NOTAS: bueno, bueno, no tengo mucho que decir aquí tengo flojera así que…

¡Enjoy!

k-on! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN ESTE FAN FIC NO ES INTENTO DE LUCRO.

Llegó al lugar citado con su sensei, todo el camino se iba torturando con la partida de la tecladista y ella sin poder hacer nada. Con cada paso que daba, se convencía a si misma de regresar a la mansión y soltar todo lo que sentía, pero cada que lo hacía, se contradecía. Llegó a aquella cafetería con el ánimo decaído y en sumo silencio, ni siquiera se tomó la molestia de sonreír a los empleados y tampoco pidió nada más que una taza de café que nunca probó mientras esperaba a Sawako. Miraba hacia la ventana imaginando un futuro sin la rubia, imaginando como podría ser feliz con Mio, seguramente se quedaría como chico toda la vida. Agitó su cabeza para no pensar más, miraba su taza de café y de vez en cuando meneaba la bebida con la cuchara con muy poco ánimo.

-llegas temprano Ricchan – decía Sawako irrumpiendo en los pensamientos del castaño quien le regresó a ver con una sonrisa forzada - ¿mmmh? Veo que no te va tan bien – Sawako hizo una mueca y se sentó.

-¡Tsk! No quiero hablar de eso Sawa-chan, mejor vayámonos, quiero dormir –contestó el ojiambar con desgane.

-si tu así quieres, a mí no me afecta en nada – Sawako levantó sus manos como librándose del asunto para así ambas salir del lugar.

En el camino Sawako conducía su auto mientras escuchaba la radio, ya que Ritsu parecía no querer hablar de nada ni con nadie, estaba enojada y triste, no con los demás solo con ella misma. Pronto la estación cambió de género musical, pues al principio era rock y metal, después la locutora cambió a lo romántico para colmo de Ritsu, Sawako hubiese quitado la estación en un santiamén, pero quizá así el ojiambar le entraría el sentimiento y tendría que desahogarse, pues lo necesitaba. Comenzó a sonar una canción bastante cursi llamada "lovin' you" de Minnie Riperton . el castaño seguía mirando hacia afuera de la ventana en el asiento del copiloto, mientras escuchaba aquella canción que en todos los sentidos describía de alguna manera lo que sentía por la rubia y como veía el mundo gracias a esta, recordando así que todo aquello que sintió se iría al drenaje, pues la tecladista tenía planes de irse lejos de aquel lugar. El ojiambar se estiró para cambiar de estación, pues aquella maldita canción cursi le estaba carcomiendo el alma a pedazos. Cambio de estación rápidamente con enojo y gruñendo, para después seguir mirando hacia afuera preguntándose ¿Qué debía hacer? ¿Por qué era tan cobarde? Preguntas que no se contestaba aun sabiendo la respuesta.

Luego de un largo rato sobre la carretera, la sensei y el castaño llegaron al edificio donde estaba el departamento de la profesora y ambas subieron sin decir más. Quizá aquella actitud cortante y distante de Ritsu no era la correcta como para tomarla en contra de alguien que te hace un favor, pero Sawako entendía los sentimientos del ojiambar, creyéndose la comprensiva, pues creía que eso le hacía sentir joven y verse como una profesora sensible como siempre decía.

-bueno, no esperes una habitación para ti sola porque no la hay, puedes dormir en la sala, escoge que sofá te gusta más – Sawako le enseño los sofás que tenía y el ojiambar escogió el más grande, al menos podría estirarse.

-gracias Sawa-chan – el ojiambar dejó su mochila sobre el suelo y se dejó caer en el sofá con desgane.

-¡hay! –La sensei suspiró – los jóvenes de ahora son muy complicados… bueno, saldré un rato ¿no quieres venir? – Ritsu negó con la cabeza ante la oferta de su sensei sonriendo forzosamente para luego agradecerle. Sawako salió del departamento, pues seguro tendría una tocada o reunión con sus viejas amigas.

El ojiambar se quedó acostado sobre el sofá sin decir nada en aquel departamento, sin Sawako cerca podía llorar lo que quisiera, pero no lo hizo… por el momento. Cerró sus ojos lentamente, sentía un dolor en el pecho y comenzó a recordar la primera vez que vio a la rubia.

Fue en esos días de inicio de clases, ella esperaba a un nuevo miembro para el club de música ligera, pues con Mio ya eran dos, y eso que la bajista ni siquiera se incluía a sí misma, en ese momento la puerta se abrió después de largas horas de espera y ¡apareció! Su tercer miembro apareció en la puerta del aula. Tenía unos orbes azules tan brillantes como hermosos, una piel blanquina y tersa, una larga cabellera rubia y sedosa, y lo mejor de todo… parecía ser un ángel. Su dulce voz y esa timidez por haberse equivocado de aula envolvieron todos sus sentidos en un solo momento ¿había sido amor a primera vista?... seguramente sí. Su corazón latía fuerte, sus manos sudaban y sus mejillas parecían sonrojarse, eso sin contar la cara de estúpida que había puesto al mirarle. Tanto fue su flechazo, que corrió a pedirle, a rogarle que no se fuera, que formara parte de su club, tomando así ambas manos de la rubia angelical, las cuales estaban tibias y suaves, pudo contemplar sus ojos de tan cerca y sus labios carmín finamente plasmados sobre su níveo rostro. Aquel momento comenzó todo, todas sus ilusiones, anhelos, sueños y desde sus más inocentes hasta los más impuros de sus pensamientos… se había enamorado locamente como nunca antes… y ahora pagaba el precio por ese amor platónico.

Dio vuelta bruscamente sobre el sofá donde se encontraba abriendo los ojos con el recuerdo de la rubia en su mente aun; no sabía si sonreír o llorar, no sabía si llamarle o mejor olvidarse de ella de una vez ya. Tomó su celular, buscaba algún número en su agenda encontrando el de la tecladista, presionaba el botón de llamada y colgaba antes de que timbrara. Finalmente rendida de tanto pensar… se quedó dormida.

Pasó el fin de semana dándole la bienvenida al lunes, una semana de clases más daba inicio. Ese día Ritsu se levantó muy temprano, pues casi no podía dormir por la ansiedad de saber si la rubia iría a clases. Se cambió rápidamente apresurando a la sensei, pues esta vez sería ésta quien la llevaría al colegio. Luego de media hora, finalmente llegaron. El ojiambar agradeció a la sensei y le dijo que la vería a la salida de clases para regresar, para luego salir disparado hacia su salón. Corría, corría rápidamente como si no hubiese un mañana, sentía que lloraría en cualquier momento, sentía que ese día Mugi no asistiría a clases y eso le dolía ¿se habrá ido ya? Se preguntaba muriéndose en la duda, pues en todo el fin de semana no habló con nadie, incluso con Mio, realmente quiso probar su abstinencia a la tecladista lo cual pagaba ahora. Siguió corriendo hasta chocar accidentalmente con una alumna, a la cual le pidió disculpas sin siquiera verle al rostro, pues llevaba prisa. Llegó al salón con velocidad, divisó el área, habían varias de sus compañeras, incluso Yui y Mio quienes le vieron entrar despavorido y sudando con la respiración entre cortada buscando con desesperación a la tecladista… ella no estaba. Ritsu sintió una punzada en su pecho y un frio en el estomago, se sintió perdida, todo su mundo se desvanecía de momento a otro… su mirada estaba perdida y anonada. Se dio vuelta rápidamente, lo único que pensaba era en ir a la casa de la rubia y preguntar por qué no fue a la escuela, pero su camino se vio obstruido por alguien que venía entrando al aula, deteniéndose así de golpe.

-¡Mugi! – Exclamó al ver que la rubia venía entrando -¡Mugi! – gritó una vez más con felicidad. No podía creerlo, la rubia seguía en la ciudad, no se había ido. Su corazón comenzó a latir rápidamente sintiendo un alivio instantáneo y sin poder contener la alegría de verla le abrazó inconscientemente. Todas en el aula veían con confusión la escena.

Por su parte, la rubia estaba más que confundida, Ritsu ¿abrazándole? ¿y gritando con emoción su nombre? ¿Qué pasaba? La tecladista correspondió al abrazo del castaño lentamente, sintiendo felicidad por el simple hecho de que éste le abrazara sin ningún motivo o razón evidente.

-¿Qué pasa Richard-kun? – preguntó la tecladista notando las miradas curiosas de las demás alumnas y en particular la cara de celos de Mio. Ritsu regresó a la realidad, recordando que estaba en la entrada del salón de clases, seguramente todo mundo les vería.

-es obvio, te extrañaba – contestó Yui la pregunta de la rubia. Mugi y Ritsu deshicieron el abrazo y se miraron por unos segundos con las mejillas sonrojadas, mientras que la bajista hizo una mueca de disgusto.

-y-yo lo siento… es solo que… - el ojiambar no sabía que contestar y todas esperaban una respuesta ante aquella acción. Sus mejillas se sonrojaban y sentía que su pulso se disparaba, veía venir un colapso seguro, cuando la campana de inicio de clases comenzó a sonar, dándole paso a Sawako-sensei.

-salvada por la campana – pensó el castaño al ver entrar a la profesora. Así todas tomaron asiento y ésta comenzó a impartir las clases.

En el transcurso de las clases, Ritsu se sentía aliviada y feliz, volvió a ver a la rubia que tanto amaba y su día había empezado de maravilla al ser correspondida en su abrazo, sin contar aquel sonrojo que se produjo en las mejillas de la tecladista después del abrazo, Ritsu estaba feliz en realidad, no era mucho, pero era algo; y lo mejor… Mugi, su amada oujo-sama… no se había ido. Mientras que la tecladista por su lado; pensaba ¿Qué había sido eso de la mañana? ¿Por qué la baterista le abrazó con tanta fuerza y emoción? ¿Eso era una señal para quedarse en Japón?... posiblemente. La tecladista sonrió inconscientemente, pues se sentía feliz de contemplar aquella esperanza basada en una acción de la misma baterista. Mio… Mio al igual que Mugi, se preguntaba ¿Qué demonios estaba haciendo Ritsu abrazando y sonrojándose por Mugi? Estaba celosa, pero eso tendría que confrontarlo con Ritsu a la salida.

Las clases pasaron y el día era llevadero, Ritsu y Mugi casi no hablaban, pero se tiraban miraditas tímidas de vez en cuando, se sonreían cuando estaban juntas y la baterista participaba más a menudo en clases con tal de llamar la atención de la rubia. La hora de salida llegó, todas salían en grupo como normalmente. Ritsu iba platicando con Yui con naturalidad, Mugi con Azusa y Mio caminaba a su lado en silencio. Finalmente Ritsu tenía que irse con Sawako, quien le esperaba en el estacionamiento.

-bueno, las veo mañana chicas, hoy vinieron por mi – habló Mugi despidiéndose de todas y mirando a la baterista, quien le veía con ternura y aquel carmín en sus mejillas – hasta mañana… Ricchan… - la tecladista hizo un ademán con su mano diciendo adiós solo para Ritsu, quien en seguida le contestó de la misma forma. Así Mugi se fue hacia un auto que le esperaba en la entrada del colegio y se marchó.

Azusa y Yui se miraban en complicidad, notando la cara de molestia de la bajista, seguramente celosa, por lo que dejaron al castaño y a la ojigris a solas, marchándose así a sus respectivas casas.

-Ritsu – habló Mio con seriedad, Ritsu le regresó la mirada - ¿Qué fue lo de la mañana? – preguntó con indignación.

-¿eh? no puede ser, sabía que me preguntaría – pensó Ritsu soltando un bufido – bueno yo… es que… creí que la lastimé cuando me voltee rápido sin fijarme – contestó el castaño con simpleza.

-¿y los sonrojos? – preguntó una vez más Mio.

-¿sonrojos? Yo no lo estaba – contestó Ritsu rápidamente para zafarse.

-¿entonces soy ciega? – se quejó la bajista.

-¿estás celosa? – preguntó Ritsu con sorna.

-no me cambies el tema – se quejó Mio exasperada.

-perdón…

-Ritsu yo sólo quiero que esto salga bien…se que dije que haría lo imposible porque funcionara, pero si vas a andar coqueteando con quien se te pare enfrente… deberías decirlo antes de que me esfuerce – la bajista se notaba deprimida y sintiéndose culpable por ello, el ánimo de la baterista se deploró.

-lo siento Mio, no era esa mi intención… yo solo… solo quiero hacer las cosas bien – contestó deprimido el castaño.

-no te preocupes, estás haciendo lo correcto – la bajista besó al castaño en un tierno beso mientras tomaba sus manos y se despidió.

Sawako que todo veía desde su auto en espera del castaño, contemplaba el caminar desganado del ojiambar, quien se dirigía hacia ésta después de aquella, su primer "discusión" con Mio. El ojiambar abrió la puerta del auto y se adentró dejándose caer sin mucho ánimo.

-¿Qué fu eso? ¿Le dijiste la verdad? – preguntó la sensei girando la llave para arrancar el auto esbozando una sonrisa irónica.

-¿de qué hablas Sawa-chan? – preguntó Ritsu con confusión.

-sonrojos, miradas tímidas, sonrisas tontas y semblantes de estupidizamiento, suficientes señas para saber que sientes algo fuerte por Mugi-chan – contestó la sensei con simpleza haciéndose la muy inteligente.

-no serás muy inteligente pero si muy atenta – contestó Ritsu con una sonrisa maliciosa.

-¡Hey! ¿Qué dijiste? – preguntó retirándose los anteojos con la voz estruendosa.

-¡n-nada! – contestó el ojiambar meneando las manos con rapidez y miedo.

-bueno, eso es bueno – Sawako sonrió complacida. El castaño suspiró aliviado - ¿entonces? ¿Qué harás? – preguntó la sensei con curiosidad mientras llevaba el control del volante.

-¿de qué?

- ¿seguirás saliendo con Mio-chan a pesar de lo que es evidente?

-bueno yo… no lo sé. Lo que pasó con Mugi hoy fue… en su extensión doloroso, pensé que no la vería jamás y eso me hizo sentir una desesperación enorme y un vacio incomparable – el ojiambar bajó la mirada – pero con Mio prometí que dejaría de pensar en ella porque me dijo que ama a alguien más, es por eso que pienso ir a lo seguro… sé que puedo enamorarme de ella, solo necesito tiempo – argumentó finalmente.

-¿a quién se lo prometiste? – preguntó Sawako con seriedad.

-¿Qué? – preguntó crédula Ritsu.

-¿a quién le prometiste que dejarías de pensar en Mugi-chan? – preguntó la sensei.

-bueno… pues a mí misma.

-y no hay peor ciego que el que no quiere ver – Ritsu arqueo la ceja ante aquel comentario.

-solo vámonos – finalizó el ojiambar con desgane.

Sawako arrancó el auto y continuo su camino sin decir más, solo esbozó una sonrisa y avanzó. La sensei sabía que era cuestión de tiempo para que la baterista se convenciera de que lo correcto era seguir su corazón. Luego de un rato y hacer una parada en el video club para rentar películas, finalmente llegaron al departamento de la profesora. Ritsu se fue a cambiar y pidieron pizza para comer mientras Sawako metía palomitas al microondas. La comida había llegado, las palomitas estaban listas y la bebida yacía en el refrigerador, todo estaba listo; así el ojiambar y la sensei se sentaron en la sala a disfrutar de una película de terror. La película no demoró más de dos horas y concluyó, el ojiambar había comido tanto al igual que Sawako, que aun quedaban restos de los alimentos que comieron. Pronto el castaño le cambio al televisor y Sawako le miró.

-oye Ricchan, creo que deberíamos ir empezando a planear que vamos a decir.

-¿decir de qué? – Ritsu seguía cambiándole al televisor sin regresar la vista a la sensei.

-pues el día de la boda – argumentó la sensei.

-¡oh! ¡Cierto! – contestó el ojiambar recordando que aun quedaba ese pendiente.

-bueno, primero que nada, diremos que tenemos un año saliendo y que estamos muy enamorados.

-¿eso no es algo cursi?

-sí lo es, pero qué más da, mis padres no lo notaran – contestó la sensei con simpleza – realmente no preguntaran nada formal, solo es para que vean que salgo con alguien, lo demás no importa, nos sentaremos en la misma mesa que ellos pero seguro estarán algo ocupados con mi prima – Sawako esbozó una sonrisa.

-estas destinada a nunca encontrar un novio – se burló el ojiambar.

-¡¿eh?! ¡Repite lo que dijiste! – la sensei miraba asesinamente al ojiambar, quien solo comenzó a reír por la reacción de Sawako.

Después de aquel breve plan sobre el día de la boda, Sawako se fue a su habitación y Ritsu se puso a hacer uno que otro deber. Tomó su celular y se acomodó sus auriculares y comenzó con lo suyo. Escuchaba música movida para no pensar en nada que fuese romanticismo, meneaba su cabeza al ritmo de la música, cuando le llegó un mensaje a su celular, era la bajista.

"te veo en el parque C:"

El mensaje era breve, pero claro. El ojiambar tomó su sudadera y se puso sus tenis para salir del departamento, no sin antes avisarle a Sawa-chan, pero al entrar a su habitación, la sensei estaba dormida sobre su cama, el castaño solo le dejó una nota. Ritsu salió del lugar, aun no era muy tarde, eran las 8 pm, así que el castaño pensó que no era una mala hora. Luego de caminar unos 30 minutos, llegó finalmente al mismo parque de siempre. Buscaba tranquilamente con la mirada a la ojigris, hasta que finalmente la encontró.

-¡Hey Mio! – El castaño se acercó rápidamente hacia la bajista quien le devolvió el saludo – recibí tu mensaje ¿Qué pasó?

-hola Ritsu, gracias por venir… yo sólo… quería verte – la bajista abrazó al castaño sin aviso previo y timidez. Ritsu se sobre saltó levemente, para luego mirar con ternura y sonreírle con la misma a la azabache, correspondiendo así a aquel abrazo – es que… no pude abrazarte en todo el día…y siento haber sido tan aprensiva con respecto a lo que pasó con Mugi – Ritsu abrió sus ojos un poco más, recordando a la rubia, para luego cambiar su semblante a nostalgia.

-no… te preocupes – contestó el castaño sonriendo forzosamente. Mio jalo al castaño de cuello de su sudadera para besarlo con pasión, siendo Ritsu tomada de sorpresa "vaya que Mio tiene iniciativa" pensó el ojiambar correspondiendo al beso. El beso siguió durante un rato, hasta que el oxigeno le hizo falta a ambas y se separaron. La bajista empujó al castaño hacia una pared del lugar, por suerte el lugar estaba desolado y ellas eran las únicas en el lugar.

-wow tranquila – dijo Ritsu con sorna, Mio le sonrió ladina y así comenzó un beso apasionado una vez más.

Mio besaba apasionadamente al castaño, quien le seguía el ritmo. Los besos eran cada vez más intensos, la bajista metió sus manos delicadamente dentro de la sudadera del ojiambar, Ritsu sintió el tacto de su novia, realmente se sentía bien. El ojiambar estaba nervioso, no sabía cómo actuar en ese momento y la adrenalina de que alguien los viera, se volvía mayor, puesto que el parque contaba con seguridad policiaca. Ritsu y Mio seguían en lo suyo, las caricias variaban, de vez en cuando eran locas y luego disminuían, hasta por fin con el paso del tiempo, las caricias fueron intensamente provocativas. Mio abrió la sudadera del ojiambar, quien a su vez acariciaba la cintura de la bajista con nerviosismo, pero después con el paso del tiempo, se acopló y perdió un poco de pudor. Ritsu comenzó a besar tiernamente el cuello de la bajista dejando leves marquitas color carmín, mientras a su vez, acariciaba los pechos de la contraria con sutileza, Mio no pudo evitar soltar un leve gemido, lo que hizo que Ritsu se estremeciera ¿Cuándo se había vuelto tan segura su amiga de la infancia? No le importó, se dejaban llevar por el momento. Se besaban y exploraban un poco de sus cuerpos, Ritsu comenzaba a sentir que aquello tendría efecto visible en su cuerpo, pues comenzó a sentir un cosquilleo como el que le venía en cada erección, pero no se detuvo. Pronto se le notó cuan excitado se sentía y lo supo porque la cercanía de la bajista a su cuerpo era completa. Ritsu se quiso alejar un poco para tranquilizarse, pero Mio no se lo permitía, ya que lo tenía contra la pared. Ritsu sentía que si no se detenía en ese momento, la azabache notaría su grado de excitación, y aunque fuese su novia, realmente le apenada. Escucharon los pasos de alguien aproximarse y ambas se separaron, dándole así un respiro a Ritsu.

-alguien viene – susurró el ojiambar un poco aliviado.

-eso creo – contestó Mio escondiéndose detrás del castaño. Ambas guardaron silencio para notar que era un policía que seguramente hacia su recorrido como siempre.

-creo que lo dejaremos para otro día – musitó Ritsu mientras Mio asentía.

-entonces te veo mañana – la bajista le guiñó un ojo al castaño para darle un último beso e irse a casa, la cual no estaba a más de dos cuadras del lugar, y así corrió alejándose del castaño.

-¡oye! ¡Déjame acompañarte de regreso! – gritó Ritsu suponiendo que era algo tarde para que Mio regresara a casa sola.

-¡solo son dos cuadras! – contestó Mio y siguió corriendo. Así Ritsu regresó al departamento de Sawako con una sonrisa en su rostro.

En el camino regreso a casa, iba recordando aquella sensación del cuerpo de la rubia contra el suyo, imaginándose que más hubiese pasado si el policía no hubiese aparecido y preguntándose ¿habría Mio accedido a hacer algo más que caricias? Inevitablemente se lo preguntó, agitando la cabeza de lado a lado con un carmín salpicando sus mejillas ferozmente ante aquella pregunta impura que se hacía, sintiéndose un degenerado en su extensión. Después de regresar al departamento de la sensei, Ritsu abrió la puerta cautelosamente para no hacer ruido y despertar a Sawako, pues cuando se fue, ésta última dormía plácidamente. Se quitó los zapatos y comenzó a caminar de puntillas hacia el sofá donde dormía; se quitó la sudadera y disponía a acostarse sobre el sofá cuando…

-¡ouch! – se escuchó un quejido del sofá donde Ritsu se acababa de sentar, quien brincó estrepitosamente.

-¡ah! ¡¿Quién está ahí?! – preguntó el castaño poniéndose en guardia.

-tranquila Ricchan, solo soy yo – habló Sawako prendiendo una lámpara de la sala.

-¿Qué haces tú aquí? – preguntó el ojiambar con indignación cruzándose de brazos

-bueno, numero uno; ésta es mi casa y numero dos; te esperaba porque encontré una nota tuya que decía que ibas a salir – Sawako se levantó del sofá quedándose sentada. El ojiambar no dijo nada - ¿y cómo te fue con Mio-chan? – preguntó con curiosidad la sensei.

-¡¿Cómo sabes que salí con Mio?! ¡Me estás espiando! ¡Por eso me diste alojo en tu casa! – gritó Ritsu acusadoramente.

-dios ayúdame – Sawako soltó un suspiro cansino – para empezar, tú me pediste alojo, por eso te ayudé, y para terminar, tu nota lo decía – la sensei sacó una hoja de su pijama y se la restregó en la cara al castaño.

"Sawa-chan, salí un momento, voy a ver a Mio regreso tarde" decía la nota con letra poco legible.

Sawako miró con fastidio al castaño mientras leía la nota y reía tímidamente por su distracción y falta de memoria.

-perdón, lo olvidé – el castaño se dejó caer a lado de la sensei en aquel sofá.

-y bien ¿Qué tal te fue? ¿Ya te enamoró? – preguntó con sarcasmo, el castaño le miró con indignación una vez más.

-¡vamos Sawa-chan! No hagas más difíciles las cosas.

-tú te complicas, yo sólo soy curiosa.

-ah ¿Qué te puedo decir? Tengo que aceptar que Mio realmente me gusta, pero no sé, de alguna manera no es lo mismo – Ritsu bajó la mirada y soltó un suspiro resignado.

-mira que nuestro primer amor no es quien nos gusta primero, si no por quien hacemos la mayor de las estupideces – contestó la sensei con una sonrisa ligera.

-¿Cómo tu cuando dejaste de ser una friki por ser una metalera? – bromeó el castaño.

-puede ser – Sawako rio por aquella estupidez.

-aunque él no te hiciera caso, no valió la pena – refunfuño el ojiambar.

- la verdad es que si valió la pena, y por lo menos me arriesgué – contradijo la contraria sonriendo triunfante y dejando a Ritsu sin palabras – bueno, mañana será otro día, recuerda levantarte temprano, me voy a dormir – Sawako se levantó del sofá y se fue a su habitación.

Ritsu se quedó pensando en lo que dijo la profesora, ahora todos parecían ser más sabios que ella, aunque nunca se consideró como tal. Se acostó sobre el sofá mirando hacia el techo, contemplándolo como si no hubiese un mañana para volverlo a hacer, hasta que sus ojos se cerraron y durmió por fin.

A la mañana siguiente, la sensei se levantó temprano y vio a Ritsu dormir aun "que desobligada es Ricchan" pensó al ver su reloj de mano y darse cuenta de que faltaba media hora para que las clases comenzaran. Sonrió con malicia y tomó su Ipod conectándolo a unas bocinas subiéndole a todo lo que daba y puso "Be quick or be dead" de Iron Maiden a todo lo que daba el sonido, causando que Ritsu brincara del sofá de un solo golpe con la mirada perdida y buscando el origen del sonido, mientras ella se paseaba con una taza de café por el lugar.

-¡¿Qué demonios es ese ruido?! – gritó exasperado el castaño.

-¿oh? Ya despertaste, buenos días Ricchan – contestó quitada de la pena.

-¡agh! – gruño el ojiambar levantándose del suelo y entendió el mensaje yéndose a cambiar para ir a clases.

Luego de quince minutos, Sawako y Ritsu estaban listas y se fueron a la escuela en el auto de la mayor. No tardaron mucho en llegar, puesto que iban retrasadas y de vez en cuando, Sawako se volaba uno que otro semáforo.

-te veo en la salida – finalizó la sensei y Ritsu se fue a su salón.

Al llegar al aula, Ritsu buscó con la mirada a la tecladista, por suerte, ya había llegado, así que sonrió con alivio. La saludó con normalidad al igual que a Mio y a Yui. Ritsu se sentó en su lugar y comenzó a platicar con las tres como normalmente lo hacía. De vez en cuando miraba a la tecladista y se embobaba contemplándola, lo que la bajista notaba y Mugi se apenaba, pues sentir la mirada de su amada baterista le intimidaba en serio. Las clases comenzaron y el primer profesor entró al salón y así comenzó a impartir su clase. Las horas parecían eternas para Yui y Ritsu, quienes comenzaban a rodar notitas con dibujos y breves mensajes riéndose entre ellas, luego se los pasaron a Mugi, quien solo reía por lo bajo, también incluyeron a Mio, pero ella solo bufaba por su inmadurez y porque las podían descubrir, hasta que finalmente le mandaron uno con un chiste y Mio inevitablemente se rio. Así pasaron todas las clases y ninguna de las cuatro se concentraba por estar mandando, recibiendo y contestando aquellos dibujos y mensajes. Las clases y el día concluyeron al final de cuentas no sabían que carajos habían visto en todo el día, solo sabían que tenían tarea para el día siguiente, así que Yui le pidió una copia de sus apuntes a Nodoka, quien le reprendía por no poner atención. Yui y Mugi fueron a sacer las copias a la biblioteca de la escuela, dejando a Mio y Ritsu en el salón, quienes eran las últimas pues era el día que les tocaba la limpieza, la cual hacían mientras esperaban a Yui y Mugi que se acababan de ir. La baterista y la bajista terminaron de sus deberes en el aula, ahora solo esperarían a Yui y Mugi con las copias.

Mio acomodaba sus cosas al igual que Ritsu, cuando unos libros de la bajista cayeron al suelo y el ojiambar amablemente se los recogió, Mio agradeció aquel cortes gesto.

-¿crees que tarden? – preguntó la bajista refiriéndose a Yui y Mugi, Ritsu se encogió de hombros como diciendo "no sé" ambas se quedaron en silencio mirando hacia la puerta. Mio se acercó tímidamente al castaño para darle un abrazo y Ritsu sonrió correspondiéndolo – ya extrañaba hacerlo – musitó la bajista con pena.

Ritsu levantó lentamente el mentón de la bajista, pues le parecía lindo que ella fuese tan cariñosa con ella, y así le dio un tierno beso. Mio correspondió al beso sutilmente y poco a poco fue volviéndose apasionado, una vez más estaban en el clímax del asunto, Ritsu pensó que alguien podría entrar y verlos, pero no quiso hacerle caso a ese instinto y siguió correspondiendo al beso y las caricias de la bajista. Se perdía en el aroma de la ojigris, sus caricias eran suaves y exquisitas y a la vez tímidas pero sedientas de más. El ojiambar le devolvía cara roce o caricia que la azabache formulara, se estaban dejando llevar por el momento y las sensaciones, se estaba volviendo un momento tan intimo, que ambas se olvidaron que Yui y Mugi podrían volver en cualquier momento. De momento a otro, quedaron tan cerca del escritorio, que el ojiambar cargó a la bajista sin ningún problema y sin dejar de besarle. Besaba su cuello, sus labios y acariciaba con finura y delicadeza las piernas de la azabache ya sentada sobre la mesa, quien con ambos brazos se aprisionaba de su cuello y ambas piernas de las caderas del contrario. Mio se dejó caer sobre la mesa lentamente mientras los besos y roces de las manos de Ritsu le envolvían en un deseo de más. Pronto Ritsu acaricio las piernas de la ojiambar con astucia, levantando un poco su falda, cada vez se besaban con más fervor, sin importarles mucho quien se asomara o llegaran, pues pensaban que el castigo valdría la pena por aquella recompensa de obtener más del contrario. La atmosfera era cada vez más intensa y exigía más de ambas partes, pero sabían que no podían pasar a más, no en la escuela. Las caricias y besos seguían, era para enloquecer de placer y tentación cuando el seguro de la puerta sonó dándole paso a Yui y Mugi, quienes se quedaron anonadas ante la escena que presenciaban. Ritsu se levantó rápidamente al igual que Mio mientras acomodaba su falda, ambas bastante sonrojadas y agitadas.

Mugi no pudo soportarlo, el corazón se le partía, suficiente era soportar la idea de saber que la bajista era dueña del amor de la baterista, pero presenciar intimidad entre ellas le parecía demasiado para sus emociones reprimidas. Sintió una punzada en el pecho y un dolor enorme al ver al amor de su vida postrar sus deseos en alguien más que no fuera ella, las lágrimas se veían venir, sus ojos se cristalizaron y sentía que estaba a nada de llorar.

-lo sentimos… creo que volvemos más tarde – dijo Yui entrecerrando la puerta. Bajo aquellas palabras, la tecladista soltó las hojas que traía en mano y salió corriendo del lugar a toda prisa.

-¡Mugi espera! – Ritsu salió corriendo detrás de la ojiazul al ver que salió corriendo.

Sentía que su corazón se partía, que de alguna forma Ritsu le traiciono ¿pero como acusarla de eso si nunca nadie dijo algo sobre que Ritsu fuese algo más que su amiga? ¿En qué sentido le podía traicionar? Quizá solo lo hacía en su mente. La tecladista corría y corría, bajó las escaleras a prisa, hasta salir al patio del colegio, realmente le había dolido ver aquella escena, y aunque lo había supuesto que pasaría, verlo que imaginarlo le resultaba más difícil. Mugi llegó hasta el patio donde algunas alumnas aun salían de clases, sus ojos derramaban lágrimas cerrándolos con fuerza.

-¡Mugi espera! – gritaba el ojiambar quien había salido detrás de la rubia hasta alcanzarla. Ritsu tomó a Mugi por una mano dándole la vuelta, la tecladista se resistió al principio, pero Ritsu estaba empeñada en darle una explicación de las cosas – Mugi lo que viste no es… lo que piensas solo es que_ - el ojiambar notó que la rubia lloraba, quedándose sin palabras.

-no importa ¿Por qué tendrías que explicarme algo? No necesitas hacerlo, solo salí porque no quería interrumpir – contestó la tecladista limpiándose las lagrimas y mirando hacia el suelo o algún otra parte para evitar la mirada del castaño, quien ya había notado sus lágrimas.

-Mugi… estas llorando – musitó el castaño limpiando con su mano las mejillas de la tecladista, la cual le retiró de un manotazo la mano de su rostro retrocediendo un poco – oye no tienes porque hacer esto – se quejó Ritsu.

-tú no tienes que venir a explicarme lo que haces o no con tu noviecita – contestó Mugi con enojo.

-bueno, yo solo vine porque saliste corriendo, pensé que te asustaste o no sé… pero estas llorando – Ritsu se acercó un poco a la rubia. A lo lejos, se veía un trío de chicas que venían caminando con tranquilidad, notando así aquella conversación de la baterista y la tecladista.

-¿esa no es Mugi-san y Richard-kun? – preguntó la menor de las Hirasawa que venía en compañía de Azusa y Jun.

-¿Quién es ese? – preguntó Jun.

-es el primo de Ritsu-san – contestó Ui.

-pero parece que está discutiendo con Mugi-san – contestó la castaña de coletas.

-lo mismo pensé yo – argumentó Ui. Azusa solo observaba la conversación de Ui y Jun y a la vez veía la de Ritsu y Mugi.

-¿Mugi porque lloras? – el castaño no entendía el porqué de las lágrimas de la rubia, eso le hacía sentir profundamente mal, la rubia no contestó.

-eso no te importa, déjame ir – se quejó Mugi, pues Ritsu le detenía de la mano, comenzando a forcejear un poco.

-no hasta que me digas porque estas llorando – el castaño aprisiono a la rubia, quien solo forcejeaba y se quejaba que la dejara ir. Mugi pensaba del ¿Por qué debería decirle? Aunque le hiciera no le importaba, ¿Quién se sentía aquel maldito castaño para exigirle explicaciones de sus acciones? Mientras que el ojiambar comenzaba a creer que Mugi podría realmente sentir algo por ella ¿sería ese el motivo de sus lágrimas? No lo sabría, pero estaba decidida a preguntarle en ese momento.

-¡Ritsu basta! – gritó la rubia zafándose de las manos del castaño.

-¿dijo Ritsu? – preguntó Jun, quien en compañía de Azusa y Ui veían aquella escena.

-¡n-no! Dijo Richard, es que estamos muy lejos, por eso no escuchamos bien – corrigió la gatita rápidamente, puesto que sus amigas no sabían del problema con el ojiambar.

-creo que ese Richard, está molestando a Mugi-san ¿deberíamos ir a ayudarla no? – comentó Jun otra vez, Ui asintió y Azusa no sabía que decir, podía imaginar que pasaba.

-Mugi ¿Por qué no me dices? ¡Yo quiero saber! ¡Te quiero ayudar! ¡Porque yo te quiero! – exclamó el castaño perdiendo la paciencia.

-sí, lo sé, tú me quieres porque eres mi amiga, y yo también, pero no puedo decirte – contestó Mugi con lágrimas corriendo por sus mejillas.

-¡basta! ¡Basta! ¡Basta! – La baterista tomó ambas manos de la rubia y le miró fijamente - ¡dime porque lloras! Es acaso que tú… ¿sientes algo por mí? – preguntó el castaño finalmente con el llanto casi en los ojos. Mugi abrió sus ojos totalmente y el viento de aquella tarde corrió lentamente por el ambiente, aquella pregunta era el motivo y lo sabía, pero Ritsu no podía saberlo, no ahora.

-¿Qué? – preguntó indignada la rubia, aunque esa era su oportunidad de confesarse, no podía interponerse en la relación de Mio y la baterista por mucho que odiara esa idea, y muriera de celos cuando estaban juntas, simplemente era demasiado amable como para basar su felicidad en la de alguien más.

-lo que escuchaste – reiteró el castaño sin soltar a la rubia, pero sin sostenerla con la misma fuerza.

-¿crees que por ser un chico ahora, seré como todas las que se enamoran de ti? – Mugi se zafó del agarre del castaño, quien se quedó anonado tras esa contestación, pues sus esperanzas porque el llanto de la rubia fuese por ella, se habían ido al carajo – no malinterpretes las cosas Ritsu – la tecladista se dio la vuelta, pero por inercia el ojiambar la detuvo una vez más – suéltame – la rubia se jaló dándole una bofetada al castaño, pues sabía que de esa manera Ritsu se sacaría de la mente la idea de que ella podría sentir algo por ella. Ritsu la soltó tocándose la mejilla donde Mugi le había dado aquella bofetada, que lejos de ser por dolor, estaba perpleja por su actitud a la defensiva.

Azusa, Ui y Jun se quedaron boqui abiertas al ver la reacción de Mugi ante las insistencias del castaño, quienes no escuchaban del todo.

-creo que ya no necesitará ayuda – habló Jun con sorna al ver la bofetada de la rubia sobre el castaño sonriendo ladina.

La tecladista se alejó del lugar sin decir más, por dentro el corazón se le hacía trizas, haber rechazado aquella oportunidad realmente le hacía arrepentirse y más aun, haber golpeado a la baterista, pero sabía que de esa forma podría dejarlo ir, aplicando el dicho de, si amas algo déjalo ir y si regresa es que siempre fue tuyo. Mientras que Ritsu se quedó viendo al horizonte como se alejaba la rubia, convenciéndose así que Mugi realmente no sentía nada por ella, pero… ¿Por qué lloraba? … eso era algo que nunca sabría, o no dejaba convencer por lo que era evidente… una Mugi dolida.

NOTAS FINALES: ¡woh! ¡woh! Me salió bastante larguito este capítulo, pero bueno, ustedes querían capítulos largos -3- jaja espero que les haya gustado. Les aviso que el próximo capítulo será el final, por fin los dejaré de molestar jaja o dejar de poner suspenso, así podré seguir mis demás fic.

ESPERO SUS REVIEWS wuuuuuhh

Sayonara

:3