NOTAS: muy feliz estoy de que por fin eh terminado éste fic jaja en realidad ahora si podré continuar con los demás que tengo pendientes (realmente son bastantes xD) pero bueno, los leo abajo C:

K-ON! Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN, PERO AGRADECERIA QUE ASÍ FUERA XD

.

Miraba con intriga la partida de la rubia mientras tocaba su mejilla con lágrimas a punto de brotar de sus ojos miel, era definitivo, sus esperanzas y sueños se fueron por la borda.

-¡Richard-kun! – se acercó Azusa corriendo en compañía de sus amigas después de que Mugi le golpeara preocupada por su senpai. Ritsu seguía inerte mirando hacia la dirección hacia donde se fue la rubia.

-¡Ricchan! – venía Yui gritando con las copias aun en mano, las cuales se le volaron con el aire en compañía de la bajista.

-¡Yui mira lo que hiciste! – se quejó Mio deteniéndose para tomar las hojas.

-¡onee-chan! – Ui y Jun fueron en su ayuda, pues todas comenzaban a esparcirse.

-¿Qué pasó Ritsu-senpai? – preguntó la gatita con intriga observando el semblante decaído de su senpai.

-nada… siempre es lo mismo… nunca pasa nada Azusa – contestó el ojiambar mirando con melancolía a la gatita sonriendo forzosamente, quien le veía con comparecencia y al fondo sus amigas recogiendo las hojas que Yui dejó volar accidentalmente.

-quizá debería ir tras ella – sugirió la gatita.

-no creo, me ah quedado claro que no congeniamos en los sentimientos – contestó el ojiambar con recelo.

Después de un rato y un gran esfuerzo por recuperar las hojas de los apuntes, que por cierto volvieron a sacarle copias porque se ensuciaron con la tierra; Ritsu y compañía abandonaron las instalaciones de la escuela. Las menores se despidieron junto con Yui, dejando a solas a Ritsu y Mio, quienes caminaban en silencio.

-¿estás bien Ritsu? – preguntó Mio quebrando aquel silencio incomodo. El ojiambar solo asintió regalándole una sonrisa a la bajista para que no se preocupara.

-sabes Mio, creo que necesito un poco de tiempo a solas ¿te molesto si me voy ahorita? Tengo algo que pensar – el ojiambar se notaba deprimido realmente, así que Mio algo dudosa no quiso interponerse en los pensamientos de la baterista, dejándole partir sin pedir explicaciones. El castaño le besó la frente a la bajista, pues ella no tenía la culpa de nada, sentía culpa más bien.

La baterista se alejó del lugar caminando hasta el departamento de la sensei, aunque realmente no quería llegar, pues no quería afrontar los cuestionamientos de la sensei en aquellos momentos, no lo toleraría, así que caminó a paso lento mientras pensaba en las frías palabras de Mugi cuando le dijo que no era una más de todas las que se enamoraban de él por ser un chico, después de que todo había comenzado porque ella pensó que la rubia se fijaría en ella si fuese un chico, se sentía realmente estúpida. Ritsu caminaba cabizbaja, no quería pensar más en la tecladista pero inevitablemente el pensamiento le regresaba a la mente, ¿pero como meditar más sobre ella si ésta le había dejado más que claro que no sentía nada por ella? Estaba de más hacerse ilusiones. El ojiambar apretaba sus puños de ira, estaba decidido a no pensar más en Mugi, tenía que hacer hasta lo imposible por olvidarse de ella, tenía que enamorarse de Mio ¡ya! Estaba decidido, la decisión final, si Mugi se iba o no, dejaría de importarle de una buena vez, si la tecladista le dedicaba sus tardes a alguien más, si le dedicaba sus alegrías a alguien más, si compartía sus miradas cada mañana con alguien más, si sus labios probaban los de alguien más si su corazón se lo entregaba a alguien más y si sus caricias se volvían ajenas a su persona; le dejaría de importar a partir de éste momento, pues no lucharía por algo que estaba perdido, no se arriesgaría si la rubia no quería, pero aun quedaba una pregunta al aire ¿Por qué lloraba esa tarde? ¿Por qué Mugi lloraba después de aquella escena?... eso complicaba su decisión.

Por su parte, la rubia se había encerrado en su habitación desde que llegó a su casa. Lagrimas corrían por sus mejillas, sus ojos estaban bastante irritados, pero parecía tener lágrimas para rato. Cada que recordaba a Ritsu besando y acariciando las piernas de la bajista, su corazón se detenía y cuarteaba a punto de quebrarse en cualquier momento. Pensaba que los cuentos de hadas eran una tontería, y que aquellos relatos que narran que los príncipes azules siempre llegan por sus princesas al balcón de sus castillos cabalgando en un bello caballo, no eran más que una bola de patrañas que la gente inventaba para no ver lo dolorosa que es la realidad del amor "tonterías" pensaba la rubia aferrándose a su almohada para calmar un poco aquel dolor. Esa misma tarde tuvo la oportunidad de haberle dicho sus verdaderos sentimientos a la baterista, pero no podía, su orgullo fue más, ni siquiera sabría que le contestaría el ojiambar si acaso ella le hubiese dicho que realmente lo amaba y quería pasar sus días enteros a su lado ¿Por qué Ritsu le preguntó? ¿Acaso ella también sentía algo? "no" se decía así misma; pues pensaba que Ritsu solo podría estar interesada en la bajista, después de ver lo que pasó esa tarde, nada cambiaría su pensar. La tecladista se levantó de la cama harta de sufrir por la baterista quien al parecer vivía su vida sin complicaciones, desconociendo el martirio en la cabeza del ojiambar por su culpa. Tomó el teléfono de mesa y comenzó a marcar algún número.

-¿si bueno? ¿Papá? Soy yo, Mugi. Está decidido, me voy con ustedes éste sábado a primera hora. Si papá, gracias, les llamo antes de salir, ya compré el boleto, sí, yo también los quiero, si papá estoy bien, no es nada – Mugi colgó el teléfono y se tiró sobre su cama para seguir en su aflicción.

Ritsu había caminado bastante y con la idea en claro que debía olvidarse de Mugi, llegó finalmente horas después al departamento de la sensei. Abrió la puerta y entró con desgane sin decir ni una palabra, dejó sus zapatos en la entrada y se tiró sobre el sofá recargando uno de sus brazos sobre sus ojos.

-pensé que no llegarías hoy ¿de pase con Mio-chan? – Preguntó la sensei con naturaleza, Ritsu no contestó – la cena está lista, si quieres puedes servirte – Sawako se sentó en la mesa a observar al castaño mortificado sobre el sofá.

-gracias Sawa-chan, pero no tengo hambre – contestó el ojiambar sin mucho ánimo.

-¿Qué pasa Ricchan? ¿Tuviste un mal día? – volvió a hablar mientras comía una cucharada de su cereal, pues esa era la cena.

-no quiero hablar de eso, pero a veces creo que me volveré loca – contestó Ritsu quitándose el brazo de la cara y viendo al techo. Sawako masticaba el cereal sin decir nada – estoy fastidiada, harta, cansada y todos los sinónimos posibles para describir que me siento de la mierda – argumentó el castaño con ira, la sensei seguía escuchando, al parecer Ritsu se estaba desahogando – no sabes cuánto me esfuerzo por olvidarme de lo que siento, trato de no pensarlo pero el recuerdo viene a mí como espuma, estoy cansada, hoy estaba a punto de decirle cuanto la quiero, y cuando le pregunté por fin si ella sentía algo por mí, tan solo me ignoró y golpeo en la cara – Sawako soltó una risita -¡no es gracioso! ¡No lo es! – el ojiambar comenzó a llorar amargamente postrando uno de sus brazos sobre sus ojos una vez más, Sawako dejó de reír pues trataba de ponerse en su lugar – Sawa-chan, necesito ayuda, no sé qué hacer, estoy enamorada de ella, la amo, la amo tanto que no sé qué hacer, no puedo olvidarla, no quiero hacerlo, no lo necesito, lo único que necesito es estar a su lado, verla sonreír, escuchar su voz, tocar sus manos, contemplar sus ojos, la necesito a ella ¡y no sé qué hacer! – el llanto del castaño era abundante, tanto dolor emanaba solo de escucharle, que Sawako dejó de comer mirándole así con tristeza. No era momento para bromear, ciertamente nunca había visto a la baterista en un estado tan deplorable, solo guardó silencio.

-te recomiendo que le digas. No importa si te corresponde o no, deberías hacerlo y sincerarte con ella, no digas que no sabes que hacer porque sabes que lo que necesitas es decírselo, después de eso tu parte quedará sellada, lo demás será cosa del destino – Sawako le sonrió amablemente, luego se levantó de la mesa y caminó hacia el lavabo dejando su plato ahí, para dejar a solas al ojiambar e irse a dormir.

Ritsu se quedó pensándolo en el sofá un rato más, hasta que finalmente dejó que su orgullo le dominara y optó por no tomar la decisión de confesarse, si se proponía olvidarse de Mugi, ésta era la oportunidad. Se levantó del sofá y se fue a dar una ducha para luego dormirse sin más.

Al día siguiente, cuando ya todos estaban en el aula, Ritsu buscaba a Mugi con la vista, pero ésta nunca apareció. El día terminó y ya ni siquiera se presentaban a los ensayos, Ritsu estaba distraída y algo distante con la bajista, quien notaba aquellas acciones del ojiambar, no parecía el mismo desde hacia tiempo, no podía basarlo en su relación, pues desde hacía mucho tiempo que su mente divagaba en otras dimensiones, solo que ésta vez estaba más distraído que normalmente.

-Ritsu – habló Mio sentándose a lado de la baterista - ¿Qué pasa? Te noto distante y distraída – argumentó la bajista tomando la mano del ojiambar.

-no es nada, pero gracias Mio. Es solo que… estoy pensando cuando regresaré a la normalidad.

-sabes que yo no tendría problema porque no regresaras a ser una chica de nuevo – contestó Mio para levantarle el ánimo al ojiambar, Ritsu sonrió por el comentario emotivo.

-gracias Mio-chuan – el ojiambar agradecía de tener a alguien como Mio a su lado, apoyándole, animándole y siempre amándole incondicionalmente, deseaba corresponder a esos sentimientos de la bajista, pero para su desgracia la tecladista se le adelantó – vamos, déjame que te acompañe a casa – la bajista y la baterista caminaron hasta la casa de los Akiyama, donde Ritsu dejó a Mio para luego regresar caminando hacia el departamento de Sawako.

La tarde terminó, fue otro día donde Ritsu sufría los efectos secundarios por su abstinencia a la tecladista, preguntándose ¿Por qué no fue al colegio ese día? Y simplemente no podía, no podía seguir mortificándose por la rubia, decidió leer algún manga o algo así para distraerse.

Al día siguiente, Mugi tampoco fue a clases, Ritsu sentía que había perdido toda esperanza, su corazón le indicaba que fuese a preguntar por ella, saber que pasaba, pero su orgullo prevalecía con raíz hasta su corazón, así que mejor decidía compartir su tiempo con la bajista que seguir matándose mentalmente por la ojiazul. Mientras que Yui y Azusa se preguntaban por la tecladista, cabe mencionar que Mio hacia lo mismo, pero trataba de no pensarlo tanto, tenía sus sospechas.

-oye Azu-nyan ¿sabes por qué Mugi-chan no ha venido a la escuela? – preguntó Yui cuando todas tomaban el almuerzo, Ritsu giró su cabeza hacia ningún lado, y Azusa le miraba atentamente.

-ni idea Yui-senpai ¿tú no sabes Ritsu-senpai? – preguntó la gatita.

-no realmente – contestó secamente el ojiambar.

-quizá deberíamos ir a verla – propuso Mio con serenidad.

-la última vez que la vi fue hace dos días, cuando salió corriendo y vimos a Ricchan y Mio-chan haciendo_

-¡Yui! – se quejó Mio con sonrojos.

-lo siento Mio-chan jeje.

-deberíamos ir a verla después de clases – argumentó la gatita.

-sí, yo iré con ustedes – comentó la bajista.

-yo no puedo, vayan sin mí, no me esperen, tengo algo que hacer, la veré otro día – Ritsu tomó una actitud seria, todas le miraron extrañadas.

El almuerzo terminó, Ritsu pensaba que era lo mejor, que simplemente estaba dando un paso para avanzar, pues si Mugi no quería ir o no podía ir a clases, le ayudaba de cualquier forma, de todas maneras se estaba esforzando por no congeniar con ella.

-y los canadienses viven lejos de estados unidos porque… les gusta estar solos – hablaba una profesora explicando la geografía del continente americano, se notaba que no sabía mucho o ya se quería ir pues la campana de fin de clases comenzó a sonar. Las alumnas comenzaron a salir; mientras que Mio, Yui y Ritsu se habían quedado de ver con la gatita para ir de visita a la casa de la oujo-sama, topándose en el patio de la escuela.

-¿listas? – preguntó Azusa al ver llegar a sus senpais. Mio y Yui asintieron, mientras que Ritsu no gesticuló facción alguna - ¿no irá Ritsu-senpai? – preguntó con intriga la gatita, pero Ritsu solo demoró un par de segundos, para después negar con la cabeza. Todas, incluyendo a Mio, miraron con atención a Ritsu, la duda mataba a la bajista ¿Por qué Ritsu no querría ir a ver a la tecladista? ¿Acaso no le preocupaba? ¿O había algo más que le molestaba?

-yo… la veré mañana, ahora tengo cosas que hacer – contestó Ritsu ante las miradas intrigadas de sus amigas, alejándose así del lugar para irse con Sawako quien seguramente le esperaba para regresar a casa.

Las demás integrantes del HTT se encaminaron a casa de la rubia para saber el porqué de su ausencia injustificada en el colegio. Tomaron el tren que las llevaría hasta su destino, llegando así unos minutos después. Nadie había pronunciado nada, excepto Yui que se la pasaba abloteando todo el rato. Llegaron a la puerta de la casa, donde un amable y acatado mayordomo recibió a las jóvenes, suponiendo, que por el uniforme, debían ser amigas de la oujo-sama, y no sin antes confirmarlo con la tecladista, las dejó pasar por petición de ésta. Azusa, Mio y Yui entraron a la mansión, la cual derrochaba finura y elegancia, sin contar los lujos que se notaban hasta en el más sencillo tapete o candelabro. El mayordomo las guió hasta la habitación de Mugi, donde se encontraba la rubia acomodando sus cosas.

-¿se puede? – preguntó Mio desde la puerta.

-¡chicas! Claro que sí, ésta es su casa – contestó amablemente la ojiazul, dándole paso a las demás.

-¡oh! Mugi-chan, tienes una casa muy linda ¿tu baño es de oro? – decía Yui con inocencia.

-claro que no Yui-chan, aunque la tubería tiene baño de plata para conservar el metal – contestó con simpleza y una sonrisa amable la oujo-sama, todas se quedaron sin palabras y expectantes.

-b-bueno Mugi-senpai, venimos a verla porque nos preocupábamos por su ausencia en la escuela, es que ya han pasado dos días y nos preocupamos – asentó la gatita con preocupación. Mugi guardó silencio recordando el porqué de su ausencia, obviamente no se los diría, pero si les contaría parte de la verdad.

-gracias, no debieron molestarse por mí, mañana iba a ir al colegio y les explicaría…algunas cosas – Mugi bajó la mirada y volteando a ver algunas valijas que tenía ya preparadas para partir en un par de días.

-Mugi-chan ¿saldrás de viaje? – preguntó Yui inocentemente al ver las valijas a la espalda de la tecladista.

-bueno, algo así… verán, mi padre quiere que yo… comience a hacerme cargo de algunas cosas en la empresa, así que… terminaré mis estudios en estados unidos, donde mis padres se encuentran por ahora… así que yo…_

-¡¿te irás a estudiar a América?! ¡¿Qué pasó con que iríamos a la misma universidad?! – exclamó Yui con tristeza.

-bueno yo… creo que… ya no será así – Mugi sonrió tristemente.

-pero Mugi-senpai ¿Por qué? – preguntó con intriga la gatita.

-bueno, yo solo… quiero ver felices a mis padres…

-¡no Mugi-chan! ¡No! – Yui corrió a abrazar a la tecladista.

-Mugi – habló la bajista seriamente – es eso ¿o hay algo más? – preguntó la azabache quien sospechaba que aquella razón no era suficiente como para que la rubia dejara su antigua vida, todas guardaron silencio.

-¿algo más? – susurró Azusa, quien comenzó a recordar que el ultimo día que vio a la rubia fue en la discusión con el ojiambar, sus ojos se abrieron de golpe mirando con sorpresa a la rubia, y la bajista que era realmente astuta, también recordaba ese porqué.

-esa es la única razón Mio-chan – contestó la rubia esbozando una sonrisa amable, pues primero muerta le diría que la única razón era para olvida a la baterista a quien tanto amaba. Mio no le creyó.

-¡Ricchan morirá cuando sepas que te vas! ¡No te vayas Mugi-chan! – exclamó Yui aferrándose a la tecladista, quien sintió su corazón acelerado al recordar a la baterista, las lagrimas quisieron brotar, pero ésta las reprimió.

-si Mugi-senpai, Ritsu-senpai se sentiría muy triste – argumentó la gatita en tono melancólico, como si Mugi fuese lo más importante para Ritsu, cosa que solo la kohai sabía hasta el momento. Mio le dirigió una mirada intrigada por su comentario, pues ella sabía que todas extrañarían a Mugi, pero ¿Por qué remarcaban a Ritsu?

-no creo, ya se acoplaran y encontraran un buen remplazo de tecladista, les puedo recomendar a una_

-¡no! – interrumpió Yui con los ojos lagrimosos - ¡no Mugi-chan! No tocaremos con nadie más que no seas tú – Yui no contuvo las lágrimas.

-Yui-senpai… no llore… ¿Cuándo se irá Mugi-senpai? – preguntó la gatita serenamente mientras consolaba a Yui.

-el sábado a primera hora – contestó amablemente la rubia, todas guardaron silencio – pero no pongan esas caras, déjenme invitarles algo de té y pastelillos – la rubia salió de la habitación, Yui lloraba como infante, Azusa la consolaba y Mio se sentía de alguna manera culpable ¿pero porque? Ella no había hecho nada. La tecladista regresó a los instantes con una vajilla como las que siempre acostumbraba a llevar al salón de música y en la mesa del balcón, le sirvió un poco a cada una de sus amigas, pues quizá sería su última reunión en conjunto.

La tarde pasó, y las chicas seguían platicando y recordando cosas graciosas, el anochecer estaba a nada de llegar, así que tuvieron que despedirse bajo el término de que irían a despedirse el viernes por la noche.

-¡¿y si hacemos una pijama ese día?! – propuso Yui con emoción.

-creo que sería una magnífica idea – contestó Mugi con alegría, Azusa y Mio sonrieron y asintieron ante la sugerencia de Yui.

-¿entonces no irás mañana a la escuela? – preguntó la bajista.

-no, ya no iré. Mi padre llamó al colegio, lo demás es historia – contestó con normalidad la tecladista.

-bueno Mugi-senpai, la veremos hasta el viernes en la noche por lo de la pijamada – mugi sonrió y las demás disponían a salir de la habitación de la rubia, Mio y Yui salieron despidiéndose de la tecladista, en cuanto Azusa esperó unos momentos para estar a solas con su senpai – Mugi-senpai, hay algo que quería decirle, pero no podía con Mio-senpai presente, menos con Yui aquí – habló una vez la gatita y la tecladista escuchó atentamente.

-claro, dime Azusa-chan.

-¿Por qué se quiere ir?

-bueno, ya les eh explicado, cosas de familia.

-es eso o… es por Ritsu-senpai – la rubia abrió sus ojos atentamente ante el comentario de la gatita, preguntándose ¿Cómo suponía eso tan certeramente? Solo guardó silencio – el otro día saliendo de clases, Jun, Ui y Yo presenciamos que discutía con Ritsu-senpai, incluso… vimos que le golpeó, y desde ese día no regresó a la escuela, ¿pasa algo? ¿Tiene eso algo que ver? – Azusa miraba con comprensión a la rubia, quien se había quedado anonada ante la hipótesis de la kohai.

-¿mmmh? ¿Dónde está Azusa? – preguntó Mio regresando la vista, notando que la gatita no bajaba con ellas.

-no lo sé – contestó Yui - ¡mira Mio-chan! ¡Cuántos pastelillos tiene Mugi-chan en la cocina! – Yui salió corriendo, dejando atrás a Mio, quien falló en su intento por detenerla.

-¡Yui! ¡Cielos! Tendré que regresar por Azusa si no, no nos iremos nunca – Mio comenzó a subir las escaleras para regresar por la gatita, quien seguía hablando con Mugi, quienes hablaban en voz baja. La bajista llegó a la alcoba de la rubia una vez más, notando que la kohai y la tecladista hablaban de algo en voz baja, por lo que su instinto le exigió no interrumpir, limitándose así a solo escuchar desde afuera.

-Azusa-chan ¿Por qué dices eso? – la rubia se notaba nerviosa.

-bueno, puedo decir que yo estuve en su lugar, pero no quiero hablar de eso ahora, pero pienso que sería buena idea que lo meditara… y que se sincerara consigo misma y Ritsu-senpai.

-Azusa-chan yo creo que estás malinterpretando las cosas… yo sólo…_

-no tiene que explicarme, pero creo Ritsu-senpai es muy feliz cuando está a su lado, y se necesita ser ciego para no notarlo. Ritsu-senpai le quiere más que a nadie en éste mundo. Basta con ver como la mira, escuchar cómo le habla y como sonríe cuando usted lo hace – Azusa esbozó una sonrisa ladina, pues ella entendía a la perfección los sentimientos de Ritsu hacia la tecladista y los de Mugi parecían corresponderle de alguna forma. Mugi guardó silencio, aun no podía creerlo y Mio quien aún seguía escuchando desde la puerta, comenzaba a encontrarle sentido a los sonrojos de Ritsu hacia la ojiazul ¿será acaso que Ritsu sentía algo por la tecladista como decía Azusa? Era la pregunta que arrasó todos sus pensamientos.

-conoces muy bien a Ricchan, y creo que no me sirve ocultarlo ante ti, gracias por eso, realmente necesitaba desahogarme y yo… realmente necesito distanciarme… no quiero interponerme entre ella y Mio-chan, es solo que pienso en lo que pasaría, realmente Ricchan no podría corresponderme aunque yo quisiera, y es mejor que no sepa lo que siento – la rubia desvió la mirada, su tono de voz era triste. Mio abrió sus ojos sorpresivamente ¿Cómo era posible? ¿Mugi enamorada de Ritsu? ¿ese era el motivo real de su repentina partida?

-no lo sabrá si no lo intenta – contradijo la gatita para animarle.

-gracias Azusa-chan… pero créeme que es lo mejor – la rubia sonrió amablemente. La gatita entendía los motivos de su senpai, así que sin más, se despidió de ésta para luego salir de la alcoba. Mio notó que la kohai salía, así que se alejó de la entrada lo más que pudo y con cautela bajó las escaleras buscando a Yui.

La gatita bajó las escaleras buscando a sus senpais, hasta que finalmente las encontró. Yui husmeando entre panecillos y Mio tratando de controlarla. La gatita llamó a la guitarrista mayor y a la bajista, así las tres se retiraron de la mansión, cada quien con un mundo girando sobre su eje por sus cabezas. Las tres chicas llegaron a la separación de sus caminos, y así sin más, se despidieron para verse al otro día en el colegio, como de costumbre Azusa se fue con Yui y Mio se fue caminando hasta su casa.

La bajista iba pensativa desde que salió de aquella mansión; las palabras de Mugi y Azusa aun resonaban en su mente, comenzaba a reunir el rompecabezas y llegaba a la conclusión que las palabras de Azusa, sobre si Ritsu también sentía algo por Mugi y Mugi por ella ¿Dónde quedaba ella en aquel juego?... posiblemente fuera. La bajista no podía sentirse peor, pues se había enterado que su amiga se iría lejos de Japón y ahora saber que Ritsu podría posiblemente corresponder a los sentimientos de la tecladista nublaba su vida en aquellos momentos y si Ritsu sentía algo por la tecladista ¿Por qué sigue con ella? ¿Acaso el ojiambar estaba jugando con sus sentimientos? Mio llegó a su casa de momento a otro, subió a su habitación para bañarse y cenar y después ir a dormir. Se acostó sobre su cama, miraba al techo y se puso a pensar en cómo verificar aquellas acusaciones de la gatita hacia la baterista, lo mejor sería hablarlo con Ritsu… pero sería hasta el día siguiente. Tristemente comenzaba a adjuntar algunas señas que daban fuerza a las declaraciones de Azusa, cada vez estaba más segura del porqué Ritsu aun no cambiaba a su lado, porque el ojiambar estaba embobado con la tecladista, pues pasar tanto tiempo observándolo como su amor secreto le daban aquella ventaja de saber casi todo, era obvio, siempre quiso engañarse con que el ojiambar se enamoraría de ella y esa sería su solución a todo, pero eso era solo una ilusión, y el huir de Mugi era tan obvio que no podía seguir haciéndose de ésta mentira ni para ella, ni para Ritsu, ni Mugi, quien daba su felicidad a cambio de la suya ¿se puede ser más egoísta con algo que no te pertenece?... finalmente se durmió, sabía qué hacer, pero eso no sería hasta mañana.

La noche pasó lenta, pero finalmente llegó el amanecer y junto a éste, otro día de escuela. Las aulas se iban llenando poco a poco, Ritsu llegaba con normalidad, pensaba que el tiempo para regresar a ser ella misma se le estaba acabando, pero que más podía hacer, resignarse a que el tiempo decida era la mejor frase que le sentaba. El ojiambar entró a su salón y se sentó en su banca, mirando así de reojo la banca de su lado la cual yacía vacía, pues Mugi aun no llegaba y era ella quien ocupaba aquel lugar. Por otro lado, la banca a su izquierda también estaba vacía, solo que ésta era de la bajista, quien justo ahora venía entrando junto a Yui quien parloteaba como siempre, la ojigris lo miró y notó cuan deplorable se notaba detrás de aquella sonrisa forzada que le regalaba a su llegada, ahora entendía su melancolía. Las clases comenzaron como era de esperar, ésta vez parecía ser un día bastante largo, pues el ojiambar ya no tenía con que distraerse, incluso ni con las notitas que Yui le enviaba de vez en cuando, las cuales no se tomaba la molestia de contestar. Mio por su parte aun pensaba en aquello que dijo la kohai, y pensaba que hablar con Ritsu era la mejor opción y sabía cómo hacerlo de manera indirecta. Las clases terminaron gracias a dios, ya era jueves, por fin se acercaba el fin de semana, y lo que era bueno para Yui y cualquier estudiante harto de la rutina de clases, para Ritsu era el fin de los tiempos, pues la siguiente semana ya no podría asistir a la escuela siendo un chico. El ojiambar salía desganado en compañía de su novia Mio y Yui, la kohai se retiró con Ui y Jun, así nada más iban los tres caminando, Yui baboseando y preguntando por Azusa, Ritsu iba pensando y Mio observándolo. Al final la guitarrista mayor decidió retirarse y así quedaron a solas la bajista y el ojiambar, era el momento de aclarar ciertas dudas para Mio.

-hoy tampoco vino Mugi – habló la ojigris, Ritsu solo asintió desganado - ¿Por qué no quisiste ir a visitarla? Digo, después de todo es nuestra amiga ¿no Ritsu? – la azabache quería saber si lo que la gatita dijo fuese cierto, hablar de Mugi era la respuesta.

-¿mmmh? Bueno, no es que no haya querido, es solo que… no pude.

-bueno ¿Qué tal hoy? Si quieres podemos ir las dos – habló Mio con serenidad.

-no lo sé, no tengo ganas de verla ¡digo! No es que no quiera es solo que, ¿Qué tal si está ocupada tu sabes? Jeje – Ritsu se puso nerviosa haciendo ademanes con la mano exageradamente, la bajista notó aquel nerviosismo en sus negaciones.

-bueno, creo que esté haciendo lo que esté haciendo no te negaría la visita, puesto que quizá sea de las últimas veces que la veas – Mio seguía caminando y hablando con serenidad.

-¿últimas? – preguntó Ritsu con sorpresa.

-sí, últimas, es que… ayer que le fuimos a visitar, nos dijo que saldría de viaje, que se iría a estudiar a los estados unidos –la bajista miró de reojo al ojiambar, quien se notaba abstraído.

-pero… entonces si se irá… - musito Ritsu para sí misma sintiendo impotencia.

-es por eso que creo que deberías ir a verla, el viernes tendremos una pijamada como despedida – la bajista sonrió amablemente.

-¡pero! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué se va?! ¡Dijo que estudiáramos juntas! – exclamó Ritsu con desesperación.

-bueno… eso quise saber… pero solo dijo que sus padres le pidieron eso, que quiere verlos feliz.

-pero… ¿Qué pasará con nosotras?... ¿y la banda?... ¡ella no se puede ir! – Ritsu tomó de los hombros a Mio mirándole con suplica en sus ojos como si Mio pudiese hacer algo por la tecladista o impedir que se marchara, Ritsu sentía la desesperación de ir a buscarle e ir a decirle que no se fuera, pero no podía y lo sabía. La bajista notó aquella desesperación, al parecer la noticia le afectaba en demasía.

-Ritsu yo no… sé… yo no sé… - la bajista notó la tristeza que se albergaba en la mirada ámbar del castaño, realmente la partida de Mugi le dolía, estaba decidido, ella no podía interponerse en la felicidad de la baterista, no de esa manera. Ritsu se percató de que la ojigris le miraba directamente, seguro preguntándose por qué se afligía tanto por Mugi. El ojiambar guardó silencio, ninguna dijo más, Ritsu trató de disimular que no le importaba aquel asunto de la tecladista, regresando al camino junto a Mio, quien estaba a nada de hacer lo que creía correcto para ambas, mientras Ritsu en sus adentros comenzaba a odiarse y reprenderse por creerse cobarde.

-Ritsu – habló la azabache - ¿estás bien?

-¿mmmh? Claro, es solo que… estoy pensando jeje

-¿Qué piensas? – decía Mio mientras conversaban debajo de un árbol de cerezo.

-en cosas, aquí y allá – Ritsu quiso dejarlo por la paz, pero la bajista frunció la ceja.

-bueno, bueno, te diré – el ojiambar respiró hondo – estoy pensando en que… el tiempo que Sawa-chan me dio se me ah terminado, ah este paso jamás volveré a ser yo – la baterista bajó la mirada, Mio entendía el porqué – la verdad yo no sé qué hacer ¿Qué pasará conmigo?

-¿Qué pasará? Nada, solo debes hacer lo correcto – contestó la ojigris, tenía la respuesta en sus manos, pues sabía lo que aquella adivina le había dicho como solución a el ojiambar… enamorarse y ser correspondido… lo sé suena demasiado a películas de Disney xD.

-Mio yo_

-shhh – la bajista postró en los labios de Ritsu el dedo índice interrumpiéndolo – la adivina dijo que deberías enamorarte y ser correspondida ¿cierto? – La bajista hablaba en tono serio, Ritsu asintió dudosa – dime Ritsu… ¿estás enamorada? – aquella pregunta le cayó como bomba atómica al ojiambar, toda una semana de abstinencia a Mugi y Mio se la acababa de mandar al traste, le hizo recordarle, no pronunció palabra alguna – entonces dime… ¿Qué sientes por mí?... – Ritsu abrió sus ojos ampliamente.

-Mio… yo…pues claro que te quiero y lo sabes, siempre has estado conmigo, incluso en estos momentos tan difíciles, siempre apoyándome y dando lo mejor de ti, esforzándote por mi aunque… aunque no lo merezca del todo… pero en realidad te quiero – Ritsu miraba a los ojos a la bajista, se sinceraba con ésta, pero decirle que la amaba sería una exageración. La bajista sonrió levemente.

-¿ya ves? Ese es el problema – habló Mio, Ritsu no entendía – tu me quieres… yo te amo… tu no me amas… y es por eso que no avanzas. Yo te eh entregado casi todo, tu… tu ya no puedes darme más de lo que quisieras – la bajista seguía sonriendo, ahora entendía que aquellas palabras de Azusa eran ciertas, Ritsu le había dicho que la quería, y aunque no esperaba a que le dijera que la amaba, la baterista tampoco se había negado ante su pregunta, no contestó si estaba enamorada.

-Mio te había dicho que no sería perfecto pero_

-no puede ser perfecto lo sé… solo se necesita que sea verdadero – la bajista lo interrumpió, aquella sonrisa aun reinaba en su rostro.

-Mio… ¿Qué quieres decir?... – preguntó angustiado el castaño.

-no necesitas forzarte a hacer algo que no se debe, Ritsu… estos días a tu lado han sido de los mejores o los mejores quizá, pero… lo bueno no es eterno, y yo… yo sé que soy lo que buscas – la bajista bajó la mirada, estaba a punto de hacer algo de lo que odiaría en esos momentos, pero agradecería en el futuro – creo que nunca llenaré el espacio que alguien más podría hacer sin esforzarse tanto… Ritsu… gracias por ser tan linda y dulce conmigo, pero… pero las cosas no deben ser así… a partir de éste momento busca tu verdadera felicidad… - la bajista se paró de puntillas para darle un último beso al castaño, dejando así correr una lágrima de sus orbes grises. El castaño le miró incomprensible ¿Qué acababa de pasar? Mio ¿estaba terminando? Si… esa era la respuesta.

-Mio pero yo no_

-no hace falta que digas algo, te conozco tan bien, que puedo saber que esto no funciona – la bajista limpió aquella lágrima que vagaba por sus mejillas y sonrió para darle el animo a Ritsu que tanto necesitaba. Por su lado el ojiambar sentía que aquella decisión de la bajista le dejaba en libertad quitándose el compromiso de enamorarse de Mio, sintiéndose mal consigo por haber ilusionado a la bajista.

-Mio yo… realmente siento que no haya salido como queríamos… pero… gracias – el castaño sonrió débilmente.

-dije que te seguiría apoyando aunque esto no saliera bien del todo – la bajista sonrió, su llanto no cesaba, pero tampoco era exagerado; mientras que Ritsu se sentía horrible por las lágrimas de Mio, realmente se sentía mal – debo irme, necesito… estar a solas… te veo mañana… - la bajista sonrió forzosamente por última vez abandonando al castaño, quien le miraba silenciosamente partir.

Ritsu tenía más remordimientos en su corazón, aparte de etiquetarse como la cobarde que no declaraba su amor por no arriesgar, ahora había herido los sentimientos de Mio por la misma razón y su egoísmo irremediable. La baterista bajó la mirada, sabía que Mio se hacia la fuerte y comprensible, pero en esos momentos necesitaba el apoyo de alguien, y el suyo era el menos preciso, debía hacer algo pero ¿Qué?... quizá esperar como siempre, y agradecerle por ser siempre su amiga indiscutiblemente. El ojiambar caminó hasta el departamento de Sawako-sensei, subió las escaleras, abrió la puerta, se tiró en el sofá y meditaba ¿Qué mierda estoy haciendo?... pensaba que ahora era libre, podía ir corriendo tras de Mugi e impedir que se marchara, contarle todo aquello que estaba suprimido en su corazón desde hacía tres años ya… pero su orgullo era más grande… y la inseguridad podía más.

-¿y esa cara larga? – habló Sawako saliendo de la nada.

-lo mismo de siempre… y hoy fue peor… Mio terminó conmigo… - Ritsu bufó.

-vaya, vaya, vaya eso fue lo mejor que pudieron hacer, y disculpa mi sinceridad, pero realmente creo que era lo mejor para ambas, y tú estabas siendo una egoísta de primera – reprendía Sawako en un puchero.

-ni me digas. Y eso no es lo peor… Mugi se va a estudiar a los estados unidos… ¡¿de qué mierda me sirve?!

-bueno, antes de que se vaya podrías decirle lo que pasa, ya no la volverás a ver nunca – Sawako sonrió maliciosamente.

-basta, no me lo recuerdes…

-bueno, bueno, basta de hablar de penurias, mejor vayamos a lo importante – la sensei miró al castaño con interés de pies a cabeza en pose pensativa.

-¿Qué haces? – preguntó Ritsu con intriga.

-midiéndote

-¿midiéndome?

-¿Qué? ¿Olvidaste nuestro trato? La boda Ricchan, te mido el traje, ya lo tengo listo – la sensei acomodó sus gafas y corrió a su habitación para segundos después salir con un traje color negro tendido en un gancho.

-ah… eso… - contestó el ojiambar con poco interés – y no, no lo eh olvidado.

-bueno, será mañana en la tarde, la cosa empieza a las siete, por lo de la ceremonia en la iglesia y esas cosas – Sawako meneaba su mano para restarle importancia al asunto, Ritsu le miraba con desgane – quizá así quites esa cara, o encuentres una chica que te guste jeje – Sawako rió con picardía.

-¿Qué? ¿y no se supones que iría como tu pareja? ¿Qué pensarían tus padres de un tipo así? – Ritsu soltó un bufido.

-¡ah cierto! Jaja lo olvidé por un momento – la sensei rio por lo bajo.

-bueno como sea ¿y que tendremos que hacer?

-nada, actuar naturales y fingir que salimos, puedes hacerlo se que sí – Sawako se sentó junto a Ritsu y le entregó el traje – bueno, tengo cosas que hacer, trata de no decepcionarme, ahora… me voy, tengo que salir – Sawako se levantó y salió de aquel departamento después de tomar su bolso y sus llaves dejando atrás a Ritsu con miles de cosas en la cabeza.

-solo debo fingir… no debería ser tan difícil… - se dijo así mismo el castaño para dejar el traje sobre la mesa e irse a duchar.

Aquella noche fue una de las tantas en las que el ojiambar no pegaba el ojo, ni siquiera podía conciliar el sueño, a penas cerraba los ojos y pensaba en lo mal que debió haberse sentido Mio, sintiendo que le falló, pensaba en que el tiempo para regresar a ser chica de nuevo se terminaba y definitivamente en tres días no encontraría a alguien de quien enamorarse y olvidar a la tecladista, pensaba en la boda del día siguiente y lo que más le afligía… la partida de Mugi, aquella noche el castaño no pudo dormir literalmente. Mientras que en su alcoba, la bajista lloraba por haber dejado ir al castaño, sabiendo que era lo mejor, pero reprochándoselo en sus adentros, pues la felicidad no se basaba en la de los demás, un término bien definido por Mugi. La bajista se dio vuelta en su cama, pensando que eso dolía, pero era lo mejor; y así sonrió por su acción sintiéndose satisfecha por haber compartido gran felicidad con Ritsu… su primer amor. Mugi en su mansión lloraba en sus adentros, los días para ella estaban contados en aquella ciudad, y lo que no pasó en casi tres años, no pasaría de un día a otro, desconociendo aun la ruptura del ojiambar y la bajista; ella estaba tirada sobre su casa mirando una foto de Ritsu en una de sus tantas travesuras y en su otra mano el boleto camino a América, situación realmente dolorosa, pero necesaria para dejar aquel sufrimiento.

La noche pasó, el amanecer y el canto de las avecillas comenzó a darle la bienvenida a un día más, bueno para algunos, malo para otro y en busca de nuevas oportunidades para uno que otro más. El ojiambar llegó al salón, sentándose en su lugar, Yui se acercó a su lado y sonreía felizmente como si nada le molestara nunca, le daba envidia que su vida fuese más sencilla, pero se sentía feliz porque Yui no sintiera lo que ella.

-hola Yui – saludó el ojiambar con amabilidad.

-¿Qué pasa Ricchan? ¿Por qué esa cara? – preguntó la mayor de las Hirasawa con inocencia.

-lo mismo, estoy… cansada…

-¿irás a la pijamada de ésta noche a casa de Mugi-chan?

-no creo, tengo cosas que hacer.

-pero si ella se irá y no la veremos más – se quejó Yui.

-lo sé… lo sé…

-¿y no tienes tiempo?

-no Yui y ya no me lo digas – Ritsu comenzaba a molestarse.

-¿y acaso Mugi-chan no es tu amiga? Se irá y no volverá nunca y tú no quieres ir, que egoísta Ricchan – Yui se notaba ofendida.

-¡ya lo sé que se irá! ¡¿Crees que no sé?! ¡¿Crees que no se que se irá y no la volveré a ver nunca?! ¡¿Y crees que realmente no me importa?! ¡Claro que me importa y quizá más que a ninguna de ustedes! ¡Y tampoco quiero que se vaya! ¡Quiero que se quede e ir juntas a la universidad como lo prometimos, seguir tocando y seguir con su compañía! ¡Cielos Yui eres retrasada ¿o qué?! - Ritsu comenzó a gritar sin pensar en sus palabras y cuan hirientes podrían resultar para Yui, quien solo le veía con preocupación – discúlpame Yui yo… yo… mejor me voy – el ojiambar se levantó de su banca y abandonó el aula a paso rápido.

Ritsu caminaba rápidamente, su paso era acelerado y poco a poco corría rápidamente sin ver hacia donde iba, y tampoco le importaba, solo quería huir, huir de sí misma y de todo lo que le recordara aquel amor por el que tanto huía. El ojiambar pasó la mañana y parte de la tarde sentado en un parque que nunca había visitado, lejos de todo lo que había recorrido con sus amigas y sin ellas. El lugar era pacífico, pero aquel mismo privatizo era incomodo aun cuando lo necesitaba, así que optó por regresar al departamento de Sawako para estar a tiempo para aquella maldita boda. Tenía tantas cosas de que arrepentirse y llorar, pero no tenía tiempo, y no sabía porque aun tomaba en cuenta la opción de la boda, pues ni ganas tenía de ir, que prefería llorar y encajonarse por ahí para desgastar su sufrimiento, no lo hizo, pues se lo había prometido a Sawako.

Entró al departamento, buscó el traje que Sawako había escogido, lo miró sin expresión alguna y lo dejó sobre el sofá, aun era muy temprano, eran la 12 pm pero tenía que desahogarse para no fallarle por lo menos a su sensei. Se quitó la ropa lentamente y se metió a la ducha; llenó la tina de burbujas y se metió con el agua templada, sumergió todo su cuerpo perdiéndose por un momento y pensando que morir dentro de aquella tina completamente desnudo sería menos vergonzoso que contar su historia que alguna vez se enamoró de alguien magnifico y le dejó partir al otro lado del mundo sin siquiera decirle "adiós". Jugaba con las burbujas sobre su mano, sobre la tina, escurriendo por ésta y las que flotaban sobre su cabeza. Se quedó ahí, pensando, pensando y pensando en cuan estúpido es el humano y su orgullo y aquellas emociones que no le dejan actuar bajo dictamen de sus corazones, y sí… dejó el llanto caer libremente, el cual se camuflaba con el agua de la bañera. Era un llanto amargo y doloroso, que a pesar de serlo en su totalidad, su expresión era distraída y su mirada perdida, así pasó sus horas en aquella bañera, odiándose por todo.

Finalmente, cuando el llanto cesó y su sufrimiento era desahogado de aquella manera, salió de la ducha para alistarse y tratar concentrarse en lo que diría frente a los padres de Sawako. Tomó aquel traje negro y unos zapatos que Sawako le había dejado del mismo color, vaya que sabía calcular medidas, pues le quedaban realmente bien. Debajo del saco negro llevaba una camisa guinda de manga larga y una corbata negra, se acomodó el saco con una servilleta de doblaje fino en el bolsillo de éste del mismo color que su camisa, se hecho algo de mus en el cabello y se peino su cabello hacia atrás, quien lo viera diría que es un chico autentico. Sonrió frente al espejo solo para ver como se veía, lo cual se veía encantador. Miró la hora, ya eran las tres, Sawako no tardaría en llegar y así fue. La puerta del departamento se abrió dándole paso a la sensei, quien entró rápidamente, parecía acongojada.

-¡¿Dónde demonios se metería Ritsu?! – decía para sí misma buscando algo en su celular.

-aquí estoy – habló el ojiambar saliendo de su habitación. La profesora desvió su mirada a aquella masculina voz, topándose con un chico de porte elegante y recién sacado de una caja de mattel. Lo miraba anonada, Ritsu se veía realmente bien, ser un chico le sentaba en todos los ángulos - ¿tan mal luzco? - interrumpió el ojiambar el escaneo de la sensei.

-estás reluciente – contestó Sawako – creí que te había ido a perder, no te vi en todo el día por el colegio.

-bueno, estuve arreglándome, y creo que deberías hacer lo mismo antes de que sea tarde – contestó el ojiambar con una sonrisa débil y gentil.

-pues has hecho un gran trabajo, mis padres pensaran que tengo un novio genial – Sawako sonrió ladina, el ojiambar se sonrojó levemente.

-lo bueno es que todo es actuado jeje – contestó Ritsu con nerviosismo y la sensei asintió.

-bueno, me toca arreglarme – Sawako caminó hasta su cuarto para cambiarse y en menos de una hora salió lista. Portaba un vestido negro hasta la altura de sus rodillas escotado de la espalda, cubriéndola con una chalina blanca y unas zapatillas negras con el cabello recogido – bueno, andando.

-que rápida, por cierto… luces bien Sawa-chan – dijo Ritsu sonriente.

-gracias, pero dejemos los cumplidos para cuando estén mis padres – contestó Sawako con gentileza y así ambas salieron del departamento.

La sensei y Ritsu subieron al auto y Sawako arrancó en cuanto ambas se encontraban arriba. Ritsu se sentó en el asiento del copiloto como siempre, y sin decir nada, Sawako le miraba de reojo, se notaba abrumado y triste.

-será un largo viaje ¿no quieres hacer algo rápido antes de irnos? – preguntó Sawako sabiendo que quizá Ritsu podría ir por lo menos a despedirse de la tecladista. El ojiambar seguía mirando hacia la ventana y negó con la cabeza. La sensei soltó un suspiro como diciendo –Allá tu – y comenzó a conducir.

La profesora manejaba con vista fija en el camino, mientras el castaño miraba hacia afuera desde hacía un buen rato. Sawako prendió la radio para aclimatar el ambiente, la música era neutral a nadie le molestaba. Ya habían pasado alrededor de treinta minutos sobre el volante, la civilización parecía quedarse atrás, pues ahora se encontraban sobre una carretera que no estaba chapoteada del todo, con pequeños cerros y colinitas bañadas de pasto verde y fresco que el viento aromaba el lugar con su olor a hierba húmeda en ese casi atardecer. Ritsu observaba minuciosamente el lugar, era tan relajante y apacible, casi no había casas y conforme más avanzaban solo podían ver una granja en cada kilometro. Su celular comenzó a vibrar, el ojiambar lo abrió, era un mensaje de Mio y uno de Yui.

"Ricchan, pijamada hoy a las siete en casa de Mugi-chan no necesitas traer bocadillos, comeremos acá, ¡pastelillos por última vez! T.T "– decía el mensaje de Yui.

"Haz que nuestros sacrificios no sean en balde" - decía el mensaje de Mio. El ojiambar cerró su celular apagándolo al mismo tiempo, pues lo menos que quería en esos momentos, era recordar a la rubia, quizá se lamentaría el resto de su vida, pero por ahora se abstendría.

-¿Dónde estamos Sawa-chan? – preguntó el ojiambar hablando por primera vez desde que abandonaron el departamento para pensar en otra cosa.

-no recuerdo el nombre, pero el salón y la iglesia donde se conmemorara la boda es por acá – contestó la mayor divisando el lugar a través del parabrisas.

-pues no parece ser un lugar muy poblado – argumentó el ojiambar viendo el lugar. Habían granjas de vez en vez, animales vacunos y gente arreando borregos, ovejas y establos con caballos y burros.

-bueno, a mi prima siempre le gustó la vida campirana, pensaba que el campo era el mejor lugar para forjar una familia y un matrimonio sano, que aburrido – contestó Sawako bufando ante lo último.

-pues no suena mal, pero vivir entre tantos animales y fuera de la civilización es… raro…

-lo sé, pero ella así quiere. Por el momento la boda se celebrara en este lugar, te va a gustar – Sawako sonrió. Unos metros más adelante, se veía una iglesia bastante grande y con una multitud de personas afuera platicando y riendo, unos más llorando de emoción quizá, en las bodas suele pasar – llegamos – finalizó Sawako suspirando y estacionando el auto fuera del lugar junto a más automóviles – ya sabes, llevamos un año saliendo, no necesitas hablar mucho Ricchan, así mis padres no sospecharan nada – asentó Sawako retocándose el maquillaje y Ritsu asentía con nerviosismo, conocería a los padres de su profesora, lo malo era que no de la forma en que pensó; si no como sus "futuros suegros".

-¿estás segura de que esto funcionará? – preguntó el ojiambar con nerviosismo.

-claro, claro, trata de no arruinarlo – contestó Sawako abriendo la puerta del auto – vamos – finalizó para salir de éste junto a Ritsu. Ya ambos afuera, la sensei tomó de la mano al castaño para hacer más creíble su relación, Ritsu se sonrojó.

-¡Hola Sawako! ¡Cuánto tiempo sin verte! – saludaban amigas de la secundaria a la profesora y algunos más invitados.

-hola chicas ¿Cómo están? – contestó amablemente la sensei. Sawako y los invitados comenzaron a congeniar, platicaban de unas y otras cosas, reían y la profesora aprovechaba para presentarles al castaño como su novio, Ritsu inevitablemente se sonrojaba con fervor, pero bueno, un trato es un trato. Los padres de la mayor aun no se hacían presenciar, por lo cual el castaño estaba más que nervioso, pues si con simples invitados podía pronunciar palabra alguna ¿Cómo le haría con los padres de la sensei? Jamás había estado en una situación así.

-¡Hey Sawa! ¡Por acá querida! – decía una señora de cabellera castaña almendra saludando con emoción en compañía de un señor de cabellera grisácea acercándose donde estaban Ritsu y Sawako.

-bueno, aquí empieza lo bueno – susurró Sawa-chan – ellos son mis padres, saluda – decía Sawako por lo bajo con Ritsu tomando su brazo. El ojiambar sonreía nerviosamente mientras caminaba rígido hacia los padres de la profesora junto a ésta.

-¡querida! ¡Qué bueno que viniste! ¡Estábamos ansiosos tu padre y yo, de conocer al afortunado galán del que tanto nos has hablado! – decía la mujer con emoción mirando con picardía al castaño.

-hola madre, padre, que gusto verlos durante tanto tiempo, si, es él, se llama Richard – contestó Sawako con una dulce sonrisa como aquellas con las que finge ser una dulce profesora.

-ho-hola – saludó el castaño con pena.

-es un muchacho alto y fuerte por lo que veo, espero que pronto nos hagan abuelos – dijo el padre con una sonrisa plena. A Sawako se le pintó una venita en la sien y Ritsu palideció sin decir nada, solo sonriendo cortésmente.

-mucho gusto en conocerte joven Richard, mi marido y yo estamos muy feliz de que por fin nuestra Sawa se haya formalizado con un joven, pero que apuesto es – contestó la madre de Sawako, Ritsu comenzaba a sofocarse y Sawako moría de pena.

Las campanas de la iglesia comenzaban a sonar, dando aviso que pronto la ceremonia de la boda iba a comenzar. Los invitados se adentraron al lugar, y todos sonrientes y felices se sentaron a esperar la llegada de la novia, pues el novio ya estaba en el altar. Ritsu y Sawako se sentaron en un lugar apartado de los padres de la sensei por petición de la misma, comenzaba a sofocarse de sus cuestionamientos y halagos para el castaño, quien se notaba incomodo en aquella situación.

-por fin a solas – habló Sawako sentada junto a Ritsu soltando un suspiro cansino.

-esto es realmente incómodo Sawa-chan, me hacen sentir estúpida – contestó Ritsu con las mejillas bañada en carmín.

-tranquila, ya encontraremos como mantenerlos alejados – la sensei le guiñó el ojo al castaño, quien solo sonrió tenso.

Las campanadas comenzaban a sonar una vez más, anunciando la llegada de la novia, quien portaba un lindo y elegante vestido blanco de bodas y un velo que arrastraba por el suelo. Una niñita de vestido rosa que iba regando pétalos de rosas blancas detrás de la novia junto a un niño de traje negro bien peinado y un cojín con un par de anillos. Había señoras llorando y sus maridos consolándolas, unos más aplaudían y se notaban muy felices.

-qué lindo es el amor – decía una señora detrás de Ritsu y Sawako ambas pensaron si claro rodando sus ojos.

La ceremonia dio inicio. La novia llegó hasta el altar y todos estaban pendientes de los votos y juramentos del padre. No habían pasado ni veinte minutos cuando Sawako y Ritsu ya estaban cabeceando de sueño, despertando así al oír los aplausos y música de boda cuando la ceremonia había concluido, notando el beso de los novios. Ambas comenzaron a aplaudir y sonreír como si nada hubiese pasado. El novio cargó a la novia y se la llevó hasta la entrada de la iglesia, la novia aventó el ramo siendo atrapado por la niñita que había tirado pétalos de rosas, mientras la gente les aventaba arroz, donde se adentraron en una limusina blanca con globos y notitas con los mejores deseos de todos los invitados para irse al salón donde se celebraría la fiesta.

-ya era hora – habló Sawako harta de esperar, Ritsu se limpiaba los ojos porque acababan de despertar.

Mientras Ritsu celebraba en una boda con su sensei, Mugi y las demás daban pie a su pijamada. La primera en llegar fue Yui, después llegaron Azusa y Mio. El mayordomo atendió cortésmente a las invitadas de la oujo-sama, quienes pasaron a la habitación de Mugi, quien ya tenía algunos preparativos para pasar la noche con diversión. Las invitadas entraron, sus caras pintaban tristeza que se escondía detrás de una sonrisa sensible, pues perder a una amiga de un día para otro no era una cosa simple, habían forjado un gran lazo fraternal con la oujo-sama.

-adelante chicas, y quiten esas caras, no quiero que ese sea mi recuerdo de ustedes – habló la tecladista con una de sus tantas tiernas y amables sonrisas.

-¡no! ¡No te vayas Mugi-chan! ¡No podría vivir sin ti! – exclamó la guitarrista mayor abalanzándose sobre la rubia y estrujándola en un abrazo.

-Yui-senpai que cosas dice – refunfuñó la gatita sentándose junto a Yui.

-tampoco podría vivir sin ti mi queridísima Azu-nyan – Yui abrazó a Azusa untando su mejilla contra la de la kohai, haciendo que ésta se sonrojara y las demás rieran divertidas.

-traje algunas cosas por si… las llegábamos a necesitar – habló la bajista con serenidad, la rubia agradeció.

-Yui-senpai, ¿le contestó Ritsu-senpai?

-no, Ricchan ha estado algo… irritable. Cuando estábamos en clases le dije si vendría, pero se enojo y me gritó, luego se fue y no la volví a ver, dijo que tendría cosas que hacer – contestó Yui, todas bajaron la mirada guardando silencio.

-bueno, quizá Ricchan tiene cosas importantes que hacer, hay que entender que tiene mucho en que pensar; sus problemas ahora son primordiales – argumentó la rubia con amabilidad.

-¿más importantes que la partida de una amiga tan importante? – contradijo Mio con seriedad.

-¡Es cierto! Si Azu-nyan algún día quisiera irse yo vendría a despedirme de ella sin importarme lo que tenga que hacer, aunque espero que eso nunca pase ¡nunca me dejes Azu-nyan! – exclamó Yui con lágrimas en los ojos estrujando a Azusa en un meloso abrazo.

-cl-claro que no Y-Yui-senpai – contestó Azusa con timidez, pues ciertamente Yui le parecía tierna en demasía cuando le suplicaba algo.

-quizá solo deberíamos esperar a que llegue, tiene que venir, tarde… pero lo hará – argumentó Mio mirando hacia la ventana del balcón.

Yui comenzó a sacar las golosinas mientras Azusa le reprendía por comerlas tan a prisa, Mio y Mugi platicaban y así, dieron paso a la noche de aquella, su última pijamada juntas. Mio con la esperanza de que Ritsu llegara a despedirse de la tecladista, la rubia anhelando que así fuera y Azusa calmando a Yui.

Mientras que en la boda…

Los invitados comenzaron a salir del lugar, cada quien dirigiéndose a sus respectivos automóviles para ahora ir al salón de la fiesta. La gente no tardó en llegar, ya eran alrededor de las diez de la noche y la fiesta daba inicio, la gente comenzaba a servirse y disfrutar de los banquetes y bebidas que ofrecían. Sawako y Ritsu contemplaban aquellas mesas de manteles blancos con decoraciones y floreros finos. Era un jardín con gardenias y orquídeas como decoración. Velos blancos decorando el escenario donde los músicos tocaban y refinados meseros y chefs se encargaban de ofrecer cortes servicio a los invitados y novios, todo bajo el firmamento plagado de estrellas.

-vaya que es lindo – dijo Ritsu observando el panorama. Gente brindando, los novios bailando, unos lloraban y otros reían – sí… así debe ser la felicidad… - susurró el ojiambar con melancolía mientras de fondo se escuchaba la canción L. . Típica en bodas.

-¿verdad que si? – contestó Sawako sonriendo delicadamente observando el lugar junto a Ritsu.

-lo que son las cosas Sawa-chan… yo festejando en una boda y… y el amor de mi vida se marcha en la mañana - pensó la baterista.

-¿y tu dejando ir a tu felicidad? – argumentó Sawako, Ritsu le miró con impresión. El ojiambar estaba inmutado, la sensei solo le miró, Ritsu sabía que Sawako tenía razón.

-¡Yuju! – decía la madre de Sawako sentada en una mesa junto a su marido y los novios entre otras personas.

-no puede ser – se quejaron ambas al unísono. El castaño y la sensei se dirigieron hacia donde estaban los padres de Sawako, sentándose en la misma mesa que ellos, siendo así, bien recibidos por las compañías.

-pero siéntate aquí querida – decía la madre mientras hacía espacio en una silla cerca a ella, así la sensei se sentó a su lado y el castaño al lado del padre de su profesora. –Esto será incómodo - pensó el ojiambar para sí.

-y bien muchachitos, díganme ¿Cuándo celebraremos su boda? – preguntó el padre de Sawako, haciendo que la sensei escupiera el sorbo que le daba a su bebida y Ritsu se atragantara con un bocado.

-papá por favor, sabes que no tengo planes de casarme por ahora – contestó la sensei limpiándose la boca con un pañuelo para así darle un trago a su bebida una vez más.

-¿y tú qué piensas de eso jovencito? – el padre de Sawako se giró hacia el chico, todos en la mesa clavaron su mirada sobre éste.

-b-bueno yo… la verdad creo que… dejo que Sawa-chan elija jeje – contestó con nerviosismo.

-¡muy mal! ¡Los machos debemos tener los pantalones bien puestos! No hay que dejarles todo a las mujeres hijo, ¡hay que tener palabra sobre ellas! – el padre de Sawako golpeaba con palmadas duras y firmes la espalda del castaño.

-bueno, si no quieren boda aun ¿Cuándo nos harán abuelos? – preguntó la madre ansiosa.

-mamá si no estamos pensando en boda aun, menos en hijos – intervino Sawako con incomodidad.

-bueno, bueno, no seremos abuelos aun, pero dime hijo ¿de qué trabajas? – preguntó el padre. Ritsu se quedó paralizada, nunca habían hablado de eso con Sawako, quien solo le miraba atentamente junto a los demás en la mesa.

-yo… trabajo en… ¡en la escuela! Sí, con Sawa, soy profesor de… deportes – contestó el castaño respirando aliviado.

-es un buen partido – comentó la novia para Sawako, quien sonrió forzosamente –si supieran que es la alumna más desobligada que tengo - pensó Sawako para sí con una gotita en su cabeza.

-es un buen trabajo, por lo menos es profesional, no como el último novio que trajo Sawa a la casa. Era un músico desobligado y fachoso, con tatuajes y perforaciones por todos lados. Era muy ruidoso y cantaba mal – decía el padre exasperado con cara de asco, Ritsu se lo imagino, vaya gustos los de su sensei, pero ya se lo esperaba, ya que la profesora era metalera de corazón.

La noche pasó y los padres de Sawako seguían interrogando al joven, la madre se fue a bailar con la novia, Sawako platicaba con las personas de la mesa y su padre un poco pasado de copas comenzaba a abrumar más de lo que ya estaba al castaño, pues no lo dejaba ir y si éste se iba lo seguía.

-no hombre hijo, si supieras. Cuando la madre de Sawako y yo nos casamos éramos muy felices y ponedores jaja compartí con esa mujer los mejores días de mi vida y aun lo sigo haciendo. A pesar de que ya estamos viejos, soy muy feliz de haberla conocido. De vez en cuando tenemos nuestros problemillas, y una que otra cana que me eh echado al aire pero ella siempre sabe perdonarme, por eso y más la amo aun, aunque no me lo merezca, no merezco tener una mujer como ella – el padre de la sensei estaba ebrio, era oficial; pues hasta había comenzado a llorar en el hombro de Ritsu, quien solo le daba palmaditas en la cabeza – por eso nunca juegues con los sentimientos de nuestra querida Sawa, ella es una buena mujer, es una buena chica – el padre de la profesora se quedó dormido sobre la mesa, mientras Ritsu veía a la profesora pensando que algún día la sensei encontraría a su príncipe azul… algún día. La madre de Sawako y otras personas llegaron donde estaba Ritsu sentada y se lo llevaron cargando, pues eso de quedarse ebriamente dormido sobre una mesa en plena boda no era muy buena idea, aunque sí muy común.

-¿Qué tanto decía mi padre? – preguntó Sawako acercándose al castaño.

-cosas de su vida. No cabe duda que cuando la gente se hace vieja realmente se arrepiente de muchas cosas – contestó el castaño viendo como se llevaban a su "futuro suegro".

-eso pasa por ser tan indecisos cuando somos jóvenes Ricchan ¿o no? – contestó la sensei, Ritsu asintió con las manos dentro de sus bolsillos del pantalón.

-Ven, Ricchan, bailemos un poco – Sawako tomó de la muñeca al castaño y lo llevo hasta la pista de baile.

-¡¿Q-que haces Sawa-chan?! – se quejó el ojiambar mirando a la gente bailar.

-bailando, necesitas algo de alegría – Sawako comenzó a sacudir sus manos mientras se movía al ritmo de la música. Ritsu estaba estática sobre la pista, no tenía ni la menor idea de cómo moverse ni que hacer, además de que estaba apenada, muchas chicas lo veían quedarse torpemente varado en medio de la pista de baile mientras cuchicheaban entre ellas -¡vamos! ¿O me dejaras bailar sola? – insistió Sawako mientras lo tomaba de las manos y comenzaba a moverlas a su ritmo.

-p-pero Sawa-chan, yo no sé… bailar…

-solo sígueme – Sawako no soltó las manos del ojiambar y poco a poco éste comenzaba a desenvolverse en el baile. Al principio sus pasos eran lentos, torpes y bruscos, con el paso de la música y la ayuda de Sawako comenzó a tomar forma su baile, hasta que finalmente se dejó llevar mientras reía junto a la profesora por sus tonterías y pasos exóticos y uno que otro ridículo.

La noche pasaba, Ritsu disfrutaba de aquella boda, y a pesar de reír, en su mente no borraba la idea de que Mugi se iría esa mañana y ella le dejaba partir sin más. Y mientras el ojiambar bailaba y bebía en compañía de Sawako en aquella boda; Yui, Azusa, Mio y Mugi, pasaban la noche en vela platicando y disfrutando de los que podían ser los últimos momentos en grupo.

-ya son las tres de la mañana Mio-chan ¿crees que Ricchan vaya a venir aun? – preguntó Yui con inocencia con su cabeza sobre las piernas de Azusa.

-quizá me equivoqué con ella – contestó la bajista desanimada.

-ya deberíamos dormir, creo que Mugi-senpai tendrá un viaje largo mañana – sugirió la gatita y todas asintieron. Así las integrantes de HTT prepararon sus futones para dormir. Yui pegó el suyo al de Azusa y Mio el suyo con el de Mugi, acomodándose para dormir.

-buenas noches Azu-nyan – dijo Yui acurrucándose en su lugar.

-buenas noches Yui-senpai – contestó la gatita mientras veía como su senpai comenzaba a cerrar los ojos de cansancio hasta quedarse dormida profundamente, para así esbozar una tierna sonrisa.

-siento que no haya venido Ritsu – habló Mio quien estaba acostada a lado de Mugi.

-no te preocupes Mio-chan, Ricchan debe… estar ocupada.

-es que no la entiendo – se quejó Mio, la tecladista le miró intrigada.

-yo… creí que hacia lo correcto, incluso…

-¿incluso que Mio-chan? ¿De qué hablas? – interrumpió Mugi con preocupación.

-incluso la deje libre… libre para que buscara su felicidad, su verdadera felicidad – habló la bajista con la voz entre cortada – terminé con Ritsu, terminé con ella porque sé que su corazón no me pertenece… le pertenece a alguien más… - finalizó la bajista dejando caer una lágrima – y yo sé que ese alguien más… también la ama tanto como yo… quizá más – Mio se escondió entre las sabanas, Mugi estaba anonada, no sabía si sentirse feliz o triste, en cualquier forma sería egoísta.

-lo siento Mio-chan…

-no te preocupes, solo pido que se haga lo correcto… buenas noches Mugi – la bajista guardó silencio y no volvió a hablar. Mugi se quedó mirando hacia el techo, no entendía del todo lo que la bajista había dicho, solo que ésta quería la verdadera felicidad para Ritsu… ¿Qué debía hacer?

En la celebración de la boda, Ritsu seguía bailando con Sawako, quien estaba algo más que pasada de copas, ya se tambaleaba y cabeceaba de vez en cuando. El ojiambar se dio cuenta del estado de la sensei, así que optó por cargarla y llevarla a una de las habitaciones del lugar, pues la verdad necesitaba descansar. El ojiambar entró a la cabaña que era bastante grande y caminó hacia una de las habitaciones donde recostó a Sawako sobre la cama, quien ya estaba roncando. Ritsu se dejó caer a su lado mirando hacia el techo, vaya que los estragos de la bebida comenzaban a hacerle efecto y aunque solo había tomado dos o tres vasos, no estaba acostumbrada a hacerlo, nunca antes había tomado. Miraba el techo con su cabeza recargada sobre sus brazos, y se preguntaba ¿Qué estaría haciendo Mugi en esos momentos? ¿Le extrañaría por no haberse ido a despedir? ¿O le odiaría por eso? Y pensaba en lo que Mio le había dicho y en lo mal que le había hecho sentir tras su ruptura, mortificándose con el dicho de que Mio no merecía a una idiota como ella por el simple hecho de ser solo eso a su lado… una idiota. Se giró sobre la cama y se preguntaba una vez más ¿Mugi le extrañaría o le odiaría? Esperaba que ambas. El ojiambar se levantó de la cama echándole un último vistazo a la sensei, quien dormía plácidamente. Ritsu esbozó una sonrisa y salió del lugar luego de acobijar a la sensei y poner sus lentes sobre una mesa. Miró la hora, eran las 4:30 am y la gente seguía celebrando como si fuesen las 12 am a penas. Caminaba por el jardín y entre las mesas de manteles blancos, entre personas riendo, entre personas bailando y unos más ya ebrios durmiendo sobre las sillas, si que era todo un espectáculo, pero fuera como fuera y estuviesen como estuviesen, todos parecían ser felices a excepción de ella; y podía sonreír y carcajearse, embriagarse y desenredarse, pero no era feliz. Siguió caminado y paseándose por el lugar, al fondo de las mesas notó una mesita de mantel rojo de orillas doradas con una mujer de cabello negro largo y un pañuelo sobre su cabeza con un gato negro merodeando a su alrededor. El ojiambar se familiarizo con aquella mujer que jugaba con una bola de cristal entre sus manos y sin pensarlo dos veces, se acercó a ésta con rapidez.

-¿adivina Úrsula? – preguntó el castaño señalando a la mujer y frunciendo el ceño. La mujer le miró con intriga - ¡usted es la adivina de aquella feria! – exclamó el castaño.

-bueno, eh estado en muchas ferias, pero no te recuerdo – contestó la mujer.

-¡¿Qué hace usted aquí?

-bueno, me contrataron como entretenimiento para la boda ¿Qué no es obvio? Por cierto, sigo sin saber quién eres ¿quieres que te lea la mano? – preguntó la mujer extendiendo su mano.

-¡no! ¡No quiero nada de sus servicios! ¡Nada de su farsa magia! A menos que tenga la cura para regresarme a la normalidad – Ritsu se cruzó de brazos.

-¡ah! ¡Tú eres la chica que cambió de sexo! – exclamó la mujer soltando una sonrisa socarrona.

-¡oiga cállese! No le veo la gracia.

-hay pequeña, creí que ya habías resuelto tu problema.

-pues no, sigo igual o peor. La chica que amo se irá mañana para siempre de mi vida, lo intenté con mi mejor amiga y ahora solo la lastimé… mi vida es una porquería – se quejó Ritsu con melancolía.

-dios aprieta pero no ahorca – contradijo la mujer sabiamente.

-dios me odia, mi vida está peor cada vez.

-dios no es un héroe, es un sinónimo de "cree en ti mismo" – contestó la mujer, el ojiambar le miró de reojo – estoy casi segura que ni siquiera le has dicho a tu amiguita lo que sientes por ella, y ahora estás a kilómetros de ella meditando si hacerlo o no, celebrando una boda donde la felicidad te es ajena en lugar de estar celebrando tu felicidad. Equivocarnos es de humanos, dejar ir las oportunidades que la vida nos ofrece y no arriesgarnos es para vivir un calvario – la mujer esbozó una sonrisa leve, Ritsu le miró con incredulidad, aquellas palabras le habían asentado.

-¿Quién es usted? – preguntó el ojiambar con rareza.

-la voz de la experiencia, una vieja loca que quizá… te está dando una segunda oportunidad. Ritsu se quedó perpleja y se alejó del lugar a paso lento y luego a paso rápido. ¿Qué había pasado? Estaba convenciéndose en esos momentos de ir a las 5 am y decirle a Mugi lo que en casi tres años no se había atrevido, todo gracias a las palabras de aquella rara adivina, pero ¿cómo? Y se preguntaba ¿Qué demonios estaba haciendo? Había sufrido y llorado por nada, no, eso no podía pasar, debía salir en ese momento y decirle a la tecladista cuanto la amaba, no podía dejar que se fuera, no podía dejar que se marchara sin decirle cuanto la amaba, todo lo que había sufrido y llorado por ella y que ese amor que sentía era inigualable. Ritsu respiró rápidamente y corrió hacia la salida, miró su celular para encenderlo y llamarle que no se fuera, que la esperase, pero no había señal, estaban en un lugar bastante retirado. El castaño corrió hacia la entrada donde unos jardineros habían dejado sus bicicletas, pensó en decirle a Sawako que le diera el aventón, pero la sensei estaba dormida y ebria seguramente, así que no era muy seguro. El ojiambar optó por tomar una de aquellas bicicletas y pedalear lo más que pudiera hasta llegar a la civilización, lo que sería más de una hora a ese paso. El ojiambar pedaleó lo más que podía, estaba desesperado porque Mugi no se fuera antes de que ella llegara a la mansión de los Kotobuki. El camino era áspero y huraño, no había iluminación alguna y el tiempo pasaba volando. En su desesperación Ritsu pedaleó lo más que pudo e iba a toda prisa sin fijarse en el camino, provocando que una piedra estropeara el rin de la bicicleta cayendo al suelo en seco, soltando uno que otro quejido de dolor, dejando eso para después y notar que la bicicleta estaba estropeada y aun le quedaba mucho camino por recorrer.

-¡No! ¡No! ¡No! ¡No puede ser! – Decía el castaño exasperado pateando la bicicleta en el suelo – karma, maldito karma – se decía así mismo irónicamente.

A unos pasos del ojiambar se encontraban una pareja de ancianos que arreaban una manada de caballos y burros, los cuales veían al ojiambar con rareza.

-¿estás bien jovencito? – preguntó la anciana con preocupación.

-¡no! ¡No lo estoy! ¿Sabe porque? Porque el amor de mi vida se irá de Japón a estudiar a los estados unidos, al otro lado del mundo y yo soy una idiota que no pudo detenerla cuando tuve la oportunidad, y ahora no puedo llegar a la civilización porque mi bicicleta se averió y porque creo que es el menor de los castigos que puedo merecer por ser una estúpida arrogante… si… dios no es un héroe… - dijo hartó de si mismo soltando lágrimas y encogiéndose en el mismo para ahogar su llanto. Los ancianos se regresaron a ver, la anciana sonrió compasible y el anciano asintió.

-si dios no es un héroe ¿tu quisieras serlo por él? – preguntó la anciana tocando el hombro del castaño, quien le regresó a ver con intriga.

-¿yo? – preguntó el chico, la anciana asintió y el viejo desató un caballo de la manada que arreaban entregándoselo al castaño.

-ve por ella, solo promete regresarlo cuando haya caído a tus brazos – la anciana sonrió. Ritsu no sabía que decir, además de que nunca antes había montado una bestia así, quizá no estaba en la posición de negarlo, pero tampoco quería abusar de la compasión de los viejos. Éstos insistieron y Ritsu finalmente tomó aquel caballo de pelaje azabache y ojos brillosos; se montó en éste sintiéndose raro pero finalmente acoplándose.

-llegarás en menos de media hora a todo lo que da, es el garañón más veloz que tenemos, suerte muchacho – dijo la anciana con una sonrisa amable. Ritsu agradeció y prometió regresarlo – ¡Jiaa! – exclamó el castaño para salir a prisa con aquel caballo de aquel lugar.

El caballo galopaba a lo que daba, Ritsu en su corazón le rogaba al cielo que Mugi no se estuviese yendo, ya eran las 5:20 am no había dormido en toda la noche, pero eso no le molestaba tanto como el dolor y duda que llevaba en su pecho, no le importaba si la rubia lo rechazaba, solo quería intentarlo, intentar arriesgarse y perder por una vez en su vida, valía la pena arriesgar todo por la tecladista. El caballo corría y corría a lo que daba, ya llevaba cuarenta minutos corriendo si parar, ya habían llegado a la ciudad, estaban a punto de llegar a la mansión de los Kotobuki, el corazón latía más acelerado que el del caballo – solo espera Mugi - pensaba el castaño con el corazón en la mano.

Por su parte, la tecladista comenzaba a despertarse, el sol saldría pronto, había lejanas señales de que el astro rey saldría pronto, pero aun estaba oscuro, pronto tomaría su vuelo y se iría para siempre de aquel lugar, dejando atrás un amor perdido, su primer amor y una vida que tanto amaba, lástima que no todo debe ser perfecto. La rubia se sentó sobre su futon en espera de algún milagro quizá, pero qué demonios, se sentía ilusa por pensar en eso, que su príncipe soñado llegaría a robarle de último momento cabalgando en su corcel como en los cuentos de hadas. La tecladista se dejó caer una vez más en su futon, despertando a Mio quien dormía a su lado.

-¿buenos días? – habló la bajista dudosa.

-no llegó – contestó la tecladista con una lágrima cayendo de sus orbes azules.

-¿y si lo intentas tu? – preguntó Azusa, quien se había despertado también. Todas guardaron silencio cuando… los pasos acelerados y los berridos de un caballo se escucharon impacientes en su patio. Todas se miraron con sorpresa, despertando así a Yui.

-¡Mugi! ¡Mugi! – se escuchaba la voz de cierto castaño.

-¡¿Qué hora es?! ¡Se me hace tarde! – Yui se levantó como loca buscando su uniforme creyendo que era día de clases, dándose cuenta de que ni siquiera estaba en su habitación - ¿huh? – se quedó parada y somnolienta.

-Yui-senpai venga a dormir de nuevo – decía Azusa mientras se levantaba rápidamente junto a las demás asomándose por la ventana, topándose con un castaño en traje y bien peinado jinete de un corcel azabache bien parecido.

-¡¿Ricchan?! – exclamó Mugi con emoción y lágrimas a punto de salir.

- ¡Mugi! Escúchame, quería decirte esto – Ritsu sacó un papelito todo arrugado de su bolsillo y comenzó a leer - "Tus ojos, ventana de tu alma sincera, tus labios, donde se posan mis deseos, tus cabellos, largos y brillantes que roban mis suspiros cuando juegan con el viento, tu corazón, donde se albergan mis anhelos, y mis ilusiones se han postrado en el amor profundo que por ti siento, el cual puedes hacerlo efímero o eterno, no prometo que sea perfecto, pero si asevero que será verdadero…" – Ritsu exclamaba desde el jardín mientras Mugi se asomaba por el balcón con lagrimas rodando en sus mejillas – perdón por no haber venido a la pijamada, todo éste tiempo fui una estúpida, traté de evitarte para no seguir pensando en ti, pero quiero que sepas… ¡que te amo! ¡y que lo eh hecho desde que entraste por equivocación a nuestro salón de música cuando buscabas el del coro! Y quiero que lo sepas antes de que te vayas, pero antes déjame decirte que no quiero que lo hagas, que quiero que te quedes conmigo, porque amo tu aroma, tus ojos, y estar cerca de ti, quiero que sigas a nuestro lado porque eres a la persona que más amo, y si tus sentimientos son ajenos a los tuyos… está bien… no te guardaré rencor, al contrario, quiero que sepas que siempre contarás conmigo – el castaño comenzó a llorar, a pesar de que su cara estaba roja de pena, se sentía bastante bien de haberle dejado en claro sus sentimientos reprimidos a la tecladista, ahora todo dependía de ésta. Azusa, Mio y Yui estaban anonadas, pues Azusa y Yui aun no sabían de la ruptura de Mio y el ojiambar.

-Mio-senpai… - susurró Azusa.

-está bien Azusa… esto es lo correcto, Mugi, tu eres quien te dije que es la felicidad de Ritsu – la bajista sonrió levemente y la tecladista asintió. Mugi se alejó del balcón, Yui no entendía nada, Ritsu notó que la tecladista se había alejado sin decir nada aun, pensando así, que la rubia le ignoró. Bajó la cabeza y limpió sus lágrimas a punto de retirarse del lugar, cuando la puerta de la mansión se abrió. Ritsu volteó, Mugi estaba ahí. Se miraron un par de segundos para después la rubia correr hasta el ojiambar con lágrimas cayendo de sus ojos, lágrimas de felicidad.

-¡Ricchan! – Exclamó la rubia, Ritsu la miraba perpleja y se bajó del caballo acercándose rápidamente hacia ésta - ¡yo también te amo! Te amo de verdad, siento haber sido tan egoísta, tan ciega y causarte tanto dolor, pero yo… yo también eh sufrido por creer que tu no me querías como yo, lo siento… te amo – la tecladista abrazó con todas sus fuerzas al ojiambar quien le respondía el abrazo. Mugi levantó la mirada y Ritsu le veía tiernamente, ambas se regalaron una sonrisa tierna después de sincerar sus sentimientos, el ojiambar miró fijamente los labios carmín de la rubia y Mugi postraba su mirada en los labios del contrario. Sus rostros se acercaron lentamente hasta acortar la distancia en nada… sus labios y confesiones se sellaron en un suave y tierno beso, que poco a poco fue profundizado con sutileza y pasión. Ambas rieron ante eso, sus corazones latían acelerados, sus rostros estaban sonrojados, estaban en un silencio inerte pero cómodo, quizá no había más que decir, a excepción de una cosa…

-Mugi… ¿quiere… ser mi novia?... – preguntó tímidamente el castaño.

-por s puesto que sí – finalizó la rubia robándole un beso y sonriendo ampliamente. Ritsu comenzó a sentirse rara, su ropa parecía incomodarle, Mugi le veía con preocupación.

-¿Qué pasa? – dijo el castaño mirando sus manos, las cuales se encogían junto con ella, pronto la ropa comenzó a quedarle excesivamente grande hasta detenerse en cierto punto. Ritsu tocó su pecho, estaba abultado, toco su cara, era suave, toco su entrepierna, estaba plana como antes - ¿Mugi? – habló dudosa, su voz era la de siempre, no era grave.

-¡Ricchan! ¡Eres tú de nuevo! – exclamó Mugi con emoción estrujando a la ojiambar de nuevo mientras ambas brincaban de emoción y alegría.

-¿Qué pasó Azu-nyan? – preguntaba Yui mientras veía la escena del jardín.

-las cosas vuelven a la normalidad – contestó Azusa con una sonrisa leve.

-quizá siempre debió ser así – argumento la bajista mirando a Mugi y Ritsu brincar como locas.

-Mio-senpai, usted no está_

-no, no lo estoy. La felicidad de Ritsu es la mía, ¿para eso somos las amigas no? – contestó la azabache interrumpiendo a la kohai, quien sonrió orgullosa de la madurez de su senpai asintiendo al mismo tiempo.

-entonces… ¿ya no te irás? – preguntó Ritsu tímidamente.

-claro que no Ricchan, no volveré a alejarme de ti jamás…

-creo que… eh hecho muchas cosas locas… siento pena jeje que cursi soy… - la baterista rascó su nuca, la tecladista le respondió con un tierno beso – pero por ti haría lo que sea Mugi… lo que sea solo porque me ames… - finalizó el castaño montándose sobre el caballo - ¿quieres acompañarme a devolverlo? – Ritsu extendió una mano a la rubia para ayudarle a subir, quien más que gustosa accedió.

-y… ¿de quién es? – preguntó la rubia acariciando el pelaje del animal.

-no sé, pero prometí regresarlo en cuando esto terminara, además debemos regresar por algo más ¡jiah! - exclamó el castaño saliendo a todo galope con el corcel en marcha y su amada junto a ella…

*FIN*

….

NOTAS FINALES: ¡por fin! Tardé siglos escribiendo éste capítulo que está más largo que mi lista negra de aquellas gentes que odio jaja bueno en fin, espero que les haya agradado, ¿ammm? Está bastante largo pero es que no quise dividirlo, dije que sería el último y pues aquí esta. Agradezco a todos los que me dejaron sus REVIEWS y a aquellos que los dejaran :D jaja Tsumugi-chan, gracias por tu apoyo *w* jaja y gracias Chobits3 que siguió éste fanfic desde sus remotos inicios amm SaraSamm siento que no haya podido haber Mitsu y no poder poner lemon es que, bueno verás es algo complicado jojo me emociono y luego no paro jaja ok ya O/O pero muchas gracias por tus bellos reviews y gracias a todos los que me leyeron los amo ¡neta!

-curiosidades del fic-

* -Arándano, el nombre del gato se me ocurrió porque esa vez probé jugo de arándano y no me gustó, de ahí la idea.

*-este capítulo fue el más largo en toda la historia de ésta página jajaja creo… (30 páginas)

*-no pensé que me saliera tan largo el fan fic xD

Bueno eso es todo chao!

…..

-OMAKE-

Los rayos del sol iluminaban la habitación, molestando así a una castaña en especial, parecía desvelada y sufriendo de resaca. Sus labios estaban secos y su maquillaje corrido.

-cinco minutos más… - decía tapándose la cara con la almohada.

-Sawa-chan despierta, tenemos que irnos, tengo que ir a entregar un caballo – decía Ritsu meneando a la sensei.

-Ricchan… más al rato – Sawako se cubría más con las sabanas -¿Ricchan?! – La sensei se quitó la almohada de la cara notando que Ritsu tenía un caballo a su lado y ahora era una chica otra vez -¡¿Qué paso?! – Preguntó asustada, Mugi salió detrás del caballo –ah… ya entiendo… - la sensei rio ladina y soltó un suspiro – menos mal que ya pasó todo – Ritsu y Mugi asintieron con una leve sonrisa cuando la puerta sonó

-hija querida ¿ya despertaste? Tu padre tiene algo que decirte – todas voltearon con cara de susto hacia la puerta, menos Mugi que aun no entendía, la madre de Sawako estaba a punto de descubrir que su "futuro yerno" era una chica realmente.

-¡vámonos! ¡Vámonos! ¡Vámonos! - dijo Sawako entre susurros levantándose a toda prisa de la cama, tomando sus gafas y sacando al caballo por la ventana.

-¡no entra! – se quejó Ritsu.

-¡solo empuja y cállate! ¡Esto es tú culpa! – contestó Sawako.

-nadie te dijo que te durmieras – repeló Ritsu, Mugi reía ante todo. Por fin sacaron al caballo, las tres se montaron sobre éste para salir corriendo del lugar.

-por cierto, ¿Cómo carajo metiste a ese caballo sin que nadie lo notara? – preguntó Sawako con disgusto.

-¿Qué pasó Ricchan? – preguntó Mugi con inocencia.

-larga historia, te la contaré en el camino – la baterista bufó.

-¡jiah! – decía Sawako para apresurar al caballo hasta alejarse del lugar

….

-OMAKE DEL OMAKE XD—

-oye Azu-nyan… ¿Por qué Ricchan estaba vestida así?

-no lo sé Yui senpai, quizá era parte de su declaración… - contestó Azusa recogiendo su futon en la mansión de los Kotobuki.

-¿me pregunto si yo tendría que vestirme así para decirle mi secreto a Azu-nyan – pensaba la guitarrista mayor mirando de reojo a la gatita.

-¿Qué pasa Yui-senpai? – preguntó Azusa con intriga y mirada inocente.

-no, nada Azu- nyan

-oigan chicas, habló Mugi, dijo que podríamos quedarnos un rato más, igual regresara con Ritsu y creo que Sawako-sensei, no le escuché bien, parece que iban sobre un caballo, había mucho ruido – habló Mio con su celular en la mano.

-¡Qué bien! – Exclamó Azusa – apúrese Yui-senpai, bajemos por un bocadillo – finalizó Azusa saliendo de la habitación junto con Mio.

-quizá si, lo haría solo porque me ames mi Azu-nyan – se dijo a sí misma la mayor de las Hirasawa saliendo de la habitación a prisa con una sonrisa plena.

….

Fin :)