LO QUE QUIERO (2)

Los años empezaban a pesarle un poco a Kijima Hidehito. Estaba cansado… Cansado de ligues, cansado de cabezas huecas… Muy guapas, muy lindas y todo lo que tú quieras, pero cabecitas vacías, llenas de pajaritos y sin nada de sentido común…

Todo el mundo estaba sentando la cabeza, y él seguía atascado en la perpetua adolescencia.

¡Si hasta Ren-kun tiene novia formal!

Se impuso entonces un experimento. Quería demostrarse a sí mismo que podía salir con una mujer sin acabar en su cama. Que podría conocerla, conocerla de verdad, yendo más allá de un exterior hermoso. Porque tendría que ser guapa, eso sí. Ante todo, quería probarse a sí mismo que sería capaz de dejar atrás esa mezcla extraña de Casanova y Peter Pan que era él y finalmente crecer. Crecer para comportarse como un hombre adulto, serio y formal. Un hombre de quien sentirse orgulloso… Y con el celibato autoimpuesto como forma de crecimiento personal, se impuso la difícil tarea de encontrar a la elegida.

O no tan difícil…

Momose Itsumi siempre fue su primera opción. La conocía de antes, e iban a trabajar juntos de nuevo, y lo más importante, siempre había sido amable con él. Era joven, sí, pero conocedora de este frágil y voluble medio en el que vivían. Ella se había mantenido a salvo de la prensa rosa y sensacionalista manteniendo una actitud honesta y una vida transparente. Sus anteriores intentos de coqueteo siempre le resbalaron y nunca mostró el menor interés en él.

Momose-san sería perfecta para su experimento. Ella no se enamoraría de él ni él de ella. No le haría ningún daño y él maduraría por fin.

Pero un día las potenciales novias u objetivos desaparecieron de su radar. Como si su cerebro ya no las viera. Itsumi…, sus ojos solo veían a Itsumi. La buscaba en los descansos del rodaje. Quedaba con ella los fines de semana. Cuando tenía consigo a sus sobrinos, se presentaban en su casa. Se pasaba el rato mirando el reloj contando las horas hasta su próxima 'cita'. Porque nunca eran citas, no como las que él solía tener, desde luego. Pero quería verla, y si no podía, para eso tenía el teléfono.

Una mañana, no mucho después, se despertó pensando en una vida con ella.

Una tarde, se mordió la lengua para no preguntarle si le había echado de menos.

Una noche, quiso besarla más que nunca. El cuerpo le ardía, urgiéndole a probar sus labios. Pero no lo hizo.

Luego ella huyó.

Y Kijima Hidehito enloqueció.