NOTAS: Hey mundo ¿Cómo están todos? Espero que bien jeje tengo una mala noticia, últimamente me eh sentido mal, tenía dolores de cabeza xD así que el doc. Me dijo que reposara, no sé que es, porqué también me sangraba la nariz, dicen que tengo bajas las plaquetas de no sé qué, bueno, el punto es que eso es lo que menos importa, creo que demoraré un poco con ésta historia, pero créanme no es por mí, mi madre lo dice. Haré lo posible por actualizar seguido, ya saben jejeje

Bueno, espero que les guste éste capítulo.

¡Enjoy!

K-ON! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, SOLO LA IDEA PLANTEADA EN ESTE FAN FIC.

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Caminaba de regreso a la mansión de los Kotobuki donde seguramente… Mugi no le esperaba como ella pensaba. El cielo comenzaba a nublarse, quería llorar por alguna razón, sentía que se estaba forzando a tomar decisiones complicadas, pero en realidad se sentía bien de haber pasado el resto de la tarde con la bajista, había adorado cada segundo en compañía de la ojigris, simplemente sentía que esos momentos reavivaban su amistad, y le motivaban a convencerse cada vez más de que Mio pudo haber sido de quien siempre debió vivir enamorada.

Caminaba y caminaba, pronto el cielo comenzó a tronar, tan lento había caminado que no se dio cuenta de que pronto llovería y así fue. Sintió una gota sobre su cabeza, pronto muchas más que cayeron sin aviso alguno para empapar su ropa y las calles del lugar. Quiso correr ¿pero qué más daba? No sentía prisa por llegar a la casa de la rubia, simplemente iba pensando en Mio por ésta vez. Una sonrisa se pintó en sus labios, la lluvia no cesaba pero eso no le importó. Llegó a la estación del tren finalmente el cual abordó pensando en que haría al día siguiente, pues tendría su primera cita con la bajista, inevitablemente se sonrojó con fervor. Tenía una idea en mente, la cual consistía y dependía mucho del consentimiento de Mio, esta vez improvisaría, pues aun no sabiendo que hacer exactamente en una relación, deseaba impresionar a la pelinegra.

El tren llegó a su fin, Ritsu bajó con la ropa toda empapada por la lluvia, y se adentró como siempre, con una bienvenida cortes del mayordomo, a la mansión de los Kotobuki. Ritsu subió las escaleras con normalidad para irse a su habitación, topándose con la tecladista en éstas.

-¡Ricchan! – Exclamó la tecladista al ver mojado al castaño – ¡estás empapada! – continuo con preocupación.

-¿eh? oh… bueno sí, es que no me fije que llovería y se me fue el tiempo – contestó el ojiambar tirando de su playera.

-deberías bañarte antes de que te resfríes – comentó la rubia con seriedad al recordar con quien había salido Ritsu, quien notó lo cortante que sonaba eso.

-Gracias… - Mugi sonrió forzosamente y siguió su camino. Ritsu comenzaba a sentirse abrumada por estar en la casa de la tecladista, pues desde aquel día en que habían hablado en el balcón de la habitación de la ojiazul su amistad era más distante, ese día a duras y apenas habían cruzado una mirada en el colegio, Mugi parecía distante y Ritsu no sabía porque se mostraba con esa actitud ¿podría ser qué?... no… Ritsu estaba segura de que Mugi quería a la guitarrista mayor. Sin más que decir ni pensar, la baterista supuso que era hora de buscar nuevo albergue ¿pero quién? Tenía en mente a Mio, pero sería bastante incomodo para la pelinegra, además sus padres jamás lo tolerarían, tener un chico en casa con su hija a solas ¿a qué padre le gustaría? Era una pésima idea. También pensó en Yui, pero Ui también pensaría mal, Azusa estaba descartada totalmente por lo sucedido… solo le quedaba una opción… y no quedaba más que su último recurso, pero primero tendría que cerciorarse de avisarle a Mugi y saber si podría quedarse con su nueva opción, de lo contrario tendría que rentar un cuarto ¿pero con qué dinero?... tendría que recurrir a sus ahorros universitarios tal vez.

El ojiambar entró exhausto mentalmente a su habitación, mejor pensaría en la cita con su ahora novia para el día siguiente, aun tenía latente aquella intuición que lo que estaba planeando le gustaría mucho a la ojigris, puesto que ella era muy cursi. Ritsu tomó un baño y se cambió de ropa, comenzaba a sentirse culpable por no tratar de hablar con Mugi, puesto que ella le había ayudado mucho hasta ahora con su actual problema, se odiaba por dentro, pero tenía que aceptar lo que pasaba fuera. Se tiró sobre la alfombra del lugar extendiéndose de brazos y piernas mientras con su soplido de su boca despejaba su frente aquel flequillo que tanto le disgustaba. A La puerta de su habitación alguien llamaba, desvió su mirada hacia ésta, exclamando "pase, está abierto". La puerta se abrió, el ojiambar divisaba quien podría ser, era ella, aquella rubia con una charola y un juego de tazas de té junto a un par de pastelillos.

-Mugi – musitó él.

-traje un poco de té… pensé que sería bueno después de aquella mojada que te diste – la oujo-sama se hincó junto al chico, que aun anonado, veía a la rubia ser tan amable como siempre.

-gra-gracias Mugi… no debiste molestarte – contestó con timidez el ojiambar con pena rascando su frente, Mugi negó con la cabeza y le dio una taza y un pastelillo al chico.

-sabes que no es molestia – contestó ella con una sonrisa amable, sentándose finalmente junto al castaño. Otra vez… otra vez aquel gesto de la rubia que tanto le gustaba; aquella amabilidad, aquella sonrisa, aquella tibia compañía y ese aroma a jazmines con fresas a su lado. ¿Por qué el amor tiene que ser complicado? Hace unos minutos atrás estaba pensando en cómo enamorar a Mio, y ahora ella estaba siendo enamorada por Mugi sin ningún intento mínimo. La tecladista dio un sorbo a su té, mordió su pastelillo y miró a Ritsu quien le contemplaba detenidamente - ¿no quieres? – preguntó la rubia con preocupación, lo que causó ternura en la baterista.

-¿eh? ¡Ah! ¡No claro que sí! ¡Tengo mucha hambre! – Ritsu contestó nerviosamente engullendo en pastelillo de un solo bocado, no le gustaba hacer sentir a la rubia incomoda o triste. Mugi soltó una risita encantadora, Ritsu masticaba todo aquel pastelillo con dificultad por comerlo de golpe, el cual se le atoró en el esófago por estar de queda bien. La baterista sentía que se atragantaba y tomo todo el té de un solo sorbo, el cual estaba caliente, pasando así el pastelillo con rapidez, pero quemándose la boca.

-¡Ah! ¡Está caliente! – exclamó la baterista sacando la lengua y los ojos llorosos.

-¡Ricchan! – la tecladista se levantó para auxiliar a su compañera, quien ya estaba bien, pero con la lengua irritada. Aquella escena le causo mucha gracia a la rubia, quien por inercia dejó escapar una risita traviesa.

-no te burles – se quejó el ojiambar haciendo mohín.

-lo siento Ricchan, es que fue gracioso, lo siento – Mugi se disculpó para sentarse de nuevo a lado del chico. Ambas guardaron silencio y reían por lo bajo por las estupideces de Ritsu. Una vez más Ritsu se deleitaba con la compañía de la rubia, y Mugi podía presenciar las tonterías de Ritsu, aquellos gestos tiernos e inocentes y estar a solas con la baterista. Pronto la baterista recordó las hirientes palabras de Mugi cuando le dijo que amaba a la guitarrista mayor, cambiando de tema y dejando de hacerse ilusiones con la tecladista.

-Mugi… dime… ¿has pensado en… decirle de tus sentimientos a Yui…? – preguntó una Ritsu con incertidumbre, pues hasta donde sabía, Mugi le había dicho que amaba a ésta. Aquella pregunta quedaba en el vacío, pues era más que obvio que Mugi nunca haría algo que no sentía, y haber dicho eso, no fue más que un arranque de celos.

-no creo – contestó con tristeza la rubia, tristeza por no sincerarse con la baterista sobre sus verdaderos sentimientos. Ritsu guardó silencio mirando con nostalgia a la rubia, ya que ella también sufría por no ser correspondida por ésta – Ricchan – habló la ojiazul - ¿Por qué el amor tiene que ser tan difícil? – preguntó al aire.

-yo… no lo sé… - contestó la baterista dudosa.

-bueno, tienes razón… tu ya estás saliendo con Mio-chan…ya tienes a quien amar… en cuanto a mí… solo soy una cobarde que no puede aceptar la realidad… y tampoco pudo hacer nada por luchar por su felicidad – las palabras de Mugi le sentaban tan bien a Ritsu, que coincidía en lo que ella tampoco podía hacer.

-no digas eso, si en realidad amas a Yui, deberías luchar por ella ahora que puedes, quizá en la universidad podrían… tener un futuro juntas, tendremos más tiempo, compartirán habitación y podrían salir, no te rindas Mugi… - aquellas palabras salían vacías de la boca de Ritsu, pues aunque trataba de animar a la oujo-sama, sabía que realmente no quería que eso pasara; lo que realmente era que la ojiazul compartiera su tiempo con ella, riera con ella, saliera con ella, pues tenían el plan de ir a la misma universidad.

-gracias Ricchan… pero no sé si eso realmente suceda, quizá cambie de opinión – la baterista no entendía ¿Qué estaría pensando Mugi cuando dijo que cambiaría de opinión? – bueno, es algo tarde, deberíamos dormir, mañana hay clases – finalizó la tecladista levantándose del suelo junto a Ritsu, quien aun tenía un mal presentimiento sobre las decisiones de Mugi – buenas noches Ricchan – la ojiazul salió de la habitación con una sonrisa amable, la cual escondía cierta nostalgia.

-buenas noches… Mugi… - Ritsu se sentó en su cama meditando aquello que había dicho la tecladista, hasta que finalmente se durmió.

A la mañana siguiente, Ritsu se levantó más temprano de lo normal cambiándose con ropa civil, esta vez no tenía planeado asistir a clases, ese viernes se brincaría las clases como improvisación de su cita con Mio. La baterista salió de la mansión de los Kotobuki dejándole el recado al mayordomo para Mugi, que la disculpe, pero ese día tenía cosas que hacer, ya que la tecladista aun dormía y no quería molestarle. Ritsu salió de la mansión para dirigirse a casa de los Akiyama, suponiendo que los padres de Mio ya habían salido al trabajo. Finalmente llegó, y así era, los padres de la bajista no estaban, y lo sabía porque en el garaje de la casa no estaban los autos de los progenitores de la ojigris. Tomando un par de piedras pequeñas, comenzó a aventarlas a la ventana de la habitación de la bajista, quien después de tres tiros, se asomó con su pijama puesta aun.

-¿Ritsu? – preguntó Mio limpiándose los ojos aun entre dormida.

-¡Hey Mio! ¡Cámbiate! No con el uniforme, hoy no iremos a clases – gritó Ritsu desde el patio de la casa.

-¿Qué? ¿Cómo que no iremos a clases?

-sólo haz lo que digo ¿sí? No pasa nada, es solo un día, hoy es viernes.

-¿y eso qué? Tendríamos problemas

-hay sabía que esto sería difícil – musitó Ritsu pasa sí misma soltando las piedritas al suelo y buscando algo con la mirada. El ojiambar comenzó a trepar hacia el segundo piso de la casa con algo de dificultas, agarrándose por donde podía.

-¡Ritsu! ¡¿Qué haces?! ¡Te puedes caer! – exclamó Mio con preocupación en demasía.

-no me dejas… otra opción – contestó Ritsu con dificultad, hasta que finalmente entró por la ventana de donde se asomaba la ojigris.

-¡¿estás loca?! ¡Te pudiste haber caído y lastimado! – se quejó la bajista.

-¿eso te preocupa? ¿Te preocupo en realidad? – preguntó la baterista con sorna.

-… pues sí… me preocupo… por ti… - contestó Mio con timidez jugando con las mangas de su pijama, lo cual mató de ternura a Ritsu.

-pues no te preocupes de nada, yo te protegeré siempre y no me puede pasar nada porque estoy para cuidarte… Mio-chuan… - Ritsu levantó la mirada de Mio colocando una mano en su mentón.

-eres una loca… - musitó la bajista con las mejillas sonrojadas.

-pero soy la loca que te gusta – contestó Ritsu con sorna, Mio desvió la mirada – bueno, hoy no pienso irme o dejarte salir de ésta habitación hasta que aceptes escaparte éste día conmigo.

-pero Ritsu_

-sin peros, solo será por hoy, ¡ahora ponte ropa cómoda que este día será de diversión pura! – Mio no pudo seguir negándose a aquella petición, porque fuera de importarle la escuela ese día, en realidad le parecía genial pasar el día junto a Ritsu. Sin más, la bajista accedió y se fue a cambiar como la baterista le dijo. No pasaron más de veinte minutos y Ritsu y Mio estaban listas para salir.

-¿A dónde iremos? – preguntó Mio con curiosidad tomando de la mano a Ritsu.

-ya verás – la baterista sacó una hoja de papel muy pequeña como de agenda, donde tenía anotado algunas cosas – primero que nada, iremos a desayunar – Ritsu y Mio salieron de la casa de los Akiyama, tomando un taxi que las llevó a la ciudad, donde habían cientos de distracciones y restaurantes complejos y simples, entrando así a uno de comida rápida.

Ambas pidieron algo para comer, todo corría por cuenta de Ritsu, quien estaba siendo "caballerosamente" amable. Ritsu pidió una hamburguesa y papas fritas, en cuanto a Mio solo pidió un par de hot cakes y una taza de leche y una de café expreso. Ambas platicaban gustosamente, Ritsu colocaba papas debajo de sus labios superiores simulando que eran colmillos e imitando a una morsa, Mio reía divertida. Pasaron un buen rato de la mañana hasta que dieron alrededor de las 11 am, cuando la ciudad estaba más movida y podían disfrutar de algunas cosas más. Finalmente Ritsu pagó la comida y salieron del lugar, la baterista siempre tomando la mano de la bajista, quien estaba algo temerosa por el genterio del lugar.

-¿Qué quieres hacer ahora Mio? Tenemos todo el día libre.

-¿podemos ir al museo?... quiero ver algunas piezas de arte – contestó Mio con ilusión y un brillo radiante en sus ojos.

-yo y mi bocota… debí haber sugerido yo… bien hecho Ritsu… - pensaba Ritsu asintiendo rápidamente, fingiendo emoción, ya que el museo le parecía aburrido en todos los sentidos. Ambas se dirigieron al gran museo de la ciudad, aquel lugar lleno de pinturas y esculturas importadas o del mismo lugar de origen, era realmente bello, realmente arte… lo cual Ritsu no encontraba divertido. Mio se fascinaba con cada pieza que era única en el lugar, leía la información de aquellas y tomaba fotografías con su celular. Pasaron alrededor de hora y media en la gran estancia, la bajista seguía seducida por la diversidad de esculturas y cosas interesantes que encontraban en el lugar a lado de Ritsu, quien se distraía si el cuadro era colorido o gracioso o si las figuras tenían formas raras, no sabía nada de nada. Caminaron así por un largo pasillo llegando a una sala donde al parecer se celebraba la conmemoración de un artista que exponía su más último trabajo. Había una pila de barro que derramaba lentamente por al parecer una jícara de barro duro que goteaba sin mucha gracia ante el criterio del ojiambar. Mio miraba curiosa aquella pieza de "arte" Ritsu veía con asco y desprecio pues no lo encontraba muy vocacional.

-¿ya viste eso? Parece que salió del trasero de un elefante, ni siquiera tiene forma o color original, ¡qué asco! – susurró el castaño al oído de la bajista.

-Ritsu sé respetuosa, el arte es algo que nace de la inspiración, no sabemos en qué se inspiraría el artista – habló Mio con seriedad dándole un codazo ligero en el estómago a la baterista.

-pues seguro vio a algún perro hacer sus necesidades fisiológicas o cuando estaba en el baño haciendo del 2 jajaja ¿Quién será el artista? – preguntó Ritsu con sorna volteando para divisar a alguien que aparentara ser aquel virtuoso, topándose con un tipo de traje de complexión delgada y baja estatura con un bigote a la francés quien le miraba con disgusto - ¿sabe quién es el artista? – interrogó el castaño entre risas.

-sí, soy yo – contestó secamente aquel tipo, dejando helado al castaño y a la bajista, quienes solo pudieron sonreír nerviosamente. Era el momento más incomodo que pudiesen tener, ninguna decía nada y el artista parecía irritado. Ambas comenzaron a caminar lentamente hacia atrás hasta salir corriendo del lugar con la respiración entre cortada.

-te dije que fueses considerada, pobre señor – se quejó Mio.

-lo siento, es que de verdad parecía una plasta de mierd_

-¡Ritsu! – interrumpió la ojigris, la baterista se disculpó apenada.

-bueno ¿A dónde iremos ahora? – se preguntaba Ritsu con curiosidad.

-¡escuché que había un zoológico cerca! – exclamó Mio con emoción e ilusión, casi implorando que fueran.

-esa fue una indirecta muy directa… - pensó para sí la baterista – bueno, pues que esperamos ¡andando! – ese día era la primer cita del famoso MiTsu, por lo que Ritsu se esforzaba en cumplir las exigencias y peticiones de la bajista, además de que el zoológico no sonaba tan mal, pues amaba ver a los gorilas y leones.

La ciudad no era muy grande, pero sí lo suficiente amplia para contar con varias distracciones que en la localidad en la que vivían no podían disfrutar. Así Mio y Ritsu se encaminaron al zoológico, era bastante amplio y lleno de animales sencillos y exóticos, desde un pequeño mono hasta pingüinos del polo norte ¿Cómo le hacían para mantenerlos? Quien sabe xD. Llegaron al lugar luego de veinte minutos en autobús, la entrada no era muy costosa, así que sin pensarlo más, ambas estaban ansiosas por querer ir a ver su animal favorito.

-¡leones! ¡Pandas! – exclamaron ambas al mismo tiempo, ya saben que animal escogió cada quien. Ambas se miraron, Ritsu quería impresionar a Mio, así que cambió de idea.

-digo… leones no ¡que feos! Vayamos por los adorables pandas.

-no tienes que fingir que te agradan, podemos ir a verlos también… pero después de los pandas – Mio esbozó una sonrisa victoriosa y caminó hacia la parte donde estaban susodichos animales.

A pesar de que casi no eran de su agrado los osos, Ritsu disfrutaba ver las sonrisas que le robaban los animales en el lugar a la bajista, adoraba ver lo tímida que era al momento de alimentar a los famosos pandas con hojas de eucalipto y bambú, cuando se emocionaba al ver lo enorme que eran las jirafas, cuando se sorprendía de lo amigables que eran los delfines, cuando veía la convivencia de los pingüinos mientras les tomaban fotos y amaba lo asustadiza que era cuando los gorilas gritaban y los leones rugían y peleaban entre ellos, abrazándose así al torso del castaño. Pasaron mucho rato en aquel lugar, y entre alimentar a los animales, tomarse fotos con algunos y admirar lo exóticos que algunos podían ser, se les pasó la mañana. Ambas estaban cansadas de caminar, pero pensando que había valido la pena, el día era hermoso con el simple hecho de compartirlo en compañía de la contraria, lo demás, estaba de más, pero condimentaba la atmósfera. Exhaustas de la larga caminata, decidieron sentarse en una banca del lugar, donde familias enteras y parejas disfrutaban de aquella bella zona.

-¿quieres algo de beber? Muero de sed – sugirió el castaño soltando un bufido.

-claro – contestó Mio con timidez – Ritsu esbozó una sonrisa y caminó hacia donde vendía bebidas, la baterista conocía bien a la bajista, no hacía falta preguntarle el sabor de su preferencia, pues aquella amaba el durazno.

Mientras Ritsu fue por las bebidas, Mio pensaba en lo bien que la estaba pasando, lo bien que se sentía estar en compañía del castaño, y deseando con todo su corazón que esos momentos nunca terminaran. Miraba de lejos a la baterista, quien aun era un chico y se preguntaba si realmente Ritsu le podría llegar a querer como ella, trató de no darle mucha importancia a eso para no arruinar la salida, pues Ritsu estaba realmente esforzándose para llevar a cabo su primer cita, y para ser novata les estaba yendo de maravilla. Pronto la baterista regresó con las bebidas, un par de nachos y algodón de azúcar.

-disculpa que trajera comida para todo un ejército, pero muero de hambre, pensé que podíamos comer algo – Ritsu dejó la comida sobre aquella banca en la que estaban y comenzaron a comer. Mientras comían platicaban como de costumbre, el ojiambar le daba de vez en cuando algodón de azúcar a Mio en la boca, de vez en cuando porque la bajista era muy tímida. El tiempo se les pasaba como agua, pero cada segundo era especial. Pronto dio el atardecer, el lugar comenzaba a cerrar, así Mio y Ritsu salieron del lugar.

El baño del atardecer yacía en las calles de la ciudad, Ritsu caminaba junto a Mio tomándola de la mano; estaba sonrojado, aun no se acoplaban a la idea del todo, pero parecía lindo. Llegaron a un puente donde se veía claramente la puesta de sol, debajo de éste había una presa pequeña de agua, el reflejo del sol se reflejaba en las tranquilas aguas de aquel lugar, personas pasaban en bicicletas de vez en cuando, el lugar era algo solitario pero bien conservado y con aquella vista resultaba encantador… como para ser su primera cita.

-qué lindo es éste lugar – habló Mio admirando la belleza de la naturaleza mientras se recargaba del barandal.

-eso creo, nunca había venido a éste lugar, pero creo que es realmente lindo – contestó Ritsu sonriendo tiernamente, admirando de igual forma la puesta de sol. De momento a otro, la baterista sintió cierta melancolía, aquella puesta de sol era tan brillante y cálida, que el recuerdo de Mugi llegó a su mente.

-¿Qué estarás haciendo?... – se preguntaba el castaño con el semblante entristecido, pensando en la rubia.

-Ritsu – la voz de Mio irrumpió en sus pensamientos, la azabache le miraba con pena – gracias… fue un día realmente lindo… creo que el mejor que hemos tenido… sé que te esforzaste porque todo saliera bien… pero realmente creo que fue perfecto… y lindo, contigo estoy aprendiendo a desenvolverme y gracias a esto soy muy feliz… muy feliz a tu lado… gracias por la oportunidad que nos has dado – aquellas palabras de la pelinegra, bajo aquel gesto propio de timidez estremecieron el más mínimo bello del castaño. Sus palabras sonaban sinceras y realmente Mio había dado un gran paso, era lindo contemplar a la bajista con esa puesta de sol y esas palabras adjuntas con su timidez, ocasionaron que el corazón de Ritsu comenzara a latir como cuando estaba cerca de Mugi, los sentimientos se asemejaban.

La baterista sonrió placida y tiernamente, cada vez estaba más segura de que Mio debía ser quien se ganara su amor, cada vez, y aunque le doliera el alma, se convencía a sí misma de que podría olvidar a Mugi con la bajista. Ritsu se acercó a Mio tomando sus delicadas y suaves manos, le miró atentamente y sonriéndole de manera encantadora se acercó hacia sus labios, sellando aquel momento con un dulce y afable beso. Mio pensaba estar en el paraíso, la puesta de sol, Ritsu a su lado correspondiéndole y lo mejor… podía expresar lo que sentía por ésta. La bajista rodeó el cuello del castaño lentamente y Ritsu la esbelta cintura de la ojigris, fundiéndose en un beso sensible y expresivamente cariñoso. La baterista no tuvo más que decir, aquel beso había calmado las ansias de la bajista y en este expresó todo lo que sintió por ésta. El beso termino momentos después, ambos se miraron con cariño, Mio dejó soltar algunas lagrimas de alegría y Ritsu las limpió con sus manos sutilmente para besarle una vez más, sentía que hacia lo correcto.

Pronto el anochecer les dio la bienvenida al par de tortolos, Ritsu sugirió regresaran a casa, no quería que los padres de Mio le reprendieran, era una chica sobre protegida desde su punto de vista. Caminaron tomadas de la mano, hasta que la baterista decidió rodear a Mio por los hombros en un cariñoso abrazo, quien se sonrojó como de costumbre. Ambas tomaron taxi de regreso a casa de la bajista, Ritsu tomaría el tren camino a casa después. El taxi demoró al menos media hora en llegar a la casa de los Akiyama, donde una cuadra antes de llegar a casa de ésta se detuvo. Finalmente el día había concluido, a pesar de ser una salida improvisada, había sido satisfactoria y perfecta para la bajista, Ritsu sentía que aun quería hacer algo más, como entregarle aquel papel que sacó en la mañana de sus bolsillos, pero le parecía demasiado meloso, aunque había pasado buena parte de la madrugada escribiéndolo, sentía que no iba con ella, aun así quería entregárselo a la bajista.

-bueno, creo que por hoy es todo – habló Mio balanceando sus manos por nerviosismo.

-eso creo… - contestó el ojiambar con las manos dentro de su chamarra, estrujando aquel papel que entre tanto dilema quedaba.

-entonces… nos vemos el lunes – finalizó la ojigris lista para regresar a su casa.

-Mio – interrumpió Ritsu – yo… quería… - la bajista le miró con curiosidad – quería decirte… que te quiero… - finalizó el castaño sacando sus manos de la chamarra, descartando por completo darle aquel papel a la bajista. Mio sonrió al ver el rubor en las mejillas del castaño para darle un beso meloso, el cual el castaño correspondió.

-yo también te quiero… - dijo la azabache con timidez una vez más, para finalmente despedirse del castaños, quien se alejó del lugar hasta que Mio entró a su casa.

Ritsu se dio vuelta sintiendo emociones nuevas por la ojigris, emociones que se asimilaban a las que sentía con Mugi. Se sentía confundida, pensando que realmente podría olvidar a la tecladista si se convencía de que Mio era quien se merecía su afecto, ya que había reencontrado aquellas cualidades que siempre había admirado de la azabache. El ojiambar sonreía por aquel logro, pensaba que podría regresar a la normalidad y podía ser feliz a lado de una chica linda como Mio, a quien conocía desde hace mucho; pero sus pensamientos fueron contrariados por un simple hecho… aquel papel… aquel papel que no le entregó a la bajista. Ritsu sacó el papel de su chaqueta desarrugándolo un poco, el cual miraba con atención y cierta dolencia.

"Tus ojos, ventana de tu alma sincera, tus labios, donde se posan mis deseos, tus cabellos, largos y brillantes que roban mis suspiros cuando juegan con el viento, tu corazón, donde se albergan mis anhelos, y mis ilusiones se han postrado en el amor profundo que por ti siento, el cual puedes hacerlo efímero o eterno, no prometo que sea perfecto, pero si asevero que será verdadero…"

Aquel papel contenía ese verso que Ritsu había escrito gran parte de la madrugada, el cual había estado destinado para Mio desde que lo hizo, finalmente arrepintiéndose por el hecho de que lo había escrito pensando en nada menos que… la oujo-sama… su aun amada oujo-sama. Ritsu sintió rabia en su pecho, odiándose porque se preguntaba ¿Cómo podía seguir amando a quien no le amaba? Pero era inevitable, realmente la amaba, y nadie ni nada podía cambiar aquel sentimiento.

-¿Por qué el amor es tan difícil? ¿Por qué amar no puede ser sencillo?... ¿Por qué tenía que enamorarme de ti… Mugi?... – musitó para si el castaño presionando aquel papel, aquel papel que no entregó a Mio, su novia… aquel verso que no entregó… por creer que existía la posibilidad de poder dárselo a la tecladista…


NOTAS FINALES: señoras y señores, este fic me está haciendo llorar tejeje ¿bueno? ¿Malo? ¿Repetido? ¿Quieren lemon? Bueno, si quieren lemon, díganme, estoy de complacencias jeje espero que les haya gustado y que puedan dejarme un bello y sensualon REVIEW que no les cuesta naaaa y lo saben ;3 ademas de que me ayuda a mejorar y tomar en cuenta sus peticiones decorosas e indecorosas ¿eh? el que no habla… es mudo xD ignoren mis "chistes" baratos.

¡ya! Sin más que decir, se despide su amiga

Maud Davenport Rules!

Arigato por sus bellos REVIEWS por cierto, jojo y una cosa más.

Aquel verso lo inventé yo, así que no me pregunten por el autor jojo, todo fue fuente de mi inspiración xD arigato por las ovaciones y aplausos publico reconocedor jojo

Bueno ahora sí me largo a dormir que ando como alma en pena xD jejeje

Sayonarita!

Creo que escribi mucho joooh!


xD

C:

:3

C(:=

*u*

:P