Hola a todos, espero que estén teniendo un buen viernes, yo les traigo el quinto capítulo de mi fanfic "Vinculo", Me ha parecido fabuloso leer sus comentarios, en los que por una parte prefieren que Emma y Regina se mantengan en este estado tierno por siempre y en el otro en el que probablemente se sentirían estafados si esta historia no se convierte eventualmente SwanQueen, es fabuloso! Honestamente yo también me sentiría estafada si mi historia no se vuelve SwanQueen.

Es evidente que por la diferencia de edad esta historia pueda resultar polémica, sin embargo les pido que confíen en mí pues no habría empezado a publicarla sin la certeza de que eso sucedería.

Emma va a crecer lento, es lo único que les puedo decir por ahora a menos que me hagan una pregunta clara y yo veré la forma de responder

Capítulo 5:

La niña perdida y encontrada.

El invierno en el bosque encantado era una de las cosas más hermosas y a la vez más temibles, hermoso para las personas con capacidad de mantenerse resguardadas, para las personas a la intemperie era mortal, algo había en el agua, en el frío, en su forma de quemar, que hacía que cualquier ser no mágico y desprotegido acabara perdido para siempre en un lugar cálido, la leyenda contaba que era el modo de cuidar a los desafortunados de las inclemencias de la naturaleza.

Regina amaba el invierno, era la época más tranquila para sus labores y a pesar de que la primera nevada aún no llegaba, las lluvias heladas y el perpetuo grisáceo del cielo advertían que de un momento a otro sería oficial lo que la mantenía con una expectativa casi infantil.

Esa mañana, no la despertó Emma, no la despertó el frío de una nevada ni siquiera fue la sensación de haber dormido lo suficiente, sino unos leves rayos de sol que provenían de entre los pliegues de la cortina, el amanecer aún no se advertía por completo, un poco aturdida se incorporó y el frío le caló hasta los huesos cuando asomó su rostro hacia la luz, solo en su soledad podía permitir que un escalofrío la recorriera por completo sin disimulo.

Hacía poco menos de dos meses que la Sra. Potts había logrado que Emma utilizara sus habitaciones, la mujer no tenía el tipo de magia que ella poseía, sin embargo, ni lenta ni perezosa había cautivado a la niña quien muy a su pesar la obedecía en casi todo. Emma, ahora con el cabello en ondas hasta la cintura, sus facciones afiladas y su claridad al hablar parecía por completo una niña de la realeza, aún no lista para una cena en sociedad, pero si para utilizar con propiedad los cubiertos y no llenar su boca de comida, masticaba con la boca cerrada y pedía permiso al levantarse, hacía sus deberes y ya era capaz de escribir y comprender textos cortos... Sin embargo cuando era libre, se transformaba en una niña que se subía la falda hasta la cintura para trepar árboles, rompía el tacón de sus botas partiendo nueces y parecía que no podía estar más lejos de ser la dama que se esperaba que fuera; ese balance tenía completamente maravillada a la Reina, Emma había aprendido a ser complaciente sin abandonarse a sí misma, cosa que a muchos les tomaba la vida asumir, ella lo tenía clara a la edad de seis años.

Era así que en la nueva individualidad, autosuficiencia e inteligencia de la niña, Regina había recuperado su cama, solo por la noche pero era un gran avance para contrarrestar la codependencia que habían desarrollado con el tiempo, incluso a veces lograban pasar más de medio día sin necesitar una de la otra -situación que le agradaba- y no solo eso, sino permitía planear cosas, volver a la rutina que tanta seguridad le daba; era por eso que su vida se encontraba en relativa calma y era por esa misma tranquilidad que al inicio no supo el por qué esa mañana su mente no le permitía sentir más que una avalancha oscura que taladraba sus emociones, su pecho se contraía en un deseo de dejarse llevar por las lágrimas, Regina recordaba su soledad, sentía el miedo y angustia como si de pronto sus años de pubertad regresaran a su cuerpo, recordando casi paso a paso el origen de la Reina Malvada, la soledad infantil, la muerte de su primer amor... Y de pronto "eso", no fue una fecha escrita sino el recuerdo del dolor intenso en su vientre, los calambres que había sufrido en todo su cuerpo, los hematomas y finalmente la soledad en una cama inmensa, le hicieron traer al presente la sensación de que su felicidad era un engaño, había llegado tan alto… no valía la pena pensar en eso… la angustia y oscuridad siempre serían parte de ella.

-Necesito salir. -Se dijo a sí misma, trató de sacudir la sensación mientras cambiaba su ropa por un pantalón para montar y un abrigo de cola larga, no tenía claro que haría ni a dónde iría pero necesitaba estar sola.

Emma escuchó el sutil sonido de la transportación mágica proveniente del cuarto de la reina, eso era algo que siempre la despertaba, la hacía sentir enojada y con una sensación incómoda en el estómago, sin embargo esta vez había tenido un mal sueño, había un monstruo atacando a la reina y había decidido no asustar a Regina, y también no dormir nuevamente por si este volvía; la luz aún no se reflejaba en su ventanal y en su camisón azul cielo se incorporó y metió sus pies en las botas de cuero junto a la cama... "Tal vez si corro muy fuerte" -Se dijo mientras salía a toda marcha de la habitación azotando su puerta y por el largo pasillo de la planta superior, luego a las escaleras del vestíbulo y en seguida por el laberinto de habitaciones que era la planta baja. Al llegar a los jardines sintió el rocío de la hierba mojándole por encima de las botas y pensó que tal vez, para prevenir situaciones de ese tipo, debía empezar a dormir con alguno de sus pantalones de montar. Aunque a decir verdad eran muy rígidos y poco prácticos, tal vez podría hablar con la reina, ella usaba pantalones siempre y no eran pantalones de niño y nadie la obligaba a usar vestido, tal vez debería pedirle a la reina un cambio de ropa como el que ella usaba, tampoco sonaba muy práctico para dormir, sin embargo podía pedirlo suave, estaba segura de que Regina no iba a sospechar la verdadera razón de su solicitud, podía aprovechar y discretamente pedir zapatos nuevos juego, empezaba a sentir como sus botas le quedaban un poco apretadas lo que no tenía sentido, apenas hace unas semanas que se las había dado y le quedaban a la perfección, tal vez sus pies estaba hechizados, odiaba la magia, también debía comentarle a la reina que había un hechizo en sus pies, o en sus zapatos que hacía que apretaran, ella sabía mucho de esas cosas que de pronto están y luego no, de seguro podría arreglar sus zapatos fácilmente pero esperaba que fuera pronto, porque mientras abandonaba la hierba para tomar el camino de piedra a los establos sintió de forma muy leve la incomodidad ubicada en la punta de sus dedos aunque su aventura era muy emocionante como para darle más vueltas al asunto, con cautela asomó su rostro por la puerta, agudizando sus sentidos y tratando de no respirar muy fuerte para mantener su ubicación en secreto. "¡Sí!" -exclamó en un movimiento inaudible al ver el rostro concentrado de la reina y con cuidado se escondió tras unos cuadros de heno "Tal vez si le hablo me permita acompañarle." -Pensó con claridad antes de ver como terminaba de ajustar la silla y montaba en Rocinante, las manos enguantadas de la reina acariciaron el aterciopelado lomo y pudo ver como su tacón hacía un leve movimiento de presión sobre el cuerpo del caballo que resultaba en el inicio de la marcha suave, Emma deseaba un día ser como ella y perdida en ese pensamiento, cayó en cuenta de que era demasiado tarde para preguntarle si podía ir... Aunque no era tarde para seguirla. Sonrió, corriendo nuevamente atrás de la reina, solo había utilizado la salida lateral un par de veces y siempre a caballo, siempre junto a Regina pero esta vez quería divertirse. La mañana aún no terminaba de aclarar y atravesó la puerta justo antes de que la reina la cerrara nuevamente con magia. -¡Sí! -Exclamó esta vez en voz alta al darse cuenta de que estaba fuera y pudo percibir el camino de polvo que el caballo había dejado en su galope. -¡Por allá, Emma! -Se ordenó a si misma con voz autoritaria y empezó a correr, con sus manos tocaba las plantas y helechos a su paso, saltaba sobre los charcos y sin detenerse a respirar ni miedo a lo desconocido seguía el camino que el caballo había marcado. -¡Te atraparé! -Sus gritos hacían un suave eco contra los árboles y con gran emoción y antes de perder el rastro por completo la volvió a encontrar, no supo si era porque ella era quien corría más rápido en el mundo o si era porque la reina había disminuido la velocidad pero tras unos minutos, al fin ambas se detuvieron, Emma recordaba ese lugar, habían pasado años desde el ataque a Lucifer y sus recuerdos eran algo vagos pero el lugar era el mismo, una explanada verde y sin árboles a excepción de unos cuantos troncos de madera.

La niña se escondía entre la maleza al borde del campo, tirada boca abajo sobre la tierra, algunos conejos pasaron a su lado y unos pajaritos la canturrearon sobre su cabeza pero ella con un ruido similar al que hacía el gato cuando se enojaba los ahuyentó en un instante; finalmente el amanecer había llegado por completo y aunque unas nubes de tormenta amenazaban el norte, la luz del sol brillaba sobre la oscuridad que proporcionaba tanto el caballo como la reina... Saltos suaves, saltos largos, saltos coordinados y escondida, Emma observaba. -Para eso son los troncos.-Se explicó a sí misma en voz alta mientras recostaba su rostro sobre sus brazos. -La expresión de la reina era relajada, sonreía por completo mostrando su blanca y perfecta dentadura, tiraba de las riendas haciendo que Rocinante se elevara en sus patas traseras y con determinación inició una rápida carrera que rodeó completamente el campo, su expresión era la misma, sus ojos denotaban intensidad y con susurros suaves animaba al corcel a seguir.

Emma la miraba, tal vez con más atención que nunca, tal vez con respeto o devoción, se fijó en los pequeños mechones de pelo que se empezaban a desacomodar de su peinado, el viento haciendo volar la cola de su abrigo negro y la bufanda roja resaltando su rostro... Era una mañana helada pero la pequeña no la sentía, su atención estaba completamente enfocada en cada gesto, cada acción -"Ho..." -le escuchó decir al tiempo que jalaba de las riendas y ocasionaba un frenar repentino del trote. -"Bien hecho".-la reina bajó del caballo dejándolo en libertad para que pastara y se sentó en un viejo leño que alguna vez había sido un árbol, pasó sus manos un instante sobre su rostro y la niña pudo mirarla a la perfección, en ese momento, cualquiera que no la conociera bien habría pensado que se trataba de otra persona pues ante sus ojos estaba la mujer que ella había visto por casi seis años dormir a su lado, una Regina de labios suaves y amables, los que daban cosquillas al besar sus mejillas, tenían una cicatriz que no alcanzaba a ver a la distancia pero sabía que estaba ahí, misteriosa parte de ella, esos labios sin pintura alguna eran dignos de la realeza y podían ser sumamente duros y crueles cuando se molestaba... una pequeña risita se le escapó al subir la mirada y notar su nariz y mejillas enrojecidas por el frío, el aire que exhalaba su boca era blanco al chocar con el ambiente y sus ojos, extrañamente más profundos y brillantes se humedecieron un instante dejando caer una lágrima fugaz; Emma sintió como su corazón se encogía, nunca había visto a la reina en un estado similar, deseaba correr y abrazarla ¡La quería tanto! Sin embargo era consciente de que la consecuencia sería grave.

"¿Estará molesta conmigo? ¿Estará triste porque ayer no quise terminarme los vegetales en la cena? ¿Estará pensando en enviarme lejos?" -La pequeña se preguntaba hecha un ovillo en la tierra.

Por un momento necesitó respirar, ahí en el suelo al fin empezaba a sentir el frío, a notar que el aire que exhalaba su boca también era blanco y que su nariz y sus mejillas se encontraban heladas y rígidas. -Tal vez debo volver al palacio. - su voz era bajita mientras se arrastraba en reversa para no ser vista.

Su camisón azul estaba completamente lleno de tierra y sacudiéndolo con fuerza inició el camino de regreso.

-"tal vez puedo llegar rápido y hacerle un desayuno, le pediré a Anastasia que le haga un pastel de manzana, eso la pondrá contenta" -se decía mentalmente mientras caminaba, estaba segura de que las lágrimas de la reina eran responsabilidad suya y como resultado debía compensarle, con decisión iba acelerando el paso, tanto por la urgencia de su plan como por el aire que parecía cada vez más helado y quemaba sus piernas lo que la convencía más de solicitar pantalones.

Su caminata se efectuaba con seguridad e incluso pudo recuperar un poco el calor, más fue casi media hora después que se detuvo junto a un lago... Sólo para notar que no había visto ningún lago mientras seguía a la reina.

-Creo que me perdí. -Su vocecita no dejaba ver ni miedo ni angustia y mientras admiraba el paisaje, siguió andando, una, dos, tres veces cambió de ruta, su ánimo no flaqueaba, el frío iba en aumento y la lluvia inminente se prevenían con truenos sonoros, ella continuaba la marcha, segura de que tras alguno de esos árboles apareciera su hogar y podría iniciar su plan para poner contenta a Regina...

-¿Cómo que no está? Tiene seis años, SEIS. -gritó con énfasis el número. La Sra. Potts escondía aún a Chip tras sus faldas cuando la reina cerró en forma de media luna su mano y la alzó mágicamente del cuello sin siquiera tocarla. No había ninguna persona dentro del palacio que no se dedicara a buscar a la niña. -Sí no la encuentro pronto, créame ¡Deseará volver a ser ese juego de té que muero por aplastar! -Gritó dejándola caer al suelo de forma violenta.

El repentino despertar que había tenido esa mañana le hacía sentir angustia y culpa, la hacía sentir que no merecía a Emma, que no merecía esa felicidad, sin embargo de forma egoísta se encontraba molesta, Emma era suya.

-Es imposible entrar al palacio, nadie lo ha logrado desde que Blancanieves vivía aquí y más les vale a todos que "Esa" mujer no haya estado aquí sin ser notada o me encargaré personalmente de acabar con todos ustedes. -Sus gritos resonaban por todo el palacio, temiendo el regreso de su enemiga.

-Su majestad, he enviado a toda la guardia a los alrededores del palacio, están buscando en cada casa, local y taberna a la redonda, ni siquiera Blancanieves puede ir tan rápido como nosotros. -Graham habló y sin queja alguna, la reina trató de recordar su mañana; primero despertar, un despertar abrupto y molesto, se había alistado, luego aparecido en los establos, había puesto sin magia la silla de Rocinante... A Emma tenía buen oído para su magia, tal vez la había seguido hasta ahí, tal vez había salido tras ella.

-Si la encuentran necesito que la recuperen, no me importa que deban hacer, me informarán al instante. -Regina se sentía capaz de arrancarla de los brazos de su madre nuevamente, no estaba lista para dejarla ir; bajó a los jardines, por el pasto hasta el camino de piedras. Debía hacer el recorrido nuevamente; abrió la puerta de los establos y pudo divisar a Rocinante, se movió con cautela por entre los caballos, observando los utensilios, la comida, algunos uniformes de la guardia real... -¿Emma, estás aquí, cariño? -Su voz era totalmente diferente a la que acababa de amenazar de muerte a todo el personal del palacio.

Montada en Rocinante, abrió la puerta de nuevo y con lentitud siguió el mismo camino, sintiéndose complacida de ver, tal como Graham había dicho: a todos los guardias revisando a la redonda y continuó su propia ruta, llegó al campo que hacía tantos años había dispuesto solo para montar y revisó entre los árboles, entre los arbustos y por la hierba, su llamado salía con firmeza sin recibir respuesta.

La oscuridad del cielo finalmente había empezado a descargar a modo de una lluvia helada que le hacía difícil ver y hacerse escuchar. -"¿A dónde iría si quisiera volver a casa?" -Se preguntó tomando el camino de regreso y notando algo que, debido a la cantidad de veces que había viajado, no había considerado importante: El camino de regreso se bifurcaba, un lado iba al palacio y el otro en apariencia igual que seguía hacia el oeste, hacía una curva antes de convertirse en un camino claro al norte, nada aseguraba que Emma hubiera seguido por ahí, sin embargo en una corazonada lo tomó a todo galope, atravesó un lago y pudo imaginar a la niña maravillada, mojando sus manos y bebiendo agua "El agua no, Emma, no en invierno."-la angustia la llenó de energía y siguió por un barranco empinado antes de encontrarse de nuevo en un camino de tierra, sus manos empezaban a cerrarse en la inflexibilidad del frio, mientras la lluvia se transformaba en aguanieve que golpeaba su rostro y empezaba a alterar a Rocinante. -Tranquilo, muchacho. -le pidió, su visión era cada vez más limitada cuando, extrañamente un diminuto pajarillo se posó ante ella.

En otra ocasión tal vez lo hubiera incinerado o tal vez lo hubiera hecho desaparecer, sin embargo era evidente el hecho de que: Se trataba de un ave azul. "Blancanieves"- su mente era un remolino y formó una bola de fuego por si la veía, los pájaros no salían en invierno, menos a la lluvia, mucho menos al inicio del que se adivinaba una larga nevada. -¡Emma! -Gritó sintiendo que estaba cerca y atenta miró en todas direcciones bajo la lluvia torrencial, en ese momento no le sorprendió el árbol azul que veía en el horizonte, estaba más escandalizada por encontrarse a sí misma siguiendo a un pájaro, no fue hasta que estuvo cerca que pudo notar que cada espacio disponible de las ramas estaba cubierto por aves celestes.

-¡Cariño!- gritó bajando del caballo con renovadas fuerzas y corriendo a los pies del árbol para encontrarla a penas despierta y con un dejo de voz tratando de ahuyentar a los pájaros.

-Gina, soy un gato. -Dijo en un bostezo antes de que la reina la tomara entre sus brazos y la pegara a su cuerpo. -Esos pájaros no me dejan dormir.

-Emma, te congelas. -la reina la cubrió con su abrigo y trató de secarla con magia antes de que pudiera quejarse, sin embargo la precipitación se encargaba de mantenerla empapada, sus ojos se inundaron de lágrimas y con temor notó que los labios de la pequeña habían tomado un tono púrpura

-No llores Gina, me voy a comer mis verduras. -otro pequeño bostezo se le escapó mientras Regina la envolvía. -tengo mucho frío, ¿Puedo tener pantalones? Gina, tengo mucho sueño.

-No amor, no te duermas. -El temor en su voz era inminente y comenzó a acariciar su cabello con brusquedad.

-Me lastimas. -lloró la pequeña juntando sus labios como cuando era un bebé.

-No te duermas, por favor Emma, pide lo que quieras pero no te duermas.

-Quiero que estés feliz- dijo acercando su aún helada manita a la cara de la reina y quitando las lágrimas provocando así que más salieran de sus ojos.

-Yo voy a ser feliz si no te duermes, ¿Puedes intentarlo? Por favor, habla, cuéntame que hiciste esta mañana?

-Escuche que salías y te seguí, luego me perdí... -dijo y cerró sus ojos tras un suspiro profundo.

-¡No! ¡EMMA! - Gritó sacudiéndola y en un ataque de cólera consigo misma se hizo aparecer en el palacio. -Si me vuelves a persuadir de no utilizar magia... -Trató de amenazarla pero de inmediato notó que la pequeña seguía inconsciente. - Emma, Emma, despierta. -Le pidió molesta mientras en sus brazos la llevaba hasta el baño.

Su tina siempre estaba humeante y quitando con magia la ropa helada, se hundió en el agua con Emma contra su pecho.

-Vamos, cariño, despierta. -Hazlo por mí, se fuerte.-con su mano húmeda le limpiaba la tierra de la cara y al mismo tiempo calentaba su rostro, sin embargo no reaccionaba, sentía su corazón debilitarse en cada latido y de pronto no lo pudo soportar.

-¡No, Emma, no puedes hacerme esto! Eres mía, ERES MIA, no te puedes ir, ¡EMMA, DESPIERTA! No te puedes ir cariño.-Rogó realmente dolida mientras la agitaba, el contorno de sus ojos cerrados estaba enrojecido y sus labios ahora en un tono azulado evidenciaban como se le iba la vida.

Regina la tomó de la enredada cabellera rubia y sin pensarlo la hundió por completo en el agua, necesitaba despertarla de cualquier forma. Solo leves burbujas salían de su boca lo que terminó por alarmarla hasta la locura.

-Emma, por favor, no me dejes cariño. Te necesito, si no te tengo no se ser justa ni correcta, si me dejas acabaré con todo el reino. -Sus amenazas se tornaban en una súplica a cada segundo y con las lágrimas nublando su vista, la ciñó contra su cuerpo. -Emma, por favor. -Dijo en un hilo sollozante y pegó sus labios a la frente de la pequeña, sintiendo como lo tibio de su boca chocaba en el frío y causando una ola de energía tornasol que se expandió desde el beso hasta el resto del reino.

Regina se detuvo completamente desconcertada ¿Qué acababa de pasar? enseguida Emma comenzó a toser y respiró con fuerza moviendo brazos y piernas con miedo al notar que estaba en el agua.

-Shh, tranquila, tranquila cariño, estás bien, todo está bien ahora. -sus palabras le sorprendían a sí misma.

-Gina, había un campo con caballos y me despertaste. -Dijo la pequeña aún sorprendida por estar en el agua lo que hizo que la reina comenzara a llorar de nuevo, Emma realmente se había ido por un instante y ella se sentía aliviada, molesta y desesperada.

-Te voy a conseguir un caballo, cariño, no vas a extrañar ese campo. -le dijo llenando su cara de besos, conociendo lo impertinente que era la niña, más valía darle un poco de protección extra.