"Las almas de los verdaderos amigos están unidos por lazos de ¡amistad! ¡No puedes borrar algo que ya es parte del alma!"
Ling Yao -Fullmetal Alchemist Brotherhood-
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6. Para qué son los amigos
Se dirigió al castillo, como ya era costumbre suya, solo y montando el caballo más fino de sus caballerizas. No podía ser para menos, pues el sucesor al título de Conde Shinohara debía poseer los caballos más finos de los alrededores. Además, no había otra cosa que a Yorito le gustara más que los caballos, es decir, todo lo que conlleva de estos animales, desde la crianza, enfermedades, adiestramiento, significaba para él horas de entretenimiento y placidez. Por otro lado, el caballo sangre pura y de pelo brillante que montaba en estos momentos, no era su favorito. Curiosamente el animal que constantemente atraía las atenciones de Yorito, era una yegua a la cual no le brillaba tan hermoso el pelaje a la luz del sol, aunque si tenía un bonito y extraño color rojizo, y sobre todas esas cosas, era una yegua de raza mezclada.
Su valor era mínimo y por eso mismo, era que al bajar a la parte poblada por gente humilde, cuando se hacía llamar Yuan, llegar montando a Gladiola significaba no llamar para nada la atención. Además, se sentía más seguro con un caballo propio que con uno prestado, como era el caso del príncipe, quien no escatimaba en pedir los servicios de corceles que no eran suyos.
Le dio unas cuantas palmadas cariñosas al cuello del caballo que lo llevaba cuando vio por delante la poderosa estructura del Castillo Principal sobre la gran colina. No había comparación entre ésta construcción y la de su propio castillo, el cual se encontraba franqueando la entrada a Ciudad Capital, mientras el Castillo Principal se encontraba en el centro. Nunca iba a dejar de sorprenderle el gran tamaño del palacio. Hacía ver a todos los demás castillos de la nobleza como simples casitas de campo, tanto en magnificencia como en seguridad.
Sin embargo, pasar a través de la muralla del Castillo Principal era fácil para él, a pesar de la fuerte vigilancia que la franqueaba. Absolutamente todos ahí lo conocían y desde hacía mucho que no necesitaba de ningún tipo de permiso para poder entrar. Shaoran mismo se había encargado de eso.
Empero, el día de hoy venía a ver al rey Touya y no a su hermano heredero. Dejando a su caballo en las competentes manos de los cuidadores de las caballerizas, Yorito se dejó guiar por uno de los lacayos del rey. Sonreía mientras caminaba detrás de él, pues no había necesidad de todo este teatro, él junto al príncipe Shaoran, habían deambulado por el castillo incontables veces, así que dudaba que hubiera alguien que conociera ese lugar mejor que ellos dos.
Aun así, Yorito no era un terco obstinado como su principesco amigo, así que él no se negaba a llevar a cabo cuanto protocolo fuera necesario, por lo tanto, precedido de su guía, llegó finalmente a las puertas de la Sala del Trono. Los guardianes de las puertas lo anunciaron apenas y lo vieron llegar, para instantes después permitirle el paso. Yorito les sonrió y haciendo una ligera inclinación de cabeza, entró con el rey.
Si había alguien mejor que Su Majestad Touya en cuanto a las apariencias se tratara, ese hombre era sin duda Yorito, ser amable con los guardias, lacayos, sirvientas… en fin, con todo aquel que trabajara en el castillo, podría ser beneficioso en algún posible futuro. Era una lástima que Shaoran no se diera cuenta de ello.
Con eso en mente se presentó frente al rey.
-Buen día, Majestad –saludó el joven al mismo tiempo que colocaba una rodilla sobre el suelo y la mano extendida sobre su pecho-. He venido en cuanto me llegó su carta.
-Gracias Yorito. Puedes levantarte –respondió Touya con rapidez pero también con algo de fastidio. Estaba parado justo en medio del salón, tal vez esperando por la llegada del joven.
-Muchas gracias mi rey –se puso de pie-. Mi señor padre le envía sus saludos, además del encargo de hacerle saber que no hay novedades en los caminos.
Cuando el noble alzó la mirada y pudo ver al rey de frente, se percató que el rey Touya tenía el ceño fruncido, sin embargo, sabía bien que eso no era para nada de extrañarse, simplemente esa era la forma de ser de ambos hermanos, parecían estar todo el tiempo enojados, aunque no fuera precisamente de ese modo.
-Buenas noticias traes entonces.
-Así me parece –dijo el joven- ¿Hay algo en lo que pueda servirle?
Touya puso las manos detrás de su espalda y dio unos cuantos pasos distraídos.
-Hace tiempo que no he sabido de ti –comentó de pronto.
-Así es Majestad –respondió dubitativo.
-Shaoran tampoco ha dado mucho de qué hablar.
Yorito dio una cabeceada, esperando.
-¿No te ha dicho nada? –preguntó el monarca deteniendo su paseo y recibiendo como respuesta una negación de cabeza por parte de Yorito.
-Nada, Majestad, no he visto ni he recibido alguna carta de su Alteza desde… -carraspeó un poco aparentando incomodidad-. Aquella vez, cuando salió del castillo apenas y yo me había marchado.
-Quiero que intentes averiguar si tiene algo nuevo en mente, se ha portado de manera extraña.
-¿Le ha dado problemas a Su Majestad?
-No –suspiró-, como dije, no ha dado de qué hablar. Solo quiero que vayas con él y veas que tal está, regresa aquí antes de marcharte.
-Como ordene mi rey.
-Ahora puedes irte.
Yorito asintió, hizo una inclinación y abandonó el salón.
Al salir, notó que la persona que lo había acompañado desde la entrada ya no se encontraba cerca, así que tomó a solas la dirección hacia las habitaciones del príncipe, sin embargo caminaba a paso lento y descuidado, pues había dejado su mente rondando alrededor del rey. Y es que si le había parecido extraño recibir ese repentino llamado por parte de Su Majestad, el motivo de tal cosa, lo había superado sin duda.
En pocas palabras, el rey quería que averiguara por qué Shaoran aparentemente no había recaído a lo largo de estos días en su "comportamiento indebido".
Y era extraño, porque cualquier otra persona no se preocuparía por eso y disfrutaría el cambio del príncipe, que parecía ser a mejor, y no se ocuparía en averiguar el motivo de tal cosa. Por otro lado, el mismo Yorito estaba también interesado en saber los verdaderos motivos de Shaoran, la razón de su reciente calma.
Cuando finalmente llegó a las habitaciones del heredero a la corona, entró sin vacilación, por un lado, porque Shaoran así le decía que lo hiciera siempre, y por el otro, porque no había guardia alguno que cuidara de su puerta. Siendo las cosas de éste modo, se adentró para encontrar al joven príncipe sentado en un largo sofá y al parecer muy concentrado en una manzana que tenía en la mano.
-Buenas tardes príncipe –dijo en voz alta para hacerse notar, pues Shaoran seguía muy enfrascado en la observación de la fruta roja.
El príncipe dio un respingo y levantó la mirada.
-¿Qué haces aquí?
Yorito sonrió.
-Se ve que te da gusto verme.
Shaoran se puso de pie y arrojó la manzana hacia la mesa más cercana, pero la arrojó con demasiada fuerza, así que rodó y cayó al suelo del otro lado.
Yorito vio como la fruta seguía rodando por el suelo hasta que se detuvo.
-¿Ha pasado algo? –preguntó esta vez el príncipe a su amigo.
Éste volvió a sonreír, caminó un par de pasos, se agachó y levantó la manzana.
-¿Estamos solos? –respondió con una pregunta y mirando a su alrededor. Shaoran asintió-. Acabo de hablar con Su Majestad. Creo que está preocupado por ti.
-A Touya le encanta complicarse la vida. No he hecho nada –replicó Shaoran dándole la espalda a Yorito y caminando hacia la sala de junto. El joven noble simplemente lo siguió.
-Precisamente creo que a eso se debe que el rey sienta cierta incomodidad –se detuvo cuando Shaoran también lo hizo-. "se ha portado de manera extraña", esas fueron sus palabras.
El príncipe se dio la vuelta y le dio la cara.
-Entonces tu…
-Me ha enviado para que averigüe lo que te pasa –sonrió.
-¿De nuevo? Creí que se había dado por vencido contigo, es decir, eres un pésimo espía.
-Seguro sería mejor espía si no te dijera nada de esto y simplemente fuera y le contara todos tus secretos –le respondió Yorito algo indignado-. Solo te lo digo para que lo pienses.
Shaoran sonreía ¿qué le hacía pensar a Yorito que conocía todos sus secretos?
-Además -continuó el noble, turbándose todavía más al ver la sonrisa del príncipe-, debo aceptar que a mí también me tenías algo preocupado, si es que estoy usando la palabra correcta.
-¿Preocupado? –Repitió Shaoran, esta vez con algo parecido a la molestia.
-Tal vez no fue la palabra correcta después de todo –aludió incómodo- es sólo que me extraña un poco que no hayas querido salir del castillo últimamente y que tampoco enviaras invitaciones para que viniera al palacio. Ya sabes, de forma oficial. Primero creí que escapabas solo, pero fui con Cuckoo y me dijo que no te había visto…
-¡¿Fuiste con Cuckoo? –Interrumpió ahora acalorado el de la familia real.
-Tranquilízate, no es para…
-Pues es hora que tanto el rey como tu empiecen a dejar de "preocuparse" tanto por mí. ¿No puedo estar tranquilo por algún tiempo sin que empiecen a molestarme?
-Ya te dije que no es para tanto, solo que me pareció un cambio algo repentino…
-Estoy cansado de que todo el mundo vigile cada maldito paso que doy o dejo de dar –y comenzó a dar vueltas por la habitación como si fuera un tigre enjaulado.
Yorito dio disimuladamente un paso hacia atrás. Definitivamente se había equivocado de palabra.
-Shaoran, te entiendo pero…
-¿Creen que soy una especie de mascota a la que puedes ordenarle cuando salir y cuando no? –Shaoran seguía con su perorata, aparentemente ignorando completamente a su amigo-. No pueden dejarme en paz jamás, y ahora hasta tú te dedicas también a vigilarme ¡por todos los cielos!
-¡¿Quieres callarte? –gritó de pronto Yorito.
Y en efecto Shaoran enmudeció y al mismo tiempo se detuvo en su caminar. Vio a Yorito a los ojos, se veía molesto, hasta su respiración se había hecho más acelerada, pero la sorpresa más grande del príncipe fue primeramente el hecho de que Yorito le hubiera gritado.
Yorito nunca antes le había gritado y mucho menos para ordenarle que se callara.
-Hay algo en este mundo que las personas llaman amistad, por si hasta ahora no te habías percatado –continuó hablando Yorito al ver que finalmente tenía la atención del príncipe-. Déjame explicarte mejor el término. Cuando un sujeto se dice ser amigo de otro, eso implica que en algún momento te preocuparás por él. No hay duda.
Shaoran no respondió a eso, siguió parado en su lugar con la mirada fija en Yorito sin que se le ocurriera nada más que decir.
-Si el rey o yo nos preocupamos por ti, es porque nos importas. ¡Maldición! Sería muy considerado de tu parte que dejaras de actuar como un imbécil.
Ya estaba hecho. Finalmente lo había dicho. Le había gritado a Su Alteza el príncipe real (¡a Shaoran!), que era un imbécil. Muchas ocasiones anteriores se había tragado esas palabras y muchas otras también se había imaginado como se sentiría si alguna vez se lo dijera, y no se desilusionó al confirmar que efectivamente, era algo parecido a ganar una carrera de caballos.
-Ahora, si su Alteza me disculpa –dijo todavía con enojo, pues el hecho de que se sintiera tan bien consigo mismo, no significaba que hubiera olvidado las idioteces de Shaoran-, me retiro.
Puso la mano derecha sobre su pecho e hizo una marcada inclinación (sabía que eso molestaría mas a Shaoran), se dio la vuelta y sin esperar respuesta del príncipe, se marchó.
Pero a pesar de salir de aquellas habitaciones como un vendaval y con la cara completamente roja del enojo, el caminar por los largos corredores del castillo empezó a calmarlo, y ésta calma renovada fue la que le hizo pensar con más claridad y detenimiento, para finalmente darse cuenta de lo que realmente había sucedido. Le había dicho a Shaoran que era un imbécil. Se rió porque no había otra cosa más que pudiera hacer, definitivamente no volvería para disculparse, pues el príncipe se merecía esas palabras y más.
Se apresuró todavía más en su andar y se dirigió de nuevo a la Sala del Trono. Apenas lo vieron los guardias de la entrada, lo hicieron pasar. Al parecer el rey había dado ya la orden.
Cuando entró, se encontró con Su Majestad sentado frente a un escritorio lleno de papeles y con apenas una ojeada, pudo notar el mapa de Railan enterrado entre el montón.
-Majestad –saludó por segunda vez en el día- he vuelto como me lo ordenó.
Touya se levantó de la silla y avanzó hacia Yorito.
-¿Tan rápido? ¿Qué fue lo que hablaste con Shaoran?
-Me temo Majestad, que no pude conseguir ningún tipo de información útil -respondió el joven hablando con la verdad, pues hacerlo no perjudicaría en nada a Shaoran-. El príncipe refiere que "el no ha hecho nada" además…
Titubeó por unos momentos hasta que Touya perdió la paciencia.
-Dilo ya, habla –insistió el monarca.
-Creo que he ofendido al príncipe y cabe la posibilidad que de ahora en adelante decida relacionarse con alguien más.
Touya alzó una ceja.
-Exactamente de qué manera lo ofendiste –inquirió el monarca, con una seriedad que fácilmente amedrentó al noble.
-Yo… -dudó de nuevo, pero después de tomar aire, alzó la voz con firmeza- yo le pedí que dejara de portarse como un imbécil.
Era fácil perderse en los ojos oscuros de Touya y fue en ese instante que Yorito entendió cómo siendo Touya tan joven, se había ganado tan rápido el respeto de la corte, el pueblo y sus nobles terratenientes. Era cuestión de su mirada, fuerte, terrible, decidida, inescrutable. Yorito no sabía cuál de esas descripciones le quedaba mejor, pero lo que sí sabía, era que todas ellas tenían algo de lo suyo en esos poderosos ojos.
Esperó. Decirle al rey que acabas de llamar a su hermano menor "imbécil" podría no ser algo inteligente. Así que esperó el golpe, aquí se definirían muchas cosas.
-Tú… a Shaoran… -no continuó, sino que siguió atormentando a Yorito con esos ojos, el futuro conde paso saliva con disimulo hasta que… Touya se echó a reír.
El aire salió de los pulmones del joven noble con alivio, dándose apenas cuenta que todo ese tiempo había sostenido la respiración. Por un breve instante, sintió verdadero miedo.
-Ya era hora –el rey rio otro poco- ¿y dices que te retirará la palabra por esto?
Yorito asintió algo aturdido.
-Verá usted, Majestad. La amistad entre el príncipe y yo… -dudó-, no sabría como describirla con exactitud, pero lo que sí puedo decirle, es que nunca antes le había faltado el respeto de este modo. Suelo bromear un poco con él pero… estoy siempre consciente de cual es mi posición… yo jamás…
-Jamás lo habías puesto en su lugar –lo interrumpió Touya-. Siempre he creído que tu presencia ayuda mucho a mi hermano, chico, pero ahora me lo has confirmado -se volvió de nuevo hacia su atiborrado escritorio- Shaoran no te retirará su amistad, de eso estoy muy seguro –tomó asiento- y te aconsejo que no te estreses demasiado pensando en esto, tarde o temprano el orgullo se le pasará.
-Gracias Majestad, lamento mucho de verdad no haber sido de ayuda.
Touya ladeó la cara hacia un lado. El muchacho había sido de mucha más ayuda que si de verdad le hubiera traído cualquier tipo de información inútil.
-Veo que está ocupado. Si me disculpa, me retiro.
Touya asintió e hizo un ademán con la mano como diciendo "adelante". Después de la reglamentaria inclinación de respeto y despedida, el joven se dio la vuelta y salió de la sala.
En estos pocos minutos, el joven noble había pasado por distintos tipos de sensaciones, curiosidad, enojo, diversión, miedo… y llegado a este punto, no entendía como Shaoran se quejaba tanto del rey. Se veía que era una buena persona.
-Y un buen hermano también –pensó distraído.
Y con esto en mente se dirigió hacia las caballerizas donde su corcel lo esperaba, cuando llegó a los establos uno de los sirvientes lo llevó hasta la cuadra en donde su fino caballo se encontraba. El hombre se había ofrecido a sacar él mismo el caballo.
-De ninguna manera –le respondió- disfruto mucho en sentir la emoción de estos animales al salir de su encierro.
El hombre había asentido, como si entendiera lo que acabara de escuchar, pero Yorito sabía que no era así. Solamente él se entendía. Así que caminó hasta encontrar, en uno de los apartados, la nariz marrón de su caballo, le dio unas palmaditas y lo sacó de la cuadra para de una buena vez regresar a casa.
Aunque tal vez antes de eso, daría una vuelta por ahí. Cabalgar siempre lo tranquilizaba y eso era justo lo que necesitaba.
Tan encerrado estaba en sus pensamientos que no fue hasta que llegó a las anchas puertas del establo, que vio a una persona de pie, mirándolo.
-¡Shaoran! –Exclamó sorprendido pero después despejó mejor su mente y prefirió adoptar una actitud más diplomática-. Quiero decir… Alteza.
Estaba por hacer una inclinación cuando…
-Deja ya esas tonterías –lo cortó el castaño con el ceño fruncido.
Yorito permaneció recto y en silencio. Lo miró a los ojos, pero Shaoran parecía no querer decir nada más.
-¿Puedo ayudarte en algo? –preguntó cansado de esperar.
El príncipe desvió la mirada.
-Quiero hablar contigo.
Yorito habría querido contestarle que él no, que no estaba de humor, que necesitaba un momento para pensar. Pero no lo hizo, por supuesto, así que al escuchar la petición de Shaoran, asintió.
-Primero debo regresar a Espino a…
-No –lo interrumpió el príncipe- Cesari lo hará.
El hombre que momentos antes le había ofrecido su ayuda a Yorito apareció de pronto tras el príncipe y tomó las riendas del caballo. El futuro conde dejó que se lo llevara y siguió a Shaoran.
-¿A dónde vamos? –preguntó ansioso al ver que Shaoran seguía caminando sin decir palabra.
-Al Jardín de los Manzanos, nadie nos molestará ahí.
-Claro –secundó Yorito- no hay mejor lugar.
El Jardín de los manzanos, era uno de los tantos que rodeaban al castillo, y sin embargo tenía una conveniente característica: eran los jardines privados de Shaoran.
Cuando eran niños, ese jardín solía ser su lugar de juegos, pero ahora se había convertido en el lugar para planear sus siguientes escapes o simplemente donde podían hablar sin que nadie los molestara. Allí estaba prohibida la entrada en general, salvo si se tenía el permiso del príncipe.
Y ese permiso solo Yorito lo tenía (pero si lo pensaba mejor, tal vez Yumi también entraba en el paquete). Aunque muchas otras veces el noble se preguntó si el príncipe no usaba también estos jardines para otra clase de compañías mucho más agradables que la suya, si es que con esto se comprende…
Al llegar a los jardines, Yorito pudo ver lo que la estación entrante había hecho con el lugar. Los antes gigantes verdes ahora se teñían de colores cobrizos y dorados, mientras sus pasos hacían crujir las pocas hojas caídas que ya habían empezado a desprenderse, aunque la mayoría de ellas siguieran aferradas casi de manera obstinada a sus ramas. Caminaron hasta que Shaoran se decidió por lo que a simple vista parecía un manzano igual a los demás. El príncipe hacía siempre el mismo ritual, adentrarse en el jardín, observando y descartando, hasta que algo que pasaba inadvertido a los ojos de Yorito, le avisaba al de sangre azul que determinado árbol era el adecuado.
Cuando ambos se detuvieron a la todavía abundante sombra del árbol, Shaoran se removió un poco en su lugar, contemplando distraídamente las ramas que se alzaban sobre él, hasta que Yorito sintió que ya había sido suficiente silencio y abrió la boca para hablar, pero antes de que su garganta emitiera algún sonido, Shaoran dijo:
-He estado viendo al Oráculo.
Yorito cerró la boca.
-¿Qué?
-Dije, que he estado viendo al Oráculo.
El noble alzó ambas cejas con asombro.
-Jamás creí que Su Majestad te diera el per… -se interrumpió al ver la expresión de Shaoran y sonrió de lado-. Pero claro, tú no tienes ningún permiso.
Shaoran atrapó una hoja del árbol en su lenta y danzarina caída.
-No.
Yorito rió con tal cansancio, que incluso su bien característico y alargado colmillo se mantuvo oculto. Suspiró y se sentó con la espalda recargada en el tronco del manzano, con una actitud parsimoniosamente abrasadora.
-Y una vez más, vuelves a hacer las cosas sin pensar –dijo con la voz tan delgada como un fino hilo.
-Esto es distinto –rebatió el príncipe e imitó a su amigo sentándose a su lado, aunque evidentemente con mucha más energía que el anterior-. Ella está sola, me he vuelto algo así como su única distracción, si hubieras visto su expresión cuando…
-Espera ahí un segundo –lo cortó el otro levantando también la mano-. "¿Ella está sola?" –Shaoran lo miró sin comprender y Yorito se explicó-. El Oráculo es mujer.
-Claro que es mujer, ella… -pero se detuvo, ir tan seguido a visitar esa muchacha lo había hecho olvidar las anteriores dudas que él y Yorito habían tenido durante aquellos años de infancia. Por otro lado, no le gustaba la expresión que su amigo estaba formando en el rostro.
-¿Tiene un ojo, cuatro brazos y está llena de arrugas? –preguntó Yorito con aparente indiferencia, pero eso no bastaba para despistar a Shaoran, el príncipe sabía que la parte importante de la pregunta era la última.
La referencia a las arrugas.
-No –respondió también como restándole importancia-. Sus ojos son normales, solo tiene dos brazos… -hizo una pausa al notar el aumento en la atención de Yorito- … y tampoco está llena de arrugas.
-Oh.
Una brisa se sintió pasar y unas cuantas hojas caídas dieron vueltas sobre el suelo, proporcionando también su ya conocida canción.
-¿Lo digo yo, o lo dices tú?
-Maldición, Yorito. Estoy hablando en serio.
-Lamentablemente. Yo también –suspiró- ¿Qué tan joven es?
-Poco más que nosotros –respondió a regañadientes-. Escúchame bien Yorito, si crees que yo…
-¿Que tú qué, Shaoran?
-¡Que yo hago algo para aprovecharme de ella! –Exclamó indignado- ¡o algo por el estilo!
-¿Por qué me dices todo esto? –preguntó el noble sin contestar a eso último y manteniendo su calma pese a la clara alteración del príncipe.
-Porque a eso te enviaron ¿no?
Yorito estuvo a punto de rebatir cuando se dio cuenta de lo que acababa de escuchar.
-¿Me estás diciendo que tus visitas al Oráculo son el por qué no abandonas el castillo? –Shaoran desvió un poco la vista-. Siempre me he considerado alguien que entiende con rapidez, pero me parece que esta vez necesito algo más de información.
El príncipe ya sabía eso, estaba consciente que para ser posible que Yorito lo entendiera, tenía que contarle todo. Así que tomó aire y lo hizo. Le habló de la primera vez que la vio y el motivo por el cual había sucedido. De las dudas que había tenido al conocer por fin a la vidente y saber que además era una solitaria y triste jovencita. Le habló también de sus siguientes visitas, de sus intentos por distraerla y de la felicidad que iluminaba el rostro de la chica cada que él llegaba.
-¿Ahora comprendes, Yorito? ¿Cómo crees que puedo ser capaz de salir de este maldito lugar, mientras sé que ella se pasaba todos los días de su vida encerrada en esas habitaciones? –bajó la cara y la ocultó entre las manos.
Para Yorito, eso fue un craso gesto de irritación, o tal vez desesperación.
-Te comprendo –dijo pasado un rato. Y Shaoran separó el rostro de sus manos un poco-. Creo que ahora te comprendo –repitió, y Shaoran levantó completamente el rostro, mirando entre agradecido y sorprendido a su amigo.
La historia que acababa de escuchar era la cosa más extraña que había oído de boca del príncipe, incluso le pareció mucho más impresionante y difícil de interpretar que aquella vez en la que lo descubrió en sus huídas del castillo. Aquello era fácil, se sentía solo, abandonado por un padre muerto e incluso traicionado por un hermano ausente, y Yorito comprendió en ese tiempo que de alguna manera Shaoran tendría que reaccionar ante aquello.
Sin embargo ahora no sabía bien que pensar, pues la molestia que sintió al escuchar las palabras "Oráculo", "mujer" y "sin permiso" juntas, de alguna manera se había desvanecido.
Y al desvanecerse la molestia, la culpa ocupó su lugar, pues su cerebro le hizo recordar (en el momento más inconveniente, cabría decir), la manera tan poco delicada a como trató a Shaoran hacía tan poco tiempo. Estuvo a punto de disculparse, de decir cualquier cosa para tratar de redimirse, pero antes siquiera de pensar qué era lo que quería decir, Shaoran dijo algo que lo sorprendió.
-Gracias –musitó más silenciosamente de lo que sería un susurro, y colocó una mano sobre el hombro del noble.
-Ni lo menciones -contestó austero y también algo incómodo.
Shaoran retiró la mano y dirigió su vista hacia delante y hacia ningún lugar al mismo tiempo, Yorito decidió dejarlo con sus pensamientos pues él también necesitaba un momento para perderse en los suyos.
Y es que éste era el Shaoran que él conocía, el Shaoran agradable y empático. Era este sin duda el verdadero corazón del príncipe, su verdadero ser. Y no aquel muchacho impertinente que la mayoría de los nobles creían que era. Pues nadie mejor que Yorito conocía la opinión de la nobleza respecto al heredero de la corona. Más de una vez había escuchado por parte de esas personas comentarios poco favorables hacia el príncipe y que no bajan de tildarlo de haragán, grosero o de comportamientos infantiles. Y todo esto era debido –y Yorito bien lo sabía- a que el príncipe se negaba a hacer o recibir visitas sociales, a participar en bailes que el mismo Shaoran catalogaba de estúpidos y sin sentido, así como también a negarse hacer apariciones frente al pueblo, como bien hacía el rey de vez en cuando.
Es decir, que todos los malos comentarios eran debido a que al príncipe le importaba un cacahuate desairar o no a la nobleza, y sin embargo, lo peor aquí no era lo que esa sarta de idiotas pensara, dijera o incluso inventara. Lo peor era que el mismo Shaoran, al escuchar tanto los rumores que se decían por ahí, se había resuelto un mal día a representar esa imagen. Y ya lo había hecho durante tanto tiempo, que había terminado por creerlo también. Se había dedicado con tanto empeño a comportarse como el príncipe rebelde, enemistado eternamente con su hermano y decidido a hacer lo que le viniera en gana sin pensar en nadie más que en sí mismo, que en algunas ocasiones, Yorito había creído que llegaría el punto en que todo aquello se volvería una realidad irreversible.
Y sin embargo, ahora escuchaba a ese mismo príncipe decir que era incapaz de salir del castillo sabiendo que una muchacha que apenas y conocía, no podía siquiera abandonar sus propias habitaciones.
Así que pensó, que tal vez este asunto del Oráculo no era tan malo después de todo. En un principio había creído que una vez más hacía las cosas con el único fin de contradecir al rey, pero al escuchar toda la historia, se dio cuenta de su error.
Shaoran no hacía esto por desobediencia o rebeldía. Incluso se atrevería a decir, que tampoco era por alguna atracción que el príncipe sintiera por la chica, aunque también lo hubiera imaginado en un principio.
Shaoran lo hacía porque creía que era lo correcto. Aunque él mismo no se diera cuenta.
Entonces una idea le atravesó la cabeza.
-Creo que hasta ahora no me había puesto a pensar que el Oráculo se pasaba su vida encerrado –comentó de pronto y Shaoran también volvió de su mutismo-. Quiero decir, encerrada –se corrigió.
-Yo tampoco –coincidió el príncipe-. Es más notorio cuando conoces a la persona.
Otro momento de silencio.
-¿Y cómo es? –preguntó Yorito de la nada y Shaoran lo miró sin comprender-. Tiene dos ojos, dos brazos y es joven –enumeró el noble-, no creo que sean suficientes características para describir a alguien.
El príncipe se concentró un poco tratando de evocar a la joven vidente en su mente, y lo que le vino a la cabeza, fue la primera vez que la vio arrodillada con la frente al suelo y el cabello revuelto a su alrededor.
-Tiene el cabello corto y castaño –dijo al fin y Yorito asintió, animándolo para que continuara. Al verlo, Shaoran volvió a concentrarse, creía que con eso sería suficiente-. Mmm… sus ojos son verdes y es demasiado delgada y blanca. Cuando la vi por vez primera me pareció que estaba algo falta de fuerzas.
-Tal vez se deba a que no sale al Sol.
-También lo creía pero ella me dijo que sale al menos una vez por semana a los jardines de Touya.
Yorito pareció reflexionar eso último.
-Una vez por semana no me parece que sea suficiente –mencionó-. ¿Por qué no la traes aquí?
-¡¿Qué? –exclamó el príncipe sorprendido-. ¿Sacarla del castillo?
-Técnicamente no la sacarías del castillo –replicó con el índice en alto-, pues las murallas todavía rodean estos jardines ¿no? Jamás saldría de la protección. Solo sería regalarle un poco de aire fresco. Creo que se lo merece. Además, sabes bien que nadie la vería aquí, nadie se daría cuenta –cambió su semblante por uno más pícaro-. Y si nadie se entera…
-Si nadie se entera, no hay problema –dijo Shaoran la frase completa al mismo tiempo que lo observaba atónito. Esa era la frase que usaban siempre que tramaban algo que sabían estaba prohibido, sin embargo hacía mucho que ninguno de los dos la usaba. Y Yorito la decía precisamente ahora.
Shaoran rió.
-Cuando decidí contarte esto, creí que lo que harías sería sermonearme.
-Y en vez de eso te corrompo todavía más. Vaya par que somos –suspiró con pesadumbre- no tenemos remedio. –Luego pareció recordar algo-. El rey me dijo hace unos momentos que era una buena influencia para ti. Pero estoy seguro que si se entera de esto me mandará a la horca sin pensarlo dos veces.
El noble y el príncipe se miraron a los ojos por unos momentos y luego se echaron a reír casi en sincronía.
-No hay de qué preocuparse –pensaba Shaoran. Yorito siempre sería un buen amigo.
Y ahora sabía con seguridad que no importaba de qué se tratara, el noble sin duda lo apoyaría. Sin duda, era un buen amigo, se repitió. Algún día le daría las gracias por todo eso.
Pero hoy no sería ese día.
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Ver al príncipe atravesar las cortinas de aquel modo no le sorprendió ésta vez, pero lo que sí hizo mella en ella fue la expresión de su rostro y el momento en que había decidido aparecer.
Precisamente había decidido venir en este momento…
-¡Ya lo sé! -exclamó de pronto el príncipe con tal convicción, que Sakura estuvo segura, que en efecto, él lo sabía.
Aunque no tenía idea de lo estuviera hablando.
Shaoran por su lado, no entendía cómo no se le había ocurrido esto antes. Todo había sido gracias a Yorito, la revelación llegó estando en sus habitaciones, después de marcharse su amigo, mientras pensaba en la conversación que había tenido con él. Apenas y la idea se implantó en su cabeza, se apresuró hacia la sala del Oráculo, pues no quería esperar un momento más para ir a decírselo a la chica de los cuatro muros.
Y es que ahora se daba cuenta, ahora lo sabía. Porque lo que necesitaba el Oráculo no era la luz del Sol ni la calidez de sus rayos sobre la piel, eso era algo que Touya podía darle, y como ella misma ya había dicho, salida a los jardines no le hacían falta. De lo que en verdad carecía, era de otra cosa. ¿Y de qué le servía a él verla a escondidas sino para facilitarle las cosas que le estaban prohibidas?
"Si nadie se entera, no hay problema", se repitió una vez más al tiempo que una sonrisa se le formaba en la cara y finalmente respondía a la pregunta que pugnaba en los ojos del Oráculo.
-La lluvia –dijo-. Le mostraré la lluvia, le enseñaré un cielo oscurecido y el olor de la tierra mojada, sentirá los golpes de las gotas sobre su cuerpo. Lo haré, le mostraré la lluvia.
Y aunque ella siguiera sin comprender totalmente de qué venía todo esto, lo cierto era que realmente nunca había sentido la lluvia caer sobre su cabeza. Podía ver los cántaros de agua chocar contra los ventanales de su habitación de descanso y nada más.
-Pero no me responda aún –se adelantó a decir el de sangre azul, al ver que ella abría la boca-, antes piénselo, solo cuando esté segura de su decisión, dígamela.
Se acercó a ella hasta quedar a un paso de distancia, puso una rodilla en el suelo y tomó su mano.
-Solo le ruego que por ésta vez sea un poco egoísta y piense en usted misma –acercó la boca a su mano y le besó los nudillos-. Ahora la dejo.
Se puso en pie, inclinó la cabeza como despedida y se dirigió a las cortinas, pero antes de cruzarlas se detuvo y giró la cabeza hacia atrás.
-¿Lo pensará al menos?
Ella soltó un suspiro y sonrió.
-Lo haré.
Apenas escuchó eso, Shaoran asintió y se marchó.
Sakura no sabía qué pensar acerca de todo lo que estaba pasando, simplemente no tenía cabeza para tantas cosas a la vez, pues la vidente solo estaba acostumbrada a las tranquilas conversaciones con el rey y no a los impulsos que empezaba a conocer del príncipe.
-Así es su modo de ser –dijo una voz a sus espaldas.
Sakura dio un respingo en su lugar. No es que haya olvidado la presencia de ese hombre en sus habitaciones, sino que su voz desconocida le resultaba todavía extraña e inquietante.
-Sólo por curiosidad, si le hubiera contestado ahora, ¿cuál habría sido su respuesta?
Sakura se giró, encontrándose con la figura de un hombre parado en el umbral que conducía al pasillo y cubierto con una larga capa oscura de viaje que ocultaba su rostro, salvo por la boca y la barbilla.
-Habría dicho que no.
El hombre rió, permitiéndole ver a Sakura que uno de sus caninos era visiblemente más largo que los demás dientes. Instintivamente, ella se llevó una mano a la boca y pasó el dedo índice por sus propios dientes.
-¿Y esa respuesta sería porque le desagrada mojarse, o porque lo considera un quebranto a las leyes?
Preguntó Yorito conservando la sonrisa y esperando con impaciencia lo que a continuación respondería la persona quien se hacía llamar Oráculo.
Fin del capítulo
Hubo una escena entre Shaoran y Yorito que eliminé porque me pareció demasiado gay jajaja no entiendo por qué les estoy diciendo esto, ¿será la hora?… ¿será que tengo hambre?... ¿será que estoy tratando de distraerlos para que se les olvide que tardé decenios y siglos y milenios en subir capítulo? ¡Quién lo sabe!
Espero que el capítulo les haya agradado, lo peor de todo, es que pude actualizar antes pero me llegó una (supuestamente) maravillosa idea y tuve que cambiar un montón de cosas. Solo quisiera decirles que trataré de no tardar tanto con el siguiente (que también entra el el montón de cosas que tengo que cambiar)… y pues ya nada. Espero nos sigamos leyendo, que les guste la lectura y dejen sus críticas constructivas o destructivas. Pero en serio, pueden dejar críticas destructivas, si algo no les gusta, díganlo.
Ya saben que siempre les deseo unas muy felices lecturas! Y sí, ya vienen los avances:
Avances del próximo capítulo: Sakura y Yorito terminan su conversación, Shaoran toma una decisión (o será capricho?) que sorprende a todos y más que nadie, a Touya.
Próximo capítulo: Lluvia ausente
Pff que avances tan mas flojos ¿no?
