GRACIAS
Jamás pensé que llegaría un día en que te diría esto, pero muchas gracias, Mogami Kyoko.
Te debo mi felicidad.
Sho-chan hace años que no me llama Pochiri. Hace mucho que dejé de ser su mascota. Me llama por mi nombre. Mimori. Y me trata con respeto.
Oh, vamos, no pensarás que soy tan ciega… Yo siempre lo supe… Supe que para él no era más que su plan de emergencia cuando no conseguía a otra.
Y esa manía de hablar de mí misma en tercera persona, bueno, dicen que las divas y los locos lo hacen… Pues ni una cosa ni otra, querida, puro teatro…
Si esa fue la carta que me tocó jugar, pues es la que fue… Cualquier cosa me iba bien para mantenerme a su lado. Calentarle la cama, halagar su ego, ayudarle a secuestrarte… Sí, tu secuestro a cambio de un beso apasionado que me derritiera el cerebro…
Ya ves, me conformaba con eso… Tonta de mí…
Aunque siempre quise más… Mucho más…
Y un día, gracias a los dioses, él empezó a cambiar…
Sus besos se hicieron más tiernos, más reales, más sinceros…
Sé que siempre fui tu sombra, un eco sustituto de ti, pero en algún momento del camino, empezó a verme a mí…
Y él se dejó de artificios de pop idol, de ademanes visual kei y ficciones de divo, y me mostró al muchacho de Kyoto, al mismo que creció contigo. Me reveló sus ilusiones, me mostró su alma, me contó cómo te trató. Lo que te hizo.
Me contó la verdad.
Y por una vez mi orgullo de mujer casi se impuso a la tonta enamorada.
Pero luego me contó la conversación que tuvo contigo.
Cómo lo perdonaste.
Cómo encontraste sitio en tu corazón para el perdón y el afecto por aquel niño con el que te criaste.
¿Me creerías si te digo que lo cambiaste?
Así que gracias, Mogami-sama, me inclino ante usted.
