"La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces"
Jean Jacques Rousseau
Tal vez el problema eran él y sus estúpidas preguntas.
-Es su turno de preguntar –dijo de pronto. Si el problema era él, entonces que ella eligiera de qué hablar.
-¿Qué podría preguntarle?
-Cualquier cosa –la animó Shaoran.
-Pues yo…
-Prometo responder, sea lo que sea –dijo esto con la mano derecha a lo alto.
La mujer dudó un poco pero el príncipe pudo casi percibir el momento en el que la joven pensó en su pregunta.
-Adelante –la incitó, y ella, como guiada por esas palabras, hizo la pregunta:
-¿Por qué escapa del castillo?...
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8. El viaje
Su primer impulso fue soltar una risotada. Pues se había puesto en bandeja de plata ante la adivina, ¡en ningún momento se imaginó que haría esa clase de pregunta! Y ahora sólo podía reírse de sí mismo y contestar. Lo había prometido y lo haría. Sin embargo, no todo eran malas noticias y metidas de pata, porque gracias a eso se daba cuenta que además de tener que responder a su pregunta, ella ya le había respondido una a él.
Sí, ahora se daba cuenta que también podía saber aquellas cosas que Touya hablara con el Oráculo, todas esas conversaciones que aparentemente mantenían y que no tenían nada que ver con premoniciones… Pero antes de buscar esa información, tenía que responderle a la mujer, y lo habría hecho en ese instante si no fuera porque la joven se adelantó a hablar después de escuchar su risa.
-Discúlpeme, alteza –bajó la cabeza para mostrar su arrepentimiento-, no debí hacer esa pregunta… fue una grosería de mi parte.
-No se disculpe, prometí responder–. Se reclinó hacía atrás en la silla y desvió la mirada, como si estuviera pensando bien su respuesta-. ¿Por qué escapo del catillo fue la pregunta? , pues bien, Lord Yukito… -comenzó-, el Consejero de Touya, cree fervientemente que es una manera de sobrellevar la muerte de mi padre; en todo caso eso supondría que soy bastante lento para afrontar la pérdida ¿no lo cree? –río -. Touya, mi querido hermano, cree que lo hago sólo por molestarlo, por rebelarme en su contra de todo modo posible. Claro, Touya pensando en sí mismo como la causa principal en las acciones de todas las personas, como siempre –suspiró-. Mi amigo Yorito, en cambio, piensa sencillamente que escapo sólo por puro aburrimiento, por diversión; ¿quién me falta…? ¡Los nobles claro! los nobles que están enterados de la situación y empleados del castillo, posiblemente piensen, que estoy completamente loco.
Ella lo miró intrigada. El no agregó nada más.
-¿Y cuál es la verdad? –se atrevió el Oráculo a preguntar al fin, pues todo ese parlamento era todo menos una respuesta.
Shaoran se encogió de hombros.
-Todas en algún momento.
-¿Inclusive la teoría de la locura? –indagó esta vez con diversión.
-Inclusive esa –confirmó él sonriendo, pero la sonrisa se borró y su mirada se endureció un poco-. Sí, todas en algún momento. Pero ahora…, creo que ni siquiera yo lo sé. La costumbre, tal vez.
-Cuando se escabulle… ¿Va a ese lugar al que me llevó hoy?
Ahora bien, esta era una pregunta interesante. Como bien podía haber sido formulada por la más sincera curiosidad, también era posible que se generara con el fin de contarle después a Touya.
-No. Voy al pueblo.
Al diablo con Touya.
-¡Al pueblo! –repitió ella con emoción.
-Vagabundeo por unos días y después regreso. Como ya vio, la salida y entrada es fácil y segura.
-¿Y si le pasara algo en el camino?
-Si algo pasara… creo que Touya tendría una molestia menos que enfrentar.
-Oh, pero el rey no piensa que sea usted una molestia –le contradijo con seguridad.
Shaoran levantó una ceja.
-¿Y qué es lo que piensa realmente mi hermano?
Ella abrió la boca para contestar. Sin embargo, y a pesar de su soledad y casi nulo trato con las personas, la mujer no era nada tonta, se dio cuenta de lo que estaba haciendo, le guardaba al príncipe el secreto de sus visitas frente a Touya, pero estaba a punto de soltar la lengua con respecto a los pensamientos del rey.
Estaba siendo fiel a uno y traicionando al otro, y no sabía si su fidelidad estaba encaminada a la persona correcta.
Respiró hondo y decidió ser sincera.
-Creo que no debería decirle… el rey confía en mí. Confía en que lo que me dice no saldrá de estas paredes.
-Y no saldrá –afirmó el príncipe-, no se lo diré a nadie más.
-De eso estoy segura, pero haciendo esto estamos dejando al pobre rey en una clara desventaja. A él no le he dicho de sus visitas.
-¿La ha visitado recientemente? –preguntó.
Ella asintió sonriente.
-Si claro, me trajo pinturas.
Shaoran abrió los ojos con asombro.
-¿Usted pinta?
-Un poco -asintió con el rostro rojo-, algo debo hacer para entretenerme.
-Creí que los libros que le traía servirían de algo.
-¡Pero claro! –y lo aseguró con tal firmeza, que el príncipe no pudo dudarlo-. Cuando leo esos libros, imagino que en algún lugar de este país, o de este mundo… puede haber alguien que tal vez está pasando por algo parecido al relato, y eso me hace sentir como si fuera una persona… normal.
Shaoran trató por todos los medios de no verla con lástima, una vez más se daba cuenta de lo injusta que era la existencia de la mujer.
-¿Y con los lienzos? –Intentó cambiar de tema-. Qué es lo que pinta si no… -se interrumpió aunque aparentemente no a tiempo.
-¿Qué pinto si no puedo salir a ver paisajes nuevos?
Shaoran hizo una mueca.
-Lo siento, no era mi intención insultarla.
Sakura levantó ambas cejas en un gesto de asombro.
-Eso no fue un insulto –sonrió-. He pintado los jardines, el castillo, a mí misma, al rey…
-¿A Touya?
-¿Eso le sorprende?
-No, claro que no.
Y era cierto, no le sorprendió, simplemente le molestó.
Sí, estaba molesto. Le molestaba saber que esa linda sonrisa no se dibujaba solo para él cada que llegaba con un libro nuevo bajo el brazo, le molestaba que Touya se ocupara en llevar lienzos y pinturas a la vidente para hacer sus días más llevaderos, le molestaba saber que él no era el único al que ella le debía su gratitud, le molestaba que Touya fuera un pieza tan importante en la vida del Oráculo, le molestaba que su hermano y la vidente contaran con años de visitas, de conversaciones, de secretos compartidos… pero sobre todas esas cosas, le molestaba darse cuenta que Touya podía ser una buena persona.
Trató de serenarse antes de empezar a actuar como un idiota.
-Ahora veo que le gusta ejercitar la imaginación –dijo lo más tranquilo que pudo-. Tal vez la próxima vez deba obsequiarle algo de tinta y papel. A menos que disfrute más de los trazos que de las letras.
Si no fuera el solitario Oráculo, si ella fuera alguien que se frecuentara con más personas, si tan sólo fuera un poco más diestra en las relaciones humanas y notara esos pequeños detalles que al príncipe se le escapaba ocultar; Sakura se habría dado cuenta que el último comentario del príncipe no se refería precisamente a la pintura y escritura, claro que no, sino que hablaba del rey y él.
Así que cuando le respondió "nunca he probado con la escritura", no entendió por qué el príncipe de pronto soltó una ligera risa.
-Debería de probar –su sonrisa se ensanchó-, tal vez le guste más.
La conversación terminó con eso y Shaoran decidió que ya era hora de llevarla a sus habitaciones, así lo hizo sin ningún percance digno de mención, salvo el beso sobre la mano que le dio al despedirse de ella.
-Es usted una dama hermosa –dijo-, sería una lástima que sus rodillas resintieran tanta reverencia sin sentido. Déjeme al menos ese trabajo.
Y se fue sin más. Durante todo lo que quedaba del día y su noche, Sakura no pudo dejar de sonreír.
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Si entre los planes de Touya se encontraba el volverlo loco de tanta espera, entonces estaba teniendo un rotundo éxito. Y no es que Shaoran se quejara del aplazamiento en cuanto a su comienzo como noble responsable, claro que no. ¡Qué más quisiera él que continuar con su conveniente y cómodo estilo de vida!
Lo que le tenía molesto e impaciente, era la incertidumbre de no saber lo que su hermano le tenía preparado. Pues un hecho era que Shaoran estaba enteramente en sus manos (como nunca antes lo había estado) y Touya podía fácilmente tomar venganza por todos estos años de desinterés y antipatía que con tanta insistencia le había demostrado. Tal vez por eso mismo el príncipe no hacía nada por presionar al rey en cuanto a terminar la espera y comunicarle su decisión de una buena vez, sabía que Touya merecía desquitarse de alguna manera, y recordar eso de vez en cuando, le brindaba el mejor medio para tranquilizarse por unos días más. Sin embargo, el rey se tomó tanto tiempo que el día en que Shaoran dejó de estar a la expectativa, fue cuando apareció Yumi con una carta firmada por su hermano y el sello real adherido.
-Ya era hora –renegó Shaoran rompiendo el sello y desdoblando el papel-. Incluso el invierno llegó antes que la misiva.
En dicha carta venía escrita una fecha, una hora y un lugar, que no era nada menos que las puertas del castillo.
-¿Qué demonios significa esto?
Yumi levantó la mirada para darse cuenta que el príncipe le estaba haciendo esa pregunta a ella, y supo que la cosa era así, porque le estaba tendiendo el papel para que ella lo leyera. Estiró la mano un poco temblorosa, pues era la primera vez que el príncipe le confiaba algo relacionado con su hermano… algo tan personal.
-Si a usted le place, puedo volver con el rey y pedirle que aclare sus instrucciones –dijo al terminar de leer las pocas letras del papel, para después devolvérselo a su príncipe.
Shaoran lo sostuvo un segundo antes de arrojarlo al suelo, no con enojo, sino con un poco de molestia.
-Déjalo así –dijo acercándose al calor de la chimenea-. La fecha es mañana, pronto sabré de lo que se trata…
Con todo y hastío, Shaoran se levantó al día siguiente con todas sus suposiciones encaminadas a que Touya le asignaría una actividad no menor a la de alimentar caballos, y a pesar de que nada de eso le emocionaba en absoluto, de todos modos salió limpio, bien vestido y abrigado, Estaba decidido a no darle a su hermano ningún motivo para echarle en cara su falta de entusiasmo con respecto a la tarea encomendada, fuese cual fuese. Al fin y al cabo, se suponía que Shaoran hacía todo esto por voluntad propia y guiado únicamente por los más nobles deseos de reencaminar su vida y comportamiento. Sin embargo, Yumi frenó sus desalentadores pensamientos al comunicarle que un carruaje lo esperaba.
Y así fue como el príncipe se vio de un momento a otro sentado sobre el carruaje real. Sí, esta vez todo aquel que viera pasar ese coche por las calles, sabría que el hombre dentro era el príncipe. Sólo esperaba que si alcanzaban a verlo por esa pequeña ventana, nadie lo reconociera bajo el nombre de "Haru".
De todos modos no quiso tomar riesgos y levantó la solapa de su capa para que le cubriera la barbilla y parte de los pómulos.
El viaje no tenía demasiado cuando Shaoran comenzó a darse cuenta que la cosa no era tan mala. Incluso comenzó a parecerle algo graciosa la cara de las personas en las frías calles, asombradas al ver su carro pasar frente a sus narices, eso, hasta que empezó a darse cuenta que ya habían atravesado la mitad de la ciudad y los caballos no se detenían. Seguían, seguían y seguían, y con el andar de los equinos, la diversión de ver el asombro en los rostros de esos idiotas dejó de hacerle la misma gracia que en un principio. La gracia se transformó finalmente en consternación cuando se dio cuenta que llegaban a las puertas de la ciudad, y definitivamente todo comenzó a fastidiarle cuando vio que las puertas se abrían y el carruaje pasaba de largo.
Tan solo pudo ver cómo se cerraban detrás de él con un gran sonido aplastante, y, sabiendo que no había razón lógica para hacerlo, de todos modos sintió molestia hacia Yorito, por el simple hecho de ser hijo del Conde, persona que se encargaba de saber quién entraba y salía por esas mismas puertas.
Llegados a este punto, se preguntó si Yorito no estaría enterado de este pequeño viaje, y le encantaría saber el motivo por el cual no se le ocurrió mencionárselo con anterioridad.
-Qué importancia tiene si ya nada puede hacerse –se dijo derrotado-, al menos la vista es buena.
Ese fue sin duda, un buen consuelo, hasta que los árboles y caminos de piedra dejaron de llamar su atención, y hasta que pasadas más de cinco horas seguían sin arribar a ningún lado.
-¡Maldición nunca antes había estado tanto tiempo en uno de estos malditos coches! –se puso de pie (todo lo que la altura del carro le permitía) y sacó la cabeza por la ventana- ¡Hey! ¡Detente!
Cuando el coche se detuvo el príncipe pudo finalmente descender, sentir el viento frío y estirar los brazos y piernas, parecía que no caminaba desde hacía años enteros, por lo que decidió dar una vuelta por ahí incluso estando consciente de que no había más que el camino y árboles a su alrededor. Cuando comenzó a adentrarse entre estos últimos, lo primero que pensó fue que el cochero lo detendría, sin embargo eso no sucedió, pues cuando giró la cabeza hacia atrás, vio que el hombre se había quedado al lado de los animales y ahora les estaba dando algo de beber. Shaoran se preguntó cuánto tiempo más habría tardado el hombre en darles ésta atención a los caballos si él no le hubiera ordenado detenerse.
Miró hacia el cielo y notó que aunque el sol todavía estaba en una buena posición, dentro de unas horas oscurecería y con eso reafirmaba la ya no tan descabellada idea de que pasaría una buena temporada fuera del castillo. Desde ahí echó un vistazo a la parte trasera del carruaje y alcanzó a notar unos baúles.
-Lo primero que hiciste fue deshacerte de mí, Touya maldito infeliz.
Pero su disgusto llegó a su máximo nivel cuando al regresar al coche y emprender el camino una vez más, se detuvieron en la posada de un pueblecito, lo que significaba que sólo se trataba de una parada momentánea y el viaje seguiría al día siguiente. Apenas y puso un pie en el suelo, más de diez personas lo rodearon ofreciéndole comida, agua, abrigo y descanso. Era obvio que ya lo esperaban y eso, si es posible, lo disgustó todavía más.
-Estas personas no olvidarán mi rostro –pensó cuando estuvo finalmente instalado en una habitación-. Al diablo –dijo esta vez en voz alta-, ¿a quién le importa ya?
Pero lo más importante no era eso, sino la duda de no saber a dónde se dirigía; y peor aún, el darse cuenta que ni siquiera una palabra de adiós había intercambiado con el Oráculo. Sólo Touya sabía cuánto tiempo duraría fuera del castillo…
Como bien había predicho, al día siguiente salieron temprano, esta vez Shaoran se aseguró de no dejar pasar demasiado tiempo antes de tomar un descanso a la orilla del camino, y sin darse cuenta, se creó una extraña mecánica cada que paraban los caballos. Él se iba a estirar las piernas y el cochero atendía a los animales, además que cada que volvía de su ¿paseo?, Shaoran encontraba siempre algún alimento dentro del coche, listo para él.
Era curioso, la forma en la que el hombre que lo acompañaba se las ingeniaba para no hablar con él, y cuando lo pensó bien, ni siquiera lo había visto una sola vez a la cara, pues siempre traía puesta una larga capa de viaje y un sombrero de ala ancha que hundía su rostro en las sombras. Tanto misterio le habría molestado o encendido su curiosidad, si no fuera porque él mismo era una persona algo reservada y le importaba bien poco hablar o no con ese sujeto.
Al anochecer de ese día volvieron a dormir en una posada, no llegaron a su verdadero destino sino hasta el día siguiente cerca del atardecer. Se trataba de una imponente fuerte y teniendo en cuenta que siempre habían viajado al este, estaba seguro que se encontraban en la Fortaleza Dulbar, pero por más que intentó, no pudo recordar el nombre de quién llevaba el mando en este lugar.
Al bajar del coche, un guardia ataviado con una gruesa cota de malla ya lo esperaba.
La obligatoria reverencia no se hizo esperar.
-Si me hace el favor de seguirme, alteza–dijo con su cara aun orientada al suelo.
-Por supuesto –contestó Shaoran con un entusiasmo y contento para él supuestamente fingidos. Y se hace hincapié en el "supuestamente" porque después de tanto misterio, le daba algo de curiosidad saber qué era lo que haría en ese lugar.
El hombre lo guio hasta un estudio rico en libros y armas empotradas en las paredes, y en el centro, detrás de un escritorio y sentado sobre una silla alta, se encontraba nadie más que el general Ruhl.
-Bienvenido príncipe –se puso de pie-. Veo que llegó en un buen tiempo. Lo esperábamos mañana por la mañana.
Shaoran sonrió y dio una cabeceada de asentimiento, tratando en todo lo posible de no sacar el gemido de lamentación que se le atoraba en la garganta, pues el general Ruhl entraba en el grupo de quienes lo juzgaban como el hermano zángano e inútil del rey.
-Gracias Touya –pensó disgustado.
-¿Y bien, príncipe? –Comenzó a decir el general-, si me explica lo que sucede, todo será más fácil para ambos.
Shaoran alzó una ceja ¿explicar? ¡Él era la persona menos indicada para explicar lo que sucedía!
-El rey me ha enviado con usted –dijo-. Es todo lo que sé.
-Sí, sí, eso está claro –hizo un ademán de manos restándole importancia-. Lo que quiero saber es la razón por la que usted siguió tales órdenes. No es un secreto su falta de interés hacia este país.
En un principio Shaoran quedó anonadado, nadie antes se había atrevido a hablarle de esa manera (o al menos las personas que lo conocían como príncipe) tan desconcertado estaba que por poco y baja la mirada, sin embargo, su orgullo y arrogancia natos lo detuvieron a tiempo y en cambio echó los hombros atrás y levantó la barbilla.
-Esa es una decisión del rey y mía. Haga el favor de dejar de hacer preguntas de las cuales la respuesta no le incumbe y confórmese con seguir las órdenes que se le dan.
Shaoran pudo notar a la perfección el momento en el que el general contuvo la respiración de la cólera, al mismo tiempo que sus ojos se desorbitaban y las aletas de la nariz se le hinchaban. Era obvio que no se esperaba esa respuesta, y ciertamente Shaoran tampoco tenía entre sus planes tener ese tipo de encuentros apenas llegando, pero casi con la misma rapidez que llegó la furia al general, también se fue. Después de todo, no había llegado a ese puesto dejándose guiar por sentimientos tan impulsivos.
-Bien –dijo con una sonrisa-. Veo que no nos iremos con falsedades. Será una temporada interesante la que pase usted con nosotros. -Avanzó hacia la puerta e hizo una seña. Al momento siguiente un hombre acudía al llamado-. Lleva a su alteza a la habitación que le corresponde.
-Como ordene mi señor –dijo el hombre-, si me hace el favor de seguirme, alteza.
Shaoran se disponía a seguirlo y salir de una maldita vez de ese despacho del infierno pero la voz del general lo detuvo.
-Una última pregunta, príncipe. ¿Su escolta ha permanecido en las afueras? Sólo hemos recibido al cochero.
-Y es la única persona que recibirán además de mí. He viajado solo.
Y sin decir más, salió del lugar con la intensión de descansar del viaje, aunque al final sus intenciones quedaran de lado gracias a que se pasó toda la tarde y casi mitad de la noche pensando en la curiosa decisión de Touya de enviarlo por los caminos del reino sin escolta. Aceptaba que era algo que no se había preguntado en ningún momento de los dos días que duró su travesía, al fin y al cabo, era la primera vez que abandonaba la capital con florín de príncipe.
Mañana hablaría con ese cochero. Era hora de quitarle la timidez y hacerlo hablar de una buena vez.
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Apenas despuntando el sol ya estaba de pie, no quería iniciar con lo que el general le tenía preparado (fueses lo que fuese) sin antes hablar con el cochero. Así que se vistió, se echó agua a la cara y salió a los pasillos. Pronto se encontró con un criado.
-¡Oye tú! –Al escucharlo el aludido se acercó con rapidez-. Quiero que busques a mi cochero y le digas que lo espero en mis habitaciones. Rápido.
No esperó mucho tiempo cuando tocaron su puerta. Sonrió. Eso era bueno, no estaba acostumbrado a esperar mucho por las cosas que pedía y después de dar un seco "pase", un hombre de armadura entró a la habitación.
-Debe haber un error, pedí por el hombre que llegó conmigo ayer.
-Así es mi señor. Ese hombre soy yo.
Era alto, pero no demasiado, su cabello largo lo tenía atado a la nuca en una coleta simple, tal vez con la intención de no llamar la atención, pues era de un rubio excesivo, casi podría decirse que era completamente blanco, sus ojos igual de singulares, eran de un curioso azul celeste cercano a la tonalidad del hielo.
-¿Tu nombre?
-Yue.
-¿Profesión?
-Caballero, formo parte de la escolta personal de su majestad.
-Tal vez quisiste decir "formaba".
-Mis disculpas -hizo una inclinación-, está usted en lo correcto. Ahora estoy a su servicio y bajo su mando.
-Significa que bajaste de rango al transferirte conmigo ¿no es así?
-En mis manos está la seguridad del príncipe, próximo heredero a la corona. Por lo que veo, he ascendido.
O era uno de esos tipos fieles extremistas que bien podían besar el suelo por el que Touya andaba, o era un excelente adulador.
Se encogió en hombros, ambas opciones le servían.
-¿Por qué Touya te envió sólo a ti? ¿Por qué no un grupo entero? Fueron casi tres días de camino, en el momento menos esperado pudo ocurrir cualquier cosa, sin mencionar que discretos no fuimos. Cualquiera que viera el coche sabía quién iba en él.
-Desconozco las razones del rey, alteza, discúlpeme.
Shaoran le creyó. Después de todo, Touya no necesitaba dar explicaciones a nadie, sin embargo, en los siguientes días se daría por enterado de cuáles eras las razones de su tan compacta escolta, y también se daría cuenta que Yue mintió aquel día, pues era imposible que el sujeto no supiera, o al menos intuyera, los motivos del rey.
Y es que el hombre era un excelso combatiente, Shaoran tuvo varias oportunidades de verlo pelear con varios de los hombres del general y les venció a todos con una facilidad aplastante. Él mismo no se atrevía a retarlo por miedo a quedar también en ridículo. ¡Y no sólo poseía ese don! Sus casi transparentes ojos azules tenían una visión envidiable por cualquier halcón, nada escapaba de su mirada. El príncipe tenía plena confianza que nadie sospechoso se acercaría a menos de cincuenta metros a su alrededor sin que antes Yue lo notara.
Otra gracia que tenía el albino, es que era silencioso como el viento, nada ni nadie podía escucharlo llegar o marcharse si el así lo quería, un buen par de sustos Shaoran ya se había llevado gracias a ello.
Y fue así que, al ir conociendo mejor a Yue como a sus habilidades, encontró por fin (o al menos así lo supuso) la respuesta a esa pregunta que no le contestó el día que se conocieron… trató de ponerse en lugar de Touya, seguro el rey pensó que si enviaba más hombres, éstos habrían venido sobrando desde un principio para Yue, además que tarde o temprano se convertirían en un estorbo para Shaoran, esto último claro, suponiendo que Touya lo conocía al menos un poco y estaba al tanto de esa parte en la personalidad del príncipe. Shaoran siempre había sido de los que preferían estar con la mínima cantidad de personas posible, y la serenidad de Yue le venía de perlas en ese aspecto.
Sólo por haber tenido la oportunidad de ver que existían sujetos como éste, Shaoran sentía que su viaje había valido de algo; reafirmó más este pensamiento cuando se dio cuenta que las tan afamadas responsabilidades que Touya no paraba de cacarearle cada vez que podía, resultaron no ser la gran cosa, o al menos así le parecían todas esas actividades que hacía a diario en la Fortaleza desde su llegada. Éstas se resumían en pasar hora tras hora detrás de Silas, el segundo al mando después de Ruhl, aprendiendo cada pormenor que requiriera el comando de una tropa. A la segunda semana de estadía en el lugar, cuando se suponía que estaba listo y había aprendido lo necesario, se le otorgó el mando de un pequeño grupo de nuevos reclutas. Jóvenes soldados que recientemente habían ingresado en la milicia y, por ende, eran enviados con Ruhl.
El general tomaba a los recién llegados y los convertía en perfectas armas de guerra. Y eso era lo que Shaoran tenía que hacer ahora con este grupo improvisado. Se "moría de ganas" por empezar, si es que el lector disculpa el sarcasmo, y aunque cierto era que el príncipe no detestaba la guerra (no era un pacifista o un gran defensor de la vida), tampoco le seducía la supuesta gloria que venía con ganar una batalla, además que Ruhl no era su persona favorita en ninguno de los casos y todo lo que tuviera que ver con el general y su trabajo le venía importando muy poco.
Siempre que se encontraban de casualidad en algún pasillo o el campo abierto, las miradas desdeñosas no se hacían esperar de ambos lados, y como ninguno de los dos hacía el mínimo esfuerzo por ocultar los pensamientos que tenía uno del otro, fue cuestión de tiempo para que los rumores empezaran a correr por la fortaleza.
Unos decían, por ejemplo, que el príncipe había llegado para tomar el puesto de Ruhl; otros, que el rey se había cansado de su hermano inútil y lo había enviado con un verdadero hombre que le enseñara lo que era el verdadero honor; otros más decían que ni general ni príncipe se detestaban realmente y que sólo era una ingeniosa fachada para conspirar en contra del rey sin que nadie sospechara nada.
Pero a pesar de tener que soportar chismes, miradas de odio por parte de Ruhl y pretender que gozaba estar a cargo de aquel grupo otorgado, Shaoran se iba acostumbrando a la rutina del lugar. Sus hombres fueron mejorando gradualmente como equipo con el pasar de las semanas y esas eran buenas noticias para todos. Para Ruhl, porque aceptaba que esos soldados no estarían menos preparados que los demás, y para Shaoran, porque esperaba que al "graduarse" sus hombres como soldados, él finalmente regresaría al Castillo principal.
Básicamente esa había sido su meta desde el mismo día que llegó al lugar. Era gracioso, como poco tiempo antes esperaba la mínima oportunidad para escapar de las conocidas paredes de roca, y ahora sólo ansiaba el momento del regreso, y todo esto sólo por saber qué era de aquella chica solitaria ahora que él no estaba.
Después de visitarla casi diariamente la última temporada que había pasado en el castillo antes de su viaje, pudo ver que la mirada serena y en ocasiones triste que nublaba sus lindos ojos verdes la empezaba a abandonar, sin embargo, ahora que la había dejado sola una vez más se preguntaba si esa tristeza había regresado.
Sin embargo no debía olvidar a Touya… ¿habría tenido suficiente tiempo libre estas semanas como para verla? ¿Para hacer sus días más llevaderos?
Estando lejos del castillo, lejos de ella, se daba cuenta que los celos que lo invadieron cuando supo de las "maravillosas pinturas" (según la misma vidente) que Touya le llevaba y que la hacían tan feliz, ya no le molestaban tanto, o al menos no ahora que la sabía sola en ese rincón oscuro del castillo. Lo importante ahora era que no regresara la soledad a su vida, que ya no sufriera de ese terrible silencio.
Pero además de eso, había otra cosa que se preguntaba con regularidad… ¿ella lo extrañaba? Es decir, estaba seguro que extrañaba sus visitas, después de todo su fuente de historias y libros había desaparecido de pronto y le gustaba pensar que el Oráculo lo echaba de menos por eso. Había sin embargo, algo que lo molestaba, que le incomodaba y que no lo dejaba tranquilo un solo día ¿ella lo extrañaba por ser él? Si Touya llegara cada día, uno tras otro, si no hubiera momento en que el corazón solitario de la chica se aburriera, si no estuviera sola, si no lo necesitara solo por libros e historias… ¿aun así lo extrañaría?
Pero aunque eso recayera una y otra vez en su mente, prefería no ahondar mucho en la posible respuesta, a la cual de todos modos, sería imposible de llegar. De lo que si estaba seguro era de su propia añoranza hacia la mujer, extrañaba su inocencia, su singular par de ojos verdes y la luz que se encendía en ellos siempre que comenzaba alguno de sus relatos.
Por eso mismo, ahora en esta Fortaleza, era que se acostaba todas las noches tratando de almacenar cada imagen, palabra y sentimiento del día en su memoria, y así tener algo que contarle a su regreso.
Historias del tipo entretenido y emocionante, algo como esa tarea que tenían que llevar a cabo él y sus hombres.
Había llegado un mensajero de Fend, una de las ciudades cercanas a la Fortaleza, al parecer un grupo considerable de ladrones se refugiaban en las entrañas del bosque y asaltaban carretas de mercaderes y viajeros que pasaban por el camino que llevaba a la ciudad.
-También se han llevado mujeres –mencionó Silas de pasada, cuando le dio el pergamino al príncipe donde Ruhl le informaba que su tropa sería la encargada de solucionar el problema.
-Yue, prepara a los hombres, partiremos mañana al amanecer -Yue hizo una reverencia con el puño cerrado sobre el corazón y salió de la habitación-. Puedes informarle a Ruhl de nuestra salida –le dijo esta vez a Silas-, ¿o prefieres algo más formal? –preguntó hondeando el pergamino en la mano.
-No será necesario alteza, le daré su mensaje al general.
-Bien, ya puedes irte.
Silas hizo una reverencia idéntica a la de Yue y salió rumbo al despacho del general.
-¿Accedió? –preguntó Ruhl con asombro al recibir el mensaje del príncipe.
Silas asintió.
-¿Lo decidió al momento o tuvo que pensarlo?
-Dio inmediatas órdenes a Yue para preparar a los hombres.
Ruhl torció la boca levemente impresionado. Hasta ahora no había probado dar una orden directa al príncipe. Se había limitado a enseñarle y darle algo en qué ocuparse, sí, pero con la libertad de dejarlo hacer como a él mejor le pareciera. Sin embargo ahora que le pidió hacerse cargo del problema de Fend, Ruhl había creído que el príncipe se negaría o haría alguna rabieta por el estilo de aquella que tuvo el día de su llegada, cuando le recordó ligeramente cuáles eran los rangos de cada quien en el lugar.
Por lo que sí, estaba algo impresionado de ver que no había ningún problema con el hermano menor del rey, pues bien cierto era que si el muchacho se negaba a hacerlo, Ruhl no tenía ninguna autoridad para obligarlo a nada.
-Ruhl.
El general salió de sus pensamientos al escuchar la voz del príncipe. Sonrió. Debió saber que era demasiado rápido para cantar victoria.
-Alteza –saludó poniéndose de pie y lo reverenció, no sin antes ver que ese hombre Yue lo acompañaba, igual que siempre, protegiéndolo incluso aún dentro de la Fortaleza.
-Quiero hablar contigo.
No era una pregunta.
-Silas, déjanos –sea lo que fuere que quería hablar el príncipe, sería mejor hacerlo a solas.
Silas abandonó el lugar sin rechistar, salvo por una mirada elocuente dirigida a Yue, quien permanecía quieto en su lugar.
-Él se queda –dijo Shaoran al percibir las intenciones de Silas.
El hombre bajó la mirada y se fue. Al cerrarse la puerta detrás de su segundo, Ruhl extendió los brazos como dando a entender que estaba a su disposición. Shaoran hizo una mueca y se acercó.
-Sentémonos –ofreció el príncipe, Ruhl le sacó la vuelta al escritorio sobre el que trabajaba y le ofreció uno de los sillones de la sala a Shaoran mientras él mismo tomaba asiento en otro. Yue, por supuesto, permaneció de pie.
-Lo escucho –lo apuró el general.
-Supongo que ha escuchado los rumores… -no hubo cambio en el rostro del general-, he estado pensando que tal vez sea cierto que el rey me envió para en un futuro tomar el puesto como general de éste lugar.
Ruhl empalideció y echó la espalda hacia atrás.
-¡Usted también lo supuso! –Exclamó Shaoran asombrado-. Pero eso no significa que sea cierto, general. Y gracias a esa reacción me doy cuenta que no tiene idea de lo que hago yo aquí –refunfuñó el príncipe. Miró a Yue, este asintió-. Dígame general, ¿hasta cuándo hará de anfitrión? ¿Eso sí lo sabe?
-Tiempo indefinido –dijo con molestia.
-Indefinido –repitió Shaoran exasperado.
-¿El rey no le especificó nada a su alteza?
Shaoran lo miró con detenimiento y se dio cuenta que no era una actuación del general. Él tampoco tenía idea de nada, Touya podía ser de lo más reservado si se le antojaba, nadie mejor que el príncipe para saberlo, y ahora tanto él como Ruhl se hallaban en una situación que a ninguno de los dos le agradaba.
-Un día simplemente me envió aquí –decidió responder también con sinceridad-, ni siquiera lo hablamos a la cara.
-Sin embargo no hay nada que le impida marcharse –apuntó Ruhl-, sabe que yo no puedo detenerlo si así usted lo decide. Y tampoco es como si quisiera hacerlo.
Shaoran entrecerró los ojos apenas unos milímetros… si antes había creído en la sinceridad de Ruhl, ahora veía sus palabras como un posible engaño, una treta en el momento justo para hacerlo abandonar y que al llegar al castillo Touya lo acusara de Abandono a su puesto. Detestaba todo esto, detestaba no estar seguro si confiar o no, de no tener idea de lo que se suponía se esperaba de él.
-¿Ha estado en contacto con el rey? –preguntó el príncipe esta vez mas en calidad de orden que siguiendo con el ambiente de plácida conversación.
-No lo estoy.
-Bien, a menos que reciba una orden suya, no pienso marcharme, en cuanto termine con los ladrones de Fend regresaré a esta Fortaleza, si no le importa.
-Pero usted tampoco ha estado en contacto con él –replicó el general-, no ha recibido carta alguna desde que llegó. Dígame príncipe, si no es cierto ese otro rumor, aquel que dice que su hermano solo buscaba deshacerse de usted ¿quién le asegura que no han dado en el clavo?
-Seguramente así lo es.
Ruhl se sorprendió al escuchar eso.
-Vamos Ruhl, no ponga esa cara, a estas alturas creía que ya todo el país sabía que la nuestra no es la familia más unida del reino.
-¿Por qué hace esto entonces? ¿Cuál es su propósito?–preguntó aun sabiendo que seguramente recibiría una respuesta evasiva.
-¿Por qué se me ha dado el obedecer los deseos del rey? –Se encogió de hombros-. A estas alturas tal vez ya estoy empezando a dudar de mis motivos.
-Si lo que pretende es quedarse con la corona, el país no duraría un año a su cargo.
-¡La corona! –Se exaltó poniéndose de pie-. ¿Qué sabes tú de lo que busco?
-A esa edad, después de llevar una vida totalmente desapegada de toda responsabilidad y que de pronto se interese, sin motivo aparente, por su país y cómo se hacen las cosas... Sí, me hace sacar ciertas conclusiones.
-Sus conclusiones son de lo más estúpido que he escuchado –reclamó dando un paso hacia el general.
-Si es mentira ¿por qué se ofende tanto entonces? –preguntó también poniéndose de pie. Shaoran apretó los dientes tan pocos simpatizantes de su lado no durará un mes como rey antes de que las conspiraciones empiecen, puedo asegurarlo –trató de dar también un paso hacia el príncipe pero la punta de una espada sobre su pecho se lo impidió.
Yue, en algún momento, había desenvainado su espada e interpuesto entre ambos, incluso Shaoran se sorprendió al verlo de un momento para otro frente a él. Sin embargo se recompuso con prontitud.
-Cuida mejor tus palabras Ruhl –siseó-, cualquiera podría tomarlas como una amenaza. Y no necesito ser rey para que un atentado en mi contra sea tomado como traición.
-Si piensa que podría caer en traición es que no me conoce lo suficiente –se defendió todavía con la espada de Yue apuntándolo-. Y esas palabras que tanto usted como su escolta tomaron como amenaza yo las veo como advertencia. Si lo que pretende es ser rey en un futuro, hágase de amigos con los Lores que ocupan sus tierras.
-¿Y con los generales?
Ruhl se encogió de hombros.
-Puedes bajar la espada Yue –ordenó Shaoran y al momento que el albino se hizo a un lado, el príncipe se colocó cara a cara al general-. Para que yo llegue a ser rey, Touya antes tiene que morir –dijo con voz fría-, ahora soy yo quien te lo dice a ti, Ruhl, si piensas que soy capaz de asesinar a mi hermano con tal de conseguir una maldita corona, entonces no me conoces lo suficiente.
Sin esperar respuesta se dio la vuelta para marcharse.
-Espere.
Shaoran se detuvo en seco y en medio de un suspiro se giró de nuevo hacia Ruhl, pero no encontró a nadie, o eso creyó hasta que miró hacia abajo y lo encontró con una rodilla al suelo.
-Es la primera vez que llama hermano al rey –dijo el hombre desde su posición.
Shaoran no entendía, su consternación no lo dejaba pensar bien y por lo tanto no sabía que responder a eso, Yue parecía estar en las mismas condiciones.
-¿De qué demonios hablas Ruhl? ¡Y ponte de pie maldita sea!
Así lo hizo.
-He visto en sus ojos, príncipe, la indignación cuando insinué que podía atentar en contra del rey.
-¡Lo aceptas entonces!
-Así es, mi señor –otra impresión para el príncipe, jamás lo había llamado "mi señor"-. Pero vi su sinceridad, usted no busca atentar en contra de su hermano.
-Quieres decir que… quieres decir que en todo este tiempo, has pensado que yo…
-El ultimo rumor, alteza, la conspiración en contra del rey. Creí que era cierto, o al menos por su parte.
Shaoran no pudo más y comenzó a reír, pero no era una risa de diversión, era más bien de alivio y descanso.
-¿Por eso me odiabas?
El general sonrió.
-Estás loco Ruhl –volvió a darle la espalda para marcharse.
-Si algún día llegara a ser rey –la voz de Ruhl lo detuvo mientras empujaba la puerta-, ya tiene un simpatizante.
-Y tal vez con tu ayuda dure al menos dos meses –respondió con ironía. Ya no esperó ser retenido de nuevo y se fue lo más rápido que pudo, Yue lo seguía de cerca.
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Ese día Sakura había desayunado, había pintado un poco y luego comenzó a leer por quinta vez el último libro que el príncipe le dejó. Esas semanas no lo había visto una sola vez. Pese a que disfrutaba de su compañía, no le pareció tan extraña su ausencia, sabía que tarde o temprano ese mundo exterior que tan bien le describía regresaría un buen día a susurrar al oído del príncipe que dejara a esa aburrida mujer y volviera con él a vivir todas esas experiencias que se le negaban en esas paredes de piedra.
Si no la única, al menos si era la más probable de las posibles razones por las que el príncipe no volvía a verla. Él no era como Touya, que tenía tantas obligaciones que apenas y tenía tiempo para dormir, el príncipe no se ocupaba de nada serio, y ciertamente no compartía los mismos horarios apretados de su hermano. La más fiable razón de su ausencia era porque simplemente ya no tenía ganas de verla, o al menos eso pensaba hasta ese día, cuando la campanilla del recibidor interrumpió su lectura y al acudir se encontró con Touya y la noticia del viaje de su hermano.
-Decidí seguir tu consejo –dijo el rey después de decirle aquello y notar una expresión asombrada en la vidente-. Seguro ya lo olvidaste.
Sakura se sonrojó algo molesta, era casi imposible que olvidara cualquier conversación con su rey, sin embrago...
-¿Recuerdas? Dijiste que yo no debería entenderlo, que debía hacer que él me entendiera a mí.
Ahora Sakura lo comprendió, ese había sido sólo un comentario aleatorio, por eso no recordaba haber aconsejado a Touya, simplemente porque no lo había hecho con esa intensión.
-¿Entonces fue ese un consejo?
-Y espero que uno bueno –arrugó el entrecejo-. Ya di el primer paso y a estas alturas no pienso dar marcha atrás.
-No entiendo cómo enviarlo en ese viaje concuerde con las palabras que te dije.
Touya sonrió al escucharla.
-Es algo enredoso, pero si tenemos suerte, funcionará.
Touya siguió hablando, pero la adivina no necesitó de muchas explicaciones para entender el punto del rey. Era sin duda un método exótico y llamativo el que utilizaba, pero al mismo tiempo parecía ser la mejor decisión.
-¿Harás todo esto sólo por las palabras que te di ese día?
-¡Ya lo estoy haciendo!
Y lo dijo con un entusiasmo tal, que fácilmente contagió a su Oráculo, quien pocas veces había visto reaccionar al rey de esa forma.
-Al menos me vuelve a dar esperanza –continuó el monarca-. ¡Cielos! Después de tanto tiempo persiguiéndolo y acosándolo sin resultados, cuando ya lo creía un caso perdido, viene sin más a decirme que quiere formar parte de lo que sucede en el país… admito que me tomó con la guardia baja. ¡No tenía idea de qué hacer con él! Eso, hasta que vine aquí y me diste esta idea…
Sakura sonrió, las únicas ocasiones en las que se sentía de utilidad era cuando Touya le pedía una visión, lo cual casi nunca ocurría. Sin embargo, ahora sí que había sido de ayuda para su rey, y nada menos que con un asunto tan delicado como su hermano.
No puede haber un sentimiento mejor a éste, se dijo eufórica.
-Espero que todo salga de acuerdo a lo que quieres –le dijo de corazón, pero al rey poco le importó y le devolvió un bufido a sus palabras de apoyo.
-Cuando Shaoran está de por medio nunca se sabe cómo terminarán las cosas –se cruzó de brazos y miró hacia otro lado-. Además, estando tan lejos sus noticias tardarán más en llegar a mí.
-¿Y por qué hacerlo tan difícil? ¿Por qué no darle alguna ocupación aquí, en el castillo?
-Ya te lo dije, no serviría de nada. Tal vez aprendería y se volvería medianamente más responsable, pero ya estoy cansado de las peleas y los comentarios cínicos de todos los días. Esto ya no tiene mucho que ver con el bien de la corona.
Sakura juntó las cejas al escuchar eso, pues recordó que ya le habían dicho algo parecido, pero había sido una voz diferente, la voz de ese hombre desconocido, la voz de Yorito Shinohara.
Touya se quedó unas horas más haciéndole compañía, hablaron mucho del príncipe y otro poco de los fríos invernales de esos días, hasta que el rey se puso de pie y se marchó no sin antes disculparse por el gran trecho de tiempo entre su última visita y ésta.
-Trataré que no sea tanto la próxima vez.
Sakura asintió y lo despidió, como siempre, con una sonrisa, sin embargo seguía pensando en esa coincidencia de palabras… esa frase casi exactamente compartida por el rey y aquel noble. Ambos daban a entender que sus acciones desembocarían en algo que no sólo ayudaba al bien del reino, sino algo más y los dos habían estado hablando de una persona: el príncipe Shaoran.
Podía entender las intenciones de Touya, se las acababa de decir con lujo de detalles, pero ¿y Shinohara? Cuando la vio para pedir su ayuda sólo le pidió acceder a la petición del príncipe. Acompañarlo. ¿Eso en qué medida podía ayudar al hermano del rey?
No entendía nada, además de sentirse insegura, no sabía las verdaderas intenciones de Shinohara y eso la asustaba, había dicho que quería ayudar al príncipe, pero ¿por qué?
De pronto recordó aquel sentimiento, cuando se sintió útil para con el rey, entonces se había sentido feliz de poder ayudar… y pensó que posiblemente se estaba convirtiendo en una paranoica, tal vez el señor Shinohara también buscara "ser útil", ayudar. Ayudar al príncipe.
Y gracias a las conversaciones de Touya, sabía que el príncipe necesitaba de mucha ayuda y no sólo para ser un buen miembro de la familia real, sino para poder ser un hombre feliz consigo mismo. Lo sabía, desde el primer día que fue a visitarla, sabía que él se sentía casi igual de solitario que ella.
Y ahora se sintió feliz de algún modo, ella ayudaba al rey y Shinohara lo hacía con el príncipe.
-Yo ayudo al rey –repitió pensativa.
¿Y por qué tendría que ayudar únicamente al rey?
-Yo tengo contacto con ambos –se dijo con emoción-. Rey y príncipe, si Touya cree que su hermano es el único ser que necesita atención, está equivocado.
Sonrió enseñando todos sus dientes. ¡Tenía un propósito!
Ella, Sakura, no el Oráculo, no la adivina.
Ahora tenía un propósito en la vida.
Esos hermanos terminarían siendo una familia con todas sus letras. De eso se encargaría ella misma.
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Y ahí estaba de nuevo, sentado en un carruaje rumbo a otro destino, la buena parte de esto, es que al menos ahora si sabía desde un inicio a dónde se dirigía: el Castillo de Gonur.
Miró hacia afuera donde la nariz de un caballo aparecía y desaparecía de su visión. Casi se permitió dar un suspiro de molestia, pero se recordó a tiempo que en ésta ocasión Yue no conducía los caballos y en cambio iba dentro de ese mismo carruaje, sentado frente a él y fingiendo dormir, por lo que se guardó sus reproches y siguió en silencio.
No entendía por qué diablos tenía que viajar con tantas personas siendo que la tarea de Fend había sido cancelada. O al menos cancelada para él, después de recibir esa misma mañana una carta de su hermano donde le ordenaba abandonar la Fortaleza de Ruhl y dirigirse a Gonur, donde el Barón Kuzu y su esposa lo esperaban "gustosos".
Ahora si bufó, y le importó poco que Yue lo oyera o no, no había querido aceptarlo, pero ir tras los forajidos de Fond le había emocionado y cambiar un grupo de matones por los "gustosos Barones" que lo esperaban no era algo que le alegrara mucho, pareciera que el pasatiempo de Touya se había convertido en arruinarle la diversión, sobre todo ahora que su estadía en la Fortaleza que dejaba atrás con cada rodada del carruaje, prometía volverse más llevadera.
¡Y vaya que sí lo prometía! Sobre todo después de ver la reacción de Ruhl cuando le comunicó las nuevas instrucciones de Touya. El general no se había molestado en absoluto, "enviaré a Silas" le respondió despreocupado, una actitud muy diferente a la que tomó cuando se percató que Shaoran pensaba viajar una vez más con Yue como único acompañante.
-Me importa muy poco que Yue pueda cortar un cabello en dos. Usted viajará con una escolta como es debido.
Cambió el bufido de momentos atrás por una sonrisa cuando recordó sus palabras y el detalle de que esa escolta se trataba de nada menos que ocho hombres de su pequeño grupo de novatos.
-Un hombre inteligente sabe ganarse y mantener la lealtad de sus hombres –le había dicho Ruhl como despedida-, empiece con ellos. Y recuerde que siempre es bueno rodearse de hombres de confianza cuando se viaja a otros territorios.
Shaoran decidió seguir el consejo, quizá por haber sido Ruhl quien se lo dio, o quizá porque todo había sucedido algo rápido: el repentino y sumamente extraño entendimiento que se había dado entre él y el general; la inesperada carta de Touya, y el improvisto consejo Ruhl al conocer su nuevo destino.
Sin embargo, horas después de su partida y sentado en ese minúsculo y asfixiante carruaje, sin nada mejor que hacer más que meditar mejor los últimos acontecimientos, Shaoran se dio cuenta de algo interesante: Ruhl parecía estar "preparándolo" por si algún día la corona llegaba a su cabeza.
¿Qué otra cosa podría ser? Él mismo se lo había dicho, que lo seguiría, que lo apoyaría; y ahora le daba consejos de ganar lealtades y cuidarse en lugares que le fueran desconocidos (pues no había otra forma de interpretar las palabras de Ruhl más que esa). En algún momento el general le había dado el visto bueno como posible futuro monarca y ahora Shaoran se arrepentía de haber accedido a ser acompañado por estos hombres y no seguir sólo con Yue, siguiendo un estilo menos formal. Y aunque se suponía que todo este ir y venir era para demostrar (ya no a Touya ni al Oráculo, sino a sí mismo) que si se lo proponía podía llegar a hacer lo que quisiera, desde ser un don nadie vagando por la capital hasta un príncipe responsable; en ningún momento tuvo en mente (¡y nunca lo haría!) el convertirse en rey.
Estaba consciente de por el momento ser el heredero más próximo y le gustaba creer que esa no era más que una situación momentánea, que Touya tomaría esposa en cualquier momento y que un nuevo heredero llegaría junto con eso. Pero si lo pensaba bien, hasta ahora no había escuchado que Touya se interesara en ninguna princesita extranjera, o alguna lady del país; lo que ahora le hacía sentir algo de preocupación.
Apretó los dientes con frustración, detestaba tener un problema del cual la solución no estaba en sus manos, pues llegar a convertirse en rey o no, dependía enteramente de Touya.
Pasó otro par de horas enfurruñado y hastiado consigo mismo y su hermano imbécil que no podía conseguir una maldita esposa de una maldita vez, hasta que se dio cuenta que atormentarse con eso no haría que Touya engendrara un hijo más rápido, así que decidió concentrarse en su más presente situación: el Barón Kuzu.
No tenía idea de quién demonios era ese hombre, pero suponía que se trataba de alguien importante pues el mismo Ruhl había trazado la ruta que tomaría sin necesidad de observar mapa alguno, y gracias a eso dedujo que el general conocía al Barón al menos de oídas.
Observó a Yue quien seguía en su afán de fingirse el dormido.
-Yue –lo llamó.
Yue abrió los ojos y se enderezó en el acto, sin rastro alguno de somnolencia en el rostro.
Shaoran se perdió por unos momentos en esa mirada de hielo antes de continuar, imaginando cómo se había sentido Ruhl ante esos fríos ojos en el momento en el que el caballero lo amenazó con su espada.
-Yue… -repitió cuando tuvo su entera atención-, ¿cuántos días haremos de viaje ésta vez?
-Si continuamos a este paso, entre cinco y seis días.
Shaoran asintió.
-El Barón, ¿lo conoces tú? ¿Qué clase de hombre es?
-Sí lo conozco, es uno de los hombres más adinerados del país. Se dice que fue gracias al dinero de su familia que el reino no se vino abajo la última gran sequía que hubo. Era usted apenas un bebé –agregó al ver la mirada interrogante del príncipe.
-Sí claro, y tú un niño pequeño y aun así lo sabes –pensó Shaoran-. Ruhl dijo que tuviera cuidado. ¿Crees que realmente deba preocuparme de algo?
Yue lo miró con cuidado, pensando cuidadosamente en la respuesta que le daría.
-No debe tener mayor cuidado en el castillo de Kuzu del que tuvo en la Fortaleza, alteza.
Shaoran levantó una ceja al escucharlo, pero en seguida comprendió. Toda su estadía en la Fortaleza había sido tal vez no un infierno pero si un dolor de cabeza, gracias a la actitud de Ruhl, pero eso lo esperaba desde un inicio, sabía del desagrado que Ruhl sentía hacia él, en cambio Kuzu, le era un completo desconocido, por lo que no veía razón por la que el noble tuviera alguna mala predisposición hacia él.
Y esa fue la primera vez que Shaoran sospechó que Yue sabía más de lo que decía. Pudo interrogarlo y salir de dudas, pero prefirió hacerse el desentendido y dejar el asunto temporalmente de lado.
No presionaría a Yue, pero más importante que eso, admitir que no tenía idea de lo que pasaba era una aceptación de debilidad, y Shaoran no pensaba mostrarse débil frente a Yue. Ya bastante humillación era no tener idea de quien era Kuzu, viendo que parecía ser bastante conocido.
-Bien, eso es todo –dijo Shaoran-, ordena al cochero que pare. Quiero estirar las piernas.
El de ojos azules asintió y así lo hizo.
-Sí, dale órdenes, hazlo recordar a quién sirve ahora y no le des explicaciones –pensaba -, muéstrate fuerte y merecedor de su lealtad, puede que, después de todo, en el fondo siga siendo fiel a Touya.
Sabía que era un buen plan, antes de confiar en Yue enteramente debía saber si su lealtad estaba enteramente con él, y ésta era una buena manera de empezar a hacerlo de su lado, de alejarlo del rey, de hacerlo suyo. Sin embargo, una parte de él recordaba que ese estilo, ordenar y no dar explicación, era también el estilo de Touya.
Trató de no pensar en eso y el camino continuó sin incidentes, Yue a veces lo acompañaba dentro del carruaje y otras veces iba a caballo junto a la escolta, vigilando los caminos, cerciorándose que nada estuviera fuera de lugar. Los cinco días predichos pasaron con más rapidez de la que Shaoran imaginó, incluso pasaron mucho más rápido que aquellos tres interminables días que le costó llegar desde el Castillo principal hasta a la Fortaleza de Ruhl y Shaoran dedujo que aquello se debía a que ahora tenía muchas cosas en la cabeza en las qué pensar, muy al contrario de su primer viaje.
Apenas y pudieron percibir la borrosa silueta del Castillo Gonur, pues su llegada se dio casi cuatro horas después que sol se escondiera detrás de unas majestuosas montañas que rodeaban el castillo del Barón.
Las puertas se abrieron presurosas ante él y sus hombres. Shaoran bajó del carro. Había al menos treinta sirvientes arrodillados y con la frente baja. Observó todo a su alrededor, parecía un castillo de reyes, Yue no había exagerado en hablar de la posición de Kuzu.
-Sea bienvenido, Alteza, a ésta humilde morada.
Shaoran miró hacia donde la voz provenía. Uno de los arrodillados se ponía de pie, era un hombre delgado de algunos treinta años y ojos color tierra que le sonreían con sinceridad.
-Baron Kuzu –respondió Shaoran intentando que su sonrisa llegara también a sus ojos-, le agradezco la bienvenida.
-Lo esperábamos hasta dentro de dos días, ha hecho un buen tiempo.
Shaoran asintió.
-Tengo hombres eficientes.
-¿Sólo lo han acompañado nueve? –Inquirió con algo de sorpresa-. Son tiempos delicados Alteza, no debería viajar con menos de veinte.
Shaoran evitó por milésimas de segundo cambiar la afabilidad de su rostro por una expresión de fastidio. Cuando abandonara el lugar, por nada del mundo dejaría que esta vez le impusieran más compañía innecesaria.
-Son excelentes en lo que hacen –respondió en su lugar-, traer más gente no sería más que por mera pretensión.
Kuzu se encogió de hombros y rio. Cuando estuvo en la Fortaleza jamás vio a Ruhl actuar de modo tan despreocupado en su presencia. Kuzu en cambio parecía tratarlo como a un igual, con respeto, sí, pero de la misma forma que se trataría a un hombre ya conocido por al menos un buen periodo de tiempo.
-Si así lo dice usted –concedió el Barón y volvió a encogerse en hombros-. Pero pasemos, debe estar agotado ¡Chugo! -Una de las mujeres que seguían arrodilladas se puso en pie y atendió al llamado de su amo-. Lleva a mi invitado a la habitación que le fue preparada. No lo retendré más, alteza, mañana será un nuevo día, pero por esta noche el descanso es prioridad.
Le guiño un ojo y esta vez Shaoran no pudo esconder el asombro en su rostro. El gesto no le molestaba, sin embargo, Shaoran nunca había tratado con absolutamente nadie de la nobleza salvo por Yorito, y no estaba seguro si la actitud de Kuzu hacia él era normal, o debía calificarla como impertinente.
-Por aquí alteza.
La juvenil voz de Chugo lo sacó de su asombro y la siguió hacia el interior del castillo. No sin antes ver por el rabillo del ojo que Yue y los demás hombres eran guiados también hacia otra ala del castillo.
Era una maravilla. Si no fuera por haber pasado toda su vida en el Castillo principal y estar acostumbrado a la grandeza, se habría llevado muchas sorpresas, sin embargo, el cambio de la actividad militar en la Fortaleza, por la de lujo y despreocupación que reinaba en este lugar, hicieron sentir a Shaoran algo descolocado y fuera de lugar.
-Cálmate Shaoran, pareciera que Ruhl te hubiera convertido realmente en un soldado, recuerda quién eras… ¡quién eres! –se corrigió.
El descanso le pareció apenas un parpadeo cuando el día volvió y la misma Chugo se presentó en su habitación, informándole que el desayuno lo tomarían en los jardines frontales.
-Lo guiaré en cuanto esté listo.
-Vamos ya –dijo sin esperar más tiempo, en la Fortaleza se había acostumbrado a madrugar y ya llevaba despierto la menos una hora.
La mujer asintió y le indicó con un gesto que le siguiera, el desayuno, como bien había esperado, transcurrió tranquilo y con un paisaje de naturaleza enmarcando el lugar. Todo denotaba placer y lujos, no había tensión por ningún lado, no había hombres entrenando y aprendiendo estrategias como en la Fortaleza, aquí simplemente se disfrutaba…
Fue ahí donde conoció a Xaina, la Baronesa, una mujer joven de algunos veinte años que rebosaba de alegría por cada poro y a Paidai, el pequeño de seis años hijo de los barones.
-Lamento no haberlo recibido ayer junto a mi esposo alteza.
-No es necesario, nuestra llegada por poco y coincide con el aullar de los lobos.
La baronesa rio con el comentario.
Fue entonces que Shaoran se dio cuenta que no había llegado a este lugar a aprender algo como fue el caso de la Fortaleza.
Al pasar una semana, lo único en lo que se entretenía era en pasar horas conversando con Kuzu, salidas de cacería donde el Barón hacía gala de sus bien entrenados perros, otras veces simplemente admiraban los elegantes vuelos de los halcones domesticados de su anfitrión, y otras más, simplemente permanecía en el castillo leyendo algún libro de interés.
-He escuchado de la magnificencia de la biblioteca de su majestad –dijo cuándo le mostró la gran habitación que él mismo dedicó a los libros-, mi pequeña biblioteca debe ser muy poca cosa en comparación.
Shaoran negó aquello con diplomacia, que era lo que se esperaba de él en ésta situación. Ya comenzaba a cansarse de todos los días ver y responder sonrisas, tener conversaciones agradables y pasarse los días sin nada qué hacer. Lo más interesante aquellos días era ver a Yue cuando hacía práctica con la espada o cuando se batía a duelo con los demás hombres de su escolta.
Era todo tan aburrido que el príncipe solía burlarse de sí mismo al darse cuenta que extrañaba el mal genio de Ruhl y su obsesión por el trabajo y el orden, eso, hasta que recordaba que en el Castillo principal, antes de llegar a la Fortaleza, sus días pasaban tan aburridos como su estancia en este lugar. Por otro lado, además de los espectáculos de Yue, Shaoran pronto se dio cuenta que sí disfrutaba de visitar la biblioteca. Cada que atravesaba sus puertas le venía a la mente, más nítida que nunca, la imagen del Oráculo. Sus ojos encontraban siempre un volumen que sin duda a ella le interesaría, la última ocasión se descubrió hojeando un libro que trataba de arte.
Ese día, al tener ese libro en sus manos, sintió la nostalgia de su recuerdo más hondo que de costumbre. Al contrario de olvidarla o acostumbrarse a no verla después de tanto tiempo, Shaoran se sentía cada día más ansioso por volver a su hogar y verla una vez más.
Esa noche, poco antes de la cena, pidió un halcón a Kuzu para enviarlo con una nota al Castillo principal.
-¡Por supuesto! El rey debe estar esperando noticias suyas.
El príncipe asintió, a pesar que su verdadera intención era escribir a Yorito y no a Touya. Pero antes de que el barón se diera la vuelta, Shaoran cambió de opinión.
-En realidad, barón, quisiera abusar de su amabilidad y pedirle dos aves.
No explicó para qué necesitaba dos en lugar de uno y Kuzu no hizo el intento de averiguarlo, Shaoran pudo notar que la familiaridad con que lo trataba usualmente no llegaba más allá de eso. Podía palmearle la espalda y hacer comentarios amigables, pero si Shaoran trataba de guardarse algo, Kuzu no indagaba el por qué.
Estaba comenzando a comprender las reglas no escritas de su interacción.
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Yorito caminaba despreocupado por el pasadizo, pensando que realmente nunca creyó volver algún día a la habitación prohibida, o mejor dicho ¡se había prometido que no volvería a hacerlo!
Se llevó la mano a la frente y detuvo su caminar por un segundo, ya no podía seguir fingiendo calma.
-Si hubiera sabido que me pedirías esto algún día Shaoran… -murmuró a la nada.
No sabía realmente por qué estaba tan nervioso, después de todo, ya había visitado una vez al Oráculo, y ahora que lo hacía con el permiso de Shaoran, era que sentía esa incomodidad en todo su ser.
-Es una tontería –se dijo esta vez con más firmeza-, ni siquiera voy a verla o hablar con ella, ¡dejo el paquete y me voy!
Apretó los libros que llevaba bajo el brazo y continuó su camino.
Cuando su tarea había sido realizada y los libros descansaban en una mesita de aquel solitario recibidor, cuando Yorito estuvo fuera del castillo (usando el túnel oculto, por supuesto), cuando finalmente pudo calmarse, supo qué era eso que lo molestaba tanto.
-Ésta ha sido la primera vez que me cuelo al castillo sin Shaoran, o sin la intención de verlo a él. -En pocas palabras era un intruso. Sacudió la cabeza tratando de apartar el pensamiento-. Al fin y al cabo él me lo pidió –repuso con molestia.
Metió la mano en sus ropas y sacó un pedazo de papel. Lo leyó por millonésima vez.
-Ni siquiera un maldito "cómo estás".
Suspiró. Sin embargo supo que esto iba más allá de un favor.
-Vas en serio con el Oráculo, más en serio de lo que creí. No escribes en meses y lo primero que recibo tuyo son instrucciones para ella –rio sin gracia.
Aun así, las cosas iban bien.
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-Quiere saber qué es lo que debe hacer.
-Con el general Ruhl no tuvo ninguna duda.
-Con Ruhl era distinto, Ruhl le dio cosas en qué entretenerse, lo mantuvo activo.
-Entonces es natural que pida especificaciones –repuso Yukito con tranquilidad.
Touya bufó, todavía con la carta que había recibido de Shaoran en las manos. Estaba casi seguro que su hermano no intentaría contactarlo mientras su viaje continuara y que de pronto llegara un halcón con noticias del príncipe, le asombró bastante.
-¿Cuánto tiempo lleva con Kuzu? –Preguntó Yukito.
-Desde que llegó hasta que envió la carta, apenas dos semanas.
-Es una clara muestra de impaciencia, lo mejor será que le digas lo que tiene qué hacer lo más pronto posible.
-Sí, tienes razón.
Sin embargo, la sonrisa que Yukito vio dibujada en el rostro de su rey no le dio un buen augurio. Touya tomó pluma, tinta y papel y comenzó a escribir.
Estimado Hermano.
Me encantaría ayudarte a despejar la duda que tienes con respecto a tu estadía y función en el Castillo Gonur, pero lamentablemente otros asuntos más apremiantes que requieren mi completa atención no me lo permiten.
Sugiero que lo consultes con Yue.
Rey Touya, Castillo principal.
Shaoran arrugó el papel con enfado después de su tercera lectura.
-Maldita sea, si no hubieras perdido tiempo en escribir semejante estupidez…
Pero el príncipe sabía que no era falta de tiempo del rey, simplemente se estaba burlando de él. Lo que más le molestó, empero, no fue la negativa en cuanto a la ayuda que le pidió, sino ese "sugiero que lo consultes con Yue" del final.
Prácticamente lo obligaba a confrontarse con Yue, ya no había dudas que el caballero sabía algo que Shaoran no, y la intención del príncipe por ir poco a poco, trazando el camino para hacer que Yue dijera todo (y no sólo lo que convenía a Touya) se había arruinado por completo.
Ese día, antes de haber recibido la carta de su hermano, tenía planeado despejarse del castillo y dar una vuelta por la ladera baja de las montañas. El plan era que Yue lo acompañara, por lo que se le presentaba una buena oportunidad de hablar con él a solas y sin el temor de ser escuchados.
Cuando llegó a los establos, el albino ya lo esperaba ahí.
-Alteza –saludó con una reverencia.
-Salgamos de aquí –dijo Shaoran tomando un caballo y Yue hizo lo mismo.
Para llegar a ladera de la zona montañosa, se tenía que atravesar primero el poblado al que pertenecía el Castillo Gonur; ya que su llegada había sido de noche, y hasta ese día no había salido del castillo, Shaoran no tuvo oportunidad de apreciar el aspecto del lugar hasta ese momento, por eso se asombró al ver que parecía una segunda capital. Era cierto que tal vez el estatus de esas casas no se comparaba con la de los condes, duques y jefes militares que conformaban la parte alta de la capital, pero sin duda superaban a todos los poblados que en su viaje había conocido. Otra diferencia con la capital era su tamaño, el lugar era pequeño y se atravesaba casi en la mitad de tiempo que tomaría hacerlo en casa.
Shaoran no pudo evitar pensar que aquí sería más difícil mezclarse entre la gente si un día de estos se le ocurriera hacerse pasar otra vez por Haru. Si no es que todos se conocían, al menos un forastero llamaría mucho la atención.
Espoleó al caballo para que avanzara más rápido, pues no tenía sentido seguir pensando en cosas como esa, debía concentrarse en lo importante.
Miró a su costado, al parecer Yue se mantenía sereno como de costumbre, pero al mismo tiempo Shaoran podía sentir algo más…
¿Ansiedad? ¿Expectativa?
Pareciera como si Yue esperara algo, como si anticipara algún acontecimiento.
-Ya lo sabes, ¿no es así? –preguntó más adelante, cuando pudo asegurarse que estaban lo suficientemente lejos de la zona habitada.
El caballero abandonó su serenidad y lo miró con una gran sorpresa por exactamente tres segundos antes de regresar a su calma habitual.
-Si su alteza pregunta, yo responderé.
Esa fue una respuesta interesante, pensó Shaoran.
-¿A todo? -inquirió ahora con ahínco-, ¿por tu honor juras que toda pregunta que yo te haga será contestada con la verdad?
-Mi señor, eso es lo que he hecho todo este tiempo.
Shaoran detuvo su caballo y Yue hizo lo mismo.
-¿Por qué me envió Touya aquí?
-El rey quiere que convenza al barón Kuzu de hacer negocios con él.
-¿Qué clase de negocios?
-Capital, suministros para el ejército.
-¿Por qué no se lo pide él mismo?
-No estoy seguro de eso, pero creo que quiere que usted aprenda a relacionarse con la nobleza.
Shaoran bufó.
-¿Y Ruhl? ¿Me envió sólo para aprender a comandar?
-La intensión de su majestad con el general era que usted ganara su confianza.
-¿Para qué?
Yue bajó la mirada.
-No lo sé. Mis órdenes eran observarlos a ambos y cuando se cumpliera el objetivo abandonar la fortaleza y viajar hacia aquí.
-Tú… tú me diste la carta de Touya –dijo comprendiéndolo todo de pronto-, no llegó ese día. Tú la tuviste todo el tiempo.
-Así es.
Yue lo dejó digerir aquello, pero rápidamente la voz de Shaoran volvió a escucharse.
-¿Debo ganar también la confianza de Kuzu?
-No mi señor, en ésta ocasión no se me dio ninguna orden de ese tipo.
-Si logro convencer a Kuzu, ¿dónde iremos después?
Yue dudó por un momento.
-Ailes.
-¡El extranjero! ¡Está loco! ¿Y qué se supone que debía hacer allá?
-Reforzar tratados y alianzas.
Shaoran rechinaba los dientes, estaba a punto de estallar del enojo hasta que tuvo una visión completa de lo que ocurría: Ruhl, Kuzu y Artron, el rey de Ailes. Era un trazo que cualquiera con el mínimo de cerebro podía ver.
-Es cierto entonces. Habrá una guerra.
-El rey se prepara –asintió Yue.
De pronto el inferior y bárbaro país de Railan dejó de pasar tan desapercibido para Shaoran.
Ruhl era le militar, Kuzu el proveedor y Antron el aliado. Touya estaba preparándose, como bien había apuntado Yue, y de paso, educaba a su hermano príncipe. Ahora todo tenía sentido.
-No iré a Ailes, Yue.
-Como usted ordene.
-La solución para prevenir o ganar una guerra no está en hacer visitas sociales a los países vecinos –agregó el príncipe.
Yue asintió, pero no pudo dejar de pensar que eso último parecía un tipo de justificación, el príncipe Shaoran le estaba explicando el motivo por el que no pensaba hacer el último viaje que su hermano el rey tenía planeado. Como si quisiera que lo comprendiera, que no lo juzgara.
Entonces supo que después de todos esos secretos, el príncipe seguía confiando en él.
Aquella noche Yue pudo dormir tranquilo, orgulloso de sí mismo por saber que podía seguir sirviendo a su príncipe, tal vez no igual que hasta hoy sino mucho mejor, ahora que todo había sido aclarado. Y mientras el caballero descansaba, una jovencita, muy lejos de ahí, en el Castillo principal, acercaba una vela a un papel arrugado gracias a tantas lecturas a las que había sido expuesto.
La jovencita leía encarecidamente las letras dibujadas sobre él con el mismo entusiasmo que la embriagó la primera vez que sus ojos recorrieron sus letras, y aunque tenía los libros nuevos que un día encontró en el recibidor, ella siempre volvía a ese papel, que era para ella la mejor parte de su descubrimiento, pues dicho mensaje se había encontrado entre las hojas de uno de esos libros.
Querida Oráculo…
Empezó a leer Sakura, por millonésima vez, la carta del príncipe…
Fin del capítulo
¿Notaron ese raro coqueteo/no-coqueteo entre Sakura y Shaoran al inicio? me sorprendió un poco. No lo tenía planeado, eso no iba a suceder, pero de pronto los personajes tomaron el control y no los pude detener xD adoro cuando hacen eso.
En fin, llegados a este punto creo que merecen una explicación por mi prolongada ausencia. No abandonaré el fic, sigo escribiendo y las razones de mi tardanza, entre muchas otras son las siguientes: mi laptop se murió.
Resultó que un buen día la pantalla comenzó a tintinear (sí, tintineaba!) y la llevamos con un conocido para que la arreglara, total que le cambió Dios sabe que pieza y siguió tintineando, ese chavo la llevó con un conocido suyo que podía ayudar y de buenas a primeras llega un dia a decirnos que el tipejo algo le hizo a la lap que ya no prendió. Paro cardiaco, desmayos, dramas por todos lados. Para esto ya había pasado casi medio año, entonces se les ocurrió la fabulosa idea de darnos el disco duro con la información por si algo nos hacía falta, mientras arreglaban la lap. Imprimí lo que llevaba del fic y mis notas e intenté seguir escribiendo a lápiz, pero tuve algo a lo que apodé como "depresión literaria". Odiaba todo lo que escribía y la inspiración huía de mí como la liebre del zorro.
La depre me duró un rato hasta que volví a escribir un día así como si nada hubiera pasado. Regresó mi amor por la escritura a lápiz (últimamente solo escribía en la lap) y las cosas volvieron a su cauce. Ya después, el tipo que nos arruinó la lap nos dijo que no tenía solución y ofreció darnos una a cambio. Aceptamos y aquí estoy. Pasé mis garabatos a archivo Word y espero que todo este testamento sirviera para que me perdonen por la tardanza (y eso que lo resumi! xD).
Para tratar de aliviar su enojo, sugiero que hagan una petición (aquí en review o en Facebook, si es que me tienen agregada) de alguna escena del fic que quieran que dibuje. No dibujo muy bien que digamos, pero haré el intento. Elegiré una o dos, dependiendo de qué tan buena dibujante me sienta xD
Si eso no calma su furia, entonces acepto sugerencias, algún omake de esta historia o un oneshot de CCS con el tema que sugieran… en fin.
Por ultimo, quiero agradecer a todos lo que a lo largo de este tiempo han confiado en mí y mi historia y no me dejaban bajar los brazos, preguntando por el fic, por fechas de actualización, etc… no quiero decir nombres porque temo que uno se me pase y no me gustaría eso. Gracias por todo! Son los mejores :'D
Avances del próximo capítulo: mientras Shaoran intenta acercarse más al barón Kuzu y obtener su ayuda para mejorar el ejercito del país, no puede evitar que su atención recaiga en Paidai, el pequeño hijo de su anfitrión, el cual le recuerda a sí mismo en alguna época de su vida y lo obliga a replantarse algunas cosas que ya creía bien establecidas.
Próximo capítulo: El mejor hermano
PD. Cambié el título de este capítulo a última hora xD "Trabajo" nunca me gustó realmente e_e
