Antes de comenzar con la lectura, muchas gracias por los nuevos favoritos y follows que he recibido en estas semanas. Mil gracias, espero no defraudarlos.


La libertad, al fin y al cabo, no es sino la capacidad de vivir con las consecuencias de nuestras propias decisiones.

James Mullen

Capítulo 12. Resistencia

Segunda parte: El secreto del rey

La primera y tal vez única pista que Shaoran le dio al rey para descubrir la razón del cambio en su actitud, fue aquella en la que el príncipe le echó en cara una cosa acerca de un trato.

"...Nadie salió herido con esto y mi presencia aquí te comprueba que mi parte del trato sigue en pie".

Sin duda había sido una singular elección de palabras.

El rey no había entendido en absoluto ese comentario, aún y cuando se devanó los sesos tratando de llegar a la respuesta. ¿A qué se había referido con eso? No era justo que sólo su hermano supiera los términos de dicho "trato" pero al mismo tiempo temía preguntar. Las cosas habían marchado simplemente tan bien en esas semanas que el rey temía echarlo todo a perder. Y más que eso, temía que esta vez no hubiera modo de reparar lo roto.

Así que hizo ojos ciegos y oídos sordos hasta que llegó el día en que fue a ver al Oráculo. Tenía ya tiempo de no visitarla, por lo que hizo un espacio en su reducido tiempo para hacerle una visita, sin embargo, cuando estuvo frente a ella recordó por qué había retrasado tanto su encuentro. Ese comportamiento de muchacha enamorada que le pareció percibir en la adivina la última vez que la vio, seguía presente y Touya no sabía cómo manejarlo.

¿Se había enamorado de él? ¿Por qué hasta ahora? Ella nunca había sentido algo así por él y no tenía sentido que eso cambiara de un día para otro y sin motivo alguno.

No tenía sentido.

Todo eso le hacía sentir incómodo, sabía que algo no estaba bien, no había razón para ese enamoramiento y tal vez fue por eso que apenas estuvo un par de horas en esta visita con la adivina, pese a que en ocasiones anteriores pasaba al menos tres horas haciéndole compañía. Incluso se sintió aliviado cuando salió de su ala, el rey no entendía qué había pasado y no tenía tampoco la cabeza para lidiar con eso ahora mismo, todos los problemas con Railan, con su pueblo, ese extraño desliz en las palabras de Shaoran...

-Shaoran.

Un guardia que rondaba los pasillos levantó la mirada hacia él con confusión al escucharlo. Touya simplemente lo ignoró y continuó su camino, aturdido.

Porque de pronto las piezas del rompecabezas habían caído por sí solas en su lugar y todo tuvo sentido

El Oráculo no estaba enamorada de él. Por supuesto que no, la idea misma incluso era estúpida. Y ahora entendía de qué se trataba ese "trato" de su hermano.

Porque sí, era estúpido pensar que el Oráculo sintiera amor hacia Touya de la nada, así que esto sólo quería decir una cosa: había un tercero involucrado. Y conociendo la lealtad y seriedad del Oráculo, sólo existía una persona a la que ella pudiera permitir la entrada a sus aposentos sin informar a nadie más y sin llevar demasiados remordiemientos de consciencia.

Shaoran.

Ese maldito canalla había violado la última ley, la más sagrada.

Sí, debía ser él. Esa tenía que ser la respuesta. Pese a que ella era una de las personas más entregada a su deber que había conocido, también sabía que Shaoran era uno de los infelices con mayor facilidad de convencimiento que jamás conocería. Y ella, una mujer sola y sin nadie que le advirtiera del peligro que el príncipe podía llegar a ser, caería indudablemente en sus redes de rebeldía y desobediencia.

No supo si sentirse molesto o decepcionado. ¿Desde cuándo le habían estado ocultando esto? Entendía al idiota de su hermano, ese maldito seguía guardando sus secretos, pareciera fuera ese su pasatiempo, ¿pero ella? Ella también le había mentido y no podía imaginar cómo era eso posible.

No entendía cómo había sido capaz de ocultarle algo así, o mejor dicho cómo fue que él no se había dado cuenta, ya que obviamente Shaoran había sido quien la convenció de guardar silencio. Sin embargo la mentira por parte del Oráculo era lo que más le dolía.

Sin duda Shaoran había encontrado un modo de verla en el momento que quisiera (y sin necesidad de esperar ningún estúpido período de tiempo), no era algo que Touya iba a reprocharle, incluso le hubiera dado su consentimiento (aunque nunca pareciera necesitarlo), y le habría preguntado cómo demonios lo hacía, para intentarlo también, a veces le gustaría poder verla más.

Pero no. Habían mantenido el secreto y ahora ella estaba enamorada del idiota de Shaoran.

-Le romperá el corazón -se lamentó cuando estuvo finalmente solo en sus habitaciones.

Porque eso no era todo, pese a que todo esto eran sólo especulaciones, podía apostar que el infeliz la había enamorado de alguna forma... Pero... ¿Y él? ¿Qué sentía Shaoran por ella? Que el ingenuo corazón del Oráculo se ilusionara con una bestia como su hermano, no significaba que él sintiera algo parecido. Su cambio de actitud bien podía ser influenciado por ella, pero no estricta o necesariamente debido a alguna clase de enamoramiento.

No. Shaoran no podía... Él seguramente no...

No iba a creerlo de todos modos hasta verlo con sus propios ojos. Necesitaba verlos juntos, sus reacciones, su comportamiento uno cerca del otro. ¿Pero cómo?

Apenas plantearse la pregunta, la respuesta llegó con facilidad: el ritual.

Esa era tal vez la única oportunidad que tenía de verlos juntos, así que apenas tuvo la oportunidad, planteó la posibilidad de consultar al Oráculo junto a su hermano. Shaoran palideció un poco cuando lo escuchó, lo que le dio más razones para creer que sus sospechas eran correctas.

El día del ritual por fin llegó y los nervios lo estaban destrozando, no sabía cómo iban a reaccionar Shaoran y el Oráculo. ¡No sabía siquiera cómo demonios iba a reaccionar él mismo!

Su mejor consuelo en los momentos antes de presentarse frente al Oráculo, fue ver que Shaoran también era un manojo de nervios y estrés.

-No todos los días estás a punto de encontrarte con el Oráculo -respondió el príncipe después que Touya negligentemente le hiciera su observación en alto.

-Tienes razón -la has visto en estos meses más de lo que yo en toda mi vida maldito hipócrita. Pensó entre enojado por la mentira y divertido al percibir el miedo de su hermano-. No todos los días.

Al entrar en el palanquín ella lo recibió con un abrazo, igual que siempre. E igual que siempre, él correspondió el gesto y la rodeó con los suyos. Entonces Shaoran entró en el juego, Touya pudo verlo por el rabillo del ojo, y también pudo percibir exactamente el momento en el que la cólera invadió a su hermano.

El príncipe se aclaró la garganta con molestia tratando de interrumpir el contacto.

Vaya que es celoso el mocoso.

Shaoran no le había arrancado la cabeza por milagro o sensatez. De todas formas no le importaba, ya había conseguido lo que quería saber. Shaoran estaba atrapado. Esta solitaria e ingenua muchachita había atrapado a su hermano. El peor truhan del reino, el rebelde, el solitario.

El perdidamente enamorado.

Estaba comenzando a sentirse emocionado. Jamás había visto así a Shaoran, ni a ella tampoco.

Pensó que era suficiente de silencio e hizo las presentaciones.

-Oráculo. Éste es mi hermano, el príncipe Shaoran.

Pronto resultó obvio que el Oráculo se sentía algo incómoda con la situación, así que trató de distraerla. Y funcionó. Ella volvió a ser la misma de siempre.

Decidió, al ver su alegría, que callaría por el momento, pero hablaría con Shaoran esa misma noche. Le diría que no estaba molesto, que lo entendía, y después le compartiría sus temores, pues debía hacerle entender a su hermano que ese amor era imposible.

Nada bueno podría salir de esto.

Sin más preámbulos, dieron inicio con el ritual. Cuando el Oráculo comenzó su concentración para hacer su predicción, Shaoran comenzó a hacer preguntas, quería saberlo todo. Estaba preocupado, Touya podía verlo. Así que cuando el príncipe le preguntó cuál era la verdadera razón por la que lo había invitado en ese poco ortodoxo ritual no pudo mentirle.

-Quería... que ella te viera a ti. -y tú a ella. Completó en su mente. Necesitaba verlos juntos. Eso era todo.

-Es... tan joven.

Touya lo miró, Shaoran parecía sufrir, nunca antes lo había visto sentir tal empatía por alguien más que no fuera él mismo. Este Oráculo lo había logrado.

El rey supo entonces que esto era también su culpa. Todo había sido, después de todo, gracias a que Shaoran no confiaba en él. Tal vez si el príncipe le hubiera confiado el secreto, si juntos la hubieran visitado, si hubieran hablado de todo esto, tal vez ni Shaoran ni ella habrían caído en tal flechazo.

-Todos somos jóvenes en algún momento de nuestras vidas -respondió a su último comentario. La vida no siempre era justa y la juventud, después de todo, no significaba nada para un rey o para el Oráculo. Uno simplemente hacía lo que suponía debía hacer y ya.

-Y aun así se ve tan feliz.

La voz (molesta) de Shaoran lo sacó de su amargura.

-Sí -coincidió pensativo-. Ahora se ve muy feliz.

Porque esa era una felicidad distinta a la que rey jamás hubiera visto antes en el Oráculo. Su cara de enamorada era más evidente que nunca, sus gestos, su mirada, todo en ella gritaba felicidad. Y Touya se sintió también feliz, feliz por ella.

Y en ese momento, pensó que tal vez no era tan malo. Tal vez todo esto era algo bueno, tanto para ella como para Shaoran... Tal vez los tres podían llegar a una solución. No era posible que no hubiera absolutamente nada que pudiera hacerse para ayudar a las dos personas que más quería en este mundo.

Y cuando su humor comenzó a tornarse más optimista, cuando creyó que su suerte comenzaba a mejorar y que por fin podía empezar a sentir esperanza hacia el futuro, comenzó:

-En menos de treinta años, el pueblo verá reinar y morir a tres soberanos.

》Cada uno gobernará con inteligencia, sabiduría y coraje. Y los tres serán recordados hasta que pasen más de treinta generaciones.

》El rey sabio, el rey humano, el rey guerrero. Los tres serán recordados, los tres serán amados...

El Oráculo no pudo haber sido más clara. Touya ni siquiera necesitó escuchar los ecos de la premonición. El futuro estaba alcanzándolo una vez más. La primer cosa que llegó a su mente fue un "no, por dios, no de nuevo".

Y aun así, no era exactamente igual que hacía años atrás, pese a la repetición en cuanto a lo fatídico de la predicción, no todo era igual a la última vez. Ahora Shaoran también estaba ahí para escucharla, y llevaría también sobre sus hombros el peso que trae consigo el saber acerca de su propio futuro.

Miró de soslayo a su hermano y encontró algo que nunca creyó vería en el rostro de Shaoran: miedo. Un miedo atroz. Estaba pálido y rígido, con la mandíbula fuertemente apretada y sus ojos no parecían ser capaces de desprenderse de la persona que hasta hace unos momentos veía con amor.

Ahora esa mujer representaba el miedo.

Touya frunció el ceño, no iba a dejar que su hermano cargara con eso, debía hacer algo. Fue entonces que comenzó a reír, sin embargo no pareció ser la mejor opción, ya que Shaoran pareció erizarse como un animal salvaje amenazado por un peligro.

-Bien -dijo Touya, tratando de mantener una postura tranquila-. Creo que ya lo esperaba.

-¿Qué? -preguntó el príncipe reemplazando el miedo por la confusión. Luego se inclinó para ponerse de pie pero Touya lo sujetó fuertemente por el brazo, ¿qué planeaba hacer ese idiota impulsivo? Aunque saliera de allí no podía escapar de la profecía...

-Cálmate -ordenó-. Hablaremos de esto después. Ella despertará en cualquier momento.

Shaoran pareció serenarse y cuando miró al Oráculo, el miedo ya no estaba ahí. Touya se permitió relajarse, esta vez realmente.

Cuando ella despertó del trance, Touya hizo lo que no pudo hacer la última vez que ella había predicho sus muertes: mintió.

Sintió a Shaoran moverse incómodo pero aun así el príncipe no dijo una sola palabra, obviamente estaba de acuerdo en su pequeña mentira.

Y permaneció así hasta que escuchó aquel resoplido del príncipe cuando Touya besó las manos del Oráculo como despedida. El rey lo hacía todo el tiempo y no iba a detenerse ahora por el celoso de su hermano, además, era una buena señal, si tenía cabeza para ponerse celoso entonces estaba superando lo que acababa de escuchar. Sin embargo, algo que sí lo tomó por sorpresa fue cuando su hermano se inclinó hacia adelante y besó de igual forma las manos de la adivina, acompañado con un gesto de rompecorazones insufrible y una sonrisa inconfundible de galanteo. Touya levantó una ceja de asombro ¿qué se suponía significaba eso? ¿Estaba marcando el territorio?

Apenas escenificado su pequeño acto de galán, Shaoran salió del palanquín.

El Oráculo estaba roja como una cereza, miró a Touya y sonrió con toda la inocencia que poseía.

-Nunca sabes qué esperar de él -dijo el rey como disculpando a su hermano, antes de salir también detrás de Shaoran. Ella por su cuenta se había quedado pensando exactamente lo mismo.

Touya se tomó un par de segundos para tomar aire antes de salir de mitad del palanquín y enfrentarse a la multitud que lo esperaba. No importaba que ya tuviera lista una falsa premonición que le compartiría al reino, de todos modos se sentía nervioso y descolocado.

Esperó prudentemente a que los guardias se llevaran el palanquín con el Oráculo dentro, no quería que ella lo escuchara mentir de esa manera tan descarada, después de todo, a ojos de la joven vidente, él no era menos que un rey perfecto.

Shaoran interrumpió sus pensamientos con una pregunta trivial, él apenas y la contestó de manera automática, todavía concentrándose en las personas de abajo y en lo que estaba por decir.

Por fin los pesados pasos dejaron de escucharse y Touya comenzó a hablar.

-¡Hemos escuchado al Oráculo! -comenzó con voz potente y una explosión de vítores se dejó escuchar-. El futuro, ha sido dicho. -Continuó y los ruidos de la multitud descendieron para escuchar mejor-. Y he de decir, sin alegría alguna, que una sombra llegará a estas tierras. -Hizo una pausa pues la multitud comenzó a murmurar, el miedo, la confusión lo impregnaban todo-. Sí, hay un peligro que nos amenaza -continuo, levantando un brazo hacia el este, la dirección de Railan. Desde el balcón pudo ver unas cuantas cabezas juntarse intercambiando palabras. Las cosas estaban pasando como él lo había planeado, sin embargo no se dio permiso de sonreír-. Días oscuros nos esperan, sin embargo... el Oráculo predijo también la salida de esta sombra. Recuerden, que nuestra ventaja sobre los enemigos es esta misma. Que ya estamos preparados gracias al Oráculo sagrado y que ahora podemos enfrentarnos a cualquier cosa. Sin sorpresas.

La esperanza superó el miedo de forma inmediata y Touya supo que su éxito había sido completo cuando percibió esa misma esperanza en Shaoran.

-Superaremos lo que sea. -Agregó finalmente-. Juntos.

La multitud enloqueció y Shaoran infló el pecho.

Touya, al contrario, sacó el aire de sus pulmones. Estaba agotado.

Levantó una mano, despidiéndose de su gente y se giró, de vuelta al interior del castillo. No se tomó la molestia de verificar si Shaoran lo seguía o no. Apenas vio a Yukito se dirigió hacia él sin vacilar.

-Tenemos que hablar -dijo el rey al llegar al lado de su consejero.

Yukito asintió serio y lo siguió con rapidez hacia su despacho donde el rey le compartió, así sin más, cuál era la verdadera profecía.

-No es posible -dijo su concejero con el ceño fruncido- Touya, no puedes jugar con estas cosas.

Touya sonrió. Yukito también estaba asustado, su evidencia era ese "Touya" atrevido que había salido de su boca. Yukito jamás lo llamaba por otro título que no fuera el de "rey", por muy mejores amigos que fueran.

-Desafortunadamente, no tengo tal sentido del humor. Organiza las reuniones con mi capitán de guardias y con el conde Shinohara, nadie entra o sale de la capital sin que él deba saberlo antes.

-Sí, mi rey, como ordene.

-Y trae aquí al príncipe. Tengo que hablar con él.

Yukito asintió e hizo la inclinación debida antes de darse la vuelta y salir del despacho, con la intención de buscar primero al príncipe, sin embargo no fue necesario. Shaoran venía en su dirección.

-Príncipe Shaoran...

-Hablaré con el rey -dijo el príncipe sin darle tiempo de decir otra cosa-. Que no nos molesten.

Yukito asintió. Y reconoció en esa voz de mando el tono exacto que usaba Touya. Suspiró. Este príncipe, este nuevo príncipe, sería un buen rey.

Pero el concejero no quisiera llegar a ver el día en que sucediera eso.

Y mientras Yukito buscaba al capitán y enviaba una nota donde el rey exigía la presencia del conde, Shaoran y Touya llevaban una conversación reveladora.

¿Que Shaoran exigía la verdad? Curioso. Viniendo de alguien que le había mentido todo este tiempo. Touya no dudó sin embargo, y le dio a su hermano lo que buscaba.

-Ella predijo nuestra muerte cuando asumí el trono. -dijo. La confusión de Shaoran casi le pareció divertida, sin embargo, nada de esto era divertido para el rey, pese a que intentaba demostrarle a su hermano que no debía preocuparse-. El día de la coronación, como bien sabes (o al menos deberías), el nuevo rey debe asistir con el Oráculo y escuchar el futuro. Ella dijo que "los hijos del rey desaparecido morirían en el transcurso de un año".

Por un momento casi creyó que había aligerado el peso en los hombros de su hermano cuando comenzaron a hablar del aumento en la seguridad del castillo y todavía más cuando Shaoran continuó con su terquedad de prescindir de escolta (salvo por Yue). Si, Touya casi se sintió vencedor. Hasta que el príncipe citó esa parte de la profecía que describía a los reyes involucrados.

Al parecer Shaoran se estaba adjudicando el título de guerrero, lo cual quería decir que nada de lo que se había dicho sirvió de nada y Shaoran seguía preocupándose de ese futuro fatal. Lo último que quería era un hermano histérico que sospechaba de cada persona a su alrededor como un posible asesino.

Así como lo fui yo una vez.

-Si no hay otros asuntos por los que me necesites -lo sacó de sus pensamientos la voz de su hermano-, quisiera retirarme por el momento.

Touya se tragó el suspiro que casi le salía por la garganta. Ni siquiera pensó en detener a su hermano después de escuchar su petición de abandonarlo. El príncipe necesitaba estar a solas, pensar y despejarse, calmarse.

-Adelante -dijo-. Yo estaré aquí hasta tarde con el conde para verificar los sistemas de seguridad en las puertas de la capital. Mañana veré al capitán de los guardias de castillo.

Cuando Shaoran se fue y Touya tuvo al fin un momento a solas, se llevó las manos a la cara arrastrándolas hacia abajo, estirando la piel a su paso. No estaba preparado para esto, no se suponía que esto pasara. Hasta hacía apenas unas horas su más grande preocupación era que su estúpido hermano le rompiera el corazón a la mujer más asombrosa que había conocido en su vida.

Porque ser el Oráculo no era fácil y sin embargo nunca la había escuchado quejarse una sola vez. Al contrario, era él quien iba a refugiarse a sus brazos consoladores y sus palabras de aliento, era él quien acudía a ella cuando tenía miedo, cuando sentía que el mundo lo superaba. Ahí estaba ella, siempre dispuesta a alejar sus miedos, a devolverle la confianza en sí mismo.

Shaoran realmente lo había arruinado todo cuando había logrado que ella se enamorara de él, y aunque Touya sabía que su hermano no era tan desgraciado como para hacerlo con fines canallescos, tampoco había sido una de sus mejores ideas.

-Y ahora estamos todos hundidos.

Ellos con esa profecía y ella con un amor correspondido aunque imposible.

Pero ya no debía preocuparse por eso, ahora debía concentrarse en preservar su vida, la de Shaoran, y concentrarse en la guerra que ya tocaba su puerta. Un pueblo que cambia en tan poco tiempo sus gobernantes no prospera, mucho menos en tiempos de guerra. No lo hacía solamente por él y por Shaoran, debía pensar también en el bien mayor.

Y así, con eso en mente, fue que recibió al conde Shinohara para implementar nuevas medidas de seguridad en las puertas de la capital.

Se redactaron y firmaron decretos, se aumentó la cantidad de centinelas nocturnos y Touya sintió que esa noche podría dormir un poco. De camino a sus habitaciones, pensó de nuevo en Shaoran, decidió ir a verlo pero al llegar a sus aposentos, se encontró con un lugar vacío y la vaga explicación de un lacayo de haberlo visto dirigirse hacia los jardines.

Pareciera que asimilar todo le estaba tomando más tiempo del que Touya pensó. No consideró siquiera imponerle su presencia, así que volvió a sus propias habitaciones donde el sueño llegó tarde y repleto de extraños sueños. En ellos, el Oráculo le decía que había cometido un error y que la predicción verdadera era una en la que Shaoran se iría para no volver jamás.

Al amanecer del día siguiente los sueños seguían igual de vívidos pero trató de no tomarles importancia, alistándose para el día en curso. Era ya entrada la mañana cuando Shaoran se presentó ante él. Tenía unas terribles ojeras y unos ojos tan rojos como el demonio. Se preguntó si su hermano sería capaz de manejar todo lo que se les estaba viniendo encima.

Quiso aligerar un poco los problemas del príncipe, al menos en cuanto al tema del Oráculo se refería y confesarle que lo sabía todo. Pero no se atrevió, pese a que el temeroso debiera ser Shaoran, Touya no se atrevía a desvelar el secreto. No entendía por qué, pero no se sentía seguro. No ahora.

Entonces Touya pensó en aligerar su propia tensión y decidió ir a visitarla. Estaba más que seguro que el verla le ayudaría. Aunque todavía no se hubiera completado el tiempo estipulado para hacer otra profecía, ni mucho menos, estaba seguro que los guardias no objetarían. Ellos tenían el poder de detenerlo. Rey o no, el Oráculo era más importante. Sin embargo se jugó el pellejo y caminó hacia el ala que pertenecía a la joven adivina.

Tal y como lo pensó, los guardias se hicieron a un lado con sólo verlo, seguido de inclinaciones y una media sonrisa de uno de ellos.

Mantener el pueblo contento, ese era el secreto.

Sonrió satisfecho de sí mismo y atravesó las puertas de madera.

-Oráculo -llamó Touya con soltura. Apenas entrar ya se sentía mejor, definitivamente ella poseía ese poder además de la adivinación. -Oráculo, aquí estoy ¿dónde estás?

Cuando la única respuesta que recibió fue un absoluto y pesado silencio, no se preocupó. Debe estar ya dormida, fue lo primero que cruzó su mente. Se dirigió a su alcoba personal, ya antes la había despertado, ya fuera porque la visitaba muy temprano o muy tarde. Ella nunca se había alarmado por su presencia, no sabía o no le importaba que eso fuera poco apropiado, y él jamás se había sobrepasado con ella.

Hasta ese momento se preguntó hasta dónde había avanzado Shaoran en su conquista.

-Oráculo, despierta.

Pero no había nadie en la alcoba.

Touya frunció el ceño y se dirigió al estudio de pintura. Vacío.

La sala de recibir. Nadie. La sala de lectura. Nadie. El comedor. Nadie.

-¡Oráculo!

Otra vez el silencio le respondió.

-Shaoran...

Dio un par de pasos hacia las puertas, pero al escuchar sus fuertes y molestas pisadas se detuvo. Respiró con profundidad y cerró los ojos. Necesitaba calmarse. Necesitaba mantener esto lo más privado posible y mostrándose sumamente enojado ante los guardias de la entrada no ayudaría en nada.

Abrió los ojos y avanzó con pasos seguros pero tranquilos, dirigiéndose sin dilación a las habitaciones de su hermano. Al llegar se encontró con un guardia custodiando su puerta. El hombre al verlo se inclinó ante su rey.

-Majestad.

-Quiero hablar con el príncipe.

-El príncipe duerme, majestad. Puedo entrar a despertarlo si gusta esperar en la antesala.

-No, quédate aquí, yo iré.

El hombre no opuso resistencia ¿por qué lo haría?

Touya observó el lugar. No había nadie. Entró a la alcoba principal, las salas adyacentes, el balcón que daba al jardín... No había nadie. De pronto parecía como si un martillo le golpeara las sienes. Esperó un momento. Gastando tiempo. Aparentando una conversación inexistente con su hermano desparecido. Al salir observó al tranquilo y despreocupado guardia en su puesto.

-¿El príncipe te dejó en este puesto?

-No mi señor, fue su guardia personal, Yue.

Touya asintió ¿cómo había logrado Shaoran ganarse tan rápidamente la lealtad de Yue?

-Que nadie moleste a mi hermano -el guardia asintió serio-. El príncipe está muy cansado, no le molesten. Y que nadie se entere de esta visita ¿entendido?

El hombre volvió a asentir, esta vez todavía con más seriedad.

Al dejar las habitaciones atrás, Touya se dirigió al jardín de los manzanos, buscó exhaustivamente pero tampoco estaban ahí.

-Maldito desgraciado. ¿A dónde la llevaste?

Regresó al castillo, hastiado y con dolor de cabeza, preguntándose qué demonios pasaba.

No sólo eran la visitas sin permiso sino que también se la llevaba a dios sabe dónde el infeliz irresponsable. No sabía si reír o llorar. No podía decir que estuviera enfadado, pero lo que sí sabía era que feliz no estaba.

Saliendo del jardín y acercándose poco a poco a la entrada del castillo, escuchó una conversación entre un par de los guardias que hacían su ronda.

-Si no fuera por la paga...

-¿Vas a seguir con eso?

-Será el primer festival al que no asista.

-Tu familia está comiendo gracias a este trabajo. Cállate y deja de quejarte.

-Está bien, está bien, aunque... ¡Majestad!

El segundo guardia levantó una ceja desconfiando ante la exclamación de su compañero hasta que vio a Touya salir detrás de unos de los árboles.

-Majestad.

Ambos bajaron la rodilla al suelo.

Touya asintió y siguió su camino. Cuando estuvo rodeado de las cuatro paredes de sus habitaciones, se permitió sonreír.

-El festival. Por supuesto.

Al menos ahora estaba seguro de no estar enfadado, sólo con imaginarla danzando y disfrutando de la noche, cualquier sentimiento de desesperación o molestia se evaporó para darle paso a la tranquilidad y alivio. Shaoran la cuidaría bien. El maldito era un experto en moverse por la ciudad, ella estaba a salvo.

Al menos ese consuelo le quedaba.

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Pese a que Touya siempre tenía algo importante en lo qué pensar -guerras, atentados, la seguridad de su gente-, pudo notar con facilidad que Shaoran estaba en las nubes. El príncipe estaba distraído, ansioso, ¿desesperado? La sospecha más grande que Touya tenía con respecto al motivo de dicho comportamiento, era que algo había pasado en esa pequeña escapada a la fiesta del pueblo entre él y el Oráculo.

Sería mucha casualidad si no. Y él no creía en las casualidades.

Moría por ganas de saber qué rayos había sucedido entre ellos. ¿Una pelea? ¿Cómo sería una Oráculo enfadada? Nunca la había visto enojada con él. La expresión que mantenía en su presencia era siempre la de alegría y devoción, en ocasiones la melancolía también estaba ahí, pero Touya se las arreglaba siempre en ahuyentarla. Ese nunca había sido un reto para él y siempre le causó cierta satisfacción el poder brindarle esos esporádicos momentos de esparcimiento.

Este último pensamiento le hizo percatarse de todo lo que su hermano estaba provocando en ella, todas esas nuevas sensaciones que ahora sería capaz de experimentar, no solamente el amor sino también el enojo, celos, miedo... Mientras más siguieran viéndose, entre más siguiera Shaoran llevándola al exterior del castillo, más emociones y experiencias viviría el Oráculo. Y eso lo alegró.

Ambos lo merecían. Ambos necesitaban alguien a quien amar y que los amara.

Era una lástima que su suerte fuera así de mala, que tuvieran la felicidad a un paso y una milla de distancia al mismo tiempo. Al menos, se decía Touya, al menos podían fingir que todo estaba bien por unas horas. Al menos esa noche que salieron al pueblo pudieron disfrutarse uno del otro sin pensar en sus títulos y el destino cruel.

El rey suspiró y decidió que no podía seguir pensando en eso, había muchas otras cosas que requerían su atención. Las aventuras de su hermano podían esperar.

O al menos eso pensó hasta que llegó la noche del baile en el castillo.

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El no tan esperado día del baile transcurrió con una ocupación tras otra para Touya, Shaoran seguía en las nubes y el rey comenzaba a pensar que no se debía a una pelea con el Oráculo porque enojado no estaba. Era casi una ley para Shaoran que si estaba molesto con alguien, el mundo definitivamente debería saberlo, así que no, el príncipe no estaba enojado. Eso lo dejaba sin idea de qué era aquello que lo tenía tan distraído y siendo sinceros tampoco tenía la mente o el tiempo para tratar de imaginárselo.

Finalmente llegó la hora de ponerse su disfraz de rey opulento y esperar a que diera pasada la media noche. Era su costumbre presentarse tarde por dos motivos: el primero, para que sus súbditos y nobles se sintieran con más confianza de soltar la lengua de más, así los sirvientes que rondaban el lugar eran capaces de escuchar más y mejor información. La segunda, era para tratar lo menos posible de pasar demasiado tiempo con ellos. Pese a que muchos de sus nobles y caballeros eran personas de pensamientos lógicos y buenos sentimientos, también los había quienes esperaban una oportunidad o audiencia con Touya para pedir favores o un ascenso en su rango. Por eso prefería compartir el menor de su tiempo con esas personas.

Ya casi se daba la hora, no le daba tiempo suficiente de hacer algo de provecho así que decidió verificar unos papeles que solicitaban dinero para la manutención de su ejército en las costas del reino, estaba a punto de aprobar el documento con su sello personal cuando Yukito entró a la habitación.

-Buenas noches majestad.

-Yukito -saludó Touya con una inclinación de cabeza.

-Venía a verificar si ya estaba listo para hacer presencia en el baile mi señor.

Touya miró al reloj de cuerda a un lado suyo y levantó una ceja.

-Todavía es temprano.

-Apenas media hora antes de la media noche.

-Eso es demasiado temprano para mí.

-El príncipe ya está en el salón desde hace unas cuantas horas, creí que sería placentero para usted observar cómo su hermano se relaciona con la nobleza del reino.

-Con saber que lo está haciendo me es suficiente -se enderezó en su silla y recordó un punto importante, un baile era un momento ideal para los atentados, pese a que el primer muerto se suponía debía ser Touya, no perdía nada con estar lo más seguro posible-. ¿Está Yue con él?

Yukito sonrió por un momento antes de reponerse. El recuerdo de su hermano la última vez que lo vio lo había puesto de buen humor esa noche.

-Yue está en el baile, mi señor, sin embargo... -torció el gesto, lo que seguía a eso seguro no le alegraba mucho a Touya-, está con una acompañante.

-¿Tu hermano Yue? ¿Con una dama?

Yukito se permitió relajarse, parecía que Touya no estaba tan molesto por la obvia distracción de su hermano. Tal vez recordaba aquellas conversaciones que en ocasiones tenían como amigos y no como consejero y rey, en las que Yukito le compartía sus preocupaciones acerca de un Yue aislado y enfocado un cien por ciento a su trabajo y nada más.

-Así es mi señor.

-¿Quién es la joven?

-Una tal lady Draltom.

Touya frunció el ceño tratando de recordar el nombre sin resultado.

-Es una joven peculiar -continuó Yukito-, jamás había visto a una mujer con el cabello tan corto, las damas suelen enorgullecerse de sus cabellos largos.

Touya frunció más el ceño. ¿Cabello corto?

-¿Qué tan corto?

-A la nuca, si no es que un poco más largo -respondió Yukito sin notar la sorpresa del rey.

No se necesitaba ser un genio para llegar a la conclusión de la identidad de la joven. Una señorita desconocida, acompañada por el guardián personal de Shaoran y de cabellos particularmente cortos. Era el Oráculo. Shaoran se estaba arriesgando cada vez más con ella. No estaba pensando en las consecuencias.

No podía permitirlo, si cualquier otro los descubría entonces ni siquiera él podría hacer nada por ayudarlos, estaban cometiendo traición haciendo aquello y el consejo no iba a ser indulgente.

Estúpido, estúpido Shaoran.

-Vuelve al baile Yukito, yo tardaré otro poco más, no te preocupes por mí si no llego a tiempo. Tengo algo qué hacer.

-¿Ésta noche? ¿Vestido así?

-No saldré del castillo siquiera, amigo mío. No debes preocuparte.

-Puedo acompañarlo…

-No será necesario –lo interrumpió el rey-, gracias Yukito.

Finalmente Yukito asintió e hizo una reverencia antes de salir de la sala.

Touya permaneció a solas por unos minutos, pensando en la estupidez de su hermano y en cómo solucionarlo.

Lo primero que le vino a la mente fue en hablar con él, ser completamente claro, hacerle ver lo arriesgado de sus acciones. Shaoran entendería, estaba seguro.

Apenas la idea se formó en su mente no se lo pensó dos veces y se dirigió a los aposentos del Oráculo. Cuando salió de su despacho, la escolta de su puerta hizo el amago de seguirlo pero Touya los detuvo.

-Iré solo.

-Mi señor. Hay invitados esta noche.

Touya entendió lo que trataban de decirle.

-Nada me pasará. No me sigan.

Los guardias asintieron. ¿Qué más podían hacer ante una orden directa? Por lo que permanecieron en sus lugares mientras Touya se dirigía al ala del Oráculo. Los guardias de esas puertas no dijeron nada, ni hicieron gesto alguno al verlo pasar. Touya tragó pesado y suspiró de alivio. Estaba arriesgándose mucho al venir a horas tan inapropiadas, un día de estos los guardias amanecerían de mal humor y no iban a permitirle pasar tan despreocupadamente.

Cuando el rey entró, se encontró con el vacío que ya esperaba, pese a que muy en el fondo había rogado que esa misteriosa mujer no fuera el Oráculo.

Suspiró con profundidad y tomó asiento, pensando en cuál sería la mejor manera de decirle a estos insensatos que dejaran de hacer tantas tonterías juntas.

Sin embargo, pasara lo que pasara, ésta sería una noche interesante, ya no podía seguir ignorando todo esto, entre el reino, la maldita predicción y estos dos tórtolos lo estaban volviendo loco.

Recargó la nuca sobra el respaldo de la silla en la que estaba sentado y dejó sobresalir las manos fuera de los reposabrazos. Estaba cansado y parecía que el día simplemente no terminaba. Cerró los ojos con cansancio pero no se durmió. Necesitaba estar atento y esperar a que Shaoran y el Oráculo volvieran de su pequeña aventura. No tenía la mínima intención de quedarse dormido, mucho menos cuando había la posibilidad que siguiera soñando esos extraños sueños donde Shaoran...

Abrió los ojos de golpe y se enderezó en el sillón.

-No. Es una locura.

Se puso en pie y comenzó a pasearse por el salón. Pensando en lo que acababa de pasarle por la mente. Que si bien podía ser la respuesta a todos sus problemas como también podía estar cometiendo un terrible error.

Pero pasara lo que pasara. Si funcionaba este intento de idea, Shaoran estaría a salvo.

-Estaría a salvo -se repitió en voz alta, deteniéndose en seco-. Y eso es suficiente.

Suspiró tomando su decisión, comenzando a caminar una vez más, pensando en qué necesitaba para lograr que Shaoran decidiera marcharse.

-Necesito al Oráculo. Ella deberá convencerlo. La ama -se dijo con resolución-. La escuchará, pero… -y he aquí que tuvo la mayor de las revelaciones, no salvaría únicamente a Shaoran, también podría salvarla a ella. –Es perfecto. Así no podrá negarse, si es con ella, él se irá.

Sin embargo, Shaoran no podía ser predecible, simplemente no podías esperar a que reaccionara de una manera. Eso simplemente no pasaría, por eso necesitaba antes al Oráculo de su lado. Necesitaba que ella lo convenciera. Y para eso…

-Debo hablar primero con ella.

Tan enfrascado estaba en sus pensamientos que apenas alcanzó a escuchar las voces inconfundibles de Shaoran y el Oráculo. Se detuvo en su lugar, sin hacer ruido, no debía arriesgarse a que Shaoran lo viera también, así que esperó con paciencia a que su hermano se despidiera.

Escuchó con atención la mención de Yue, su ayuda y el agradecimiento del Oráculo a su hermano. Todo parecía demasiado correcto y formal, no parecían un par de enamorados despidiéndose después de una noche desafiando las reglas del reino.

Touya frunció el ceño, no parecía normal, no encajaba.

Por fin Shaoran se despidió -todavía con una actitud demasiado distante como para un par de jóvenes amantes-, y Touya no soportó esperar ni un poco más.

-Creí que jamás se iría -dijo atravesando las cortinas con impaciencia, sin embargo se quedó congelado al ver al Oráculo de espaldas.

Era la primera vez que la veía sin su atuendo de adivina misteriosa y exótica. ¿Cómo he sido capaz de mantenerla por tanto tiempo aquí encerrada? Se preguntó decaído.

-Vamos, gírate para que pueda verte -pidió al ver que ella no parecía dispuesta a mover un músculo-. Te ves hermosa en ese vestido.

Ella obedeció y el rey se sintió la peor escoria del mundo al ver el miedo que irradiaban sus ojos.

-Touya yo...

-Escúchame por favor -la interrumpió de inmediato sintiéndose culpable. No había sido su intención asustarla así-. Porque esto es importante -continuó-. Lo que han hecho, ahora todo va a cambiar.

Ella asintió todavía asustada, Touya suspiró.

-Sé que te has encontrado con mi hermano desde hace meses. Sé también que has salido con él a la capital y obviamente estoy enterado de lo que ha pasado esta noche. ¿Estás consciente de lo que han hecho?

-Sí, mi rey -contestó bajando la cabeza. Hacía años que ella no le hablaba así. Desde hacía mucho él sólo era Touya-. Quiero decirle que la responsabilidad es toda mía y...

-¿Tuya? No me hagas reír. ¿Y ese que acaba de salir de aquí no tuvo nada que ver?

-Lo hizo por mí, majestad, él es...

-Deja de hablarme así –la interrumpió molesto-, soy Touya, lo sabes.

-Él lo hizo... -continuó-, porque tiene un buen corazón. Por ayudarme -replicó con la firme impresión que Touya la estaba juzgando.

Era sin duda el miedo de la adivina lo que la hacía ver así a su rey. Un rey que toda su vida había actuado con seriedad y que ahora esa seriedad se interpretaba como acusación.

-¿Cómo salen de aquí? –preguntó él directo, sin poder suavizarse. Era algo que siempre había querido saber, después de todo.

Ella suspiró y Touya pudo ver en su rostro el dolor que le causaba el delatar a Shaoran.

-Hay un pasadizo que llega al pasillo de enfrente -comenzó-, así entra sin que los guardias lo vean mientras hacen la ronda.

Touya sonrió, ¡era tan sencillo! No le sorprendía que la visitara tan seguido.

-Para salir del castillo, es básicamente igual -continuó, tan concentrada en su confesión, que no vio la sonrisa del rey-. Hay un pasaje en la zona norte. Subterráneo. Sale por el antiguo camino de servicio.

Ante esto último El rey levantó una ceja. Era impresionante. ¿Cómo había logrado su joven hermano encontrar caminos tan viejos como para quedar totalmente olvidados? Sin embargo, no pudo evitar sentirse algo decepcionado. Siempre que Shaoran se escabullía, había imaginado mil y una habilidades extremas para burlar la guardia del castillo, y todo este tiempo había sido solo un tonto y seguro pasadizo.

Fácil.

-Es también culpa mía Touya -insistió ella-. Fui yo quien aceptó, fui yo quien te lo ocultó desde el principio... Yo no debí...

-Basta, ya no sufras más. Sé por qué lo hiciste y sé bien por qué lo hizo él. Lo entiendo.

La adivina levantó la mirada, ni siquiera se había percatado de haberla bajado en primer lugar, pero al escuchar las palabras de Touya sintió que la esperanza regresaba a su alma.

¡Lo sabía! ¡Ella sabía que Touya entendería!

-Pero dime, ¿desde cuándo tienen esta relación?

-Finales del año -contestó esta vez sin miedo-. Llegó de pronto un día. Yo no sabía cómo comportarme y él estaba…

-No, no quiero saber desde cuando se ven –volvió a interrumpirla-, quiero saber desde cuándo ustedes... -pero se detuvo al ver el rostro expectante del Oráculo esperando por su pregunta-. Dios mío, ustedes no... él no...

-¿Touya?

El rey no contestó, la amplitud de lo que acababa de descubrir lo había dejado sin palabras. No podía ser posible. No podía entender cómo ellos -cómo Shaoran-, no habían admitido lo que sentían uno por el otro.

-Touya -insistió el Oráculo-, ¿qué pasa?

El rey salió de su estupor y se encontró con un par de curiosos ojos verdes. Esos ojos ya no tenían miedo. Ella había vuelto a confiar en él, a creer en él.

Pero eso no duraría mucho. Touya había tomado una decisión y descubrir que su hermano y el Oráculo no mantenían una relación amorosa en secreto no iba hacerlo cambiar de opinión.

Tomó aire.

-Oráculo. Temo por mi hermano.

La sentencia salió fácilmente de sus labios, pues era totalmente cierta. ¡Touya tenía tanto miedo! Miedo de no saber si esto resultaría, miedo de no estar haciendo lo correcto, miedo de que ni el Oráculo ni Shaoran lo perdonaran por esto.

-Él es un buen hombre Touya, sus intenciones son buenas. Está tratando de mejorar. De ser un mejor hermano para ti y de ser una mejor persona para sí mismo. Todo estará bien, ya lo verás.

Touya sonrió con tristeza. Ella creía que Touya seguía hablando del persistente comportamiento rebelde del príncipe.

-No, Oráculo. No es así. Hay algo que te he estado ocultando. Que Shaoran y yo te ocultamos. Es acerca de la profecía.

El ambiente se tensó apenas y el rey mencionó la profecía. La mujer delante de él había dejado de ser mujer y se había transformado en el Oráculo. Su posición, a pesar de no moverse ni un milímetro, se veía más rígida, más autoritaria.

-¿Qué hay con la profecía?

Touya la recitó. Pese a que no la había repetido desde que la compartió con Yukito, pudo recitarla al dedillo, sin omitir ninguna palabra o pausa, casi podía jurar que la expresión del Oráculo había sido la misma que tanto él como Shaoran habían mantenido mientras la escuchaban predecir sus muertes.

-¿Entiendes ahora por qué temo por él?

-No. Esto tiene que ser...

-¿Una broma? No sabía que tuvieras tal sentido del humor, fuiste tú quien dio la predicción.

-Debe haber algo, algo que se pueda hacer -dijo esta vez, aceptando el hecho-. Él no puede morir. Tenemos que hacer algo, tenemos que impedir que esto ocurra. Ya había predicho antes algo como esto ¿recuerdas? Y lo solucionaste. ¡Hazlo de nuevo!

Touya sonrió al escuchar el "él no puede morir" salir de la boca del Oráculo. No había duda alguna de lo que sentía por su hermano así que ¿por qué entonces no se lo había confesado? ¿Por qué esperar tanto?

Si ella no lo hacía por sí misma entonces él iba a obligarla, lo necesitaba para que su plan funcionara.

-Sí. Hay algo que se puede hacer. Pero te necesito, necesitaré tu ayuda para salvarlo.

-Por supuesto -exclamó de inmediato, feliz de poder hacer algo y aliviada de saber que podía confiar en Touya para solucionar cualquier cosa-. ¡Haré lo que me pidas!

Touya se acercó a ella y la miró con sus ojos oscuros. No aceptaría réplica.

-Deberás pedirle que se valla. Que abandone el castillo.

-¿Qué? Pero... él jamás aceptará. ¿Qué se supone que le diga?

-Sí lo hará. -Aseguró-. Lo hará porque existe una mujer, una mujer a la que Shaoran ama. Si es con ella, él se irá de aquí.

-¿Una mujer?

-Sí Oráculo. Esa mujer eres tú. Él te seguirá a donde sea que tú vallas.

Ella dio un paso atrás, alejándose de él y con una mirada aterrada.

-¿Seguirme? ¿Estás implicando que me valla con él? No Touya, estás equivocado. En todo. El jamás te dejaría. Estás en un error. Él no... Él no está...

-Él te ama -insistió Touya, esta vez con hartazgo, se estaba cansando de esto, de su ceguera, de su falta de valor-. Él te ama, así como tú lo amas a él.

El Oráculo rió y negó con la cabeza, quitándole importancia a las palabras de su rey.

-No sé de dónde sacaste esta tontería Touya, pero yo no estoy enamorada del príncipe, ni él de mí. Es una locura.

-Por favor, no lo niegues más, me he dado cuenta.

Ella volvió a sonreír negando con la cabeza e incrédula ¿cómo se suponía que Touya había llegado a esta resolución tan descabellada? Aparecía de pronto proclamando saber todo acerca de sus encuentros con Shaoran y ahora aseguraba un sinsentido del tamaño del castillo.

-Acéptalo de una vez. -Insistió el rey al ver su negación-. Lo amas y la prueba fehaciente es que estás dispuesta a hacer lo que te digo para salvar su vida. Piénsalo. Si se queda, si se queda morirá... Piensa en cómo vivirás después de eso. Piensa en lo que sentirás al saber que ya no existe más en este mundo. La profecía dice que tres reyes morirán, no habla de mi hermano, habla que un rey. Si Shaoran escapa, la sucesión pasará al siguiente en la línea y él estará a salvo. Se cumpla o no la sentencia de muerte.

-Yo... -sus ojos se humedecieron-. No -meneó la cabeza, como si tratara de convencerse a sí misma-, no, no quiero dejarte a ti. ¿Estás planeando la salvación de tu hermano mientras tú te quedas aquí a enfrentarte a este horrible futuro?

-Yo estaré bien. Como tú misma has dicho, ya hemos pasado por una situación parecida y sigo aquí. Te juro que eso seguirá igual.

-Entonces por qué. Si estás tan seguro de tu supervivencia. Por qué es tan necesario alejarlo para siempre de ti.

-Porque es mejor que se vallan ahora y no esperen a que otros descubran esto. Es traición. Lo sabes. Y Shaoran se está arriesgando cada vez más. Necesitan irse ya.

-No quiero dejarte Touya -las lágrimas por fin comenzaron a caer-. No quiero… yo te amo. A ti también te amo.

Touya sonrió con tristeza y la abrazó.

-Lo sé, Oráculo. Yo también te amo –susurró sintiéndola temblar. Era tan pequeña-. Pero no es la misma clase de amor. Y por eso mismo te pido que hagas esto. Sálvalo y sálvate a ti misma, aquí nunca serán felices.

-No estoy segura… no puedes estar seguro –se corrigió-, que él sienta eso por mí.

-No seas tonta -la apretó-, él te quiere.

-No puedo -insistió todavía con los ojos mojados, no entendía nada de esto, todo había pasado demasiado rápido. No entendía nada-. No puedo dejarte.

-Para salvarlo deberás hacerlo. Y deberás convencerlo para que te siga. ¿Lo harás verdad?

Sakura hundió el rostro en el pecho del rey y pensó. Pensó en una existencia sin Shaoran. Una existencia vacía. Ella no podía vivir así. Saberlo alejado de ella era una cosa, pero saber que estaba muerto, era otra distinta. Eso no podía soportarlo.

Sin embargo...

-No puedo -apretó las ropas de Touya en sus puños-. Yo no puedo.

-Oráculo. -Touya la tomó por los hombros y la alejó de él para verla a los ojos-. ¿Entiendes lo que acabo de decirte? Shaoran morirá. Primero seré yo y cuando Shaoran sea rey tendrá que venir a ti para escuchar su futuro y sabrás que él será el siguiente. Te estoy dando la oportunidad de cambiar eso, de salvarlo –la observó con firmeza pero al mismo tiempo triste-. ¿Y tú te niegas?

Ella se encogió en su lugar, asustada entre sus brazos. Touya no cedió ante esa escena pero al mismo tiempo no podía dejar de odiarse a cada segundo por hacerle esto, por obligarla de esta manera tan baja, por usar esas palabras tan duras en una persona de un corazón tan honesto y hermoso como ella. Sin embargo, seguía repitiéndose que ésta era la única salida.

Sólo así él estaría seguro de que estaban a salvo.

-¿Te niegas a ser capaz de cambiar ese futuro Oráculo? -insistió Touya, presionándola. Ella lo observó con unos enormes y húmedos ojos verdes. Touya pudo leer en su rostro el momento exacto en el que cedió.

-Lo intentaré -aceptó al fin y Touya dejó escapar un suspiro de alivio.

-Gracias, Oráculo. Sabía que podía confiar en ti.

-Lo haré Touya. Pero estamos cometiendo un error.

-No, es perfecto, ustedes se irán de aquí y todo será más fácil. Para ustedes y para mí. Ahora podré concentrarme en mi propia seguridad –agregó sonriendo.

Ella asintió, acostumbrada a coincidir en todo lo que Touya dijera, sin embargo, esta vez no estaba tan segura.

-Hay algo en lo que te equivocas. Él no se irá solamente si se lo pido.

-Lo hará.

-No. Deberá sentirse obligado. Presionado.

Touya trató de no pestañear o hacer un solo movimiento. No sabía si lo decía porque conocía a Shaoran o porque se había percatado que Touya acababa de hacer eso con ella.

-A qué te refieres exactamente -dijo sereno.

Ella le devolvió la mirada con sus verdes y tristes ojos.

-Si es verdad que siente lo que dices por mí, entonces él decidirá escapar de aquí por sí mismo. Le dirás que no aceptas nuestros encuentros, dile que le prohíbes volver a verme.

-Oráculo -se impresionó Touya, jamás hubiera imaginado que ella fuera capaz de llegar a esa clase de manipulación. A su clase de manipulación.

-Si es verdad que siente afecto por mí, decidirá por sí solo irse conmigo. Sólo entonces aceptaré escapar. Si no, quiere decir que estás equivocado, que él no es más que un buen amigo y ambos nos quedaremos contigo.

-Aunque eso significara...

-Aunque significara su posible muerte. Además, necesitará una razón lo suficientemente fuerte para que acepte dejarte. Deberá estar seguro.

Touya arrugó el entrecejo. Eso significaría convertirse en el villano de la historia, no se trataría de contar con el apoyo del Oráculo para convencer a su hermano como lo había planeado, significaba que Shaoran lo vería de nuevo como un ser indiferente a su sufrimiento.

Sin embargo…

-Tienes razón -aceptó a su pesar.

Ella asintió, pero Touya no vio signo alguno de satisfacción en sus facciones al ver que Touya aceptaba su petición.

-Deberías ir al baile -dijo ella de pronto con seriedad-. Los asistentes comenzarán a preguntar por ti. Y creo que ya hemos acordado lo que se hará.

-No quiero dejarte así -se lamentó el rey.

-Estaré bien. Ve al baile. Ya es muy tarde.

-¿Estás segura?

-Lo estoy -sonrió falsamente-. Ve.

Touya asintió y después de un último abrazo y un "lo siento" que salió desde el fondo de su corazón, se dio la vuelta para irse, dejando al Oráculo al fin sola.

La adivina nunca hubiera imaginado antes que anhelaría tanto un momento de soledad.

¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Cómo había sucedido todo esto? ¿Desde cuándo las cosas se habían complicado tanto?

Desde el primer momento que Shaoran entró por tus puertas, se respondió.

El recuerdo la inundó. De pronto cientos de imágenes de Shaoran y recuerdos de su voz contándole historias, la llenó por completo. Touya tenía razón en una cosa, ella lo amaba, como nunca antes había amado a nada ni a nadie y se encontró deseando con todas sus fuerzas que él sintiera lo mismo.

Porque estaba arriesgándolo todo, estaba a punto de pedirle la peor cosa de todas: dejar a su hermano atrás.

Con tal de preservar su vida, se aliaría con Touya y se marcharía con Shaoran, lejos si era necesario, sin importar nada más. Ella haría lo que fuera.

¿Era esto lo que significaba estar enamorado?

¿Sacrificar lo que fuera por el bien del amado?

¿Dejar a Touya atrás, sin importar qué?

¿Era ésta la verdadera forma del amor?

¿Un acto tan egoísta?

Si era así entonces lo odiaba.

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Touya apenas y pudo sostener su puesta en escena delante de Shaoran. Empezar con algo de agresión física, sin embargo, lo facilitó. Shaoran respondió con fuerza y testarudez.

Rebatir los motivos por los que Touya intentaba justificar el arrebatarle la vida y el futuro a una persona fue más difícil de lo que imaginó, pese a que todo lo que le dijo a Shaoran era verdad. Tenía ganas de aceptarlo, unirse a Shaoran y pedir perdón por todo el daño que las leyes de su país le habían provocado a esa pobre chica. Sin embargo calló y peleó.

Tan impulsivo como siempre, Shaoran salió disparado, evidentemente a brazos del Oráculo, Touya se sintió aliviado de no tener que seguir fingiendo, pero sabía que la función aún no había terminado.

Aligeró la tensión en sus hombros, sacó fuerzas de algún lugar que no atinó a definir y fue detrás de su hermano. Caminando a paso lento y sin ánimos de llegar a su destino.

-Pero debe hacerse -se dijo-. Por el bien de ellos.

Cuando llegó a las puertas, los guardias se lanzaban miradas nerviosas sin saber qué hacer. Shaoran ya había llegado y al parecer había sido de frente.

-¡Majestad! El príncipe... acaba de entrar con el Oráculo. Ha dicho que tiene su permiso.

-Sí, disculpen al príncipe, acabábamos de hablar de una cita con el Oráculo pero he olvidado decirle que necesitamos concretar la cita con el concejo y después del tiempo reglamentario. Entraré a decírselo. De todos modos si la predicción que dé el Oráculo es de utilidad no se habrá perdido nada.

-Entiendo mi señor. El príncipe aún debe aprender varios de los protocolos.

-Por supuesto. Ahora si me disculpan.

Los guardias se cuadraron en su lugar y se hicieron a un lado de inmediato. Apenas conscientes que el rey en persona acababa de darles una disculpa en nombre del príncipe.

Touya llegó justo a tiempo para escuchar la pobre confesión de amor por parte de su hermano y su todavía más pobre intento por convencerla de que todo estaría bien, que Touya recapacitaría y que las cosas no tenían que verse tan oscuras para ellos.

-¿Qué pasaría si siguieras siendo el Oráculo? Sólo proclamaríamos reglas menos estrictas. El aislamiento, la soledad. Podemos al menos cambiar eso.

Al escuchar ese sinsentido supo que era su anuncio de entrada.

-Eso es imposible -dijo, y pudo ver como su hermano se tensaba mientras pronunciaba su nombre.

-Touya –siseó.

En un segundo, el príncipe parecía un perro de caza listo para atacar, sin embargo cuando sus ojos se encontraron el príncipe bajó los hombros y sus ojos ya no parecían despedir fuego.

Al menos ese era un avance.

Continuó, muy a su pesar, poniendo un obstáculo a cada posible solución propuesta por Shaoran. El Oráculo tenía razón, debía empujarlo a escapar, no dejarle una sola alternativa.

Y en el interludio de su culpa y la desesperación de Shaoran por llegar a una respuesta, escucharon al Oráculo disculparse.

-Lo siento.

-¿Lo sabías? –Preguntó Shaoran-. ¿Acerca de ésta característica de tu poder?

Mientras Touya respondía la pregunta de su hermano, pensaba en la disculpa de la adivina y en cómo no tenía absolutamente nada de fingido. Era una disculpa real, estaba seguro que era totalmente sincera y más que disculparse por ver a Shaoran fuera de las reglas o escaparse a hurtadillas del castillo, ella decía lo siento por su descaro en hacer todo esto para obligar a Shaoran a huir de su fatal destino.

Así como Touya supo cuándo hacer su entrada, también supo cuándo hacer su salida.

Esos dos necesitaban tiempo a solas.

El rey se marchó, esta vez dejándolos realmente solos y respetando su privacidad. Tal vez si se apresuraba, alcanzaría a dormir al menos dos horas.

X-X-X-X-X-X-X-X-X-X

Sakura se odió a cada palabra, cada movimiento, cada suspiro.

Estaban engañando a Shaoran, manipulándolo. Pero no todo era mentira, cada vez que Sakura intentaba convencerlo de no hacerlo, de quedarse, cuando le repetía que lo que sentía no era amor, lo hacía con toda la sinceridad de su corazón. Debía hacer hasta lo imposible por convencer al príncipe que estaban cometiendo un error, si Shaoran lo aceptaba significaría que Touya estaba equivocado o que lo que sentía el príncipe no era tan fuerte después de todo.

Sin embargo, no contaba con la testarudez de Shaoran, su cabeza dura, y definitivamente no había pensado en que tenía que desafiar a esos ojos castaños que, ahora lo notaba, la veían con el más profundo amor.

Tal vez Touya también tenía razón en esa parte...

Su corazón no pudo competir con eso, así que pese a su determinación por intentar convencerlo de quedarse, Shaoran como siempre, terminó ganando la partida y de un momento a otro se encontró confesando aquel sentimiento que tanto tiempo había mantenido oculto para él y hasta para ella misma.

-¡Sí! Sí te amo ¡Llévame contigo! ¡Vámonos de aquí!

Y sintió, en esta primera vez de decirlo en voz alta, que era totalmente verdad. Supo lo ciega y tonta que había sido todo este tiempo y cuando Shaoran le pidió decirle su verdadero nombre supo inmediatamente el por qué. Shaoran necesitaba asegurarse que no cambiaría de opinión, que ésta confesión de amor era real y no iba llegar al día siguiente para encontrarla retractándose y arrepentida.

Asintió y lo dijo, ese nombre que tantas veces había querido decirle al príncipe pero algo, no las reglas que ya estaba acostumbrándose a romper, sino algo más profundo, se lo impedía decir.

Se sintió tonta y el estómago comenzó a darle vueltas en el momento que escuchó a Shaoran adular su nombre. Se sintió después segura y confiada cuando el príncipe le aseguró que las cosas estarían bien, y cuando finalmente la besó, supo que no había sido una ciega sólo por no entender sus propios sentimientos, sino también por no haber visto los de él. Ni siquiera siendo tan claros, tan visibles.

Touya tenía razón. Él la amaba y ella a él. Si Touya no hubiera intervenido, si las cosas hubieran seguido igual, ¿serían ellos capaces de aceptar o entender este sentir? ¿O su ceguera habría permanecido ya sea por estupidez, o por saber que de todos modos lo suyo no llegaría a ningún lado?

Ahora jamás lo sabría.

Cuando Shaoran se fue, Sakura se permitió sentir esperanza. Tal vez Touya tenía razón, tal vez así se salvarían ambos, tanto Shaoran, como Touya.

Y ella. Era posible que ella también rescatara su vida de este repentino infierno.

X-X-X-X-X-X-X-X-X-X

Cada día Touya despertaba con un mismo pensamiento "¿se habrá ido Shaoran esta noche?" Y cada día Shaoran le daba los buenos días sentado a la mesa.

Touya entonces respondía el saludo y regularizaba su respiración.

Sabía que lo que estaba haciendo era por el bien de su hermano y el Oráculo, sabía que cuando se encontrara solo a la mesa, significaría que Shaoran había escapado a una nueva y tal vez mejor vida. Pero aun así, se alegraba cada mañana al saber que podía ver a su hermano al menos un día más.

En el transcurso de los días, decidió visitar al Oráculo, utilizó el pasaje que ahora conocía y decidió probar su efectividad.

Entró sin problemas.

-Te lo dije -celebró el rey a la adivina cuando ésta le confirmó que Shaoran había decidido marcharse-. Está loco por ti.

-Esto no está bien Touya -respondió ella temerosa. Ignorando el esfuerzo de Touya por querer alegrar un poco la tan sombría situación.

-Estarán bien. Él te cuidará.

-Lo sé, pero ¿quién te cuidará a ti?

-Tengo un ejército para eso.

Desde entonces Touya la había visitado casi diariamente, confiado de no encontrarse con Shaoran después que el mismo Oráculo le dijera las intenciones del príncipe de no volver a verla hasta el día de la fuga. Así que ni Touya, ni el Oráculo sabían nada acerca de cómo o a dónde es que irían cuando se marcharan.

No era esperanzador en absoluto. Shaoran parecía estarse vengando de su complicidad aún sin saberlo.

Fue hasta el día en el que Touya abrió los ojos por la mañana sin pensar si encontraría o no a su hermano sentado a la mesa para el almuerzo, cuando el príncipe decidió no aparecer y supo que la noche anterior había sido la última en la que había visto a su hermano.

Los sirvientes preguntaron si el rey esperaría al príncipe o si deseaba que fueran por él a sus habitaciones. Touya se negó a ambas.

-Tiene otras cosas que hacer -dijo y pidió que se le sirviera.

Tantos años sin la compañía de Shaoran en los momentos más comunes y sólo le bastaron unos meses para acostumbrarse a su presencia, a su conversación y a su ceño eternamente fruncido. La ausencia del príncipe era notoria. El silencio únicamente interrumpido por el chillar de sus propios cubiertos sobre los platos le embriagaba el alma.

Hicimos lo correcto. Se repitió por enésima vez. Era lo correcto. Para el Oráculo, para Shaoran, incluso para él. No había mentido cuando dijo que iba a centrarse más en su propia seguridad ahora que no pensaba constantemente en que si moría, Shaoran iba a seguirlo. Así era más sencillo.

Sin embargo, saber eso no le impidió que el primer bocado que pasó a través de su garganta le supiera a polvo.

X-X-X-X-X-X-X-X-X-X

El día transcurrió mortalmente lento, así que cuando Yorito llegó poco antes del mediodía pidiendo una audiencia privada con él, para Touya había pasado ya una eternidad desde que Shaoran y el Oráculo habían abandonado el castillo.

El rey no lo pensó dos veces y aceptó la visita del hijo del conde, quien bajó una rodilla al suelo inmediatamente al verlo sentado en su trono.

-Mi rey. Me siento honrado de que me permitiera esta audiencia, pese a que vine sin previo aviso.

-Puedes levantarte. Debo decir que tu visita no la esperaba.

Y no mentía. ¿Qué tenía Yorito qué ver con esto?

-Mi señor -continuó Yorito, haciendo oídos sordos a la petición del rey y permaneciendo con la rodilla y la mirada al suelo-. Me gustaría empezar por preguntarle si ha visto al príncipe el día de hoy.

-Ciertamente no -se heló- ¿Cuál es el problema?

-Mi señor. El príncipe... -levantó la mirada hacia el rey. Touya vio decisión mezclada con miedo-. Él no volverá. Se ha ido y... y se llevó al Oráculo con él.

Touya se puso de pie tan rápido que casi hace caer el pesado trono detrás de él.

¿Cómo era posible que este hombre los descubriera?

-Levántate -demandó-. Y dime qué es lo que sabes.

Al momento de Yorito ponerse de pie el rey ya estaba frente a él, Touya pudo notar con satisfacción el nerviosismo que su cercanía le causaba.

-Yo le ayudé a atravesar las puertas de la ciudad esta mañana al salir el sol. Tienen varias horas de ventaja y... no planean volver.

Touya se congeló en su lugar. No entendía nada. ¿Yorito lo sabía? ¿Los había ayudado?

-¿Por qué vienes a decirme esto? -preguntó, pues esta confesión no tenía sentido.

-He venido, mi rey, porque yo soy fiel a la corona. Y el príncipe era parte de la familia real hace unas horas. Así que cuando vino en mi auxilio yo se lo he dado. Si me permite contarle todo lo que sé, me permitirá liberarme de todas estas mentiras y después de eso usted decidirá qué hacer conmigo y mi familia.

Touya levantó la barbilla enarcando una ceja, dándose cuenta hasta ahora de la valentía y la lealtad de este hombre. Claramente Shaoran no pudo encontrar un amigo más fiel, uno que había mentido a su propio rey y que ahora venía por voluntad propia a entregarse a su designio.

-Habla.

Yorito asintió.

-Todo empezó cuando éramos jóvenes y el rey padre acababa de morir. Mi padre siempre ha sido fiel a la corona y ha inculcado fuertemente eso a nosotros sus hijos, así que cuando faltó el padre rey y el príncipe Shaoran se aisló en una burbuja a la que no permitía entrar a nadie, mi padre decidió enviarme para ayudar al joven príncipe.

》Usted y el príncipe estaban en peligro constante de atentados siendo tan jóvenes, mi padre supo que si algo le pasaba a usted, el príncipe tomaría su lugar y no se podía tomar el lujo de mantenerse indiferente con la gente a su alrededor.

》Me envió, pues, a ayudarle abrirse. Fue difícil desde el principio, el príncipe no parecía disfrutar mi compañía y a menudo lo demostraba y expresaba con palabras también. Sin embargo, con el tiempo y al ver mi insistencia creo que comenzó a soportarme. No éramos amigos, ni nada cercano a eso, yo simplemente me aparecía cada que mi padre tenía audiencia con usted y el príncipe pareció aceptarlo.

》Nuestras conversaciones eran vacías o aburridas, ya he olvidado de qué hablábamos, sólo recuerdo el alivio que sentía cuando aparecía mi padre para decirme que era hora de partir. Empezaba a cuestionarme sus decisiones, no estaba ayudando al príncipe y no había motivos que me hicieran pensar que nuestra relación cambiaría. Cada día pensaba en la manera de decirle a mi padre que no quería seguir con esto, pero cada día me arrepentía en el último momento.

》Un día, en el que acompañaba a mi hermana a comprar una tela para un vestido nuevo, íbamos de camino en el coche cuando lo vi. Era el príncipe, ahí parado en la calle ¿cómo no reconocerlo?

》Iba vestido como un andrajoso, pero era el andrajoso más limpio que había visto jamás en mi vida. Él también me vio, lo sé porque nuestras miradas se encontraron mientras el coche seguía avanzando. "Mantén la boca cerrada", me dijeron sus ojos. Yo asentí asustado, no sabía qué estaba pasando.

》Al día siguiente le pedí a mi padre que me trajera al castillo. Cuando pedimos audiencia con el príncipe, éste me recibió de inmediato. No se anduvo por las ramas, apenas estuvimos solos, me ordenó que bajo ninguna circunstancia abriera la boca, ni con usted ni con mi familia. Le aseguré que no lo haría y que confiara en mi silencio, pero también me atreví a preguntarle qué era lo que hacía ahí solo, sin guardias y vestido de esa manera.

》Todavía no sé por qué decidió responderme. Como ya le había mencionado, no éramos amigos y ambos sabemos que el príncipe no tiene ningún reparo en decir lo que piensa. Bien pudo decirme que me metiera en mis asuntos y que me largara. Pero no lo hizo. Me lo contó todo. Cómo había encontrado el viejo pasadizo para salir del castillo sin ser detectado y que planeaba seguir usándolo.

》Yo era un jovencito idiota, la idea me pareció atrayente y le rogué que me llevara con él, le expliqué cómo había sido un error vestirse así. Que esa peculiaridad fue la que me hizo reparar en él en primer lugar y le sugerí algunos puntos que debía cuidar. Al fin y al cabo el no salía nunca del castillo y apenas conocía los modos de la gente común. Aceptó y juntos comenzamos a mejorar nuestros métodos de camuflaje entre la gente del pueblo. Sin darme cuenta me encontré un día con la certeza que me había ganado su amistad y él también la mía.

》Pero nada de eso valió la pena. Él se abría conmigo pero con nadie más. Su aversión a las demás personas era exagerada, específicamente su aversión a usted. Nunca pude hacerlo cambiar de opinión. Seguía encerrado en sí mismo y los años pasaban sin cambio alguno, cuando salíamos a la capital, se desenvolvía más con las demás personas y pensé que eso era mejor que nada, así que no hice demasiado por intentar cambiar las cosas una vez más.

》Un día, cuando me había acostumbrado ya a nuestra rutina, llegó diciendo la cosa más inverosímil. Había visto al Oráculo. Me habló de su triste suerte, de su soledad y me di cuenta que ésta era la primera vez que mostraba interés en otra persona que no fuera él o yo. A sus espaldas, seguí el camino que me explicó y hablé con ella. Mi rey, pido perdón por eso, pero debía hacerlo. Fui y le dije que siguiera al príncipe en sus locuras, que se acercara a él. Todo esto pensando que tal vez ella era la clave para suavizar el alma de Shaoran.

》Y funcionó. ¡Cambió tan drásticamente! Pero nunca pensé... Nunca pensé que se enamoraría de ella... yo... ¡Todo esto es mi culpa mi señor! El príncipe ha abandonado su lugar ¡y todo ha sido culpa mía!

Se hincó una vez más y cuando Touya estuvo a punto de pedirle que se pusiera de pie para decirle la verdad desde su extremo de la mesa, el joven continuó hablando, todavía con la mirada al suelo.

-Sabía que Shaoran sentía una atracción, incluso llegué a molestarlo con eso en algunas ocasiones. De otro modo no creo que para ella fuera posible influenciarlo de ese modo, sin embargo, nunca creí que esa atracción se convertiría en...

-Amor -terminó Touya.

El noble pareció encogerse más en su lugar y Touya casi juró verlo asentir.

-Acudió a mí por ayuda -lentamente levantó la mirada hacia el rey-. Dijo que la amaba y que iba a escapar con ella. Que me necesitaba. Yo no pude negarme, sabía que se iría con o sin mi ayuda. Y no pude negarme.

Touya se sentió abrumado por el pesar que embriagaba a este hombre, no supo qué decir y su silencio fue tomado como una muestra de desaprobación a los ojos de Yorito.

-Pero antes de eso, fui una vez más con el Oráculo -agregó el noble para la sofpresa del rey-. Fui a pedirle que recapacitara. No lo hizo, por supuesto. Confieso mi rey, que aún me siento traicionado por ella. ¿No ve acaso el daño que le hace el reino marchándose con nuestro príncipe? Aun así, hice todo lo posible porque sus vidas sean lo más cómoda posible. Conseguí documentos de identidad falsa, les indiqué que fueran con un lord familiar mío lejano y con eso espero que vivan cómodos y sin necesidad de estar huyendo siempre.

》Ahora usted sabe toda la verdad y me pongo en sus manos, mi amado rey. Aceptaré su castigo, sea cual sea. Pero no le diré a donde fueron.

Touya continuó callado después del final de tremenda historia. No podía creer que todo este tiempo este hombre había sido cómplice de su hermano. Siempre creyó que Shaoran era del tipo que hacía las cosas en solitario, por eso, aunque supiera de la amistad del noble con el príncipe nunca creyó que ambos compartieran tales secretos. Incluso Touya solía pedirle a Yorito que le sacara información a Shaoran de vez en cuando ¡y el noble realmente le traía la información cada vez que se la pedía!

Ahora entendía que todo había sido un doble juego perfectamente elaborado.

-Mi hermano tiene suerte de tener un amigo como tú.

Yorito abrió los ojos llenos de asombro. No podía creer esas palabras, Touya al verlo se permitió reír.

-Levántate y ven conmigo. Hay un par de cosas que creo mereces saber.

El hijo del conde asintió y siguió al rey quien lo guio a una sala secundaria y menos diplomática donde el rey y el joven noble tomaron asiento.

-Acepto, que muchas de las cosas que me has dicho hoy me han dejado impresionado. Ustedes me han engañado totalmente.

-Majestad yo...

-No te llevaré al patíbulo si así lo piensas. Me alivia que Shaoran te tuviera a su lado.

Yorito bajó la mirada. No se sentía para nada como un buen amigo. Había ayudado a Shaoran a desprenderse de su herencia de sangre después de todo.

Sin embargo, cuando recibes una adulación del rey. No pones objeciones.

-Me alivia -continuó el rey-, saber que todas esas veces que lo supuse solo, en realidad contaba con tu compañía. Verás, hiciste lo correcto en ayudar a Shaoran a salir de aquí. No estoy loco, no pongas esa cara. He sabido de esta fuga desde antes mismo que Shaoran lo pensara siquiera.

-Majestad... yo, no entiendo.

-Lo que te diré hoy, te prohíbo vuelvas a repetirlo, mucho menos a Shaoran, ya que estoy seguro mantendrás comunicación con él. Debes jurarlo Shinohara. ¿Puedo confiar en ti?

-Mi rey... -Yorito dudó, había pasado tantos años siendo leal a Shaoran y mintiéndole al rey, y ahora debía ser sincero y elegir. Saber la verdad y ocultarlo a Shaoran o agradecer al rey su confianza y preferir la ignorancia pero sin ocultarle nada su mejor amigo.

Touya lo observaba, esperando su respuesta.

-Shaoran se fue -dijo el rey-. Así lo decidió el. Ahora es tu turno de decidir.

Yorito asintió.

-Puede usted depositar su confianza en mí, majestad. El príncipe no sabrá nada. Lo juro.

Touya sonrió y Yorito fruncía el ceño mientras el rey le hablaba acerca de cómo comenzó a sospechar de la relación entre Shaoran y el Oráculo y cómo había decidido probar su teoría observando a ambos en el ritual.

-Fue obvio. Apenas y pueden ocultarlo -decía el rey-, por un momento pude sentirme feliz por ambos pero... Aquí viene la razón de todo esto. El Oráculo recitó su profecía. Y no fue una muy buena.

El noble trago pesado cuando escuchó la verdadera profecía que había dado el Oráculo. Recordó cómo se sintió intimidado por ella y que pensó en cómo le creería cualquier futuro que ella le dijera. ¿Cómo habría sido para Shaoran y el rey escuchar esas palabras de esa boca?

-Comenzaba a hacer cosas cada vez más imprudentes -continuó el rey-. Salió con ella a la celebración de la capital, incluso ideó la manera de traerla al baile del castillo-. Yorito no se permitió pestañear siquiera. Esas cosas las sabía de primera mano, él le había ayudado al príncipe a llevarlas a cabo-. Cada vez estaba siendo más atrevido. Era cuestión de tiempo que alguien más los descubriera. Entonces supe que podía matar dos pájaros de un tiro. El Oráculo es alguien muy preciado para mí. Ella es una de las mejores personas que he conocido, si ambos se marchaban de aquí, Shaoran podía sobrevivir a esa profecía y ella al fin tendría la vida que egoístamente se le había arrebatado. Era perfecto.

-¿Cómo lo logro? ¿Cómo hizo para que Shaoran decidiera esto por sí mismo?

-Lo arrinconamos, entre el Oráculo y yo le cortamos todas las salidas posibles. La solución obvia sería solamente esa. Recibí ayuda del Oráculo para esto. Ella sabe que lo mejor para Shaoran es marcharse, es por eso, amigo Yorito, que declinó tu petición de pedirle a Shaoran permanecer en su lugar. Porque lo ama y no querrá verlo morir.

Yorito bajó la mirada, para él era evidente la atracción de Shaoran hacia la adivina, sin embargo no tenía manera de saber o de intuir lo que esa mujer pensaba o sentía. El rey, por otro lado se veía totalmente seguro de los sentiemientos de la mujer y de su desinterés en toda esta situación.

Para Yorito, por otro lado, no encontraba qué era lo que ella perdía con ese escape. Todos sus numeros (desde su punto de vista, al menos) eran a favor. Ella no dejaba nada atrás.

-Gracias por confiarme esto, majestad -dijo-. Ahora veo por qué Shaoran no debe saberlo. Guardaré el secreto.

-Sé que lo harás. -sonrió-. Ahora. Necesitaré de tu lealtad Shinohara, a ti y a Yue. Necesito personas de confianza a mi alrededor. Ahora que sabes mi posible futuro, necesito que vigilen mis espaldas. Tú con los nobles que puedan estar en contra mía y Yue en el campo libre, cuidarme de los asesinos que Railan pueda enviar.

-No se arrepentirá. Encontraré si hay traidores a su alrededor.

-Me reconforta escuchar eso.

Cuando Yorito se marchó, Touya se permitió dirigirse al ala donde se encontraban las habitaciones de Shaoran. Al entrar no se encontró con ningún tipo de desorden, o indicio alguno de que su habitante se había marchado para siempre. Su espada seguía empotrada en la pared, hermosa y letal; su arco, a un lado, descansando al lado del hogar apagado desde hacía horas.

Entre más observaba Touya, más se percataba que su hermano no se había llevado nada de valor sentimental. Su espada y arco, después de todo, estaban grabados con el sello real de príncipe así como muchas de las joyas que le pertenecían. Sin embargo, no encontró joyería u objetos de valor que carecieran del sello real. Shaoran se había llevado objetos de valor que pudiera vender o fundir sin llamar demasiado la atención. El maldito.

-Al menos sé que tiene cerebro.

Cuando se sintió satisfecho de observar casi habitación por habitación, el rey se sentó detrás del escritorio de su hermano y suspiró.

De pronto sintió como si en cualquier momento el molesto de su hermano fuera a entrar por el umbral y exigirle retirarse de su silla, sin embargo, sabía que eso no volvería a pasar. Shaoran no iba a volver y Touya sintió un gran alivio y tristeza recorrer su cuerpo.

Estaba por levantarse cuando se percató que bajo un cofrecillo de metal sobresalía un papel. Aquello llamó su atención ya que todas las cosas que tenía Shaoran sobre el escritorio parecían tener un lugar propio y ese papel era lo único que parecia fuera de lugar. La curiosidad hizo mella en él y al sacarlo se encontró con un sobre cuidadosamente doblado, sellado con cera y con su nombre escrito. Touya rompió el sello sin pensarlo dos veces y leyó lo siguiente:

La quiero como no he querido a nadie en mi vida, ni siquiera a mí mismo. Por eso te ruego que no nos busques. Te prometo por lo más sagrado, que es ella, que la protegeré y no dejaré de hacer todo lo que esté en mis manos por darle una vida feliz. Una vida que sabes nunca tendría en el castillo. Sé que tú tambien la quieres, lo sé porque ella lo repite constantemente, asi que por favor, no nos sigas.

Sé también que estoy huyendo del futuro que se nos dijo. Te pido perdón aunque sé que no lo merezco. Pero tuve que hacerlo, no tuve otra opción.

Shaoran

Volvió a cerrar la carta, la guardó entre sus ropas y sonrió.

Directo al grano, como siempre. Sin embargo, ningún adiós fue dicho, salvo una disculpa. Touya sabía que Shaoran no era un hombre de muchas palabras pero esto había sido excesivo. ¿Eran éstos los últimos pensamientos que obtendría de su hermano?

Aun así, eso era mejor que nada. Gracias a que Touya ya esperaba esta partida, jamás pensó en que Shaoran pudiera dejar algunas palabras de disculpa o despedida para él. Era algo que simplemente no esperaba que pasara.

Se levantó y salió de la habitación con apuro. Había otros asuntos que requerían de su atención, ya no podía seguir dedicando más tiempo a este asunto.

Ese era el plan, después de todo.

Fin del capítulo


¡Aja! ¿Quién se olía la verdad detrás del malvado e insensible rey? Díganme, sé que al menos alguno debió sospechar algo. Touya no puede ser tan malvado.

Ok, sé que esta segunda parte no fue tan larga como la primera y que en cierto modo la historia transcurre con un fast foward bien intenso xD pero odio, odio, realmente odio volver a contar las cosas dos veces y sé que es exactamente lo que acabo de hacer, pero pensé mil maneras para que todo esto fuera parte de un solo capítulo, pero no fue posible, necesitaba darles la impresión de que Touya los quería separar de verdad y luego sorprenderlos con que dice mi mamá que siempre no y soy un rey bueno. Pensé en un flashback por parte de Sakura pero no iba a alcanzar a abarcar ni la mitad de lo que abarqué con este método. Así que ni modo, POV's, POV's everywhere. Sólo espero les haya gustado y no los aburriera volviendo a contar la misma historia.

Hay muchas cosas que quisiera decir y mil más que quisiera saber de ustedes ¿creen que ésta elección fue la correcta? ¿Creen que Yorito fue un buen amigo o sólo es un buen súbdito? ¿Yue es un amigo leal o un guardián fiel? ¿Sakura y Shaoran realmente están preparados para su nuevo futuro? Dejen sus comentarios, me encantaría saber su opinión (yo tengo la mía xD).

Además de lo anterior, quisiera repetirles mi agradecimiento. Gracias, muchas gracias por los nuevos favoritos y follows que me he estado encontrando estos días, me han hecho muy feliz. ¡Hola! A todos los nuevos lectores, espero que les siga gustando la historia, y a los que ya nos conocemos, gracias por seguir al pendiente, sé que ya ha pasado tiempo desde que empecé esta historia y me alegra que sigan aquí. Sus reviews son los que me hacen seguir escribiendo. Gracias!

Ahora, como ya deben sospechar, faltan cada vez menos capítulos, pero no se preocupen porque todavía falta historia. El siguiente capítulo aparecerán dos personajes conocidos (sino es que tres), y espero que lo disfruten mucho.

¡Sakura-Shaoran-moments aguardan! ¿Qué creen que pase en el siguiente capítulo ahora que se han escapado estos muchachos atrabancados?