Madobe ni yureru / golpeando la ventana

fuyu no amaoto / el sonido de la lluvia de invierno

owari o tsugeru you ni / suena como el fin de todo para mi

hibiki hajimeru / y se convierte en ruido

-Flow, Fuyu no amaoto-*

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7. Lluvia ausente

Sakura sabía que el rey tenía dos tipos de conversación. El primero y al que más le gustaba hacer referencia, era a describirle cada pequeño rincón del reino, Sakura podía imaginar cada río, montaña o bosque, gracias a las palabras del rey. Sin embargo estaba también el segundo tipo de conversación, historias que no contaba muy a menudo, y que alguna vez pensó, solo lo hacía en los días que se sentía realmente agobiado, pues hablaba de las situaciones en la corte y los problemas que tenía con los nobles.

Pero a pesar de hablar de ellos con cierta soltura, el rey siempre se refería a esos nobles sólo por su titulo. Sakura sabía por ejemplo, del problema que mantuvo la corona con uno de sus barones, pero no sabía el nombre que acompañaba al título, y así era siempre, salvo por una excepción.

Yorito Shinohara, el sucesor del Conde Shinohara y amigo del príncipe. De él sí que conocía bien su nombre y la extraña confianza que inspiraba en su señor rey.

Y fue gracias a la manera en la que el rey parecía confiar en este noble (pues bien sabía ella que no cualquiera podía acercarse al príncipe Shaoran sin antes pasar por la aprobación de su hermano), que cuando se encontró con este hombre tan misterioso para ella, decidió no hacer nada por echarlo o ella misma ocultarse de él, y muy por el contrario, le permitió tener esta audiencia con ella, a pesar del buen susto que al principio le había dado.

Estaba ella echada sobre el suelo, observando el techo y pensando en las dificultades que tuvieron los hombres que construyeron el castillo cuando decoraron la piedra sobre su cabeza, al darle aquellas distintas formas (seguramente a base de martillo y cincel) que iban desde simples y elegantes flores hasta fuertes y aguerridos dragones, tal vez los esculpieron antes de colocar la roca… fue entonces que sus pensamientos se interrumpieron cuando escuchó las puertas abrirse y cerrarse rápidamente.

Se había puesto en pie y se acercó pensando que era el príncipe, hasta que se encontró con un hombree plantado delante de ella, pero con el cuerpo y la mayor parte del rostro oculto por una larga y oscura capa.

-Mi nombre es Yorito Shinohara –había dicho el sujeto con rapidez, seguramente al escuchar sus pasos, porque la dirección a la que apuntaba su cara no se dirigió hacia donde ella estaba-. Soy amigo del príncipe Shaoran. Pero no vengo en nombre o por petición suya, dama. Estoy aquí por mi propia decisión y voluntad. La cual puede ser completamente errónea.

Esas habían sido sus primeras palabras, y por supuesto que reconoció el nombre de inmediato, además que vio con buenos ojos su sinceridad.

Aún así, ver a un desconocido enfrente, aunque fuera con la cara oculta, le causaba incomodidad y por qué no decirlo, también un poco de temor. Una cosa era saber de la presencia del príncipe y esperar que en cualquier momento apareciera, y otra muy distinta encontrarse con personas ajenas a la corona, presentándose sin permiso de rey o príncipe y haciéndole además preguntas tan incómodas como a el heredero Shinohara parecía gustarle hacer.

Porque para esta altura de la conversación, el Oráculo ya se estaba arrepintiendo de haber permitido este pequeño encuentro.

-Vamos, dígame –insistió él haciendo que ella volviera al presente y reafirmando su deseo de no haber permitido tal entrevista-. ¿Diría no, por temor al remojón o porque significaría quebrantar las reglas?

-En parte por eso ultimo… -respondió al fin, aunque algo evasiva-, ¿pero no sería mejor hablar acerca de lo que trajo aquí a mi Señor?

-¿Mi Señor? –repitió Yorito mientras la sonrisa que hasta ahora había mantenido se borraba, y sus labios se curveaban hacia abajo-. En ésta habitación es seguro que la persona con mayor jerarquía es usted, Señora mía.

-Tener el favor del príncipe sube la jerarquía de cualquiera, mi Señor Shinohara.

-Eso tal vez sea cierto –coincidió el noble otra vez sonriendo-. Pero tiene usted razón, dejémonos de tanta diplomacia y hablemos de lo que hago aquí. Pero primero le daré las gracias por no delatarme frente al príncipe.

Ella asintió justo antes de darse cuenta que eso no servía de nada, pues de todos modos él no podía verla a través de la oscura tela que cubría sus ojos.

-Como ya le había mencionado, antes de la interrupción de nuestro príncipe –continuó Yorito al no escuchar palabra alguna del Oráculo-, estoy al tanto de los encuentros entre usted y mi amigo (además claro, que acabo de convertirme en testigo involuntario). Él mismo me habló de ello y estoy aquí debido a eso.

Dio un paso, tratando de mostrarse indiferente, pero no resultó, pues al no tener visión hacia el frente y solo hacía el suelo, por debajo de la capucha que le confería su capa, sus movimientos se veían toscos y torpes.

-Shaoran es impulsivo e impaciente –continuó sin tomar nota de su torpeza-, más de una vez eso le ha acarreado problemas innecesarios. ¿Se imagina por qué llegó tan repentinamente a proponerle algo como lo de hace un momento?

-No tengo manera de saberlo ni de imaginarlo –respondió después de pensarlo un momento.

-Bien, pues estoy más que seguro que fue culpa mía.

-No comprendo…

-Si se le pide a Shaoran que plante una pequeña flor, es posible que reaccione de dos posibles formas: no lo hará, o plantará un jardín entero. Depende si le interesa o no, pero le aseguro que nunca hará exactamente lo que se le pidió.

-No veo a dónde quiere llegar con esto.

-Hace menso de dos horas –continuó Yorito sin hacer el menor caso de lo que escuchó, y por primera vez en su vida Sakura se sintió ignorada-, acabo de sugerirle al príncipe (sin ninguna mala intención de mi parte, se lo aseguro) que sería buena idea regalarle a usted una horas en el exterior.

-¿A mí? -Preguntó a la vez que interrumpía, con tal asombro, que incluso Yorito a pesar de no poder verla, pudo escucharlo claramente en su voz.

-A usted –confirmó él-, pero en cambio, se aparece como un relámpago proponiéndole algo distinto pero al mismo tiempo, parecido. Y es aquí donde entra mi visita. Quiero pedirle que acepte. Cuando vine aquí no creí que Shaoran fuera a actuar tan pronto, en eso le seré sincero, pero creo que así es mejor. Porque yo no le pediré, como él lo hizo, que sea egoísta. Le pediré que piense en él, en lo que significa para el príncipe obsequiarle un poco de libertad. Además, ¿no es para eso para lo que estamos? ¿Para servir y ser fieles a la corona? Pese a los peculiares medios que utilizo, y que estoy seguro usted no aprueba del todo, yo le soy fiel al príncipe y además tengo el orgullo de llamarme amigo suyo, por eso es que me atrevo a hacer esto, con el peligro de ser descubierto y castigado, porque los dos sabemos que a pesar de que no la estoy viendo, tampoco debería hablarle, ni mucho menos estar aquí.

Sakura bajó la cabeza avergonzada, sabía que este encuentro no se habría dado si no fuera porque ella también lo había aprobado. Bien pudo haber dado la señal a los guardias que rondan fuera de sus puertas y hacerles saber que un extraño había entrado, y sin embargo, no lo hizo. Simplemente se dejó convencer al escuchar ese único nombre conocido para ella.

Inspiró hondo.

-Entiendo sus palabras –dijo al fin-, y también su temor. Pero aún así no veo como puede esto ayudar al príncipe, no parece más que una simple idea improvisada y sin sentido, no puede ser tan importante.

-Pero lo es –insistió él con excitación-, confíe por favor en mí. Le aseguro que lo beneficios valdrán la pena.

Sakura observó su figura detenidamente, si no fuera porque había utilizado la palabra confianza, tal vez no habría aceptado, pero gracias a eso pensó que por algo debía ser que este hombre contaba con la confianza y aceptación del rey, además de la amistad del príncipe…

-Lo haré –accedió finalmente, pues ¿quién era ella para cuestionar a tal personaje?

Sin embargo, no se hizo otra pregunta quizás aun más importante que la anterior, la cual era: ¿quién era él, para decidir qué era lo mejor para el príncipe y qué no?

-Se lo agradezco –dijo Yorito apenas escucharla-. Se lo agradezco con toda sinceridad.

Y por algún motivo, Sakura intuyó que decía la verdad.

-Solo quisiera decirle una última cosa –tomó el hombre de nuevo la palabra, mientras colocaba una mano sobre la pared para guiarse y salir de la habitación-. Después de hablar con usted, sé por qué cuenta con tantas atenciones por parte de nuestro príncipe. Es la última persona en el mundo que merece este destino –levantó la otra mano señalando el lugar a su alrededor, al mismo tiempo de eso, comenzó a avanzar a la salida-, además de eso, parece confiar usted demasiado en las personas –rió un poco, pero no con burla-, no sé si yo mismo merezca la confianza que aparentemente me está confiriendo y por eso le daré un consejo: dude, Oráculo. Siempre dude de lo que le digan.

-No puedo dudar ni de mi rey, ni de mi príncipe –respondió ella con firmeza, siguiendo con la mirada, el andar a tientas del noble- y estoy segura que este encuentro no volverá a repetirse. Así que no tengo que cuidarme de nadie ¿o me equivoco?

-Por supuesto que no se equivoca, no volverá a verme –se rió otro poco, ya había llegado a las cortinas-. Tiene razón, creo que no estoy razonando como es debido, olvide lo que dije –se inclinó-. Fue un placer conocerla. Y recuerde, que esto no es solo por el bien de la corona.

Ya no dijo nada más y, sin esperar a que ella dijera palabra alguna, atravesó las cortinas.

Instantes después Sakura escuchó al otro lado cómo las puertas se abrían y se volvían a cerrar.

x-x-x-x-x-x-x-x-x-x-x

Entre bocado y bocado, el príncipe lanzaba miradas disimuladas hacia un inalterable Touya. Era común que las cenas de los hermanos se llevaran de esta forma, los dos sentados a cada extremo de la mesa comiendo en silencio si no es que acompañados de vez en cuando por uno que otro comentario desagradable.

Pero esta vez ni el rey ni el príncipe habían intentado iniciar discusión alguna, Touya tal vez porque tenía en mente algunos asuntos que ocupaban su atención, y Shaoran por estar pensando en lo que le había propuesto al Oráculo el día de ayer.

Tuvo suerte al ocurrírsele la idea de aplazar el día de su respuesta, porque estaba más que seguro que la adivina se negaría. Así, con más tiempo para que la propuesta le rondara la cabeza, por lo menos un poco de curiosidad haría mella en la vidente, desde este punto, tan solo faltarían unas cuantas palabras convincentes de su parte y el asunto quedaría zanjado.

Sin embargo, había otro asunto que Shaoran no había previsto y que ahora tenía justo frente a él: Touya.

Cada vez que hablaba con el Oráculo y de pronto Touya, o cualquier pequeña cosa relacionada con él salía al tema, la vidente sonreía y hacía comentarios empalagosamente agradables. Según la vidente, el rey era un buen hombre y alguien responsable que se preocupaba siempre de los demás antes que en él mismo, lo que hacía que ella lo admirara y respetara.

Shaoran ya se había hecho a la idea que siendo Touya la única persona con la que ella podía hablar, era normal que se refiriera a él de esta forma, sin embargo había ocasiones que esa actitud le molestaba más de lo normal. Y ahora, con la posibilidad en puerta de convencer al Oráculo de salir a espaldas de Touya, sabía que éste sería un obstáculo, pues tal vez la vidente no se atrevería teniendo en mente que debía mentirle al rey.

Y he aquí que el príncipe encontró otro motivo, una razón más para sentir que a Touya le encantaba fastidiarle la existencia, aun sin saberlo.

Juntó un poco más las cejas mientras observaba al rey cortar su cordero para después llevárselo a la boca, y sin darse cuenta, se encontró pensando en todas esas virtudes que el Oráculo le confería a su hermano, y lo peor de todo (o al menos lo peor para él) era saber que por más que lo intentara, no podía negar muchas de esas cosas, sabía que ella tenía algo de razón, aunque solamente una pequeña parte.

Una de esas pequeñas partes, era saber a ciencia cierta, que al menos para Touya las responsabilidades eran lo primero, lo segundo y lo último, y hablando con sinceridad, sentía algo de vergüenza al escucharla hablar así de su hermano mayor. Porque… ¿Qué podía decir acerca de él mismo que no lo dejara como un príncipe idiota junto a ese reluciente rey que iluminaba la mente del Oráculo?

Resultaba bastante irónico. Durante los últimos años, se había encargado de parecerse a Touya lo menos posible, de no pensar siquiera en una comparación entre ambos, y ahora no podía quitarse esa idea de la cabeza.

Entonces otro pensamiento le asaltó la mente.

No sabía si Touya ya había hablado con ella acerca de él. ¿Qué tal si el Oráculo ya sabía que no servía más que para comportarse como un niño mimado?

Aun así, nunca se atrevería a preguntárselo.

-Cierra la boca o te va a entrar una mosca.

Shaoran dio un resoplido al escuchar a Touya y cerró la boca. Frunció el ceño. Ni cuenta se había dado que la última cucharada se había quedado a medio camino durante un tiempo algo prolongado.

Touya por el contrario, se rió.

-Ya tienes un buen rato mirándome- dijo el rey-. Y empieza a fastidiarme, si quieres decir algo, solo hazlo.

Shaoran se rebulló en su asiento, no tenía nada que decir, o al menos no a Touya.

-No quiero decir nada –y siguió comiendo, poniendo esta vez más atención en lo que hacía.

-Te has comportado muy extraño últimamente, pequeño mocoso –sonrió con arrogancia al escuchar a Shaoran bufar.

-¿A qué te refieres con extraño?

-Simplemente extraño.

-Eso es porque nada de lo que hago te tiene contento –replicó el príncipe con hastío. ¿Qué se suponía que había hecho ahora?

-Podías empezar por ocuparte en los intereses de tu país y no solo en los tuyos propios –arguyó el otro con molestia-. Si al menos hicieras eso creo que tal vez estaría medianamente contento contigo.

-¿Te parece? –Preguntó y Touya se encogió los hombros-. Está bien, lo haré. Veamos si eso es suficiente –se levantó, lanzó una última mirada al rey y sonrió-. Cierra la boca, puede entrarte una mosca.

Touya juntó las mandíbulas, aunque todavía algo sorprendido.

-Ya no tengo apetito, me retiro a mis habitaciones –agregó el príncipe, antes que a su hermano se le ocurriera decir alguna otra cosa.

Cuando Touya se vio a solas, él también se puso de pie.

-Habla al concejero –dijo a uno de los sirvientes que se encontraban alrededor-. Quiero hablar inmediatamente con él. Lo esperaré en la sala del trono.

Detrás de la puerta que separaba el comedor de los pasillos, Shaoran dio un suspiro y se apresuró a alejarse de ahí, solo le bastó con esperar un par de segundos para enterarse que por una vez en la vida había impresionado a Touya, pero mientras caminaba hacia sus habitaciones se preguntaba si de verdad había actuado bien.

La razón por la que tomó tal decisión, fue que Touya estaba poniendo demasiada atención en su "comportamiento extraño", según las palabras del propio rey. Yorito ya le había hablado eso, pues Touya lo había enviado precisamente a averiguar qué es lo que realmente sucedía, y esta misma noche de pronto mencionaba que había algo extraño con su conducta, y Shaoran no podía dejar que Touya comenzara a ocuparse en descubrir la verdad, pues aunque ni en un millón de años Touya sospechara que su hermano desafiaba las leyes más estrictas del reino y se pasaba los días visitando al Oráculo, cabía la ligera posibilidad que finalmente tropezara con la verdad.

Sin embargo había otra cosa, y solo una minúscula parte de él pensaba en ello, o al menos eso quería creer. Y se trataba que de algún modo, se sentía en segundo lugar frente a Touya, al menos desde el punto de vista de la vidente y eso hacía que el sentimiento fuera peor.

Bufó mientras, sin darse cuenta, comenzaba a arrastrar los pies por el suelo.

¿Sería esto suficiente? ¿Se daría cuenta con esto la vidente de que él no era un simple príncipe mimado?

Entonces llegó a la conclusión que realmente no sabía si todo esto resultaría bien, pues aunque ahora sí tendría algo que decir en favor suyo al Oráculo para no pasar vergüenzas (o no quedar en segundo lugar al lado de Touya que era prácticamente lo mismo) ¿qué pasaría si a fin de cuentas lo hacía todo mal? ¿Y si realmente no servía para nada?

Bufó otra vez, pero en vez de seguir su camino, tomó un desvío para salir al jardín de los Manzanos. Cuando estuvo fuera, cobijado por la oscura noche y rodeado de aquellos arboles que tan bien conocía, se arremangó y comenzó a subir por uno de los troncos más gruesos que encontró. Siempre le servía mucho el subir a los árboles, sobre todo desde que su padre murió, el susurro de las hojas mecidas al viento le traía tranquilidad, además de ser un excelente lugar para pensar.

Lástima que ese día la tranquilidad decidiera tercamente a no hacerse presente, y sus pensamientos vagaran errantes de un lugar a otro, dejando al príncipe igual o tal vez incluso peor que antes de llegar allí.

Cuando se dio cuenta que estar allí arriba no lo estaba ayudando en nada, no importara cuanto tiempo pasara, bajó de un salto para regresar al castillo, pero no había dado ni cinco pasos cuando una figura se interpuso en su camino.

Aunque todo estuviera rodeado de sombras y oscuridad, Shaoran supo de inmediato de quién se trataba.

-Qué haces aquí.

-Sólo quiero hablar contigo –respondió el rey.

-Creo que ya dijimos lo suficiente –hizo amago de sacarle la vuelta pero Touya dio un paso a su costado, interponiéndosele en el camino.

-Quiero asegurarme que estás siendo serio con esto y no es solo un extraño capricho tuyo.

-¿Cómo puede ser esto un capricho? –replicó con algo de enfado, porque era obvio que aquí el único que estaba ganando algo, era Touya.

-Debes durar más de seis meses –sentenció el monarca, sin hacer caso del mal humor de Shaoran-. Entonces creeré en ti.

Shaoran arrugó más el ceño, ¡Él no necesitaba la aceptación de Touya! ¿Quién se creía? Por fin estaba haciendo lo que su hermano quería, lo que siempre había soñado, comportarse como un señorito amaestrado de la realeza, y aún así seguía poniendo condiciones. ¡Lo que debería de hacer era darle las gracias, en primer lugar!

Si por mi fuera, las cosas se quedarían igual a como están, pensó hastiado, y estuvo a punto de decírselo a plena voz, sin embargo se detuvo a tiempo. Pues si hacía algo como eso, entonces vendrían las malditas e inteligentes preguntas de Touya y Shaoran no sabría cómo responderlas sin descubrirse a sí mismo.

Y en todo caso, era mejor que el rey siguiera pensando que el cambio era real.

-No te preocupes, Touya –dijo en su lugar-. Me convertiré en tu fiel lacayo o de quien tú quieras.

Tal vez esas no fueron las mejores palabras, pensó cuando ya las había dicho.

Y volvió a rodear al rey. Como vio que esta vez Touya no se movía, creyó que ahora si lo dejaría marcharse.

-Espera –se equivocó. Touya lo detuvo colocando una mano sobre su hombro. Y no solo la "colocó", lo tenía bien sujeto. –Hay otra cosa.

Shaoran no trató de quitarse la mano de encima, en cambio, giró el rostro y le dio la cara, esperando a que el rey continuara.

Touya lo entendió e hizo la pregunta.

-¿Por qué lo haces?

-Porque puedo –respondió y sacudió el hombro, pero aun así Touya no lo soltó.

-Solo espero que ésta no sea una de tus tantas idioteces, Shaoran. Esperarás hasta que decida qué es lo que harás, espero que para entonces no hayas cambiado de opinión.

Soltó al príncipe y se marchó.

Shaoran encontró eso molesto, pues el rey no había tomado el camino de vuelta hacia el castillo, sino que se adentró más al jardín y a la noche. Estuvo a punto de reclamarle, al fin y al cabo ese jardín era suyo. Sin embargo dejó las cosas por la paz y él si se dirigió al castillo, comenzando a maldecir sus brillantes e inoportunas ideas del momento.

Yorito siempre le recriminaba que hacía las cosas sin pensarlas antes, y tal vez era cierto, porque solo él pudo abrir su grandísima boca comprometiéndose con Touya a hacer de principito feliz.

Pero ya no había nada más que hacer, pues había otra cosa que también lo definía, y eso era que nunca faltaba a su palabra. Haría lo que dijo que haría, no había vuelta atrás.

x-x-x-x-x-x-x-x-x

Estaba de cacería. Se movía con sigilo y sin hacer el menor ruido, tratando en todo lo posible que su presa no se diera cuenta de su acecho. Dio otro medio paso, ya estaba cerca, estiró las manos pero una de sus pulseras hizo un leve tintineo.

La presa escuchó eso último pero ya era demasiado tarde, pues las manos de Sakura se movieron con rapidez, capturando así al pequeño saltamontes que brincaba por los suelos.

-¡Lo tengo! –exclamó poniéndose de pie, pues había tenido que hincarse para atrapar al bichito.

-La chica insecto vuelve a atacar.

La castaña dio un respingo al escucharlo y ocultó instintivamente el saltamontes tras su espalda, pero él ya lo había visto así que no tenía caso. Dio un suspiro y volvió a poner el insecto a la vista.

-Deja ya de torturar a los infortunados insectos –se burló el rey-. Toma, te traje esto.

Sakura se acercó todavía avergonzada hacia el rey, ya era costumbre que el monarca la encontrara en todo tipo de situaciones extrañas y la mayoría resultaba estar relacionada con los insectos. De ahí el sobrenombre que el rey le había impuesto desde hacía ya mucho tiempo "chica insecto". Desde el principio ella lo detestó, y estaba tan segura que el rey lo sabía tanto como también tenía la seguridad que el monarca lo usaba precisamente por ese motivo.

Pero esta vez no le recriminó nada y tomó obediente el saco de seda rojo que el rey le estaba ofreciendo. Desató el nudo que lo cerraba y sacó uno de los frascos que tenía dentro.

-¡Pinturas! –exclamó sonriendo-. Gracias.

-No había podido venir antes –respondió Touya encogiéndose de hombros-, espero que tu arte no se haya retrasado mucho por mi culpa.

Sakura sonrió como restándole importancia, pero lo cierto era que efectivamente tenía unas cuantas pinturas a medio acabar precisamente por falta de materiales.

-Ven, te mostraré la ultima que terminé.

Tomó al rey de la mano y lo guió hasta una habitación adyacente, en el lugar había infinidad de caballetes con obras inconclusas, las paredes se llenaban del suelo al techo de cuadros colgados con diferentes tipos de paisajes en distintas épocas del año, el suelo estaba salpicado por todas partes de rojos, amarillos, azules y toda clase de colores. Y eso mismo hacía parecer al lugar mucho más pequeño de lo que era.

Cualquiera que entrara por primera vez se aturdiría con solo echar un breve vistazo, pero Touya ya estaba familiarizado con el lugar y sabía con exactitud el lugar que ocupaba cada pintura en la pared y cada mancha en el suelo, excepto claro, por las más recientes.

-¿Qué te parece? –preguntó cuando lo tuvo frente al nuevo cuadro terminado.

-Se ve como… -arrugó el ceño y se acercó un poco más al cuadro-, parece el puerto de Mork –terminó de decir sorprendido.

Sakura sonrió con felicidad y orgullo.

-Me alegro. Intenté por todos los medios de recordar cómo fue que me describiste el puerto, después lo escribí y de inmediato empecé a pintarlo. No sé que abría hecho si no lo hubieras reconocido. Siempre me pregunté si los lugares que me cuentas son realmente a como los imagino.

-Debo decirte que tienes una buena imaginación.

-Lo cierto es… -comenzó titubeante-, lo cierto es que son tus palabras las que me hacen ver lo que hay fuera.

Touya carraspeó incómodo.

-Espero que las nuevas pinturas te distraigan lo suficiente y mantengan a salvo a los saltamontes. Al menos por un tiempo.

-No cambies el tema –rió ella-. ¿Cómo soportas la corona si no te gusta que te halaguen? Siendo rey deberías estar acostumbrado a recibir adulaciones todo el tiempo.

-Deja ya de molestar chica-insecto. Muero de hambre, vamos a comer.

Sakura no quiso insistir, pues aunque era cierto que quien empezó a molestar fue él, también lo era que ella lo había incomodado mucho mas, eso a su perspectiva, significaba una especie de empate. Así que asintió con un movimiento ligero de cabeza y pasaron juntos hacia la pequeña mesa circular de la primera sala.

El rey casi nunca venía a verla en estas habitaciones, la costumbre del Oráculo era levantarse todos los días y correr hacia la bandeja que estaba a un lado de la puerta. Acto seguido, revisaba si es que había algún sobre ahí. Si así lo era, se preparaba colocándose su manto que la ocultaba de pies a cabeza y esperaba a que llegara la hora indicada en la carta. En ese momento alguien que ella tampoco podía ver, pues casi siempre se trataba de un par de soldados con armadura y casco, se presentaban ante ella y sin decir una sola palabra la guiaban hasta el lugar en el que el rey había pedido verla, ya sea en la sala del trono o el jardín personal del rey.

Sakura por supuesto se lo agradecía siempre. Salir de ahí, aunque fuera a otra sala del castillo, era para ella algo liberador.

Pero claro, el ver a Touya, aunque fuera entre esas paredes tan conocidas, no significaba ningún tipo de desilusión para ella. Lo que más disfrutaba era su compañía, no los lugares en los que lo veía. Por otro lado, había días como hoy en los que el rey llegaba sin previo aviso, seguramente tratándose de algún tiempo libre encontrado de improviso en su apretado itinerario. Esto último le hizo a Sakura recordar al príncipe, pues el también llegaba de improviso.

Miró a Touya disimuladamente. ¿Qué sucedería si llegara un día en que los hermanos se encontraran en este lugar?

-El rey se enfadaría -pensó inmediatamente la vidente-. El príncipe no sigue las reglas. Touya se enfadaría por seguro.

Entonces la asaltó un segundo pensamiento, el príncipe no era el único que infringía las reglas al verla. Ella también lo hacía al recibirlo y al aceptar el ofrecimiento de salir para empaparse del agua del cielo.

Entonces un horror más grande la golpeó de lleno.

La visita de Yorito Shinohara.

Si estaba mal recibir al príncipe sin permiso, era todavía peor el haber hablado con aquel noble sean cuales fueren sus intenciones, las leyes eran las leyes.

-¿Qué pasa conmigo? –pensó asustada-. ¿Qué es lo que estoy haciendo?

Totalmente ajeno a los pensamientos del Oráculo, Touya se acercó a la mesa del fondo, la que estaba siempre lista con manjares de distintos tipos. Tomó una bandeja y comenzó a colocar aquello que le apetecía.

-¿Has salido en estos días al exterior? –preguntó Touya regresando con la bandeja llena y tomando asiento en la pequeña mesa.

-A-ayer salí al Jard-dín de los Duraznos.

-¿Te pasa algo? ¿Estás enferma?

El rey levantó un panecillo y se lo llevó a la boca. Sakura tomó aire y controló mejor su voz.

-No, no. estoy bien.

-Te ves algo pálida ¿saliste durante el tiempo suficiente?

Ella asintió con una sonrisa que intentó no fuera demasiado forzada.

-Fue suficiente, no te preocupes.

-Bien.

Sakura sabía que Touya estaba al tanto de los días y las horas de sus salidas, también sabía que estas preguntas eran para saber si sus órdenes eran acatadas correctamente.

Él se preocupaba por ella y ella se lo pagaba con mentiras.

Meneó la cabeza de un lado a otro, porque éste no era el momento para pensar en ello. Así que tomó aire e hizo la primera pregunta que le vino a la mente.

-¿Cómo ha seguido el problema con los lores de Corradia?

Touya hizo un movimiento con la mano restándole importancia, pero Sakura de todos modos puso toda su atención en él.

-Solucionado –dijo finalmente-. Pero sigo creyendo que debo cortar sus cabezas.

Un momento de silencio y después ambos rieron. Aquel era su chiste privado, cuando Touya le contaba de algún problema en la nobleza, la solución eficaz era siempre cortarles a todos la cabeza.

-Por otro lado, hay alguien a quien supongo debemos bajar del cadalso –continúo el rey-. Y se trata de nadie más que mi querido hermano.

-¿El príncipe? –se asombró ella.

Uno de los personajes a quien más seguido el rey encontraba la solución separando el cuello de su cabeza era precisamente el príncipe, sin embargo dejó el asombro a un lado y sonrió un poco en son de burla, ésta era la primera vez que conocía a una de las personas que tan fácilmente el rey y ella mandaban a la orca o la guillotina.

Y sonrió todavía más cuando pensó que de saber Touya todo lo que ella y el príncipe hacían y ahora también planeaban, ella también entraría a la fila de quienes esperaban la guillotina imaginaria.

-Todo indica a que busca regenerarse –se explicó el rey sin notar la diversión de la vidente-, debo decir que sigue sin convencerme. De algún modo tiene que beneficiarse, si no es así no encuentro otra manera.

-Creo que lo juzgas muy duramente.

-Él fue quien eligió la vara con la cual medirse –juntó las cejas con enfado-. Pero ahora todos me miran como a un loco solo porque no doy saltos de felicidad. A veces pienso que hace todo esto solo para molestarme, para dejarme en ridículo.

-¿Y qué harías si todo fuera cierto? ¿Y si no hubiera nada para su beneficio?

-¿Tu también me juzgas loco? –bufó-. Solo esto me faltaba.

Sakura soltó una risita, era demasiado fácil exasperar al rey.

-No he dicho nada de eso, solo pregunté qué es lo que harías. Tal vez lo que sucede aquí es que ninguno de los dos sabe cómo portarse amablemente con el otro.

-Estoy cansado –admitió en medio suspiro-, cuando creo empezar a entenderlo hace algo que me deja otra vez en ceros.

-Quizá la respuesta no sea tratar de entenderlo.

-¿Cuál es entonces?

El Oráculo sonrió.

-Has que él te entienda a ti.

x-x-x-x-x-x-x-x-x

La oportunidad para salir a mojarse bajo la lluvia, como si de dos niños se tratara, no llegó sino hasta dos semanas después.

Shaoran se encontraba en la arquería practicando su puntería, esperando a que Touya lo llamara o por lo menos recibir una nota con instrucciones. Después de aquella interesante cena no había visto mucho a su hermano, quien parecía especialmente ocupado y se saltaba más de un tiempo de comida. Y ya que para Shaoran el comer en una larga y vacía mesa no resultaba nada tentador, decidió tomar los alimentos en sus habitaciones.

Además, por algún motivo, ahora le parecía todavía más molesto estar al lado de Touya que antes, como si con esa sola comparación que había hecho él mismo, sintiera más que nunca lo lejos que ambos estaban uno del otro.

Apuntó la flecha hacia el blanco, tratando de concentrarse para alejar esos pensamientos de su cabeza, sería un tiro difícil, teniendo en cuenta las ráfagas de viento que aumentaban de a poco y de manera casi imperceptible.

Entonces dudó. No porque se sintiera incapaz de acertar al tiro sino porque ese viento, además de fuerte, también se estaba poniendo algo húmedo.

Miró al cielo, arrojó las flechas y el arco a un lado y regresó al castillo como si dependiera su vida de ello. Subió pisos, atravesó corredores y cruzó salones por los que sabía cortaría el camino. Todo esto con ansia y algo de molestia, pues si no tuviera que llegar a las habitaciones del Oráculo utilizando el pasaje oculto, seguramente ya estaría allí.

Entró a la habitación que ocultaba dicho pasaje, corrió a la chimenea y al minuto siguiente ya se veía burlando una vez más a los ingenuos guardias y entrando en la habitación prohibida.

Jaló de la cuerda y se le figuró escuchar una campanilla a lo lejos. Esto le sorprendió, pues otros días con menos prisa que este, no se había percatado del sonido.

El Oráculo se presentó ante él como siempre, rápida y solícita.

-Alteza –saludó bajando la cabeza y doblando ligeramente las rodillas.

-No tenemos tiempo para esto –dijo él tomándola de la mano y llevándola hacia la puerta-, si no nos vamos rápido tendremos que esperar a que los guardias vuelvan a hacer la ronda frente a las puertas.

Con el tiempo, Shaoran había desarrollado cierta habilidad en cuanto a calcular la tardanza de las rondas de los guardias.

Abrió una de las puertas.

-¡Vamos! –Dijo con una baja exclamación, pero al tirar de la mano de la mujer, ella apenas y se movió- ¿pasa algo? ¿Ha cambiado usted de opinión? –preguntó inquieto, pues la última vez que la vio, ella había aceptado pasar por esa pequeña aventura.

-No –respondió con voz ahogada-. Es solo… es solo que nunca antes he salido de esta habitación sin usar mi manto.

Shaoran la comprendió de inmediato. Soltó su mano, salió él primero y volvió a extender la mano hacia ella, aunque para tomarla, la mujer antes debía salir de la habitación.

-Venga –le mostró una sonrisa de apoyo-, la primera vez tiene que hacerlo usted sola.

Sakura tomó aire y avanzó un paso seguido del otro. Habiendo travesado el marco de la puerta, volvió a sujetarse de la mano del príncipe. Éste volvió a sonreír, pero esta vez con orgullo, le apretó la mano y juntos entraron por el pasaje, sin embargo, al llegar al punto de salir por la chimenea, Shaoran se detuvo y se giró hacia ella.

-Creo que lo más sensato sería que deje aquí todas sus joyas.

Sakura se sorprendió por un momento, pero luego comprendió la situación, pues a pesar de que ella apenas y lo notaba, lo cierto era que con cada paso que daba, sus colguijes hacían un ruido que nadie ignoraría y eso no era nada bueno cuando se planeaba salir al exterior sin que nadie lo notara.

Shaoran se agachó y del suelo recogió un alhajero. Sakura no pudo evitar poner cara de asombro al ver aquella previsión por parte del príncipe. No le dio más vueltas y empezó a sacarse pulseras, collares, anillos, y los guardó todos en aquella cajita.

Si andar por el castillo (aunque hasta ahora solo fuera por este pasaje) sin su manto le causaba cierto desasosiego, el librarse de sus colguijes la hizo sentir casi desnuda.

Habiendo hecho esto, salieron del túnel hacia la habitación que nadie ocupaba y Sakura comenzó a sentir pánico. Pánico de que alguien atravesara la puerta y los descubriera, pánico de que los vieran en los pasillos, pánico de doblar cualquier esquina y chocar de frente con el rey…

Shaoran apareció de pronto frente a ella con una capa larga de color rojo oscuro en la mano y un par de sandalias en la otra. Se las ofreció, una previsión más de su parte que la asombró y le trajo al menos un poco de alivio. Pues se veía que todo esto no era un simple escape y que el príncipe tenía todo meticulosamente planeado. Cuando se hubo colocado la capa y calzado las cómodas sandalias en sus descalzos pies, el príncipe volvió a tomarla de la mano y la jaló hacia la salida de la habitación, pero ella volvió a poner resistencia.

Al parecer aquel ligero alivio que sintió, desapareció con algo de rapidez.

-No alteza, creo que después de todo no soy capaz de hacerlo.

-Claro que puede –insistió él con seguridad y tratando de no darle mucha importancia a la expresión asustada que se enmarcaba en el rostro del Oráculo-. Vamos, ven conmigo.

No supo si fue por la mirada alentadora, o por esa voz segura, o por el hecho de que se sintió reconfortada cuando le habló de "tú". Lo único que sabía, es que cuando el príncipe tiró de su mano por segunda vez, ella se dejó llevar sin poner alguna nueva objeción.

Pronto se dio cuenta que ir de su mano resultaba mucho mejor, pues dejaba que él se encargara de todo, caminar por los pasillos resultó más fácil siendo guiada por la mano del príncipe, además que la mayor parte del camino la atravesaron por escondrijos y pasadizos, por lo que sin darse apenas cuenta, se vio caminando a través de lo que parecía un largo túnel subterráneo, pues tierra y alguna que otra raíz cruzaban el techo y las paredes. Cuando creyó que ese túnel no tenía fin, subieron unos pocos escalones para salir finalmente a la luz del día.

Eso le vino bien, ya había sido demasiada oscuridad para ella.

No necesitó mucho tiempo para acostumbrarse a la luz, pues el día estaba nublado y todo se veía un poco más lúgubre, sin embargo, Sakura no pensó para nada en temas tristes o melancólicos debido a la falta del sol, pues ahora mismo estaba maravillada con el lugar que tenía delante de ella.

Era sencillamente hermoso, pues no era el tipo de belleza que poseían los jardines del rey, ésta era una belleza natural y tosca que tomaba en cuenta únicamente los designios de la naturaleza y no los caprichos de los hombres. Todo este panorama le hizo saber que no se encontraban en ninguno de los jardines del castillo, era imposible siquiera pensar en ello.

-¿Dónde estamos? –preguntó con tal calma que incluso se sorprendió a sí misma.

-A pocos metros de las afueras del castillo, por eso no se preocupe.

-No estoy preocupada –sin embargo, notó cierta desazón al escucharlo de nuevo tan formal.

-Bien, por aquí.

Y volvió a tomarla de la mano. Sakura se alegró cuando sintió el contacto, y debido a que ya no necesitaba ninguna especie de ánimo, pues ya se encontraban fuera, y por lo tanto, el temor de ser descubiertos había desaparecido, no sabía cuál era el motivo de tal alegría.

La cual se fue convirtiendo en un tipo de ansiedad nueva y extraña.

Antes de sentirse más incomoda, los árboles comenzaron a menguar y llegaron a lo que parecía un tipo de saliente rocoso que terminaba en una pendiente, Sakura pudo ahora constatar con sus propios ojos que el castillo efectivamente estaba sobre una colina alta.

Pero no gastó mucho su tiempo en analizar aquello, pues ahora lo que exigía su completa atención era lo que veía más allá.

Era el pueblo, la Ciudad Capital.

Un ruido al lado suyo la hizo despegar la mirada de todos aquellos techos, era el príncipe, la había soltado en algún momento y ahora tomaba asiento en el suelo.

-Sabía que le gustaría este lugar –dijo como si fuera solo un lindo paisaje más en la vida de ella-. Pero tome asiento, tal vez la lluvia tarde otro poco.

Sakura asintió aturdida y se sentó a su lado. Por un momento había olvidado que todo eso se debía a que el príncipe quería regalarle una perspectiva mucho más directa sobre la lluvia.

-¿Cómo sabe que hoy lloverá? –preguntó curiosa-. ¿No habría sido mejor esperar a que comenzara?

Él meneó la cabeza de un lado a otro.

-La mejor parte es cuando se sienten las primeras gotas.

Sakura miró hacia el cielo, que sin duda se encontraba totalmente cubierto de nubes, pero sabía que eso no significaba diluvio garantizado.

-¿Viene aquí muy a menudo? –preguntó cuando el silencio comenzaba a alargarse.

-No, por algún tiempo había olvidado este lugar.

-Pero si es muy hermoso –dijo ella un suspiro.

-Esto no es nada, solo son un montón de casas. Debería ver la vista del Castillo Shinohara, está en los lindes de la ciudad y pueden verse a la perfección los bosques que nos rodean.

-Eso también debe ser hermoso.

Shaoran la miró y se encontró con que ella sonreía, una vez más le asaltó la idea que era muy fácil hacerla sonreír. Más adelante, cuando se ganara mas su confianza, encontraría la manera de mostrarle la vista del Castillo Shinohara, todavía no sabía cómo, pero sin duda… algún día…

Sintió un pequeño golpecito en la cabeza, y seguido de ese, uno en el dorso de la mano. Se volvió hacia la mujer a su lado y vio que ella miraba hacia el cielo, pero entonces notó que sus ojos estaban cerrados.

La lluvia no cayó con toda su fuerza sino hasta diez minutos después, con un juego previo de enviar un montoncito de gotas solitarias seguido de absolutamente nada, incluso Shaoran dudó si el aguacero se haría presente.

Nunca creyó que algún día se sentiría tan aliviado al verse empapado de pies a cabeza, lo que sucedió cuando finalmente el cielo se aburrió de jugar con ellos y su paciencia, y decidió dejar caer el agua acumulada en las nubes.

-¡Nunca imaginé que sería así! –gritó el Oráculo, pues el ruido de la lluvia apenas y los dejaba escucharse.

Shaoran la miró desde su lugar, en algún momento la mujer se había levantado y ahora se reía y giraba bajo la lluvia torrencial.

El príncipe simplemente se conformaba con permanecer de pie, observando sus juegos y su alegría, hasta que su mirada se encontró de pronto con la de la vidente. Ella, al reconocer su atención, sonrió todavía más y se apresuró a solventar la distancia que había entre los dos y lo tomó de ambas manos.

Si no fuera por tratarse de este momento, si no fuera porque se sentía feliz y apenas pensaba en lo que hacía y decía, seguro que no se habría atrevido a hacer tal cosa.

-Usted también debe disfrutar, alteza –le dijo riendo y con su infantil diversión todavía cegándola- ¿Hace cuánto que no baila bajo la lluvia?

A Shaoran le sorprendió mucho la pregunta.

-Nunca antes lo había hecho –respondió confundido.

-¿Y por qué no? –preguntó ahora extrañada.

Esta vez, Shaoran no supo qué contestar. ¿Que por qué nunca antes lo había hecho? Tal vez porque no tenía sentido, porque no se obtenía nada de eso…

Y de pronto… supo cuál era la respuesta correcta.

-Porque no tenía con quien hacerlo.

-Hay pocas cosas que se pueden hacer estando solo –dijo ella, dándole a entender que sabía de lo que hablaba.

Y con esas palabras, Shaoran se sintió como un completo tonto. Puso tanto afán en sacarla del castillo para que sintiera una cosa tan ridícula y normal como la lluvia, que seguramente ella pensó que él pasaba muy seguido por esa experiencia y que además hacía de todo por disfrutarlo.

Es horrible, cuando te das cuenta que no haces nada por disfrutar de la libertad que tienes en tus manos hasta que una persona privada de las más mínimas cosas llega enfrente tuyo, te muestra una sonrisa comprensible, y dice que te entiende perfectamente.

Eso lo hizo sentir inferior a un maldito cerdo.

La miró. No se veía triste, o cabizbaja, ni siquiera melancólica. Simplemente estaba ahí parada sonriendo, con el agua corriéndole de la cabeza a los pies, esperando a que dijera algo.

Nunca fui bueno con las palabras, pensó ofuscado.

Y mientras tanto, ella seguía esperando.

Tomó aire.

-Parece que ahora ambos tenemos con quien hacerlo. ¿No le parece? –le soltó una mano y con la otra la hizo girar sobre su eje, cuando la tuvo otra vez de frente, ella estaba riendo por lo bajo.

Se vieron a los ojos y de la nada, comenzaron a girar juntos. Para Shaoran, ya era oficial, oficialmente podía decir que se sentía y comportaba como un niño en un patio de juegos, y sin embargo, no le importaba, al contrario, lo estaba disfrutando bastante.

Lo único que parecía empañar la diversión, era que con las gotas de lluvia dificultando tanto su visión y el suelo mojado y resbaloso, Shaoran ponía mucha de su atención y energía en hacer lo posible por evitar que ambos terminaran en el suelo. Trató de no transmitir el esfuerzo que hacía a su acompañante y siguió con el juego, era como si las energías no se terminaran jamás, ambos corrían, gritaban, se separaban y volvían a tomarse de las manos, saltaban, giraban de nuevo, no había limites…

Todo esto, hasta que el ruido de unas rocas deslizándose hizo que Shaoran se detuviera de golpe, el Oráculo lo miró extrañada, ella no había escuchado nada. El príncipe se dio la vuelta poniendo a la vidente detrás de él.

-Ponte la capucha de la capa.

-¿Qué?

-¡Rápido!

Apenas y le dio tiempo a Sakura de notar que el príncipe volvió a hablarle de manera informal cuando la apuró de aquel modo tan poco delicado.

-¿Quién anda ahí?

Sakura dio un respingo al escuchar esa voz y lo entendió todo. Agachó más la cabeza para que no pudieran ver absolutamente nada de su rostro. Si se mantenía detrás del príncipe, seguro todo estaría bien.

-Si yo fuera tú tendría más cuidado con el tono de mi voz –amenazó Shaoran, y Sakura se sorprendió un poco al escuchar aquel tono grave y altanero salir del príncipe, jamás lo había escuchado hablar así.

El recién llegado, quien vestía una cota de malla y era parte del grupo que vigilaba los alrededores del castillo, vio entonces el anillo que llevaba el muchacho en su dedo meñique y supo de inmediato de quien se trataba. Hizo una inclinación con la mano derecha siempre sobre el corazón, ésta era la primera vez que estaba delante del príncipe.

-Mis disculpas alteza, creíamos que se trataba de intrusos.

Al escuchar eso último, y la palabra "intrusos" en plural, Sakura se encogió más en su lugar, tratando de ocultarse mejor.

-Bien, ahora sabes que no es así. Márchate.

El hombre asintió y despareció entre los árboles. Shaoran esperó todavía un poco mas antes de volverse hacia el Oráculo, la lluvia seguía, aunque ya no tan fuerte como antes.

-¿Me vio? –preguntó ella asustada y casi en un susurro.

-Lo único que vio fue tu silueta, estoy seguro.

-Bien –dijo asintiendo pero todavía con el rostro lleno de inseguridad.

-¿Quieres volver?

-Lo siento.

Shaoran levantó una ceja.

-¿Por qué te disculpas?

-¿Estarás en problemas por mi culpa?

El príncipe rió un poco.

-¿Estás preocupada por eso? –Rió de nuevo-. Ven regresemos de una buena vez, ha sido suficiente por hoy.

Esta vez fue ella quien buscó su mano, él no pareció sorprenderse cuando la sintió rodearle los dedos, en cambio regresó el gesto y le dio un suave apretón.

Sakura caminaba detrás de él, todavía algo nerviosa y pensando si aquel hombre seguiría cerca, por eso prefirió no tomar riesgos y se dejó la capucha cubriéndole el rostro. El príncipe por su lado, marchaba delante sin ninguna preocupación aparente más que la de fijarse en donde pisaba, pues el camino estaba muy lodoso. El Oráculo resbalaba una y otra vez pese a que ahora se sujetaba con ambas manos al brazo del príncipe, quien avanzaba con paso lento pero seguro por sobre las rocas y el lodo.

De esta forma continuaron hasta que Sakura se dio cuenta que no regresarían por el mismo lugar del que salieron, pues éste no era el camino por el que llegaron.

-¿A dónde vamos? –preguntó.

-No creí que te darías cuenta –admitió Shaoran sorprendido-. Hay un túnel cerca que conduce hacia el interior del castillo.

-¿Por qué no regresamos por el mismo túnel del que salimos?

-Porque de ese lugar se puede salir mas no entrar.

-Entiendo –musitó-, oh, ha dejado de llover –agregó mirando hacia el cielo.

-Hemos llegado –anunció de pronto el de sangre azul, deteniéndose delante de un montón de piedras que parecían formar la entrada a una estrecha cueva que se hundía en el suelo.

-¿Un hombre adulto es capaz de entrar por ahí? –inquirió incrédula.

-Y una mujer adulta también –agregó él con diversión-. Iré primero, hace tiempo que no lo uso, puede que encuentre algunas serpientes.

-¿Serpientes? –repitió. Pero él ya no la escuchaba pues se había agachado y se adentraba con los pies por delante.

Cuando sus piernas ya habían desaparecido de la vista, alzó la mirada hacia ella y torció la boca.

-Esto será sucio y desagradable.

-Entonces tendremos que apretar los dientes y aguantar.

Shaoran volvió a torcer la boca, pero esta ocasión era un gesto más encaminado a ser una sonrisa, volvió a la tarea de adentrarse en la cuevecilla. Al instante siguiente, el torso, los hombros y la cabeza del príncipe habían desaparecido.

-No hay serpientes, ni algún otro animal –escuchó el Oráculo salir la voz en un eco-. Puedes entrar.

Sakura tomó aire, e imitando al príncipe introdujo primero los pies a lo que ahora veía como un horrible agujero negro. Siguió arrastrándose y llenándose de lodo hasta que cayó de pie dentro de la cueva, resbaló gracias a que ahí abajo el suelo era de una tipo de piedra lisa, la cual estaba bastante mojada. Se tambaleó un poco hasta que sintió las manos del príncipe sujetarla de la cintura.

-Gracias –musitó cuando recobró el equilibrio.

-Por aquí –indicó él soltándola y girándose a una delgada puerta de piedra. Jaló una palanca y la puerta comenzó a abrirse lentamente.

El príncipe entró sin agregar nada más y Sakura lo siguió de cerca.

El túnel frente a ella era totalmente distinto al que utilizaron para abandonar el castillo, éste era ancho a diferencia de su reducida entrada, y las paredes, suelo y techo, estaban hechos de roca maciza, como el interior del castillo. Incluso Sakura bien podía imaginar que se encontraba caminando por sus pasillos si no fuera por la cerrada oscuridad que los envolvía y que solo se veía interrumpida por algún rayo de luz colado por agujeros escondidos.

Así continuaron caminando por un largo tiempo. Tanto fue lo que caminaron, que Sakura se percató que ya comenzaba a secarse, pero al mismo tiempo también empezaba a sentir frío.

Agradeció sin duda cuando llegaron al final. El príncipe se agachó y recogió lo que parecía un gran pedazo de tela.

-Toma, esta capa está seca.

Sakura la tomó sin pensarlo dos veces y se quitó la capa que llevaba puesta y que pesaba el triple gracias al agua absorbida, Shaoran a su vez se la quitó de las manos y la arrojó al suelo sin miramiento alguno.

-¿Mejor? –preguntó

-Mucho, gracias.

El asintió y subió por una escalerilla que Sakura notó sólo cuando él comenzó a subir por ella, puso más atención y vio que los peldaños daban a una pequeña trampilla en el techo.

El príncipe abrió la trampilla y pasó a través de ella. Desde arriba la llamó para que lo siguiera, así lo hizo y salió de la oscuridad del hueco.

De inmediato se encontró con una habitación completamente vacía. No había salvo cuatro paredes y una puerta.

-¿Están sus pies secos ya? –preguntó el príncipe mirándola.

El oráculo bajó su mirada y notó que en efecto, sus pies se habían secado un poco, y aunque su ropa y cabellos seguían mojados, la nueva capa seca que el príncipe le había dado evitaba que escurriera mucho.

Sin embargo, eso no fue lo único que notó. Él volvía a utilizar una manera formal para hablarle y algo dentro de ella se engarruñó al escucharlo. No sabía en qué se basaba el príncipe para cambiar tan drásticamente la manera en que la trataba, solo sabía que le agradaba más cuando se decidía por el otro modo menos formal.

Le respondió con una media sonrisa el avance de sus pies al secarse, él dio una cabeceada de aprobación, murmuró algo parecido a "sin huellas", y se encaminó a la puerta.

Su paso por el castillo al tratar de regresar a sus habitaciones fue muy parecido al que hizo cuando huía de ellas, atravesando pasillos solos y pasadizos abandonados. Para Shaoran todo le resultaba muy sencillo, pues ese era el camino que tomaba junto con Yorito para escabullirse por el castillo y no querían que nadie los viera. Gracias a esta desarrollada experiencia no hubo contratiempos y llegaron a unas elegantes habitaciones.

Cuando Sakura vio que se quitaba las botas y las arrojaba por ahí sin tomarse la molestia de fijarse en el lugar donde caían, supo que esas eran sus habitaciones. Se quedó por un momento sin habla hasta que lo vio aproximarse a una cuerdecilla que sin duda hacia traer algún sirviente.

-Ahora le pediré que aguarde por unos momentos en la sala de al lado –le dijo apenas y jaló la cuerda.

Ella no rebatió y se apresuró a cruzar el umbral. No le pareció que pasaran ni cinco minutos cuando escuchó una vocecilla presentándose ante el príncipe.

-Como verás, Yumi, necesito que prepares un baño caliente lo más pronto que puedas –dijo el de sangre azul.

-En seguida –respondió la vocecilla, seguido del sonido de unos pasos rápidos alejándose.

Fue extraño para el Oráculo escuchar la voz de Yumi. En muchas ocasiones, al leer los libros que esa persona escogía, se imaginaba como sería su aspecto, o la clase de persona que sería, pues la mayoría de los libros que el príncipe traía consigo eran de temas muy parecidos entre sí.

La había imaginado joven y soñadora, alguien amable y fiel, sin embargo, nunca pensó en imaginar su voz. Era una linda voz.

Rumiando todas estas cosas, fue que la adivina no hizo movimiento alguno por salir de esa habitación, y extrañamente Shaoran tampoco hizo nada por hablarle o ir siquiera junto a ella.

Los pasos de Yumi volvieron.

-Su baño está listo, alteza.

La vidente dio un respingo al escucharla de nuevo.

-Bien, ahora puedes irte.

Sakura estuvo a punto de salir, de decir que no quería que se marchara, que quería conversar con ella al menos por un pequeño momento. Pero no lo hizo. No debía hacerlo. Estaba prohibido.

Juntó las manos y entrelazó los dedos unos con otros, tratando de ignorar los pensamientos que le gritaban todas las reglas que en tan poco tiempo había roto y lo poco que la había importado.

-¿Oráculo?

Abrió los ojos al escucharlo. Ni cuenta se había dado del momento en que los cerró.

Sakura, gimió en sus pensamientos, es Sakura.

-¿Se encuentra bien?

-Sí, claro –se apresuró a contestar.

El príncipe asintió a su respuesta sin creer una sola palabra y le dijo que podía tomar un baño en el momento que quisiera, ella aceptó de manera mecánica, con su mente todavía puesta en la chica que acababa de marcharse…

Shaoran, mientras la vidente disfrutaba de tan apropiado descanso, se conformó con buscar las primeras ropas limpias y secas que se le atravesaron. Siendo de este modo, el príncipe ya estaba listo cuando el Oráculo regresó vistiendo un par de sus pantalones y una camisa que en ella parecía vestido.

Había olvidado que al preparar Yumi su baño, también dejaba un cambio de ropa a la mano.

-Lamento no haber previsto esto. –Se disculpó el príncipe, pero ella le quitó importancia con una sonrisa.

Después de todos los pequeños pero certeros preparativos dejados por el príncipe para esta pequeña aventura (desde la caja para guardar sus alhajas, hasta la capa seca del túnel), Sakura no tuvo la desfachatez de molestarse por algo como esto.

-En el momento que guste, la llevaré de vuelta a sus habitaciones –tomó él de nuevo la palabra-, pero sugiero que esperemos un poco, no es bueno tentar demasiado la suerte.

-Por supuesto, si así lo cree usted mejor.

Shaoran se permitió sonreír un poco y Sakura se sentó en una de las cómodas sillas de la habitación, él la imitó eligiendo una que estaba frente a la escogida por la adivina.

Ella se veía tranquila, tal vez algo más feliz de lo usual, pero eso el príncipe lo atribuía a la remojada a escondidas de la que acaban de regresar, aparte de eso, no había nada distinto en ella, no se veía nerviosa o cohibida por estar en este lugar, ni había demandado regresar de inmediato a la habitación de la que no debía haber salido.

Es como si me tuviera confianza, se dijo mentalmente, o tal vez solo se tratara de un modo extraño de "obedecerlo", después de todo el era el príncipe y ella el Oráculo del reino, se suponía que en cierto modo tenía que acatar sus órdenes.

Desvió entonces sus pensamientos hacía él mismo, y hacia su propio comportamiento. ¿Por qué la había guiado hasta aquí? Sabía que podía sacarla de allí en este preciso instante y no ser vistos siquiera por un alma, y sin embargo, la hacía quedarse otro poco más, como si quisiera retenerla el mayor tiempo posible.

-Como si quisiera obligarla a faltar a las reglas -pensó, pero agitó un poco la cabeza, sabiendo que este no era el momento de ponerse tan filosófico-. ¿Disfrutó de los aires fuera de estos muros? –preguntó, desviando así el tema que estaba sobre su cabeza.

-Nunca lo olvidare, eso es seguro –le respondió el Oráculo con la mirada iluminada.

Shaoran no supo si era una buena o mala noticia, pues ¿qué si no era esta pequeña probada de libertad una razón más para la joven de sentirse desdichada al tener tal vida llena de restricciones? Y sin embargo, sabiendo todo esto, sabiendo que el hecho de mostrarle las maravillas de la vida podían volverse en contra del Oráculo y mostrarle de un modo crudo lo triste que realmente era su existencia, Shaoran seguía empecinado en mostrarle de a poco el exterior hasta ahora desconocido para la mujer.

Pasar una vida viendo la lluvia caer a través de una ventana, sin poder sentir el frio del agua sobre el rostro, no era nada en comparación a todo lo que se la había prohibido a esta chica.

Pero aún así sigue sonriendo, pensó algo intrigado, esa mujer tenía todas las razones del mundo para ser infeliz, pero lo que hacía era sonreír.

-Fue divertido –agregó ella, todavía ensimismada en la reciente experiencia-. Gracias por mostrármelo.

Shaoran encogió los hombros como respuesta mientras pensaba que no era momento de compadecerla, se suponía que para ello estaba haciendo todo esto.

-Sólo espero que no enferme a causa del remojón.

-Esa ya sería mala suerte. Todos los días llevo los pies desnudos, inclusive en invierno, y sin pasarme nada. Unas gotas de agua no me harán mucho daño.

-Espero que tenga razón en eso, no quisiera ser el culpable de algún resfrío, tendríamos que llamar… -se interrumpió a sí mismo y la miró con mayor interés-. ¿Quién la atiende cuando enferma? Es decir, no puede ser un médico pues nadie ajeno a la corona puede verla directamente.

-Ese es el deber de su majestad –dijo.

Shaoran no respondió de inmediato a eso, porque ya se había imaginado que esa sería su respuesta. Si nadie podía ver al Oráculo más que la familia real, y se suponía que Shaoran nunca la había visto en su vida, no quedaba nadie más que Touya para hacer el trabajo.

-Cuando el Oráculo anterior se marchó –continuó hablando la vidente-, fingí estar enferma para que el rey viniera y no estar sola. Todavía no me acostumbraba –agregó al final con una sonrisa apenada.

-¿Touya cayó en el engaño?

Ella sonrió todavía más.

-Para nada. Se dio cuenta de inmediato, pero no me lo echó en cara y se quedó conmigo durante todo el día. Antes de irse me dijo: "eres libre de enfermar cuando quieras".

-¿Lo hizo?

Meneó la cabeza de un lado a otro con lentitud.

-Ya no me atreví –desvió su mirada hacia ningún punto en específico-. Pero no negaré que hubo muchas ocasiones en las que consideré caer enferma.

Shaoran trató de imaginarse a la joven sentada frente a él, con unos años de menos, sola por primera vez en esas habitaciones y no necesitó esforzarse mucho para lograrlo. Como tampoco le fue difícil ver a un joven Touya haciéndose el desentendido para hacerle compañía a la pequeña vidente.

¿Y es que no le había pasado lo mismo a él? ¿No había tratado también de hacerle todo este tiempo compañía para ahuyentar al menos por unas horas la soledad de esa mujer?

¿Qué habría sentido Touya al saber que por más que quisiera no podía espantar su soledad por más de dos veces en un mes?

"Eres libre de enfermar cuando quieras", le había dicho, o de otra manera más directa: "llámame en cuanto quieras".

Apretó los puños. Descubrir que Touya se había comportado de una manera humanitaria con la solitaria vidente del reino no cambiaba en nada la opinión que tenía sobre él, ni mucho menos hacía que olvidara su propia soledad. Esa que vivió cuando su padre había muerto.

Me abandonó. No importa qué otras cosas haya hecho.

Touya no había espantado su soledad, eso era lo que importaba. Touya no le había dado permiso de enfermar.

Sin embargo, eran cada vez más seguidas las ocasiones en las que tenía que repetírselo para recordarlo.

Tomó aire, no le gustaba pensar demasiado en Touya, siempre terminaba enemistado con el mundo entero.

Y el día de hoy no podía darse el lujo de dejar salir su yo malhumorado.

-Así que… -comenzó con lentitud- parece ser que goza de una muy buena salud.

-Sí –afirmó ella -. Es algo que nos caracteriza a los Oráculos.

-¿Quieres decir que era tu destino ser el Oráculo? ¿Cómo se elige persona para tan importante puesto?

-En los sueños –respondió ella y su mirada hizo que Shaoran echará la espalda ligeramente hacia atrás.

No entendía cómo, pero esos siempre dulces ojos verdes de pronto se habían vuelto agudos y misteriosos.

-Los sueños… -repitió él en un susurro.

-El Oráculo anterior tuvo un sueño conmigo en él. Después ella lo hizo saber al rey y así fue como llegué aquí. Algún día yo también tendré un sueño similar y esa persona será el siguiente Oráculo.

Tal parecía que cualquier tema que tratara de sugerir terminaba siempre en implicaciones tristes, porque sí, efectivamente sintió algo de tristeza al pensar en la mujer frente a él soñando con el nuevo Oráculo, condenando a esta nueva chica a la misma soledad que ella padecía.

Tal vez el problema eran él y sus estúpidas preguntas.

-Es su turno de preguntar –dijo de pronto. Si el problema era él, entonces que ella eligiera de qué hablar.

-¿Qué podría preguntarle?

-Cualquier cosa –la animó Shaoran.

-Pues yo…

-Prometo responder, sea lo que sea –dijo esto con la mano derecha a lo alto.

La mujer dudó un poco pero el príncipe pudo casi percibir el momento en el que la joven pensó en su pregunta.

-Adelante –la incitó, y ella, como guiada por esas palabras, hizo la pregunta:

-¿Por qué escapa del castillo?

Fin del capítulo


Hola, hola! ¿Cómo están todos? Siento que ha pasado tiempo desde mi última actualización pero la verdad es que no tengo idea de cuánto transcurrió realmente. Espero no haberlos hecho esperar mucho.

Entrando en el capítulo que acabamos de dejar, gracias al final, sabemos que para lo siguiente tendremos una conversación algo interesante, ya veremos cuánto puede sonsacarle nuestro Oráculo favorito a nuestro príncipe favorito xD

Y para aquellos que me tienen en FB y saben que dije que seguro publicaba en el fin de semana, quiero disculparme, pero al mismo tiempo explicar mis excusas (si, las tengo preparadas xD). Realmente terminé el capitulo el viernes, pero hace tiempo comencé un dibujo de este fic y al ver que estaba a punto de terminarlo no quise subir capitulo nuevo hasta acabar el dibujo y subir ambos al mismo tiempo.

¡Sí! El primer dibujo de Juego de Máscaras está hecho!, y digo primero, porque espero hacer otros más en el futuro. Ya está en Facebook para que le den una ojeada, aparecen, Touya, Sakura y Shaoran, no es ninguna escena del fic, es algo así como me gustaría que fuera la portada. No creo que use la imagen aquí en FF porque la imagen es acostada y seguro que se vería solo a la mitad

Si no me tienen en facebook, la dirección está en mi perfil o búsquenme como Masato San

Oh mi dios, Son demasiadas notas!

Creo que es momento de despedirme, espero que hayan disfrutado el capítulo como para dejarme su opinión en un delicioso review. Acepto críticas constructivas y destructivas, comentarios de todo tipo, dudas, sugerencias, o reclamaciones. Hablen, pregunten, comenten, que yo les responderé lo mejor que pueda.

Y si no respondo… regáñenme XD

Nos estamos leyendo, que tengan siempre unas felices lecturas!

Avances del próximo capítulo: Por fin Touya se hace presente y delega nuevas responsabilidades a Shaoran ¿será capaz de hacerlo bien o claudicará en el primer intento? Mientras tanto, Sakura decide ayudar un poco a Touya con respecto a su relación con el príncipe y viceversa, claro que todo esto a espaldas de ambos hermanos y a pesar de que ninguno de los dos se lo haya pedido.

Próximo capítulo: Trabajo

PD. *Fuyu no amaoto, es una hermosa canción de Flow, lo que dice no tiene nada que ver con el capítulo, pero esa canción me iluminó para bautizar este mismo. Por eso la puse al inicio. Si quieren escucharla, háganlo, está genial la rola ;)

Besos y abrazos!

...Masato