Is your secret safe tonight?/ ¿Tu secreto está seguro esta noche?
And are we out of sight?/ ¿No estamos a la vista?
Or will our world come tumbling down?/ ¿O nuestro mundo se vendrá abajo?
Will they find our hiding place?/ ¿Encontrarán nuestro escondite?
Is this our last embrace?/ ¿Es éste nuestro último abrazo?
Or will the walls start caving in?/ ¿O se derrumbarán los muros?
(It could be wrong, could be wrong)/(Podría estar equivocado, podría estar equivocado)
But it should've been right/ Pero debería estar bien
(It could be wrong, could be wrong)/ (Podría estar equivocado, podría estar equivocado)
Let our hearts ignite/ Que se enciendan nuestros corazones
(It could be wrong, could be wrong)/ (Podría estar equivocado, podría estar equivocado)
Are we digging a hole?/ ¿Estamos cavando un hoyo?
(It could be wrong, could be wrong)/ (Podría estar equivocado, podría estar equivocado)
This is outta control/ Esto está fuera de control
(It could be wrong, could be wrong)/ (Podría estar equivocado, podría estar equivocado)
It could never last/ Podría no durar
(It could be wrong, could be wrong)/ (Podría estar equivocado, podría estar equivocado)
Must erase it fast/ Debemos borrarlo rápido
(It could be wrong, could be wrong)/ (Podría estar equivocado, podría estar equivocado)
But it could've been right/ Pero podría haber sido correcto
(It could be wrong, could be...)/ (Podría estar equivocado, podría…)
Love is our resistance/ El amor es nuestra resistencia
They keep us apart / Nos mantienen alejados
And they won't stop breaking us down/ Y acabarán con nosotros
And hold me/ Abrázame
Our lips must always be sealed/ Nuestros labios deben estar siempre sellados
If we live our life in fear/ Si vivimos con miedo
I'll wait a thousand years/ Esperaré mil años
Just to see you smile again/ Sólo para verte sonreír de nuevo
Quell your prayers for love and peace/ Acalla tus oraciones por el amor y la paz
You'll wake the thought police*/ Despertarás a la policía del pensamiento
We can hide the truth inside/ Podemos guardarnos la verdad
-The Muse, Resistence
Capítulo 12. Resistencia
Primera parte: El secreto
Shaoran llegó tarde.
Apenas y cinco minutos después de las doce, pero tarde al fin y al cabo. Su preocupación se derivaba por la agenda de su hermano, la cual dictaba que el rey debía integrarse al baile a la media noche. Al ver el príncipe que el rey no había hecho su entrada, se permitió relajarse. No tenía el ánimo de tener que explicarle a Touya por qué había abandonado el salón tan repentinamente y la verdad tampoco contaba con las ganas de inventar ninguna excusa. Así que alejó sus nervios y se acercó a la mesa de banquete para tener algo en lo que entretenerse mientras su hermano aparecía.
Con el pasar del tiempo, sin embargo, el sentimiento de alivio comenzó a desvanecerse con la persistente ausencia del rey. El príncipe comenzó entonces a preguntarse a qué se debía semejante retraso, por otro lado, él era el único desconcertado por la ausencia del monarca, nadie parecía particularmente preocupado por eso, ni los guardias o los asistentes al baile, incluso podía ver a Yukito en los alrededores, bebiendo tranquilamente una copa de vino sin verse intrigado o al menos interesado por la tardanza de Touya.
Un rey nunca llega tarde, se recordó el príncipe algo aliviado por la suerte que tuvo al no tener que explicarle a su hermano dónde había estado en sus breves momentos de desaparición, sin embargo, también se permitió sentir cierta decepción. Si hubiera imaginado que Touya se tomaría todo este tiempo en llegar, lo habría usado para estar otro poco más con el Oráculo.
Decidiendo entonces, que no podía seguir con la mente perdida en cosas que pudieron ser pero no fueron, se reintegró a regañadientes al evento y en apenas unos momentos se encontró una vez más en el juego de escuchar y atender a las tantas conversaciones de los nobles, evitando señoritas que no parecían tener ningún tipo de pudor al declararse solteras y de familia con mujeres fértiles, evitando en todo lo posible las peticiones de todo aquel que le pedía se retirase la máscara de su disfraz (por supuesto prefería mantener su rostro en anonimato lo más posible, aunque ni él mismo supiera exactamente por qué) y sin duda alguna, renegando de su suerte, ahogado en aburridas conversaciones y deseando estar en cualquier otra parte, menos en ese maldito lugar.
Su humor fue deteriorándose con el pasar del tiempo, el aura alegre y calurosa que había creído rodeaba el lugar ya no estaba más por ninguna parte, Shaoran ya no disfrutaba ni de la música, la comida y mucho menos la compañía. Yue se mantenía alejado y vigilante, completamente en su papel de guardián ahora que el Oráculo había quedado fuera del juego, por lo que ni siquiera podía contar con él como compañero de noche. Kuzu y su mujer no se veían por ningún lado, cosa que no le sorprendió mucho, ya que durante su estancia en su castillo, la pareja no parecía ser del estilo de fiestas hasta el amanecer. Era más que obvio que la pareja ya se había retirado, se dio cuenta que no tenía idea de las reglas básicas del protocolo cuando se dio cuenta que no tenía idea si su temprano abandono del baile era o no era una descortesía hacia Touya.
Con lo anterior puntualizado, Shaoran se dio cuenta que sus opciones para pasarla relativamente bien simplemente no existían. Los Generales podían ser una salida sencilla, pero Shaoran no quería aumentar los rumores de su supuesto interés en un golpe de estado y hablar demasiado con generales o cualquiera relacionado con la milicia, no era lo más inteligente por hacer en estos momentos. En pocas palabras, estaba más que jodido. Y Touya no daba señales de querer aparecer en ningún momento cercano.
¿Cómo pudo soportar las previas horas con esta tortura? ¿Con esta gente inepta?
El Oráculo. Se respondió casi de inmediato. Cuando comenzaba a impacientarse con conversaciones tontas y mujeres a quienes no les importaba venderse al mejor postor, simplemente buscaba por el rabillo del ojo el lugar donde ella y Yue se encontraban, observaba su felicidad y se armaba de paciencia. Ahora se daba cuenta que no era la atmósfera del baile la que había sido alegre y cálida. Había sido ella. Ella era quien lo contagiaba de su felicidad, de su entusiasmo, y ahora que ya no estaba, todo se había vuelto irritable, frívolo y aburrido.
¿Existía acaso la más mínima cosa en la que ella no pudiera influenciarlo?
Lo dudaba. Esa mujer había llegado para cambiarle la vida.
Siendo ya la 1:00 am, Shaoran se dio cuenta que el único que podía sacarlo de semejante suplicio no podía ser nadie más que su hermano, si el rey hacía finalmente acto de presencia, Shaoran ya no tenía que ser el principal centro de atención (pese a que se suponía que su presencia allí no era para otra cosa más que para eso mismo), tal vez si pasaba lo que resta de la velada al lado de su hermano, los asistentes no lo atosigarían tanto como hasta el momento, seguirían con la imagen de hermanos unidos que Touya intentaba restregar en la cara de su gente y al mismo tiempo (y con suerte) Shaoran evitaría a personas con quienes no tenía interés de hablar.
El reloj marcaba la 1:40 de la mañana cuando finalmente el rey apareció.
El anuncio de su llegada se recibió con el paro de la música y los bailes, rápidamente se abrió un camino que atravesaba por el centro del salón y que terminaba justo en la gran silla que imponía el lugar. Touya caminó a través del salón con imponencia, observando desde su altura las figuras inclinadas por la cintura que inundaba el lugar. Shaoran también se inclinó cuando su hermano pasó delante de él, sintiéndose aliviado al saber que su hermano al fin había llegado a aligerar algo de su tortura.
Touya tomó asiento e hizo un ademan de manos para que se continuara con la música y la conversación interrumpida, los invitados no se hicieron de esperar y la fiesta continuó como si absolutamente nada hubiera pasado.
Shaoran frunció el ceño ante la estupidez que acaba de pasar frente a sus ojos ¿De qué servía tanta algarabía y pompa cuando al minuto siguiente todo siguiera como si nada hubiera pasado? No le había mentido a l Oráculo cuando le había dicho que la verdadera diversión estaba en la fiesta del pueblo. Esto era sólo una charada. Nobles con sonrisas falsas, interés, conveniencia, traiciones… después de todo no le sorprendía que todos estos malditos imbéciles supusieran que él sería capaz de traicionar a Touya por su estúpida corona.
Aspiró profundo y se dirigió directamente hacia su hermano como lo había planeado, intentando refugiarse en su magistral figura y notando que todas las miradas lo seguían en su camino hacia el rey. Esperaba que con esto esos rumores de su supuesto deseo por portar la corona se terminaran, si no era así, posiblemente hasta se incrementarían. Pese a que tenía una ligera idea, ciertamente los juegos de conspiraciones nunca fueron lo suyo. Sonrió pensando en las múltiples teorías que esta gente comenzaría a elaborar a partir de este día.
Cuando finalmente llegó frente a Touya, el príncipe volvió a rendirle pleitesía, el rey dio una cabeceada y Shaoran se colocó a su lado en silencio, observando desde el lugar las personas bailar, beber, y susurrarse secretos al oído al mismo tiempo que lanzaban miradas curiosas a los hermanos.
Supo entonces que estar ahí de pie sin hacer nada no ayudaba en nada a la imagen que trataban de crear. Se supone que son hermanos, carajo, deberían tener algo de qué hablar.
-Y… ¿Qué te parece el baile? -preguntó indeciso. Si querían demostrar que se apreciaban mutuamente, era momento de empezar a hacer algo-. No llevas máscara -agregó apuntando la suya propia. Otra ventaja más de hacer este baile uno de máscaras, era el que no iba a ser "totalmente" conocido por los asistentes. Había invitados de distintos y lejanos condados, sin embargo, gran parte eran nobles residentes de la capital y no quería ser reconocido como el infeliz que alguna vez vieron por las calles de las partes bajas.
No era como si los nobles pusieran mínima atención a los pobres diablos que se cruzaban en su camino, de todas formas.
Dejó sus pensamientos de lado y sintió claramente los ojos de Touya posarse sobre él. Pesados, rígidos y sin ningún rastro de alegría.
-Si me sigues observando así, -murmuró Shaoran molesto-, los nobles volverán a creer que hay problemas entre nosotros y que deseo robarte el trono -miró a su alrededor, asegurándose que nadie más lo había escuchado.
Touya pestañeo, al parecer sorprendido por la importancia que su hermano menor le daba al tema. Shaoran se sintió ofendido, la idea de toda esta puesta en escena había sido totalmente suya prácticamente. No le veía motivo a la sorpresa que ahora mostraba su hermano.
Sin embargo funcionó. Touya se relajó notablemente, incluso hasta pareciera complacido por algo. A Shaoran le gustaría saber de qué exactamente.
-Sigue sorprendiéndote mi mejorada actitud, al parecer –dijo sonriendo.
-Tu actitud es todo menos mejor –replicó el rey.
Esta vez Shaoran frunció el ceño y lo miró directamente.
-¿A qué demonios te refieres con eso?
-Deberías seguir tu propio consejo y dejar de actuar tan molesto. Alarmas a nuestros invitados.
Shaoran dejó salir el aire de sus pulmones, tratando de relajar su expresión.
-Y una mierda, -murmuró con una calma imposible-, ¿Qué otra maldita cosa tengo que hacer para ti?
-Quizá la pregunta correcta sea ¿qué debes dejar de hacer?
-Estás realmente molesto ¿no es así?
-Eso se sobreentiende.
-¿Se puede saber la causa? nunca eres tan evasivo a menos que estés realmente molesto, debo haber hecho algo que...
Pero dejó la frase sin acabar y repentinamente se congeló en su lugar, pensando lo peor, porque estaba seguro que en las últimas semanas no había hecho absolutamente nada que pudiera molestar de esa manera a su hermano, salvo una cosa...
-Lo... Lo sabes -dijo con el estómago dándole vueltas.
Touya lo miró levantando una ceja, apoyó el codo sobre el reposabrazos de la silla y la barbilla sobre la palma de su mano mientras una verdadera sonrisa cubría su rostro por primera vez desde que apareció en el baile. Sus ojos brillaban con la inteligencia de su poseedor.
-¿Y qué es aquello que supuestamente sé, príncipe?
Shaoran se reprendió mentalmente por abrir así su gran boca. Descubrir la molestia de Touya lo había hecho pensar lo peor, sin embargo, podía estar imaginando todo, Touya tal vez estaba molesto por cualquier otra cosa, incluso podía ser una tontería, sin embargo ahora el rey lo tenía atrapado. Si Shaoran decía algo acerca del Oráculo, se delataría a sí mismo y de paso firmaba su sentencia de muerte.
-Sabes cómo salgo del castillo -le contestó, tratando de escabullirse por la tangente.
-Sí -suspiró y volvió a recargarse por completo en el alto respaldo-, eso también lo sé. Me pregunto si hay algún otro camino que desconozca -lo miró cuestionándolo-, ¿lo hay?
Shaoran comenzó a sentir el corazón en la garganta al escucharlo... ¿"también"? ¿También lo sabe?
-No.
-Claro -sonrió el rey con una mueca que podía decir cientos de cosas pero que jamás significaría diversión-. Y aunque existiera no creo que pienses decírmelo. ¿Cierto? Pero tranquilízate -añadió fingiendo empatía-, parece que viste un fantasma. Disfruta esta noche, es posible que pase tiempo antes de que puedas disfrutar algo de nuevo -se giró hacia el salón ante él, como si ver a aquellas personas le interesara demasiado-. Anda vete ya de aquí. Trata de distraerte. Divierte a mis invitados.
Shaoran asintió y se alejó del rey. Ni siquiera fue capaz de distinguir el insulto en esas últimas palabras, sólo encontró la posibilidad de alejarse de Touya y la tomó sin pensarlo dos veces. Necesitaba pensar, serenarse. Esto era grave y no había tiempo de entrar en pánico, debía concentrarse. Sabía que no iba a lograr nada en ese momento discutiendo con Touya, provocarlo en público sería la última cosa que se le ocurriría hacer y menos con la casi certeza de saber que todo estaba perdido.
Sí, todo estaba perdido, podía asegurarlo casi sin ninguna duda. Los habían descubierto.
Y aunque admitiera que el miedo se había alojado en lo profundo de su estómago, en toda la noche Shaoran no despegó la mirada de Touya tratando de leer sus expresiones, identificando las personas con las que hablaba, siguiendo lo que observaba, detallando si comía o bebía o si permanecía simplemente sentado. En pocas palabras, el rey no podía rascarse la nariz sin que su hermano no se diera cuenta de ello.
Debido a esto el resto de la noche paso como un parpadeo para el príncipe, el sol finalmente se elevó por el horizonte y los invitados se marcharon a sus residencias o a ocupar las habitaciones que se les ofrecía en el castillo, como en el caso de Kuzu y su mujer.
Gracias a su escrutinio, cuando Shaoran vio a Touya abandonar el lugar, inmediatamente fue detrás de él hacia las habitaciones reales.
Al entrar vio que Touya estaba de pie en medio de la sala. Parecía estar esperándolo.
-Touya...
El rey no lo dejó terminar, porque se había abalanzado sobre él y ahora lo tomaba por el cuello del traje.
-¡Te atreviste maldita sea! -rugió-, debería enviarte a la horca.
Shaoran reaccionó de inmediato y se quitó de encima las manos del rey, alejándolo de un fuerte empujón con la misma rabia.
-¡No! -replicó-. ¡Tú te atreviste! ¿Cómo puedes dormir tranquilo sabiendo que la tienes encerrada como a una bestia, como si fuera el peor de los males del mundo? ¡Es una mujer! No tiene por qué satisfacer ni tus necesidades ni las de tu maldito reino.
No encontró razones para seguir fingiendo. Todo se había ido al carajo, la única salida era cuestionarle todo ese sufrimiento que le había provocado a esa inocente mujer.
-Sus predicciones ya te han salvado la vida y puede que lo hagan otra vez.
-Preferiría haber muerto hace años que saber que mi sobrevivencia tiene como consecuencia su esclavitud.
-Ha sido así durante siglos -rebatió el rey, sin embargo ahora con menos ímpetu, menos confianza-. Las costumbres...
-¡Que se jodan las costumbres! Sabes que está mal.
-¿Y tú hiciste las cosas mejor? ¿Te parece entonces que es lo correcto enamorarla para después abandonarla? Tarde o temprano ibas a dejarla.
El corazón de Shaoran dio un vuelco. ¿Enamorarla?
-Eso no es lo que pretendía –dijo casi asustado-. Yo... Ella no es un juguete para mí.
Si no estuviera tan enojado (y asustado) en este momento, tal vez se habría alegrado de escuchar aquello, sin embargo no era el momento. Además, era posible que ella se enamorara de la libertad que le ofrecía, más no de él.
Y en todo caso ¿qué diablos sabia Touya para decir aquello?
-¿Entonces qué es lo que pretendías? –Continuó Touya-. ¿En qué momento ibas a dejar de hacer estas tonterías? ¿Cuándo ibas a detenerte? ¿Cuándo ibas a romperle el corazón?
Esta vez Shaoran no pudo responder. Se daba cuenta que si Touya estaba en lo cierto y ella tenía esa clase de sentimiento por él, el rey tenía razón. Entendió entonces el porqué de la amargura en la adivina cuando le repetía que llegaría el día en que la abandonara. ¿Era debido a esto su vehemencia por predecir únicamente la agonía en su propio futuro? ¿Porque estaba enamorada de él? ¿Suponía, así como Touya, que Shaoran la dejaría en algún momento con el corazón roto?
Todo era peor, infinitamente peor.
La realidad cayó sobre él como una pesada loza y entendió. Entendió una gran cantidad de cosas que antes estúpidamente había pasado por alto.
Era por eso, pese a la alegría que irradiaba cuando la llevó con Jin y Cuckoo, cuando bailaron juntos en la fiesta del pueblo, cuando la vio sonreír en el baile de esta noche, era por eso, que siempre había detrás de su mirada algo de desolación.
Porque lo amaba. Porque no se suponía que debiera amarlo. Porque pese a la felicidad que pudieran compartir (ni siquiera como pareja sino como amigos), sabía que algún día eso terminaría, su destino regresaría a cobrarle tributo y regresaría a donde inició, sola, pero esta vez sumado a un alma destrozada.
-Vas a terminar con esto -dijo de pronto el rey en su más severo tono autoritario. Shaoran levantó la mirada hacia él. Pese a la solidez de sus palabras, Touya pareció serenarse un poco, tal vez al reconocer el desamparo y miedo en los ojos de su hermano-. No volverás a verla. Es mejor que se desilusione de una vez a que sigas dándole esperanzas que no piensas respaldar.
Shaoran siguió en silencio. Se le antojaba inverosímil que apenas unas horas atrás había bailado con ella, la había llevado de regreso a sus habitaciones e incluso había buscado una excusa para seguir otro momento a su lado. Tal vez si lo hubiera hecho... Si se hubiera quedado con ella...
No. El error había sido desde mucho antes... Si no la hubiera llevado al baile, tal vez Touya no...
-¿Lo descubriste hoy, o desde cuándo lo sabes?
-No tiene importancia, sólo lo sé.
-Dices que está enamorada de mí... ¿Ella te lo dijo? Si es así entonces hablaste con ella, hablaste hoy con ella, antes de llegar al baile. Por eso fue tu retraso. ¿Qué le hiciste?
La última pregunta fue con un tono de voz más elevado al mismo tiempo que avanzaba un paso hacia el rey.
-¿Qué le hice? –Repitió con un resoplido-. Tu cinismo me asombra ¿Crees que sería capaz de lastimarla igual que tú? Vas a hacer lo que te ordeno y no tengo por qué contestar ninguna de tus preguntas.
Shaoran apretó los puños con indignación. ¿Había terminado todo? ¿Iba a hacer exactamente lo que ambos, Touya y el Oráculo, esperaban de él?
¿Lo dejaría todo, así como así? ¿La dejaría, sin el menor remordimiento?
-No.
-¿Qué?
-He dicho que no. No voy a obedecerte en esto. No tienes ningún derecho de tratarla como a un objeto.
Se dio la vuelta, avanzando hacia la salida.
-¡Shaoran!
Pero el príncipe no respondió, simplemente salió disparado hacia las puertas, con un único destino: las habitaciones del Oráculo. Tenía que verla, había sido bombardeado con demasiada información esta noche y necesitaba respuestas. ¿Realmente lo amaba? Y si Touya había hablado con ella esta noche no quería imaginar en qué estado se encontraría. Miró hacia atrás y notó que Touya no lo seguía.
No le sorprendió. La regla principal de Touya era no hacer escándalos. Si salía detrás del príncipe o si ordenaba detenerlo, sabía que se resistiría y eso armaría un gran escándalo, sobre todo al tener a tantos invitados gracias al baile.
No había modo de ocultar algo así.
Así que sin nadie que lo detuviera y ya que todo había salido a la luz, no le vio el caso a ocultarse de nuevo por el camino secreto, no tenía motivos, ni tiempo. Así que se fue directamente hacia las grandes puertas de madera. Los guardias al verlo pusieron cara de espanto.
-Alteza, no puede ver al Oráculo, aun no pasa el mes para que pueda hacer otra predicción.
-A un lado -empujó al que se había interpuesto en su camino-. Tengo permiso del rey. Vayan a confirmarlo.
No esperó a ver si se habían creído la mentira, simplemente paso a través de ellos y entró.
-¡Oráculo! -la llamó desesperado mientras la buscaba por las habitaciones-. Soy Shaoran, Oráculo ¿dónde estás?
En ese momento odió más que nunca no saber su nombre, gritar ese título vacío en las desiertas habitaciones le carcomió el pecho más de lo que jamás lo había hecho.
Al buscarla sala por sala, cuando comenzó a temer el no encontrarla, cuando pensó en la posibilidad que Touya la hubiera cambiado de habitaciones, fue cuando la escuchó. Unos pasos silenciosos a su espalda. La adivina salía del estudio donde hacía sus pinturas. Ya no llevaba el vestido de la noche anterior, había regresado a sus ropas holgadas y escasas. La joyería sin embargo, seguía ausente, al moverse ningún repiqueteo llegaba a sus oídos.
Shaoran corrió hacia ella y la abrazó, la adivina por su parte lo apretó fuertemente por la espalda.
-¿Estuvo aquí?
Ella asintió sobre su hombro, a Shaoran no le gustó absolutamente nada que la adivina no dijera nada hasta el momento, así que la tomó de los hombros y la separó de él para observarla. Sus ojos se veían rojos e hinchados. Había llorado sin duda.
-¿Qué te dijo? ¿Te hizo algo?
-Se acabó Shaoran -gimió-. Se acabó. Le dije todo, no pude mentirle más. Perdóname Shaoran ¡perdóname!
-¿Qué te dijo? -repitió insistente.
-Dijo que no nos permitiría vernos de nuevo. Dijo que habíamos cometido traición. Se acabó, lo sabe todo y no está dispuesto a dejarlo pasar. Esta es la última vez que...
-¡No! -la interrumpió. ¡Sé que me quieres, no puede terminar ahora!, pensó desesperado. -Escucha, podemos arreglar esto, hablaré con Touya.
-Shaoran...
-Lo convenceré, le explicaré.
-Shaoran...
-Él va a entender, no hemos hecho nada malo.
-No Shaoran. Ya ha dicho su última palabra.
-Pero yo te amo.
Sí. Era bastante obvio después de todo. Lo único que había hecho todo este tiempo de negación era protegerse a sí mismo y tal vez también a ella. Sin embargo, en este preciso momento, ésta era su mejor carta. Utilizaría todo lo que tuviera a la mano para ganar. Ganarla a ella.
Mientras tanto, el Oráculo pareció cuadrarse en su lugar al escucharlo y su rostro dejaba leer una expresión de dolor más que de alegría después de tan inesperada confesión.
-No puedo alejarme de ti -continuó el príncipe ante su silencio. La tomó de los hombros y ella dio un respingo, parecía un animalillo asustado-. No me alejaré, simplemente no lo haré, no puedo hacerlo.
-Eso no cambia nada -dio un paso atrás, liberándose del agarre de Shaoran. Él la dejó hacerlo, no quería abrumarla demasiado, estaba arriesgando mucho y si la presionaba de más, sería contraproducente-. No se puede hacer nada.
-¿Tú me quieres?
-No hay... No hay ninguna diferencia.
-Hay mucha diferencia, es una diferencia enorme.
-¿Por qué? -replicó con enojo- ¿qué piensas hacer?
Shaoran jamás la había visto así, sin embargo, esa máscara de molestia no lo engañaba, ella no estaba molesta, sino asustada.
-Le he dicho todo, Shaoran -continuó-, sabe cómo salimos, sabe a dónde hemos ido -tomó aliento-. Pero no le hablé de Jin y Cuckoo, de eso no debes preocuparte.
-Eso es lo último que me preocupa ahora. Escúchame, vamos a arreglar esto.
-Shaoran por favor, debemos ser realistas. Todo esto está mal y si es verdad que me quieres, sólo lo empeorará. ¿Cómo crees que va a terminar esto? Yo no debo amar a nadie. Soy una herramienta. Solo he de servir para el reino.
-¡Eres una persona! Y tienes el mismo derecho a amar que cualquiera.
-¿Y qué harás? ¿Pedirás mi mano en contra de todos los decretos? Touya jamás permitirá nada de esto. No puedes simplemente llegar y cambiar las cosas que se han mantenido de un modo durante siglos.
-¡Encontraré la manera! Touya no es indiferente a tu situación, tú misma lo has dicho, eliminaremos la ley del Oráculo. Estoy seguro que él nos ayudará, ¿recuerdas que siempre me has repetido hasta el cansancio que él no es una mala persona? Pues es momento de que lo demuestre.
Ella suspiró negando con la cabeza mientras lo escuchaba.
-No Shaoran, no. Él ya lo intentó, Touya ya lo intentó.
-De qué hablas.
-Él ya lo ha intentado -repitió derrotada-, el consejo se negó. Incluso su consejero personal Yukito le ha dicho que la figura del Oráculo es muy importante para el pueblo y sería un error arrebatárselo.
-¿Qué pasaría si siguieras siendo el Oráculo? Sólo proclamaríamos reglas menos estrictas. El aislamiento, la soledad. Podemos al menos cambiar eso.
-Eso es imposible.
Shaoran y el Oráculo se giraron hacia la derecha, el lugar de donde una tercera voz los había interrumpido.
-Touya -Shaoran murmuró sorprendido cuando vio a su hermano aparecer prácticamente de la nada. El infeliz era condenadamente sigiloso cuando lo quería.
Por segunda vez se encontraban los tres juntos, sin embargo esta ocasión era aún más incómoda que la primera vez. No pudo evitar sentirse a la defensiva, mucho menos después de la acalorada discusión que habían tenido apenas unos minutos antes. Empero, su estado de ánimo cambió al observarlo mejor, este no era el Touya iracundo que había dejado atrás.
-Hay una razón por la que se mantiene aislado al Oráculo -continuó el rey, sus pesados ojos sobre Shaoran-. Por su poder de predicción. Ella ve el futuro de las personas con quienes interactúa. Si se ve liberada de su encierro, para el reino ya no servirá de nada su poder. ¿De qué servirían tales predicciones al azar? Ya no habría necesidad de un Oráculo.
-¿Es por eso que sólo a la familia real se le permite consultarlo?
-Precisamente. -asintió Touya, avanzando hacia donde el Oráculo se encontraba de pie-. El futuro de un reino está ligado al futuro de su rey -se detuvo frente a ella.
-Pero ya hemos salido del castillo -intercedió el príncipe-, ha interactuado con otras personas, ¿has recibido predicciones acerca del mercader de la plaza?
-No, porque ha convivido mucho más con nosotros dos, y por eso... -se interrumpió, sin embargo Shaoran pudo adivinar lo que había querido decir.
"Y por eso su última predicción fue acerca de nosotros. La muerte de los reyes".
-¿Ahora lo entiendes? ¿Entiendes lo que has hecho? Le has enseñado todo lo que no puede tener.
El Oráculo se encogió en su lugar y Shaoran desvió la mirada. Eso ya lo sabía. Los dos lo sabían, sin embargo si Touya estaba en lo cierto, si ella sentía por él algo más que fidelidad o amistad... Entonces...
-Pero... Eso no significa que tenga que dejar de verla. Puedo hacer lo mismo que tú. Pedo venir y hablar con ella sin salir de aquí.
-En su caso, eso sólo lo haría peor.
El príncipe apretó las manos en fuertes puños. Sabía que Touya tenía razón, incluso ahora entendía su enojo de momentos antes. El saberse amado por ella se había convertido en una maldición, si tan sólo se hubieran mantenido como príncipe y adivina, si no hubieran comenzado a sentir esto...
Pero era imposible. Porque ahora se daba cuenta, que si Touya no los hubiera descubierto, sólo sería cuestión de tiempo para que él aceptara sus sentimientos, se daba cuenta que para él había sido imposible no enamorarse de ella, y si a ella le había pasado lo mismo, si ella sentía lo mismo... Sí, su hermano tenía razón, todo era peor.
-Lo siento.
Shaoran levantó la mirada para darle la cara al Oráculo después de escuchar esa inesperada disculpa por parte de ella.
-¿Lo sabías? -preguntó-. ¿Acerca de esta característica de tu poder?
-No -respondió Touya por ella. -No lo sabía, o estoy seguro que jamás hubiera aceptado escapar contigo.
-Si no lo sabías, ¿por qué te disculpas?
-Porque todo esto es culpa mía. No importa si lo supiera o no. Nunca debí abandonar este lugar, nunca debí aceptar tu presencia fuera de los decretos del reino. Ha sido culpa mía.
Después de escuchar la disculpa de la adivina, los hermanos permanecieron en silencio. En toda esta situación había muchos culpables. Shaoran, por su testarudez y arrogancia de querer siempre hacer las cosas en contra de las leyes de su hermano. Touya, por no haberse dado cuenta antes de todo esto y haber podido detenerlo a tiempo. Y los antiguos dirigentes de su país, al decidir que una persona debía consagrar su vida y alma entera a su nación. Había muchos, sí, muchos culpables, pero ella no era ninguno de ellos. Ella no podía ser otra cosa más que la víctima de todo.
Pero ni Shaoran ni Touya se atrevieron a decirlo. Uno por arrepentimiento y el otro porque entendía que así debía ser.
-Te veré a la hora de comida. -Dijo Touya de pronto dándose la vuelta-. Recuerda que todavía tenemos invitados en el castillo.
Shaoran lo miró primero sin entender, luego asintió en señal de estar de acuerdo. Touya le marcaba un ultimátum, pero al mismo tiempo le estaba dando la oportunidad de despedirse.
Al ver la espalda de su hermano retirarse con solemnidad, no pudo evitar pensar que a pesar de todo, a pesar de que este hombre estaba obligándolo a separarse de la única mujer a quien había querido, no podía dejar de pensar en que era un hombre de honor al dejarlo despedirse.
Porque este era el momento, el adiós definitivo. Cuando Shaoran se marchara, cuando atravesara esas puertas y dejara al Oráculo sola una vez más, sería para no volver jamás. Y no por las órdenes de su hermano o su ley, sino porque sería un peor castigo ir a verla a diario sabiendo que ella lo quería y sin poder hacer nada al respecto.
El sonido de las puertas cerrándose tras el rey fue lo último que se escuchó por un tiempo. El silencio abrazaba a los presentes con celo, y el mismo Shaoran era quien dejaba que éste se siguiera aferrando a ellos.
Tenía miedo, no sabía qué es lo que debía hacer. ¿Abrazarla? ¿Disculparse con ella por haber deshecho su vida de esa manera? ¿Darle un último beso?
Y cuando hiciera aquello... ¿qué pasaría después? Con ella... Y con él. ¿Cómo viviría a partir de ahora? Sabiéndola tan cercana y la vez tan inaccesible.
-No puedo -murmuró-. No puedo dejarte aquí. Ya no puedo estar sin ti.
-Por favor Shaoran, se acabó. Esto ya no...
-Vámonos -soltó de pronto, porque sabía que no existía otra manera de permanecer a su lado. Era huir o nada.
Ella se encogió en su lugar, como si doliera escuchar aquellas palabras.
-No.
-Vámonos de aquí. Vámonos juntos, escapemos.
-¿Estás consciente de lo que estás diciendo? Seríamos buscados.
-Lo dices como si fuéramos un par de criminales.
-¿Y acaso no lo seremos? -preguntó ella con la mirada fija en la de Shaoran, fuerte y desafiante- Yo les robaría a su principie heredero y tú a su Oráculo.
-Entiende esto, no voy a dejarte aquí.
-Sí, así lo harás. Yo me quedaré, porque este es mi lugar, al lado de mi rey.
-¿Con Touya? Entiendo que no es el rey desgraciado que siempre creí que era. Entiendo que te ha cuidado este tiempo y todo lo que tienes en tu cabeza te grita que debes obedecerle. Pero Touya y su preciado reino son quienes ya te están tratando como a una criminal. Te tienen aquí encerrada, en esta cárcel de oro y telas finas. Tú no les debes nada.
-Tal vez sea cierto -respondió con firmeza-. Pero es mí cárcel. Mi destino y de nadie más. Así que por favor, déjame, vete ya Shaoran, vete y vive tu libertad. Te lo ruego -caminó hacia una silla y se sentó con lentitud-. Estoy cansada. Ya no puedo más con esto.
Shaoran se acercó a ella y puso una rodilla en el suelo. Tomó su mano y la besó.
-Aquí jamás serás feliz. Touya no podrá hacerte feliz.
-El Oráculo no existe para ser feliz -dijo sombría, luego clavó la mirada sobre él, visiblemente molesta-. ¡Él ha hecho tanto por mí! ¿Crees que tu hermano no me ha ofrecido la libertad?
Shaoran levantó las cejas en un gesto de incredulidad.
-¿Touya? Imposible.
-El que tú no lo creas no significa que no pueda suceder -acusó-. Incluso su ofrecimiento ha sido mejor intencionado que el tuyo. Él me propuso la verdadera libertad, tú sólo intentas escapar de un destino al que temes. Jamás has querido ser príncipe. Tienes miedo de la responsabilidad, disfrutas renegando de las leyes de tu reino y disfrutas aún más contradiciendo a Touya.
Shaoran se congeló en su lugar ¿acababa de decirle cobarde?
Porque si era así, ella tenía razón. Él era un cobarde, pero no por el temor al principado, sino por algo mucho peor: La profecía. Esa terrible profecía que tanto trataba de olvidar lo atravesó como una espada la rojo vivo. Si ahora se marchaba para no volver, dejaría de lado a Touya, luchando a solas contra ese destino común que se les había presagiado. Uno que debía ser enfrentado entre los dos.
Si cumplía con las palabras que acabara de decirle al Oráculo, si se marchaban, sólo significaría que él escaparía como una rata que huye cuando el barco se está hundiendo.
-Touya... -continuó el Oráculo- Touya me ofreció salir de aquí apenas unos días después de su coronación. Él vino a verme y debí darle mucha lástima, porque me dijo que esa noche no habría guardia en mi puerta, ni en la entrada sur del castillo, "si alguien quisiera salir nadie vería a esa persona". Esas fueron sus palabras.
-¿Por qué no aprovechaste esa oportunidad? -la idea de un Touya transgrediendo las reglas le parecía inverosímil y sin embargo lo creía, ahora la sorpresa era que ella rechazara la oferta.
-¿Qué iba yo hacer afuera? -gimió- ¿De qué iba a vivir? Soy realista, jamás lo hubiera logrado. Pero ahora te preguntaré Shaoran, ¿qué vamos a hacer tu y yo afuera?
-Encontraré la forma.
-Qué pasará cuando te canses de esa vida ficticia y otra vez decidas escapar. Pero ahora escapes de este Oráculo inservible.
-¿Es esa la imagen que tienes de mí?
El príncipe comprendió su desconfianza y gracias a esa última duda fue que supo la realidad de sus propias decisiones. Tomó aire y se puso otra vez de pie, consciente de todo lo que estaba a punto de decir.
-Es verdad -dijo mirándola hacia abajo, mientas ella seguía sentada en aquella elegante silla-, es verdad que siempre tuve miedo al principado, que odiaba a mi hermano para no tener que odiarme a mí mismo -frunció el ceño y su mirada se endureció-, pero ya no le temo a eso. Ahora puedo hablar con Touya como no lo había hecho en años, tengo el respeto de casi todos los generales y los idiotas con los que tuve que congeniar esta maldita noche. Ellos se tragaron todas mis palabras como si fueran ley. Estoy arreglando la mierda que solía tener por vida. -Se acercó a ella, volvió a hincarse y la miró a los ojos-. Esto. Este... escape, no lo estoy haciendo por mí. Entiéndelo por favor, que de nada vale todo lo que estoy recuperando si no estás tú conmigo. Si me voy contigo, dejaré todo lo que he ganado. A un hermano, a un pueblo agradecido, amigos... Eso duele, te juro que me duele hasta el alma, pero aun así no será un dolor tan grande como el que sentí cuando pensé en que jamás iba a volver a verte. No puedo dejarte aquí. No importa si me llaman cobarde, irresponsable o traidor. Puedo afrontar todo eso, menos el abandonarte en este maldito lugar y pagando un castigo que no te mereces.
Hizo la espalda hacia atrás, dándole así el espacio suficiente para que analizara bien sus palabras, sabía que podía usar otros métodos para convencerla, era mujer después de todo y sabía qué hacer para engatusar a una mujer, más todavía si era una tan inocente como el Oráculo. Pero no quería hacerlo, quería que ella eligiera con la mente en claro, porque igual que ella temía que él la abandonara a su suerte, a él también le daban escalofríos al pensar que ella pudiera arrepentirse de haberse marchado con él estando una vez solos y por su cuenta.
El príncipe mantuvo su distancia, mientras el Oráculo lo observaba en silencio, como si intentara leerle el alma y Shaoran se preguntó una vez más si entre sus tantas habilidades también el leer a las personas era una de ellas.
-¿Comprendes ahora? -insistió el príncipe, ya agotado por el escrutinio de sus ojos verdes. -Lo que soy, te lo ofrezco. Ven conmigo. No me dejes.
Sus ojos se ensancharon al escuchar eso último, la decisión la estaba dejando en ella.
-Sí, creo que tus palabras son sinceras y sin embargo no puedo arrebatarte tanto, no puedes dejar todo por una sola persona. Además -bajó la mirada-, de amor no viven las personas.
-¿Debo tomar estas palabras como una confesión de tus sentimientos hacia mí?
-Por dios, Shaoran, esto no es una broma.
-Y yo no estoy bromeando. Realmente necesito saberlo. Ahora es mí turno. Quiero... necesito saber si me quieres, si realmente me quieres a mí por ser quien soy, no como príncipe, no como el idiota que te lleva a vagar por la capital. Por mí.
Ella desvió la mirada.
-Y antes de que respondas -continuó, aprovechando su reticencia-, quiero que pienses también, que aunque hayas salido de estas paredes, sólo me conoces a mí y a Touya. Hay miles de personas allá afuera, personas mejor que yo, personas peores que yo. Quiero saber si es que sientes algo por mí, aunque sea mínimo, pero que sea por mi persona y no porque conmigo puedes salir de aquí.
Si Sakura pudiera, hubiera sonreído ¿le estaba preguntando si era una interesada? No era peor que cuando ella le cuestionó si lo suyo no era cobardía.
-¿Realmente estas dispuesto a hacerlo? -dijo, comprobando que la decisión del príncipe era sincera y determinada-. ¿Llevarme contigo e irnos de aquí? No volveríamos jamás, no volverías a ver a tu hermano, ni a tu amigo.
Shaoran asintió sin dudar un segundo. O al menos eso era lo que trataba que su cuerpo expresara, porque dentro de su alma, sabía que irse significaría algo mucho peor que eso, significaría abandonar a Touya a su destino. A ese terrible futuro que había caído como loza sobre su consciencia desde que la había escuchado.
¿Era capaz? ¿Era tan cobarde como para huir de su destino? ¿Abandonar la amenaza sobre su cabeza e irse a salvo junto al Oráculo?
Sí lo soy. Se dijo. Por ella seré lo que sea.
-Ahora dime, ¿me amas? -insistió poniéndose de pie y odiándose al decirlo, pero también recordando por qué lo hacía. -¿Vendrás conmigo?
Lo hacía por ella. Por ella se convertiría en el más grande cobarde y traidor de la historia.
Ella, por su parte, asintió repetidamente, suprimiendo las lágrimas que peleaban por salir de sus ojos.
-¡Sí! Si te amo -se puso de pie y lo abrazó-. ¡Llévame contigo! ¡Vámonos de aquí!
Shaoran le rodeó la espalda y dejó salir el aire que hasta ahora descubrió había estado sosteniendo en sus pulmones. Y aunque era mucha la adrenalina en aquel momento, gracias a la mezcla de sentimientos de culpa por abandonar a su hermano, de enojo, hacia las leyes de su país y de júbilo, hacia la mujer que ahora sabía estaría con él el resto de su vida, fue capaz de mantener la mente fría y pensar con claridad.
-Tienes que estar consciente -dijo-, de lo que estamos por hacer.
La sintió encogerse entre sus brazos, Shaoran no quería engañarla, prometerle la felicidad absoluta para luego mostrarle una realidad diferente. Además, necesitaba tiempo para planear el escape y para pensar en lo que harían allá afuera, pues así como decía el Oráculo... Necesitaban algo de qué vivir.
Sin embargo... si tardaba demasiado, si le daba la oportunidad al Oráculo de pensar mejor las cosas, de arrepentirse...
-Tardaré un poco un arreglarlo todo, te prometo que estaremos bien. Pero... Necesito estar seguro.
Ella se soltó un poco del abrazo y levantó la mirada hacia él, confusa.
-¿Seguro?
-Sí, asegurarme que no cambiarás tu decisión.
-Yo te lo prometo.
-Promételo, diciéndome tu nombre. Dime tu verdadero nombre.
Ella abrió los ojos de sorpresa, para después asentir con decisión.
-Mi nombre, es lo que siempre me ha recordado que sigo siendo una persona. Creo que es la mejor manera de comenzar esto. Mi nombre es, Sakura.
Shaoran estaba desprovisto de palabras, había esperado tanto por esto, escuchar ese nombre, lo que la separaba de ese título frío y lejano, y sin embargo, no dejaba de pensar que Sakura era un nombre lindo pero también común, de pronto se encontró pensando que ese nombre no le quedaba para nada, que no alcanzaba a describir todo lo que ella era.
Ella era luz y poder. Era esperanza y destino. No una flor que vive una temporada para luego morir a temprana hora
-Es hermoso.
No mentía, no del todo. El nombre le gustaba, además, ¿que era un nombre? Eso no importaba. La que importaba era la persona. Y ella, sin lugar a dudas, era hermosa.
Cuando vio su sonrisa y sus ojos abiertos y brillantes al escucharlo alagar su nombre, se dio cuenta que esta había sido la peor declaración de amor en la historia. Fue hasta este momento, cuando había hecho el más triste y lamentable intento de cumplido en el mundo, en el que se estaban comportando realmente como dos personas que acababan de descubrirse correspondidas en su amor. Antes de eso, el escape, la traición y la culpa les habían reclamado su entera atención.
Carajo, Shaoran ni siquiera lo había aceptado por sí mismo hasta hacía apenas unos minutos.
-Todo va a mejorar -le prometió, pese a que hacía unos instantes le había dicho que no lo haría-. Estaremos bien. Seremos felices.
Ella asintió, todavía con la sonrisa en sus labios y en ese momento Shaoran se dio cuenta que este era un buen momento en el que podía volver a besarla. Había estado fantaseando con eso desde el minuto siguiente en el que terminó ese primer beso tan lejano, así que ya no había nada que le impidiera hacerlo.
Le sonrió y cuando sus labios se unieron supo que había tomado la decisión correcta, que no había absolutamente nada que pudiera alejarlo de ella, que lo obligara a dejarla en este solitario encierro. Sin embargo... Todavía había algo, algo en la parte trasera de su mente que le incomodaba, que le impedía disfrutar por completo el beso.
Es la traición a tu hermano, le susurró una voz.
Pero trató de acallarla, trató todo lo que pudo en concentrarse en la persona a quien besaba, en esta mujer con nombre de flores, en su pequeño y casi inadvertido momento de felicidad.
Y ahora esa mínima degustación de felicidad debía alcanzarles para toda una vida.
X-X-X-X-X-X-X-X
Cuando salió de las habitaciones de Sakura (¡qué extraño era tener un nombre en mente al pensar en ella!), para dirigirse a la suya propia y ponerse a la tarea de encontrar una forma para salir de ese castillo y vivir junto a ella, el sol ya estaba lo suficientemente alto y sus rayos entraban por los altos ventanales. Pero el príncipe no ponía demasiada atención ni en su camino ni en los guardias que encontraba en los pasillos, pensaba en lo que acababa de hacer (o en lo que haría, en todo caso) y seguía convenciéndose que a pesar de no ser lo correcto dejar a Touya, sí lo era darle una verdadera vida a Sakura. No existía la opción de abandonarla a su suerte, eso definitivamente, no era ni correcto, ni justo.
Hubo un momento en el que se cruzó con un par de invitados nobles que habían permanecido en el castillo. Apenas verlo, el caballero se dobló por la cintura y la mujer dobló las rodillas, Shaoran detestó ese reconocimiento. Ya no llevaba máscara y aunque pocos lo conocían de mirada, el truco era que todavía llevaba las ropas del baile y eso lo señalaba como el príncipe del reino.
Inclinó muy levemente la cabeza como respuesta a la muestra de respeto, sin embargo no se detuvo y siguió su camino con la clara intención de no iniciar una conversación. Para esas personas nunca estaría de humor, y hoy menos que nunca, así que marchó con más apuro e intentando utilizar pasillos menos transitados.
Ese reconocimiento a su persona, por otro lado, le hizo plantearse la más grande duda: ¿realmente lo lograrían? ¿Sería posible vivir fuera de esas paredes por sí mismos en este mundo en el que sólo sobrevive el más fuerte, el que tiene el poder? ¿Dónde cada persona que se cruce con un superior social debe inclinarse no siempre por respeto sino por temor?
Llegó a sus habitaciones con la firme idea de tener en cuenta que ese era el principal problema que tenía que resolver. Salir del castillo sería la parte fácil, no importaba que Sakura revelara su seguro y secreto túnel. Él sin duda encontraría otra manera.
-De amor no viven las personas -recordó las palabras de la adivina. Con la firme intención de repetirse esa frase en cada momento hasta encontrar el modo de vivir a salvo con ella.
Se tumbó en el primer lugar que encontró, pudo sentir el peso del cansancio y la presión en cada parpadeo que se volvía más lento. No quería dormir. No debía dormir.
Sin embargo y pese a sus intentos, no pudo evitar quedar profundamente dormido, y soñar.
Soñó con su padre.
Soñó con el día de la muerte de su padre. El día que el rey recibió un flechazo en la espalda en esa última cacería de venados a la que asistió. Soñó exactamente cómo sucedió, pese a que él no estuvo en el evento. Vio cómo el caballo iba galopando por los bosques y cómo la flecha viajaba por el aire a una velocidad tremendamente lenta. El corría al lado de la flecha e intentaba detenerla, extendía su mano cuanto podía y al momento de casi tenerla en sus manos la estaca avanzó más rápido, dando en el blanco e impactándose en la espalda de su padre.
El caballo dio un relincho, parándose sobre sus cuartos traseros y el rey cayó al suelo. Pero cuando Shaoran llego a su lado, quien estaba tendido no era su padre sino Touya.
Su hermano se giró hacia él y le sonrió.
-No puedes detenerlo Shaoran. Lo siento
Al Touya cerrar los ojos, su cuerpo volvió a ser el de su padre, el príncipe se puso de pie y con el extraño conocimiento que se posee en los sueños, corrió hacia el lugar donde sabía se había disparado la flecha.
Cuando llegó al lugar, pudo ver a Sakura sosteniendo un arco y un carcaj de flechas a su espalda.
-¿Podemos irnos ya Shaoran? -le preguntó con una sonrisa de anhelo.
Despertó sudando y con lágrimas en el rostro.
-Ella no tiene la culpa -se dijo, estrujándose los cabellos-, el mensajero no es el responsable por la información. Ella no tiene la culpa.
El destino sí, en todo caso. Ellos eran sólo el juguete del destino.
Se puso de pie con un fuerte nudo en la espalda, había dormido al menos seis horas en un sillón con el cuello en una posición poco cómoda y todo el cuerpo sobre su brazo izquierdo. Mandó traer una alforja con agua fría y se lavó el rostro, tenía que cambiarse para asistir a la comida con los pocos invitados que había todavía en el castillo. Preferiría no ir, pero sabía que debía darle a Touya un sentimiento de seguridad, dar la impresión de que se estaba haciendo lo que él quería que se hiciera.
Cuando estuvo listo, salió hacia el salón comedor, vio a Yue al lado de su puerta, vigilando fielmente su sueño y sin embargo un segundo pensamiento llegó a su mente.
Yue... Yue había estado con ella la anterior noche. Touya debía saberlo, debía estar consciente de que Yue era su cómplice. La culpa lo remordió. Yue no sabía nada ¿qué pasaría con él cuando Shaoran se marchara? ¿Lo acusarían? ¿Lo torturarían en un intento de conseguir información para encontrarlo?
Pero... qué tal si era todo lo contrario... Qué tal si Yue era el verdadero traidor, aquel quien había avisado a Touya.
Tuvo el primer impulso de hablarle, de preguntarle directamente si alguien los había seguido esa noche, pues si era así, Yue definitivamente debió percatarse de ello. Nada escapaba a sus ojos.
Pero no lo hizo, esto era cosa seria. Ya no iba a tomar decisiones impulsivas, no podía hacerlo, necesitaba pensar las cosas con claridad, así que lo saludó con un leve movimiento de cabeza y continuó en silencio su camino hacia el salón.
Al llegar, tomó asiento al primer puesto de la derecha. Justo a un lado en donde Touya ocuparía su lugar, el rey aún no se hacía presente, faltaban poco menos de cinco minutos para que se diera la hora en que se servían los platos, pero una vez más, ese era el horario para él y los demás asistentes, no para el rey. El rey llegaría en el momento en que quisiera
Los asistentes, mientras tanto, hablaban entre ellos con camaradería, pero cuando sus ojos vieron al príncipe llegar, un silencio se cernió sobre los presentes hasta que este ocupó su lugar.
-Buena tarde, príncipe -saludó Kuzu con una inclinación de cabeza.
-Buena tarde -respondió Shaoran.
Pudo ver en los ojos de prácticamente todos los presentes la intención de comenzar conversación con él, parecía como si todos esos ojos fueran ojos de halcón cerniéndose sobre él.
Gracias a su suerte (la cual comenzaba a pensar era inexistente), Touya apareció en el instante siguiente. Llegó a tiempo, después de todo.
Todos se pusieron de pie mientras el rey lanzaba una breve ojeada a todos los rostros, su mirada se detuvo en Shaoran y el príncipe pudo percibir cierto alivio en su mirada cuando sus ojos se encontraron.
Claro, Touya temía que Shaoran hiciera una tontería, que todo se derrumbara y que decidiera volver a sus anteriores costumbres. Shaoran lamentó profundamente el engaño, porque lo que planeaba era mucho peor que volver a su anterior comportamiento, porque lo que planeaba hacer estaba más allá de cualquier tontería que antes hubiera cometido. Iba a dejar a su hermano sólo contra la muerte. Y eso, eso era peor.
Esta vez el malo de la historia era él y no Touya, porque ahora el príncipe lo entendía, entendía a Touya, comprendía que él vivía sólo para su pueblo, siempre había sido así. Sacrificaba su tiempo, sus propias necesidades, su cuerpo y alma por entero para concentrarse única y exclusivamente en su reino. Para Touya, el sacrificarse por el reino no tenía opción a duda y por eso veía normal el que todos los demás hicieran lo mismo. Sakura incluida. Después de todo, ya le había dado una oportunidad en los inicios de su reinado, le había dado la posibilidad de escapar y ella no la aceptó, ahora, cuando Touya ya era un rey de experiencia, cuando sabía que el bien mayor era la prioridad, encontraba normal que el Oráculo se mantuviera atada para poder seguir sirviendo al reino.
Shaoran nunca podría hacer eso. Él era más egoísta e interesado, menos altruista. Había, al fin y al cabo, crecido renegando de su pueblo y su posición. ¿Sacrificarse a sí mismo o a cualquier otro por el bien del reino? No podía. Simplemente no podía.
La comida transcurrió sin problemas, los asistentes se mostraban amables, respetuosos y curiosos. Recordó la sesión con los generales a la que había asistido días atrás y cómo ellos lo observaban con dudas. Estos nobles también lo observaban pero no parecían ser tan rígidos. Ellos estaban ahí sólo para curiosear.
Faltando poco para terminar el último plato, Touya pidió al príncipe que se quedara junto a él, ya que necesitaba hablar de un asunto privado. Lo dijo con un tono tan sencillo y natural que ninguno de los presentes le tomó demasiada importancia, al parecer era normal que las familias permanecieran a la mesa después que los invitados se retiraran, sin embargo, Shaoran sabía que ese asunto privado era más importante que cualquier estúpida conversación entre hermanos.
La habitación indudablemente se vació y Shaoran permaneció en su lugar. Los sirvientes llegaron y retiraron las sobras. Touya seguía sin decir nada mientras se lavaba las manos en una vasija de agua que un sirviente sostenía para él.
Afortunadamente a Shaoran nunca le molestó el silencio y además ahora sabía ser paciente.
-Creí que no vendrías.
El príncipe frunció el ceño. Touya ni siquiera lo había mirado.
-Puedes ver que no fue así.
El rey asintió y despidió al sirviente. Con otro movimiento de manos, Shaoran vio como los demás lacayos abandonaban el lugar, dejándolos esta vez completamente solos.
-Tenemos que hablar acerca de todo lo que está pasando.
-Eso ya me lo suponía-, Shaoran asintió.
-Debes entender por qué estoy haciendo esto. No debes verla más y quiero que sepas la razón.
-Porque según tus apreciaciones... -se adelantó el príncipe-, ella está enamorada de mí.
Lo dijo como si fuera el pensamiento más estúpido del planeta. Porque de pronto tuvo una excelente idea.
Podía convencer a Touya que esa historia del Oráculo enamorado del príncipe eran sólo ideas suyas, que no tenía nada que temer con respecto a eso y era posible que así pudiera ser capaz de seguir viéndola y poder planear mejor su escape.
Porque escaparían. En cuanto a eso no había marcha atrás. Sakura y él abandonarían ese lugar para siempre. Ella no podía seguir viviendo así, él no lo permitiría.
Touya, entre tanto, lo observaba con ojos penetrantes.
-¿Te parece tan inverosímil? -preguntó el rey intrigado.
-La pregunta es, ¿por qué estás tan seguro? ¿Ella te lo dijo?
Touya sonrió de lado y se reclinó hacia atrás sobre el respaldo de su silla.
-No. Es sólo que la conozco bien.
Shaoran no respondió a eso, simplemente porque no tenía modo de contradecir aquello. Sin embargo moría por ahondar más en el tema, quisiera preguntarle otras cosas más ¿cómo te diste cuenta? ¿Qué comportamiento cambió en ella? ¿Por qué estás tan seguro? ¿Crees realmente que me ame?
Porque aunque el mismo Shaoran la hubiera escuchado decir que lo amaba, la verdad absoluta era que lo creía realmente gracias a Touya. A esa seguridad con la que el rey aceptaba esos supuestos sentimientos de parte del Oráculo. Y nada más. Ella era demasiado ingenua e inexperta como para saber qué y por qué sentía las cosas.
¿Era sano todo esto? ¿Creer primero en la palabra de Touya que en la de ella?
¡Qué sabe del amor!
-Y qué sabes tú del amor -respondió Touya. Shaoran se enderezó en su lugar, incómodo al percatarse que eso último lo había dicho en voz alta. -Ella puede ser inocente, pero no es tonta y lo último que quiero es exponerla a más sufrimiento por causa tuya.
-No lo hice...
-...a propósito. Sí, eso ya lo dijiste. Pero aun así sucedió. Y por eso quiero que entiendas que lo mejor es que te alejes de ella antes que piense en hacer alguna locura. Si ella sigue viéndote, jamás volverá a estar en paz.
-Esa sería una paz incorrecta -replicó. Aunque su intención en esta velada era convencer a Touya que él no ocasionaría más problemas, no pudo reprimir su instinto que le gritaba replicar este sinsentido. Sin embargo, ya no agregó nada más. Debía recordar que su hermano veía siempre el bien mayor. El dolor de una persona era un precio bajo que pagar en comparación a todo el supuesto bien que hacían las predicciones de Sakura al reino.
No había sentido el seguir alegando con el rey.
-Si es correcto o no... -Touya suspiró-, no está en nuestras manos discutirlo. Ahora lo único que quiero es que esté tranquila, y si tiene que permanecer en este castillo, al menos que no sea con angustia. ¿Lo comprendes? ¿Comprendes que tu presencia será igual a incrementar su sufrimiento?
-Sí -musitó.
Lo sabía, demonios. Claro que lo sabía. Si ella se quedaba, se quedaría sólo a sufrir. Por eso es que iban a largarse lo más lejos posible.
-¿No intentarás volver a verla?
Shaoran lo miró a los ojos.
-Shaoran... ¿lo harás?
-No. No la veré más.
Touya soltó el aire que guardaba en los pulmones y pareció tranquilizarse.
-Lo entiendes ¿cierto? Entiendes por qué lo he decidido así.
Si, Shaoran lo entendía, pero eso no significaba que tuviera que estar de acuerdo con él.
-Lo sé Touya, se debe pensar primero en un país entero antes que en un individuo.
Touya abrió los ojos con sorpresa. Luego pareció relajarse.
-Bien, espero que ésta sea la última conversación que tengamos al respecto.
-Y así será, hermano. Permanece tranquilo.
X-X-X-X-X-X-X-X
Al principio imaginó que su bloqueo se debía a las muchas emociones e información que acaba de recibir. Pero después de varios días de no hacer nada más que pensar, llegó a la conclusión que no podía hacer esto solo.
La mejor idea que había tenido hasta ahora había sido pedir ayuda a Jin y Cuckoo. Alojamiento temporal para más adelante seguir su camino y valerse por sí mismos. Sin embargo, si iba a ser realista, ellos jamás lograrían sobrevivir bajo la forma de vida de las curanderas. Además que no era inteligente permanecer mucho en la capital (lo ideal sería abandonar la ciudad el mismo día de su escape del castillo). La segunda idea, que le parecía más segura, era una en la que necesitaba involucrar a alguien más.
Una persona en específico.
Así que desanimado y avergonzado de no ser capaz de solucionar el problema por sí mismo, aceptó que necesitaba ayuda de quien siempre terminaba salvándolo: Yorito.
Por supuesto tenía que ser Yorito. Necesitaba a su amigo, a ese amigo. Un hijo de conde, una persona con contactos, que tenía las posibilidades de ayudarle a crear una nueva identidad y una nueva forma de vida. Tenía claro que no podía exponer a Sakura a la vida sencilla que llevaban Jin y Cuckoo. Esa sería una diferencia abismal a lo que estaba acostumbrada y si de la noche a la mañana la sacaba de sus comodidades para arrojarla a la cruda realidad de los menos favorecidos sería estúpido e incluso cruel.
Así que a regañadientes y tragándose el orgullo, envió una carta a su amigo en la que solicitaba verlo lo más pronto posible. Además de ser el indicado, él era la única persona en la que confiaba, la que nunca le fallaba. Y por eso mismo grande fue su sorpresa al encontrarse con su negativa cuando le expuso su situación.
-No estás pensando con la cabeza -lo acusó Yorito, casi al instante siguiente que Shaoran terminó de decirle sus intenciones de marcharse. Se veía alarmado, casi desilusionado, como si Shaoran le hubiera fallado de alguna forma. -Esa mujer te ha vuelto loco.
-Al contrario, nunca había pensado con tanta claridad. Eres mi amigo y necesito tu ayuda. Esto no es como lo que hemos hecho hasta ahora. Es algo fuerte. Estoy diciendo que te necesito para comenzar una nueva vida, si tú no me ayudas, no hay nadie más que pueda hacerlo.
-¿Vas a abandonarlo todo? -insistió- ¿Cuando las cosas estaban marchando tan bien para ti? Nunca habías estado en tan buenos términos con el rey como ahora.
-Todo esto, todo lo que he tratado de hacer o cambiar... -aspiró y exhaló con fuerza, no era fácil decirlo- Ha sido por ella. Dejarla ahora no sería justo.
-Te estás autoexiliando. Rechazando los derechos que tienes por nacimiento. Y... ¡Y me estás convirtiendo en tu cómplice!
-Entrar a este castillo sin los permisos también es penado por nuestras leyes y nunca pusiste excusas.
-Es distinto.
-Sí, esta vez me estoy jugando el pellejo.
-Ahora me manipulas.
-¿Cuento contigo o tendré que hacerlo solo?
-Sigues manipulándome, sabes que esto no es algo que pueda hacer una sola persona y sabes que no te dejaré solo. Me estás obligando a acceder.
-No te obligo a nada, si tanto miedo tienes, puedo pedírselo a alguien más.
-¿Realmente? ¿A caso has pasado estos años ocultándome tu larga lista de amistades influyentes?
-Jin y Cuckoo -suspiró Shaoran, odiaba que Yorito tuviera razón-, ellas me ayudarán. Así que si decides hacerte a un lado, hazlo, pero al menos mantén la boca cerrada.
Yorito bufó con enfado.
-¡Nunca te traicionaría! Y no durarás dos meses en la forma de vida de los de clase baja. No has estado más de tres semanas bajo tus propios medios en la capital y ahora también otra persona dependerá de ti.
-En ese caso, haz lo que te pido. Te necesito.
-Eres un...
Al final no importó lo que Shaoran era, porque Yorito, por supuesto, terminó cediendo. Ante Shaoran siempre cedía.
Pero todavía no estaba totalmente vencido.
Después de darle su palabra a Shaoran que haría todo en sus manos por ayudarle en su nueva y desequilibrada idea, el hijo del conde se dirigió por tercera vez en su vida a la sala del Oráculo. La vigilancia era exactamente la misma, al parecer Shaoran tenía razón respecto a que el rey no estaba tan molesto por el hecho de haberla visitado a hurtadillas, sino que el enfado provenía de su insolencia al atreverse a enamorarla.
Yorito gimió al pensar en que ya se había percatado de la forma posesiva en la que el príncipe hablaba del Oráculo, sin embargo, ingenuamente había creído que sólo era un capricho, algo pasajero.
Claramente se había equivocado, y su equivocación ahora le costaba dejar a un reino sin príncipe heredero. Pensó en la persona que seguía en la línea real después de Shaoran y se estremeció. El rey Touya debía casarse cuanto antes.
Cuando finalmente estuvo dentro de las habitaciones del Oráculo, comenzó a buscarla de inmediato. Apenas y había empezado su tarea cuando la adivina salió de la nada, seguramente después de escuchar los ruidos que su búsqueda había provocado.
Se le veía apresurada y asustada, sin embargo Yorito dudó que ese miedo lo provocara él, pues cuando la mujer vio de quién se trataba, arrugó el entrecejo con confusión, deteniéndose a varios metros de él.
Esta vez Yorito no llevaba una capucha, ya no se veía (ni sentía) tranquilo como la primera y única vez que había estado en su presencia. Esta vez, ambos se miraban cara a cara y sin despegar los ojos uno del otro.
Al verla, el hijo del conde casi comprendió por qué Shaoran había perdido la cabeza por ella. Era de una belleza singular, no seductora pero tampoco totalmente inocente, sino que más bien poseía una especie de misticismo y fortaleza emanar del verde de sus ojos y que ahora parecía envolverlo por entero.
Si esta mujer le dijera su futuro, ya fuera bueno o malo, le creería cada palabra.
Sacudió un poco la cabeza, no estaba ahí para ver o admirar al Oráculo, tenía cosas más importantes que hacer.
-Tenemos que hablar, Oráculo.
Ella levantó una ceja.
-Adelante.
-Debes dejar al príncipe.
La mujer arrugó el ceño, el modo tan irrespetuoso en el que le estaba hablando, no había pasado inadvertido. A Yorito no le importó. Así que continuó.
-Estás arruinándolo -dijo acercándose un paso más-, no se suponía que...
-¿Arruinándolo? -lo interrumpió la adivina-. No he hecho ningún acuerdo contigo y no entiendo qué es de lo que hablas.
Yorito resopló, no se imaginaba que el Oráculo tuviera tal carácter, creyó que sería fácil disuadirla de hacer esta tontería. Ahora entendía que no iba a ser tan fácil.
-Escúchame por favor -suplicó, rebajando al mismo tiempo su tono de voz-. Te agradezco lo que has hecho hasta ahora. El príncipe estaba perdido hasta que llegaste. Era una persona egoísta y que no sentía empatía por nadie.
-¿Cómo hablas así de él? -la rudeza que había mantenido su voz y expresión, la abandonó para reemplazarla con incredulidad-. Creí que era tu amigo.
-Lo soy. Y estoy agradecido por tener su amistad, pero no importa cuán amigo fueras del príncipe, él jamás extendería la mano para ayudar a levantarte. Él sólo se ocupaba de sus asuntos y esperaba que los demás hicieran lo mismo.
》Hasta que llegaste -continuó con un suspiro-. Tú lo cambiaste. Y desde que me contó sobre ti supe que el cambio era gracias a tu influencia. Lo ayudaste mucho. Le regresaste su humanidad, le enseñaste a mostrar interés y compasión por otros. Fue entonces cuando vine a verte y te sugerí que siguieras sus ideas. Pero...
-Pero ahora, cuando él vuelve a ser humano, cuando ya le he ayudado todo lo que tú has querido, no te parece justo que ahora él me ayude a mí.
-No cuando eso significa que deba abandonar el lugar que le corresponde. ¿De qué sirve todo lo que ha hecho por ser un mejor príncipe si al final lo deja todo atrás?
-¿Y tú nos delatarás? Por renunciar a su herencia de sangre, por renegar a su derecho por nacimiento, el castigo que se le impondrá es la muerte. Y para mí... Para mí la muerte sería un descanso.
Yorito la miró asustado ante la seriedad en sus palabras, y sin embargo no podía imaginar al rey firmando la orden para la ejecución de su hermano menor. Eso simplemente no podía pasar.
-Sabes que nunca lo delataría.
-Entonces vete de aquí. Porque no entiendes nada.
-¿No cambiarás de parecer? ¡Tú misma acabas de decirme las consecuencias que pueden traer sus acciones!
-No. Si él no lo hace primero, si el no decide quedarse por voluntad propia... Yo no lo haré.
Yorito se tragó las palabras que quería decir porque seguía teniéndole respeto. Se dio la vuelta para marcharse, estaba enfadado y desesperado. No tenía idea que el ansia de libertad de esta mujer sería tan enorme como para causar un mal tan grande a la familia real. Sin embargo, antes de salir escuchó la voz de ella una vez más.
-Entiendo lo que has tratado de hacer y respeto eso, pero no pretendas comprender lo que pasa en este que es mi lado. No le diré a Shaoran que has venido, pero no vuelvas más aquí.
Yorito se volvió y se inclinó ante ella.
-Haré todo lo que pueda para que ustedes estén seguros a donde sea que vayan. Vivirás bien Oráculo. Pero a cambio le pediré una sola cosa.
Ella enarco ambas cejas, la conversación completa se había realizado sin formalidades y que Yorito decidiera hablarle tan correctamente de un momento a otro le mostró que su petición era una seria.
-Haga que no se arrepienta -dijo en un susurro que parecía súplica-. Que no se arrepienta de abandonar su lugar. Que sea feliz. Que valga la pena.
-Así será -esas palabras al salir de su boca sonaron fuertes, casi arrogantes, como si estuviera completamente segura que el amor de aquel príncipe era inquebrantable y que el propio amor de ella no lo dejaría apagarse en ningún momento. Que perduraría hasta la eternidad.
Yorito se marchó con algo de alivio mientras Sakura se repetía una y otra vez la cláusula del noble.
¿Que no se arrepienta? Precisamente ese era el plan.
X-X-X-X-X-X-X-X
Era un buen plan, no excelente, pero sí bueno.
Había la posibilidad de que Yorito fuera capaz de robar los sellos de su padre y así crear papeles falsos que lo convertiría permanentemente en "Haru", pero no sería el mismo hombre que vagaba por la capital, este sería un caballero, alguien con un título. De este modo, Shaoran podría comenzar de nuevo en algún lugar lejano, donde nadie lo conociera. Para eso, Yorito también tenía la solución: el reino de Ailes, Shaoran y Sakura podían marcharse hacia allá, el país era un aliado, además de que ahí había cierto Duque, amigo y familiar lejano de los Shinohara, la familia de Yorito, en el que se podía confiar y al que Shaoran pediría ayuda.
-Recuerda, que llegarás en desgracia. Le pedirás ayuda, trabajo. Para alguien de "tu clase social" será humillante pero aun así deberás hacerlo. Al menos esa parte no deberás fingirla -le había dicho Yorito cuando afinaban detalles de su traslado-. Serás un noble de bajo rango al que la suerte no ha favorecido. Pero trata de caerle bien, el hombre es duro pero justo. Estoy casi seguro que te ayudará.
Shaoran había asentido con esperanza. Dado el supuesto que el sujeto no cediera, no había plan B, y ninguno de los dos había tocado ese punto hasta ahora. El pensamiento de Shaoran cada que eso cruzaba por su mente era un osado "ya me las arreglaré".
Sin embargo, había otro problema inmediato que debía resolver y que era igual de importante: la fuga.
Era un hecho que debía encontrar otra manera de abandonar el castillo. El túnel que tanto le había servido y que daba al viejo camino abandonado, estaba ahora custodiado en todo momento por dos guardias estacionados y se hacían cambios cada cuatro horas. Shaoran lo había comprobado por sí mismo y no sabía si era debido al reciente refuerzo en la seguridad general del castillo, o porque Touya vigilaba que no se atreviera a salir de nuevo con Sakura.
Si Touya lo conociera mejor, sabría que eso no sería un impedimento para él, encontraría, de eso no cabía la menor duda, otra forma de salir de ahí, sólo que esta vez no podía involucrar a su amigo, si los atrapaban, tal vez Touya reaccionara de forma más violenta y los enviaba a todos al cadalso por traición y deserción.
Debía de hacerlo solo. Y de la manera más segura, dado que llevaría a una mujer a sus espaldas.
Suspiró. Nadie dijo que sería fácil.
Era por eso que se pasaba los días deambulando por el castillo, contando guardias, observando los horarios de los recorridos, cambios de vigilancia, las armas que portaban... Todo esto con la intención de poder maquinar el escape de una forma lo más segura posible, pero también con la esperanza de encontrar algún otro camino secreto igual de bueno que el anterior.
Por supuesto, con respecto a eso último nunca tuvo éxito.
Comenzó de igual forma a llevar una especie de "práctica" con Yue. Pese a no querer escapar por la fuerza, necesitaba estar preparado para cualquier eventualidad y sabía que era extremadamente difícil que se encontrara en su camino alguien igual o mejor de bueno que Yue en la pelea mano a mano. Cada vez que caía al suelo, que recibía un golpe o que se quedaba simplemente sin aliento para continuar en tales prácticas con el guardián, pensaba en la posibilidad de que el mismo Yue fuera una de esas personas que se interpusieran en su camino.
¿En dónde estaba la lealtad del caballero? ¿Con él o con Touya?
Hasta hacía unos días hubiera jurado que con él. Ahora no sabía nada y dudaba de todo.
Mientras tanto los días seguían pasando, Shaoran había dejado de ver a Sakura. Después de aquel día había vuelto sólo una vez más para decirle que no volvería a verla hasta el día de la fuga, del cual aún no tenía una fecha definida por lo que debería mantenerse atenta en todo momento. Sobre todo durante las noches.
Así que después de observar, practicar y planear, Shaoran decidió que ya se le habían acabado los motivos para seguir esperando. Esa misma mañana llamó a Yue y ambos se dirigieron al castillo de los Shinohara, esto para ir por los papeles de su nueva identidad, los cuales Yorito ya le había comunicado hacía días que estaban listos.
Durante el camino a caballo hacia el castillo de su amigo, Shaoran notó cómo las miradas que recibía de las personas a su alrededor ya no le causaban tanta molestia, parecía estarse acostumbrando.
Bajó la cabeza. Era horrible. No debía sentirse así, no debía comenzar a sentirse cómodo en esta vida que le pertenecía pero a la que estaba a punto de abandonar.
Yue y él bajaron de sus caballos y entraron al castillo. Yorito ya lo esperaba, la rutina se repitió, el guardián esperó en una sala adyacente mientras el príncipe y el noble solucionaban sus asuntos.
El noble se veía nervioso y ausente. Shaoran atribuyó eso a las actividades extremadamente delictivas que estaban haciendo.
-¿Lo tienes?
Si Yorito se sentía tan incómodo con esto, lo mejor sería acelerar las cosas. Tomar aquello por lo que vino e irse.
-¿Qué? Por supuesto, aquí está.
Se dirigió hacia un cajón, sacó una llave de sus vestiduras para abrir dicho cajoncito y extrajo un montón de papeles atados con un lazo azul.
-Aquí están los papeles que te acreditan como un noble don nadie –dijo, extendiendo los títulos al príncipe.
-Yorito…
-Y también están los del Oráculo. Desde hoy es alguien, llevará por nombre Sakura, así como lo solicitaste.
-Escucha, sé que esto no te agrada.
-Lo detesto sí. Pero… -exhaló-, tú vas a detestar todavía más lo que sigue.
Shaoran levantó una ceja.
-Explícate.
Yorito trató de hacerlo lo más impersonal posible. Demostrar que no tenía miedo de lo que fuera a pasar después que Shaoran escuchara todo. Pero no pudo, contó todo con miedo, con nerviosismo y lanzando miradas hacia Shaoran de tanto en tanto mientras confesaba que él ya había visto al Oráculo, que desde que supo del singular interés que Shaoran tenía hacia ella creyó que sería una buena forma de hacerlo entrar en razón. De hacerlo una mejor persona, un mejor heredero.
Continuo hablando, disculpándose y aceptando toda la responsabilidad que su confesión conllevaba.
Cuando terminó, Shaoran seguía mirándolo con esos ojos profundos e indescifrables.
-Ahora lo sabes. Traicioné tu confianza.
El príncipe por su parte no sabía qué responder. Sí, se sentía traicionado y sin embargo, cuando escuchó el sonido de los papeles de su nueva identidad crujiendo es sus manos se detuvo y tomó control de sus primeros impulsos.
Tomó aire y miró a su amigo.
-Siempre me has ayudado -dijo al fin-. Tú estuviste conmigo cuando nadie más pudo o quiso hacerlo. Me has escuchado, me has soportado -tomó aire-. Por eso... Por eso estoy seguro que esto lo hiciste pensando en ayudarme.
Yorito lo miró con incredulidad.
-Tenías razón -continuó el príncipe-, ella me ayudó a ser mejor. Por eso sé que estoy haciendo lo correcto marchándome con ella. Así como ahora sé que hiciste lo correcto en pedirle a que se acercara a mí. Esta es mi decisión y viviré con sus consecuencias. Pero sabré siempre que fue lo correcto.
-Lo sé. También lo entiendo.
Extendió la mano hacia su príncipe, Shaoran hizo lo mismo y se dieron un apretón. Las formales inclinaciones sobraban en ese momento.
-Estos documentos han estado listos desde hace días. Que vengas hasta el día de hoy por ellos debe significar que te irás pronto ¿cierto?
Shaoran asintió.
-Te deseo la mejor de las suertes.
-Quisiera pedirte un último favor.
-El que quieras.
-¿Podrías escribirme? Quisiera saber acerca de mi hermano.
Yorito sonrió.
-Claro. Ten por seguro que lo haré.
X-X-X-X-X-X-X-X
En la noche bajó al salón comedor. Esa sería su última comida con su hermano.
Era un día de muchas últimas veces.
El estómago se le hizo un nudo, pero aun así se mantuvo firme y tomó asiento a un lado de Touya. La cena transcurría en silencio, uno que Shaoran deseaba con ansia romper pero que no tenía idea de cómo hacerlo. Quería despedirse, disculparse, rogar por su perdón, explicar su situación y la de Sakura, en resumidas cuentas, quería asegurarse que Touya no lo odiara, y sin embargo, sabía que no había modo de evitarlo.
No puedo dejarla, Touya, pensaba, no puedo condenarla así.
Pero su boca no se abría y su garganta no expulsaba ningún sonido.
De pronto, y para alivio del príncipe, Touya terminó con el mutismo y comenzó a hablar de asuntos del país, las batallas que se estaban dando en los límites del reino, la vigilancia del castillo la cual no reportaba ninguna novedad (Shaoran se estremeció al escuchar eso último), y de cómo planeaba enviar un embajador a Ailes. Shaoran escuchaba y respondía cuando era debido, Touya se veía tranquilo, nada parecía preocuparlo, ni siquiera la profecía. Aquella que aún seguía sin dejar dormir a Shaoran.
¿Sería cierto? ¿Sería cierto que era tan fácil cambiar el futuro? ¿Sería posible que Touya sobreviviera?
Si muere... Si Touya muere. Jamás me lo perdonaré.
-¿Recuerdas aquella vez que salimos al bosque con papá, tú y yo?
Touya se interrumpió ante el comentario de Shaoran.
-Si... Tú eras muy pequeño. No sabía que lo recordaras.
-Apenas unas imágenes, estoy seguro que la mayoría son más invenciones mías que recuerdos.
Touya se encogió en hombros.
-No debimos distanciarnos tanto -agregó el príncipe-. Lo siento mucho.
-Creí que ya habíamos zanjado ese tema. Ambos fuimos culpables.
Shaoran asintió, Touya no sabía que el príncipe pedía disculpas no por lo que había hecho en el pasado, sino por lo que haría esa misma noche.
-Creo que has sido un buen rey, jamás llegaría a ser la mitad de bueno que tú.
-¿Lo dices por la profecía? –Replicó el rey-. No tendrás oportunidad de ser rey, no pienso morir.
Shaoran sonrió. Eso era justo lo que necesitaba, escuchar una vez más la testarudez de su hermano, con ese aferro a la vida, Touya no iba a dejarse morir.
El tiempo avanzó y los platos fueron retirados pero Shaoran no se puso de pie.
-Hoy fui a visitar a Yorito.
-Lo sé.
Silencio.
-Yue me acompañó.
Touya lo observó con una ceja en alto.
-¿Se supone que esto va a alguna parte?
-No -se apresuró a responder-. Sólo… creo que me retiraré, si no tienes algo para mí.
Touya hizo un ademán con la mano para que continuara.
-Adelante, puedes retirarte.
Shaoran se puso de pie.
-Adiós.
Touya ya se había puesto de pie, asintió con la cabeza como simple gesto de despedida, sin ponerle atención al último adiós que recibiría de su hermano y se dio la vuelta para salir por una segunda puerta diferente a la que Shaoran pretendía usar.
El príncipe avanzó hacía su propia salida, pero antes de marcharse miró hacia atrás. Sólo alcanzó a distinguir la esquina de la bota de Touya saliendo por el resquicio del umbral.
Sin decir una palabra más, caminó hacia sus habitaciones con calma, no había por qué apresurarse, tenía pensado esperar hasta pasada la media noche para iniciar con todo. Yue lo seguía a una distancia prudente, después de la amenazante profecía, Touya le había insistido en que el guardián permaneciera a su lado y Shaoran no se negó. Sin embargo, era momento de deshacerse de él.
Llegados a las habitaciones del príncipe, Shaoran sacó una carta sellada y se la dio al guardián.
-Yue, necesito que le entregues esto a Yorito, y solamente a él. Deberás esperar a que la lea y escriba una respuesta para regresar.
Eso le daría el tiempo suficiente. Yorito no estaba en su castillo, había asistido a un evento social con otros nobles, Yue perdería tiempo en ir hasta allá, buscarlo y después esperar la respuesta para una hoja en blanco. Era perfecto. Para ese entonces Shaoran y Sakura ya estrían fuera. Si la buena suerte los acompañaba.
Yue tomó la carta y la observó con seriedad.
-Mi señor, yo no debería separarme de usted. Puedo enviar uno de los jinetes más veloces para que se encargue.
-Esto es importante Yue, necesito que lo haga una persona de confianza. Necesito que lo hagas tú.
-Sí mi señor, yo soy su hombre de confianza, por eso esto no es necesario.
-Te estoy ordenando que lo hagas y no está a discusión. –siseó. Su paciencia estaba agotándose.
Yue plantó una rodilla en el suelo y bajó la cabeza.
-Puede confiar en mí. Sé lo que planea hacer. Sé que piensa fugarse con el Oráculo.
El límite de impresiones para Shaoran estaba altamente sobrepasado. Ya no estaba de humor para nada.
-Levántate. -casi rugió. Yue así lo hizo-. Habla.
-El día del baile de máscaras –comenzó-. Esa mujer… su actitud era extraña, pero nunca hubiera podido imaginar siquiera de quien se trataba. Sin embargo, lo deduje horas después, cuando usted y el rey fueron a las habitaciones del Oráculo esa misma madrugada.
Shaoran dejó salir el aire de su nariz con ironía. La ira había desaparecido, ahora se sentía más tranquilo. Yue no era un traidor después de todo. Había alguien en quien podía confiar.
-Fue fácil para ti, después de todo. Ahora lo veo. Continúa.
-Después de ese día usted no volvió a verla, lo sé, he estado a su lado todo el tiempo. Al principio creí que iba a dejarla, ella me lo dijo, dijo que su relación no iba a terminar bien para ninguno de los dos. Supuse entonces que había acabado... hasta que me percaté que comenzó a reconocer el sistema de vigilancia en el castillo y además la insistencia en mejorar en batalla.
Y también, pensó Yue, lo habían delatado esos cambios tan repentinos de ánimo. De pronto lo veía depresivo, sin esperanza, luego, en esas prácticas "casuales" lo envolvía una furia casi demoniaca, como si quisiera acabar con el mundo entero. Además, él mismo los había visto juntos, tanto en la plaza de la capital como en el baile de máscaras. No había duda.
Era evidente que estaba más que interesado en esa mujer de sentimientos tan altruistas. Yue todavía no podía olvidar aquella conversación sin sentido en aquel entonces que había temido con ella y que ahora le explicaba todo.
"Él es un buen hombre. Pero se está arriesgando demasiado con esto. Conmigo. Yo no debería estar aquí, Yue."
El príncipe se había enamorado de esa mujer, no había duda, sin embargo eso no lo iba a decir en voz alta. Esas cosas no se decían en voz alta.
-Pretende escapar -continuó Yue-, y lo hará peleando.
-No precisamente. Pero debo estar listo para eventualidades.
-¿Yo por ejemplo?
-Estaba a punto de deshacerme de ti, como puedes ver. Nadie saldrá herido, si es lo que te preocupa. No quiero manchar demasiado la imagen de... -se detuvo. Luego comenzó a pasear por la habitación con aire despreocupado-. Digamos que prefiero mantener el perfil bajo.
-Señor, quiero ayudarlo.
Shaoran dejó mostrar una sonrisa sin gracia.
-Este es un viaje de dos, amigo mío.
-Sólo le ayudaría a salir seguro, más allá de la capital no lo seguiré. ¿Cuál es el plan de escape? ¿Es seguro?
-He reconocido los tiempos en los cambios de guardias, puedo dejar inconscientes a los que guardan las puertas de salida sin hacer escándalo.
-¿Y dejará las puertas sin vigilancia?
-Bien, ahora que lo sabes, tú podrás estar atento.
-Es arriesgado y lo sabe. Déjeme ayudarlo, hay otra manera más segura.
Shaoran dudó.
-Touya... Si él se entera será tu fin.
-Nadie lo sabrá. Sólo escuche lo que podemos hacer y después decida. Después de eso haré lo que usted ordene.
Shaoran se dio el lujo de considerarlo. Sí, estaba cansado de dudar, de encerrarse en sí mismo. Necesitaba confiar en alguien, quería confiar en alguien, la confesión de Yorito lo había dejado más descolocado de lo que había pensado. Pero Yue, Yue hasta ahora no había traicionado su confianza.
-Necesito que hagas lo siguiente.
Yue sonrió al escucharlo. Shaoran trató de recordar la última vez que lo había visto sonreír.
No lo logró.
X-X-X-X-X-X-X-X
-Sakura.
La inconfundible voz de Shaoran susurrando su nombre (¡su nombre!) la hizo dar un brinco en su lugar. Corrió hacía él en silencio gracias al descalce de sus pies y la ausencia de sus múltiples joyas. Desde la última vez que se vieron no se los había puesto un solo día, había estado esperando este momento. Sabía que cuando Shaoran llegara por ella no iba a tener tiempo de quitarse de encima todo eso.
-¡Shaoran!
Se abrazaron con rapidez, Shaoran se separó apenas y un segundo después del contacto.
-Debemos irnos ya. No quiero esperar hasta que vuelvan a cambiar la marcha los guardias de la puerta.
Ella asintió y salieron por las enormes puertas. Sakura ni siquiera volteó atrás cuando entraron al pasaje secreto, si lo hacía tal vez podía arrepentirse. Se recordó por qué hacía esto, eso le dio la fuerza necesaria.
Al salir por el final del pasaje, Shaoran corrió hacia una esquina, donde un montón de ropas los esperaban. Pero no eran para ambos, sólo para ella.
-Ponte esto rápido.
Ella así lo hizo, Shaoran por su parte corrió y pegó la oreja a la puerta. El príncipe apenas y tenía que girar el cuello para poder ver la desnudez del Oráculo, pero ninguno de los dos tenía mente para preocuparse por eso ahora. Había otras prioridades.
-Estoy lista.
Shaoran se giró y asintió.
-Bien.
Volvió a pegar la oreja a la puerta y después de un momento de escuchar, tomó aire y extendió la mano hacia ella al mismo tiempo que abría la puerta.
Sakura tomó su mano sin dudarlo, sin embargo el príncipe no se conformó con eso, sino que la acercó a él y la tomó por la cintura, avanzando hacia afuera sin el menor indicio de sigilo o interés en esconderse. Simplemente avanzaban por el pasillo en una caminata lenta.
-Shaoran... ¿Qué pasa? ¿Qué estamos haciendo?
-Trata de sonreír un poco y relájate.
-No entiendo.
-Tranquila. Vamos hacia mis habitaciones.
-¿Qué? Pero pensé que... -dejó la frase sin acabar al escuchar unos pasos acercarse al final del pasillo. Paró en seco, su corazón comenzó a latir desbocado, intentó girarse hacia el lado contrario para huir de ahí pero Shaoran la sujetó con más fuerza, evitando que se moviera en absoluto.
Gracias a que su completa atención estaba en el sonido de los pasos acercándose más y más, Sakura no se dio cuenta que Shaoran se había inclinado hacia ella hasta que lo escuchó susurrarle al oído un "relájate".
Pero no se relajó, la tensión la estaba consumiendo, eso, hasta que lo escuchó suspirar para después levantarle la barbilla con la mano. Sakura lo miró a los ojos y al minuto siguiente él la estaba besando.
Por un momento todo se detuvo, los pasos dejaron de sonar en sus oídos, su corazón seguía latiendo con fuerza pero el miedo ya no era su causante. Todo lo demás pasó a segundo plano.
Sin embargo el hechizo terminó cuando Shaoran detuvo el beso abruptamente.
-Ah, eres tú -dijo el príncipe.
Sakura no entendió a qué se refería hasta que giró su cabeza y vio a un guardia parado en medio del pasillo.
Oh, sí. Los pasos.
-Mi señor. Discúlpeme.
-Olvídalo -respondió Shaoran indiferente y sin soltarla en ningún momento-. Vayamos a un lugar más privado.
Sakura apenas y pudo asentir al darse cuenta que eso último iba dirigido a ella, mientras el guardia pasaba de lado y ellos seguían avanzando hacia las habitaciones de Shaoran, todavía con ese caminar lento y desesperante.
Se dieron al menos otros tres encuentros con guardias en el camino. Y en cada ocasión la presión de su corazón se elevó como nunca antes en su recluida existencia
La seguridad del castillo era visiblemente mayor. Sakura se preguntaba cómo era que iban a salir de este lugar y por qué rayos Shaoran no hacía nada por ocultarse. La mitad de la guardia se enteraría de esto. Touya se enteraría de esto y parecía que al príncipe poco le importaba.
No tenía sentido, los ya sobrecargados nervios de Sakura agradecieron en silencio cuando finalmente llegaron a su destino.
-¿Qué fue todo eso? -preguntó entre molesta, asustada y estresada, después de que Shaoran cerró las puertas de sus habitaciones detrás de ellos.
-Es nuestro camino para salir de aquí -le respondió sonriendo-. Esperaremos un par de horas al amanecer y después te irás con Yue.
-¿Yue? -Abrió sus ojos de la sorpresa al mismo tiempo que giraba la cabeza a ambos lados, buscando al guardián.
Yue estaba de pie entre las sombras donde las luces de las velas no lo tocaban. Serio e imperturbable como siempre, el guardián inclinó la mitad del cuerpo como saludo.
-Está bien -murmuró Shaoran al ver las dudas de la adivina-, él está conmigo.
Sakura asintió, sin embargo todavía se le veía dudar.
Shaoran suspiró.
-Él lo sabe todo, Sakura. Nos ayudará.
La adivina volvió a asentir, esta vez un poco más convencida.
-Mi lealtad está con el príncipe mi señora. Me haré cargo de su seguridad, como también la de usted.
Esta vez Sakura pudo permitirse el nacimiento de una sonrisa en la esquina de la boca. Las dudas parecían haberse marchado.
-Te agradezco con el corazón Yue.
Shaoran miró al guardián asentir impertérrito, pero el príncipe sabía que era nada más que una fachada. A él no lo podía engañar, nadie mejor que Shaoran conocía el impacto que provocaba Sakura en idiotas malhumorados como ellos dos.
-Me alegra mucho verte de nuevo -agregó ahora la mujer con una sonrisa completa iluminándole el rostro-. Pero... no entiendo -miró a Shaoran-, lo que significa aquello que me iré con Yue. ¿Tú no vendrás con nosotros?
Shaoran rio con nerviosismo.
-No, por el momento no. -Tomó aire con profundidad-. Esto será algo incómodo...
-Estaré vigilando la puerta, mi señor. Si me necesita llámeme-se disculpó el guardián saliendo hacia el pasillo.
-Sí, Yue -Shaoran asintió haciendo un ademán de manos-. Gracias.
Cuando la puerta se cerró tras el guardián, Shaoran volvió a sonreírle a Sakura, quien no sabía exactamente como sentirse al respecto de todo lo que estaba pasando. Muchas personas los habían visto pasear por los pasillos, y Shaoran no se veía para nada preocupado, de pronto todo el estrés por el que había pasado todos estos días parecía no haber valido la pena.
¿Qué significaba todo esto?
-Escucha. No sé qué tan relacionada estés con la vida fuera del castillo.
-Conozco las suficientes normas sociales y leyes, Shaoran. No soy tan ignorante como piensas.
-No era mi intención llamarte ignorante -Se apresuró a responder-. Verás, esta noche envié a Yue a buscar...una mujer... una mujer para pasar la noche.
Sakura abrió los ojos de sorpresa. El enojo casi la domina, pero de pronto entendió.
-Yo saldré en su lugar. Seré yo la ramera.
-En esencia sí -luego frunció el sueño- pero tú no eres una ramera.
-Saldré por la puerta principal a la vista de todos -lo dijo como hecho y como pregunta al mismo tiempo, no lo podía creer.
-El escape perfecto.
-Es una locura.
-Es a prueba de tontos -le restó él importancia-. Yue te llevará a la salida. Absolutamente nadie te conoce. Y Touya todavía estará durmiendo. Confía en mí, para mañana a estas horas estaremos lejos de aquí.
-¿Qué pasa con la mujer? ¿Dónde está?
-Con Yumi, la joven que está a mis servicios. El día de mañana, cuando el sol ya esté en lo alto, saldrán por un encargo mío, como si ambas pertenecieran al servicio del castillo. Pero sólo Yumi regresará.
-¿Estás seguro que esto funcionará?
-Lo estoy. Tú... ¿sigues pensando igual? ¿Sigues deseando... -estuvo a punto de decir "escapar", pero prefirió cambiar la palabra-, salir de aquí conmigo?
-Sí -contestó ella sin demora.
-Bien. Ahora sólo esperamos.
-¿Yue se quedará fuera?
-Debe de hacerlo, su trabajo es velar por mi seguridad. En especial cuando se supone estoy ocupado.
Sakura asintió y comenzó a pasearse por la sala, tratando de ocultar el sonrojo que le ocasionó el pensar en lo que supuestamente estaban haciendo para mantener a Shaoran ocupado. A lo largo de los días de las muchas cosas que esta nueva situación le había llenado la mente, una de ellas era esa última. Que precisamente iba a escapar con el príncipe, con Shaoran, y no como una buena amiga sino como mujer. Iban a escapar como una pareja.
Sabía de estas cosas, sabía lo que significaba escapar con él, lo que eran las relaciones entre hombre y mujer, sin embargo, eso no significaba que estuviera menos nerviosa.
Se detuvo en su andar y miró a Shaoran quien ahora revisaba un pequeño saco con lo que ella imaginó sería dinero o ropa. ¿Qué tan lejos irían? Lo más lejos que Sakura había llegado en su vida había sido hasta la plaza de la capital y eso sólo gracias a Shaoran. ¿Cómo serían otros pueblos? ¿Otras ciudades? ¿La gente?
-Tengo miedo.
La declaración salió sin pensarlo, fuerte y clara de su boca. Porque sí, tenía miedo. Mucho miedo. Miedo al pensar si su reciente relación con Shaoran realmente funcionaría. Miedo de un nuevo lugar donde dormir. Miedo de que alguien reconociera a Shaoran mientras escapaban. Miedo de no saber cómo vivir.
El príncipe levantó la mirada hacia ella con igualmente algo parecido al miedo en sus ojos.
-Sakura... -se acercó a ella-, Sakura por favor, no puedes arrepentirte.
¿Arrepentirse? No. No podía arrepentirse.
-Nunca. Si tú no decides quedarte por ti mismo, yo jamás me arrepentiré. Pero... me asusta la libertad.
-Estaremos juntos. Todo estará bien ya verás.
La adivina sonrió de lado y asintió, Shaoran la abrazó susurrándole palabras de ánimo al oído, "todo está arreglado no hay de qué preocuparse", "nada malo va a pasar", "ya verás todas las personas y lugares que conocerás, te encantará".
Y entre más cosas le susurraba, entre más promesas de felicidad y tiempos mejores salían de su boca, Shaoran no pudo evitar pensar como si la mujer que sostenía entre sus brazos, no era más que una niña asustada de salir de su habitación.
De este modo pasaron las horas faltantes al amanecer, entre susurros de calma y algunos besos. La luz gris antes del amanecer llegó entonces y Yue volvió a entrar a la sala, fresco y sin ningún signo de fatiga en sus ojos, pese a haber pasado toda la noche en vela, igual que ellos.
-Es hora, mi señor.
-Harás todo lo que Yue te diga -dijo Shaoran juntando su frente con la de Sakura-, me encontraré contigo cerca del mediodía.
-Está bien.
-Te amo -le dio un beso rápido en los labios-. Ahora váyanse.
Sakura dio unos pasos inseguros hacia atrás, hasta que Yue la tomó del brazo.
-Vayámonos mi señora, entre más rápido atravesemos los muros, mejor.
Sakura dio una cabeceada.
-Nos veremos al mediodía -repitió Shaoran y su mirada determinada le calmó el corazón al Oráculo.
La salida del castillo fue fácil y anticlimática, tal y como Shaoran le había prometido. Caminar en silencio detrás de Yue no fue un problema para ella y cuando los guardias de la entrada preguntaron quién era la mujer que lo acompañaba Yue contestó sin más: "la compañía del príncipe".
Los hombres asintieron sin preguntar dos veces y así el Oráculo abandonó su título y se encontró fuera de aquel castillo que durante la mayor parte de sus años de vida la había albergado. Se había prometido a sí misma no mirar atrás, sin embargo no pudo. Con la barbilla sobre el hombro izquierdo Sakura pudo ver la silueta oscura del castillo empezando de a poco a iluminarse con la saliente luz del sol. Un avasallador silencio permanecía, ella era buena con el silencio, así que lo tomó como la mejor manera de despedirse.
Sonrió con melancolía y giró el rostro de nuevo al frente.
Dejaba a Touya atrás, eso no cambiaría. Sin embargo tal vez, tal vez era posible que ella lograra hacer feliz a Shaoran.
The night has reached its end/ La noche se acabó
We can't pretend/ No podemos fingir
We must run/ Debemos correr
We must run/ Debemos correr
It's time to run/ Es hora de correr
Take us away from here/ Sácanos de aquí
Protect us from further harm/ Protégenos de todo daño
Resistance!/ ¡Resistencia!
Fin de la primera parte
* "the thought pólice" o "policía del pensamiento". En la canción Resistance de Muse, hacen referencia al libro "1984" de Gorge Orwell, donde la humanidad está sometida bajo "el gran hermano" que lo vigila todo, le dice a las personas qué pensar, qué sentir y cuando sentirlo. La policía del pensamiento es la organización que se encarga de encontrar y arrestar a aquellos que se atrevan a tener pensamientos propios. ¿Te interesa? Por favor léelo.
Notas del Autor:
Deben preguntarse... Esperamos 10 capítulos para ver un simple beso y ahora sólo dos capítulos después se "confiesan" y deciden escaparse así como así? Sí, sí, mi estabilidad mental es algo discutible. Pero todo tiene un por qué. En lo que respecta a éste capítulo, si acaso sintieron el ambiente muy depresivo y/o melancólico, no fue mi intención (fue totalmente mi intención), solo piensen que vienen tiempos de alegría.
Otra cosa… esa canción de Muse, Resistance, ha sido la culpable, la provocadora, la seductora, la causante, la detonante que escribiera esta historia. Si tienen alguna queja, reclamo o ganas de golpear a alguien, vayan con Muse, específicamente con Matthew Bellamy que fue quien la escribió, yo, al igual que ustedes, soy una víctima de todo esto. Pero Masato… ¿acaso era necesario incluir TODA la letra de la canción? No, lo más probable es que no era ni mínimamente necesario… ¡pero igual lo hice! Ha sido mi inspiración en los tiempos más oscuros… así que definitivamente se merecía el título de un capítulo, e incluir su letra en el mismo.
Dejando ya eso por la paz, este capítulo fue dividido en dos partes. No podía publicar la primera parte antes de acabar la segunda, así que no van a esperar mucho como antes, porque ya está lista. ¿Y por qué no la publicas de una vez? Se preguntan… bueno, más que nada para darle ese saborcito que trae la espera xD
Por último pero no menos importante, gracias una vez más a María por leer los capítulos antes de publicarlos, me ayuda mucho a sentirme segura que lo que escribí es decente xD. Gracias por siempre ayudarme!
Y para ustedes… gracias infinitas por el apoyo y soporte, por no dejar de estar al pendiente y por sus lindos comentarios que me alimentan el alma y me hacen feliz. Esta vez no habrá adelantos… sorry. ¡No me odien! ¡Sigo con vida!
¡Los quiero! ¡Felices lecturas! Y Feliz año nuevo!
