"No es mi culpa que así estemos constituidos: la mitad de contemplación desinteresada y la mitad de apetito."
Czeslaw Milosz
11. Baile de Máscaras
Shaoran tomó asiento justo después de Touya y casi al mismo tiempo que los otros seis generales, justo como marcaban los lineamientos. Ruhl por supuesto también estaba ahí, tal vez no había otro en la sala que hubiera detestado al príncipe tanto como él. Por eso había sido toda una sorpresa para los asistentes ver al hombre de guerra saludar al príncipe con aquel gesto cordial (y sincero) plasmado en el rostro.
Shaoran hubiera preferido que no lo hiciera, estaba acostumbrado a responder ataque por ataque, no sabía qué hacer cuando era recibido públicamente con una inclinación de respeto verdadero y los rostros sorprendidos de los demás generales no ayudaron en nada.
Tal vez había sido esa la única razón por la que Shaoran se arrepentía de asistir a la presente. Pese a que el carácter de la reunión no era para nada trivial, no pasaban ni cinco minutos para que uno de los generales desviara la mirada hacia el príncipe sentado a la derecha de su hermano rey. Shaoran podía leer sus rostros con una facilidad que incluso a él le sorprendió, podía ver expresiones de curiosidad, otras de desconfianza, y algunas más tatuadas con una sorpresa de las que no son bien recibidas.
¿Y quién no se impresionaría al ver llegar al rey acompañado de un príncipe que jamás en su vida había asistido a ningún tipo de reunión oficial? ¡Mucho menos una enfocada en la guerra!
Shaoran aceptaba que cuando Touya le pidió su asistencia, se sintió feliz de estar a punto de saber cuál era la real situación entre los reinos, sin embargo, y como ya se había mencionado, no había necesitado de mucho tiempo para retractarse.
Al menos su curiosidad había sido saciada, al menos ahora se enteraba que la situación actual no era preventiva, la guerra estaba en camino y no había marcha atrás. Las tropas de infantería, caballería y navales, se movían por las tierras y costas del reino, Touya protegía las ciudades principales y los puertos más vulnerables por donde las fuerzas enemigas podían hacer su intento de ocupación y ahora mismo se presentaba el informe de varios avistamientos de pequeños grupos de hombres de Railan haciendo sin duda reconocimiento en las fronteras.
Hasta ahora no se había librado ninguna batalla, pero era solo cuestión de tiempo.
La reunión no había sido excesivamente larga, pero si provechosa. Se había acordado la cantidad de hombres que se enviarían a los puntos más críticos y aumentado el presupuesto de los gastos para el ejército. Shaoran apenas y había participado, haciendo un comentario o dos, su posición había sido más bien de oyente, además claro, de objeto de miradas indeseables.
-Puede que sea esta la última vez que nos veamos a la cara en mucho tiempo, señores -dijo el rey-. Si empiezan las batallas ninguno tendrá autorización de abandonar su puesto. Así que éste es el momento de decir todo lo que se pudieran haber reservado.
Nadie parecía querer hablar, se veían satisfechos por los acuerdos y puestos que cada uno se encargaría de defender, sin embargo había algo que molestaba un poco a Shaoran.
-¿Y por qué no atacamos primero?
Al momento de decirlo pudo sentir la atmosfera del lugar tensarse, salvo por los labios de Ruhl que parecieron curvarse en una sonrisa que duró apenas un parpadeo.
-No -. Replicó el rey-. Nosotros no atacaremos primero.
-Pero si estamos listos y es casi irreversible que las batallas den inicio, ¿por qué no dar el primer paso y tomarlos por sorpresa?
-No iniciaré una guerra príncipe. La reunión terminó. Pueden retirarse.
Shaoran se tragó el enojo e hizo la inclinación debida frente a su hermano antes de abandonar la habitación.
¿Benévolo y justo rey? Ciego y ensordecido, mejor dicho.
-Eso fue muy osado de su parte príncipe -fue la voz del general Lao, líder de la caballería, quien lo sacó de sus pensamientos-. Hay ciertas cosas que no son aceptables para nuestro rey. Y debe aprender a distinguir lo que puede o no decir, incluso siendo usted príncipe o su hermano.
-¿Lleva usted a la práctica ese consejo?
-Con cualquiera con sangre azul – asintió-. No solamente con el rey.
-Quiere decir en ese acaso que usted también cuida sus palabras conmigo.
Lao sonrió.
-Todo el tiempo príncipe Shaoran, todo el tiempo.
Antes de que Shaoran pudiera contestar a eso un lacayo salió de la sala del rey y lo llamó.
-Su majestad pide su presencia de regreso, alteza.
Shaoran asintió y siguió al hombre, esperando uno de esos regaños por parte de su hermano que aún no había olvidado del todo.
Cuando entró, Touya seguía junto a Yukito observando los mapas que acababan de consultar con los generales.
-Oh, eres tú -dijo el rey al levantar la mirada y ver a su hermano.
-Llamaste por mí –le recordó Shaoran casi con enojo-, y aquí estoy.
-No debiste irte en primer lugar, nosotros no hemos terminado.
-Dijiste que la reunión había terminado.
-Está implícito que tú debes quedarte, ibas a ver los pendientes del reino conmigo ¿recuerdas?
-Acabamos de hacerlo, Railan está...
-Nuestras obligaciones no se resumen a la guerra, mi inteligente hermano, hay otros asuntos mundanos que requieren atención.
Shaoran pudo sentir como se le retorció el estómago al escuchar ese "nuestras obligaciones" de la boca de Touya.
-Ahora siéntate y esperemos a que llegue Lirr. Yukito, que retiren esto -dijo señalando los mapas.
-Como diga majestad.
-¿De qué se encarga ese tal Lirr? -preguntó Shaoran tomando asiento- ¿Impuestos?
-Imagen.
-¿Qué?
-Debemos aparentar que nada malo está pasando, la gente debe sentirse segura. Por los cielos, es verdad que no sabes nada. Pronto viene el ritual de primavera.
-¡Conozco el estúpido ritual! –exclamó exasperado, aunque guardándose para sí que había olvidado que la fecha estaba ya próxima-. Pero no entiendo esa obsesión tuya de ocultarle los conflictos al pueblo. Tarde o temprano se enterarán.
-No debemos permitir que se esparza el pánico.
-Pero Railan es un país tan...
-¿Bárbaro?
-Si... -pero al ver el rostro escéptico de Touya dudó-. Sus armas deben ser...
-Sus armas son el miedo ¿te imaginas lo que haría una horda de bárbaros con nuestra gente? Tú solo piensas en la perspectiva de un ejército contra otro. Apuesto a que no habías pensado en esto pero la gente sí. Cuentan historias aterradoras de asesinatos, violaciones y demás, ojala y la mitad de esas cosas fueran mentira.
-Está bien, entiendo. Supongo que piensas usar el ritual para distraerlos.
Touya sonrió.
-Precisamente. Un baile. Un mundano e inútil baile, ese que hacemos cada año y al que nunca has asistido, ya que estamos en eso. El día de hoy debemos definir el presupuesto. No podemos gastar mucho, prefiero encaminar ese dinero a la guerra, pero tampoco debemos aparentar pobreza.
-Puedes atraer la atención de tus remilgados nobles con otra cosa para que no noten el ahorro.
-¿Y por ejemplo con qué? ¿Un príncipe disfrazado de mendigo?
Shaoran tragó saliva al escucharlo, hasta ahora Touya no le había mencionado el asunto, por lo que había creído que no se había enterado.
Por lo visto, estaba equivocado.
-Te enteraste.
-¿Que si me enteré? Te paseaste por todo el castillo vestido así.
-No tengo excusa para eso, lo admito.
Touya espero un poco más pero Shaoran no agregó nada.
-¿No tienes una excusa? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
-Escucha Touya, podemos hacer dos cosas, iniciar una vez más con la misma historia de siempre donde me presionas y yo no cedo, o podemos dejar así las cosas. Nadie salió herido con esto y mi presencia aquí te comprueba que mi parte del trato sigue en pie. Estoy haciendo todo lo que me dices. Tú decides.
Touya frunció el ceño. En primer lugar, porque en ningún momento ellos habían hecho un trato. Shaoran se había aparecido de la nada diciendo que quería aprender, mejorar. Y ahora venía con eso de un trato. Si atender el reino era la parte que le correspondía a Shaoran ¿cuál era la parte que le tocaba a Touya?
Por otro lado…, no sabía si debía alegrarse por el hecho que Shaoran comenzaba a arreglar sus problemas con actitudes más diplomáticas.
Entretanto, Shaoran se había cansado de esperar la respuesta de su hermano y atribuyó su silencio como una aceptación a la segunda opción.
-Ahora, si lo que quieres es distraer a los nobles –continuó el príncipe-, tienes razón, es muy probable que con mi presencia se interesen más en los rumores que siempre han existido a mi alrededor que en ver lo que pasa frente a sus narices.
Touya frunció el ceño.
-Y lo del disfraz no es tan mala idea –agregaba Shaoran, ya comenzando a impacientarse ante el mutismo del rey-. ¿Qué tal un baile de máscaras?
Touya siguió sin responder. Pese a que fuera una buena, no excelente, pero si buena idea, todavía tenía sus dudas al respecto. Shaoran, por su parte podía sentir la mirada de Touya clavada en él. No era la primera vez que estaba bajo esa mirada escudriñadora, por lo tanto, sabía bien que tenía que aguantarle la mirada y esperar.
-Bien -dijo al fin el rey- cuando llegue Lirr le expondremos lo que acabas de decir.
No tuvieron que esperar mucho para que Lirr hiciera acto de presencia, Shaoran lo vio y lo reconoció entre las tantas caras que había en su mente, aunque pocas de ellas tuvieran nombre. De ahora en adelante esa cara alargada y pálida tendría un nombre para identificarse.
Lirr estuvo más que de acuerdo con la propuesta del príncipe, incluso se atrevió a decir que ya había pensado en usar la presencia del príncipe (si me permite ese mal uso de palabras, había agregado incómodo), para dirigir los pensamientos de los bajos nobles y la gente común lejos de otros temas más delicados.
-¿La gente común? -Repitió Shaoran algo confuso.
-¿No acompañará a su Majestad en el ritual?
-Por supuesto -se adelantó Touya a responder-. Ahí estaremos.
Shaoran cabeceó en acuerdo como autómata, si el baile siempre había sido para él una pérdida de tiempo, tanto que incluso la mayoría de las veces ni siquiera recordaba su existencia, el ritual nunca había sido así. Se trataba ni más ni menos de una ceremonia sagrada de la que el Oráculo formaba parte, dando su predicción para el nuevo año y traer prosperidad y buena fortuna para el reino.
De pequeños, Shaoran y Touya se escondían entre las estatuas y esquinas de los pasillos para ver el palanquín del Oráculo pasar por los corredores. Durante su infancia el Oráculo había sido una de sus tantas travesuras. Más de una vez los guardias de la adivina los habían interceptado intentando atravesar las enormes puertas de madera, y más de una vez habían recibido un fuerte regaño de su padre.
-Pero padre -decía un pequeño Touya-, ¿no dijiste que esas cosas son para los tontos y asustadizos? ¿No dijiste que esas cosas para predecir el futuro no eran verdad?
-Si padre -apoyaba Shaoran- dijiste eso. Nosotros solo queremos verlo y que nos diga el futuro y entonces sabremos si miente o no.
Recordar ese lejano y por tanto tiempo enterrado pasado era como ver en la vida de otra persona. Una vida que era mejor que la suya. Después de la muerte de su padre, Shaoran había dejado de interesarse por el futuro, por el Oráculo y por su hermano.
Hasta ahora.
Hoy en día el Oráculo no abandonaba su cabeza ni de día ni de noche. Y ahora Touya pretendía que lo acompañara en el ritual.
El ritual, dicho sea de paso, demandaba que el Oráculo saliera de sus habitaciones transportada en un palanquín cubierto de velos hasta la terraza donde Touya salía a hablarle al pueblo. Estando ahí, Touya debía escuchar su visión para el nuevo año que comenzaba y transmitirlo al pueblo.
-Yo encabezaré el ritual -dijo Touya sacando al príncipe de sus pensamientos-, Shaoran puede acompañarme. El ritual del Oráculo es una exhibición para el pueblo más que para la nobleza así que eso atraerá la atención de las clases bajas. No se hablará de otra cosa.
El príncipe asintió, tratando de mostrarse indiferente.
Por el otro lado, Lirr estaba más que complacido, hacía planes, daba opciones para las vestiduras de ambos, las cuales Touya aprobó para ser una de las pocas cosas en las que se gastara más dinero del pensado. Y Shaoran se sintió como un perro al que se le acicala antes de una exhibición de caza.
Con la exclusión que él sólo iba a exhibirse, no a cazar.
Por fin la sesión terminó y los hermanos se liberaron de pendientes.
"Por el día de hoy" le recordó amablemente Touya a su hermano, quien contestó con un gruñido y salió de la habitación con la intensión de visitar al Oráculo. En lugar de centrarse en los nervios que le daban coincidir los tres en un solo lugar, Shaoran trató de pensar en su victoria de realizar un baile de máscaras. De este modo, fácilmente podía conseguir una y dejar a la joven Oráculo ver los bailes, escuchar la música y disfrutar una velada con personas más cercanas a su clase.
Tras dejar a Touya y abandonar la sala real, Shaoran se dirigió hacia las habitaciones del Oráculo, atravesando, claro, todas las puertas y rodeos necesarios. Cuando se encontraba ya con las manos sobre las puertas de madera que lo separaban de la adivina y repasando al mismo tiempo las palabras que utilizaría para convencerla de seguir sus planes, escuchó algo.
Se quedó congelado, olvidando por ese momento que la ronda de vigilancia regresaría en cualquier momento y lo verían sin dificultad. Sin embargo, no podía moverse. Casi inmediatamente pudo percibir que el ruido se debía a voces, sí en plural. Era evidente que Touya también había ido con el Oráculo después de terminar sus deberes y al contrario de Shaoran, él no tenía que hacer rodeos, no tenía que cruzar pasadizos polvosos y no tenía que esperar ni un solo segundo para asegurarse que el guardia no pasara. Él simplemente había ido directamente, ignorado a los hombres y atravesado esas puertas sin preocupación alguna.
Cerró ambas manos, las cuales seguían sobre la madera, en un puño rígido y doloso y por un instante pensó en entrar a la habitación y que el rey se enterara de una jodida vez.
Empero, su prudencia o instinto, pudieron más al huir cual vil ladrón después de escuchar el ruido de pasos que los guardias hacían al acercarse.
Sin embargo, no se fue, permaneció escondido detrás del pasadizo con el oído alerta, esperando que Touya se marchara y sin otra cosa qué hacer más que rumiar su desespero, su frustración y sus celos al saber que Touya estaba con ella, que Touya podía verla por sobre cualquiera y que muy por el contario, él tenía que hacerse a un lado con la cola entre las patas porque el rey había decidido verla.
De pronto una sonrisa de superioridad se formó en su rostro cuando recordó el beso que habían compartido. Sintió lastima por Touya, quien con su corona y todo un reino bajo sus pies, y ¿por qué no decirlo?, la misma Oráculo disponible a la hora que el dispusiera, existía ese algo que sólo le pertenecía a Shaoran. Esos labios, unos labios que solo él probaría y que incluso para el príncipe había grandes posibilidades de que no volviera a tocar ni con la punta de los dedos.
Fue mientras saboreaba su pequeña victoria imaginaria sobre su hermano que escuchó por fin el ruido de fuertes y seguros pasos sobre el suelo. Pasos de un rey sin duda.
Esperó otro poco hasta que reinó el silencio por el tiempo suficiente y volvió a dirigirse hacia las puertas.
El Oráculo estaba en el recibidor con una sonrisa en el rostro.
-Te estaba esperando.
Shaoran se ofuscó un poco.
-¿Cómo supiste...?
-Touya me habló de tus sugerencias para el baile. Es obvio lo que tienes en mente y estaba segura que no tardarías mucho en venir a decirme.
-Solo me queda entonces, preguntar si aceptarás.
-Realmente no quisiera hacerlo -fue su respuesta-, pero sé que terminaras por convencerme. Así que ahorrémonos esa parte.
Shaoran la miró extrañado, estaba acostumbrado a sus recelos y negaciones. Además, con su rápida aceptación de la idea, se había quedado sin nada que decir ni hacer. Y fue precisamente por eso que de pronto tuvo plena conciencia de ser ésta la primera vez que se veían después de aquel beso y que después de lo mucho que pensó en lo que haría o diría a la mujer, no había llegado a ninguna conclusión satisfactoria.
-Algo te preocupa -dijo el Oráculo, sacando a Shaoran de sus pensamientos de un golpe.
-¿Cómo dices?
-Estás preocupado. Siempre te ves tranquilo, seguro de ti mismo. Hoy no. Hoy te veo igual que a Touya. Hay algo que te preocupa mucho.
Shaoran se quedó helado, pensando que lo único que realmente le era tan importante como para traslucir su inquietud estaba justo enfrente suyo.
Quiso pensar que aquello importante para Touya era el reino.
Sí, tenía que serlo.
-Tal vez pasar tanto tiempo con el rey me está empezando a afectar -mintió. Luego hizo un ademán con la mano, como restándole importancia y pasó a la siguiente habitación seguido de cerca de la adivina-. Pero no tienes por qué preocuparte -agregó relajado, o al menos eso quería aparentar-. No es nada importante.
Sí. No importaba que cada palabra dicha fuera una mentira del tamaño del castillo. Porque podía decir lo que fuera menos la verdad. Que no soportaba, que detestaba esperar a que Touya la dejara libre para poder ser digno de su presencia y más que nada, que se moría de ganas de besarla una vez más.
Pff imperdonable.
-¿Estás seguro que no puedo ayudar en algo?
¡Vámonos lejos de aquí! Pensó desesperado en un momento de locura.
¡Qué tontería!
-No te preocupes -dijo en su lugar-. Todo está bajo control.
-Ustedes hermanos, piensan que con decir eso, olvido todo, pero lo cierto es que ninguno de los dos me utiliza lo suficiente.
Shaoran abrió un par de ojos desmesurados. Primero asustados y luego con enojo.
-¿Utilizarte?
¿De qué forma se suponía la utilizaba Touya? Sin embargo, pasó también inmediatamente a la culpa, cuando recordó cómo exactamente se había aprovechado él de su ingenuidad al besarla, y de sus veladas intenciones de volver a hacerlo.
-Estoy segura que mis visiones ayudarían más de lo que ustedes creen -insistió ella-. No entiendo por qué no...
Pero se detuvo cuando escucho que Shaoran comenzaba a reírse.
-Príncipe. No logro entender su humor.
-¡Tus visiones! Por supuesto, soy un necio.
¡Pero claro! El encierro de la mujer en el castillo se debía a nada menos que su supuesto poder de ver el futuro, poder que bien sabía, Touya apenas y tomaba en cuenta.
Todos esos pensamientos que habían comenzado a formarse en su mente, de un Touya utilizando a la mujer frente a él desaparecieron con alivio. Mientras tanto, Sakura seguía en su lugar y con el ceño fruncido, deseando que se le diera una explicación.
-No te preocupes por Touya -dijo finalmente el príncipe-, todo está controlado, no hay modo que Railan nos sorprenda. Y yo... -rio-. Yo también estaré bien.
Pero ella no se veía aliviada en absoluto, incluso Shaoran percibió más pesadumbre de su parte y sus ojos de pronto se vieron cansados y opacos.
-¿Estas bien?
Ella le devolvió la mirada. No, no lo estaba. Había muchas cosas que estaban mal. Empezando por los secretos que compartía con estos dos hombres, ambos se abrían a ella como a nadie más (lo sabía porque ellos mismos se lo habían dicho) y al mismo tiempo, sentía que no conocía su verdadera esencia, aquello que era realmente importante, como si el último secreto le fuera completamente negado, como si nunca fuera lo suficientemente digna para conocerlos. A ninguno de los dos.
Sobre todo con este príncipe, este hombre que había aparecido de repente y que había cambiado tantas cosas en ella. Descubrir que disfrutaba de tal manera el desafiar la autoridad de Touya era la menor de las cosas que había aprendido con él, cosas de ella misma que desconocía, sensaciones, sentimientos. Miedo, emoción, enojo, y… otra cosa, había otra cosa que le revolvía el interior cuando estaba frente al príncipe, algo que todavía no alcanzaba a descifrar por completo. Una sensación que la alteraba y la hacía sentir plena al mismo tiempo. Una sensación que aumentaba cuando él se le acercaba o… cuando le dio aquel beso.
¿Se enfadaría si le pidiera hacerlo de nuevo? ¿Sería muy osado de su parte?
Detestaba ser una aislada ignorante de las cosas más sencillas. Así que dada la situación, hizo lo que le pareció más sensato. Callar.
¡Que más daba si además de los secretos de él también se sumaban los de ella!
-Si estás enfadada ¿qué puedo hacer para remediarlo? -cansado de esperar ante el mutismo de la adivina, el príncipe cedió-. Es usual que te pierdas en tus pensamientos, ahora lo sé, pero no estoy seguro de si eso sea bueno o no.
Ella sonrió ante la preocupación de su príncipe.
-¿Por qué habría de estar enfadada si no le debo a usted más que agradecimiento?
-¿Cómo eliges en qué momento hablarme con propiedad? -frunció el ceño-. No alcanzo a descubrirlo.
Ella encogió los hombros.
-Yorito y Touya son los únicos que me hablan por mi nombre. Que tú también lo hagas me complace. Por favor, no sigas dirigiéndote a mí de esa manera tan fría.
-La costumbre...
-Estoy seguro que a Touya le hablas por su nombre.
-Es distinto.
-¿Por qué?
-Él ha estado conmigo siempre.
Ese era un buen punto.
-Si él ha estado contigo siempre -replicó-, entonces yo estaré contigo desde ahora.
-Ojala fuera eso cierto -alcanzó a murmurar sin querer, y por la expresión del príncipe, también había sido escuchada.
-Dudas de mí.
-Es posible que en un futuro...
-¿Te olvide? ¿Pero es posible que pienses eso? ¿De qué manera será posible que te olvide, que te abandone a esta maldita suerte, si no existe momento en el que pueda sacarte de mi cabeza?
Y ahí estaba otra vez. El Oráculo recordaba que ya en una ocasión el príncipe había mencionado algo parecido, fue cuando volvió de su viaje. Sí, había dicho que diario tenía un pensamiento para ella. Dudó de él en esa ocasión, lo había creído harto imposible y sin embargo, aquí estaba otra vez, casi con las mismas palabras e incluso mayor ímpetu que la anterior.
-No te vas a deshacer de mí con facilidad –agregó.
Ese comentario la hizo regresar a la realidad. Tenía razón, no sería rápido y fácil. Sería lento y agotador.
Doloroso.
-Llegará el momento -suspiró-, en que te des cuenta que no soy más que una carga. Tu propia vida te reclamará, y el tiempo que pases conmigo se irá acortando, las visitas se volverán cada vez más aisladas. En cualquier momento, ya sea que abandones este castillo o simplemente dejes de venir, el resultado será el mismo.
Shaoran no supo cómo responder a eso, en estos momentos le resultaba imposible pensar siquiera en abandonarla pero sabía que incluso si juraba sobre la tumba de sus padres que jamás haría tal cosa, ¿quién le aseguraba que el futuro Shaoran siguiera cumpliendo su palabra? No podía saber qué le deparaba el mañana, mucho menos ahora que sabía que podía cambiar tan drásticamente su forma de pensar (la prueba era su actual trato cordial con Touya), y que era capaz de hacer cosas que irónicamente se había jurado a sí mismo jamás haría y que hoy en día le parecían promeses vagas, sin sentido y con falta de fundamentos.
Así que... Sí, era posible que ese maldito futuro lo volviera un hombre diferente. Pero al mismo tiempo...
-El día que no vuelvas a verme será porque estoy muerto.
Pese a lo tétrico de sus palabras, ella sonrió. Guardándolas para el tiempo en el que las necesitara, para cuando no tuviera más que sus recuerdos.
-Será mejor que dejemos estos temas, príncipe, o no dejaremos de discutir nunca.
Shaoran sabía que tenía razón, sin embargo odiaba perder. Y dejar así las cosas, con un Oráculo decaído e incrédulo, lo hacía sentirse ignorado. Sin credibilidad.
Pero ella tenía razón, la discusión no terminaría hoy. Quizás jamás lo harían, pues aunque pasaran veinte años ella siempre seguiría creyendo que él, de un momento a otro, la dejaría a su suerte.
El estómago se le revolvió cuando se percató plenamente de aquellos veinte años que se le vinieron a la mente.
¿Seguirían las cosas igual que hoy? ¿Con un rey Touya y un príncipe visitando a su Oráculo sagrado? ¿Qué pasaría si Touya se enterara de lo que hacía?
Ya el Oráculo le había hablado de la nobleza del rey, de sus buenas intenciones para con ella, sus atenciones y visitas; que aunque esporádicas, eran sinceras y esperadas. ¿Se enfadaría demasiado si le decía que él también la buscaba para aliviar un poco su soledad? Tal vez si mantenía sus escapes en secreto y sólo dejaba que pensara que la veía para conversar y distraerla no se enfadaría demasiado. Serían menos secretos y hasta era posible que fueran más fáciles sus oportunidades de saber qué días estaría el rey tan ocupado como para salir a hurtadillas.
Todo era tan fácil y perfecto en su mente, que por eso mismo supo que las cosas definitivamente no serían así. No se arriesgaría a perderla por una simple corazonada. No podía arriesgarse.
Suspiro y la observó. Ella seguía delante de él, con sus verdes y tristes ojos.
Cuando la conoció no recordaba que estuvieran así de tristes. Tal vez en lugar de ayudarla la sumía cada vez más en la desolación. Quizás hubiera sido mejor para ella el no conocerlo.
-Hay una cosa -comenzó inseguro, adivinando la respuesta antes de formular su pregunta-, que he querido saber. Acerca de ti.
A la tristeza y melancolía se le sumó un atisbo de curiosidad.
-Pregunta y yo responderé.
-No quiero que me respondas porque debas hacerlo, sino porque quieras.
-Eso significa que preguntarás algo que no puedo responderte.
-¿Cuál es tu nombre?
Sonrió.
-¡Lo sabía! Mi príncipe, ni siquiera el rey lo sabe.
-¿Pero él te lo ha preguntado?
-Ya perdí la cuenta.
-¿Y por qué no se lo dices?
-Sólo yo conozco mi nombre. En cierto sentido, es lo único que poseo. Cuando nazca el siguiente Oráculo y yo abandone este lugar, seré libre de decir mi nombre.
-Ahí está la verdadera respuesta. No es que no quieras decírmelo sino que no puedes.
Pensó en lo interesante que sería ver hasta dónde llegaba la voluntad del Oráculo antes de rendirse y decir el secreto, sin embargo, ella pareció adivinar sus pensamientos pues inmediatamente agregó:
-Touya lleva años intentándolo.
-Touya no entiende de otra cosa más que seguir reglas y más reglas. Estoy seguro que no sabe insistir tanto como yo. Conmigo ya estas acostumbrada a ignorar esos detalles.
La risa que salió de sus labios fue música para el príncipe. La melancolía al fin había abandonado completamente sus ojos.
Se quedó con ella por el resto de la tarde y cuando por fin decidió marcharse, se fue con la tranquilidad de haberla distraído un poco. El tema del nombre ya no fue tocado.
Por el momento.
X-X-X-X-X-X-X
Yumi levantó la mirada para verlo a los ojos sólo por un instante. Pasado eso, volvió a bajar la mirada y asintió.
-Será como mi señor ordena -dijo la sirvienta con una reverencia.
-Bien. Y trata también de ser discreta.
-¿Mi señor? -levantó una vez más la mirada con algo parecido a la duda.
Shaoran frunció el ceño. Yumi jamás dudaba. Ella hacía lo que le ordenaba y jamás preguntaba.
-Me temo mi señor -se explicó ella-, que será difícil pedir un vestido de esas características sin levantar dudas o rumores.
-¿Rumores?
-Si me disculpa mi señor. En primera instancia el sastre pensará que es un regulo de su parte... Para mí.
El príncipe se llevó los dedos al puente de la nariz con cansancio.
-Tienes razón.
-Se extenderán los rumores acerca de que soy su amante. Y eso no será discreto en absoluto, mucho menos cuando vean que yo jamás me vista con él. Entonces comenzarán rumores para saber la identidad de la mujer a quien pertenece.
Shaoran gruñó por lo bajo. Detestaba esas personas que no tenían cosas mejores que hacer más que especular sobre lo que hacía y dejaba de hacer. Ese viejo rumor de Yumi como su amante era el que más había perdurado. Ninguna criada o lacayo duraba más de dos semanas bajo los servicios del príncipe, así que cuando esta jovencita superó el record y además de eso seguía firme en su puesto y sin indicios de abandonarlo, no tardaron demasiado en aparecer los rumores de la posible relación entre ambos.
Shaoran jamás lo desmintió, lo cierto era que poco le importaba, sin embargo, tampoco estaba seguro de los pensamientos de ella.
-Tratas de decirme, que no puedes cumplir con lo que quiero.
-Mis palabras no pretendían decir eso, mi señor -se apresuró a responder-. Hay dos formas de hacer esta tarea discreta.
-Habla -dijo mientras se inclinaba hacia adelante apoyando las manos sobre el reposabrazos del sillón donde se encontraba sentado.
Su mirada le dio un ligero escalofrió. Confiaba en su príncipe (y esperaba que él también en ella), pero seguía produciéndole esa inquietud de no saber qué era lo que pasaba por su mente.
-La primera, es pagando al sastre por su silencio...
-Soborno… -murmuró asintiendo-. ¿Y la segunda?
-Amenaza.
Los dientes de Shaoran se mostraron en una sonrisa.
-¿Y cuál sugieres?
Yumi se encogió de hombros. No esperaba que le pidiera consejo.
-Yo, mi señor, sugeriría ambas. Habrá que atemorizarlo pero darle un poco de dinero, el miedo y la codicia harán que su boca se mantenga cerrada.
-Perversa Yumi. ¿Tienes el alma de un hombre atrapado en ese cuerpo frágil de mujer? Eres fiel como a pocos he conocido, sabes callar cuando debes, hablar cuando debes y resuelves todo aquello que te encomiende. No quiero imaginar siquiera cómo has hecho la mitad de lo que te pido. Bien, así será. Amenázalo y paga por su silencio. Pídeme el dinero que necesites. -Se levantó listo para marcharse pero de pronto se detuvo-. De ese dinero... No es necesario que todo sea para el sastre. Dime la cantidad, la que sea y será tuya.
-Michas gracias mi señor. Así lo haré.
Shaoran asintió y salió de sus habitaciones con un problema menos sobre los hombros, Yumi podía lograr casi cualquier cosa y hasta el día de hoy nunca le había recompensado en monedas por ello.
Suspiró, deseando que una amenaza al estúpido sastre fuera lo suficiente para que los rumores de ese vestido no llegaran a oídos de Touya.
Sin embargo, pese a sus inquietudes, Shaoran sabía que no había marcha atrás, se había propuesto llevar al Oráculo al tonto baile y juraba por dios que la llevaría. Pese a estar seguro que esta empresa era al menos diez veces más arriesgada que sus salidas a la ciudad, ésta vez no por peligros inmediatos de ser asaltados (lo cual él podía resolver) sino por la presencia de su hermano. Si Touya reconocía a la solitaria y abnegada Oráculo pasear y bailar por el salón principal, la muerte llegaría para Shaoran en la forma de un furioso rey.
Aun así, apelaba a su sangre fría dado el momento en el que se requiriera disimular y engañar. Incluso desde ahora, cuando se encontraba con Touya, mantenía la calma lo mejor que podía, actuaba de modo normal (lo que fuera que eso significase) y seguía sus actividades con soltura y tratando de mantener al rey lo más ignorante posible.
Además, no había motivos para sentirse tan nerviosos, Yumi se encargaría de su parte y Shaoran sabía que Touya estaba bastante ocupado, ya fuera con las noticias de las fuerzas militares avanzando sin obstáculos hacia los destinos que pretendían defender, o gracias al pueblo, quienes comenzaban con sus propias preparaciones para su particular festividad.
Sonrió. Esa era otra cosa que debía hablar con el Oráculo. Shaoran no pensaba llevarla únicamente al baile del rey, sino que también tenía intenciones de llevarla a experimentar las celebraciones del pueblo.
Con esos pensamientos llegó a los aposentos del Oráculo, encontrándose con una persona totalmente diferente a la que estaba acostumbrado a tratar.
La mujer estaba muy excitada por todas las noticias que él pudiera traerle y ansiosa por saber cada detalle de sus planes. No pudo soportar la curiosidad así que le preguntó por ese notable cambio de actitud, tomando en cuenta que era usual para ambos que Shaoran tuviera que rogarle un poco para convencerla de sus intenciones.
-Suelo portarme así en ésta época del año. Tú sabes, la ceremonia de la predicción, es el único momento donde puedo salir al balcón y todos pueden verme.
-Ellos realmente no…
-Lo sé –se apresuró ella a interrumpir-, llevo un manto que me cubre y demás de eso voy dentro de un palanquín que también está rodeado de telas. Sin embargo…, puedo escucharlos y ellos saben que yo estoy ahí. Y la tela… en el punto correcto puede llegar a ser algo delgada. Puedo verlos desde arriba. Veo un montón de pequeñas personas. Y yo…
-¿Te sientes parte de ellos?
-Sí. Me siento una parte de todos nosotros.
Pero no lo somos, pensó Shaoran amargamente, pese al esfuerzo del Oráculo por incluirlo en su ensueño, nunca serían una parte de ellos.
Sonrió, sin embargo, ocultando su pesimismo y dijo:
-Hablando de eso, además del baile de Touya también pienso llevarte con los plebes.
Ella pareció contrariarse con la noticia y Shaoran sonrió esta vez con sinceridad, al reconocer a la adivina de siempre.
-Serán tres días de celebración, comenzando con tu bendición y terminando con el baile de palacio. Iremos también a las fiestas que hacen las clases bajas de la capital. Pensé que te gustaría.
Ella pareció pensárselo antes de responder.
-¿Sabes? Creo que es una buena idea, debemos ir ¿qué cosa podría pasar?
Exacto. Pensó Shaoran. Nada malo podía pasar.
-¿Iremos junto a Jin y Cuckoo? -preguntó de pronto.
Shaoran, gruñó. Su último encuentro con Jin no había sido del todo grato al enterarse que abuela y nieta habían sospechado de él y Yorito durante todo este tiempo. Sin embargo, también era cierto que el Oráculo se sentía feliz con ellas y sería menos peligroso ser descubiertos en su compañía. En primer lugar, porque él ya había sido descubierto (aunque fuera a medias) y en segundo, porque sabía que podía confiar en ese par de mujeres.
Aceptó que se estaba volviendo cada vez menos cuidadoso.
-Sí, claro -dijo al fin-. Iremos con a ellas a la celebración.
-¡Qué bien!
Shaoran se tragó el suspiro. Definitivamente no podía arrebatarle a la adivina esa amistad que estaba pareciendo formar con Jin. Sólo esperaba que las mujeres no aprovecharan la confianza que Shaoran estaba depositando en ellas para averiguar la otra parte de la verdad: quien era él realmente.
Decidió que debía hablar de esto con Yorito. Realmente no era algo que deseara hacer demasiado, sobre todo después de su reacción al decirle de sus planes de salir con el Oráculo. Pese a que al final había aceptado su idea y además de eso ayudado en gran medida, prefería dejar al noble lo más al margen posible en el tema de ella.
Sin embargo, también era cierto que en algún momento debía contarle acerca de la no tan grata sorpresa que le habían dado las curanderas. Después de todo, Yorito también estaba hundido en esto y merecía conocer la información para proseguir con el cuidado necesario.
Y sobre todo eso. Necesitaba su consejo.
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Para llegar al castillo Shinohara, debía atravesar toda la capital. Por lo general, cuando necesitaba hablar con Yorito, simplemente mandaba por él, pero esta vez prefirió ir él mismo en lugar de esperar. Necesitaba despejarse un poco y la cabalgata podría ser beneficiosa.
Así que por la tarde mando ensillar un caballo y él y Yue se encaminaron hacia la muralla que separaba la capital del bosque.
Como siempre, Yue resultó una compañía grata al permanecer en silencio. Sabía que el caballero era la persona perfecta para ser su guardián, al menos en lo que respecta a Shaoran el príncipe. Sin embargo, también estaba su otro lado de la moneda ¿haría Yue igual que Yumi y obedecería sin preguntar? ¿Sin importar qué tan raras fueran sus órdenes? ¿Sin hablar, sin decirle a Touya? ¿Yue estaría de acuerdo con sus actos desobedientes a la corona?
Esa parte era la única por la que lamentaba haberle pedido a Touya el mando sobre el guardián.
Llegado a la morada de su amigo, Shaoran preguntó por el mismo. Yorito no se hizo esperar demasiado, apenas cinco minutos después apareció con una sonrisa natural.
-Príncipe. Nos honra con su presencia.
Shaoran asintió. Las formalidades que Yorito utilizaba al saludarlo y despedirse de él solían desesperarlo.
-Tengo que hablar contigo.
Yorito asintió.
-A solas. Yue, ¿puedes esperar aquí?
-Mi señor, como ordene.
Yorito sonrió más y llevó a Shaoran a una sala adyacente.
-¿Y? ¿Cuál es el nuevo plan?
Shaoran frunció el ceño.
-Oh vamos –incitó Yorito-. Viniste hasta aquí, supongo que no tenías los ánimos de a mandar una nota y esperar a que yo la recibiera para después ir hacia el castillo. Tienes un nuevo plan loco o algo te molesta y quieres que me deshaga de él.
Eso último sonó más tenebroso de lo que era.
-Una sola vez te he pedido eso -refutó.
-Una vez. Ésta podría ser la segunda.
Shaoran suspiró. Al grano.
-Jin y Cuckoo...
Yorito frunció el ceño y su sonrisa desapareció. Esas mujeres eran asunto importante para él.
-¿Qué pasa con ellas?
-Saben de nosotros.
Hubo un breve minuto de silencio hasta que...
-¡Maldición! -explotó-. ¡Maldición! Te dije que eran listas, te lo dije. ¡No debimos involucrarnos con nadie! ¡Debimos haber mantenido el perfil bajo! Los nombres falsos y la ropa no son suficientes...
-Yorito cálmate.
Por el modo en que lo dijo podía ser tomado como una orden. Sin embargo, Yorito en ese momento estaba más en papel de amigo que de súbdito.
-Si me disculpas, no creo que pueda calmarme.
-Ellas no saben quiénes somos -se apresuró a añadir-. O al menos eso espero.
Jin se lo había dicho, que quería saber quiénes eran, sin embargo, ya no iba a subestimar su capacidad para mentir.
-Amigo. Puedes decir lo que quieras y te aseguro que nada de eso va a tranquilizarme.
-Ella quiere volver.
-¿Qué? ¿De qué hablas?
-Jin y Cukoo le agradan. Quiere verlas de nuevo.
-Con un mil demonios, estás hablando del Oráculo. ¡Te descubrieron porque la llevaste!
-Cállate y escúchame. Ellas lo saben desde hace tiempo. No sé exactamente cuánto.
-Se pone cada vez mejor -suspiró de un modo tal, que Shaoran de pronto imaginó que había vivido diez vidas sin dormir. Sin embargo, agradeció que su exaltación menguara-. ¿Qué te dijeron? ¿Te exigieron algo?
El príncipe negó.
-Según las palabras de Jin, sólo están preocupadas. Imagino que fue una gran preocupación ya que decidieron dejar caer la mentira.
-¿Preocupadas por qué?
-Por el Oráculo, les alarmó que llevara una mujer conmigo.
-Te lo advertí -insistió, pero esta vez era más parecido a un susurro que a una verdadera réplica.
-Sí. Ya dejamos eso claro. El punto aquí es... El Oráculo quiere verlas de nuevo y ellas quieren verla a ella también.
-¿Confías en esas mujeres?
-¿Tú no?
-Hasta hace cinco minutos sí. Ahora no lo sé.
-Las conocemos. Sabes como son.
-Son mujeres. No puedes predecir lo que hará una mujer.
Shaoran no respondió a eso. Solo resopló.
-No importa lo que te diga. Quieres llevar al Oráculo de nuevo con ellas.
-Piensa en esto. Si ya sospechaban de nosotros y no han hecho nada, no hay lugar mejor para el Oráculo. No me preocuparé de sus deslices. Pero...
-Claro que hay un pero, tienes miedo de tentar más tu suerte. Entiendo. Es una difícil decisión.
-Por eso estoy aquí.
Yorito asintió.
-Haremos esto...
Shaoran dejó escapar el aire de sus pulmones, como si sintiera que por fin arrojara una pesada carga al escuchar la resolución de Yorito. Él no le había fallado nunca. Y esta vez no sería la primera.
-Iré a hablar con ellas. Veré sus intenciones.
-Me atrevo a adelantar que sus intenciones no son...
-¿Malas? Amigo, pienso igual que tú, pero no está de sobra el ir a verificar.
-No quiero que las amedrentes.
-Si quieres supervisar lo que iré a decirles, deberás ir conmigo. Pero te recomiendo que no lo hagas. Deja que yo me encargue.
-Sólo... no seas un maldito infeliz ¿quieres?
-Yo me encargo -. Repitió sonriendo.
Y esa sonrisa fue la que tranquilizó a Shaoran en su camino de regreso al castillo.
X-X-X-X-X-X-X
-Te esperábamos antes ¿y Haru?
-Regresó a casa después de ir a verme. Está preocupado –sonrió-. Por eso estoy aquí.
Jin contuvo el aliento. Sabía que Yuan (o cualquiera que fuera su nombre) venía a hablar acerca de la última visita de Haru (¡o cualquiera que fuera su nombre!) Pero esa respuesta tan abierta la había dejado sin palabras.
-¿Y la chica? -preguntó Cuckoo, Jin agradeció en silencio la templanza de la anciana.
Yorito se encogió de hombros.
-Bien. Supongo.
El silencio que siguió a esas palabras fue nada menos que incómodo. Esta vez ni la templanza de Cuckoo ni la sonrisa amistosa de Yorito ayudaron a aligerar la tensión. A estas alturas, ninguna de las dos sabía que esperar.
-Quisiera... -comenzó el hijo del conde, tranquilo y todavía sonriente-, que habláramos con claridad.
Cuckoo asintió, Jin no se movió ni dijo palabra alguna.
-Exactamente, ¿qué saben de nosotros?
-¡Te atreves a exigir!
-Jin...
-Ellos son los que vienen con mentiras abuela –rebatió con enojo-. No somos nosotras las que deberíamos ser interrogadas.
-Te prometo Jin, que no es mi intensión ofenderlas –intervino Yorito-. Esto es importante.
-Hijo, antes de que Jin te arranque la cabeza, quiero decirte que no debes temer de nosotras.
-Yo no…
-Estás asustado de una vieja y una simple muchacha.
Yorito suspiró y se llevó los dedos al puente de la nariz.
-Está bien -murmuró-, tienes razón. Necesito saber qué piensan hacer de ahora en adelante.
-¿Qué podrían hacer un par de mujeres?
-¿Bromeas? Ustedes son capaces de cualquier cosa. No traten de aparentar debilidad o inocencia.
-Lo adecuado será preguntar entonces qué quieres que hagamos.
Yorito frunció el ceño ¿Qué acaso ellas no pensaban preguntar nada?
-Haru quiere volver… con la chica. Quiero que la traten bien.
-¿Eso? –Terció Jin-. Ella puede volver cuando quiera. ¿Con quién crees que hablas?
-Ella es… especial. No la presionen. Necesito que... necesito que ustedes... con un demonio, ¿que acaso no tienen un mínimo de curiosidad de lo que hacemos o somos?
-¿Son un par de asesinos? -pregunto Jin- ¿los buscan para la orca?
-¡Por supuesto que no!
-Entonces por qué se ocultan.
-Por todos los cielos ¿creían estar alojando a un par de forajidos en su casa y no les importó?
-Hemos alojado a peores. ¿Cierto, abuela?
Yorito sonrió. No habría problema con ellas, la confianza se había restaurado. Sabía que ni una ni la otra harían nada por tomar ventaja de Shaoran (o él mismo) incluso si se enteraban de quienes eran en realidad.
Antes de marcharse, sin embargo, Jin lo detuvo.
-Algún día nos lo dirán. -sentenció-. Lo merecemos.
Yorito sonrió.
-Tal vez algún día.
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Se sentía un juglar a punto de iniciar el espectáculo con toda esa preparación a la fue sometido. Antes de ese día no había vestido jamás las vestiduras de guerra de príncipe. En primer lugar porque jamás habían estado en guerra y en segundo, porque no participaba en eventos como este, en el que las armaduras dejaban de ser objetos de guerra y se convertían en figuras decorativas.
¡Miren todos el brillo del yelmo y la espada! ¡Miren la hermosura del escudo de mi reino!
Shaoran apenas y soportaba aquello. Jamás le habían gustado los espectáculos callejeros. Y ahora se sentía el bufón principal.
Se acomodó la espada que caía sobre su cadera. Incómodo pero a la vez nervioso. No podía dejar de pensar en todas esas personas esperando impacientes el espectáculo de ver por primera vez a su príncipe en público (el rumor ya se había corrido) pero a la vez, le preocupaba la parte del ritual. Cuando el Oráculo, Touya y él se encontraran juntos en el mismo sitio.
-Príncipe. Ya estamos listos. El rey lo espera.
La voz aguda de Lirr llegó para terminar con la espera. Suspiró y lo siguió de mala gana.
-Trate de lucir un poco más alegre, alteza. Recuerde que ésta será la primera imagen que le dará al pueblo.
Shaoran gruñó. Le importaba una mierda la imagen que el pueblo tuviera de él.
Avanzaron a través del castillo hasta llegar a las puertas del balcón, donde se encontraría cara a cara por primera vez (al menos, como príncipe) frente al pueblo.
Touya ya estaba ahí. Majestuoso. Todo un rey sin lugar a dudas. Pese a las diferencias que pudieron haber tenido, Shaoran siempre supo que su hermano era digno del título que llevaba.
-Andando.
Shaoran asintió ante la orden de su hermano y juntos atravesaron las puertas hacia el exterior.
Los vítores, aplausos, alabanzas, y demás ruidos irreconocibles lo ensordecieron. El amor que el pueblo le tenía a Touya era indescriptible. Shaoran pudo sentir un calor cubrirle el pecho. Esas muestras de afecto lo desequilibraron. Jamás había experimentado algo como esto. Escuchar el eco alejado de las multitudes en solitario y encerrado en sus habitaciones, no se acercaba mínimamente a lo que era estar de frente a ello.
-Saluda.
El consejo (¿u orden quizás?) de Touya lo sacó de su ensoñación. Miró a su hermano y observó cómo el rey mantenía un brazo levantado a modo de saludo, de agradecimiento. Shaoran hizo lo mismo y el ruido y barullo aumentó todavía más, si es que era posible.
-El pueblo es tu mayor fuerza, pero también tu más grande debilidad y en ocasiones, hasta enemigo. No lo olvides.
Shaoran asintió, sólo porque no sabía que otra cosa hacer. Recordó a su padre. El solía darle ese tipo de consejos a Touya. Se preguntó si Touya no había escuchado esas mismas palabras de su padre, o era algo que había aprendido por sí mismo.
Después de un tiempo donde el rey se permitió recibir el afecto de su gente, subió ambos brazos y comenzó a bajarlos con lentitud, pidiendo calma. La gente obedeció. Shaoran no podía dejar de impresionarse por la facilidad con la que su hermano era capaz de manejar a la muchedumbre.
Las palabras del rey salieron fuertes, seguras y llenas de confianza. Era un discurso de bienvenida, de esperanzas para la nueva estación cálida, de buenos y sinceros deseos. Sin embargo, había también palabras de unión, Touya les pedía que amaran a su país.
Entrega, dedicación, lealtad a la corona.
Para Shaoran era evidente la intención, Touya preparaba a la gente para la guerra, se avecinaban los tiempos en los que Touya necesitaría de la máxima lealtad de su pueblo más que nunca antes.
-¡Nuestra unión es la que nos hace fuertes! -Gritó por último, al mismo tiempo que colocaba un brazo sombre el hombro de Shaoran.
El revuelo de la gente fue descomunal.
Touya era un maldito genio.
Los rumores (acertados) de sus diferencias con Touya eran sabidos por todo el país y con esto, el rey demostraba a la gente la fuerte unión con su hermano. Una corona dividida no era buena para nadie, y gracias a Ruhl Shaoran se dio cuenta que el temor de que tratara de tomar la corona de Touya y provocar una guerra de poderes, estaba presente.
Sin embargo, con esta simple aparición, con ese simple pero significativo contacto, Touya demostraba que la familia real estaba unida, que la corona no corría peligro y que la seguridad del estado era fuerte.
-Y ahora... -retomó la palabra, volviendo levantar ambos brazos y ocasionando por segunda vez que el pueblo relajara sus ánimos-. Escucharemos nuestro porvenir. Que traigan al Oráculo.
El silencio que se formó era tan pesado, que Shaoran pudo escuchar con claridad los pasos de los guardias que traían a cuestas el palanquín en el que se transportaba el Oráculo.
Su corazón comenzó a latir de una manera descontrolada, no estaba preparado para esto, no contaba con el suficiente control para soportar la situación.
Tomó aire con profundidad y de reojo vio como Touya se giraba hacia atrás, dándole la espalda al pueblo. Él lo imitó y se encontró de frente a los seis guardias que dejaban el palanquín sobre el suelo de la terraza.
-Estás muy nervioso -escuchó el susurro de Touya.
Shaoran tragó.
-No todos los días estás a punto de encontrarte con el Oráculo.
-Tienes razón. No todos los días.
Los hombres hicieron una reverencia y volvieron al interior del castillo. Touya le hizo una seña para que lo siguiera y entró al palanquín. Shaoran tomó aire, ese palanquín era amplio y alto, pero tres personas adultas, eran tres personas adultas. Las cosas se iban a poner algo apretadas ahí dentro.
Prefirió actuar sin pensar demasiado en todo lo que eso implicaba. Así que sin preámbulos avanzó y atravesó las telas.
Justo en el momento en el que entraba lo vio todo. Touya estaba sentado sobre sus talones, parecía que apenas y estaba tomando la posición más cómoda para él y su pesada armadura cuando un manchón rojo se arrojó encima de él seguido de un conocido repiqueteo.
Era un montón de telas y colguijes con brazos lo que apretaba celosamente al rey por la cintura. Touya no se veía muy sorprendido por esa acción pues un segundo después levantó también sus brazos y rodeó los hombros del Oráculo.
Shaoran carraspeó mientras tomaba asiento al lado de Touya, no con el trasero sobre sus pies, sino con las piernas cruzadas al frente.
Al escucharlo aclarase la garganta, la mujer se percató de su presencia.
El príncipe frunció más el ceño al ver que ella giraba el rostro hacia él, pero no hacía nada por soltar a Touya. Y lo que más le repateaba era no tener idea de lo que pasaba por su cabeza, pues un manto le cubría todo el rostro desde la coronilla.
-Oráculo -dijo Touya al mismo tiempo que la alejaba un poco, sin embargo no lo suficiente para Shaoran-. Este es mi hermano el príncipe Shaoran.
-Oh.
Ella regresó a su lugar justo enfrente de los dos, seguida del sonido de collares y cuentas moviéndose sin control. En ningún momento dejó de dirigir su mirada a Shaoran.
-Oh. -repitió ella y Shaoran sonrió.
No le había dicho nada acerca de que él también estaría en el ritual con Touya, sabía que era mejor que ella actuara lo más natural posible.
"Pero no demasiado natural" se dijo mentalmente, todavía con ese abrazo impreso en los ojos.
Nadie decía nada y Shaoran no estaba dispuesto a ser el primero en romper el silencio.
-¿Y qué tal estás?
El príncipe miró incrédulo a su hermano al escucharlo. Aquello no parecía en absoluto un ritual y tampoco se sentía adecuado para la evidente e incómoda situación. Sin embargo, su rueda de pensamientos se detuvo al escuchar la risa de ella.
Tan natural y franca. Tan alegre.
-Estoy emocionada. Y muy feliz también –respondió sonriente, y Shaoran supo que esa era una verdad absoluta, incluso podía ver su sonrisa a través del manto que la cubría-. Creo que lo estamos confundiendo -añadió.
Hasta que Touya lo miró, Shaoran se dio cuenta que ese último comentario estaba dirigido a él.
-¿Eso crees? Shaoran, ¿te sientes confundido?
Shaoran frunció el ceño.
-No creí que las cosas serían así.
-Por supuesto. Lamento no satisfacer tus expectativas -se giró hacia ella- ¿te parece bien que continuemos con lo que nos tiene aquí?
Ella asintió y levantó los brazos quitándose el velo. El príncipe contuvo la respiración, como si realmente fuera ésta la primera vez que se encontrara con ella.
Cuando el velo fue completamente retirado y pudo ver sus cabellos pardos, sus ojos verdes, la cantidad excesiva de collares, aretes y colguijes, pero por sobre todo, su expresión alegre; sintió como si una vez más estuvieran solo ellos dos en ese reducido lugar.
Eso, hasta que ella se inclinó con las manos estiradas hacia adelante y la frente tocando los cojines del suelo, copiando la misma reverencia que hizo el día en que la conoció.
Shaoran miró a Touya. Quería ver de qué manera iba a reaccionar frente a este comportamiento.
Touya frunció el ceño y luego tomó aire.
-Puedes levantarte.
Su voz ahora era distinta. Esto le hizo suponer al príncipe que habían dejado de lado sus comentarios triviales y estaba listo para iniciar el ritual.
Ella mientras tanto, volvió a enderezarse, solo que ésta vez tenía los ojos cerrados y las manos juntas sobre su regazo.
Touya no dijo nada más y Shaoran tampoco se atrevió.
Duraron un tiempo considerable en silencio que al príncipe le pareció eterno, hasta que Touya volvió a suspirar.
-Ella no nos escucha, puedes decir lo que quieras. Estará en trance, hasta que diga su predicción.
-¿Sólo así? ¿No le preguntarás nada?
Touya meneó la cabeza.
-Si preguntara si el día de mañana lloverá o habrá sol, no habría cambio. Ella dirá lo primero que llegue a su cabeza.
-¿Realmente son verdaderas? Sus predicciones.
-Hasta ahora... Solo ha fallado en una.
Shaoran se puso pálido. Se suponía que Touya no creía en esas cosas.
-Pero... Si su poder ha sido real durante todo este tiempo entonces ella... ¿Por qué no utilizas ese poder?
-La mayoría son premoniciones sin relevancia, no tiene control sobre ellas. Entre más seguido le pida sus predicciones más insignificantes se vuelven. En una ocasión predijo la cena de esa noche. Debe ser por eso que la ley sólo permite acudir al Oráculo una sola vez por mes.
Touya suspiró y la observó como si fuera una niña pequeña.
-Incluso eso no suele ser suficiente –continuó después de su escrutinio-, en ocasiones ni siquiera logro entenderla.
Shaoran observó a la adivina, con los ojos cerrados y ausente de todo lo que se decía.
-¿Por qué estoy aquí?
Touya lo miró desconcertado por el brusco cambio de tema.
-Es evidente, la distracción... La gente...
-No, eso no es. No necesitabas que yo estuviera aquí dentro sino allá afuera. Querías que viera al Oráculo en persona. ¿Por qué?
-Quería... Que ella te viera a ti.
Shaoran apretó los puños. Ella tenía razón, Touya no era tan malo. Había tenido casi la misma idea que él después de todo. Para Touya, quien creía ser el único a quien la adivina conocía, le pareció un gesto humanitario el permitirle hablar con alguien más que no fuera él. Justo igual que Shaoran, sólo que él había ido mucho más allá y había decidido llevarla al pueblo.
-Es... tan joven.
Este era el momento de expresar todos esos pensamientos que lo habían atormentado desde que la conoció. Descubrir, si es que era posible, de dónde provenía esa firmeza con la que la adivina defendía a Touya, las palabras de abnegación y lealtad que utilizaba cuando hablaba de Touya, un rey que a ojos de ella era benévolo y sabio.
Sin embargo, si era tan bueno ¿por qué soportaba el ver a una persona tan llena de vida encerrada por el resto de sus días en esas frías paredes?
-Todos somos jóvenes en algún momento de nuestras vidas –dijo el rey con voz rasposa.
-Y aun así se ve tan feliz -replicó ahora molesto. Molesto con él y con ella. Con Touya por ser tan rígido y estricto con las reglas de su reino; y con ella, por aceptar tan dócilmente su destino.
-Sí. Ahora se ve muy feliz.
Touya estaba particularmente conversador (igual que él, si lo pensaba bien). Quería aprovecharlo, hacer más preguntas al respecto, sin embargo, la delgada voz del Oráculo lo interrumpió antes incluso de abrir la boca.
-En menos de treinta años –comenzó-: el pueblo verá reinar y morir a tres soberanos.
》Cada uno gobernará con inteligencia, sabiduría y coraje. Y los tres serán recordados hasta que pasen más de treinta generaciones.
》El rey sabio, el rey humano, el rey guerrero. Los tres serán recordados, los tres serán amados.
》En menos de treinta años, el pueblo verá reinar y morir...
Shaoran tuvo que escuchar otro poco para darse cuenta que era una repetición de la profecía. Escucharlo por segunda vez fue más escalofriante que la primera. Como si el Oráculo tratara de asegurarse que cada palabra había sido asimilada, que no olvidarían una sola de ellas.
Touya dejó escapar una ligera risa. Ese sonido despreocupado, junto a la voz de la profecía como fondo, le puso a Shaoran los pelos de punta.
-Bien. Creo que ya lo esperaba.
-¿Qué? -Shaoran hizo alarde de ponerse de pie pero Touya lo detuvo sujetándole el brazo.
-Cálmate. Hablaremos de esto después. Ella despertará en cualquier momento.
Y así lo hizo. Cuando terminó de repetir la profecía por tercera vez, el Oráculo abrió los ojos, los cuales se vieron nublados por un momento para después recobrar el delineado de su iris. El verde se volvió más verde y su respiración se aceleró un poco.
-Bienvenida -dijo Touya, cuando ella volvió a enfocar correctamente.
Ella sonrió.
-¿Y?
-Excelente –sonrió-. Buenas noticias.
Touya se inclinó hacia adelante, para tomar sus manos y besarlas.
Shaoran resopló para luego darse inmediata cuenta de su error. Para su buena surte, Touya no pareció darse cuenta de su notable molestia, pues mantuvo la vista sobre la mujer.
-Habrá estofado para la cena. Mi favorito.
-No puede ser cierto -se quejó ella con una mueca.
Touya sonrió.
-Ahora debemos salir.
-Oh –la desilusión en su mirada se volvió evidente para los hermanos-, está bien. Pensé que podríamos quedarnos un poco más.
-La gente afuera empezará a impacientarse.
-Lo sé.
-Dejaré la esquina de la tela corrida.
Ella sonrió, pero no era una de sus mejores sonrisas, Shaoran las conocía todas.
-Gracias.
Touya miró a Shaoran quien se había sentido completamente ignorado y le hizo una seña para que saliera él primero.
El príncipe asintió. Pero en lugar de levantarse, se acercó al Oráculo, e igual que Touya, sujetó sus manos y las besó.
-Ha sido un placer conocerla.
Sonrió al ver su sonrojo. El beso de Touya no había provocado esa reacción.
Satisfecho consigo mismo y sin esperar respuesta, se puso de pie y salió hacia el balcón, Touya salió no mucho después de él.
-¿A qué te referías con eso de la tela? –preguntó, cuando ambos estuvieron una vez más uno al lado del otro frente a la multitud.
-Dejo la cortina un poco corrida para que ella pueda ver la multitud del exterior.
Shaoran bufó.
¡Que poco hacía Touya por ella! Él no se limitaba con dejarle vislumbrar una esquina del mundo. Shaoran la llevaba a él.
Lanzó una mirada de suficiencia al rey y esperó a que empezara con las mentiras que seguramente diría, sin embargo, Touya no habló. Pasados unos minutos de espera, Shaoran sintió que esta era una pérdida de tiempo, eso, hasta que escuchó cuando los guardias regresaban para llevarse consigo al Oráculo.
Cuando sus fuertes pisadas se perdieron en los adentros del castillo fue que Touya tomó la palabra.
Y efectivamente, lo que salió de su boca fueron nada más que mentiras, sin embargo, no fue la misma que le dijo al Oráculo (esas buenas noticias acerca del estofado), habló de un latente peligro en el reino, una sombra que se dibujaba en la distancia (y Shaoran pudo ver cómo inteligentemente Touya señalada hacia el este, donde se encontraba el país Railan) y de los malos momentos que posiblemente podían llegar.
-Sin embargo... -añadió cuando las voces de desconcierto y miedo comenzaban a elevarse-, el Oráculo predijo también la salida de esta sombra. Recuerden, que nuestra ventaja sobre los enemigos es esta misma. Que ya estamos preparados gracias al Oráculo sagrado y que ahora podemos enfrentarnos a cualquier cosa. Sin sorpresas.
Incluso Shaoran se sintió aliviado al escuchar eso. Porque algo en lo que Touya tenía razón era eso mismo. Ahora sabían el peligro que se corría. Y es por eso que sería más fácil burlar el destino.
Gracias a eso la desazón del príncipe menguó un poco.
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-Hay una cosa que vamos a tener que aclarar.
Touya hizo un ademán con la mano, pidiéndole que continuara.
-Si voy a empezar a involucrarme en todo esto, las mentiras que le dices a todo el mundo no se incluirán para mí.
El rey lo miró a los ojos por un momento antes de decir:
-Bien.
Shaoran se removió con algo de incomodidad. Eso había sido muy fácil.
-Ahora. Esa profecía...
-Claro, ahora entiendo. Escucha, Shaoran, no debes temer a esa profecía.
-No tengo miedo.
-¿Ah no? Hace un par de horas acabas de escuchar la profecía de tu posible muerte ¿y eso no te alteró un poco? Que envidiables son tus nervios.
-¿Posible muerte?
-Tres reyes en menos de treinta años -recitó Touya-. El padre de nuestro padre reinó durante quince años. Nuestro padre reinó apenas cuatro y mi reinado está por el sexto año. Digamos que si muero antes de cumplir once años en el trono, estás fuera de la predicción. A salvo.
-Ahora el de los nervios envidiables eres tú. ¿No te importa estar sentenciado a muerte? Si dices que todas las predicciones del Oráculo son correctas ¿por qué estás tan tranquilo? ¿Y qué quisiste decir cuando dijiste que esperabas algo así?
-Realmente estaba alardeando un poco. Hacía años que ella no daba una profecía de ese calibre. He venido esperando mucho tiempo para que algo así sucediera.
-Y... supongo que no hay probabilidades de que sea una profecía falsa.
-Por supuesto que no. Todo lo que he escuchado de su boca se ha cumplido -sonrió-, excepto una.
-¿Cuál?
-Por eso me ves tan tranquilo. Ella predijo nuestra muerte cuando asumí el trono. El día de la coronación, como bien sabes (o al menos deberías), el nuevo rey debe asistir con el Oráculo y escuchar el futuro. Ella dijo que tú y yo moriríamos en el transcurso de un año.
-¿Qué?
-Como lo escuchas. El futuro no está escrito en roca, hermano. Seguimos aquí, sin importar lo que el Oráculo dijera. ¿De qué sirve conocer el futuro si no eres capaz de alertarlo?
-Reafirmarás la seguridad del castillo, supongo.
-Supones bien, acostúmbrate a estar acompañado de ahora en adelante
-El que corre peligro en todo caso eres tú. Si sobrevives otros cinco años entonces estaré dentro del rango de treinta años, pero no antes. Tú mismo lo dijiste.
-Sigues reacio a sentirte vigilado.
-Yue puede hacerse cargo de mi seguridad por sí mismo.
-Tal vez tengas razón en eso.
El príncipe suspiró aliviado, no era conveniente para sus planes estar constantemente vigilado.
-Hay otra cosa que no has pensado –continuó el príncipe-. Ella describió a los reyes. El rey sabio, el rey humano y el rey guerrero.
-Estamos en guerra, podría ser yo el guerrero.
Shaoran sonrió. Touya jamás sería un guerrero.
Él en cambio...
Recordó su estancia con Ruhl. Lo fácil que había sido para él.
No, su abuelo no había sido el primero de los tres reyes de los cuales hablaba la profecía, eran el padre y los dos hijos, Touya y Shaoran.
-Si no hay otros asuntos por los que me necesites, quisiera retirarme por el momento.
-Adelante. Yo estaré aquí hasta tarde con el conde para verificar los sistemas de seguridad en las puertas de la capital. Mañana veré al capitán de los guardias de castillo.
Shaoran asintió y se marchó sin hacer preguntas, pues era raro sin duda que Touya no le pidiera que se quedara con él a supervisar esos asuntos. Si la profecía se cumplía, después de todo, Shaoran seria rey en un futuro y necesitaba más que nunca estar familiarizado con todas estas cosas.
Agitó su cabeza para sacar esa idea de su mente. Ni él ni Touya morirían, debía meterse bien eso en la cabeza, definitivamente ese no sería su futuro. Así que sin otra cosa en mente se dirigió con el Oráculo.
Ella estaba igual que hacía un par de horas. Feliz, excitada, con esa chispa en los ojos que hacía mucho no veía.
-¡Shaoran! ¡Sabía que volverías! ¿Por qué no me dijiste que estarías con Touya? Me llevé un susto al verte ahí.
Shaoran sonrió y tomó su mano, tratando de calmar su emoción.
-Touya es muy perspicaz. No quería darle motivos de sospecha.
-Tienes razón -ensanchó la sonrisa- ¿qué te pareció? ¿Viste toda esa gente reunida? ¿Cómo te sentiste?
Shaoran hizo una mueca, recordando la sensación de calidez que todo ese amor ofrecido por su pueblo le hizo sentir, esa sensación que la profecía dicha por la mujer frente a él le había hecho olvidar hasta ese momento.
-Realmente, realmente aman a mi hermano.
-Tú también estabas ahí.
Se encogió en hombros.
-Sabemos que no soy muy querido por estos lares.
-Eso está cambiando. Touya me lo dijo. Y después del día de hoy y todas estas festividades las cosas cambiaran por completo.
-Sí, es posible.
-Estás angustiado –murmuró de pronto. No era una pregunta. Su emoción se había esfumado y las cejas estaban casi juntas a mitad de su frente.
Shaoran suspiró. Sí, estaba angustiado. Le mintió a Touya, se mentía a sí mismo. Porque escuchar esa profecía le había calado hasta los huesos y no importaba cuantas palabras de ánimo le dijera su hermano, nada se lo iba a quitar de la mente.
Nada excepto tal vez...
Se acercó al Oráculo y la abrazó. Necesitaba sentirla cerca, porque cuando ella estaba cerca de él, sabía que las cosas estrían bien, no sabía cómo ni por qué, simplemente lo sabía.
-Príncipe... -musitó ella sorprendida con la barbilla apoyada sobre el hombro de él. -Shaoran ¿estás bien?
-Dime por favor, cuál es tu nombre.
-¿Mi nombre? Pero... ya sabes que yo no...
-Por favor. Quiero saberlo.
Porque no quería morir sin saberlo, podía incluso morir mañana mismo y no se arrepentiría de nada salvo el dejar este mundo sin saber cuál era el nombre de esa mujer.
Y si pudiera besarla otra vez... Eso también sería excelente.
-Shaoran dime que te pasa.
El volvió a suspirar y la soltó a regañadientes. Estaba haciendo las cosas bastante mal. Lo único que estaba haciendo era preocuparla, no se suponía que tenía que hacer eso, se suponía que iba a enseñarle las cosas buenas de la vida, no las malas.
Necesitaba una mentira convincente y teniéndola entre los brazos no iba a poder pensar en algo lo suficientemente bueno.
-Yo... es la guerra. Hay una fuerte posibilidad de que la vida de Touya esté en peligro.
Ella se llevó una mano a la boca. Asustada.
-¿Y tú?
Shaoran la miró, esta vez intrigado.
-Podría decirse, que estoy en el segundo lugar de su lista.
Más miedo. Pudo verlo en sus ojos. Esa ni siquiera había sido una mentira. Sabía que Touya se lo había ocultado a la adivina precisamente para evitarle mal rato y él venía y mandaba todo al carajo. ¿Acaso ya no podía pensar con normalidad? Ir con ella así de alterado había sido un error. Solo estaba empeorando las cosas.
Entonces la sintió de nuevo, ella volvía a abrazarlo.
-¿Tienes miedo? –preguntó.
-Hemos pasado la mitad de nuestras vidas con amenazas de muerte. Sobreviviremos.
Podía estar diciéndoselo a ella. Pero esas palabras eran también para él.
-Todo va a estar bien -murmuró ella.
-Lo sé.
-¿Quieres que cancelemos lo de...?
Shaoran la tomó por los hombros y la alejo de él para poder verla a los ojos.
-No. Eso no sucederá jamás. Prometí que te llevaría y así lo haré.
Ella sonrió, prefería verlo con esa determinación y no con aquella mirada de angustia ensombreciéndole el rostro.
-Prepárate para mañana en la noche –dijo él-. Bajaremos a la capital.
Esa noche el Oráculo se quedó con el enorme entusiasmo que le traía la futura aventura y Shaoran se llevó un poco de tranquilidad en el corazón. Eso pese a que su situación era exactamente la misma, sólo por el hecho de haberla visto, sabía que ella podía aliviar cualquier sentimiento negativo en él.
Cuando llegó a sus habitaciones decidió que no tenía humor de permanecer encerrado y decidió salir a su jardín y subir a las ramas de algún árbol y despejarse un poco.
¡Había pasado tanto tiempo desde que no hacía eso!
Estando allá arriba pensó en muchas cosas, en su clara obsesión con el Oráculo, en la tranquilidad que podía llegar a brindarle, en el sentimiento de enojo que lo invadió cuando la vio abrazar a Touya, en el peligro que corrían al salir una segunda vez del castillo y el aumento en las probabilidades de que Touya los descubriera, en la profecía de su muerte, en su hermano, en todo ese tiempo separados que habían desperdiciado y también pensó en calcular cuánto tiempo era el que les quedaba para aprovecharlo.
Eso último no se atrevió a hacerlo.
-Porque Touya no va a morir -se dijo en voz alta. Pues si se escuchaba en voz alta lo sentía más verdadero-. Ninguno de los dos. Touya morirá viejo y dejando un heredero a la corona que no seré yo. Y en cuanto a mí... Ya no seré tan importante.
Esa noche no pudo dormir, de nuevo. Y una vez más por la misma causa: el Oráculo, aunque ahora por causas menos deshonestas y más siniestras. No esta vez al recordar el calor de unos suaves labios, sino por la voz a la que esos labios pertenecían, repitiendo tres veces su futura y pronta muerte y la de su único hermano.
Se quedó ahí, sentado, en esa rama de árbol toda la noche y hasta que la luz del sol fue lo suficientemente fuerte para calentarlo luego de la fría oscuridad. Decidió regresar a la firmeza del suelo solo al recordar que tenía que preparar todo para esa noche, cuando volvería a salir con el Oráculo.
No pensó siquiera en ir a sus habitaciones a dormir un poco. En cambio fue directamente a buscar a Touya, quien seguramente se encontraba discutiendo la seguridad con el capitán de la guardia real.
Así fue. Touya lo recibió indiferente, como si no le importara mucho que él estuviera presente o no. De todos modos decidió quedarse, permaneció unas horas con ellos hasta que estuvieron de acuerdo en que la seguridad era infalible.
-Creo que eso es todo -dijo el rey al final, para después dirigirse a Shaoran-. Salvo que haya algo que creas oportuno agregar.
Shaoran negó.
-Creo que ya hemos verificado todos los puntos.
-Bien, eso es todo capitán, puede retirarse.
El hombre hizo una inclinación hacia rey y príncipe y salió.
Shaoran decidió que igualmente no permanecería mucho tiempo al lado de su hermano. Y agradeció el no haber dormido en toda la noche cuando Touya le sugirió ir a descansar.
-Te ves más horrible de lo normal.
El príncipe no encontró las ganas para responder la ofensa y se marchó, asegurando que dormiría toda la tarde y noche. Eso le daba una excelente coartada para escapar con la adivina sin levantar sospechas por su ausencia.
Ella ya estaba lista cuando llegó a buscarla. Se veía tan ligera, libre al fin de collares, anillos y pulseras. Ya no iba descalza, sino con unas viejas zapatillas que si bien no eran las mejores al menos la cubrirían del suelo sucio y frío.
Shaoran mismo iba vestido con su vieja camisa y pantalones.
-Te ves hermosa.
Ella se rio y caminó junto a él hacia las puertas de madera.
-Me pica. Ya quiero quitármelo.
-Lamento escuchar eso, porque deberás llevarlo toda la noche.
Ella se encogió de hombros. Valía la pena.
Como era habitual para Shaoran, salir del castillo no fue difícil, sin embargo, esta ocasión no vio su camino secreto como una salida segura hacia su libertad, sino como una posible vía para atentar contra la seguridad de Touya.
Ahora entendía por qué su hermano le había insistido en agregar algo para reforzar la seguridad. Touya no había olvidado los escapes de Shaoran, esos lugares tan secretos que hasta ese momento nadie había descubierto y por lo tanto eran imposibles de vigilar.
El estómago se le revolvió. Pero aun así no desistió en continuar. Este pasadizo ya no sólo era su vía de escape sino la del Oráculo. Y como ya había dicho, él prometió sacarla de ahí y ahora iba a cumplirlo.
Touya debería entenderlo. Tal vez incluso y lo aprobaría, teniendo en cuenta cómo el rey la trataba, cual si fuera una princesa… una reina.
Pese a su malestar, en menos de lo que tarda un parpadeo ya se encontraban en las calles de la capital. Había tanto fuego iluminando las calles, que podía ver todo casi con la misma claridad que si fuera pleno día.
Esta segunda ocasión, Sakura se había mostrado más valiente que la primera, ya no estaba insegura, ya no se mostraba asustada ni con intenciones de regresar al castillo, al contrario, se le veía ansiosa, desesperada por observar la cuidad que ya había visitado, pero que esta vez se le presentaba bajo las sombras de la noche.
Empero, Shaoran apenas y le permitió curiosear un poco. Caminaba a paso rápido y sin dilación por calles y estrechos corredores. En varias ocasiones la adivina estuvo a punto de quejarse pero pronto se recordaba que quien sabía lo que hacía, era precisamente el príncipe.
-Ya estamos aquí –anunció Shaoran a un Oráculo que hacía tiempo ya se había resignado en dejar de admirar para concentrarse mejor en perseguir a su príncipe.
Había valido totalmente la pena. Llegaron a una especie de plaza, sin embargo no era la principal (aquella con la fuente de dragones y serpientes marinas), ésta era una más amplia pero al mismo tiempo más austera (era un barrio más bajo, en definitiva) y en el centro, había una gran hoguera que elevaba sus flamas hacia el oscuro cielo iluminado de estrellas.
-Esto que vez es la bienvenida que se le da a la estación cálida. Una celebración diferente a la del castillo principal. Para gente común. ¿Ves aquellas personas? –ella asintió siguiendo con la mirada el dedo que apuntaba hacía unos músicos-. En un momento comenzarán a tocar y todos bailarán alrededor de la fogata. Es un poco vulgar, pero te divertirás.
Sakura estaba maravillada.
-¿Crees que Jin y Cuckoo estén aquí?
Shaoran gruñó. Había albergado la ligera esperanza de que olvidara a esas mujeres.
-Claro, deben estar por aquí. Podemos buscarlas si es lo que quieres.
El príncipe esperaba que ella se negara, que decidiera pasar otro rato a solas con él, sin embargo, ella levantó la mirada con emoción y asintió entusiasmada.
Por supuesto, ¿para qué querría ella pasar más tiempo a solas con él? ¡Todo el tiempo que compartían era tiempo a solas! Era obvio que ahora quisiera interactuar con nuevas personas. Para eso, se recordaba, para eso la llevaba a esos lugares.
La búsqueda, entre tanto, dio frutos más rápido de lo que Shaoran agradecería. Jin se encontraba del otro lado de la plaza, al parecer también buscándolos.
-¡Sora! Que alegría verte de nuevo.
Mientras Jin explicaba a una ligeramente decepcionada Oráculo el porqué Cuckoo no había asistido, Shaoran observaba cuidadosamente el comportamiento de la curandera y comprobó aliviado que no había ningún tipo de cambio en su actuar. Había sólo un pequeño detalle: Jin no parecía querer hablarle por el nombre de "Haru", sino que se refería a él por un "oye" y hasta un frío "él".
Supuso que esto era con la intensión de molestarlo, o vengarse de alguna forma por haberles mentido con respecto a su nombre por tanto tiempo.
Dejó que la mujer cobrara su pequeña venganza y siguió encargándose de que el Oráculo pudiera disfrutar la noche lo mejor posible, y en un momento que le pasó desapercibido, comenzaron a escucharse distintos notas de instrumentos musicales como laudes, flautas y panderos.
La adivina se veía feliz. Shaoran no sabía si sentirse satisfecho por reconocer su éxito, o culpable por no ser capaz de decirle la verdad a Touya.
Sakura, por otro lado, ajena a la pelea mental del príncipe, veía, escuchaba y a veces también olía todo cuanto tenía a su alrededor. Ella no sabía tocar ningún instrumento. Al menos no de la manera correcta. Touya le había llevado instrumentos de todo tipo, percusión, aire, cuerda. Pero nunca lograba tocar del modo que a ella le hubiera gustado. Por eso prefería sin lugar a dudas sus silenciosos pinceles y pinturas, que tener la certeza que los guardias de la entrada eran perfectamente capaces de escuchar sus constantes desafinaciones.
En medio del ruido y el barullo, no pudo darse cuenta exacta del momento en el que Jin los dejó, justo para irse a danzar alrededor de la hoguera con un hombre alto y de cabellos rojos.
Era un color de cabello muy singular, pensó el Oráculo distraída.
-¿Quieres ir?
La pregunta le llegó de improviso. El príncipe estaba a su lado, no se había separado de ella en ningún momento, tal vez por el temor de que hiciera algo que los delatara. Esta vez Sakura había abandonado el castillo con la firme decisión de no comportarse como una niña, por eso en esta ocasión no se había puesto a correr de aquí para allá y afortunadamente no necesitaba moverse demasiado para poder ver todo lo que pasaba a su alrededor. La celebración era bastante colorida.
Ella se conformaba con ver, por lo que la pregunta del príncipe la había descolocado un poco.
-Creo que no deberíamos –murmuró-. No sabría muy bien qué hacer.
-No hay pasos en esta danza, solo dan vueltas como idiotas alrededor del fuego.
-¿Como idiotas? –repitió.
-Quiero decir... no como idiotas... es sólo...
-Claro -sonrió ella sacándolo del apuro-. Vamos.
Cuando se acercaron al círculo que formaban las personas frente a la hoguera, la música terminó por unos segundos antes de que comenzara otra nueva melodía, esta vez los músicos incluyeron aplausos y golpes al suelo con los pies. Shaoran la tomó de la mano y un desconocido a su izquierda la tomó de la otra y comenzaron a girar. Daban dos zancadas a la izquierda, se detenían y daban dos aplausos, dos zancadas a la derecha, se detenían y daban otro par de aplausos. Al principio Sakura chocaba con el hombro de Shaoran y aplaudía más veces de lo requerido, pero rápidamente tomó el ritmo y se acopló a los demás.
Nunca antes había bailado, era maravilloso, definitivamente maravilloso, incluso cuando de la nada el ritmo de dos zancadas y dos aplausos se rompió para agregar dos pasos al frente y dar dos zapatazos, aun así, se estaba divirtiendo un montón. El baile no era muy difícil, no había necesidad de ser un experto para poder tomar el ritmo con rapidez y era emocionante estar cerca de tantas personas
En un momento de dar los zapatazos, Shaoran se giró hacía ella y la sujetó de la cintura y la mano. Comenzaron a girar sobre sí mismos pero al mismo tiempo avanzando sobre el círculo de la hoguera. Ella no sabía cómo ni por qué, pero hasta ahora, este momento del baile era el que más estaba disfrutando.
Podía percibir cómo el ritmo de la música iba en acenso al igual que la velocidad con la que Shaoran la hacía girar y girar, avanzar y avanzar. Ya no sabía a dónde iba o si chocaría con algo o alguien, sin embargo eso no le importó mucho, de alguna manera no podía despegar la mirada de los ojos castaños del príncipe. Ni las sombras de las personas, ni el calor de las lengüetadas de las llamas en la hoguera, ni las imágenes borrosas a su alrededor le hicieron romper el contacto.
Entonces la música se detuvo junto con ellos dos y las personas comenzaron a aplaudir y silbar. El mundo giraba alrededor de Sakura, a pesar de haber detenido su movimiento y a pesar de estar segura que no estaba mareada en lo absoluto.
Ella seguía observando los ojos de Shaoran y él los de ella.
-Dijiste que no había pasos que seguir -se quejó, solo para alargar el momento y tener la excusa perfecta para seguir mirando sus ojos.
-Mentí.
Si, por supuesto había mentido. Esta vez no le impresionó esa confesión, Sakura comenzaba a darse cuenta que el príncipe no tenía reparo de hacer lo que se necesitara para conseguir lo que quisiera.
-Está por comenzar otra danza, pero es un poco más compleja. Deberíamos volver y sólo mirar.
Sakura asintió. Ya se había divertido lo suficiente, así que aceptó de buena gana regresar a su posición de espectadora, lo cual agradeció enormemente ya que pudo notar claramente que la danza había subido un poco de nivel.
Esta vez las personas cambiaban de pareja, se tomaban de los brazos, iban de un lado a otro y Sakura no podía encontrar exactamente cuál era el patrón de la danza. Así que después de ver eso agradeció mentalmente a Shaoran el decidir dejar de bailar.
Poco después de que la música volvió a detenerse, Jin apareció de pronto a su lado.
-¡Los vi bailando! Tú nunca antes habías bailado –se mofó de Shaoran-, te lo recordaré para toda la vida. Lo juro -se giró a Sakura y preguntó: - ¿Quieres cerveza?
Sakura apenas y reaccionó cuando Jin la tomó de la mano y la arrastró lejos del fuego y hacia una esquina donde un par de mujeres vendían cerveza de barril a bailarines cansados y sedientos. Sakura miró hacia atrás, Shaoran les seguía los pasos de cerca.
-Tres tarros, para mis amigos -exclamó Jin al llegar.
Las mujeres asintieron y tomaron tres vasos de madera (sucios, al parecer de Sakura) y sirvieron un líquido espumoso en ellos.
-No creo que deba... -murmuro mirando a Shaoran.
-Pero que obsesión la tuya de pedirle permiso a este hombre para todo lo que haces -se exasperó Jin y agregó mirando a Shaoran-: anda, dale el permiso para que pueda beber tranquila.
Shaoran la miró con disgusto pero sabía que tenía un poco de razón.
-Adelante. Todos aquí han bebido cerveza, es hora de que aprendas de la vida.
Sakura asintió, repitiéndose las mismas palabras una y otra vez: "Shaoran sabe lo que hace, Shaoran sabe lo que hace..."
Era amarga, le dejaba un sabor raro y un poco desagradable en la boca, trató de no ponerle mucha atención a eso y le dio un segundo sorbo. De reojo observó que Shaoran en cambio, daba tragos largos.
-No está tan mal ¿cierto? -dijo de pronto Jin-. Ahora ven conmigo, bailemos un poco.
-¿Yo? -se alarmó la vidente-. Es sólo que yo... -buscó ayuda del príncipe con la mirada.
-¿También tienes que pedirle permiso para esto?
-No, es sólo que... yo la verdad no sé bailar.
-Cualquiera puede hacerlo. Te vi hace un momento, deja de poner excusas y vamos. Tú te quedas aquí -dijo dirigiéndose a Shaoran.
El príncipe se encogió de hombros.
-Ve con ella.
Aquello se convirtió en una especie de rutina. Bailaba ya fuera con Jin o Shaoran, iban a beber, bailaban otra vez para ir de nuevo a beber. En el tercer vaso de cerveza, el sabor amargo seguía molestándole pero era más soportable, por lo tanto más fácil de beber.
En un momento pasaron de bailes a canciones. La mayoría eran de guerras pasadas, de héroes que la gente se aferraba en nunca olvidar y de ladrones astutos que burlaban las autoridades de nobles y realeza.
Sakura se asombraba cada vez más de la naturalidad con la que Shaoran aplaudía las burlas a sus ancestros, nada parecía molestarse. Y fue esa la primera vez que pensó en que tal vez este Haru realmente existía, que el príncipe había desaparecido y que esta persona con quien había bailado y bebido era alguien totalmente distinto.
Como si lo llamara con los pensamientos él volteó a mirarla y le sonrió.
No volvió a pensar en aquello lo que restó de la noche. Ni siquiera cuando la oscuridad se volvió más profunda antes de que la ciudad recibiera la primera luz del amanecer.
-¿Estás cansada?
Nunca en su vida había estado tan cansada como ese día. Pero tampoco había vivido nada comparado a eso.
En realidad no había comenzado a vivir hasta que lo había conocido a él.
-¿Me creerías si te digo que no?
-Claro que no. Vámonos.
-¿Y Jin? ¿Nos iremos sin decir adiós?
-Jin se fue hace horas. No le gusta dejar a Cuckoo sola mucho tiempo.
-Oh, bien –carraspeó incómoda por su distracción-. Entonces vámonos.
Comenzaron la caminata de regreso, Shaoran bostezaba cada vez más seguido. Dos días sin dormir una sola hora, comenzaban a cobrarle el precio.
-¿Qué te pareció la noche? -preguntó, tratando de evadir el sueño con alguna conversación.
-Maravillosa.
-Es una lástima que no fuera después del famoso baile de Touya. Estoy seguro que te divertiste más el día de hoy de lo que haremos ese día.
-¿Qué hacen en el baile del castillo?
Shaoran frunció un poco el ceño.
-Siendo sinceros jamás he asistido a uno. Pero no creo que un montón de nobles estirados conozcan el concepto real de diversión.
-Entonces será algo nuevo para los dos -sonrió-. ¿Estás seguro que no habrá problemas conmigo y...?
-¿Te reconozcan? Para nada. Touya es el único a parte de mí que sabe quién eres y el rey aparece en el baile hasta la media noche, de eso sí estoy seguro. Antes de que haga su aparición te llevaré de vuelta a tus habitaciones, no te preocupes.
-Lo tienes todo controlado.
-Al menos eso intento.
-Espero no echarlo a perder.
-Tus modales son impecables. Pasarás desapercibida.
Estando ya en los límites de la colina para iniciar el ascenso al castillo, sintió de pronto los brazos de Oráculo detenerlo y girarlo hacia ella.
-¿Qué...?
Ya no pudo decir más, pues los labios del Oráculo presionaban contra los suyos y comenzaban a moverse en un ritmo que lo comenzaba a volver loco. La tomó de la cintura y respondió el beso.
¿Cómo demonios era posible que ella besara así? La única vez que había besado a alguien fue a él mismo y no había sido nada parecido a esto.
Cuando se separaron, ella volvió a iniciar otro beso, gustoso pensó en secundarla pero recordó algo.
-Espera...
Ella no pareció escucharlo pues no lo soltaba.
-Oráculo espera. ¿Cuánto bebiste?
Ella se rio.
-Ya no recuerdo. ¿Eso es muy importante?
-Tal vez. ¿Por qué estás haciendo esto?
Se encogió de hombros.
-Me pareció un buen momento. ¿No debería?
Shaoran suspiró. Ella no se veía particularmente ebria, es decir, no se tambaleaba ni hablaba entrecortado. Pero no estaba muy seguro si este era un comportamiento normal para ella. Después de todo, esa última pregunta le acababa de confirmar que no tenía la menor idea de lo que la sociedad marcaba como "correcto", mucho menos era consiente de todo lo que causaba en él.
-Debemos volver al castillo, pronto terminará de salir el sol y debes estar cansada.
-No realmente. No demasiado.
Pero a pesar de su respuesta, se apartó otro poco más de él y recomenzó el camino de ascenso.
Shaoran gruñó al seguirla. Una parte dentro de él esperaba no convencerla tan fácilmente y seguir en ese momento con lo que hacían.
"Lo más seguro es que esté ebria" se repitió, "otra vez me estaría aprovechando de la situación".
¿Y bajo qué circunstancias sería capaz de besarla sin sentirse un infeliz? ¿De qué manera podría tomarla entre sus brazos sin sentir luego remordimientos?
"Si ella me quisiera al igual que yo, en ese caso yo podría..."
Sintió un escalofrió recorrerle por la espalda.
¿La quería?
La miró de reojo y suspiró. Por supuesto que sí. La quería desde hacía mucho, aunque ahora mismo el tiempo que tuviera de estar embelesado por ella no importaba mucho. De todos modos todo eso era imposible.
¿Lo era realmente? Imposible era una palabra que había aprendido a eliminar de su vocabulario.
-Me encantaría regresar el próximo año -la escuchó de pronto-, espero que sea posible.
Shaoran asintió y se tragó su optimismo. Porque sí, sabía que podía lograrlo, hacer que ella lo necesitara, lo deseara. Pero sería solo eso, una aventura, y ella no se merecía eso. Ella no se merecía nada de lo que le pasaba.
Todo esto era una mierda.
Pensó por un momento en cuál sería la situación ideal para ella. Pudo haber nacido en una familia humilde, hija de algún granjero o comerciante, haber crecido rodeada de niños de su edad, haciendo amigos y madurado para enamorarse de un pobre diablo y formar una familia. Otra vez rodeada de niños.
O tal vez... tal vez pudo haber nacido en una familia de la nobleza y de alguna forma podían haber pactado un excelente arreglo matrimonial con el príncipe de su país...
Bufó. Era estúpido pensar eso ahora.
"Y yo no habría querido casarme con ella de todos modos".
Otra vez la miró de reojo, estaba sonriendo, más de lo normal. Ahora estaba seguro que la bebida era lo que la había hecho hacer aquello de los besos. Sin embargo en el momento en que llegaron al tronco que servía de entrada al castillo, fue cuando el Oráculo abandonó sus pensamientos para nuevamente recibir la culpa respecto a esa evidente falla en la seguridad del castillo.
Suspiró. Entre Touya y esta mujer iban a volverlo loco.
Cuando llegaron hasta las habitaciones de la adivina, ella se despidió de él con un beso corto en los labios.
Shaoran se dejó hacer. Si se iba a ir al infierno por todo esto que valiera la pena al menos. Y así, sin más, se marchó dejando a una exhausta Oráculo recostada en un cómodo sofá y se dirigió a su propia cama. El cansancio apenas y le permitía permanecer de pie, sin embargo esta vez sí tuvo la precaución de evitar que cualquier persona lo viera. Eso hasta que llegó a las puertas de sus aposentos donde se encontró cara a cara con Yue.
Estaba de pie, como si hiciera guardia.
Shaoran se quedó inmóvil frente al guardián.
-Yue...
-Mi señor duerme, no puede recibirlo -interrumpió el hombre, sin embargo se hizo a un lado como invitándolo a pasar-. Tal vez deba regresar en otro momento.
Shaoran lo miró incrédulo.
-Quieres decir que...
-Le repito... he estado aquí desde ayer y mi señor el príncipe no ha traspasado estas puertas. Sigue descansando.
Shaoran suspiró, entre agradecido y asustado.
-Entra Yue, necesito hablar contigo.
-Si me disculpa la osadía. Es preferible que sea en otro momento.
Esta vez el príncipe lo miró extrañado ¿estaba negándose a obedecer?
-Ahora debería dormir.
El príncipe asintió. Necesitaba descansar. Pensar. Aclarar su mente y sus sentimientos. Quería hablar con Yue sí, saber qué era exactamente lo que sabía y no sabía, pero esta muestra de lealtad lo dejaba temporalmente tranquilo, al menos durante las siguientes cinco horas en las que pensaba abandonar el mundo de la vigía.
-Gracias, Yue.
Apenas y puso la cabeza sobre la almohada perdió la consciencia.
X-X-X-X-X-X-X
-Te ves terrible -. Yorito nunca fue particularmente delicado con sus comentarios. -Parece como si no hubieras dormido en semanas.
Shaoran bufó, lo cierto era que había descansado perfectamente su sueño retrasado, sin embargo, el pensar constantemente en el Oráculo y la amenaza de muerte hacia él mismo y su hermano, visiblemente le afectaban los nervios.
-Lo que vez es culpa de Touya -replicó-, todas estas cosas de las que me tengo que hacer cargo no me dejan respirar.
Todavía no estaba seguro por qué mentía. Yorito era su único amigo, ¿no sería normal que le contara acerca de esa profecía? ¿De lo que sentía por el Oráculo? ¿De su desesperación por saber que le estaba prohibido verla como mujer?
-Vamos, no debe ser tan malo -rio Yorito, totalmente ajeno a sus miedos y desesperanzas-. Ahora dime ¿cómo te fue en la noche de la hoguera?
-Igual que siempre. Baile, música y bebida.
-Todos esos detalles me conmueven.
-Ya has estado en esas fiestas. No sé qué es lo que quieres que te diga.
Yorito frunció el ceño.
-Pude haberlo visto con mis ojos pero temía que me arrancaras la cabeza si me acercaba a tu amiga. Y deja de asesinarme con la mirada, sabes que es cierto.
Prefirió no contestar a eso, porque ahora se daba cuenta que su amigo tenía razón. Que no soportaba que nadie más se le acercara al Oráculo (sin importar que tan egoísta se escuchara) y mucho menos Yorito, siendo que él sería el único plenamente consciente de cuál era su verdadera identidad.
A fin de cuentas, Shaoran estaba transformándose en alguien mucho peor que Touya. Al menos su hermano mantenía a la adivina alejada del mundo por su obsesión por las reglas, pero Shaoran navegaba con bandera de rebelde humanitario, como si él fuera mucho mejor que el rey al dejarle al Oráculo vivir distintas experiencias, sin embargo, esas experiencias eran solamente las que él decidía, las que él permitía.
Conocer a Yorito estaba dentro de las cosas no permitidas. Y ahora aceptaba que era por miedo. Miedo a que ella prefiriera a su amigo en lugar de él, Yorito al fin y al cabo era más extrovertido y sabía cómo tratar a las mujeres.
¿Quién era peor al final? ¿Él o Touya?
La respuesta definitivamente no era Touya.
Yorito se quedó otro poco más, hablando de su padre, de las nuevas medidas de seguridad en las puertas de la ciudad (y Shaoran trató de mostrarse sorprendido en esa parte), del nuevo caballo que había comprado, del éxito que había sido la presentación de Shaoran ante la gente, y casi con la delicadeza con la que se coloca la última carta en un castillo de naipes, mencionó su intención de no asistir al baile del palacio.
Shaoran levantó la vista ante eso último.
-Si lo que quieres es mi permiso para asistir al estúpido baile, adelante. Así te probaré que no pretendo esconder a mi amiga de ti.
Cuando dijo la palabra "amiga" trató de hacerlo lo más elocuente posible.
-Pero realmente no quiero hacerlo.
-Si quieres además que te suplique, estás esperando en vano. Deja tus tonterías y asiste al jodido baile.
Yorito negó con la cabeza, mostrando una ligera sonrisa.
-Juro que no se trata de eso, es... extraño todo esto. No sabría cómo comportarme con ella.
-Igual a cualquier otra mujer de clase.
-No mi amigo, prefiero alejarme un poco de este particular. No pretendo ofenderte, pero me resulta un tanto anormal la situación.
Al ver su seriedad, Shaoran asintió.
-Si así lo quieres...
Antes de caer la noche, el hijo del conde alegó la tardanza y mandó ensillar su caballo para regresar a casa.
-Que pases una buena velada, príncipe.
Después de que su amigo se marchó, Shaoran permaneció otro tanto a solas en su antecámara, tratando de pensar claro. Había todavía muchas cosas de las cuales hacerse cargo, lo más inmediato era Yue y descubrir qué tanto era lo que sabía. Esa era otra cosa que el príncipe le había ocultado a su amigo, y de nuevo no supo exactamente por qué lo había hecho.
Pensó, sin embargo, que no debía continuar con este distanciamiento, había ahora tantas cosas en su cabeza, había tomado tantas malas decisiones en su vida, que ahora no quería volver a tomar el camino incorrecto y alejarse de quienes eran importantes para él.
Observó el reloj sobre la mesa y notó que habían pasado al menos dos horas desde que su amigo se había marchado. Eso sería perfecto, el tiempo suficiente para que Yue no pensara que estaba ansioso por hablar con él, que tenía todo bajo control y que no le importaba mucho lo que él supiera.
Nada más alejado de la realidad. Pero al menos eso aparentaría.
Inhaló profundo e hizo llamar a Yue.
Ambos permanecieron en silencio todavía mucho después de escuchar la gran puerta cerrarse tras el lacayo. Shaoran tratando de hacerse el importante, y Yue, esperando a que su señor comenzara.
Pero el tiempo pasaba y Shaoran no decía nada, y ahora ya no era por hacerse el importante, sino porque no sabía que mierda decir.
-Mi señor -se inclinó Yue poniendo fin a tanto silencio. -Estoy a sus órdenes.
-Si Yue, así lo veo. Dime, ¿qué es exactamente lo que sabes?
Al diablo el control y la pretensión.
-Que ha asistido a la celebración del pueblo acompañado de una mujer a la que nadie conoce.
Shaoran tragó pesado, sin embargo decidió seguir aparentando calma.
-¿Y tú Yue? ¿La conoces? ¿Sabes quién es?
Yue pareció contrariado por la pregunta.
-Lo desconozco.
-Escúchame bien Yue. Deberá seguir así. Nadie debe saber quién es ella.
-Mi señor, si no sé quién es, no sé cómo voy a proteger el secreto.
Shaoran lo pensó apenas un segundo.
-No. Si tú no lo has descubierto nadie más lo hará. ¿Sabes cómo es que abandoné el castillo?
-No. Pude encontrarlo después en el pueblo -respondió con el ceño fruncido, parecía molesto consigo mismo y Shaoran se contuvo de sonreír. Escapar de Yue (¡y sin siquiera saberlo!) no pasaba todos los días.
-Mi hermano no debe saber de esto. ¿Puedo confiar en ti?
-Mi vida le pertenece mi señor y también mi lealtad.
-El baile del palacio. Ella estará conmigo.
Esta vez la sorpresa de Yue fue inmensa, no entendía qué era lo que pasaba.
-Señor...
-Nadie debe saber quién es.
-Pero señor, si ella lo acompaña a usted, llamará indudablemente la atención.
Shaoran bufó, Yue tenía razón.
-Puedes retirarte, seguiremos con esto después, debo pensar en lo que haré.
Yue hizo una reverencia y se dio la vuelta dejando a Shaoran con otro problema ¿cómo pudo haber sido tan ingenuo? Se había concentrado tanto en Touya que había olvidado a todas las demás personas que también estarían ahí.
-¡Espera!
El hombre se detuvo ante la petición de su príncipe. Se giró y volvió ante él.
-Ella estará contigo –sonrió, casi hasta aplaudía.
-Mi señor…
-A nadie le interesa con quien estés. Es perfecto.
-Señor yo debo protegerlo a usted, la mujer será una distracción si...
-Nada me pasará. Al menos no ahora -no antes que Touya, pensó abatido-. Todavía tengo tiempo para arriesgar mi cuello sin preocuparme de las consecuencias. Yue, necesito que hagas esto.
Cuando Yue cedió (no tenía otra opción, debía obedecerle) y Shaoran estuvo completamente seguro que lo apoyaría, lo dejó marcharse. Mientras tanto, él volvió a quedarse a solas con sus pensamientos. Cada vez estaba arriesgándose más, acercándose de poco a poco al fuego.
Y en algún momento podría terminar quemado.
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Se había acostumbrado tanto a sus extrañas ropas holgadas, sus velos, sus pies descalzos, sus collares, amuletos y aretes, que cuando la vio ese día vestida como una gran señora regente de numerosas y fértiles tierras, se quedó sin aliento.
Toda extravagancia la había abandonado, de sus orejas colgaban tan sólo un par de aretes, los dedos no llevaban anillos y su cuello estaba adornado apenas por un collar de perlas con una esmeralda descansando justo donde comenzaban sus senos. Todas éstas eran alhajas que se atrevió a tomar prestadas del tesoro. La sobriedad de la joyería que estaba usando, visiblemente mermada a lo que estaba acostumbrado a ver en ella, le daba un aire más sereno y señorial. Como una dama que no necesita exponer joyas para demostrar su poder.
Y el vestido... ese vestido púrpura y recatado. Lo único que dejaba ver de su piel era ese escote pronunciado, por lo demás, las mangas largas cubrían sus brazos y la falda del vestido llegaba hasta sus pies, su abdomen no estaba más descubierto y sus pies ya no estaban descalzos. Había, en resumen, tela por todas partes.
-¿Estás seguro que así se visten las mujeres de tu clase? -preguntó ella con verdadera curiosidad.
Shaoran tardó en responder al notar cómo se había excluido a sí misma cuando dijo "mujeres de tu clase", sin embargo, al pensarlo por segunda vez, se dio cuenta que tenía razón, ¿en qué clase entraba la joven Oráculo del reino? No era de sangre azul pero tampoco una plebeya.
Ella no encajaba en ninguna parte.
-Así te vestirás tú el día de hoy. Y las demás mujeres te envidiarán.
Ella sonrió y tomó una máscara que estaba en una mesita de junto. Era una de esas máscaras que le cubría los ojos, pómulos y nariz, estaba hecha de un tono que hacia juego con el vestido, piedrecillas brillantes adornando las orillas y plumas saliendo de la frente.
-Falta esta parte del atuendo -dijo colocándola sobre su rostro.
Shaoran evitó lo más posible fruncir el ceño. Hubiera preferido poder verla toda la noche a la cara, pero eso ayudaba a mantener el secreto de su rostro. No había por qué correr riesgos.
Al menos aún podía verle los ojos y la boca.
-¿Recuerdas cómo te dije que llegarías al salón principal?
Ella asintió, sin embargo se la veía dudar.
-Lo recuerdo pero...
-Yue te estará esperando.
-Lo sé, pero jamás lo he visto.
-Créeme, lo reconocerás. No habrá nadie más en ese pasillo.
El Oráculo volvió a asentir.
-¿Podemos confiar en él?
-Por supuesto. No temas -le tomó la mano, intentando darle algo de apoyo-. Nos veremos en un par de horas.
-Nos veremos en un par de horas -repitió ella.
Él se fue. Esta vez no hubo beso de despedida.
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Una cosa era esconderse en las esquinas y detrás de las paredes junto a Shaoran y otra muy distinta hacerlo sola. Sakura lo supo hasta ese día. El largo y pesado vestido junto a esas sandalias escandalosas no ayudaban mucho, además del gran nerviosismo que le causaba el encontrarse con ese desconocido de nombre Yue. Shaoran ya le había hablado antes de él y ahora se había dado a la tarea de recordárselo un poco, sin embargo, aquellos detalles de su apariencia física y personalidad habían sido tan ambiguas como "parece un fantasma" o "frio como una barra de hierro". Aceptaba que siempre que el príncipe le hablaba de una persona moría en deseos de conocerla, sobre todo cuando en sus descripciones los rodeaba de tan místicas características, pero ahora, viendo el momento tan cercano (y que además de eso iba a enfrentarse a él completamente sola), la valentía la abandonaba.
Al dar la vuelta en la última esquina para llegar al punto donde se encontraría con el mencionado Yue, supo por qué Shaoran insistía en que no había opción para el error.
Ya no se sentía tan ignorante en cuanto a las diferentes características de las personas como antes, ya había interactuado con gente del pueblo, conocía un sin número de caras, gestos y complexiones, pero hasta ahora se encontraba a una persona con una palidez que competía con la de la luna, de una mirada tan azul que competía con el azul del cielo y de una imponencia tan avasalladora que competía con la de las montañas.
Su nerviosismo se esfumó totalmente cuando los ojos azules la miraron. Shaoran estaba equivocado cuando dijo "frio como una barra de hierro". Porque ese azul era un azul de bondad, no de frialdad.
El contacto de verde sobre azul se rompió cuando Yue se inclinó en un gesto de cortesía.
-Mi señora.
Sakura doblo las rodillas en respuesta, pero no dijo nada.
-El príncipe me ha enviado -continuo Yue y le tendió el brazo. -Yo la acompañaré esta noche.
Sakura asintió y tomó el brazo de Yue quien después de eso ya no dijo nada más. Escuchar el sonido de sus pasos combinados en la soledad de ese pasillo la hizo darse cuenta de algo ¿acaso había abandonado el silencio de su jaula para experimentar esta nueva clase de silencio?
No. Eso no sucedería.
-Su nombre... me dijeron es Yue.
El aludido la miro y asintió.
-El príncipe, me ha dicho que no sabe quién soy.
-Así es mi señora.
-¿Por qué me trata con tanta propiedad entonces? Podría ser cualquier campesina.
-Eso no tiene importancia. Si fuera usted hija de un mendigo aun así la trataría como si fuera mi señor príncipe a quien me dirigiera. La ha puesto a mi cargo, sólo debo saber eso.
-Él es un buen hombre. Pero se está arriesgando demasiado con esto. Conmigo. Yo no debería estar aquí, Yue.
El hombre asintió en acuerdo, y eso, sorprendentemente, la hizo sentir aliviada. Le aliviaba saber que al menos este hombre, aún en su total ignorancia de la situación, compartía su opinión.
-El príncipe se deja llevar por sus emociones -comentó Yue, tal vez arrepentido de haber contradicho con aquel gesto a su señor y dándole así una excusa comprensible.
-Él me tiene lástima. Esa emoción es altruista, pero al final no nos dejará nada bueno. A ninguno de los dos.
-No tengo respuesta para eso, mi señora.
-Discúlpame, me estoy desahogando contigo. Hasta hoy he encontrado en ti alguien con quien conversar acerca de esto. Me dejé llevar. Pero es cierto, yo no debería estar diciéndote estas cosas puesto que tú no puedes entenderme ni debes hacerlo tampoco. Dejémoslo así. Escucha, ya puedo oír desde aquí a las personas.
Yue volvió a asentir para después permanecer una vez más en silencio hasta que entraron en el salón principal.
Sakura ya había estado en ese salón en otras ocasiones, pero siempre había estado vacío salvo por ella y Touya. Ahora en cambio, había personas por todas partes, mesas a los costados con manjares, copas y vinos, tapices en las paredes y las primeras flores del año en cada esquina y recoveco.
-Es hermoso.
Yue la observó, se veía tan radiante, animada y feliz de estar en ese lugar, que casi pudo comprender por qué su príncipe se había empecinado en llevar a esta mujer al baile de palacio.
¿Quién sería esta mujer, que tenía modales de noble pero se impresionaba de tal modo con un baile?
Sin dejar de pensar en la mujer que sujetaba su brazo, recorrió el salón con la mirada, casi en el mismo momento encontró a quien buscaba: el príncipe. Estaba solo, de pie al lado de una columna, observándolos. Yue hizo un gesto casi imperceptible hacia su señor, como señal de que todo había salido bien. El príncipe pestañeó, se llevó una copa de vino a los labios y se giró hacia otro lado.
Yue recordó lo que le había pedido: "no te preocupes por mí, debes hacer que ella se divierta". El guardián del príncipe suspiró. La diversión no era algo que fuera muy espontáneo en él, sin embargo pronto se dio cuenta que no se necesitaba mucho para distraer a su acompañante, bastaba con llevarla de aquí allá, hablándole un poco de las personas que veían "ella es hija de la condesa de Artol, no se ha casado porque su fortuna es inmensa", "él perdió parte de su herencia en un juego de cartas", "aquél asiste únicamente a los eventos de la realeza, espera que en algún momento el rey le pida entrar al consejo", unas palabras aquí y allá y ella parecía encantada.
Había hablado más esa noche que en todo el mes.
Shaoran mientras tanto, los observaba de vez en vez, sólo en los momentos en los que esos estúpidos nobles lo dejaban respirar. Al principio, cuando vio que un par de generales habían acudido a la fiesta, imaginó que Ruhl también estaría allí, pero casi en un gemido inconsciente de lamentación se dio cuenta que no era así. Ruhl seguramente seguía custodiando su puesto, y sin embargo, a Shaoran le hubiera encantado refugiarse en la hosquedad del tipo y no andar de un lado a otro arrastrado por nobles idiotas, siendo presentado a sus solteras y virginales hijas.
Ver de lejos a Yue y la sonriente adivina era un respiro que se permitía en ocasiones. Era extraordinario ver cómo hasta la fría y rígida figura de Yue se veía suavizada por el Oráculo quien caminaba a su lado tomándolo del brazo.
En un gruñido bajo aceptó que se veían bien juntos y necesitó de todo su autocontrol para no dirigirse a ellos, todas las miradas estaban sobre él y no quería hacer que ella llamara demasiado la atención.
De pronto y sin percatarse de ello, se encontró cara a cara con el barón Kuzu a quien había visitado el invierno que estaba terminando. Por primera vez con verdadero gusto pudo saludar a uno de los nobles en ese lugar, y a su esposa Xaina, claro está. Esto por dos motivos, el primero, había llegado a apreciar algo al hombre durante su estancia en su castillo, y la segunda, Kuzu y Xaina no tenían hijas casaderas.
-Su fiel acompañante Yue, no lo he visto, ¿vino al baile? –preguntó Kuzu, amistoso como siempre.
Shaoran sonrió. Era perfecto.
-Por supuesto, debe estar por aquí cerca. Sí, precisamente aquí lo tenemos, Yue ven aquí.
El guardián se acercó junto a su joven acompañante. El príncipe y los barones la saludaron, ella dobló ligeramente las rodillas como respuesta.
-Amigo mío, no sabía que tuviera tanta suerte para con las damas -sonrió el barón-. Qué envidia.
Su esposa Xaina, le dio un golpecito en el brazo aparentando molestia ante los halagos de su esposo hacia la segunda fémina.
Yue la presentó como la señorita Zhiade, hija de su tío Tsuko. Aquello lo dijo tan naturalmente que incluso Shaoran casi se traga el cuento.
-Espero que no sea tan tonto como para dejarse robar a esta dulce señorita.
-Es como una hermana para mí, barón. La acompaño hoy por ser su primera vez en palacio.
-Noble su proceder joven Yue, y ahora el consejo es para usted mi querido príncipe: este hombre vale más por su honor y fidelidad que por lo bien que maneja la espada. Y ambos sabemos de sus habilidades en el campo.
Shaoran asintió. No encontraba estas palabras más verdaderas.
Los esposos se despidieron y príncipe, guardián y Oráculo se quedaron solos.
Shaoran suspiró al ver la sonrisa debajo de la máscara del Oráculo. Sabía que si su intención era hacer que la adivina disfrutara la noche, él debía mantenerse al margen, además, los había estado observando todo el tiempo y ella parecía extrañamente cómoda con Yue. Aplastó toda señal de celos y miró hacia los azules ojos de Yue. Abrió la boca, dispuesto a despedirse y dejarlos seguir compartiendo la noche, pero Yue se adelantó a él y comenzó a describir las habilidades y gracias de su "pariente", mostrándosela al príncipe como una valiosa prenda de compra, casi ofreciéndosela de igual forma a como los demás nobles le habían ofrecido a sus hijas.
Pensó que Yue se había vuelto finalmente loco. Ya estaban a solas, no era necesario seguir con la comedia...
Entonces lo comprendió, su intención de separarse del Oráculo no era estrictamente necesaria, al igual que no había ignorado a las demás mujeres, no sería necesario en absoluto que se alejara de ella, pues a ojos de los demás sólo sería una mujer más que trataba de llamar su atención.
Agradeció a Yue con la mirada cuando el guardián se inclinó y los dejó solos por unos momentos, como si ahora tratara de dejar que la señorita tejiera sus propias redes en el próximo sucesor a la corona.
¡Si tan sólo fueran ciertas esas mentiras! Si tan sólo fuera capaz de tenerla para sí, si tan sólo no tuviera que compartirla no con Touya, sino con todo el reino.
-Espero que esté disfrutando la noche -dijo, tratando de alejar toda su amargura. Pensó por un momento en hablarle tal y como estaban acostumbrados, pero era mejor no dejarse llevar por excesos de confianzas. Había tantas personas que no se sabía quién escuchaba y quién no.
Por otro lado, si Yue se había tomado la molestia de seguir fingiendo, era por algo.
-Es mucho mejor de lo que imaginé -sonrió el Oráculo inclinando la cabeza-, de donde vengo es imposible ver tales personalidades.
-Su acompañante... ¿se ha portado amable con usted?
-Me ha soportado todo este tiempo sin rechistar. Le debo mucho. Creo que ya era justo que tomara un respiro de mí.
Shaoran asintió y por acto reflejo buscó a Yue con la mirada pero no lo encontró, no dudó por un momento, sin embargo, que los estuviera vigilando desde algún punto.
-He escuchado algunas opiniones con respecto a mi primo -continuó ella, Shaoran no pudo evitar sonreír al ver la seriedad con la que el Oráculo se había tomado su papel de prima lejana-. Me gustaría decirles a esas personas que se equivocan en ese respecto. Es una persona de cálidos sentimientos.
El príncipe la miró algo turbado. Ese era sin duda un comentario acusador, pues sabía bien que esas opiniones no las había escuchado de nadie más que de él mismo. Además, eso significaba que Yue no era tan frío con ella como con todas las demás personas en el mundo.
-¿Qué es lo que tienes que haces sacar a las personas lo mejor de sí mismos?
El Oráculo se congeló en su lugar al escucharlo, Shaoran había olvidado el protocolo, había olvidado su pequeño juego de príncipe y joven dama de la nobleza, pues acababa de hablarle como si estuvieran los dos solos.
-Alteza. Disculpe si no he comprendido bien su pregunta.
Shaoran se negaba a seguir con la parodia, quería hablarle como siempre, acompañarla toda la noche, enseñarle todas las cosas nuevas que aquí pudiera encontrar, sin embargo... ella tenía razón, y era bueno que en al menos uno de los dos quedara algo de prudencia.
Siguieron conversando por otros minutos, hasta que una vez más fue abordado por un curioso noble, y para el momento en que la buscó con la mirada, la adivina ya se encontraba una vez más al lado de Yue. Vio como el guardián la guiaba hacia donde varias parejas bailaban.
No pudo quitarle los ojos de encima mientras se desplazaban en medio de los demás bailarines. Yue era bueno dirigiéndola, ella parecía bailar con soltura, lento, pero elegante y al mismo tiempo se la veía totalmente concentrada en sus pies.
La pieza terminó y Shaoran decidió que no podía dejar pasar esa noche sin haber bailado con ella, así que miró a su alrededor, buscando alguien quien fuera el primer señuelo, no quiera ir directamente hacia el Oráculo. Bailaría primero con otras mujeres. Encontró una de tantas que le habían presentado esa noche y le ofreció la siguiente pieza.
Así hizo lo mismo durante tres bailes con tres diferentes mujeres, a la cuarta pieza, sin embargo, por fin se atrevió a acercarse al guardián y la adivina para solicitarle un baile a esta última.
El Oráculo asintió cuando Shaoran todavía no terminaba de formular la pregunta. Extendió la mano hacia ella y la llevó hacia el centro.
La música era lenta, Shaoran agradeció su suerte, así sería más sencillo para los dos llevar el paso, las demás parejas a su alrededor los observaban, pero eso no le inquietó, igualmente había sucedido con las otras tres damas con quienes había bailado.
Recordó de pronto el baile del pueblo, donde se había quedado prendado a sus ojos verdes, ya que esta noche estaba sucediendo lo mismo. Esa máscara ocultaba la mitad de su rostro, pero afortunadamente el verde de sus ojos seguía ahí, a la vista, hermosos y brillantes.
-Bailas bien.
-Gracias -murmuró ella.
-Me he dado cuenta que no quiero hacer otra cosa más que pasar esta noche contigo.
-Es arriesgado -replicó ella en un susurro. Siempre centrada, siempre cautelosa.
-Parece que has tomado el trabajo de ser la voz de mi consciencia. -Sonrió-. Tranquila, al terminar la siguiente pieza te devolveré a Yue.
-¿La siguiente? Con las otras sólo bailaste una.
Shaoran levantó una ceja bajo su máscara. ¿Lo había estado observando?
-Bailaré dos con la próxima. Arreglado.
Ella sonrió.
-Tienes solución para todo. Bien, yo también quiero bailar un poco más contigo.
Entre bailes y comida, la noche avanzó. Para los asistentes, no resultó extraño que Yue aprovechara su posición tan cercana al príncipe y tratar así de acercar a su (tenían que aceptarlo) hermosa prima hacia el príncipe. Por otro lado, había mujeres que tenían la mirada sobre un blanco más alto, el rey después de todo era todavía soltero, y ser reina era más atractivo que ser princesa y poder llegar a la corona únicamente tras la muerte del tan querido y respetado actual rey.
Así que aunque Shaoran seguía siendo la nueva pieza de caza para las señoritas, nunca llegaría a superar el premio mayor que significaba su hermano rey.
Entre tanto, la media noche casi llegaba, la aparición de Touya se daría en cualquier momento, así que evitando a toda costa ser descubierto por su hermano, Shaoran hizo una seña a Yue antes de que otro idiota lo abordara.
Cuando vio que el guardián y el Oráculo salían del lugar, se apresuró a seguirlos. Nadie parecía seguirlo a él afortunadamente y continuó avanzando hasta encontrar al Oráculo y a Yue en la sala donde habían acordado reunirse después del baile. Ambos parecían hablar en voz baja.
El príncipe se acercó con pasos ruidosos.
-Gracias Yue, me haré cargo a partir de ahora.
La adivina dio un respingo de sorpresa al escucharlo, Yue simplemente lo miró y se inclinó.
-Volveré al salón mi señor -se giró hacia ella-. Ha sido un placer.
Ella devolvió el gesto con una sonrisa.
-Le agradezco mucho Yue. Espero volver a verlo en otra ocasión.
Shaoran no dejó pasar eso desapercibido, consiente que la petición estaba echa a él.
No dijo nada, sin embargo, y dejó marchar al guardián. En pocos minutos príncipe y Oráculo caminaban por los pasillos abandonados de vuelta a las habitaciones de la última.
-¿De qué hablaban?
-Le agradecía lo que hizo por nosotros.
-¿Te agrada?
-Sí, es un buen hombre.
Shaoran asintió. Cada vez era más difícil mantener los celos a raya, tal vez habría sido mejor que Yorito fuera quien la acompañara. ¿Quién iba a pensar que una mujer tan inocente y delicada como ella fuera a congeniar de ese modo con Yue, el rey del hielo?
-¿Estás molesto?
Shaoran abrió los puños al escucharla.
-No. Solo quisiera no tener que llevarte tan temprano a tus habitaciones.
Ella asintió sin creerle una palabra.
Llegaron por fin al pasaje, Sakura se dio cuenta que el juego del escondite entre ellos y los guardias se hacía cada vez más sencillo de jugar. Ahora entendía por qué Shaoran lo hacía tan seguido. De esta forma, burlaron a los guardias y entraron a sus aposentos.
-Gracias por esta noche.
-Esta vez fue Yue quien hizo la mayor parte.
Ella sonrió.
-Pero tú fuiste quien lo hizo posible. Gracias por eso.
-Claro. No hay de qué.
Ella no dejaba de sonreír y él ya no sabía que más decir. Tenía que regresar al baile, Touya podía llegar en cualquier momento y era necesario que lo viera allí, pero al mismo tiempo buscaba una excusa para quedarse con el Oráculo por otro momento más.
No la encontró.
Tomó la mano de la mujer y la besó.
-Te veré mañana.
El Oráculo asintió.
-Hasta mañana.
Dio un par de pasos hacia atrás, luego salió del lugar. Sakura lo observo marcharse sin saber que esa sería la última vez en mucho tiempo que lo vería con el corazón tranquilo, pues justo detrás de ella unos pasos se colocaban a su espalda.
-Creí que nunca se iría.
El Oráculo del reino se quedó echa piedra al escuchar la voz de su soberano rey detrás de ella.
-Vamos, gírate para que pueda verte. Te ves hermosa en ese vestido.
Ella se dio la vuelta lentamente, hasta quedar de frente a Touya. Él estaba igual que siempre, no se veía enfadado pero tampoco feliz. Simplemente estaba ahí.
-Touya, yo...
Él levantó una mano y ella guardó silencio.
-Escúchame por favor. Porque esto es importante. Lo que han hecho... -frunció el ceño-, ahora todo va a cambiar.
Ella asintió y obedeció, escuchó todo lo que Touya le dijo, al principio sin interrumpir, luego tratando de defenderse a sí misma, a Shaoran y a su conciencia. Pero a pesar de que las fuertes palabras de Touya resonaban en sus oídos, también pudo escuchar unos lejanos sollozos, por un momento creyó que había otra persona con ellos hasta que se dio cuenta que esos sollozos eran suyos.
Cuando Touya se fue, lloró toda la noche.
¿Era esto lo que significaba estar enamorado?
Lo odiaba.
Fin del capítulo
Y aquí me tienen. Sé que tardé (igual que siempre), en actualizar este capítulo, pero las razones ahora no fue falta de inspiración o tiempo. Escribí mucho. El capítulo, como pueden ver es más largo que lo acostumbrado y además me tome dos semanas de vacaciones en navidad y otra en mi cumpleaños, en esas fechas no escribí nada, y a parte estas últimas dos semanas fueron de edición y entre ediciones y cambios de opinión, también escribí doce páginas del próximo capítulo xD.
Así que después de escribir, editar, escribir más y editar más, puedo decir que estoy muy contenta con el resultado. Sigo con la buena racha de inspiración, esa es la buena noticia. La mala, es que pasaron cosas (muchas) en este capítulo que cambia totalmente la historia. Estos cambios hacen que deba tirar a la basura lo que tengo adelantado para los siguientes capítulos, (esa es otra mala noticia), pero no teman, espero que esto haga más interesante y más emocionante el fic (recuerden las doce páginas de las que les hablé, eso es en base a lo nuevo!).
Antes de despedirme quiero agradecer a Mary-chan que lee mis capítulos antes de subirlos y que me da sus muy acertadas opiniones para que el resultado final llegue ideal para todos ustedes (y para ella también!) ¡Gracias Maria!
Y en otras noticias menos importantes, estoy leyendo la saga de Los reyes malditos, una lectura que si la hubiera hecho desde antes o mientras iniciaba esta historia me habría ayudado un montón. Lástima. Esa es la historia de mi vida, todo me llega tarde.
Gracias por seguir al pendiente de esta historia. Espero que el siguiente capitulo lo tenga pronto.
Avances del próximo capítulo: Después de hablar con Touya, Sakura sabe lo que tiene qué hacer. El rey ahora deberá arreglar el tema con su hermano. Para Shaoran, lo que resulte de esa conversación y otra más con el mismo Oráculo lo obligará a tomar la peor decisión de su vida.
Próximo capítulo: Resistencia
Que tengan felices lecturas!
