliendo – finalizó con una sonrisa nerviosa. Todas le miraron en silencio, Azusa se sentía confundida, pues según ella renunció a la idea de Ritsu y ella por creer que la baterista sentía algo por la tecladista, la incertidumbre en su rostro era innegable. Yui mordió su pastelillo con cara de shock sin creerlo aun, Mugi… Mugi ya veía venir aquella noticia, sin embargo, jamás imaginó que fuese tan repentino. Las lágrimas quisieron brotar de sus ojos, los cuales se notaban cristalizados y en su pecho sentía un dolor que parecía atravesarle hasta la espalda.
-vaya pues… ¡Felicidades Ricchan! ¡Mio-chan! – exclamó Yui con emoción.
-Ritsu-senpai… Mio-senpai… fe-felicidades – habló la gatita no muy convencida.
-vaya noticia – habló la tecladista fingiendo lo más que podía felicidad plástica, lo que Azusa notaba, al parecer la noticia no le había agradado del todo ¿pero porque?
Esa tarde nadie dijo nada más, todas se limitaron a tomar té y a platicar de vez en vez. Azusa se sentía incomoda en aquel panorama, donde Ritsu fingía felicidad y Mugi actuaba como que no pasaba nada, por otro lado Yui era la única que disfrutaba de la compañía de sus amigas. La gatita optó por retirarse, tenía tarea y lo mejor era dejarles a solas; así que tomó sus cosas y despidiéndose gentilmente de sus senpais, se retiró del lugar. Las mayores se quedaron en el salón de música un rato más, de vez en vez hablaban y conforme pasaban los minutos, se iban yendo. Después de Azusa, Ritsu y Mio fueron las siguientes en partir, quien con sutileza se despidieron de Yui y Mugi, quedando éstas últimas en el salón de música.
-vaya noticia la de Ricchan y Mio-chan ¿verdad Mugi-chan? – habló Yui, quien seguía comiendo pastelillos.
-eso creo… - contestó con desgane la tecladista.
-¿sucede algo Mugi-chan?
-¿mmmh? No claro que no – contestó Mugi con una sonrisa amable.
-¡oh! Creo que es algo tarde, Ui se preocupará si no llegó a casa jeje.
-tienes razón, es algo tarde, será mejor que nos vayamos – Mugi comenzó a juntar los platos y tazas de la mesa, en cuanto Yui se levantó de su silla rápidamente para querer ayudarle a la oujo-sama, tropezando torpemente con la pata de la mesa, y cayendo sobre la rubia quien en un intento por auxiliar a su compañera cayó al suelo con Yui encima de sí. Sus miradas estaban demasiado cerca sintiendo completamente la respiración de la contraria tal cual con aquel tibio aliento, pero no sólo eso… sus labios habían concebido un contacto total. Sus mejillas ruborizadas completamente, pero ninguna intentó hacer algo para dar por terminado aquel beso accidental.
Los labios de Mugi eran suaves, tibios y aquel sabor de su brillo labial era exquisito al igual que la sensación que sentía Yui por dentro al ver de tan cerca los orbes azules de la tecladista. Nunca antes había presenciado aquella vista de la rubia a pesar de abrazarle sinfín de veces, de sentarse o caminar tan cerca de ésta, y se sentía diferente a aquellas sensaciones que una vez la gatita le despertó, a quien seguía queriendo aun. Por otra parte, Mugi sentía aquel tibio tacto de los labios de la contraria, esos ojos almendrados tan profundos y ese aroma a chocolate con cacao de la guitarrista eran embriagadores; de alguna manera Mugi sentía que traicionaba sus sentimientos hacia Ritsu y se preguntaba ¿Cómo podía Yui, la chica inocente, causarle aquella reacción? Finalmente Yui se separó de aquel beso mirando fijamente a la tecladista ¿Qué demonios estaba haciendo? Se preguntaba a sí misma con los ojos fijos en la contraria, quien aun yacía en el suelo.
-y-yo lo-lo siento Mugi-chan – Yui se levantó rápidamente del suelo, ayudando a su amiga a levantarse, quien no pronunció palabra alguna. Ambas estaban sonrojadas a más no poder, aquel beso había sido un accidente total pero ¿Por qué se sentía como si no hubiese sido eso? ¿Cómo si hubiese sido agradable? Nadie dijo más.
-no te preocupes Yui-chan… lo siento – la rubia bajó la mirada ocultando su sonrojo – quizá mañana recoja esto, es algo tarde… deberíamos irnos – finalizó la tecladista y así ambas tomaron sus cosas para abandonar el aula de música.
Mugi y Yui caminaron en silencio hasta la división de caminos, aquel accidente, ¿lo consideraban como tal? Pregunta que quedaba en el aire.
-Mugi-chan de verdad siento lo que pasó yo no_
-no hay problema Yui-chan ¿fue un accidente cierto?... no pasa nada – interrumpió la tecladista con una sonrisa amable. Yui asintió rápidamente y bajo aquel término ambas se despidieron como siempre. Mugi fue a tomar el tren camino a casa, en cuanto Yui caminó hasta la suya, la cual no estaba a más de un par de cuadras. La guitarrista mayor iba sumergida en aquel recuerdo del beso "accidental" el cual, a pesar de ser un error, le había agradado. Los suaves y tersos labios de la tecladista en realidad eran… deseables y acogedores, se sentía tan bien, que intentarlo una vez más no era en ningún sentido mala idea para la castaña marrón. Al final de cuentas, Yui llegó a su casa sin darse cuenta, subió a su habitación y se tiró en su cama con una sonrisa en sus labios.
-creo… que fue lindo… -Mugi-chan… - musitó para sí misma, quedándose en su cuarto hasta anochecer.
Mientras aquello pasaba, en algún parque del lugar, un castaño y una pelinegra platicaban y jugaban en las instalaciones del lugar, que fuera de estar lleno de infantes ruidosos, no había nadie más que ellos. Ritsu columpiaba a la pelinegra, la cual se aferraba a las cadenas del columpio por miedo a caer, el castaño reía divertido y la contraria se quejaba haciendo mohines tiernos, lo que le parecía adorable al castaño. Pasar ratos a solas con Mio era tan relajante, Ritsu podía ser ella misma, siempre había gustado de la compañía de la pelinegra, a quien conocía desde su infancia y con quien había compartido sus mayores felicidades y tristezas hasta el momento. El ojiambar mecía a la ojigris en aquel viejo columpio; observaba como sonreía, como se atemorizaba y como disfrutaba la compañía de éste, sacando a flote un sentimiento de siempre querer protegerla y verla sonreír como lo hacía en esos momentos. Había olvidado lo bien que se sentía compartir tiempo a solas con Mio, quien ya no era una niñita ni su mejor amiga… sino su novia.
Mio bajó del columpio avisándole a Ritsu que era algo tarde como para que siguieran en aquel lugar, Ritsu coincidía con aquella idea, pues lejos de que le hicieran daño a ella, le importaba más la seguridad de la pelinegra.
-déjame acompañarte a tu casa Mio-chuan – Ritsu tomó la mano de Mio sonriéndole con ternura. Mio le miró con amor y estrujando levemente la mano del chico, caminó con este hasta su casa. No hablaban, pero el silencio no era incómodo; era acogedor y cálido en aquella fresca noche donde el cielo estaba bañado de brillantes estrellas y una luna menguada que parecía sonreírles desde arriba.
Mio era una chica encantadora y tímida, Ritsu le miraba de reojo y comenzaba a agradarle la idea de que Mio fuese más que su amiga en esos momentos, que lejos de verlo como una opción a su problema, se sentía satisfecha y orgullosa de que Mio sintiera algo por ella, y aquellas sensaciones y sentimientos que sintió por la bajista antes de conocer a la rubia, comenzaban a salir a flote una vez más ¿acaso era Mio a quien siempre debió amar? Luego de caminar un par de cuadras, finalmente llegaron a la esquina de la casa de la bajista.
-bueno, creo que hemos llegado – habló Mio.
-ni lo digas, me sé éste camino como la palma de mi mano, quizá debería ir a ver a satoshi y mi abuela – contestó Ritsu con sorna.
-sabes que es mala idea con tu apariencia – contradijo Mio.
-lo sé, lo sé – Ritsu soltó una risita y rascó su nuca – por cierto… Mio… mañana después de clases… ¿te gustaría salir conmigo? Digo… por ahí… - Ritsu estaba más apenada que nunca, se le hacía bastante cursi aquella petición, pero en realidad estaba deseosa de pasar tiempo a solas con Mio.
-sería nuestra… primer cita… - argumentó la bajista con timidez, Ritsu asintió – claro que sí – la bajista sonrió plenamente con ternura tomando ambas manos de la baterista. Sus miradas se encontraron concentrándose en contacto fijo.
-Mio…
-Ritsu…
Ambas susurraron sus nombres y se miraban con amor por decir así…hasta que finalmente sus rostros se acercaron lo suficiente creando un beso tierno y torpe, puesto que era el primero de ambas. La piel del castaño se estremeció, su estomago sentía un revoloteo y la sensación de los labios de Mio con los suyos era casi perfecto. Poco a poco profundizaron aquel beso con delicadeza y sutileza extrema, Ritsu nunca había besado, pero esa experiencia era especial… se sentía realmente bien. El beso no duró más de un minuto, cuando ambas se separaron mirándose fijamente.
-te veo mañana en la escuela – Mio depositó un último beso a la baterista, para luego darse vuelta e irse a casa.
Ritsu se dio la vuelta hasta perder a Mio de vista cuando entró a su casa. Sonreía como tonta y sentía cierta emoción en su pecho, y en todo aquel rato que había estado junto a la bajista, se había olvidado por unos instantes de la rubia, la cual al recordarla, sentía un dolor en el pecho, pues aun la amaba, pero ¿Por qué se sentía así ahora? Estaba segura de que aun estaba enamorada de Mugi… pero aquel momento con Mio junto a aquel beso le habían hecho sentir cosas que hace tiempo había olvidado por haberse enamorado de Mugi… ahora se sentía… atraída por Mio también… pero no cualquier atracción… ¿acaso… podría enamorarse de Mio en realidad? ¿Podría realmente olvidar a la tecladista, quien dijo estar enamorada de Yui?... estaba confundida, en realidad confundida…
…..
NOTAS FINALES: ¡diganme! Díganme! ¿les gusto? ¿lo odiaron? ¿me odian? díganme que no onegai! Jejeje espero que les haya gustado porque para eso lo eh hecho y gracias por sus bellos REVIEWS que es lo que me motiva a seguir con este fic jejeje
Bueno, espero sus REVIEWS que no cuestan nada C: lo saben jeje sin más que decir, ya saben que agradeceré todo lo que me escriban, acepto criticas y sugerencias constructivas jeje
Este cap, estuvo algo flojo losé, pero quise actualizar algo jojo ya casi llegamos al final señoras y señores!
Sin más que decir, me largo
¡chao, chao!
C:
:D
C(:=
:3
