Aquí traigo el segundo capítulo y les informo que trataré de publicar dos capítulos por semana, en martes y en viernes, muchas gracias por la cálida bienvenida que le han dado a esta historia, me siento muy honrrada y buscaré dar el ancho; esta historia está mayormente ya escrita lo cual es bueno para ambas partes así ustedes no tienen que esperar y yo no quedo mal. Me siento obligada a aclarar nuevamente que esta es una historia SwanQueen y promento que llegaremos a eso, aunque me tome toda la vida, les informo que Emma va a ser pequeña por una cantidad considerable de capítulos así que, paciencia :) siéntanse con libertad de contactarme.
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Capítulo 2:
La advertencia de Maléfica.
La orden de alimentar traidores había sido confusa para el servicio aunque no era algo que pudieran cuestionar y la reina sin dar parte a la incertidumbre inmediatamente se encontró frente al caldero de peltre, -en esos casos era importante la agilidad-: Usó una base de agua de magnolia y polvo de acacia que se mezclaba con el oro de la corona olvidada de Blancanieves, recitando un conjuro en silencio sus dedos emanaban energía escarlata que se perdía en el brebaje y con creciente intensidad le hacía despedir un humo translúcido de aroma metálico. -Esto es perfecto. -Expresó en una sonrisa y con un movimiento suave vertió el líquido en una botella de cristal. Había pasado las últimas horas incursionando en las artes oscuras y ahora, mirando la poción a contraluz estaba satisfecha y lista para utilizarle.
–No tendrán ni idea. – Expresó elevando unos centímetros su muñeca en un movimiento circular antes de que un leve quejido quebrara su concentración, la niña descansaba a la mitad de su cama como un diminuto bulto entre las sábanas de seda y por un instante la duda le hizo morderse el labio inferior, no lograba aceptar enteramente su compañía y girando los ojos con enfado, se volvió por ella. –Hago esto porque no es inteligente dejarte sola, "patito feo". –Emma continuaba durmiendo y solo podía pensar que los humanos de ese tamaño debían ser así de ajenos al mundo lo que volvía una intriga el qué las personas del servicio la tuvieran en tan mal concepto.
Esta vez con Emma bien sujeta contra su cuerpo se hizo aparecer a la entrada de la cocina en un humo púrpura que se desvaneció con la misma gracia que había llegado y notó que la pequeña tenía sus grandes ojos esmeralda abiertos de par en par, un gesto de temor se adivinaba en sus labios apretados y leves quejas que prevenían llanto. -Así es el primer viaje, niña, no seas delicada. -Le dijo seriamente ignorando sus sollozos y atravesó la puerta. -Anastasia, sirve veinte copas de mi mejor sidra y habla a los guardias, vamos a darles de beber a los prisioneros antes de dejarlos volver a sus hoyos en los árboles y cuevas húmedas.
Ambas hermanas se dirigieron una mirada confundida ¿la reina se había suavizado? -Drizella, tú no trabajas en la cocina, ¿Les pago para que mejoren los lazos familiares? Sal de aquí, consigue a la costurera, haz que espere en mis habitaciones. ¿¡Dónde está Graham!? -Esto último gritando lo que le causó un pequeño sobresalto a la niña. Evidentemente no era más suave.
-¿Su majestad? -El jefe de la guardia habló desde el marco de la puerta como si llevara rato observando.
-Oh bien, ahí estás. Haré que los traidores olviden lo sucedido este último año. -expresó y con precisión matemática iba vaciando la poción en cada una de las copas que la encargada de cocina llenaba. -Asegúrate que todos beban de la sidra y enseguida los liberas, no pienso gastar un día más en recursos con ellos.
-¿Reanudará la búsqueda de Blancanieves, su majestad? -Inquirió mientras los sirvientes comenzaban a llevar en charolas de plata las copas rebosantes.
-De eso hablaremos posteriormente. –Dijo indicando con las manos que se retirara.
Los pequeños quejidos de la niña no cesaban y con una mirada severa se dirigió hacia ella. -Necesitas ser más fuerte, no puedes tener miedo a la magia o empezaré a tener dudas sobre lo que debo hacer contigo. -le decía sin detenerse y mirando fijamente a la pequeña que no lograba componerse, se sentía extraña, empezaba a asimilar la complejidad de su decisión y no fue hasta que se encontró frente a la puerta de su habitación que se quedó sin habla: había caminado de regreso, un escalofrío recorrió su ser. -Que sea la última vez que me haces realizar algo de este tipo, no tengo ninguna necesidad de caminar, vas a tener que superar tu aversión a la aparición mágica. -Un deseo de sonreír le llenó el rostro antes de recuperar la compostura y aclarando su garganta empujo la puerta. –Oh bien, Drizella no es una completa inútil.-Los nervios de la costurera se convirtieron en curiosidad al verla entrar concentrada en la niña dirigiéndose a la cama y desenvolviendo con cuidado la manta bordada que resguardaba a la pequeña -Necesita ropa, la visten únicamente con sábanas, le harás algo sencillo, solo para que no sea una salvaje indecente, sé lo más rápida que puedas ¿Has entendido bien? -La reina malvada no necesitaba explicar sus órdenes sin embargo esta vez no pasó por alto la expresión confusa de su empleada quien automáticamente tomó medidas con una cinta y notas en un pergamino, la acción entera no llevó más de unos minutos y quedándose sola suspiró. -Emma. -La alzó por debajo de los brazos en nada más que el pañal de tela y le miró a los ojos. –Tienes tres días aquí, ya sabras que la gente es ignorante y vulgar. -La duda empezó en ella. -¿Sabes quién es tu madre?... ¿Sabes quién soy yo?... ¿A caso tienes idea de quién eres tú?... -La niña sonreía con gracia al sentirse alzada. -Eso pensé. Tú ignorancia es una completa delicia. – Dijo devolviendo la sonrisa con suavidad. -No debes temer qué no te haré nada, puedes estar segura de que vas a vivir bien, más no esperes que te tenga aprecio, tendrás mi amabilidad, mi compañía, es probable que tu madre esté muriendo de angustia sin ti, es posible que te venga a buscar, pero no hay forma de que te deje ir, Emma, ahora eres mía. No... No es tu culpa, tendrás una buena vida, te doy mi palabra ¿De acuerdo? Muy bien. Para comenzar has de saber que esto es nuevo para mi, imposible que lo admita otra vez, nunca había conocido un bebé y tú eres mucho de eso, no se cómo funcionas ni si me entiendes, pero no hay nada que me detenga cuando quiero algo. Estoy segura de que tu madre iba en el mejor de los caminos a hacerte un monstruo egocéntrico, pero aquí deberás ser ordenada, silenciosa y obediente. –La pegó a su cuerpo y con su brazo libre acarició los diminutos rizos. -Eso es bueno, así me criaron a mí y ahora soy una reina, más de lo que ella puede si quiera desear en estos momentos; por otro lado, la mujer del servicio decidió que una cabra podía alimentarte equivalentemente bien y eso me tiene complacida. -La reina hablaba sin parar, expresando sentir y rencores, su miedo y anhelo de triunfo, no era algo que tuviera precedente, no era algo que un recién nacido recordaría, sin embargo, la voz de la reina se empezaba a convertir en algo conocido para la pequeña, en un sinónimo de seguridad y confort.
El cambio en la reina no fue ajeno a nadie, había acogido a la niña y los rumores se extendían hasta salirse de proporción; algunos decían que Emma era su hija, otros decían que la cuidaba como pago de algún favor... sin embargo su ternura y paciencia para con ella no hacía desaparece su dureza con el resto del mundo. Con el paso de los días ambas se tuvieron que acoplar una a la otra, por un lado conoció el carácter difícil del que se quejaba el servicio, Emma no toleraba la soledad, si se encontraba despierta solo era feliz en brazos, no podía dormir sin compañía y cuando dispuso una cuna a unos cuantos metros de su cama, tardó tres pasos en saber que era una mala idea, los gritos de la niña eran tan intensos que su rostro se amorataba por la falta de aire y Regina sentía que la perdería; poco después su espalda empezó a resentirlo, una pequeña bien alimentada y en crecimiento que solo quería estar en brazos le ocasionaba fuertes molestias. Emma fue creciendo sin conocer a nadie y por ende sin ser capaz de depositar su confianza en alguien más.
Con todas las precauciones y cambios que fueron necesarios, Regina disfrutaba del primer sueño profundo en meses, no conocía con exactitud la edad de la pequeña sin embargo al haber pasado medio año a su lado, asumía que debía tener solo un poco más; sabía perfectamente de la fuerza y sigilo de Blancanieves y el hecho de que hubiera pasado tanto tiempo y no se hubiera aparecido aún a la mitad de la noche para reclamarla le confirmaba que ese hechizo que había interrumpido era lo suficientemente fuerte como para entretenerla aunque la angustia de perder a Emma de un momento a otro la obligaba a tenerle completamente resguardada a su lado...
Un pequeño golpe sobre su rostro la sacó de su calma, se trato de espabilar con un bostezo y enseguida una pequeña mano le entró en la boca haciéndola toser y abrir los ojos asustada. -"Tad".- la pequeña expresó entre risas y siguió palmeando su cara con suavidad, tiraba con ternura su cabello negro, Emma se encontraba sentada y el hecho de que sucedía por primera vez no pasó desapercibido para Regina, la niña estaba contándole tal vez sus sueños, tal vez anhelaba que la viera levantada o sencillamente estaba contenta de que despertara, fuera cualquier cosa, su sonrisa le llenaba el rostro y sus balbuceos eran incontenibles. -Alguien despertó extrañamente feliz, buen día Patito feo. -Regina pasó su mano por la espalda de la pequeña y esta como respuesta le rodeo el rostro con ambos brazos y babeo su mejilla.-Querida así no vas a brillar en sociedad jamás, no puedes ensalivar personas solo porque tuviste una buena noche. -La alzó y la colocó en sus piernas al incorporarse. -Creo que trataste de hacer esto. -Con suavidad puso sus labios sobre la regordeta mejilla y proporcionó un beso fuerte y ruidoso que ocasionó a la niña estallar en risas y que se repitiera la acción un par de veces más.
-Eres realmente única en tu tipo, Emma, no es posible que seas feliz con tan poco.-Le dijo mirándole con ternura pero manteniendo la dureza en la voz. -Te daré de desayunar, anoche mandé hervir unas manzanas, no creo que tus dos dientes inferiores y el colmillo derecho puedan soportar una manzana en su forma original, pero todo a su tiempo. -Le decía mientras se levantaba cuando el sonido de la puerta le interrumpió.
-Su majestad, disculpe demandan verla de inmediato. -Graham lucía conflictuado por la decisión más notó como con pánico la reina ceñía a la niña contra su cuerpo.
- ¿Blancanieves? -Preguntó con cautela.
-No su majestad es...
-Los únicos asuntos que son de importancia aquí son los que tienen que ver con la princesa traidora, los únicos que justifican una visita antes de que esté lista para salir de mis habitaciones ¿A caso tu inutilidad está nublando tu juicio? Siempre pensé que no se relacionaban. ¿Quien tiene el descaro de demandar una audiencia cuando a penas esta saliendo el sol?
-Es Maléfica, su majestad.
Regina se congeló con Emma colgada del cuello. -¿Que cosa en nombre de la magia, puede querer esa mujer en mi palacio? -La niña le miraba con una sonrisa y sus dedos enredados entre el cabello oscuro. -Tú no sabes nada, Emma. Graham, haz que Drizella venga de inmediato. -Ordenó empalidecida y de forma mágica cambio su ropa.
Tomo menos de unos minutos tener todo listo, Maléfica no tenia por qué saber de la niña, sin embargo por precaución quería ocultarla. -Necesitas ser silenciosa, Patito, no quiero un solo sonido, ¿Has entendido?- La niña sonreía aun en sus brazos y su expresión cambiaba al llegar al regazo de Drizella. -Nada de ruido, Emma.
La reina se hizo aparecer en el recibidor de manera ágil y Maléfica rió al verla llegar. -Siento que tengo horas esperando por ti, Regina ¿Que ha pasado? ¿Te estas volviendo suave?
-No le debo a ti ni a nadie una explicación sobre mi orden del día ¿A qué se debe tu visita? -Se aproximo y besó su mejilla aun en el aire.
-¿Dónde están tus modales? Tu madre estaría decepcionada ante tu incapacidad de pretender cortesía, O… ¿Es a caso que estás nerviosa?
-¡Tonterías! -Regina la tomo con suavidad del brazo y la guió a una de las habitaciones dispuesta con desayuno para ambas. - Tú visita me parece inesperada y descortés, si hay alguien aquí incapaz de pretender amabilidad, eres tú, toma asiento, Querida.
-Vaya... Ahí está la reina malvada. -Maléfica dio un sorbo de sidra y se sentó frente a Regina. -Siempre me ha parecido grotesca tu forma de buscar que todo brebaje sea lo más intoxicante posible. Pero no vengo a discutir tus problemas con la bebida.
Regina volteó los ojos y dando un trago le obsequió una sonrisa. -Es una lástima, ¿Entonces cuál es el motivo?
-Mantener la paz, querida, es obvio, hay cosas que han sucedido y no has estado... Al tanto, al menos no por completo.
-Tienes mi atención.
-Hace un año, las hadas acudieron a mi palacio lideradas por la inútil Azul como es de esperarse, afirmaban venir en son de paz, como si ellas conocieran otra cosa que no fuera amabilidad... Como sea, tenían este hechizo, magia muy oscura que solo llegaron a efectuar las sirenas nórdicas al inicio de los tiempos, solo lo utilizaron las primeras porque después de un tiempo ellas desarrollaron la habilidad de moverse entre mundos como resultado de un trato con los ancestros de Úrsula... El hechizo fue guardado a gran recaudo, sinceramente no creí que existiera aún, imagina mi sorpresa.
Lamentablemente para ellas, tres de los ingredientes necesarios no se encontraban más, vamos, en esencia flores. Y querían conocer si era posible efectuarlo y de qué modo, bien saben que la alquimia es mi especialidad y...
-¿Las has ayudado sin más? -Regina soltó una risa profunda. -Creo que la que se esta suavizando eres tú.
-Querida, no seas grosera, déjame terminar. -Pidió suavemente. -Lo primero que me llamó la atención fue que se tomaran la molestia de hacer un viaje tan largo cuando tienen a su propia experta en alquimia, que eres tú claro está. Pero enseguida entendí que era algo que sucedía a tus espaldas, bien sabes que mi lealtad es y será siempre contigo, sin embargo, lo que me ofrecieron fue demasiado tentador: Los pergaminos antiguos de las sirenas, magia poderosa, antigua y sumamente compleja, te habrías sentido tentada de traicionarme de ser el caso, estoy segura. Les di uno de los ingredientes y les indiqué donde conseguir los restantes. Te digo esto para que estés al tanto, bien, hace seis meses lo efectuaron a un par de horas de distancia, pretendían crear un portal y transportar a un gran número a un mundo nuevo, lejos de tí. Supe que falló porque los atrapaste, sin embargo creo que Blancanieves y el príncipe lograron salirse con la suya, las hadas son malas para seguir simples instrucciones y mas cuando se trata de magia que no es precisamente blanca; si te soy sincera es muy ambicioso esperar que la magia de las sirenas funcione igual con otros seres, los pobres no lo vieron venir.
-¿Estás diciendo que Blancanieves no está en este mundo? -Regina respiró con incredulidad.
-Así es, no solo no está en este mundo, sino que si mis cálculos son correctos, qué lo son, está atrapada en un mundo sin magia; sin embargo. -Hizo una pausa. -Escuché un fuerte rumor, de que, bueno, dejó algo en este mundo.
-¿A qué te refieres?
-Oh, vamos Regina, no finjas demencia, pude sentir su energía desde el instante que pisé el palacio, ¿Cómo es tener al fruto de tu enemiga mortal bajo tu mismo techo?. -Hasta ese momento La reina no había pensado en la niña como tal.
-No se de qué hablas.
-Pues de esto. -Afirmó golpeando su cetro contra el piso de mármol y formando una nube malva, el llanto no se hizo esperar y antes de que se disipara el humo, Regina supo que Maléfica tenía a Emma en sus brazos. -Caprichosa, como buena princesa, quién lo diría, y la vistes como de la realeza, mira esas mejillas tan sanas, ¿Por qué no deja de gritar?
-No le gusta viajar con magia. -La voz de Regina era serena.
-Ohh... Veo que han llegado a conocerse, encantador, querida cállate, eres incluso más molesta que alguien que una vez conocí. -Se dirigió a la pequeña y Regina apretó los dientes.
-Entrégamela, es mía, Maléfica, y sal de mis dominios de inmediato.
-Oh lo haré, lo haré, sin embargo estoy aquí para ofrecerme a librarte de ella, puedo llevármela y no tendrías ningún recuerdo de Blancanieves.
-Eso es muy considerado de tu parte, pero creo que voy a pasar. -Maléfica sonrió y la puso en sus brazos.
Al instante Emma trepó hacia su cuello y recostó su cabeza contra su hombro aún entre sollozos suaves.
-Puede que Blancanieves esté en un mundo sin magia, incapaz de volver, pero de ser tú no me encariñaría con ella, las madres son capaces de cualquier cosa, estoy segura de que encontrará el modo.
-¿Encariñarme? ¿Cómo lo hiciste con Aurora? -Sonrió al momento que la expresión de Maléfica se endurecía. -No somos iguales, querida.
-Puede que seas incapaz de verlo, pero yo veo en ti mi reflejo. Ten cuidado. -Espetó y en un silencio incómodo Regina bajó la vista... los grandes ojos de Emma se fijaron en los suyos, sus pestañas estaban húmedas aun por las lágrimas y su sollozar ahora era una respiración irregular.
-"Estoy perdida" -Pensó.
