ES DE BIEN NACIDA SER AGRADECIDA
Cuando Shingai Seichi oyó decir su nombre a través del sistema de megafonía que se había instalado en el hall de LME, la copa de champán se le cayó de las manos.
En medio de las voces que le rodeaban casi no lo escucha, porque la mujer llevaba ya sus buenos tres minutos de agradecimientos, mezclando suspiros y lágrimas de dicha, mientras su marido reventaba de orgullo feliz en el patio de butacas.
—Mi eterno agradecimiento a Shingai-kantoku por concederme hace tantos años la oportunidad de ponerme por primera vez ante una cámara.
Allá, en la pantalla gigante de la pared del fondo, Hizuri Kyoko con la dorada estatuilla en sus manos.
Un Óscar.
