NOTAS: ¡cof! ¡cof! Estoy trabajando arduamente a pesar de mi estado de salud, y creo que pasar tanto rato en cama me hace mucho que pensar jaja bueno como sea, espero que disfruten este capítulo, en éste fic ya casi llegamos al final ¡yay!

¡Enjoy!

K-ON! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN.

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Iba camino a casa de Mugi, aun estrujaba aquel poema que no le entregó a la bajista, lamentándose por eso y lamentándose por querer dedicárselo a la tecladista. Miraba, aquel castaño hacia la ventana distrayéndose de todo aquel pasajero a su alrededor. Finalmente llegó a la mansión de los Kotobuki, donde como era siempre, el mayordomo le recibía con una cortes bienvenida.

-¿ah regresado la Mugi? – preguntó él al mayordomo, quien amablemente le dijo que se encontraba en su habitación. El castaño agradeció por la información y subió a su habitación para cambiarse de atuendo.

Mientras Ritsu había desaparecido sin la decencia de haberle avisado personalmente que saldría y regresaría hasta que se le diera su gana, la oujo-sama estaba furiosa y muriendo de celos en su habitación. Miraba su móvil, ya eran las 10:30 pm y se preguntaba ¿Dónde carajo estaba Tainaka? ¿Qué estaba haciendo con Mio que se demoraba horas? Y ¿Qué le hacía pensar que su casa era un hotel como para ir y venir a la hora que quiera? Y luego pensó… ¿Por qué tendría Ritsu que hacerlo? ¿Por qué Ritsu le daría explicaciones a ella de su vida o sus acciones? Recordando así, que la baterista ahora tenía una relación con Mio, a quien seguro amaba con todo su corazón, ella solo estaba siendo una amargada celosa que no podía superarse en la vida amorosa.

Bajo aquel pensamiento, Mugi optó por tranquilizarse y guardar la calma, puesto que ella se había ofrecido a ayudar al castaño sin pedirle nada a cambio, tan solo… su amistad. Mugi se encaminó hacia el barandal aquel de su balcón, donde se recargó meditando el firmamento como lo hacía cada vez que algo le afligía, soltó unos suspiros cansinos y resignados y luego bajó la mirada. Alguien llamó a su puerta, suponía que era el mayordomo, así que pidió que pasara. La puerta de su habitación se abrió, dándole paso al castaño que era la causa de sus frustraciones.

-hola Mugi – habló el ojiambar cerrando la puerta con timidez, pues se sentía temeroso.

-ah… hola Ricchan – saludó Mugi fingiendo alegría – me dijo el mayordomo que saliste temprano, no pensé que todo el día – argumentó la rubia para enterarse de lo que hizo Ritsu.

-oh bueno sí, es que el tiempo pasa muy rápido.

-eso creo…

-y ¿Qué tal tu día?

-bueno, dejaron tarea, pero fue sencilla, lo mismo de siempre, Yui-chan me preguntó por ti.

-ya veo…

-y ¿Qué tal el tuyo?

-bueno… divertido, creo que no es necesario decir con quien salí, pues sabes que fue con Mio. Fuimos al museo, al zoológico, y luego a un puente para finalmente regresar a casa.

-eso suena divertido.

-lo fue…

Ritsu en el fondo sabía que había sido un día bastante divertido a lado de la bajista, lástima que no pudo concentrarse del todo por pensar en la tecladista. Mientras que el día había sido una eternidad para Mugi quien no se dejaba de preguntar que habían estado haciendo la baterista y la bajista todo el día. La ojiambar sabía que si quería olvidar a la tecladista y seguir con la relación de Mio viento en popa, tenía que mantenerse lejos de la rubia para que ésta no fuese la fuente de su distracción y confusión, estaba decidida, sabía que tenía que dejar aquella mansión y alejarse de Mugi aunque eso le partiera el corazón y el alma, pero ya lo había decidido.

-Mugi – habló el castaño con seriedad, Mugi le miró esperando que prosiguiera – creo que… es tiempo de que me vaya a otro lugar –sentó finalmente. Aquellas palabras partieron el corazón de la rubia, pues mucho era no tenerlo a su lado como amante, y los momentos que lo podía contemplar eran en el colegio… o hasta ese día en su casa, donde cada noche le miraba dormir.

-¿te han tratado mal los empleados? – preguntó confundida.

-no, no, no, no es eso… es solo que…creo que estoy abusando mucho de tu confianza. No quiero que tengas problemas con tus padres si se enteran de que estuve aquí - el ojiambar esbozo una sonrisa amable, sonrisa que escondía su tristeza.

-ah… tu sabes que ellos no estarán en casa, yo no tengo problemas por eso – Mugi deseaba que Ritsu no se fuera.

-es por eso que no quiero abusar de ti… Mugi… - Ritsu tomó la mano de la tecladista, la cual estaba recargada en el barandal – gracias por haberme ayudado, no sabes cuánto lo aprecio, pero de verdad debo hacerlo – el ojiambar hacia todo lo posible por no quebrarse, pues realmente dolía.

-bueno… si tu así lo quieres…

-gracias…

-y… ¿Cuándo te irás? – preguntó la rubia con melancolía, melancolía que el ojiambar notó, dudando por un segundo si realmente a Mugi le entristecía que se fuera.

-mañana en la tarde… creo… - asentó el castaño.

Aunque el castaño no quisiera tomar aquella decisión, sabía que tan solo le quedaba una semana para resolver su problema, después de eso vendría la graduación, finalmente el director de la escuela regresaría, terminándose así el plazo que Sawako le había sentenciado…. Estaba obligada a enamorarse totalmente de Mio hasta ahora.

-bueno, creo que me iré a dormir, mañana saldré temprano – asentó la baterista con cierta tristeza. Mugi sabía que el ojiambar estaba en una relación con Mio, pero aquello parecía no animarlo mucho ¿Por qué? ¿Acaso no estaba…enamorado?... golpeándose mentalmente dejó de hacerse ilusiones con Ritsu y lo dejó partir.

-creo que igual saldré temprano, buenas noches Ricchan.

-¿necesitarás ayuda?

-no gracias Ricchan.

-bueno, entonces… buenas noches… - Ritsu salió de aquella habitación cabizbaja para irse a dormir, no sin antes mandar un mensaje a quien le pediría alojo a la mañana siguiente. Mugi se quedó contemplando el cielo un rato más, estaba segura de que aquel amor por la ojiambar nunca sería correspondido, Ritsu no podía darse cuenta de sus sentimientos y tampoco podía expresárselos, sólo le quedaba una solución… alejarse para siempre de la castaña.

Al amanecer, Ritsu se levantó un poco más tarde de lo normal, era sábado, podía hacerlo, así que dio unas vueltas en su cama para ver la hora, dándose cuenta de que eran las 11 am.

-¡¿Qué?! – El castaño se levantó tan rápido como pudo y comenzó a vestirse - ¡me va a matar! ¡Me dijo que no llegara tarde! – era obvio, Ritsu se había quedado dormida, y supuestamente ese día tendría que salir temprano. El castaño bajó a prisa las escaleras para salir de la mansión, no sin antes preguntarle al mayordomo por la rubia, quien le dijo que ésta última había salido desde temprano, sin darle más importancia a las cosas Ritsu salió de la mansión para dirigirse a toda prisa a la cafetería donde se había quedado de ver con quien le daría alojo.

Entró agresivamente al lugar divisando si podía dar con aquella silueta que tanto rezaba que no se haya ido cansada de esperarle, y ¡bingo! Ahí estaba sentada al final de una mesa esperándole impaciente, y lo sabía por el gesto en su cara. Caminó rápidamente para acercarse a ésta, quien veía su reloj de mano.

-¡vaya! ¡Pensé que no llegarías nunca! ¿Acaso es una costumbre que los hombres me dejen plantada?

-lo siento me quedé dormida ¡Hey! Yo no soy hombre, solo es… la carátula…

-como sea Ricchan ¿Qué pasó? ¿Cuál era la prisa?

-bueno, verás, ahora que soy chico, me eh estado quedando en casa de mis amigas porque mis padres no podrían creer lo que me pasó, entonces… quería saber ¿si podría quedarme unos días en tu casa? ¿Qué dices Sawa-chan?

-bueno, mi departamento no es muy grande, pero llevar chicos a éste tampoco es muy bien visto – se quejó Sawako.

-bueno, tu y yo sabemos que no soy uno – contradijo el castaño rápidamente.

-es cierto… pero solo por dentro.

-¡por favor Sawa-chan! ¡Estoy… desesperada! – Ritsu estaba realmente necesitada, Sawako era su última salvación.

-¿Qué pasa? ¿Dónde te has estado quedando? – preguntó con curiosidad la sensei.

-con Mugi… - contestó el ojiambar con tristeza.

-¿Mugi? Pero ella es muy amable ¿Por qué no querrías quedarte ahí? ¿Son sus padres? – Preguntó curiosa la sensei – y ¿Por qué no le preguntaste a Mio-chan?

-¿Mio? No se puede, sus papás están en casa, me odiarían, son demasiado sobre protectores.

-¿y Mugi? – preguntó una vez más.

-bueno… es que ella…ya me a ayudado demasiado… no quiero seguir molestándola… - Ritsu bajó la mirada, su semblante era decaído y Sawako lo notaba.

-¿pasó algo malo? – preguntó con curiosidad.

-no… nada… no pasó nada… y ese es el problema… - contestó Ritsu musitando esto último. La sensei miraba al castaño con cierta compasión, pues se notaba deprimido al hablar de Mugi. Sawako no tenía pisca alguna de torpeza, y había pasado por tantos desamores, que podía entender lo que posiblemente pasaba.

-¿ella te gusta? – preguntó directamente, odiaba darle vuelta a los asuntos. El castaño se sobresaltó ante la pregunta pensando "¿Cómo lo supo?"

-¿Qué? – preguntó incrédulo y sorprendido.

-estás triste ¿es por ella? – preguntó una vez más Sawako con una sonrisa ladina.

-no… bueno… yo… no sé… - contestó el castaño tratando de negar lo que era evidente.

-mira Ricchan, por lo que sé, estás saliendo con Mio-chan, pero ¿eso es lo que realmente quieres? A veces hay que complacer al corazón y no a la mente – la sensei sonrió amablemente. Ritsu sabía a la perfección lo que quería y lo sabía desde siempre ¿Por qué tenían que recalcárselo cuando estaba tratando de resolver sus problemas? Pensaba que para Sawako era tan fácil decirlo, pues ya tenía un trabajo y una profesión, quizá no un enamorado pero siendo linda podría encontrarlo si se lo proponía ¿Quién era ella para remarcarle lo que más de dolía? ¿Acaso no sabía qué era lo que más añoraba? Ritsu realmente añoraba decirle a la rubia que la amaba y que no había espacio para nadie más en su corazón para ella, aquellas palabras le causaron ira, pues pensaba que era muy fácil hablar – te daré alojo Ricchan, solo porque sé que me harás un favor igualmente – finalmente la sensei accedió a la petición del castaño quien estaba a punto de rechazar a la profesora por enojo, pero sabía que lo necesitaba, así que lo aceptó sin más.

-gracias Sawa-chan… creo que…debería irme.

- te veo aquí mismo con tus cosas a las cinco para llevarte a mi departamento, trata de no demorar – sentó finalmente la mayor y Ritsu asintió para luego salir del lugar.

El ojiambar salió cabizbajo del lugar, caminaba recordando aquellas palabras de su sensei que aun le disgustaban y causaban frustración.

-complacer al corazón y no a la mente… - musitó para sí misma con la mirada fija al suelo y las manos dentro de sus bolsillos presionando sus puños de impotencia al no poder hacer nada y ser una cobarde al no decirle a la rubia sus verdaderos sentimientos… realmente se detestaba.

El ojiambar se detuvo en un parque del lugar para sentarse en un columpio, donde recordaba el primer momento que conoció a Mugi y como aquella sonrisa suya iluminó su vida, como aquellos ojos azules como el cielo le devolvió el sentido y despertaron aquel sentimiento primordial… el amor… y recordaba como ahora tenía que alejarse de su verdadera felicidad. Tratando de contener el llanto que tanto había ahogado en su interior, cerraba sus ojos con fuerza para que ninguna lágrima rodara… pero fue inútil, estas comenzaron a brotar sin aviso. Ritsu dejaba correr el llanto y entre sollozos se maldecía en sus adentros por no poder hacer lo correcto y decirle a Mugi lo que le hacía sentir.

A lo lejos de donde estaba el castaño desahogando sus penas, se veía la silueta de cierta pelinegra que se acercaba a sus espaldas reconociéndolo en aquel columpio.

-¿Ritsu- senpai? – habló dudosa la gatita a las espaldas del joven, quien no se dio cuenta de que alguien se acercaba a él. -¡Ritsu-senpai! Qué sorpresa verlo… aquí… - la gatita se presencio de que su senpai lloraba amargamente, quien hasta ese entonces se dio cuenta de que tenía compañía.

-¡¿Azusa?! – Ritsu se limpió las lágrimas rápidamente, para así esconder sus ojos irritados.

-¡Ritsu-senpai! ¿Estás bien? – preguntó la gatita sentándose en el columpio continuo.

-sí, gracias no te preocupes no es nada - contestó el ojiambar limpiándose las lágrimas. Azusa guardó silencio preguntándose el porqué del llanto de Ritsu.

-¿ha pasado algo con Mio-senpai? – preguntó la kohai una vez más preocupada por el castaño. Ritsu negó con la cabeza. -si quiere… puede contarme – la gatita tomó una mano del castaño para que éste se desahogara. Ritsu trataba de seguir conteniendo el llanto.

-¿es Mugi-senpai? – preguntó casi segura de que podía ser eso, pues a diferencia de las demás, incluso de la misma Mugi, la kohai sabía sobre los sentimientos de Ritsu hacia ésta.

-¿Cómo sabes eso? – preguntó Ritsu con tranquilidad, pues suponía que al parecer todo mundo se daba cuenta de lo que sentía por la rubia, además de que estaba consciente de que Azusa lo supo desde antes.

-pues digamos que me ah quedado claro… - contestó serena la kohai.

-pues sí… es ella – harta de negarlo, prefirió desahogarlo – es ella, soy yo, es ¡esto! – Señaló su cuerpo refiriéndose a su problema – es mi cobardía y todo… ¿Quién diría que al final tu serías mi confidente? – Ritsu soltó una sonrisa irónica – hace un rato hablé con Sawa-chan, dijo que debía complacer al corazón y no la mente pero ¿Cómo podría hacerlo si ella no me ama a mí? Sabes Azusa… yo la quiero en realidad, la amo desde el primer día en que la conocí y contemplé su belleza y personalidad, amo cada parte de ella por dentro y fuera, y quisiera decirle todo lo que siento, este maldito amor me está consumiendo, últimamente dejará de importarme lo que digan los demás porque soy una chica igual que ella… pero no me importaría vivir bajo prejuicios si ella me correspondiera, no me importaría dejar todo si ella estuviese a mi lado… sin tan solo me amara como yo la amo… - Ritsu sintió que el llanto ascendía una vez más, solo que ésta vez no lo ocultó a los ojos de la gatita, quien le compadecía por su sufrimiento, simplemente lo dejó correr con el anhelo de desahogarse.

-pero Ritsu-senpai, si usted en realidad la ama… creo que debería intentarlo, nunca está de más ser sincero con uno mismo, además de que Mugi-senpai es muy comprensiva, aunque no resulten las cosas por lo menos podría desahogarse y hacérselo saber – Azusa trataba de animar a la baterista quien lloraba aferrándose de las cadenas que sostenían el columpio.

-lo eh pensado… pero soy cobarde – contestó Ritsu entre sollozos – además de que Mio ya lo hace, con Mugi tendría que arriesgarme y si no me ama… que eso me ah quedado claro… no lo sé… tampoco quisiera arruinar nuestra amistad… a veces creo que es mejor ir por lo seguro que arriesgar – finalizó Ritsu limpiándose los ojos.

-pero el que no arriesga no gana y el valiente siempre tiene más de una oportunidad – aquellas palabras resonaron en la mente de la baterista, quien le miró con atención sin decir nada – lo que quiero decir es que, a veces queremos engañar a los demás para convencernos a nosotros mismos de que arriesgarnos no vale la pena; sin embargo… dejarnos llevar por suposiciones solo nos engaña a nosotros realmente – Azusa le sonrió tiernamente al castaño quien le escuchaba con atención, Azusa realmente era sabia y madura. Ritsu bajó la mirada y sonrió levemente.

-gracias… Azusa, eres más sabia que yo… aunque – Ritsu se levantó de aquel columpio mirando hacia el cielo – creo que ni toda la sabiduría del mundo me ayudaría en estos momentos… te veo el lunes – el ojiambar comenzó a caminar alejándose del lugar con la mente llena de pensamientos negativos, la gatita solo le miraba alejarse con nostalgia.

Ritsu caminó y caminó pensando en aquellas palabras que Azusa había dicho sobre arriesgar. Pateaba una piedrita en el camino con las manos dentro de su sudadera mientras meditaba si era buena idea hacerle caso a su corazón o seguir con lo que le dictaba su mente. Gruño de frustración y decidió pensarlo después, por el momento se esforzaría por entregarle su corazón a Mio, pues el saber que Mugi le confesó su amor por Yui, le hacía recaer en el lema de que no valía la pena arriesgarse por algo que ni siquiera le daba esperanzas. Finalmente optó por regresar a la mansión de los Kotobuki y encerrarse en su habitación para acomodar sus pocas pertenencias y luego irse al departamento de Sawako como había quedado con la sensei. Para su regreso a la mansión Kotobuki, la rubia ya había regresado topándosela en el jardín donde el ojiambar bajó para despejar su mente, por desgracia la presencia de la rubia le hacía mal.

-hola Mugi, veo que ya regresaste – saludó el castaño para congeniar.

-lo mismo digo, me dijeron que saliste temprano – contestó la rubia sentándose en el pie de un árbol donde el castaño estaba sentado.

-ah sí, es que fui a hablar con Sawa-chan, me quedaré unos días en su departamento mientras pienso… en esto – el tono de voz de Ritsu era nostálgico, pero en su rostro se pintaba una sonrisa que ocultaba su tristeza, Mugi podía notarlo, pues ella también se forzaba para aparentar que no pasaba nada, igual le dolía toda aquella situación y más aun… ambas desconocían que sufrían por lo mismo.

-ya veo ¿así que Sawa-chan? No creo que haya tanto problema, a menos que sus padres vivan con ella – Mugi trató de bromear para poder relajar el ambiente, Ritsu soltó una risita.

-no creo que eso pase, sus padres no viven con ella, eso lo sé – contestó Ritsu dirigiéndole la mirada con ternura. Mugi amaba esa vista, se preguntaba ¿hacia cuanto Ritsu no le miraba así? Puesto que desde que se volvió novia de Mio, ambas estaban distanciadas y parecía que algo le hacía sufrir, lo cual preguntó sin pensarlo dos veces, moría de intriga.

-Ricchan… últimamente te noto… distraída y… decaída… ¿estás bien? – preguntó la rubia preocupada por el estado de ánimo del ojiambar.

-si… lo estoy. Es solo que… - Ritsu recordó las palabras de Azusa ¿este era el momento? ¡Sí! Este era el momento preciso para decirle a Mugi sobre su aflicción – Mugi yo… tengo algo que decirte – Ritsu juntó todas las agallas que poseía decidida a confrontar la realidad y declararle sus sentimientos a la tecladista – hace tiempo que yo quería decirte que en realidad estoy_

-señorita Tsumugi, sus padres le llaman por teléfono – el mayordomo interrumpió a Ritsu antes de que pudiese terminar de hablar, Mugi le regresó a ver y el ojiambar finalmente soltó un bufido cansino, pues justo cuando estaba a punto de decirle a Mugi lo que sentía, el señor aquel llegó a arruinar la atmosfera.

-diles que en un momento les devuelvo la llamada, gracias – Mugi agradeció y el mayordomo se retiró del lugar – disculpa Ricchan ¿me decías? – preguntó la rubia para retomar el tema, pero la castaña ya estaba desanimada.

-no era nada bueno… yo te quería decir que… me voy a las cinco para ver a Sawako-sensei – Ritsu finalmente no se animó a confesarle su amor a la tecladista, y ambas, un tanto desilusionadas, guardaron silencio. La tecladista por un momento pensó que Ritsu podría decirle que la quería, pero sus esperanzas porque eso pasara se vinieron abajo luego de que el ojiambar cambiara el tema, era oficial, Ritsu no sentía nada por ella, definitivamente tendría que alejarse de la castaña.

-bueno, iré a llamar a mis padres, me avisas… cuando vayas a salir… - la tecladista bajó la mirada para así levantarse del pasto e irse a devolver la llamada. Ritsu esperó a que Mugi se alejara lo suficiente y pronto comenzó a desahogar su intento frustrado por finalmente decirle la verdad a la ojiazul.

-¡ah! ¡No! ¡Maldición de las maldiciones malnacidamente malditas! – exclamó con ira y tirando de sus cabellos mientras pataleaba sobre el pasto.

-¿joven? ¿Le pasa algo? – preguntó el jardinero de los Kotobuki con cierta intriga al ver los berrinches del castaño.

-¿eh? ah… no… jeje son las… esporas y polen de las… plantas… ¡me dan alergia! – Contestó con nerviosismo mientras acariciaba el pasto, el jardinero le miraba con la ceja arqueada no muy convencido – bueno… ¡me voy! – Ritsu se levantó rápidamente del suelo y corrió hacia su habitación.

Ya era casi la hora de que el castaño se fuese con la sensei. Acomodaba sus cosas mientras veía a su alrededor para recordar siempre aquella habitación, pues más que ser un lujo, era la casa de la rubia, aquella rubia que le había robado el corazón y quien había puesto su mundo de cabeza. Tomó su mochila con la misma que había llegado, y dejando atrás toda esperanza por hacerle saber a Mugi lo que sentía, salió de su habitación, buscando a la rubia en la suya. Mugi estaba hablando por teléfono, no quiso entrar e interrumpir porque la rubia parecía centrada en la conversación, pero con la puerta entre abierta y su curiosidad a flote, decidió esperar a fuera de la puerta tan solo para escuchar que decía. Al parecer la tecladista hablaba con sus progenitores, pues decía mucho "si papá" "si mamá" Ritsu supuso que no sería nada malo, pues desde que llegó a la mansión no había visto la presencia de los señores Kotobuki, suponía que llamaban para saber cómo estaba su hija.

El ojiambar esperó paciente fuera de la habitación de la rubia, de vez en cuando ponía atención a la conversación de la tecladista, y éste hablaba de cómo le iba en la escuela y cosas así, hasta que comenzó a hablar de la graduación y de lo que haría en la universidad, Ritsu postró toda su atención.

-si padre, estoy segura de que es lo que quiero – hablaba Mugi, pero Ritsu no sabía que le decía el padre – no papá, mamá sabe que me puedo graduar allá, de cualquier manera mis notas son buenas – Ritsu sintió un frio en el estómago Mugi estaba hablando de graduarse ¿en otro lado? – sí, ya lo eh pensado, estoy segura de que quiero irme con ustedes, solo denme ésta semana para pasar los exámenes, la escuela puede mandar los documentos después – era oficial, Mugi estaba planeando irse, Ritsu sintió una desesperación enorme – sí, yo les llamo el viernes en la mañana, comparé los boletos de una vez, los quiero – Mugi colgó el teléfono y Ritsu retrocedió rápidamente chocando con florero de cerca, el cual no se cayó pero hizo ruido llamando así la atención de la rubia, quien se asomó a la puerta.

-Ricchan – habló topándose con el ojiambar en la puerta - ¿Qué haces?

-etto… yo… yo ya me iba… - contestó el ojiambar con nerviosismo dejando el jarrón sobre la mesa.

-ah, eso veo – Mugi se dio cuenta por la mochila del ojiambar.

-bueno…. Creo que entonces… me voy…aunque quería agradecerte p-por todo… no sabes cuánto lo agradezco… nunca podría pagarte… pero espero tenerte mucho tiempo a mi lado… para demostrarte cuan agradecida estoy… Mugi… - Ritsu había descubierto el plan de Mugi. En efecto, la tecladista pensaba dejar Japón, no sabía hasta cuando, pero tenía el presentimiento de que la tecladista no volvería.

-no te preocupes Ricchan… no es nada, no tienes nada que pagarme – Mugi sonrió amablemente y la mirada de Ritsu gritaba "¡no te vayas!" y así le devolvió la sonrisa a la tecladista. Mugi se acercó al castaño y le dio un fraternal abrazo, Ritsu estaba estática, en sí estaba feliz por recibir el abrazo de la tecladista pero por dentro sentía que era de los últimos en recibir. El ojiambar correspondió al abrazo de la rubia, ambas sentían el tibio calor del cuerpo contrario mientras aspiraban sus aromas, el castaño deseaba decirle a Mugi que no se fuera, aquel presentimiento negativo le estaba matando y se castigaba a sí misma como merecido divino por su cobardía. En cuanto Mugi rogaba al cielo que Ritsu dijera algo, una pista una señal para saber que la baterista sentía algo por ella… Ritsu no dijo nada y la rubia deshizo el abrazo.

-entonces… te veo el lunes – Ritsu sonrió ladina y la tecladista asintió. El castaño comenzó a bajar las escaleras rumbo a la salida de la mansión. Se despidió del mayordomo y algunos empleados a su paso hasta que finalmente abandonó la gran casa. Ritsu dio una última mirada a la casa de la rubia con melancolía en su mirar y el corazón en gajos sobre su mano, sintiendo como el alma se le desgarraba por dentro y aquella impotencia de no poder hacer nada le venía como vómito sentimental. Quería llorar, quería regresar corriendo para declararle a Mugi lo que sentía no quería que la rubia se fuera sin antes decirle que la amaba… simplemente no quería que se fuera de su lado…. Pero la cobardía le fue más grande y se marchó.

Mugi veía desde la ventana de su alcoba como el castaño se alejaba de la mansión y añoraba desde lo más remoto de su alma bajar las escaleras y decirle el famoso "no te vayas aun, yo te amo" pero no podía, por moral no podía interponerse entre la relación del castaño y la bajista, de ante mano sabía que eso dañaría su amistad, y Ritsu no mostraba indicios de sentir algo más que amistad por ella. así que se limitó a dejarlo partir.

-será lo mejor… Ricchan… - musitó la tecladista para darse vuelta y salir de la habitación – al aeropuerto por favor – la tecladista abordó una de sus tantas limusinas para ir en busca de su boleto de viaje.

NOTAS FINALES: ¡jojo! Me again :) espero que les haya gustado éste cap. No se molesten pero les aviso que su final está a dos capítulos jojo quizá uno… ¿mmmh? Bueno como sea, espero que les haya gustado mucho y si no pues… TTwTT lloraré

Ya saben que espero sus bellos REVIEWS que son lo que me motivan a seguir con esta loca historia jeje, bueno sin más que decir me despido.

¡AAAh! Contestaré los reviews aquí, soy medio floja como para andar buscando usuario por usuario ¡Daaah!

*Lemon, han estado pidiéndolo pero… la verdad no soy muy buena escribiéndolo :/ así que creo que no habrá, al menos con Mio, quiero que haya integridad por el personaje, puesto que esto es un MugiTsu.

*Referente a si cambiaré de parecer para que deje de ser un MugiTsu y sea un MiTsu, la respuesta es no xD leí por ahí que odian el mitsu, yo no lo hago pero tampoco me gusta :/ no mucho…

*por favor no me golpeen D:

Bueno creo que esos son los puntos principales… el Yuri es complicado xDDDDD por eso me gusta wuh! Ok ya me largo

:D

D:

C:

:C