Hola, espero que estén teniendo un buen martes :) yo les traigo la cuarta entrega de mi fanfic "Vínculo", espero que les esté gustando y eso los motive a dejar algún comentario, yo me siento maravillada al saber que les está gustando y siéntanse con la libertad de contactarme para cualquier duda.
No había puesto esto antes, Disclaimer: Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen.
Capítulo 4:
El perfecto juego de té
La puerta se abrió con cautela y una mujer de pelo tan rubio que podría ser blanco apareció frente a ellas. -Buenas noches su majestad. -Dijo haciendo una leve reverencia y quitándose el gorro lila que iba a juego con su vestido, sus manos regordetas -al igual que su cuerpo-, estaban apretadas con nerviosismo y sus mejillas rosadas hacían de ella un cuadro digno de mención. -Me comunicaron que me reportara con usted apenas llegara.
-Así es, Señora Potts, ella es Emma. -la señaló con la mirada y observó incertidumbre y asombro reflejado en los ojos brillantes y pequeñas cejas rubias de la niña. -mañana temprano empezará a trabajar; en la cocina le darán de cenar a usted y a su hijo, al terminar la dirigirán a su habitación. Es todo, puede retirarse. -La reina dio un trago a la sidra ante la reverencia de despedida de la Señora Potts y nuevamente se quedó sola con Emma.
-¿Qué te parece? -Preguntó con expectativa, sin embargo la niña aun no comprendía. -La señora Potts y su hijo... Mhh, creo que su nombre es Chad..., o Chez, van a vivir en el palacio, no más Anastasia, no más Drizella para ti, y no tendrá otro trabajo que estar contigo.
-¿Jugar? -La voz de Emma aún reflejaba incredulidad.
-Vas a jugar, así es.
-No.
-No es opcional, querida, es un hecho.
-¿Y Gina?
-Yo aquí estoy. -Contestó extrañada antes de darse cuenta de que la niña temía no verla más. -No voy a ir a ningún lado, ¿Sí? Recuerda que eres mía. -Le obsequió una sonrisa y la puso en sus piernas antes de besar su mejilla. -Termina tu comida, estoy exhausta. -Le dijo llevando el tenedor con un poco de puré a su boca...
El día había sido increíblemente agotador, su travesía había sido más larga de lo que recordaba, tal vez porque ese viaje siempre lo había hecho con magia o porque estaba ella sola con sus pensamientos, pero para el momento que pudo divisar el castillo de Rumpelstinskin, intacto por el paso del tiempo, se dio cuenta de que ni la travesía más larga la hubiera preparado para semejante locura, envió a Rocinante de regreso, sería mejor continuar ella sola y no se sorprendió cuando ni siquiera tuvo que llamar a la puerta porque él ya la esperaba, con su piel de cocodrilo brillando contra el sol de mediodía y sus ojos de reptil fijos en un escaneo completo.
-Ohh querida, querida, ¿A qué debo tan inesperada visita? -Sus dedos se encontraron una y otra vez en un movimiento casi cómico antes de que Regina pudiera hablar.
-He venido a hacer un trato.
El grito de emoción del ser se transformó en una pequeña risita. -Pasa, querida, pasa, dime qué puedo hacer por ti.
El recibidor de Rumplestinskin estaba lleno de oro y objetos de lo más variados que iban desde varitas mágicas hasta partes animales de dudoso origen, cada artefacto era el precio pagado por algún favor y una parte de ella no podía creer que con su fuerza e intelecto tuviera que estar ahí, como cualquier persona. -Necesito ayuda con...
-Emma. -Interrumpió con jovialidad. -Sé que tienes al diablillo de Blancanieves, las malas lenguas dicen que la tratas como igual.
-Tú eres un diablillo. -Alegó tomando asiento. -Pero tienes razón, necesito ayuda con Emma.
-¿Más adultos manipulando la vida de niños? –Un hombre de unos treinta descansaba completamente ebrio en una silla de terciopelo negro junto a la rueca.
-Baelfire. –La voz de Regina fue suave. –Sólo tú haces lucir la inmortalidad tan desagradable… y eres hijo de alguien… bastante desagradable.
-Eso pasa cuando es impuesta… te vez maravillosa como siempre, Regina, ¿Qué opinas, ya tienes mi edad?
-Esa es una pregunta grosera, Bae, yo siempre me voy a ver mejor que tú.
-No voy a discutir eso, usted es la más bella del reino…
-Bae, hijo, ¿Por qué no te retiras…? Este es un asunto que yo debo solucionar con la reina. – Le dijo con una amplia sonrisa jocosa y tras un chasquido de sus dedos, el hombre había desaparecido. - ¿Quieres deshacerte de la niña? -El brillo en sus ojos solo reflejaba maldad. -Puedo conservarla y te debería un favor, eso es muy difícil de conseguir. -Regina rio con severidad antes de contestar.
-No, la niña me agrada, necesito una persona que se dedique a cuidarla. – Declaró y solo pudo pensar que si ella hubiera hecho desaparecer a Emma como él había hecho con Bae, jamás conseguiría su perdón.
-Oh, Vaya, vaya, entonces los rumores son ciertos, a qué hemos llegado, ahora proporciono servicios para el cuidado de infantes. ¿No has aprendido nada de Maléfica? La pobre confinada en el extremo sur, en una lucha constante contra quien fue la luz en sus ojos.
-Emma y Aurora son diferentes y yo no soy Maléfica, si quisiera ayuda con mi conciencia habría acudido al grillo, ahora dime, ¿puedes proporcionarme lo que necesito?
-¿Que es qué, exactamente, querida?
-Necesito una persona para cuidarla, las hermanas de Cenicienta brillan por su incompetencia y yo tengo tierras que reinar, quiero una persona perfecta para el trabajo, alguien que no tenga relación alguna con Blancanieves, en quien yo pueda confiar y no le hable mal de mí.
Una risita continua le llenó mientras hablaba. -Tengo el juego de té perfecto para ti, querida, oh sí.
Regina estaba a la expectativa mientras lo observaba moverse a través de la habitación hasta una repisa y literalmente, sacar una tetera y una pequeña taza astillada. -Esta es la Señora Potts, y su hijo Chip, mujer amorosa, dedicada, incumplida a la hora de pagar sus deudas conmigo pero puede servir, por un precio justo...
-¿Qué es lo que quieres? -Inquirió aún incrédula.
-Me va a deber un favor, su majestad.- sus palabras elegantes perdían valor mientras el sonido salía de sus labios en un tono irónico y fue con un chasquido de los dedos que la tetera y la taza tomaron su forma original, un pequeño niño, no más grande que Emma se trepó ansioso en las faldas de su madre quien lloraba de felicidad y en un instante estuvo hincada ante ella.
-Oh... Su majestad, nos ha rescatado. -Chillaba la mujer sin soltar a su pequeño.
La reina no pudo evitar sonreír, exactamente la clase de devoción que buscaba. -La quiero. -Se dirigió hacia Rumpelstinskin y luego a la mujer. -Trabajará conmigo en mi palacio, se va a dedicar completamente a cuidar a una criatura más pequeña que ese joven en sus brazos, espero que recuerde lo que es cuidar a un niño. -La expresión inquebrantable de la Reina no parecía aterrar a la mujer, perfecto para alguien que pasaría grandes cantidades de tiempo con Emma.
-¿Fabulosa, cierto? -Rumpelstinskin hablaba con suavidad.
-Claramente has conseguido un trato. -Le dijo e hizo aparecer una pluma al momento que él presentó el pergamino, Regina sabía a lo que se enfrentaba, era consciente de que el favor podría ser cobrado de forma inesperada sin embargo al ver a Emma, al fin frente a alguien que pudiera mantenerla en una silla ante al espejo para trenzar sus rizos, quedó claro que valía la pena.
-¿Qué color de flores quieres en tu cabello, pequeña? -Le preguntó mostrándole unas pequeñas de color rosa y otras un poco más grandes de color rojo con los bordes negros.
-Esa. -Señaló las oscuras y para cuando estuvo lista, tanto la Reina como Emma, cayeron en cuenta de que su cabello nunca había sido contenido en un peinado antes.
-Luces adorable, Emma. -la reina le acarició la mejilla y le sonrió. -Tengo cosas que hacer, la necesito lista para cenar conmigo a las siete. -Esta vez se dirigió a la Sra. Potts y se retiró de inmediato dejando a la niña un tanto nerviosa.
-La reina te quiere mucho ¿Cierto, Emma? -La señora la bajó de la silla y se puso a su altura -Sé que son muy unidas, ¿Te gustaría que trabajáramos en un regalo para ella?
La pequeña sonrió, definitivamente esa mujer le agradaba y caminando lado a lado por entre las habitaciones empezaron a conseguir materiales, pergaminos, tinturas, plumas y flores que, posteriormente fueron pegando con engrudo de harina hasta formar un colorido cuadro para Regina, quien contrario a la divertida mañana de la niña, se encontraba ante una severa situación de correo traspapelado.
-Puedes decirme. -Gritó hacia Graham. ¿Por qué tardaron cuatro días en entregarme esta carta de mi madre? Revisé mi correspondencia ayer antes del viaje.
-Su majestad, no estaba enterado...
-Tu incompetencia realmente me deja asombrada, Graham, no soy fácil de sorprender, deberías estar orgulloso de ti mismo, como recompensa estarás totalmente a cargo hacerle llegar hoy mismo mi respuesta, créeme que si mi madre decide venir no habrás conocido el sufrimiento aún- -Le dijo mientras con una seña le indicaba que saliera... -"Una carta de Cora..." -pensó mientras tomaba nuevamente el sobre negro y rojo sellado con un corazón de cera.
Regina:
Cariño, ambas sabemos que estás más que enterada de que mi prioridad al escribirte es conocer de tu estado mental, pareces haber perdido la razón, yo estaba segura de que lo que se decía sobre ti eran locuras, sin embargo, ¿Estás al tanto de que compartes maternidad con Blancanieves? Maléfica me ha confirmado que todo era cierto, deberías enviar a la niña a vivir con ella, tiene la experiencia de Aurora y no hay razón para que lleves una carga que no te corresponde, ni para que vivas atormentándote. -Regina comenzó a reírse con suavidad, una risa honesta antes de seguir la lectura. -¿Entonces?... Querida, todo esto es muy confuso, ¿Qué es la niña de ti? Quiero ofrecerte la posibilidad de llevarla a su nuevo hogar, porque ambas sabemos, Regina, que llegado el momento no vas a poder utilizarla de venganza, no mientras te empeñes en mantener tu corazón dentro del pecho, esa criatura te tiene en sus manos. Espero saber pronto de ti y tus decisiones, me siento de lo más alterada.
Cora.
No perdió más el tiempo e hizo aparecer su pluma, realmente sabía que si esperaba mucho tiempo, su madre acabaría sencillamente por hacerse aparecer en el vestíbulo.
Madre:
Es realmente un honor saber qué en el insignificante reino en que vives te queda tiempo para conocer a la perfección lo que se cree saber de mi persona, sin embargo preferiría que hicieras otro tipo de cosas estimulantes, las mujeres de tú edad practican la costura, te haría mucho bien; respecto a tú duda central, Emma es mi amiga. -La reina sintió de inmediato como sus mejillas se sonrojaban y aclarando su garganta continuó. -Pareces no darte cuenta, ni tú ni nadie, que tengo bajo mi techo a la legítima heredera al trono de este reino y que esa legítima heredera me tiene cariño, me tiene respeto y devoción, y el hecho de que el sentimiento sea mutuo no interfiere para nada en el propósito, Blancanieves un día volverá y tendrá una hija que creció bajo mi amparo, mi venganza es digna de mención y ustedes están creando y esparciendo rumores que desconozco y que francamente no me podrían importar menos porque soy más poderosa de lo que podrías haber deseado. si lo que dices sobre mi corazón y las debilidades que esto puede traer consigo, estoy perfectamente al tanto, es mi problema el cual soy capaz de manejar, espero que esta sea la última carta o visita de algún ser mágico para persuadirme sobre mis elecciones de vida.
Saludos, La Reina Malvada.
Emma no era más un secreto, su madre era completamente incapaz de contenerse al enterarse que no formaba parte de algo y a pesar de no querer darle el gusto de conocer cada detalle, no pensaba negar la existencia de la niña, no se iba a repetir lo sucedido años atrás con Maléfica, esta vez no la intimidarían porque la pequeña que escuchaba reír en los pasillos no iba a salir pronto de su vida, la gente debía acostumbrarse...
-ReginaReginaRegina. - Interrumpió sus pensamientos entrando a la habitación seguida de una muy apenada Sra. Potts. -¡Hice algo! -Gritó emocionada corriendo hacia ella, su pelo trenzado permitía que la ilusión en su rostro se viera con claridad, el par de ojos verdes bien abiertos, las mejillas rosadas y sus diminutos labios apretados en una sonrisa traviesa
-Su majestad, lo siento mucho, Emma...
-Emma es ingobernable, Sra. Potts, gracias por intentarlo. -Sonrió hacia la niña y la recibió en sus brazos. -¿Qué llevas ahí, patito?
-El jardín, flores, agua, cielo, morado. -La pequeña holofraseaba señalando con emoción cada parte del cuadro.
-Es encantador, pequeña, ¿Puedo conservarlo? -Inquirió mirándola fijo.
-Tuyo Regina. -Le sonrió y la abrazó con fuerza.
-Gracias por utilizar mi nombre frente a las personas, Emma, tal vez puedas lograr decir "Su Majestad" aunque sospecho que es mucho pedir. -Le dijo al oído durante el acercamiento y acto seguido la puso en el suelo. -Muchas gracias por el cuadro cariño, ve a jugar y obedece a la señora, nos vemos más tarde.
La pequeña asintió y tomando la mano de su cuidadora se retiró mirando hacia atrás a cada paso, asegurándose que la reina seguía ahí
-Definitivamente, las personas deben acostumbrarse a ella. -Dijo en voz baja mientras miraba el inesperado obsequio con una sonrisa, su corazón estaba completamente conmovido. -Ella es mía. -Concluyó escuchando como la pequeña ahora habladora, preguntaba una y otra vez, qué más podrían hacer en ese día.
-Emma, ¿Te gustaría conocer a un nuevo amigo? -Preguntó la Sra. Potts como respuesta a la interrogante de la niña.
-¿Chad? -Quiso saber.
-Casi, "Chip". -Corrigió. -¿Y bien, te agrada la idea?
-¡Ajá! -Su respuesta tranquilizó a la mujer pues el niño necesitaba, así mismo alguien con quien jugar tras tanto tiempo congelado en el tiempo. -Ponis, correr, brincar, arboles, montañas, agua, pájaro. -Parloteaba sin cesar hasta que se percató de que ya no estaban solas pues escondido tras una silla, un niño asomaba solo un par de ojos castaños y mechones despeinados de cabello cenizo.
-Hijo, no seas tímido. -le pidió su madre acercándolos uno frente al otro.
-Soy Emma. -Habló fuerte y claro, como la reina le había enseñado, mientras le observaba detenidamente, jamás había visto a una persona de su estatura, con manos del mismo tamaño y zapatos pequeños como los que calzaba.
-Soy Chip. -Le hizo saber antes de limpiarse la nariz con la manga de su suéter ante el rostro horrorizado de la damita. -¿Quieres jugar? Acabo de ver un gato gigantesco.
-No hay gato. -Emma trató de explicarle al mismo tiempo que buscaba entender el uso que le daba Chip a la manga.
-Oh, sí lo hay. -La tomó de la mano y la llevó corriendo por entre los pasillos cuando de pronto pudo verlo, no era mentira, sobre una mesita descansaba un gato negro enorme, su cara era blanca y sus ojos amarillentos miraban de forma burlona. -Lo voy a asustar, tú atrápalo de aquel lado. -Indicó el niño mientras se acercaban y Emma, tal vez más entretenida que nunca, accedió de inmediato a la aventura, el pequeño se aproximó gritando "Te tengo!" Mientras el gato erizaba todo su cuerpo y con un agudo maullido se dirigía exactamente hacia los brazos de Emma quien apenas podía contener la risa.
-¡Atrápalo Emma! -gritó a la niña que apenas logró tocarle los pelos de la cola antes de que corriera a toda marcha. -¡Tras él! -Exclamó mientras ambos corrían con fuerza por entre pasillos y habitaciones, tirando jarrones, moviendo alfombras y pisando sillones con tal de alcanzarlo.
-¡Ven acá! -Gritaba la niña con los brazos listos para atraparle.
-¡Deténganse niños, alto!-La mujer mortificada por el ruido del desastre los perseguía realmente horrorizada, logró atrapar un florero más la armadura que descansaba a fuera del cuarto de costura no tuvo tanta suerte, ellos no escuchaban, no querían.
El gato encontró camino hasta la cocina donde se refugió en un alto estante por unos segundos mientras ambos niños empezaron a escalar por cajas de vegetales y costales de harina hasta encontrarlo, esta vez casi lo atraparon, y maullando histéricamente empezó a tirar ollas y sartenes por el camino.
-¡¿Qué hacen?!-La horrorizada Anastasia no creía lo que estaba sucediendo en su cocina.
-¡Gato! -Gritó Emma antes de tirar un frasco de mermelada que estalló en mil pedazos y ambos siguieran persiguiendo al animal hasta la biblioteca.
-¿Gato?-inquirió antes escuchar el aterrado maullido del pobre felino. -¡Lucifer! -Gritó corriendo tras ellos. -¡Pequeños engendros del mal, dejen en paz a mi Lucifer!... No, no, encima del piano. -Ambos niños corrían por encima del instrumento de cola pisando sin orden los martillos y volviendo la situación aún más ruidosa, arrasando a su paso con un estante completo de libros y una maceta con un ficus, salieron hacia el vestíbulo, gritando y riendo, escuchando no solo al gato sino los gritos tanto de la cocinera como de la sofocada Sra. Potts que parecía enloquecería de la impresión, cuando de pronto se hizo silencio total; la risa de Emma fue lo último en apagarse al toparse con la reina, el gato se recuperaba de la persecución en sus brazos y una mirada severa se plantó, primero en La sra. Potts, luego en Anastasia y finalmente en Emma.
-¿Alguien me puede explicar qué es esta locura? no ha pasado media hora desde que estuvieron ante mí y ya destrozaron por completo la planta baja de mi palacio. ¿De quién es este animal? ¿Lo ha traído usted? -Inquirió dirigiéndose a la señora quien lo negó apenas escuchó las palabras.
-Es mío, su majestad, mi hermana debió dejar abierta la puerta de nuestra habitación, por favor, solo estaba escapando de los niños.
-¿Eso es cierto señorita Emma, molestas a los animales? -Cuestionó aún desencajada por el coraje. -Porque en este momento, no sé si el gato o tú causaron más destrozos, aquí vives, al igual que todos los sirvientes y tu arrasaste sin conciencia,
-Perdón, Regina. -Su voz era clara, pero aún dulce como la de cualquier niño de 3 años y sus ojos cada vez más vidriosos delataban que era la primera vez que la reina la reprendía en serio.
-Creí que estaba tratando con gente civilizada, es increíble que nadie en el palacio pueda tenerte bajo control, Emma, y por lo que veo te agrada la Señora y su hijo, deberás portarte mejor si quieres que se queden a vivir con nosotras, ¿Has entendido? -Le pidió entregando a Lucifer en manos de su dueña y levantando en sus brazos a la niña. -Vas a pasar el resto de la tarde conmigo. Anastasia, no quiero que nadie limpie la planta baja, me encargaré yo misma. Y respecto a usted y su hijo.-miró a la mujer decepcionada. -No quiero que se repita.
La abrupta retirada de la reina con la niña en brazos preocupó bastante al personal, las travesuras de Emma hasta ese momento siempre habían sido inocentes y sin ningún daño importante, pero esta vez había sido distinto, el hecho de que la reina nunca hubiera atentado contra la niña, no aseguraba que fuera a mantenerse así por siempre y aunque era cierto que se encontraba molesta, ninguno conocía, ni conocería a ciencia cierta lo que Emma viviría.
-¿Sabes, patito? cuando yo era pequeña, amaba montar a caballo, no había nada que me hiciera más feliz. -Le dijo y la niña aun aguantaba las lágrimas en suspiros cortos. -No te pongas así, ¿En algún momento te hecho algo malo? -bajaron siguiendo el camino a los jardines y antes de decir otra palabra, llegaron a los establos.
-¿Me voy a ir? -Preguntó con miedo aferrándose al corsé de la reina.
-¡Sobre mi cadáver! -sonrió y besó su mejilla apretándola con fuerza. -Tú no vas a ningún lado, quiero presentarte a un amigo. -Le dijo con suavidad cerca del oído.
-¿No estás "nojada"? -su pregunta solo pudo derretirle un poco más el corazón, ya había sido un día largo y apenas iba a la mitad.
-Oh, sí lo estoy pero debes aceptar tus consecuencias, no empezar a temerme, eso me lastima. -Era consciente de que sus palabras con Emma siempre la hacían sonar menos como ella misma, sin embargo cuando ubicó a su caballo, supo exactamente lo que debía decir. -Te presento a Rocinante. -Le hizo saber mientras acariciaba el suave pelaje del majestuoso animal.
-Un caballo. -Declaró Emma siguiendo la mano de la reina sobre el sedoso y pardo lomo.
-Así es. -Con suavidad la puso sobre unos fajos de heno y se dispuso a ensillarlo. -ha pasado mucho tiempo desde que hice esto sin magia. -le explicó al caballo. -por favor se paciente.
La pequeña observaba atónita mientras la reina colocaba la silla y realizaba los ajustes de hebillas, no era el acto en si lo que la maravillaba, sino el rostro de Regina realmente entregado a la acción, sus ojos negros brillaban ante la expectativa y de pronto su cuerpo parecía estar relajado al compás de sus manos hábiles en un balance perfecto de ternura y agilidad. Emma no entendía lo sucedido, pero no estaba asustada, se sentía a salvo.
La reina la tomó de la cintura y la colocó con delicadeza sobre el caballo, indicándole que pusiera sus manos firmemente en el fuste y acto seguido, la reina montó con ella. -Vamos a salir de aquí, ¿Quieres?
Emma no recordaba haber montado a caballo antes pero la reina sí, parecía haber sido ayer que llevaba a la misma niña en un pequeño bulto no más pesado que una col hacia el palacio y su corazón dio un vuelco al notar lo grande que se había vuelto. -Sigues siendo la misma. -le dijo tan suave que probablemente la niña no habría escuchado, tanto por que habían empezado a agarrar velocidad, como la emoción definitiva que reflejaba su rostro. -cruzaron las puertas del palacio, atravesando una suave barrera mágica que le resguardaba y Emma tuvo, por primera vez en sus tres años dentro del palacio, una vista del mundo exterior.
Arboles tan grandes que tapaban el cielo azul, flores silvestres regadas sin ningún orden, pequeños animales que desconocía huyendo ante el ruido del galope y los brazos de la reina rodeándola a través del camino de tierra y piedra; si este era un castigo Regina parecía tener un concepto equivocado pues para Emma estaba siendo el mejor día de su vida, amaba el exterior, el viento en su cara, montar a caballo.
Fue un poco después que se detuvieron al borde de una amplia explanada, la reina bajó y guiando a Rocinante de las riendas se dirigió a la niña. -Te voy a contar una historia patito. -Le dijo con seriedad mientras andaban sobre una colina.
-Érase una vez, una princesa, no de las princesas que heredan reinos, ni siquiera de las que las historias mencionan, pero ella vivía tranquila con su padre y su madre la cual era tal vez demasiado dura, la princesa amaba montar a caballo. -Regina tomó a la niña en brazos y se sentaron sobre un tronco antes de continuar. - Conforme fue creciendo, la princesa empezó a convertirse en todo lo que se deseaba de ella, una dama de altura, conocía a la perfección los modales, nunca destruyó la planta baja de su palacio ni hacía enojar a sus niñeras, sin embargo, lo que siempre se mantuvo, fue su amor por los caballos, montar y sentirse libre mientras lo hacía, gracias a los caballos conoció al amor y también frente a los caballos lo perdió, ella se volvió una persona muy triste y prometió que no querría a nadie de nuevo, se volvió poderosa y llegó a ser una reina, sin embargo, nunca fue capaz de encontrar el verdadero propósito en su vida…, verás, un día descubrirás que las personas malas solo son princesas a las cuales no pudieron salvar a tiempo y tal vez te llenen la cabeza con historias hermosas, pero yo te prometo darte siempre la verdad, ¿Sabes? A largo de tu vida, las personas te van a decepcionar, te van a hacer sentir mal y no todo va a salir como esperas, es más, uno aprende que debe conseguirlo a base de esfuerzo personal, hacer lo que se deba... Mi trabajo es hacer de ti una persona imparcial. ¿Sabes lo que eso significa?
-No. -El hecho de que Emma realmente no comprendiera el impacto de sus palabras la hacía sentir la libertad de poder expresarse abiertamente, pero también esperaba, que algo de sus palabras quedara para siempre en la pequeña.
-Quiero que seas capaz de ver más allá del bien o del mal y para que eso suceda, necesito que tu comportamiento mejore, nada de atormentar animales, nada de fastidiar al servicio, necesito que seas una dama, como la princesa de la historia, si te esfuerzas lo suficiente podemos cambiar el final para ti y todo lo que brilla bajo el sol va a ser tuyo, nadie cree que vayamos a lograr algo grande y no son capaces de ver que ya somos algo grande, no nos vamos a quedar quietas esperando a que nos caiga del cielo la comprensión, lo demostraremos.
Observándola con atención, Emma asintió y le abrazó con fuerza. -Emma será buena. -susurró.
-Regina lo intentará. -la reina contestó con timidez.
