Hola, espero que estén teniendo un buen martes y que se encuentren conformes con el lento pero progresivo crecimiento de la pequeña Emma , la lentitud tiene su razón de ser.
Para quien pregunta por qué funcionó el beso de amor verdadero; el capítulo explica que en invierno sucede esta maldición que congela a las personas a la intemperie para que no tengan que "sufrir" el frio.
Me gustaría agradecerles por sus comentaríos, espero que puedan recomendarla porque la trama se va a poner mejor.
Capítulo 6:
La hija del príncipe Encantador.
-¿Gina?
-Sí, dime. -La reina estaba concentrada en un tratado de propiedades, leyendo y resaltando detalles con su pluma, tapada hasta la cintura en la cama y con Emma bajo su brazo.
-¿Cuánto tiempo debo estar acostada antes de que tú te sientas feliz de nuevo?
-Oh, cariño, yo estoy feliz, tú estás castigada hasta que logre sentirme menos alterada, te lo he explicado varias veces, realmente creí que alguien te había llevado.
La niña suspiró aburrida y se metió bajo de las sabanas haciendo un caminito con sus dedos por la rodilla de la reina hasta sus pies sin lograr si quiera turbar su concentración, tenía dos meses sin ver a Chip, sin ver a la Sra. Potts y empezaba a sentir que le saldrían raíces y se convertiría en un árbol.
-De cualquier forma, ¿Qué podrías querer hacer afuera de la habitación, cariño? Hay nieve, te prohibí la nieve. -Argumentó dirigiéndose a sus cobijas.
-Quiero jugar con Chip, cenar en el comedor, que me compres un caballo y salir contigo.
-No vas a salir conmigo ni con nadie mientras sea invierno, es un castigo y tu caballo estará listo el primer día de la primavera.
-¿Es en serio? -Inquirió resurgiendo de entre las sábanas con los ojos verdes brillando y el cabello totalmente revuelto.-Gina, por favor, déjame ir a jugar, te prometo no acercarme al jardín, estoy muuuy aburrida.
-Desearía poder creerte cuando me dices eso, patito, pero sé que tienes una fijación por romper las reglas.
-Gina, por favor, haz magia para que no pueda salir. -Dijo y obtuvo la atención completa de la reina.
-Es lo más sensato que has dicho en tú vida. -Respondió y volvió al texto solo unos segundos antes de continuar. -Mañana tengo que salir del palacio.- se le ocurrió de pronto. -Y a pesar de que amo torturar almas inocentes, nadie va a cargar con la responsabilidad de tus actos esta vez, cariño, así que más vale que tu comportamiento sea apropiado.
-¡Sí! -Exclamó con fuerza, quiero usar pantalones, ¡Gina!, ¡Ya recordé!-Gritó bajando de la cama ante la mirada histérica de la reina.
-¡No, descalza no, Emma! - Su voz sonaba ansiosa al verla entrar al armario y sacar sus pequeñas botas de piel.
-Están hechizadas, Gina.- dijo cautelosa mientras trepaba a la cama y se las ponía en el regazo.
-¿Hechizadas? Me temo que no te sigo, cariño.
-Están hechizadas porque cuando me las obsequiaste quedaban bien y ahora se encogen ¡Mira!-Metió su pie desnudo y tomando la mano de la reina le hizo tocar la punta de sus dedos.
Regina apenas pudo contener la risa y de forma suave le sacó el zapato.
-Mh... Supongo que necesitas botas nuevas, ¿Cierto, Emma? Conozco este hechizo muy bien y no tienes de que temer, se llama "Tus zapatos ya no te quedan porque estás creciendo" -Le hizo saber mientras revolvía su cabello con ambas manos y acto seguido, la abrazaba.
-¿Voy a ser como tú? -Quiso saber con su cabeza recostada sobre el hombro de Regina.
-Mucho mejor que yo, no tengo ninguna duda. ¿Prometes que vas a portar bien mañana?
-Lo prometo. -Le sonrió abiertamente. -¿Dónde está la señora Potts y Chip?
-Ella trabaja bajo las órdenes de Drizella y el niño en los establos.
-Creí que los niños no trabajaban. -Su voz era cálida y sus manos jugaban con el encaje en su camisón.
-Oh, no trabajan pero me tomé la libertad de castigar a todos, no solo a ti, agradece que no los convertí en bichos, cuando me percaté que no estabas realmente me sentí...
-No los convertirías en serio, ¿O sí? -La mirada olivácea de la niña se contrajo con angustia.
Regina sonrió con tranquilidad y la tomó a su regazo.
-Honestamente no lo sé pero puedo decirte que tu mirada juiciosa me obliga a contestar que no, no lo haría.
-No lo harías. -Expresó la pequeña en un voto de confianza mientras volvía a abrazarla con fuerza.
Regina cada vez comprendía menos como Emma, deliberadamente dejaba pasar al olvido todo lo que la hiciera ver como la persona que en realidad era, le causaba conflicto y temor en misma medida solo pensar que un día pudiera ver a la verdadera reina.
-¿Tienes alguna idea de cuánto te quiero? -Le preguntó en voz tan suave que el sonido no llegó a las paredes.
-¿Como para romper cualquier maldición?
-Como para romper cualquier maldición, así es. -Su sonrisa disfrazó el instante en que sus ojos se aguaron y con un suspiro recuperó la compostura, los últimos meses habían sido un martirio pues tras haberla traído de regreso, Emma había pasado semanas entre delirios y terrores nocturnos, era hasta ahora que finalmente volvía a la normalidad y ella así mismo necesitaba recuperar la calma, acomodar el nudo de emociones que se formaba en su mente y con bastante resistencia encontró en sí misma la respuesta sobre a dónde iría al día siguiente.
Con botas nuevas y pantalones suaves, Emma se encontró libre por primera vez en meses para correr por las habitaciones y mirar a una distancia considerable por las ventanas mientras llegaba hasta el punto de reunión con su amigo.
-¡Chip!- su grito iba acompañado de risa y ambos se perdieron entre los pasillos, sin prestar atención a nada más y dejando un suave eco de murmullos.
-Volveré después de mediodía, esta vez si algo sucede será responsabilidad de ella, de cualquier forma hay un hechizo que no la dejará estar donde no debe, a usted y a su hijo les daré el beneficio de la duda. -Le expresó a la mujer mientras se colocaba sus guantes de cuero, estaba lista, su corsé negro estaba perfectamente ajustado, el abrigo rojo de terciopelo y cuello de plumas lucía exquisito y sus pantalones oscuros le moldeaban a la perfección las piernas.
Cualquiera que no la conociera habría quedado asombrado, atónito en un sentido único y con deseos inminentes de hacer reverencia a la mujer más bella del reino, sin embargo, un escaneo visual de Maléfica fue suficiente para darse cuenta de que los ojos expertos eran mucho más exigentes en todos los aspectos.
-Vaya vaya, si es la reina en persona que ha venido a mi casa sin avisar. -La mujer utilizaba un atuendo malva de satín con plumas y en tornasol dejaba ver un sin fin de diamantes rodeando a lo largo a modo de una elegante corona de cuernos.
-No se necesita invitación cuando es del saber común que se tienen deseos de verme. -Regina ofreció una sonrisa fugaz al tiempo que Maléfica la invitaba a pasar. El palacio del sur estaba a siete días a caballo, sin embargo ella apenas concluyó las instrucciones se había hecho aparecer ante las puertas del ostentoso castillo. -¿A caso te encuentro indispuesta?
-Por supuesto que no, la vida en soledad realmente hace que uno se vuelva excéntrico, tal como la vida con una criatura de seis años ocasiona bolsas bajo los ojos, piel rígida y un gran dolor de espalda. Te noto más delgada, hace un par de meses creí que Blancanieves había vuelto al sentir como de nuevo el amor verdadero rompía uno de los hechizos de la naturaleza, imagina mi sorpresa, necesito escucharte.
-No planeo irme sin hablar. -Dio un respiro profundo recostándose en el diván de la biblioteca, acción que hizo sonreír al hada oscura.
-Si me dices que podré conservar a la niña tendré que sentarme. -Dijo en una sonrisa mientras le ofrecía una copa de vino blanco.
-Sospecho que eventualmente me habría deshecho de ella si no mostraran tanto interés. -Contestó tras un trago tal vez demasiado largo para cualquiera pero no para ella. -No esta entre mis planes encontrarle un nuevo hogar.
-Veo que no has solucionado tus problemas con la bebida, Regina.
-Tu "vino" es una broma, no vengo a dar explicaciones sobre mi comportamiento.
-¿En serio? Curioso... Porque creo que es exactamente a lo que vienes.
-Tal vez...-A pesar de que su mirada era baja, el tono nunca perdió fuerza. -A decir verdad lo que tengo son preguntas.
Maléfica tomó asiento frente a ella y cruzó las piernas sin dejar de mirarla.
-Bien, pregunta. -Su voz fue suave y calmada.
-¿Cómo... -Hizo una pausa y cruzó los brazos, evitándola... - Cómo fue que decidiste quedarte con Aurora? ¿Fue algo al verla? ¿Eras consciente de sus orígenes?
-Querida, creo que sabes la respuesta, aunque asumo que deseas escucharlo de mí. -Regina se sentía como una niña. -Aurora fue daño colateral, yo quería el sufrimiento del rey, no buscaba nada más y la mejor forma de torturarlo hasta la locura fue amenazando a su hija recién nacida, tenía una semana cuando tras mi hechizo del sueño la enviaron a vivir lejos del palacio, al parecer olvidaron esa parte en la que dije que estaría a salvo hasta los dieciséis, supongo que para tenerla lejos de lo que pudiera amenazarle, como bien sabes la dejaron a cargo de tres hadas, Stefan no se imaginaba que ellas a penas se mantenían a salvo a sí mismas, si piensas que Azul es inútil te faltó conocerlas, no solo no tenían idea de qué hacer con un bebé sino que pensaban que se mantendría viva por sí misma.
Yo salvé a Aurora poco antes de que muriera de hambre, ¿Por qué? En ese momento estaba segura de que seguía mi venganza, quería que viera a su hija caer en un sueño eterno entrada su adolescencia, no quería una criatura muerta por negligencia antes de tiempo; viéndolo en perspectiva suena tan estúpido que yo la haya mantenido viva como el hecho de su padre enviándola al bosque con tres buenas para nada.
Las hadas desaparecieron a penas se dieron cuenta de que su encargo no estaba, tal vez sospecharon que había sido yo y se dieron a la fuga, tal pensaron que había muerto, tal vez temiendo a Stefan... No tengo la respuesta a eso.
Cuando la traje aquí al palacio, me entregué en cuerpo y corazón a su cuidado, sabes que prefiero la soledad, aquí nunca he tenido la cantidad obscena de sirvientes que tú requieres así que solo éramos ella, yo y todos los manuscritos de curanderos que pude encontrar para mantenerla viva, yo estaba totalmente segura de que a los dieciséis años sería totalmente capaz de enviarla en una caja, inconsciente para siempre y la locura de su padre me dejaría tener al fin mi venganza.
Si me preguntas si fue algo al verla, yo pienso que sí, sus ojos enormes de un azul más intenso que el mar, las pequeñas pecas en su cara, las curiosas ondas de su cabello. Su belleza realmente me parecía insuperable... Realmente me parece insuperable a la fecha, espero que su majestad, "La más bella del reino" no se sienta ofendida. -Dijo esto último con una amplia sonrisa y luego continuó. -Cuando fue convirtiéndose en una niña la hice una bestia insaciable, yo le di todo, todas las habitaciones llenas de distintos juguetes, tantos que ella tenía siempre problemas para decidir qué hacer, la hice caprichosa, no hubo cosa que quisiera que no le diera, a pesar de que sus rabietas se escuchaban por todo el palacio cuando se encontraba frustrada, estaba esa parte tierna y dulce, tal vez no brilla por su inteligencia pero era circunstancialmente perspicaz, su parte buena increíblemente superó al diablillo que yo hice y para los doce años ella ya era una damita, me venció en mi propio juego, era insolente conmigo e irrespetuosa por lo que tiene todo para ser una reina, y al mismo tiempo me mantenía atada a su sentir, a sus deseos, fue poco antes de su décimo sexto cumpleaños, que empezó a hacer preguntas sobre sus orígenes, sobre sus padres, sobre quién era yo y quién era ella, su insolencia hacía que cada cuestionamiento se sintiera como un ataque, me perdió todo respeto y mentira tras mentira ella me fue descubriendo, fue desconfiando de mí, de mi integridad y se convenció a si misma que su vida entera había sido una mentira, Aurora escapó de aquí, se sintió libre e independiente cuando la realidad fui yo quien permitió que saliera, la observé en su caballo blanco cabalgando entre la noche y la seguí a la distancia hasta el castillo de su padre, cuidé que llegara a salvo; sin embargo yo no la pude salvar de mi misma y para cuando el hechizo le hizo efecto, tal como yo quise, su padre se volvió loco, su madre murió de tristeza y yo... No me sentí bien, no sabía si convendría más mantenerla dormida por toda la eternidad, o despertarla para darle la oportunidad de vivir a su gusto, en su palacio, en su reino.
Como tú lo hiciste con la pequeña Blancanieves Encantadora, desperté a Aurora con un beso y tal como yo imaginé, enloqueció al verme, al saber lo que había pasado con sus padres...
Desde entonces estoy confinada aquí, Aurora ha tratado de matarme incontables veces, no es muy lista como ya te dije, pero el hecho de que quiera hacerlo es suficiente para lastimarme.
Ahora, si te preguntas si me molestaba el hecho de que su padre fuera ese desgraciado, no, por 16 años lo olvidé, y aunque ahora hago conciencia, no me importa, supongo que Aurora sabe brillar por sí misma, más allá de su origen, y creo que tú entiendes eso ¿Te importa que...
-Emma.
-...Emma, sea hija de la mujer de quien buscas venganza? -Su pregunta fue clara.
-A decir verdad no.
-¿Tienes un plan?
-Lo tenía. -Maléfica nunca había obtenido respuestas con tanta facilidad. -Quería hacer sufrir a Blancanieves, que su hija me adorara y que negara a la madre que jamás tuvo oportunidad de conocer... Y si ese es mi plan parece ir bastante bien pero estoy realmente asustada, la traje de vuelta del hechizo del invierno con un beso de amor verdadero, lo que significa que mis sentimientos hacia ella son genuinos y me aterra más que nada en este mundo que ella vea quien soy y me rechace, Emma es lo único que tengo, no me teme, me adora, me procura... Es más de lo que yo imaginé y realmente temo que al volver su madre me vea como el enemigo... Me da miedo-Terminó la frase casi en silencio.
Maléfica se acomodó a su lado en el diván y la miró a los ojos.
-No dejes que crezca en una mentira, no has criado a un monstruo como yo lo hice, debes un enorme favor a Rumpelstinskin sólo porque querías encontrar a una persona que la cuidara apropiadamente, la has criado con límites y aunque te cueste admitirlo, con amor, se honesta con ella.
-¿Cómo le dices a una niña que pasaste casi una década persiguiendo a muerte a su madre y esperas que entienda?
-No eres responsable de su desaparición, ella era tú enemiga y el método que utilizó tú no se lo impusiste, Emma no hubiera tenido una buena vida si sus padres no hubieran desaparecido. Necesitaban irse para que su hija tuviera una oportunidad de ser feliz. El destino fue muy claro. Y tú te has hecho cargo de ella desinteresadamente yo sé que ya ni siquiera buscas venganza, Regina.
La reina, con la vista fija en la copa suspiró con fuerza. -A veces me despierto odiando a Blancanieves, mi vida sería tranquila, sería feliz, tendría un bajo perfil si ella no hubiera intervenido.
-Cariño, ambas sabemos que ella era una niña y que tu madre es lo más peligroso e influyente que una mujer sin corazón puede ser... La odias porque sabes que es más fácil odiarla a ella que a tu madre. Tal vez es momento de que lo dejes ir, a mi me hubiera gustado ser más sensata respecto a mi venganza. Ambas éramos muy jóvenes cuando salimos lastimadas, nos dedicamos a acumular rencor y nos fue bastante bien, pero a qué costo.
-No me siento enteramente convencida, me niego a darte la razón.
-No tienes por qué, tú misma te has encargado de hacerme ver que somos diferentes, sin embargo estaría bien saber qué tal funciona la honestidad.
-Suena estúpido y riesgoso.
-Y no parece que tengas otro plan.
-Realmente no, nunca pensé que se metería por completo en mi corazón, llevo diciéndole desde que es bebé que no la quiero y sin darme cuenta la quise como para romper cualquier maldición.
-Debe ser realmente una criatura adorable.
Regina sonrió involuntariamente mientras empezaba a contarle cómo la había encontrado, cómo la obligaba a no hacer magia, cómo la había hecho levantarse a media noche por meriendas durante años, sus travesuras con animales y escapando del servicio, esa huida que casi la había congelado, su habilidad para leer y ternura con sus seres amados... con ella, contando todo lo que pudo recordar de Emma demostrándole a Maléfica un genuino gesto de desesperación y confianza hacia ella, ambas mujeres eran capaces de entenderse.
Cuando la reina salió del palacio quedó con una molesta sensación de vulnerabilidad, todo lo que hacía años estaba en su interior ahora tenía un orden claro pero odiaba haber tenido que dejarlo salir para que así fuera. Maléfica era la única en quien podía confiar esos asuntos, la única que entendía y sabía que tras esa charla se había ganado a una confidente, estuviera de acuerdo o no,
El medio día había pasado por mucho cuando se hizo aparecer de vuelta a casa, todo se sentía en orden, Anastasia supervisaba el acomodo de los platos para la cena y los sirvientes terminaban de lustrar el piso del vestíbulo.
Acostumbrada ya a caminar se dirigió a sus habitaciones sin señal ni ruido aparente de algún destrozo causado por ambos niños, abrió primero la puerta a las habitaciones de Emma, la señora Potts alzó la mirada y le dedicó una sonrisa tímida mientras se ponía de pie y colocaba su tejido a un lado.
-Su majestad, que gusto que haya vuelto.
-¿Dónde está Emma?
-Disculpe por no seguirla, pero está en sus habitaciones y no me siento con la confianza de entrar ahí, Emma arrastró a Chip con ella, no he escuchado ningún ruido alarmante.
Regina, un tanto extrañada cruzó el pasillo y abrió las puertas sin dirigir más la palabra a la mujer. - ¿Patito? Creí que dos meses confinada aquí adentro serían suficiente para no querer volver? -Quiso saber alzando la voz lo suficiente.
-¿Ya volviste? -La niña preguntó nerviosa desde la habitación que contenía su ropa y al escucharla Chip salió corriendo hacia su madre.
-Eso parece, ¿Qué le hiciste a Chip? -Preguntó con suavidad caminando hacia donde se escuchaba Emma.
-Yo nada, él sabe que no debe estar aquí y yo lo obligué.
-"Y yo soy la reina malvada".-pensó con ironía y una amplia sonrisa. -Siempre encuentras la forma de hacer cosas indebidas ¿cierto, cariño? -Habló desde el umbral de la habitación y notando que Emma estaba frente al espejo: Llevaba uno de sus vestidos de fiesta, su cabello rubio recogido a lo alto en un intento de reproducir el peinado de la reina y una sonrisa.
-¿Cómo me veo? -Su pregunta surgió con agitación.
-Como toda una reina aunque falta un poco de práctica ¿Qué haces, querida?-preguntó hincándose ante ella y limpiando el intenso color rojo que había colocado por toda su boca y mejillas.
-Quiero ser bonita como tú, Gina, disculpa.
-Estas disculpada. -La reina sonreía abiertamente. ¿Qué tienen de malo tus vestidos, patito?
-Son rosas, no me gusta el rosa y tú no usas rosa.
-¿Y qué color te gusta?
-Me gusta el verde, y el rojo y el azul, y me gusta cuando son pantalones.
-Bien, entonces deberás aguantar un poco, cuando acabe el invierno y empieces a montar van a abundar los pantalones para ti, ¿Eso te parece bien? -Inquirió sacándola por completo del vestido y poniéndole de nuevo el pantalón suave que hacia menos de un día le había conseguido.
-Sí por favor. -Emma acariciaba el terciopelo de su abrigo rojo mientras era vestida y la miraba sin dejar de sonreír.
-¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? -abrochó los pequeños botones del abrigo rosa de Emma y la colocó en el suelo. -Ve a jugar, ¿O quieres volver a esta habitación hasta que deje de nevar?
-¡No! -Alarmada y entre risas salió corriendo de nuevo.
-Eso pensé. -dijo para sí misma y tomó nuevamente el pergamino de propiedades que había revisado el día anterior. -Estoy perdida.
