"Dios te ha concedido un espíritu con alas, para que surques firmemente el espacio del Amor y la Libertad.
¿No es, por tanto, una pena que te arranques las alas con tus mismas manos y tenga después tu alma que arrastrarse como un insecto sobre la tierra?"
Gibrán Jalil Gibrán
.
10. Libres
Salir del castillo era un asunto de lo más fácil.
Shaoran lo sabía, incluso el Oráculo lo sabía. Ya habían sido tres veces las que habían abandonado esas oprimentes paredes que formaban las habitaciones de la adivina. El reto aquí era que nadie de las personas con las que tuvieran trato se diera cuenta de la diferencia de sus clases. Con él no había problema, era un experto en cambiar sus modos y manera de hablar, el problema era el Oráculo y su elegancia y porte de ser divino.
Sí, porque a veces pensaba, que más que Oráculo, era una diosa.
-Una diosa con un vulnerable cuerpo humano, al menos –se decía, recordando los varios peligros con los que se podían encontrar. Para solucionar eso, sin embargo, sólo debía mantenerse todo el tiempo cerca de ella. Se sentía tan confiado respecto a este punto dado que sabía era el más mínimo de sus problemas.
Lo que sí era un problema, y de los gordos, era el mismo de siempre. Aquel que no o dejaba ni a sol ni a sombra: Touya. Otro pequeño gran problema que tenía que solucionara para sacar al Oráculo del castillo era que Touya no lo notara.
Porque… ¿qué tal si el preciso día en que la llevara a comprar pan duro en el mercado Touya decidía ir a visitarla? ¿Qué si se encontraba con una habitación sola y sin ninguna chica de ojos verdes a la espera de su llegada?
-Sería mi fin –llegó a la conclusión con una sonrisa que sólo él supo era de nerviosismo.
Pero ya no pudo seguir en sus cavilaciones y llegar a una solución que a simple vista se veía tan imposible de encontrar, gracias a que Yumi entraba en esos instantes para anunciar la llegada de Yorito.
-Tráelo aquí, no tengo ánimos de salir hoy -la joven asintió con una reverencia y se marchó por donde llegó. A los pocos minutos Yorito entraba y daba una reverencia.
-Bienvenido, príncipe.
Shaoran dio una cabeceada en respuesta. Yorito se levantó con una sonrisa que dejaba al descubierto su largo canino y un brillo en los ojos que Shaoran no supo descifrar.
-Qué tal.
-¿Qué tal?- repitió el hijo del conde-, ¿meses sin vernos y sólo dices eso? Esperaba al menos un gesto de alegría por verme.
-Veo que no has cambiado nada eso de exagerar por todo.
-¿Exageración? No sabes cuánto me lastima escuchar eso.
Y más teatralidad, se dijo el príncipe al ver la congoja en el rostro de su amigo.
-¿Cómo han estado las cosas por aquí?
-Igual que siempre –respondió con un encogimiento de hombros.
-¿Aburrido?
-Aburrido –asintió- debo aceptar que tu ausencia se hace notar.
-No estoy de acuerdo, al contrario de mí, tú si tienes más amistades.
Al hacer ese comentario, recordó todas esas ocasiones de soledad en las que disfrutaba de la compañía de su mejor amigo gracias a compromisos que éste tenía con su padre o fiestas a las que el príncipe nunca fue. Siempre había estado consciente de la importancia de la amistad de Yorito en su vida, pero también sabía que el círculo del noble era mucho más amplio que el suyo.
Y sin embargo, ahora había alguien que dependía de su presencia más de lo que él necesitó la de Yorito.
Una vez más, la triste suerte del Oráculo le escupía en la cara a sus supuestos sufrimientos.
-Ya sabes que los barones y sus hijos con muy aburridos –continuó Yorito ajeno a sus pensamientos-. He visitado un par de veces a Jin y Cukoo. A parte de eso, no hice nada interesante salvo…
Se detuvo de improviso, como arrepintiéndose de lo que iba a decir.
-Anda, dilo, no esperes a que te ruegue por la historia –urgió Shaoran, pensando que su amigo una vez más aludía a sus costumbres de tratar de impacientarlo.
-Nada importante –se apresuró a decir-, sólo una mujer de la taberna que conocí.
-Mujeres. La excusa más vieja de todas.
-Bien, tú ganas, tienes razón, no es precisamente eso. Sin embargo, sí tiene que ver con una mujer.
-Espero que no hayas hecho una tontería y… -abrió los ojos otro poco más, llegando a una posible conclusión-, espera, no me digas que es de sangre azul. –Se exaltó, ahora si con toda su atención puesta en su amigo- dime que no estás cortejando a la hija de un noble, eso es…
-¡Tranquilo! Diablos, te devolvieron con la imaginación desarrollada. Vaya que tienes mala memoria. ¿Quién en esta habitación me envió instrucciones para entregar ciertos volúmenes a cierta persona? Debo aceptar que la experiencia fue…
Shaoran se puso de pie de un brinco, Yorito a su vez calló e hizo la espalda hacia atrás, eso por puro instinto, pues nunca antes había visto o "sentido" (y vaya que lo sintió, un gran vacío en el estómago) a Shaoran de esa forma, y por los dioses que ya estaba deseando no verlo de nuevo.
-¿La viste? –Murmuró, y ahora al vacío en el estómago de Yorito se le unió un escalofrío que le recorrió la espalda, toda la espalda hasta la nuca–. Te dije explícitamente que los dejaras en el recibidor, no debías atravesar las cortinas. Tú no eres…
-Demonios ¡cálmate!, sé quién soy y sé lo que debo hacer –interrumpió con el ceño fruncido y con el valor de regreso, todo gracias al último comentario de su príncipe-. Hice todo lo que me dijiste, no la vi. Ni siquiera la escuché, ese lugar parece el hogar de un maldito fantasma. Tranquilízate que tu amiga sigue a salvo de la competencia.
Hubiera sido cómico ver la expresión contrariada del príncipe al escuchar eso último, si no fuera porque estaba arriesgando el cuello con cada palabra dicha y al interrumpirlo de esa forma. Eran amigos y eso significaba que Shaoran le permitía ciertas actitudes que con nadie más toleraría, sin embargo, sin embargo…,
-Escucha, lo siento, yo…
-Silencio –lo interrumpió ahora Shaoran-. Eres un imbécil –dijo y volvió a sentarse-. No sabes lo que dices.
Yorito le dio la razón en silencio, tal vez acababa de echar todo a perder.
-He decidido sacarla de este maldito castillo para que hable con personas normales por una maldita vez –agregó después de un momento, como ensimismado en sí mismo-, así que no entiendo a qué demonios te refieres cuando dices "competencia".
-¿Qué? Hablas de… ¿el pueblo? ¿La capital?
Shaoran asintió distraído.
-¡Has enloquecido! Ahora estoy completamente seguro que has perdido la cordura. Diablos, esos rumores que decían que regresaste como un hombre regenerado no son más que mentiras. ¡Es peor que antes! ¡Diablos! Esto no debería pasar. ¡Esto está mal!
-No seas tan escandaloso.
Y lo dijo de una manera tan simple que hizo a Yorito perder aún más los estribos.
-Nadie se dará cuenta –agregó mientras Yorito casi se arrancaba los cabellos de raíz-. Absolutamente nadie la ha visto o escuchado, ni siquiera conocen su género, no hay riesgo.
-Salvo que el rey decida verla el día preciso en que tú y ella paseen alegres por las calles de la capital.
-Ese es un problema que pronto resolveré.
Yorito se calmó un poco esta vez, pues el tono del príncipe había abandonado la despreocupación y ahora poseía tal determinación, que su amigo no pudo pensar otra cosa más que creerle.
-Maldición –pensó-, este desgraciado puede convencer a cualquiera con esa resolución. Pobre chica, pobre Oráculo. ¿Qué oportunidad tiene ella frente a este demonio?
Y de pronto le dieron unas ganas locas de volver a verla, de correr hacia sus aposentos y advertirla: "¿recuerda lo que le dije?, eso, acerca de aceptar las propuestas de Shaoran, ¡pues olvídelo! Sálvese ahora que puede, ¡todavía es tiempo!"
Pero sabía que no lo haría, para bien o para mal del Oráculo, era evidente que Shaoran había cambiado desde que la conoció (o eso había creído hasta que escuchó esa última locura), así que si salvar el alma de Shaoran significaba sacrificar la de ella… Yorito sabía bien qué elegiría.
Todo eso, y las razones que comenzó a enumerar Shaoran por las cuales pensaba mezclar a la adivina con la gente, ayudaron a reafirmar su decisión de ayudar al príncipe en el asunto del escape.
"No conoce otras personalidades que las de Touya y la mía" decía con una voz que Yorito casi calificaba como una de desesperación, "no sabe diferenciar la verdad de la mentira, no conoce las cosas más sencillas que puedas imaginarte, y eso no se lo merece. Nadie se lo merece".
Con eso último Yorito cedió por completo y a partir de ese momento ambos comenzaron a tratar de encontrar la forma de asegurarse que Touya no pensara siquiera en el Oráculo, mucho menos hacerle una visita.
-Más fácil no podría ser –exclamó Yorito en un suspiro cansado de sarcasmo.
-Debe haber alguna forma, problemas peores hemos solucionado.
-No, no lo hemos hecho –pensó Yorito, pero lo que salió de su boca fue el "por supuesto" que el príncipe quería escuchar.
Al atardecer, cuando el coche enviado por el conde Shinohara llegó por su hijo (esta ocasión había dejado a su yegua en el establo, hacía frio y Yorito era demasiado noble con ella), él y Shaoran se despidieron con una gran lista de los lugares y personas que el Oráculo debía conocer y ni una sola idea de cómo detener a Touya, o al menos saber con anterioridad qué día tenía pensado verla.
-Tal vez debamos ponernos en manos del azar por esta ocasión –murmuró el príncipe antes de que su amigo saliera por las puertas de sus habitaciones.
-No es ese tu estilo –le respondió el otro-, y en todo caso el mío tampoco, debemos planear esto debidamente o dile adiós a la libertad de tu amiga. No sabemos cómo reaccionaría el rey si lo descubriera todo.
-Tal vez no se enfade demasiado –comentó con indiferencia-, lo he mantenido de buen humor.
-Precisamente por eso, es que se enfadará más –dio un suspiro-. Sigamos pensando, ya se nos ocurrirá algo.
Con un último adiós, Yorito se marchó y Shaoran se preparó para bajar a comer con el rey. Estando con Kuzu había adquirido la costumbre de acompañar en todas las comidas a su anfitrión y su familia. Ahora comer a solas le resultaba vago y sin sentido, además era interesante ver que podía decir más de cuatro palabras sin sentir la necesidad de ofender a Touya y viceversa.
Sin embargo, pese a sus elevadas expectativas con respecto a la nueva etapa en su relación con Touya, no pudo evitar recaer en las viejas costumbres, cuando pasados diez largos minutos de una silenciosa cena, ninguno de los dos daba señas de querer iniciar cualquier tipo de conversación.
-Supongo que...-comenzó Touya, después de otra considerable cantidad de tiempo, haciendo que Shaoran levantara su cabeza con la clara impresión de haberse imaginado esas palabras-, supongo que lo mejor para ti sería dedicarte a la milicia. Teniendo en cuenta que pese a todo, pasaste un mejor rato en tu estancia con Ruhl en comparación con Kuzu.
Shaoran apenas y pudo retener un suspiro de desilusión. Debió haber imaginado que todas las conversaciones de Touya empezaban o desembocaban en una sola cosa: el reino.
-Puedes interpretarlo de esa manera -respondió finalmente Shaoran encogiendo los hombros-, aunque podrías también notar que en el castillo de Kuzu puedes aburrirte hasta el hartazgo. No hay nada qué hacer ahí.
-En ese respecto déjame sacarte de tu error -replicó Touya con una sonrisa de medio lado-, puedes aludir lo que quieras que te divertiste mucho más en la fortaleza de Ruhl, pero el secreto aquí hermano, es que no aprendiste nada de Kuzu simplemente porque no quisiste.
-¿De qué hablas?
-¿Por qué crees que el tipo es tan rico? ¿Por qué crees que ni yo ni nuestro padre hicimos nada para detener el ascenso de su familia? Sabes que no es conveniente dejar que los lores ostenten un poder mayor o igual al de la corona, y la familia de Kuzu tiene un poder muy grande, el monetario. Ahora, ¿por qué lo dejamos estar tan tranquilo?
Shaoran hizo una mueca y Touya sonrió.
-Entre otras cosas el sujeto es listo como el demonio –continuó Touya-, lo heredó de su padre sin duda, negocio que toca es un negocio fructífero; su colonia, pese a que es mucho más pequeña que la cuidad capital, maneja comercio de una calidad digna de reyes. Paga impuestos por ello sí, pero además de eso, su familia nos ha salvado en más de una ocasión.
-¿Hablas de la sequía que hubo hace años?
-Si, en ese momento fue de mucha utilidad -frunció el ceño-, no creí que supieras acerca de eso.
-Sorpresa.
-Como sea, muchos saben del suceso, pero ha habido otras crisis, pequeñas, pero crisis al fin y al cabo. Kuzu y su fortuna pueden denominarse como una tabla de salvamento para nosotros, además, él y su familia son leales a la corona como ningún otro noble.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?
-Digamos que lo he investigado bien.
-¿Lo que dices es que con él pude aprender de negociaciones?
-Y cómo tratar con las personas –añadió con frialdad-, eso también te hubiera ayudado mucho.
-Ahora esas tardes observando las prácticas de Yue me parecen una pérdida de tiempo.
-¿Sólo observabas? -sonrió con burla-, supongo que no practicabas junto a él porque temías que te hiciera morder el polvo ¿no es así?
-No hables por experiencia propia, hermano. No pienses que sólo porque tú habilidad con la espada es tan mediocre todos tememos los buenos retos.
-¿Eso piensas?
Preguntó Touya sonriendo y sin caer en las provocaciones de Shaoran.
-Vamos, tu habilidad con la espada no es precisamente para envidiarse -exclamó más por orgullo propio que por molestar al rey. Pues sabía que las suposiciones de Touya eran ciertas, el temor de ponerse en ridículo frente a todos le detuvo de chocar metales con el guardia.
Touya se puso de pie en un segundo, cosa que tomó a Shaoran por sorpresa.
-¿A dónde vas?
-A enseñarte a respetar al rey.
-Tan quejumbroso como siempre…, sabes que lo que dije es cierto.
-Demuéstramelo entonces.
-¿Cómo? -preguntó entre intrigado y divertido.
-Vamos al jardín de los duraznos. Trae tu espada contigo.
-¿Ahora? Dentro de poco el sol se esconderá.
-¿Tienes miedo?
Shaoran se irguió en su asiento.
-Al contrario, parece que el que teme eres tú, ¿iremos a tu jardín personal para que nadie vea la paliza que te daré?
-Irás o no.
-Por supuesto -se puso también de pie-, jamás rechazo un desafío.
El cerdo, el cual era la comida de esa noche, quedó abandonado y olvidado, pues ni uno de los hermanos recordó en ningún momento de la noche que apenas y habían probado bocado. Shaoran personalmente se dio cuenta que las habilidades de Touya con la espada no eran tan débiles como siempre creyó, al contrario, estaba muy por encima de la media, sin embargo, también era cierto que si se esforzaba otro tanto más, podría ganarle sin dudarlo.
La luz diurna duró el tiempo suficiente para agotar a los hermanos y asegurar al otro que en ningún momento se había fanfarroneado. Arrojaron las espadas a un lado y se sentaron sobre la fría tierra de los jardines, el invierno aun no acababa del todo. El sol ya se había escondido.
-No sabía que practicabas lo suficiente con la espada.
Touya bufó.
-¿Suficiente?
-Oh vamos, no estás en el nivel básico, pero tampoco eres un maestro.
El rey sonrió.
-Eso te demuestra que hay demasiadas cosas de mí que no sabes.
Shaoran lo miró y torció la boca en una mueca.
-La culpa no es completamente mía, en todo caso –replicó el príncipe.
Touya suspiró, Shaoran no lo había dicho como una acusación a su separación de más jóvenes, pero eso no significaba que él no debiera interpretarlo así.
-Escucha, hermano...
-¿Decías que el ejército va bien conmigo? -interrumpió Shaoran de pronto- ¿tendré un puesto de avanzada como mi buen amigo Ruhl o podré permanecer en el castillo?
-Shaoran escucha...
-Preferiría que en medida de lo posible, mi estancia en el castillo principal se conformara de la mayor parte del año.
-Con un demonio, debemos hablar de esto. Yo sé que…
-Entiendo Touya -interrumpió de nuevo-, pero ya no quiero hablar más de esto, el tema me tiene un tanto harto y otro tanto aburrido. Lo que pasó ya quedó atrás. Olvidémoslo.
Ambos guardaron silencio y por poco el rey atiende a las palabras de su hermano. Por poco.
-No Shaoran, tendrás que escucharme -tomó aire-, sé que todo esto es responsabilidad mía, no importa qué fin o intención hubiera detrás de ello, la decisión final fue mía y el abandono posterior también.
-¿Posterior? -Shaoran levantó la mirada con duda.
-Sí, ¿por qué piensas que hicimos eso en primer lugar?
-Juntos éramos un blanco más fácil para los conspiradores -respondió con lo que bien podía ser aburrimiento-, lo sé, Yue ya lo habló conmigo.
-Bien, eso es cierto, pero los peligros inmediatos no necesitaron mucho tiempo para eliminarse.
Hubo un momento de silencio.
Así que el peligro inmediato se había eliminado con cierta rapidez… ¿A cuánto tiempo real se referiría? ¿Tres años? ¿Dos? ¡¿Un mes?!
Negó con la cabeza, eso era dramáticamente exagerado.
-Bien, creo que entiendo lo que tratas de decir.
Touya dio un suspiro.
-Tal parece que tomé como trabajo principal el alejarte no sólo de mí sino también de todos los que te rodean.
El silencio volvió a formarse a su alrededor mientras Touya dejaba que Shaoran asimilara lo que acababa de decirle.
Y lo hizo, pero lo hizo lo más objetivamente posible. ¿Cuánta culpa realmente recaía en los hombros de su hermano?
Shaoran ya estaba acostumbrado a acusar, a señalar a Touya con el dedo por cada cosa que le disgustara de su existencia. Ahora, por esta vez, le gustaría pensar con la mente en claro, sin prejuicios pero tampoco con demasiada sensiblería absurda.
Touya estaba arrepentido, bien, eso lo podía reconocer, por sus palabras y porque ¡diablos! así lo quería él mismo. Volver a tener un hermano después de tanto tiempo sería estupendo (o al menos lo era hasta ahora), pero tampoco podía negar que una gran parte del tiempo era un imbécil acostumbrado a tomar decisiones por todo y todos. Y daba la casualidad que una de esas "maravillosas" decisiones le había jodido una buena parte de la vida.
Por otro lado...
-¿Sabes? -carraspeó-. Tal vez... no tengas la culpa de todo.
Claro, porque había dos personas enredadas en toda esta porquería, porque para Shaoran sería de lo más sencillo asentir, señalar una vez más al abatido rey sentado a su lado y deslindarse de toda culpa y responsabilidad, como siempre solía hacer.
Pero por algún motivo, esta vez ya no pudo hacerlo.
-Todo esto. Ha sido también culpa mía.
Quería seguir hablando, confesar la parte de su culpa, aceptar de una buena vez que la repentina muerte de su padre y el sorpresivo alejamiento de Touya lo marcaron hondo y con rapidez, que demasiado pronto y demasiado fácil había dejado de aceptar las pocas invitaciones que venían de su hermano, que juzgaba con rapidez y perdonaba con dificultad.
Y que estaba seguro que las cosas se hubieran arreglado hacía ya mucho tiempo si no fuera por su resentimiento, por su orgullo.
-¡Déjalo ya! –Touya resopló-. No empieces tú también con los arrepentimientos. Si comienzas a decir que tú eres el culpable, juro que te golpearé en el rostro con todas mis fuerzas.
La sorpresa del príncipe fue inmensa.
-Pero…
-¡Te dejé solo maldición! Sin una explicación, sin un consuelo. Te dejé sólo con la única excusa que eras "muy pequeño para entender". Ahora cállate, no quiero escuchar tus disculpas porque aquí el único culpable soy yo.
-Quieres decir… que prefieres dejar así las cosas.
-¿Y por qué no? Créeme que estoy conforme con mis propios demonios. A veces me ayudan. ¿Qué sería de mí si no los tuviera rodeándome todo el tiempo? ¿Qué pasaría si, digas lo que digas, llegas a convencerme que no tengo todas las responsabilidades en este asunto? –Negó con la cabeza-, mejor será dejar las cosas así.
-Estás loco -Se puso de pie-. Y hay una cosa en la que no pensaste.
Touya levantó su rostro, Shaoran solo podía distinguir su contorno entre las sombras.
-No pensaste, que tal vez yo no estoy tan conforme con mis propios demonios, que tal vez ya estoy cansado de su compañía.
Esperó una respuesta. No la obtuvo.
-Y otra cosa más. Si piensas que comenzaría a llorar y agradecer al cielo por un hermano tan altruista y pedir perdón por mis pecados, piénsalo mejor la próxima vez, pero esta vez trata de usar el cerebro. Porque en ningún momento pensaba pedirte disculpas.
Escupió y se dio la vuelta para marcharse, pero la voz de Touya llamándolo por su nombre lo detuvo.
-Shaoran, espera.
Todavía no terminaba de girarse hacia él cuando sintió un golpe en el hombro.
Estuvo a punto de responder con uno propio pero se dio cuenta a tiempo que el golpe pretendía ser amistoso
-Puedo aceptar eso, hermano, puedo aceptar compartir la carga contigo, fuimos los dos quienes no supieron perdonar. Sólo necesito una cosa de ti, no dejes que lo olvide, lo que hicimos contigo... No dejes que lo olvide.
-¿Dejar de recordarte el imbécil rey y hermano de mierda que eres? -rio- no hay problema.
Y a pesar de la oscuridad y que la luna no había salido aun, Shaoran pudo ver que sonreía.
X-X-X-X-X-X-X-X-X
¡Eureka! -leyó- prepárate para agradecerme de aquí a la eternidad.
La noticia lo habría alegrado otro poco si no fuera por la veracidad de la segunda y última oración, pagaría lo que fuera por evitar el alarde de su amigo al (claramente) haber descubierto el modo de sacar al Oráculo del castillo sin preocuparse por Touya.
Si bien habían hecho las paces, la poca porción de culpa que sentía al engañar al rey se disipaba fácilmente cada que veía los ojos verdes del Oráculo brillar cuando describía los lugares a los que la llevaría.
-No creo que pueda hacer esto -decía con labios temblorosos, pero al minuto siguiente preguntaba por Cukoo y el hombre que vendía pan en la plaza- ¿los conoceré a ellos también?
Shaoran asentía y le aseguraba por la memoria de su padre que así sería.
Así que cuando había comenzado a dudar que algún día encontraría la manera de ocultarle con éxito su pequeña aventura al rey, estuvo a punto de mandar todo al demonio y escapar con la adivina sin pensar en Touya y sus disgustos. Si eran descubiertos bien podía jugar la carta de la culpa: "recuerda lo que hiciste conmigo, ¡yo solo por tanto tiempo!, esta chica está más sola que nadie."
Y aunque no era del todo mentira, lo que si era completamente cierto era que utilizaría cualquier medio para no molestar "excesivamente" a Touya, no tanto por temor a romper la hermandad que trataban de rehacer, sino por el terrible miedo que tenía al no volver a ver a la adivina si es que Touya creía conveniente alejarlo de ella.
Podría recuperar la confianza en Touya más adelante, pero dejar de verla era algo que se le antojaba imposible, no podría simplemente alejarse y olvidarla así de sencillo.
Sin embargo, si es que Yorito había encontrado una solución aceptable, ya no tendría que preocuparse por ello, en cambio, solo tenía que preocuparse por los alardes de su amigo, quien se apareció en el castillo el atardecer de ese mismo día, envuelto en un aire glorioso y triunfal.
-¿No sería más práctico que me lo dijeras en persona ya que tenías planeado venir? -preguntó el príncipe ondeando la nota de su amigo.
Yorito sonrió.
-¿Te mantuve en ascuas no es así?
-Debí imaginarlo. Tus teatralidades como siempre.
-Acabo de resolver tu problemita, deberías ser más agradecido.
Shaoran se mordió la lengua, no estaba acostumbrado a ceder ante nadie, ni por rango ni por orgullo, pero Yorito lograba eso más usualmente de lo que le gustaba.
-Bien bien, ahora dime cuál es tu respuesta.
La sonrisa de Yorito se ensanchó más y su largo canino volvió a adornar su rostro con seguridad.
-Mi padre.
Se miraron a los ojos.
-¡Pero que idiota soy!
-Se supone que tu reacción sería que yo soy un genio, no que tú seas el idiota.
-¿Te das cuenta de lo ciegos que estamos? ¡Tu padre lleva informes al rey! ¡En fecha establecida! Así podemos saber cuándo Touya tendrá el día lleno. Además que tu padre no es el único, hay otros...
-Espera, espera. ¿Día lleno? Yo solo te puedo asegurar cinco o seis horas.
-Bien, bien, cinco o seis horas serán suficientes. Tranquilo. Nada saldrá mal. ¿Cuándo es la próxima audiencia de tu padre con Touya?
-En diez días -respondió entre dientes.
-Perfecto, diez días son más que suficientes.
-Hay algo en tu confianza absoluta que me preocupa.
-Y a mí tus dudas me molestan. Fuiste tú quien vino aquí con la idea. No entiendo tus cambios de opinión.
-Lo sé, yo tampoco me entiendo, es sólo que… hablamos del Oráculo ¿sabes? Son asuntos mayores.
-No debes preocuparte tanto, porque se te olvidó un detalle: ahora puedo hablar con mi hermano.
-Sí, bien -carraspeó-, me alegro por ti, pero...
-Sólo tengo que preguntar en la mañana "¿muy ocupado el día de hoy?" y voilà.
-Mmm..., tal vez, sin embargo...
-¿Desde cuándo no hacemos nada así de arriesgado?
-Veamos, pues desde los once -respondió pensativo-, ¡pero ya no tenemos once años príncipe! No sé si ya te has dado cuenta de eso.
-Me he dado cuenta -rio-, es por eso que ahora nada saldrá mal. Sabemos lo que hacemos.
Con esas palabras pudo calmar a su amigo, ahora sólo quedaba arreglar los últimos detalles con el Oráculo, solo esperaba no tener que lidiar con un último intento de retractarse para quedarse encerrados por siempre...
-No estoy muy segura de esto -musitó el Oráculo con una vocecita que apenas y se alcanzaba a escuchar, después de haber recibido la noticia.
Shaoran suspiró y se puso de pie, preparándose para rebatir.
-Ya hemos hablado mucho de esto.
-Lo sé, pero...
-Los dos sabemos que realmente lo quieres.
-Es cierto, no lo niego, pero...
-Sólo piensa en el mundo que te espera allá afuera.
-Yo lo sé... -y en un susurro-: pero...
-¿Qué es lo que te detiene? ¿Touya?
Ella bajó la mirada. No, realmente no era Touya. Después de haberlo pensado mucho llegó a la conclusión que Touya no la repudiaría si la descubría en sus tantas faltas a las reglas. Y si la suerte de Shaoran no fuera tan buena como la suya, se encargaría de cambiar eso. Abogaría por el príncipe. Así que no, su última negativa no era por alguna causa de lealtad o deslealtad al rey. Simplemente...
-¿Tienes miedo?
Dio un respingo en su lugar y levantó el rostro. La voz del príncipe había llegado de un punto más cercano.
Mucho más cercano.
-¿Es eso? ¿Tienes miedo?
-Yo...
Había dos motivos principales por los que no podía responder. El primero, se avergonzaba de su cobardía. Después de escuchar tantas historias por parte de Shaoran en las que arriesgaba todo sin pensarlo dos veces, siempre dispuesto a la aventura, siempre con el rostro al frente y nunca atrás. Sí, le avergonzaba ser una cobarde al lado de semejante personaje. Shaoran debía desesperarse con ella a menudo, con sus constantes dudas y recelos.
Esa era sólo la primera razón. La segunda..., bien, pues tener esos castaños ojos apenas a un palmo de narices la descolocaba de un modo que no se podía explicar.
Al levantar la mirada, el príncipe se hallaba hincado justo frente al sillón donde ella estaba sentada, con las manos apoyadas en los reposabrazos y, como ya se había mencionado, el rostro tan cercano al suyo que podía distinguir los diferentes colores de café y amarillo que conformaban sus ojos.
-No hay temer –dijo, no tanto como un consuelo sino mejor dicho como un hecho irrefutable -, irás conmigo y estoy acostumbrado a esto.
-Hay tantas cosas que no entiendo –insistió, pues esas palabras no le fueron suficientes.
-Si intento enseñarte a cómo comportarte se darán cuenta que finges y así llamaremos más la atención, debemos permanecer así, créeme, sé lo que te digo.
Volvió a desviar su mirada, saber que ésta era la manera correcta no lo hacía menos aterrador. Porque así como le maravillaba imaginar todas las cosas que encontraría fuera del castillo, también le aterraba en igual medida.
-Sólo vamos a observar la ciudad, nadie estará observándonos. ¡A nadie le importaremos! No hay de qué preocuparse.
Era cierto, si no hacían nada llamativo podían pasar desapercibidos.
Asintió decidida, antes de encontrar otra razón por la cual arrepentirse.
X-X-X-X-X-X-X-X-X
Con la fecha cada vez más próxima de su excursión a las partes más sencillas de la capital, Shaoran comenzó a visitar más seguido y por más tiempo al Oráculo. Y aunque ella pensó en un principio que lo hacía para calmar su nerviosismo, una tarde el príncipe le confesó que también lo hacía por Touya.
-Debo acostumbrarlo a no verme por largos periodos de tiempo sin levantar sospechas.
Ella asintió y pensó en si realmente existiría algo en lo que el príncipe no hubiera pensado. Eso le infligía más confianza en él y también en ella misma.
El día esperado por fin llegó y de un momento a otro se encontró libre de todas sus cuentas, anillos y colgantes y en cambio llevaba unas ropas sencillas y unas sandalias.
-Me pica -se quejó.
-Es cuestión de acostumbrarse -dijo Shaoran quitándole importancia. Él también llevaba sus viejas ropas de plebe-. Esto es emocionante, hace tiempo que no hago esto.
La sonrisa del príncipe le inyectó ánimos, ella también se emocionó, también ansiaba el momento de la salida.
Nada fue una decepción. La adrenalina fluía mientras doblaban cada recoveco en el castillo, esperando ser descubiertos en todo momento. Pero no fue así y Sakura se encontró de nuevo aspirando el aire libre.
-Vamos -dijo Shaoran y tomándola de la mano comenzó a guiarla cuesta abajo de la colina por el viejo camino al pueblo.
-Deberás guardar el secreto -bromeó el príncipe.- Éste es mi camino de siempre.
Pero el Oráculo no estaba demasiado para bromas, la incertidumbre volvió a carcomerla. Sus cambios de ánimo empezaban a ser frustrantes, ya no sabía qué era lo que quería. Todo era confuso.
-¿Estás seguro que nadie sospechará de mí?
-Bueno, eso es posible. Te ves sin duda como hija de nobles.
-¿Qué? Pero... Pero tú dijiste.
-Dije que estaríamos bien. Una mujer de tu belleza y modales no pasa desapercibida. Pero escucha esto, ni en un millón de años la más perspicaz de las personas ahí abajo imaginará siquiera quien eres en realidad. Así que por favor, relájate y disfruta el paseo.
Era fácil decirlo.
-¿Todavía podemos volver? -preguntó desesperada.
-No -le respondió tajante y sin bajar la velocidad de sus pasos.
-¿Pero por qué no? -estaba asustada-. Todavía nadie nos ha visto y seguimos estando muy cerca del castillo.
-Porque no me da la gana regresar.
El Oráculo se quedó perpleja. ¿Dónde había quedado el amable príncipe que ella conocía?
-¿Perdón?
-Debes irte acostumbrando a que te hablen así. Allá abajo habrá personas que no les interese que seas mujer.
Guardó silencio. Shaoran volteó hacia atrás y la observó.
-Anda, ya deja de quejarte, prometo que no todo el tiempo será así de desastroso.
Ella asintió y continuó siguiéndolo.
¡Y qué más podía hacer! Lo cierto con la situación del Oráculo, es que aunque su deber marcara absoluta obediencia tanto a Shaoran como a Touya, estaba acostumbrada a que los hermanos le pidieran las cosas como favor, o que ellos mismos le insistieran que no se comportara tan servicial, dándole, hasta cierto punto poder de elección.
En ocasiones como esta, por ejemplo, el príncipe había tenido que usar mil y un argumentos para convencerla de hacer todo esto, cuando bien podía simplemente habérselo ordenado.
Y ahora cuando se encontraba con esta persona tan tajante, tan poco manejable, se sintió por primera vez como un verdadero sirviente a la corona, dispuesta (sin importar lo que pensara) a hacer lo que se le ordenara.
El descenso comenzó a acelerarse y aunque la adivina seguía algo temerosa, todo lo que veía a su alrededor ayudó para distraer su mente. Ya comenzaba a disfrutar del paseo cuando percibió cierto cambio en el príncipe. Cuanto más bajaban, observó, más encorvado parecía caminar, al principio imaginó que sería por la inclinación de la colina, pero pronto el camino dejó de ser inclinado y pasó a ser plano y fácil de transitar, y el príncipe seguía caminando con la espalda doblada y pronto también con pasos desganados.
Estuvo a punto de preguntarle si tenía alguna molestia en la espalda, cuando claramente pudo escuchar los sonidos de unos pasos acercándose.
Sakura se quedó de piedra y se detuvo. Shaoran la miró intrigado.
-¿Qué te pasa?
-¡Hola! -un hombre salió de entre la maleza con la mano en alto como gesto de saludo-, mira, estoy muy perdido, quiero llegar al otro lado de la ciudad.
Shaoran dirigió su mirada al hombre y frunció el ceño.
-Es un mal sitio para perderse.
-Yo sé eso -respondió levantando la mirada hacia el castillo que se alzaba a lo alto-, acabo de llegar. No quiero que me azoten. Llegué por el camino equivocado, quería entrar por la puerta este y me desvié.
-Sí, sí. Te llevaremos -y volteando hacia su femenina acompañante agregó-: ¿verdad que sí, Sato?
Sakura lo miró con horror. No por escuchar ese nombre que ya habían acorado sería el suyo, sino por esa otra cosa… ese pequeño detalle del cuál habían hablado antes… ¿dónde había quedado el plan de sólo ir a ver la ciudad? Acompañar a este hombre no era "sólo ver".
Tenía miedo, no iba a poder seguir con esto.
-¿Está muda tu mujer?
-No está muda, y seguirás perdido si vuelves a hacer otro comentario así.
-Está bien -masculló.
-Andando.
Tanto Sakura como el nuevo acompañante echaron a andar en cuanto escucharon las palabras de Shaoran. Sakura debía admitir que el príncipe no necesitaba ese rango para hacer que las personas lo obedecieran. Tenía don de mando natural.
-¿De dónde vienes?
-De Argas, al norte.
-¡Allá nieva mucho! -exclamó la adivina al escuchar el origen del hombre, al instante siguiente se dio cuenta que había hablado en voz alta y miró con miedo al sujeto.
Pero el hombre sonreía y la observaba con algo parecido a la nostalgia en sus ojos.
-Sí, cae nieve toda la mitad del año. Las personas del sur no soportan eso mucho.
-Yo podría.
El hombre la miró evaluándola y se rio, pero esta vez no era una sonrisa agradable sino de burla.
-Tu mujer es graciosa.
-Argas es uno de los sitios más fríos del mundo - coincidió Shaoran- , no solo de nuestro país, Sato.
-Estoy consciente de eso.
-¡Y habla también gracioso! ¿De dónde la sacaste? ¿Tiene alguna hermana o pariente que sea igual?
Sakura quería objetar. Decirle que no hablaba gracioso, sino correcto, cosa que al perecer él no podía hacer.
-Sólo está ella -respondió Shaoran en su lugar, y para colmo, también sonriendo-. Más suerte para la próxima.
Sakura rechinó dientes con impotencia. Tenía tantas ganas de reclamar, decir que la suerte la debería tener él, pues ella ni era su mujer, ni la burla de ellos. Pero Shaoran no dejaba de ser su príncipe y ese hombre no dejaba de ser un desconocido. ¿Y si lo que decía estaba mal? ¿Y si le ocasionaba problemas a Shaoran?
Se tragó el coraje y dejó así las cosas.
Shaoran y el desconocido seguían hablando, en algún momento la conversación derivó en lo difícil que era la vida y mil y un maldiciones hacia el rey.
-¡Y su hermano también! -exclamó Shaoran de pronto-. Es la misma calaña.
Si no fuera por la pasión con lo que dijo aquello, Sakura hubiera creído que lo decía en serio. Pero ella conocía sus desprecios, cada ocasión en la que había insultado y odiado a Touya, lo hacía en un murmullo de desprecio. Nunca en alto, jamás exponiéndose.
Debía ser parte de la fachada, pensó, y eso la tranquilizó, pues debería estar consciente que todo esto era una fachada. Todo lo que Shaoran dijera mientras estaban fuera del castillo, serían palabras puestas en tela de duda.
Y en ese momento dejó de tomar en serio todas las cosas que la hacían enfadar.
-Nunca había estado tan enfadada –pensó sorprendida.
Después de todo, las cosas si estaban resultando. Shaoran le había prometido experimentar nuevas cosas y lo estaba cumpliendo. Sólo esperaba que no fuera esto la única nueva sensación que conocería.
Pronto abandonaron las faldas de la colina y llegaron al pueblo.
¡Había tanta gente!
Hombres, mujeres, niños. Todos parecían muy concentrados en sus asuntos, tan individuales y al mismo tiempo siendo parte de algo. Cada uno aunque por su propio camino parecían curiosamente organizados, ignorantes partícipes del baile que formaban ante los ojos de Sakura.
-Realmente es mucha gente -susurró para sí misma.
Y a pesar de que ahora se enfrentaba a una masa de personas y no solo a un único individuo, Sakura no tuvo el miedo que experimentó en el momento de ver por primera vez al hombre que los acompañaba.
Dando un segundo vistazo más objetivo, descubrió que se encontraban en la parte "popular" de la capital, las personas se veían justo igual que Shaoran, las mismas ropas y (ahora entendía) la misma forma de caminar. Se autoanalizó y se dio cuenta que ella caminaba demasiado erguida, con la frente muy en alto. Así que cuando los tres se adentraron entre el gentío hizo lo posible por imitar sus modos y bajar sus hombros, pero debía estar poniendo atención a eso todo el tiempo y en ocasiones, casi siempre cuando encontraba algo que llamaba mucho su atención, lo olvidaba y volvía a su caminar elevado.
-Deja de hacer eso -escuchó de pronto un susurro de Shaoran.
-¿Qué cosa?
-Eso, deja de encorvarte como si tuvieras un mal de nacimiento. La gente no es tonta. Sigue caminando derecha.
Sakura suspiró, trataba de ayudar. Pero ahora entendía por qué Shaoran había insistido en no enseñarle a tratar de imitar a las personas del pueblo.
-Bien, hasta aquí llegamos -dijo Shaoran parándose en seco- esta es la parte este de la ciudad, que tengas buena ventura.
El hombre le agradeció, e ignorando a Sakura por completo se alejó adentrándose más a la ciudad.
-Ni siquiera nos dijo su nombre -replicó- que descortés.
-Sólo es un nombre, no es la gran cosa.
Eso creía él. Cuando no se tiene la libertad de compartir el nombre, se veían las cosas de otra manera muy distinta.
-Ven, vamos por aquí.
Sakura asintió y lo siguió. Sin la presencia de aquel sujeto, ahora sentíase más libre de poder husmear cuanto quisiera, antes temía por lo que pudiera pensar su inesperado acompañante, pero ahora no tuvo miedo alguno de observar cuanto quisiera, preguntar cuanto quisiera y reír cuanto quisiera; todo esto aumentado cuando llegaron a un mercado rodante.
-¡Mira eso! -exclamaba divertida.
Pareciera que toda la capital supiera que era su primera vez de estar entre ellos y por eso exhibían lo mejor de sí mismos, o al menos así lo creía ella. La verdad era que aquel era un día de lo más común, nada particularmente extraordinario llegaba a los ojos de Shaoran, salvo esa encantadora sonrisa que adornaba el rostro del Oráculo y esos ojos que no podían permanecer enfocados en una sola cosa por más de cinco minutos.
Sí, verla así de feliz valía la pena el riesgo. Y mientras ella iba de un lado a otro él se prometía a si mismo que ésta no sería la única vez en la que disfrutaría del espectáculo de su alegría.
Siguieron andando hasta ver absolutamente cada uno de los puestos del mercado, siguieron su caminata y ahora Sakura observaba las pequeñas casitas que pertenecían a las clases más humildes.
-¿Aquí vive la gente? –preguntó asombrada.
-Sí, y baja la voz al decir eso, por favor.
-Lo siento.
-Descuida, sólo tienes que poner más atención en lo que dices -levantó la mirada de ella y añadió-: ya llegamos.
-¿A dónde?
Sakura miró a su alrededor, esperando encontrarse con algo diferente pero no lo encontró.
-Aquí -señaló el príncipe, caminando hacia una de las casas-. Visitaremos a Cuckoo, tengo meses sin verla.
Sakura dio un respingo y se quedó quieta en su lugar.
-¿Y ahora qué pasa? -preguntó Shaoran al notar que no iba a su lado.
-¿Estás seguro de esto? ¿No crees que sería mejor regresar otro día?
-Aún es muy temprano para volver -contestó extrañado-, además creí que estabas ansiosa por conocerlas.
-Se suponía que sólo veníamos a ver… -lloriqueó.
Shaoran sonrió.
-Eso sólo lo dije para convencerte. Ya deja de tener tanto miedo -la tomó de la mano y la jaló con él hacía la casa- de nada servirá todo esto sí sólo nos dedicamos a vagabundear y espiar a los demás, debes involucrarte con ellos. Así es como se vive de verdad.
Después de escucharlo, la vidente dejo de poner resistencia y caminó al mismo paso del príncipe, derrotada y frustrada.
Cuando llegaron a la vieja puerta de madera, Shaoran la empujó y entró sin más. Sakura no supo si eso era normal entre estas personas o era Shaoran a quien le importaba lo más mínimo los modales.
Al atravesar el umbral se encontró de cara a dos mujeres, una anciana y la otra joven, más joven que ella misma, si es que no se equivocaba.
-¡Haru! -gritó la jovencita cuando sus ojos encontraron a Shaoran. Sakura se encogió en su lugar al ver el enfado en sus ojos-. ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¡Creíamos que estabas muerto! Yuan no nos quería decir nada, ¡pero estoy segura que él sabía algo! ¡Ahh me las pagará!
Sakura estaba anonadada. Podría decirse que ésta era la primera mujer (a parte del Oráculo predecesor) con quien tenía un contacto directo.
Mentiría si no dijera que la asustó un poco.
-Tranquilízate -se quejó Shaoran, o Haru, nombre con el que el Oráculo debía aprender a familiarizarse-. No exageres, tuve cosas qué hacer en otros lugares.
-Cosas qué hacer…-repitió malhumorada, entonces pudo la notar la casi imperceptible presencia de la mujer a su lado.- ¡oh, hola! Soy Jin ¿cuál es tu nombre?
-Sato -respondió Shaoran.
-¿Acaso te miraba mientras hablaba? –inquirió de nuevo enfadada. Shaoran resopló-. ¿No? Bien, ahora calla y deja que la chica conteste por sí misma.
Sakura rio, eso de hablar con más de una persona a la vez era muy divertido.
-Me llamo Sato.
-¿Y qué hace una muchacha tan linda como tú con este bruto?
-Jin querida, deja de molestar a Haru.
La mujer anciana se acercó, después claro, de disfrutar el espectáculo de su nieta.
-Mi nombre es Cuckoo -dijo la anciana presentándose- ven cariño siéntate y tú también Haru, me alegro mucho que por fin sentaras cabeza, tu mujer se ve muy agradable.
Las mejillas de Sakura se tiñeron de rosado, no era lo mismo que un tipo desconocido (para Shaoran al menos, para ella todas las personas eran desconocidas) los confundiera con una pareja, a que ésta agradable señora a quien el príncipe visiblemente le tenía tanto respeto cayera en el mismo error.
-Ella no es mi mujer Cuckoo -carraspeó-, sólo la estoy ayudando, no tiene familia ni dónde quedarse.
-¿Quieres que se quede aquí con nosotras? -terció Jin-, ¡excelente! ¿Te gustan las plantas? ¿Ya te dijo Haru a lo que nos dedicamos?
-Pues yo... -se detuvo, asustada.
De inmediato pidió auxilio con los ojos, pero terminó por espantarse todavía más al ver en los avellanas del príncipe el mismo terror que emanaba de sus propios verdes.
"No pensamos en esto" decían los ojos del príncipe "¿Qué hacemos?" gritaban los verdes del Oráculo.
-Deja de hacer suposiciones Jin, tal vez sólo vienen de paso.
-Sí -afirmó Shaoran, y Sakura rogó a los cielos porque pensara en algo para salir de esa-. En realidad ella me acompañará en los viajes por un tiempo, la chiquilla quiere conocer el mundo y aquí encerrada contigo Jin, no verá más que tú misma cara aburrida.
-¡Oye!
-¿Conocer el mundo? -inquirió la anciana-, ¿de dónde vienes querida?
-De Prata.
-No es un lugar muy olvidado de la suerte...
-Era la dama de compañía de una hija de lores. La señorita era enfermiza y no salía seguido.
-Sí, y yo debía acompañarla siempre...
-Ya veo.
-La señorita murió recientemente y...
-Te quedaste sin empleo -concluyó Jin, aunque su voz se notaba algo diferente.
-Dimos demasiadas explicaciones sin que nos preguntaran -pensó Shaoran angustiado-. Ni siquiera hubo un mínimo de tristeza en su voz al decir que la niña murió.
Todo estaba saliendo mal.
Debían irse y pronto.
-Nos vamos.
Y se puso de pie.
-Acaban de llegar -murmuró Jin con seriedad- ¿por qué la prisa?
-Debemos buscar alojamiento y...
-Pueden quedarse aquí.
-Sabes que nunca me quedo aquí.
-Sato puede quedarse aquí esta noche, tú puedes hacer lo que te venga en gana.
-¡Jin!
Jin cabeceó y suspiró.
-Sí, lo siento.
Cuando dijo eso, Sakura creyó ver cansancio en sus ojos, pero fue solo por un momento, luego volvió a esa energía que había mantenido durante todo el tiempo.
-Quiero decir, que es la primera vez que te veo con alguien amable que no sea el tonto de Yuan y quieres llevártela así como así. ¿Quieres irte ya? -preguntó a la que ella creía se llamaba Sato.
-Yo realmente… -miró a Shaoran, quien parecía tener dos bolas de fuego en los ojos-. Estoy bajo la custodia de Haru, dependo de él.
-Rayos, sí que tienes las costumbres raras de los nobles.
-Ya no los presionaremos más -intervino Cuckoo, una vez más-, estaba por preparar unas verduras de nuestro huerto, al menos quédense a comer.
Shaoran no pudo negarse y menos al ver la cara emocionada del Oráculo cuando Cuckoo le ofreció acompañarla a cocinar.
"No sé cocinar" le había respondido en primer lugar con pesadumbre, pero después de que la anciana le asegurara que no importaba y al contrario, con hacerle compañía le bastaba, su expresión cambió por una de emoción contenida.
Y fue así como Shaoran tuvo que tragarse sus dudas e inseguridades y aceptar la oferta de quedarse a comer.
Debía aceptar que al momento de sentarse todos a la mesa casi olvida aquellos incidentes, la tensión de las preguntas de Jin quedaron atrás con el entusiasmo del Oráculo. No dejaba de alagar a Cuckoo por su deliciosa comida (y para sorpresa de Shaoran aquello lo decía muy en serio, aunque ella como privilegiada de reyes, estuviera acostumbrada a probar no menos que manjares), por su casa tan acogedora (una vez más con la sinceridad impresa e sus palabras) y por todo el bien que hacía a las personas al utilizar sus métodos de curación con plantas y raíces.
-Cobramos por eso, no es caridad.
-De todos modos -insistió la adivina.
Sin proponérselo pasaron casi todo el día en esa casa. Sakura no dejaba de maravillarse cuando Jin la llevó al jardín trasero y le mostró dónde sembraban sus "medicinas". Así que cuando Shaoran apuntó que ya era momento de marcharse, casi sintió lástima al ver el rostro decepcionado del Oráculo.
Se despidieron y comenzaron la caminata de regreso al castillo, sin embargo los gritos de Jin los detuvieron antes de avanzar demasiado.
-Cuckoo dice que olvidó darte un obsequio. -dijo al Oráculo al alcanzarlos- ¿Podrías volver por un momento?
-¡Claro! -respondió Sakura-, pero no es necesario ningún obsequio.
-Así es ella, anda, se buena con la abuela y regresa.
-Está bien.
Dieron la vuelta y cuando Shaoran se disponía a seguirla, Jin lo detuvo del brazo.
-Deja que vaya sola, se les hará más tarde y todavía deben encontrar donde quedarse. Si van juntos es posible que Cuckoo los obligue a quedarse por más tiempo.
Sakura miró a Shaoran, buscando su consentimiento.
-Está bien, aquí estaré esperándote.
-Bien.
Y comenzó a alejarse, Jin por su parte se quedó plantada en su lugar junto a Shaoran.
-Es una muchacha muy agradable.
-Sí, lo es.
-A Cuckoo le encantaría verla de nuevo.
-Eso creo.
-¿Volverán pronto a casa?
-Claro –mintió. Ya no regresaría jamás. Jin y Cuckoo eran muy inteligentes, no podía arriesgarse más con ellas. Ya no volvería ni con el Oráculo, ni por su propia cuenta.
-¿Cuánto tiempo tenemos de conocernos Haru?
-No lo sé, algún tiempo.
-Es la primera vez que llegas a casa con una mujer.
-Pero no es la primera vez que no dejas de molestar.
Ella se rio.
-Cuckoo te quiere como a uno más de sus nietos.
Shaoran la miró con ojos endurecidos.
-¿Qué es lo que sabes?
-¿De qué hablas?
-Deja de jugar. Dime qué es lo que sabes.
-Haru yo…
-Si crees que con sentimentalismos de la familia y amor fraternal volveré, estas equivocada. Tú sabes algo de nosotros, o al menos lo sospechas. Si tú no eres franca yo sí lo seré: no volveremos. Ahora te pido que cuando ella regrese no digas nada de esto.
-¿Quién eres, Haru?
-Eso ya no importa.
-¿Estás hablando en serio? ¿Tanto tiempo aguantándome las ganas de seguirte a donde sea que vas cuando no estás aquí para esto?
-¡Maldición Jin! ¿Por qué no te quedaste con la boca cerrada por una vez en la vida?
Y eso lo decía de todo corazón. Desearía que la tonta de Jin no hubiera sido tan obvia, ahora veía que realmente ni él ni Yorito habían engañado por un momento a este par de mujeres, y sin embargo... ¿Por qué hacerlo evidente hasta ahora? ¿Por qué reventar la burbuja de mentiras con las cuales los cuatro se sentían tan tranquilos?
-¿Por qué nunca dijeron nada? –preguntó casi derrotado.
-Cuckoo temía asustarlos y que no volvieran –respondió Jin, casi arrepentida.
-¿Y qué es diferente ahora? ¿Por qué no antes?
-Por ella.
Jin señalaba al Oráculo, quien se acercaba sonriente con una planta de flores blancas que aparentemente había sido arrancada desde raíz.
-¿Cuckoo cree que la tengo secuestrada?
-No seas tonto. Solo queremos saber una cosa. ¿La chica está en problemas? ¿Tú y Yuan lo están?
Shaoran la miró con asombro.
-¿Sólo eso? ¿Es esa tu gran pregunta?
Jin se encogió de hombros. El Oráculo estaba llegando en esos momentos.
-Mira Sha... Haru -el entusiasmo con el que el Oráculo pretendía mostrar su presente, se evaporó en ese instante. Shaoran suspiró y negó con la cabeza.
¿Cómo pudo haber sido tan tonto como para creer por un segundo que ella engañaría siquiera a un niño pequeño?
-Cuckoo me dio esto -continuó, tratando de pasar su error desapercibido-, se llama Espino blanco.
Jin le sonrió.
-Estoy segura que la cuidarás bien -luego miro a Shaoran, su sonrisa se había borrado-. Sólo dime eso, y no haremos ni una pregunta más.
El príncipe dudó, pero no encontró ninguna razón por la cual no responder.
-Todo está bien, dile a la vieja que no hay de qué preocuparse.
-¿Volverás? Quiero decir. Después de todo esto. ¿Volverán cierto?
-Claro.
-¿Mientes?
-Tal vez.
Jin volvió a sonreír, era una sonrisa de alivio.
-Si volverán -era una afirmación, se acercó a Sakura y le dio un abrazo-. Debes asegurarte de que este bruto te traiga a casa de nuevo.
-Yo no sé si...
-¡Debes prometerlo! -le interrumpió.
Sakura sonrió.
-Me encantará volver a verlas.
-Estaremos esperando –se acercó a Shaoran y le guiñó un ojo-. Confía.
-¿Me dirás de lo que hablaban? -preguntó el Oráculo, cuando Jin se había alejado lo suficiente.
-Ella quería saber dónde estaba Yuan, o Yorito, como quieras llamarlo. Él tampoco se ha aparecido por aquí.
Sakura suspiró. No le creía nada.
-Estoy segura de haberte puesto en problemas con ellas.
-Siempre estoy en problemas con ellas.
-¿Regresaremos ya al castillo?
-¿Bromeas? Todavía es temprano.
-Pero en unas horas oscurecerá. Touya tal vez ya está libre, o tal vez pregunté por usted.
-Creí que habías dejado de hablarme así. Por poco y me llamas por mi nombre hace unos segundos.
Sakura hizo una mueca.
-Tal vez nunca debí empezar a hablarte así. Mira lo que pasó.
-Tonterías, no pasará nada que no se pueda arreglar. Ahora sigamos, y no te preocupes por Touya, casualmente se me escapó decir delante de la servidumbre que probablemente visitaría a Yorito.
-Aun así todo esto es muy arriesgado.
-Mi querida "Sato" -sonrió-, de eso se trata la vida.
Sakura se sonrojó al verlo sonreírle así, últimamente le pasaba muy seguido. Sacudió un poco la cabeza y trató de no darle tanta importancia.
-Te llevaré a la fuente de la plaza.
-¿No es esa la parte alta de la ciudad? Nos echarán si nos ven vestidos así.
-Algo que debes aprender, es que no estamos precisamente vestidos como mendigos. Bien podemos pasar como un par de ciudadanos humildes pero no al punto que nos echen a patadas. La fuente está rodeada de comercios y te aseguro que no seremos los únicos de "nuestra clase" en ese lugar.
Sakura se dejó convencer (como siempre), y siguió a Shaoran a través de los recovecos de la ciudad hasta que el suave sonido del agua cayendo llegó a sus oídos mucho antes que la visión de la gran fuente de ciudad capital.
-Aquel que venga a la capital, no debería irse sin antes ver esto.
Sakura asintió ante los susurros del príncipe. Era una obra de arte hermosísima. Con solo darle la primera ojeada se prometió que se grabaría esa imagen en la memoria y la pintaría con el mayor de los cuidados.
La base se componía de tres dragones de fauces abiertas y con las alas extendidas, las cuales soportaban una base redonda que servía de piso a dos serpientes marinas de filosos dientes que se enroscaban entre sí y que escupían agua por la boca, llenando la base circular que soportaban los dragones.
-Es hermosa, pero también temible –murmuró al finalmente terminar su observación.
-Según nuestros ancestros, ésa la esencia de nuestro pueblo. Guardianes celosos de la riqueza del reino, enemigos poderosos de quien intente robarlo.
-¿Por qué la serpiente marina?
-La estatua no es demasiado vieja como nuestras raíces, el reino no siempre llegó hasta las costas. Creo que la hicieron como una manera de fanfarronear por las nuevas aguas que se incorporaban al reino.
-Nunca había imaginado que el tesoro de la corona fuera tan grande como para tomar un dragón de escudo y prevenir al mundo de acercarse.
Shaoran rio.
-La avaricia está en todas partes.
-No creo que tú o Touya sean avariciosos, me parece que…
Se detuvo al sentir uno de los dedos del príncipe sobre el borde de sus labios.
-Shhh –susurró-. ¿Qué harías si alguien escuchara nuestra pequeña conversación? Mantengamos esta charla lo más general posible.
El contacto terminó, Shaoran retiró su mano y dedo, y la condujo a un banco de piedra que rodeaba la fuente, muchas personas ya habían tomado asiento en otros bancos iguales. Sakura puso más atención en las personas y tal y como Shaoran había previsto, ellos no eran los únicos ahí. Había mucha gente, desde humildes hasta mujeres ataviadas de largos y hermosos vestidos a los que Sakura no tenía nada que envidarles.
Oh, pero había muchas otras cosas que Sakura sabía le desgarraban el alma de celos y envidia: ver a esas personas disfrutando cómodamente de su tiempo.
Vio de pronto a todas esas personas como enormes y poderosos dragones protegiendo sus hermosas riquezas de ella, una pobre mujer que no tenía el coraje de enfrentarlos, ni siquiera para mendigar un poco de su fortuna. Porque había una clase de tesoro que deseaba hasta el cansancio, un tesoro que Sakura jamás tendría: la libertad que escrupulosamente se le negaba.
Y sabía que a partir de ahora esos paseos por la ciudad se compondrían de felicidad y desespero en partes iguales, era como si estuviera sedienta y sólo se le permitiera dar un sorbo de agua pese a estar frente a un cristalino manantial. Esas personas, esa gente que ese día había decidido tomarse un tiempo frente a esa poderosa fuente, eran sus peores torturadores. En cada banco y esquina encontraba algo de lo que ella jamás podría disfrutar, cosas sencillas como la camaradería de los viejos amigos, la unidad de la familia...
Y otra cosa más.
Había oculto, entre las sombras que se empezaban a formar con la paulatina caída del sol; una pareja de jóvenes. No hacían nada fuera de lo ordinario, salvo la mirada embelesada que el joven depositaba en la dama.
Nunca antes había visto Sakura algo semejante. Era un mar de sensaciones y sentimientos comprimido en una mirada, la expresión de la obediencia, del anhelo y la dicha juntos.
¡Cómo envidiaba a la joven dama! ¡Cómo daría absolutamente todo lo que le pidieran sólo por ver por una única ocasión, una mirada como esa, dirigida a ella!
-Al menos yo si agradecería el gesto –murmuró irritada, notando que la joven en cuestión, ni enterada se daba de todo el amor que emanaba de los ojos de su acompañante.
-¿A qué te refieres?
La adivina miro de soslayo al contrariado príncipe.
-No es nada.
-Te ves muy molesta para no ser nada -rebatió-, más molesta incluso que cuando te obligué a aceptar la compañía de nuestro desconocido forastero de Argas. Ahora dame esa planta, llegará sin hojas al castillo por la forma en la que la estás tomando.
Sakura aflojó el agarre con la que tenía sujeta la planta, dejando que el príncipe se la quitara.
-De verdad no es nada –insistió ella-. Sólo quiero regresar al castillo.
-¿Tan pronto? ¿Estás segura?
-Por supuesto, además ya está cayendo la noche.
-Como gustes -se encogió de hombros-. Ven daremos un pequeño rodeo.
Sakura asintió, hasta ella comprendía que dirigirse en línea recta hacia el castillo no era bien visto a los ojos de nadie.
El transcurso de regreso fue en silencio, salvo por el apabullante sonido que hacían los pájaros al volver a sus nidos en las copas de los árboles. La luz solar ya se veía grisácea y el Oráculo comenzaba a temer que no llegarían antes de la oscuridad total. La actitud del príncipe sin embargo, era de lo más tranquila y despreocupada, así que decidió dejarse en sus manos y no hacer ningún comentario de sus temores y al contrario, utilizó toda su energía en continuar ahogándose en la molestia y el celo que le había provocado la última visita que había hecho en la capital.
Llegaron, efectivamente, al tronco enmohecido que ocultaba su entrada de regreso justo antes de la caída del Sol. Decidieron plantar la delicada y maltratada rama de Espino junto a un arbusto, cerca de la entrada del tronco. Al terminar, se deslizaron por la trampa y atravesaron el oscuro túnel de tierra sin problemas.
Más rápido de lo que le pareció salir del castillo, se vio de regreso en sus habitaciones. Estas, al contrario del exterior, la recibían con su acostumbrada quietud y silencio.
Sorprendentemente para Sakura, aquella calma la hizo sentir bienvenida y reconfortada. Su molestia se disolvió, su corazón se tranquilizó y sus oídos agradecieron el silencio como una hija que ha sido separada de su madre y quien ahora era recibida envuelta en sus fríos pero conocidos brazos.
Disfrutó de la calma que le proporcionaba el lugar por unos momentos antes de regresar su atención al príncipe que la observaba también en silencio y con gesto serio.
-Gracias por lo de hoy -le dijo haciendo una reverencia.
-No es nada –respondió-. Aunque... No pareces haberlo disfrutado.
-Lo he disfrutado mucho, te lo aseguro.
-En ese caso no entiendo por qué la depresión.
Sus ojos verdes se abrieron de sorpresa.
-Puedo verla en tu rostro –arguyó-, desde que dejamos la plaza de la fuente. Dime qué ocurrió. En casa de Cuckoo te habías relajado bastante, estabas contenta, disfrutabas.
-No es importante, es sólo que... -suspiró. Realmente no quería decirle los secretos de sus sentimientos, no quería darle más lastima de la que ya sentía.
-Vamos -la animó-, dime.
-Es... ¡Es todo! -cedió. Y en ese instante sintió como si un gran abismo se formara a su alrededor, esperando un mal paso de su parte para hacerla caer dentro de él-. Toda mi vida he sabido que este es mi destino, y que así debo ser feliz. Pero... al ver a todas esas personas, no sé. Puedo darme cuenta de lo que realmente significa pasar mis días aquí, alejada de todo y todos. Es mucho más grande de lo que había pensado.
-Tal vez creas que soy un monstruo al mostrarte todo esto. ¿Pero no crees que sea mejor vivirlo al menos por una sola vez que no vivirlo nunca? Ahora que ya conoces algo más que no sea esto -extendió los brazos señalando su alrededor-, te preguntaré si realmente quieres seguir. Si me dieras una respuesta negativa, te doy mi palabra que jamás volveré a tocar el tema. Te dejaré tranquila y en paz.
La adivina asintió y meditó por un momento.
-Seguiré. Pese a todas esas cosas que aun así no podré experimentar. Ni aunque salgamos a diario –añadió esto último al ver que el príncipe intentaba replicar-. Lo sabes. Sabes que esto no es más que una comedia, la parodia de una vida verdadera. Te he visto hoy. Imitas casi a la perfección ser uno de ellos, pero al final no es más que eso, una imitación. Tal vez me llevarás a conocer nuevos lugares y personas, pero habrá algo que jamás podré ser o tener.
Shaoran calló no hizo la pregunta y sin embargo aun así ella contestó.
-Jamás seré parte de algo. Eso es, por seguro, lo que más me lastima.
Escuchar eso fue como si él mismo recibiera igualmente una estocada directa en el estómago.
-No conoceré el cariño de una madre y un padre -continuó ella-. El amor de hermanos, la amistad de quien te conoce desde pequeño, la mirada de un hombre enamorado.
Shaoran sintió helarse al escuchar aquello.
-¿Los viste no es así? –Preguntó el de sangre azul recuperando la voz-. La pareja en la fuente.
-No creí que tú los notaras.
-Era difícil ignorarlos, el hombre salivaba como un perro detrás de ella.
Ella sonrió con tristeza.
-Lo dices de una manera que suena horrible.
-Discúlpame -inclinó la cabeza en señal de disculpa y luego la volvió a levantar con lentitud-. Tal vez eso si pueda mostrártelo.
-¿Qué cosa?
-No salivaré sobre la alfombra pero hay algo que puedo hacer.
-¿Hacer? No te entiendo.
-Quieres saber lo que se siente. ¿Me permitirías besarte?
-¿Qué?
Su voz salió unas décimas más alta de lo usual, además de notar que sus manos habían comenzado a sudar.
-Te interesa o no.
-Pero yo... Esto es...
-¿Quieres pasar toda tu vida sin haber besado a nadie? No me propasaré. Lo prometo.
-No es eso. Yo... tú eres…
-Soy tu amigo, o al menos eso quiero pensar. No me atrevo a decir que el único porque le doy el beneficio de la duda a mi hermano, pero tal vez si sea tu mejor amigo.
Ella lo miró por un momento antes de desviar su mirada.
-Anda, si no lo hacemos así, es casi seguro que no lo harás jamás. No podemos confiar en cualquier hombre del pueblo.
La adivina tomó aire.
-De acuerdo –aceptó con valor-, hagámoslo.
Shaoran sonrió. Y Sakura hubiera preferido que no lo hiciera.
Al contrario de lo que imaginó, no hubo ningún tipo de aviso o preparación, Shaoran no la abrazó, no la tomó de los hombros, ni siquiera le sujetó la barbilla, simplemente la besó casi al momento siguiente de decir su última palabra.
Al separar sus labios, los cuales apenas y duraron unos cuantos segundos unidos, Sakura no supo exactamente cómo reaccionar o exactamente qué sentir. Después de la primera impresión comenzó a pensar que sus suposiciones en cuanto a las sensaciones que traían consigo un beso, habían sido muy exageradas comparadas con la realidad.
-Te ves pensativa -la interrumpió el príncipe-, analizas demasiado las cosas.
-Nunca había besado a nadie -replicó un tanto a la defensiva-, no me parece tan descabellado querer analizar eso.
-¿Y quién dijo que ese era un beso de verdad?
-Pero si...
-Sólo quería ver si no te arrepentías al último minuto.
Una vez más, la sonrisa del noble no le agradó mucho del todo.
-Esto sí es un beso –le sujetó los brazos y la atrajo hacia él.
Ahora las cosas no fueron tan rápidas como la última vez. Al momento de volver a unir sus bocas, Shaoran dirigió las manos hacia su espalda en un abrazo que la acercó a una escandalosa distancia de su cuerpo, mientras sus labios (por todos los cielos ¡sus labios!) se movían sobre los suyos marcando un compás que ella no se atrevía a romper salvo cuando él así lo imponía, ya que en determinado momento comenzó a aumentar la presión y a profundizar en su boca. Era tal la presión de su cuerpo sobre el suyo, que podía sentir como su espalda se encorvaba hacia atrás.
Poco a poco esa misma presión comenzó a disminuir hasta que el beso terminó. Al separarse pudo percibir que su corazón latía un poco más rápido de lo normal y algo raro en su estómago le daba vueltas, tal vez algo que comió en casa de Cuckoo le había caído mal.
De pronto se dio cuenta que había vuelto a ponerse pensativa y como no quería volver a ser víctima de las burlas del príncipe, levantó la cabeza hacia él, sin embargo grande fue su sorpresa al verlo ahora a él pensativo.
Deseó poder saber qué era lo que pensaba.
Shaoran por fin se dio por enterado de la mirada de la adivina sobre él y carraspeó un poco.
-Bien. Ahora puedes tachar eso de tu lista de cosas por hacer.
Sakura asintió algo contrariada.
-Debes estar cansada por todo lo de hoy –dio un par de pasos hacia atrás, soltándola hasta ese momento y con expresión ausente-. Creo que te dejaré para que descanses. Además es posible que Touya esté buscándome.
-Por supuesto, entiendo.
Fue extraño ver al príncipe vestido con esas ropas tan humildes inclinarse con elegancia en una despedida demasiado formal como para el trato casual con el que él mismo había decidido actuar con ella. Se inclinó de igual forma ante él y ambos se dijeron un último adiós cortés antes de ver a Shaoran desaparecer por las puertas de madera.
X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X-X
Shaoran caminaba a paso apresurado por los pasillos, directo y sin escalas hacia sus habitaciones.
No podía creer lo que acababa de hacer.
-¿A qué estoy jugando? Maldición –pensaba desesperado.
Se llevó las manos a la cara para después pasarse los dedos por el cabello.
No había querido hacer eso, de verdad que no lo quería, ni siquiera lo había planeado, ni por un mísero segundo se le había pasado antes por la cabeza.
¿En qué momento se le había ocurrido proponerle al Oráculo algo así? El primer comentario había sido sólo una broma, una mala jugarreta, pero cuando la vio considerarlo… cuando la vio dudar…
-Me aproveché de ella –murmuró, enfadado consigo mismo.
Y se odió más cuando se dio por enterado que lo había disfrutado a montones. Había sido bajo, ruin, despreciable, un maldito desgraciado, pero sobre todos esos insultos que se gritaba mentalmente, había otra parte de su cerebro que decía otras cosas menos ofensivas y más agradables, una parte que pensaba en lo que podía hacer para volver a besarla una vez más.
"Tiene que haber alguna forma", decía esa parte escondida, la parte del desgraciado que no le importaba lastimar a una mujer que no contaba con nadie más que con él mismo (¡pero qué alivio!) y Touya.
Sabía bien que aunque quisiera sacarse ese beso de la cabeza, aunque quisiera borrar todo recuerdo de aquel suceso… simplemente no podría. Sabía que sería imposible olvidar el tener ese cuerpo entre los brazos, esa dulce e inexperta boca bajo la suya, sentir esos deliciosos temblores que de pronto la recorrían cuando el hacía algún cambio, aunque mínimo, en su beso.
-Estoy jodido –exclamó en voz alta justo cuando un guardia cruzaba ese mismo pasillo.
El hombre lo vio y arrugó el entrecejo haciendo ademán de querer abordarlo, sin embargo, pronto el sujeto recobró compostura y siguió su camino.
Shaoran encontró aquello de lo más extraño hasta que recordó la forma en la que iba vestido y que había olvidado el sigilo al momento de regresar a sus habitaciones. ¿Cuántas personas lo habían visto con ese atuendo?
-Lo último que me faltaba, Touya se enterará de esto y seré comida para perro.
De nada servía ya ocultarse, por lo que continuó su camino y más amargado que emocionado por su última salida, fue que llegó a sus habitaciones. Se quitó y arrojó al piso la ropa vieja y se vistió como su clase lo dictaba, pensó en salir en busca de su hermano, que las malas noticias llegaran de una vez por todas, huir no serviría de nada, pero prefirió esperar a que él lo llamara. Era posible que después del día de mierda que había tenido, al menos una cosa le saliera bien y el guardia que lo vio fuera el único que realmente lo hubiera visto y que por obra de la divina gracia, olvidara el suceso o lo tomara como poco importante y no dijera nada.
-Ya después le daré la cara a Touya -se dijo, dándose cuenta que igual tantas coincidencias no podían llegar juntas.
Por el momento sólo quería seguir insultándose, sin embargo no fue así, al contrario, disfrutó rememorando el recuerdo del beso y ahora, abierta y descaradamente, trataba de encontrar otra forma de llegar a sus labios.
¿Que era todo esto?, demonios, no se la podía sacar de la mente y aunque se repetía a si mismo que era por el hecho curioso de saberse el único hombre en haberla besado, sabía que se estaba engañando.
Todo estaba mal. Desde el principio las cosas habían estado mal. Él no era así, había pocas personas a las que ayudaba o le interesaba su situación. En sus constantes salidas había conocido a más de uno que con sólo narrar una semana de su vida podía hacer llorar al más duro de los hombres. Y él no había movido un dedo por ayudar. Con las mismas Jin y Cukoo jamás había utilizado ni su dinero o poder para favorecerlas. Ellas hacían lo suyo y él se ocupaba también de lo propio.
Con esta mujer no había sido así. Desde el principio había dejado de escapar para pasar más horas con ella, para acompañarla y darle lo poco que él podía ofrecerle. Incluso ahora que por fin estaba en paz con su único hermano volvía a dejar todo de lado y corría junto a ella para hacer algo que ya no consideraba vital para él.
Porque sí. Abandonar esas altas paredes y solitarios pasillos era casi como una bocanada de respiración para Shaoran, pero ya no más. Ya no era necesario. Esas paredes ya no eran altas sino fuertes y protectoras, y los pasillos ya no eran solitarios sino íntimos.
Y el príncipe ya no era un inadaptado, era...
Ahora ni siquiera él sabía ya lo que era.
Pareciera como si dos personas distintas vivieran en el mismo cuerpo. Uno de ellos era el nuevo, el príncipe aceptado por su hermano y su reino y el otro era el bufón, quien se ocultaba tras una máscara que lo dejaba hacer cuanto quisiese sin temores o represalias.
Y sin embargo...
¿Era realmente el bufón el enmascarado invasor? ¿O era el príncipe devoto quien realmente estaba ocupando un lugar que no le correspondía?
¿Qué era lo que realmente quería?
"¿Quién soy realmente?"
No se pudo contestar esa noche.
Y siendo honesto consigo mismo... Tampoco quería hacerlo.
Así que en los días sucesivos se propuso dejar ese tema por un lado, al mismo tiempo que también lo intentaba con aquel beso.
En ambos casos falló escandalosamente.
Entre tanto, durante el transcurso de uno de esos días, después de escuchar la predicción por la que había acudido, Touya observaba los ojos verdes del Oráculo frente a frente, notando que algo tenían de distinto. Algo nuevo.
Más risueña que de costumbre, con una distracción impropia de ella, en comparación con la atención casi devota que le ofrecía cada vez que la visitaba.
Algo no estaba bien.
¡Y cómo iba a estarlo! Si la pobre Oráculo pese a ver el futuro, era incapaz de saber si el príncipe volvería a besarla así. Porque después de varios días de pensar y recordar y añorar… había caído en la conclusión de una cosa: el príncipe estaba equivocado, pues una vez no era suficiente.
Deseaba, necesitaba volver a vivir aquello.
Touya gruñó, molesto por no contar con la atención completa de la adivina, y justo en el momento en el que iba a indagar más acerca de la causa de eso, fue que se dio cuenta.
Estaba enamorada.
Fin del capítulo
Mi computadora se volvió loca y acaba de apagarse de la nada y se perdió todo el mega discurso que había escrito para ustedes, así que agradezcan a la batería deficiente de mi equipo porque gracias a eso no van a leer mis lloriqueos por tardar tanto en publicar.
Sólo quiero repetir una cosa, los quiero y gracias por seguir al pendiente. Espero terminar esto pronto, se acercan cosas interesantes ;)
Avances del próximo capítulo: así que de esto se trataba, ¿cómo no se había percatado desde antes? Eso era el amor.
Próximo capítulo: Baile de máscaras
Felices lecturas!
