PASILLO DE FLORES

Me alegro tanto de haberte recuperado, Kyoko… Algo habré tenido que hacer bien en alguna otra vida —no en esta, desde luego…—, porque todavía no sé cómo has podido perdonarme. Siempre has sido mejor persona que yo…

Jamás tendré el valor de decirte cuánto has significado en mi vida… Jamás sabrás cuánto del hombre que hoy soy, te lo debo solo a ti… Me redimiste, Kyoko… Tomaste al muchacho estúpido y lo convertiste en un hombre. En alguien digno de ser llamado hijo por sus padres. En alguien que inspira respeto en vez de exigirlo. Destruiste al niñato y me creaste a mí…

Te lo debo todo…

Y hoy es el día…

El día que más que nunca pareces una princesa de cuentos de hadas. Ni siquiera el velo puede esconder tu sonrisa enamorada.

Refrenas el paso y te aferras al brazo que te conduce al altar, porque sé que si no, flotarías de felicidad.

Por fin lo veo, Kyoko. Por fin veo cómo debería ser el verdadero amor…

Mi querida amiga, mi vida, mi musa…, sé feliz…

Aunque no sea conmigo…