Hola a todos, espero que estén teniendo un buen martes, este capítulo es un poco más largo, la razón es porque cuándo lo escribí debían ser dos capítulos pero hace un buen capítulo largo y no tuve el corazón para sólo darles la mitad de esto.

Contesto una pregunta que me encantó: Sí habrá SwanQueen "romántico" (Oh… me causó mucha gracia esa pregunta, yo creí que todo el SwanQueen era romántico, ya saben, amor entre Emma y Regina… cosas así, pero ya me explicaron que no), y será muy romántico, rated M y todo, sólo pido paciencia, ya estoy llegando a eso, yo voy un poco más de 10 capítulos adelante en la escritura y me gusta pensar que va saliendo bien.

Estoy disponible en todas las redes sociales pero no las se usar… pero si se usar estas y son las que importan por si tienen preguntas antes del viernes

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Capítulo 8:

El claro, La junta, Invierno y El flechazo.

-¿Estás lista, Emma?

-Sí... Espera, no no no, NOOO.

-Aún no he hecho nada, cariño.

-Ah, sí, lo siento, hazlo... Nononono, no lo hagas.

-¿Así será todo el día? Fue idea tuya.

-Hazlo. -Cerró sus ojos con fuerza y se aferró a su cintura.

-Listo.

-¿Qué cosa? -Preguntó aún sin mirar y con el rostro contorsionado por el miedo.

-Abre los ojos y mira por ti misma. -Susurró en su oído tomando las manos que le apretaban el cuerpo.

-¡Wow! -La pequeña no cabía en el asombro y con el paisaje reflejado en su enorme mirada verde un suspiro se le escapó de los labios.

-Tú miedo a la transportación mágica me parece sumamente irracional. -Sonrió con ternura y le tomó la mano.

-No lo puedo creer, hace un segundo yo estaba en tus habitaciones y ahora... Ahora no.

-Cuando un hechizo de transportación es hecho perfectamente no tienes por qué sentir nada, he perfeccionado la técnica, cariño, deberías confiar en mí. -La expresión en su rostro era impasible y con una amplia sonrisa, Emma le rodeó el cuello y besó su mejilla.

-¿Qué es este lugar? -Quiso saber mientras se movía al rededor del amplio claro en el bosque, pequeñas florecitas de colores le cubrían como alfombra y los árboles en la periferia eran viejos sauces que ondeaban con la suavidad del viento.

-Aquí es dónde te encontré. –Confesó esperando algún tipo de reacción. -Estabas exactamente dónde estoy de pie, fue hace casi ocho años y la magia que cubre este lugar es más intensa que en cualquier parte del bosque encantado, también es probable que por eso no te afectara la transportación...

-¿Puedes contarme del día que me encontraste? -Preguntó sentándose sobre el suelo y pasando sus dedos por entre las flores.

-¿Qué quieres saber? -La reina se hincó a su lado con la vista en la pequeña.

-Lo que sea está bien. -Expresó con suavidad, sus ojos se encontraron en la profundidad de los de Regina, la niña seguía sonriendo, no estaba molesta, ni asustada, su curiosidad era inocente, nada apresurada.

-Llegue con todas las intenciones de destruir a tus padres. -espetó con honestidad. -El aire entero olía a magia y a dulce, tal vez un poco a manzana y canela, realmente puede que este olvidando algunas cosas, ¿Sabes? Ya pasó mucho tiempo... Llegue justo cuando el hechizo estaba funcionando... O fallando y todo se puso oscuro, muy muy oscuro, trate de encontrarlos pero lo que sucedió es que estabas tú, un pequeño bulto llorón y amarillento como un pato feo. -Le sonrió y vio que la niña reía al igual. -Realmente no sé por qué te lleve, al inicio no sabía que Blancanieves había tenido un bebé y que ese bebe eras tú, lo hice sin pensar, te conservo porque... Ya sabes, como que me agradas. - le dijo esta vez sin mirarla y Emma se quedó pensativa.

-Claro "su majestad"... Lo que usted diga. -Se burló y se mantuvo en sus brazos buscando su mirada. -Estoy segura de que no eres mala, Gina.

-¿Realmente?

-Lo prometo. -Dijo con la mano sobre el corazón y la mirada brillante de orgullo.

-Es hora de volver, cariño, tengo que reunirme con el consejo y tardaste demasiado en permitirme usar la magia para traerte.

-Si hubieras dicho a dónde íbamos tal vez hubiera sido más rápido.

-¿Y arruinar la sorpresa? Vamos, te puedo traer de nuevo cualquier día.

-Llévame a tu reunión, no me da miedo viajar con magia, lo prometiste. –Suplicó.

-Lo prometí pero casi es invierno no tiene sentido que seas parte de esto, estoy segura de que el reino tendrá más conflictos en los que podrás participar.

-No, quiero ir contigo ya, dime qué más cosas debo saber y llévame contigo.

La reina dudó por un instante. -Tú no me das órdenes a mí, Emma, no seas insolente.

-Siento desesperación. -Respondió de brazos cruzados y mirada decidida a lo que Regina solo pudo sonreír, hizo aparecer un pergamino y su pluma.

-Esta es la mesa redonda. -La voz que salía de sus labios era extrañamente serena mientras dibujaba a cada paso lo que expresaba. -Presta mucha atención, está integrada de forma permanente en este orden: primero el Rey Midas y su hija Abigail, a su derecha vamos tú y yo, a su izquierda va el Sultán de Agrabáh, su reino está en el Este, es ambicioso, muy viejo y lleva un turbante, después de él, el rey Eric, bastante decidido y fuerte, es un tonto, pero no tonto como Aurora, quien se sienta enseguida de él como sucesora de su padre, la vas a reconocer al instante, ella realmente se da a conocer con cada palabra, a su lado estará su esposo, Felipe, el representa a su propio reino sin embargo, él no tiene voz ni voto ante la autoridad de ella, a su lado, Bella, yo consideraba que ella era realmente inteligente, o al menos con sentido común pues desde la muerte de sus padres había reinado con sabiduría, en su reino diseñan aparatos para facilitar la vida de las personas ordinarias, ya sabes… sin magia, sin embargo fue la primera en apoyar a Aurora. -La miró para cerciorarse de que estaba prestando atención. -A su lado, Megara, ella considera todo el asunto realmente tedioso, está ahí porque es su deber como representante de las musas y por último, Úrsula, su reino se encuentra bajo el mar, es muy peligrosa, su magia es completamente diferente a la mía y tiene más años de los que uno puede contar, ha vivido desde antes de que se comenzara a escribir la historia, por favor no te acerques mucho a ella, en la mesa, entre Úrsula y yo habrá una silla vacía, no debes usarla, la dueña de esa silla se debe respetar, no acude por que tiene conflictos con Aurora.

-¿Cómo el dragón?

-Es precisamente el dragón, cariño. -Emma se mantuvo pensativa tratando de imaginar a un dragón sentado a la mesa, discutiendo sobre tributos y un montón de dudas surgieron ante la divertida idea.

-¿Al dragón no le importa que la gente se vaya de su reino?

-No hay nadie en su reino, es bastante pequeño, pero para ser alguien que vive sola debe ser el más grande de todos.

-¿Puedo conocerle?

-No lo sé cariño. -Regina la hizo mirarle. -Nuestra magia surge del mismo punto en el interior; no lo repitas pero: no estoy segura de poder vencerla si las cosas se salen de control.

La pequeña asintió preocupada. -¿Necesito saber algo más?

-Vamos al castillo del Rey Midas, quien con tocar las cosas se vuelven oro, ten cuidado, no quiero una estatua tuya por descuido. Todo es dorado, tal vez te lastime un poco los ojos al inicio y no te preocupes, todos ahí saben exactamente quién eres, les vas a encantar ¿Estás lista?

La niña cerró los ojos y hundió su rostro bajo el pecho de la reina.-Sí, estoy lista. -Afirmó contra la tela del corsé.

Sus manos se elevaron sólo unos centímetros y con el dejo momentáneo del humo púrpura aparecieron ante las puertas doradas del palacio.

-Eso fue todo, cariño.

-Eres realmente buena en esto. -Dijo asombrada al notar que el traje de pantalón crema y saco azul cielo con el que había salido del palacio ahora era un suave vestido de terciopelo lila y piedras preciosas.

-Y tú eres una niña con miedos irracionales y falta de gusto para vestir... no seas insolente con nadie, ¿Lo prometes?-Pidió nerviosa.

-Realmente el Rey ha puesto sus manos en todo ¿Cierto? -Contestó ignorando lo antes dicho y con la mano sobre lo que tal vez antes de Midas había sido una inmensa puerta de roble puro; Regina trató de contener el regocijo que provocaba la inocencia del comentario, era increíble lo rápido que la podía hacer feliz y con una amplia sonrisa se encontró frente al guardia que sólo logró sonrojarse y tartamudear.

-Su majestad, la reina Regina y compañía. -Anunció al vestíbulo y el Rey se aproximó con entusiasmo.

-Vaya, vaya, es un honor tenerla aquí y ha traído a... su pequeño secreto. -su voz era confiada y a la vez temerosa, Emma jamás había imaginado que el temor a la reina fuera más allá de las personas del servicio.

-Rey Midas, ella es Emma, estoy segura de que todos estarán más que encantados de tenerla cerca, su presencia va a ser necesaria de ahora en más. -La pequeña hizo una leve reverencia y el hombre le sonrió con cautela.

-Por supuesto, su majestad, nos esperan en el salón. -Su mano enguantada señaló el ala izquierda y ambas caminaron tomadas de la mano.

-Tú me gustas más que él. -le susurró apretándola mientras entraban a la estancia, Regina sonrió con suavidad.

-Tú ciertamente me gustas más que esta reunión, cariño.

-Buen día, su majestad, creímos que no nos acompañaría el día de hoy. -Aurora habló desde el otro lado de la habitación con la mirada fija en la niña.

-¿Y dejarte sola para que causes una revolución entre reinos? No lo creo querida.

-Lo he dicho muchas veces, su majestad, no hago esto por que quiera, necesitamos reparar daños, reconstruir aldeas... ¿por qué me molesto en explicarle las cosas? Parece ser el mismo tipo de mujer... -Su mirada seguía fija en la pequeña.

-No eres muy lista, ¿Cierto? -Regina dedicó una sonrisa hipócrita y tomó a la niña de los hombros. -Emma, ¿te gustaría ir a vivir con la Reina? Justamente el otro día me dijo que le da pena que seas infeliz y que estarías mejor con ella. -Regina habló alto, haciendo que la realeza fijara la vista en la pequeña.

-Muchas gracias por preocuparse, reina Aurora, pero estoy bien, lo peor que me ha pasado es este vestido. -Todos los reyes y reinas se unieron en una risa suave y cautelosa.

-Ella te está engañando, trató de matar a tus padres si no es que en serio lo logró y te tiene prisionera.

- ¿Y por qué yo sigo viva? con todo respeto reina Aurora, creo que usted está confundida no soy una prisionera, su majestad se hace cargo de mi como cualquier persona se haría cargo de una niña con padres que no están, yo estoy bien y soy feliz. -La claridad en las palabras de Emma sorprendieron a todos en la habitación, incluyendo a Regina.

-Usted ha creado a un monstruo, su majestad, esa niña no es normal, no puede ser la hija de Blancanieves, esta niña es cínica. -El rostro de Aurora se encontraba enrojecido por la furia y sus ojos azules estaban húmedos por la vergüenza que le ocasionaba no poder defenderse de una pequeña.

-Tú eres un monstruo, querida, no toleras una gota de incertidumbre, todos los demás reyes convivimos con problemas más grandes que los tuyos diariamente. -Con cada argumento ambas quedaban más cerca de la otra, los ojos negros de Regina denotaban intensidad, los puños apretados de la joven reina estaban apretados bajo el abrigo mientras su rostro expresaba genuina furia cual niña educada por un dragón. -Eres caprichosa, todos podrán creerte dulce e inocente pero yo sé quién eres.

-Su majestad, reina Aurora, por favor un conflicto a la vez, hoy debemos decidir esto. -Los nervios del Rey Midas se sentían en sus palabras mientras las invitaba a sentarse.

-Mi reino necesita del aumento de tributo, pondré todo en orden y habrá más beneficios para los habitantes. -Aurora puso su cabello rubio oscuro detrás de las orejas, tranquilizándose a sí misma mientras Regina tomaba asiento con una amplia sonrisa y Emma en sus piernas.

-¿Todos estamos a favor con la reina Aurora?

Los reyes y reinas asintieron con unanimidad, a excepción de Regina quien seguía sonriéndole. -¿Puede dejar su necedad de lado? Es más oro para su reino.-Se quejó.

-Emma considera que es injusto, no necesitamos más oro y menos que provenga de los habitantes de nuestro reino, ¿Cierto, cariño? nos vamos a abstener en esta votación, la pequeña puede ser muy persuasiva, sin embargo somos conscientes de que tomaremos la postura mayoritaria, como dije, sólo me abstendré de votar a favor de ti.

-Se ha decidido, se empezará a dar nota a partir de la siguiente semana. -El rey Midas sintió tranquilidad al ver que la reina cedía y acercó el tratado en la charola de oro a cada uno hacia su lado izquierda.

-No podemos, falta muy poco para el invierno, Emma y yo no salimos en invierno y en cualquier momento comenzará a nevar.

-Salí a jugar sin permiso el invierno pasado y me congelé. -Explicó la pequeña. -Tengo prohibida la nieve por morirme. -Regina dejó salir una risa suave ante la mirada atónita de la realeza.

-Ambas son enfermizas. -Bella habló por primera vez con las manos sobre el pecho. -Tú madre estaría avergonzada de lo que te has convertido. -Su mirada color avellana y su gesto apretado denotaba asco y vergüenza, por un instante Regina no supo si el comentario iba dirigido a ella o a la pequeña, ni Cora ni Blancanieves estarían muy felices y era consciente.

Emma trató de recordar en silencio quién era ella en el orden de las sillas. -Es Bella. –La reina susurró en su oído.

-No me gusta que me insulte, soy una buena persona y no le he hecho nada a usted, no le he hecho nada a nadie en esta habitación. -Se dirigió hacia la mujer con ambas manitas plantadas en la mesa.

-Esta niña me agrada. -Megara sonrió de forma traviesa dejando atrás su habitual postura desinteresada y mirando con atención

-Me parece que no la has educado bien. -Bella se dirigió a Regina.

-Emma está hablando contigo, me parece que quién no tiene educación eres tú, querida.

-¿Podemos terminar esto? -El sultán dijo rasposamente mientras miraba su reloj de arena. -Mi hija Jazmín quiere un tigre y no lo conseguiré hoy si ustedes señoritas no dejan de discutir por la crianza de una niña que me parece más madura que cualquiera de ustedes.

-A mí me gusta lo que escucho. -Úrsula recargó el rostro sobre su mano y continuó. -Sin embargo el Rey Eric y yo tenemos un asunto... familiar pendiente, agradecería que esto terminara pronto.

-Reina Aurora, ya que el aumento de tributos es un asunto aprobado, ¿Podría esperar hasta el final del invierno para hacerlo entrar en rigor? –El Rey Midas empezaba a odiar tener que ser juez entre ambas mujeres.

-Increíble, ustedes aún creen que es un capricho mío, apenas acaben las nevadas espero cooperación, su majestad. -Sus brazos cruzados y su mirada vidriosa volvían de Aurora un espectáculo de emociones que iban desde el odio hasta la impotencia en segundos.

-Tienes mi palabra de que así será. –Regina extrañamente disfrutaba ser la única con sentido común sobre los actos y las consecuencias, ella era la reina malvada, impertinente y egoísta, y se preguntó si alguna vez se vio así de ridícula como la joven reina.

-Lo agradezco. –Dijo en voz baja y Regina pudo observar como por una fracción de segundo, la mirada de Aurora se perdía en la silla vacía. Definitivamente con Maléfica ahí las cosas le habrían salido a su gusto sin tener que turbarse y todos estaban al tanto de eso.

-Muy bien, son libres de retirarse o pueden quedarse a tomar la cena. –El Rey Midas habló con tranquilidad.

-No quiero volver al palacio aún, su majestad. –Emma estaba demasiado emocionada.

-Emma y yo aceptamos su invitación, Rey Midas.

-Oh, definitivamente yo acepto esta invitación, ya era hora de que sucediera algo interesante. –Megara se encontraba encantada y mientras los demás reyes y reinas se disponían a salir del palacio con el Rey quedaron en compañía de la princesa Abigail.

-Debo admitir, si me permite, que es un lado de usted que no nos había dejado ver. –la princesa manifestó.

-Ella es buena.-Emma sonrió y miró a ambas mujeres con sencillez.

-Cariño, tu comentario es un ultraje a mi persona, me perderán respeto.

Abigail y Megara trataron de contener la risa de forma fallida, definitivamente el modo de interactuar de ambas era mágico.

-Dime, corazón. –Abigail se dirigió a Emma con precaución. -¿De verdad eres feliz?

-Tengo una yegua, su majestad me la obsequió, no tiene nombre aún y es del color de este palacio a veces salimos a montar, se leer y escribir y me sé portar como una dama a la mesa y tengo un amigo y una nana, a veces me dejan estar en la cocina y tenemos un gato, el si es malo, se llama Lucifer pero su majestad dice que debo respetarlo siempre, me deja comer galletas en mis habitaciones y me da permiso de utilizar trajes para montar como ropa diaria. ¿Me faltó algo? –Se dirigió a Regina quien pasó sus dedos por entre la rubia y abundante cabellera.

–En resumen dijiste todo, tus modales a la mesa podrían mejorar... Debo admitir que me siento escandalizada por la libertad con que hablas de nuestra vida. –Concluyó con una mirada suave, sabía que Emma era carismática, sabía que lo era aún más que su madre sin embargo una cosa era tenerlo claro y otra poder verlo en acción.

-¿Es inapropiado?

-Es nuevo, no necesariamente inapropiado. –Declaró y la pequeña volvió la vista hacia la princesa Abigail.

-¿Cree que miento al decir que soy feliz? –Terminó por contestar.

-Tienes razón, cielo, fue una pregunta tonta. –Admirada y con ambas manos en el rostro le sonrió antes de que su padre volviera para guiarles al comedor.

-¿lo estoy haciendo bien? –Preguntó despacio cuando nadie miraba.

-Perfectamente, cariño. –apretó su mano con suavidad antes de que se soltara para sentarse junto a la hija del Rey.

-Si esa criatura me perteneciera no dejaría que se apartara de mi lado. –Megara habló detrás de ella con una sonrisa burlona.

-Creo que el encanto de Emma te ha dado la falsa impresión de que puedes dirigirte a mí sin protocolo. –Regina se volvió dura y fría a penas la niña estuvo suficientemente lejos.

-Disculpe, lo que quiero decir es que la niña es una delicia, no me sorprendería que una fila de gente se la quisiera quitar. – se puso frente a ella y la miró a los ojos. – Esa niña le da felicidad, su majestad, hay personas deseando quitarle eso de forma activa. –Concluyó y se dirigió a la mesa, justo al otro lado de Emma.

Regina, pensativa se sentó enfrente y la miró, sus mejillas rojas por la agitación, la sonrisa permanente que mostraba sus dientes nuevos y esos ojos verdes llenos de alegría le parecían un sueño ¿Cómo había pasado de no ser más grande que su antebrazo a ser un ser una persona capaz de brillar por si misma? Blancanieves se estaba perdiendo de algo increíble y sería mentirse a sí misma decir que no disfrutaba tener esa ventaja sobre ella.

Cuando finalmente volvieron al palacio, el sol se había ocultado y la luna llena brillaba sobre el rostro plácidamente dormido de la exhausta pequeña quien con ambos brazos le rodeaba el cuello, la transportación a penas le había sacado un suspiro y mágicamente la hizo estar en su pijama.

-Ahh, está frío. –Dijo abriendo solo un ojo para quejarse de la ropa que recién le abrigaba.

-¿Ahora quieres ropa tibia también? –Quiso saber mientras abría la puerta de su habitación.

-Gracias por llevarme hoy, Gina, te quiero mucho.

-Gracias por no decirme Gina, patito. –Le dijo suavemente antes de meterla en cama y besar su mejilla.

-No te vayas. –Advirtió sin soltarle el cuello, sus ojos se cerraban del sueño pero sus brazos estaban firmes.

-Y definitivamente gracias por no darme órdenes en público.-Susurró mientras se mentía en la pequeña cama de flores, sobre el dosel colgaba el hermoso móvil con unicornios de cristal azul que le había pertenecido a Blancanieves, la habitación entera aún tenía rastros de la dueña anterior y le sorprendía lo lejano que se sentía todo, el odio permanecía vivo y latente pero de cierta forma se sentía indiferente a ella, como si su venganza se hubiera cobrado solo por conocer el sufrimiento que seguramente estaba viviendo y se dio cuenta de que al menos en ese momento, era cierto lo que Megara le había dicho: ella era feliz, no sabía si era bueno o resultaría contraproducente, pero se sentía bien y no se le antojaba renunciar a eso solo por miedo.

Fue al amanecer que con la visión de los geométricos copos de nieve contra el cristal agradeció las acciones apresuradas del día anterior –Justo a tiempo– Se dijo haciendo aparecer el cobertor de su cama sobre ellas.

La llegada de la primera nevada no le hizo ilusión a la pequeña, significaba quedarse dentro por al menos dos meses, significaba cuidar cada aspecto de su vida y aunque estuviera en el interior, aún podía sentir bajo su piel el recuerdo de ese frío mortal metiéndose en cada parte de su ser, al menos esta vez no lo pasaba en cama como un accesorio del juego de cobijas, podía vagar por las habitaciones de la planta baja y jugar con su amigo, sacar libros en la biblioteca y conocer sobre las historias de reyes y reinas.

Regina se encontraba ocupada, los preparativos para salir al inicio de la primavera con la guardia real se habían vuelto increíblemente complejos debido al tamaño de su reino, estimando que el viaje como tal podría tomar hasta cuatro meses, y ahora que debía arreglar que Emma tuviera un lugar seguro a su lado o al de Graham, debía considerar si la señora Potts y su hijo deberían ir o quedarse y dónde y cómo les acompañarían.

Por las noches, la reina volvía a sus habitaciones para encontrar a una pequeña que la había extrañado todo el día dormida profundamente a lo largo y ancho de su enorme cama y lo único importante: A salvo.

Odiaba la idea de sacarla al mundo sin saber si estaba lista, más de una vez pensó en dejarla, más de una vez quiso ignorar los deseos de la criatura, sin embargo no quería faltar a su promesa, la llevaría consigo, la enseñaría a hacer las cosas que una reina debe hacer.

-¿Ya? –Quiso saber mientras movía sus piernas ansiosamente sobre un fajo de heno en el establo,

-Emma, no me presiones, estoy realmente alterada.

-No me va a pasar nada.

-Claro que no te va a pasar nada.-Dijo más bien para sí misma hincada y abrochando los dos botones superiores del pequeño abrigo violeta.

-Esto pica.

-Estás mintiendo.

-Ni siquiera hace frío.

-Emma...

-Amo mi abrigo. –Corrigió.

-Gracias. –Dijo sacando una caja de madera. -¿te gustaría un obsequio?

-¿De qué se trata? –Quiso saber extrañada.

-Son los guantes que usaba tu madre cuando tenía doce años, tal vez te queden un poco grandes pero supuse que te gustaría tenerlos. –Tomó uno de los guantes blancos de la caja y se los mostró de ambos lados, eran de piel y parecían nuevos. –Ella los usaba la primera vez que la conocí, yo no era mucho mayor que ella, considero importante que sepas que al inicio yo no quería matarla.

Emma tomó los guantes y se los midió contra su mano. –Tienes razón, me van un poco grandes. –Dijo con una sonrisa y preguntas que sabía no eran momento de hacer, no justo antes de partir. –Son bonitos, ¿Ella si tiene buen gusto para vestir?

-Oh no, pero aceptaba sugerencias. –Una parte de ella no creía posibles sus palabras, pero la ilusión en los ojos de Emma hacían desvanecer los pensamientos. -¿Estás lista? Aún puedes decidir quedarte, yo puedo volver cada noche y...

-Estoy muy emocionada por salir, no me va a pasar nada.

-Si me empiezo a sentir alterada o te desvías un poco en tu caballo vas a hacer el resto del viaje en Rocinante conmigo. A mi izquierda irá Graham y un par de guardias detrás y adelante de nosotros, no me interrumpas frente a las personas.

-Te quiero, Gina.

-Y no me llames Gina, cariño.

-Su majestad. –Interrumpió Graham. –Todo está listo, deberíamos llegar a la primera parada en tan solo una hora.

Regina se incorporó y tomando a la niña en brazos la subió en su caballo. –Estamos listas. –Dijo con su voz firme y montó a Rocinante en un suspiro.

Salir del palacio era usual para ella sin embargo con Emma a su derecha cualquier árbol le parecía un enemigo listo para arrebatarle lo que ahora le pertenecía, casi parecía irreal que en contraste con su miedo se encontrara ella, maravillada por los árboles, los animales, los ríos y las casas de madera en la villa cada vez más cercana.

No era sencillo para Regina sacar a la reina malvada frente a la pequeña sin embargo mientras avanzaba su discurso y anunciaba el incremento de tributos, la gente pasaba de dócil y tranquila a inconforme y agresiva, con creciente desagrado el informe se convirtió en una violenta imposición presenciada por Emma una y otra vez a lo largo del primer día, el aumento de tributos no era una opción y aunque deseaba hacerles ver que La reina había luchado por ellos, no debía intervenir.

-La gente no te entiende, Regina.

-Con que es eso... –Dijo con ironía limpiándole la cara con una toalla húmeda. –Fue un día horrible, debería regresarte a casa.

-No me gusta cómo te trata la gente.

-¿Si entendiste que yo fui la mala todo el día, patito? –A veces no la comprendía ni un poco.

-No tuviste opción. Me gustaría poder hacerles ver eso.

-Tuve opción, pero eso te tocará hacerlo a ti cuando ocupes mi lugar.

-¿Qué opción?

-Pude haberle dicho que no a Aurora y al consejo, pero para eso se necesita un pueblo que se levante en armas contra las injusticias y un rey que los apoye. Si yo los apoyara acabarían por pensar que es mentira, les he mentido antes. Debes entender que el hecho de que yo no les agrade es consecuencia directa de mis acciones.

-No lo acepto.

-Oh, pero es la realidad, cariño.

-¿Y si me permites hablar mañana?

-¿Qué les dirías exactamente? –Su voz era divertida mientras practicaba la trenza que la Señora Potts le hacía a la pequeña para dormir.

-Que es culpa de la reina Aurora, que fue su idea.

-Una reina no da justificaciones ni trata de minimizar sus acciones culpando a los demás, la reina Aurora está haciendo lo mismo en su reino, cada quien toma su parte de responsabilidad. Además jamás hablaría mal de ella frente al pueblo, ni tu ni yo.

-Puedo decirles a todos que los tributos se utilizarán para que el reino sea un mejor lugar.

-Yo preferiría que siguieras al margen de la situación, no es tu responsabilidad el cariño que me tienes está nublando tu juicio, a mí no me molesta que no me quieran.

-No entiendo por qué estás tranquila.

-Supongo que es porque tu estas completamente enojada.-Sonrió. –Solo una a la vez puede estar en ese estado.

Emma le regaló la primera sonrisa de la noche y la abrazó con fuerza. -¿Y mañana a dónde vamos a ir?

-¿Segura que no quieres volver?

-No te voy a dejar sola para que te griten y te traten de matar y luego recuerden que sacas esas asombrosas bolas de fuego de tus manos y los levantes del cuello con ramas que salen de la nada y los lances lejos de ti... –Expresó con entusiasmo haciendo señas con las manos y unos cuantos sonidos de explosión.

-Siento mucho que hayas visto eso. –Dijo atónita.

-Está bien, no los lastimaste en serio y no estoy asustada.

-¿No piensas que soy terrible? –Su voz ronca denotaba genuina sorpresa.

-Si no lo hubieras hecho te habrían lastimado, no quiero que te lastimen, Gina. –La pequeña expresó sin mirarla mientras jugaba con una de las manos que horas antes habían llenado de fuego la plaza.

-No sabes de lo que hablas. –Declaró en voz muy baja para sí misma y la alzó en sus brazos hasta meterla en la cama.

Ningún habitante deseaba una nueva ola de abusos de la reina, se negaban a comprender las razones y durante el primer mes la dinámica se repitió, fueron de avisos pasivos a imposiciones violentas de la ley en las que tenía que hacer uso de la fuerza y la magia en las que Emma conocía como "funcionaba" el mundo, como el reino temía a la Reina y compadecían su persona, realmente creían que acompañarla le causaba sufrimiento y eso la irritaba al punto que pequeñas ideas se empezaban a formar en su mente, intervenciones... Emma no se iba a quedar al margen, iba a hacer uso de lo que a su corta edad sabía hacer: leer y escribir.

-"Alternativa al pago monetario con mano de obra y mantenimiento, uso de acción pasiva" ¿Qué es esto? –Preguntó Regina deteniendo la hoja membretada, era su papel, su tinta, pero no era su letra, era la de Emma.

-Lo escribí yo, es una opción para los que no pueden pagar los impuestos… ¿Estás molesta?

-¿Cómo… ?

-Soy inteligente…. –Respondió turbada. –Y estás obligada a pedirles más de lo que pueden dar, esta es una opción, por favor, léelo. –Pidió sentándose a su lado; realmente no había mucho que leer salvo unas cuantas líneas explicando una alternativa, sin embargo fue así como la noticia del aumento de tributos empezó a llegar a oídos de todo el reino y a sí mismo estaba el extraño rumor de que nadie en el reino de Regina estaba muriendo, de que a su paso la reina solucionaba los problemas en las villas y de que la pequeña niña que la acompañaba indicaba dónde había que mejorar las cosas con una fuerza y sensibilidad que desconcertaban al reino, "Es una trampa" pensaban "La niña debe ser un diablillo en el cuerpo de un hada para poder tolerar esa vida" decían por las calles, "Es necesario liberarla".

A la mitad del segundo mes de camino llegaron al primer pueblo en la costa, cálido, sofocante, lleno de arena, una de las grandes urbes en el reino encantado que colindaba con el territorio de Úrsula, el Mar. Era la primera vez que Emma lo vería sin embargo fue la mirada baja en los habitantes así como la pila de tributos al centro de la plaza lo que le pareció alarmante.

Regina bajó de su corcel y con un guardia a cada lado se encontró con el representante del pueblo quien se arrodilló ante ella.

-Su majestad.

-¿Qué es todo esto? –Quiso saber mientras su mirada apuntaba a la inmensa pila de tributos. Nunca era tan fácil.

-Es el pago, su majestad, los rumores dicen que ha procedido con acción pasiva en medida de lo posible, sin decesos y que trae consigo una doncella. –Alzó la vista un instante hacia Emma y continuó hablando.- Sin embargo hemos encontrado todos los días pescadores muertos provenientes de las tierras que solían pertenecer a su majestad el Rey Eric, tierras que ahora son suyas y se administran bajo su ley, no queremos ningún altercado y no nos vamos a oponer bajo ninguna circunstancia al aumento en los tributos, es por eso que tenemos todo preparado. Esta es la lista de habitantes, la cantidad y el aumento. –Declaró finalmente y Regina entrecerró los ojos con cautela.

-Graham, delega a tres personas para que revisen esta lista por favor. Envía a la guardia a revisar las calles, que no llamen la atención ni causen alboroto. Encuéntranos a Emma y a mí en la playa apenas esté todo en marcha. –Ordenó mientras montaba el caballo de la pequeña y se dirigían hacia el malecón.

-¿Vamos a ver gente muerta, Gina? –Quiso saber alzando la vista hacia su espalda.

-No deberías sonar tan ilusionada, cariño. –Le pidió.

-¿Quién los mató? El Rey Eric se veía bastante dulce.

-Úrsula tiene una sobrina, Ariel, con quien Eric pretende casarse, ellos dos realmente se quieren, sin embargo les está poniendo las cosas difíciles, Ariel es una sirena y no puede vivir fuera del agua sin ayuda de...

-¿Eso que tiene que ver con matar personas?

-Realmente deseo que seas reina. –le hizo saber besando su mejilla. –Imagino que si están matando personas en este territorio en particular tienen que ser ellos y por algo relacionado con esa razón.

-Eso no tiene sentido.

-Si lo tiene, tú lo dijiste, Eric es bastante dulce, tal vez tiene que demostrar ante Úrsula que puede aumentar los tributos de forma agresiva y está matando a mi gente para no quedar mal con la suya.

-Dijiste que eso no lo hacía un Rey.

-Eso no es honorable, Eric necesitará encontrar una nueva forma de conseguir a su princesa, una forma honrada.

-¿Y qué vamos a hacer?

-Tú no vas a hacer nada, cariño, tú solo vas a observar, espero que estés aprendiendo mucho.

Emma solo giró los ojos exasperada y exhaló con amargura. –Nunca hago cosas divertidas, no quiero ser reina, quiero ser un guardia real.

-Lo que tú digas, cariño ¿Ya viste el mar? –preguntó y enseguida supo que el tema se había dado por terminado pues su rostro reflejaba la emoción de la inmensidad.

-Wow... ¿Podemos tener una casa aquí? –Pidió con inocencia, mirando el agua, las olas y tratando de encontrar el punto más lejano en el horizonte.

-Lo voy a pensar, realmente odio que hagas este tipo de preguntas cuando estas emocionada, no piensas claramente, cariño.

Al instante que el caballo tocó la arena la bajó y tomándola de la mano caminaron hacia el agua, podía sentir en su manita el deseo de correr hacia el agua y perder el control pero se mantuvo firme, como una dama. –Hemos venido a hacer una breve visita. –Dijo hacia el agua y el suave oleaje pareció congelarse en una creciente ola mientras Regina hablaba -La paz en mi reino es bastante frágil por mi pasado turbio, en la costa de mi territorio se han encontrado pescadores muertos y no puedo permitir que en este tiempo se manche mi nombre, necesito que cada quien tenga claro cuál es su espacio, lo respete y lo maneje. Sus problemas familiares no pueden dañar el propósito de mi viaje es por eso que solicito que evalúes las condiciones en las que se está dando el nuevo tratado. Es todo lo que tengo que decir al respecto. –A penas terminó de hablar la ola rompió contra la arena con fuerza Y Emma apretó sus manos contra la falda del vestido de la reina, le costaba bastante acostumbrarse a la magia diferente.

-¿Úrsula recibió el mensaje?

-Claro que sí

-¿Va a venir?

-No lo creo necesario.

-¿Puedo ser una sirena?

-¡Por supuesto que no! ¿Tratas de sacarme el corazón, patito? –inquirió alzándola del suelo para que sus pies no tocaran el mar. –No más agua para ti, no hay forma de que permita que mi futura reina sea un pescado, por todos los dioses. –Se quejó mientras Emma reía con fuerza. -¿Una sirena, en serio? –preguntó nuevamente soltándola en la arena y atacándola con cosquillas en el estómago.

-Ay no, ahí no, por favor, no, ahí no. – dijo antes de estallar en risas. –No voy a ser reina. –exclamó y siguió riendo.

-Vas a limpiar caballos, voy a poner tu pecera junto a los establos, eso es lo que vas a ser si no eres una reina, un pescado que cuida caballos. –declaró esta vez con las cosquillas atacando simultáneamente el vientre y el cuello de la niña utilizando ambas manos lo que apenas si la dejaba respirar.

-Perfecto. –La retó con más fuerza casi en un último aliento y con lágrimas por la risa, la reina se detuvo un instante, impresionada por la insolencia.

-Eres terrible. –Le dijo y puso ambas manos en sus axilas y continuó con las cosquillas esta vez sin amenazas.

-Ay, ay... Gina... Gina... Seré la reina de todo, sin cola, ya, ya por favor. –le rogó aún con una risa floja y la frente sudada. –Ya veo por qué dicen que eres reina malvada.- Dijo agitada y le ocasionó una sonrisa suave mientras se sentaba a su lado en la arena recuperando el aliento y a su izquierda a unos cincuenta metros estaba Graham, por su mirada adivinaba que había presenciado el momento entre ambas y lo llamó con la mano.

-Viene Graham, querida, sacude tu cabello.

-¿Sacude tu cabello? –Se quejó con una sonrisa suave y sus ojos verdes un poco cerrados por la luz en un gesto que le pareció dulce y nuevo. –Tú me hiciste esto... Su majestad. –cambió el tono y la persona al hablar, mientras Graham se acercaba y pudo sentir la ola de magia y la arena caer a través de su cabello.

-Su majestad, en la plaza buscan una explicación para los decesos, quieren saber por qué ha tomado acción pasiva desde el norte y hay decesos en las urbes.

-¿Ubicaste sus nombres en la lista?

-No, su majestad, parece que son foráneos.

-Claro que lo son, solo buscan problemas conmigo. –Declaró incorporándose y tomó a Emma en sus brazos antes de hacer aparecer a los tres en la plaza. –Envía por los caballos –Solicitó en voz apenas audible y mantuvo a Emma contra su cuerpo. -¿Quién quiere hablar conmigo? –pidió con una amplia sonrisa y su voz calmada pero al instante reconoció al grupo de personas frente a ella, no eran todos pero si una parte del grupo de traidores a los que había dado la poción para olvidar a Emma y a Blancanieves como parte de su venganza, había cuatro enanos, una mujer en capa roja y su abuela, no había forma de que recordaran, no había forma de saber qué deseaban.

-No podemos pagar más tributos, su majestad, y no queremos acabar como los pobres pescadores a los que asesinó en esta villa.

-Las muertes en esta villa sucedieron como un lamentable incidente territorial, no tiene nada que ver con el aumento tributario, voy a hacer que una parte de la guardia permanezca aquí y se cerciore de que la acción pasiva se mantenga. El aumento de tributo no es opcional, no se va a asesinar a nadie, quien no puede pagarlo está participando en el tratado que creó la princesa Emma. ¿Deseas explicar de qué trata? –Se dirigió a Emma quién mantuvo una sonrisa perpleja ante la oportunidad de hablar en público.

-…Los habitantes que no cuenten con los medios para solventar el aumento en el tributo seleccionarán en la lista del Segundo comandante Gastón una tarea necesaria por realizar en el bosque encantado y pondrán manos a la obra en ello, su acto será tomado como tributo y se les otorgará un reconocimiento como habitantes ejemplares. Se busca que nuestro reino carezca de conflicto y promueva el crecimiento. – Concluyó la pequeña con una sonrisa suave y dirigió la mirada a Regina, buscando aprobación.

-¿Alguna Duda? –Regina devolvió la sonrisa ante la mirada escandalizada de los foráneos y enseguida se dirigió a ellos. –Ciertamente no busco crear nuevos o más grandes inconvenientes, si todos ustedes desean trabajar haciendo sus propios hoyos en los arboles más vistosos, solo regístrenlos en la lista de cosas que el bosque encantado necesita mejorar, no le diré nada a la princesa. –Les sonrió y Emma contuvo su deseo de poner los ojos en blanco.

-¿Dónde está el truco? – Gruñón quiso saber con el puño en alto y al instante Emma se bajó de sus brazos y se puso frente a él en posición de pelea.

-Con un demonio, ¿Qué estás haciendo, Emma? –Regina exclamó tomándola de ambos brazos.

-¡Te quiso golpear! –El rostro de Emma estaba pálido y furioso.

-¡Wo! ¡Chicos, vieron eso! – El enano se dirigió a sus compañeros y a la chica, con quien compartió una mirada larga. -¿Viste eso Roja?

-¿De dónde sacó a esta princesa su majestad? –La abuela quiso saber.

-La ordené por correo, obviamente, así es como todas las princesas llegan ¿No es así? –Contestó y la anciana se dio cuenta de que su pregunta estaba fuera de lugar. –El segundo comandante está hacia allá, Emma los podría llevar pero su creciente curiosidad me produce incertidumbre.

Los enanos se dirigieron una mirada confundida, cómo si no supieran como proceder ante la actitud calmada de la reina y con Emma frente a ella como un gato salvaje a pesar de que apenas le llegaba a la altura del pecho.

-Cariño creo que no me van a hacer nada, puedes tranquilizarte, gracias. –le pidió.

- Usted es diferente. – Roja susurró con genuina confusión.

-No hay nadie contra quien pelear, querida, solo un reino para gobernar. – Contestó al mismo volumen y enseguida se encontró con la mirada vidriosa de la mujer en la capa roja.

-Pido disculpas por lo que va a suceder, su majestad, somos una distracción.

-¿Quién es el objetivo? –Regina se apresuró y pudo sentir cómo el corazón se le helaba.

-Su princesa. –Contestó y enseguida la lluvia de flechas empezó a caer por todos los flancos a los soldados de la guardia real.

Regina alzó la vista y pudo ver en el techo de una de las casas, los ojos de Robin Hood, su arco y la flecha que segundos antes había salido acababa de impactar en el hombro de Emma quien aún estaba justo frente a ella.

¡Regina! –La niña exclamó impresionada con una mano en donde la flecha había perforado.

Los traidores huían a cada lado como cobardes mientras su princesa se desvanecía ante ella.

Con ambas manos lanzó fuego directamente al pecho del atacante, una y otra vez. -¿Emma?

-Estoy bien su majestad, no me duele nada. –Dijo la pequeña con la punta de la flecha asomando por su espalda.

Regina le trató de sonreír y sosteniéndola con un brazo y lanzando fuego con el otro, protegiendo a sus soldados ante el caos y los gritos de las personas en el centro de la ciudad.

La guardia real respondía como era de esperar, sin embargo un ataque sorpresa de ese tipo a manos del ejército de Robin Hood era algo que no veía hacía muchos años y sin Blancanieves como líder no le encontraba sentido.

-¿Puedes sacar esto Gina? Quiero ayudarte –Su voz no parecía alterada, no sabía cómo interpretar eso.

-Claro, cariño, dame un segundo y te doy una espada... ¡Graham! –Gritó a todo pulmón esperando que estuviera vivo.

-Su majestad.-Se aproximó a su lado derribando a uno de los últimos arqueros con un hacha.

-Campamento, conteo de heridos, curaciones. Quiero prisioneros ¿Entendido? Robin Hood atacó a Emma, estarás sin mí un par de horas, ¡Deja de mirarme condescendientemente!-Gritó a todo pulmón al tiempo que le daba una bofetada.

-Entendido. –Contestó antes de que ambas se desvanecieran en una nube púrpura

-¿Recuerdas que querías conocer al dragón, cariño? –Preguntó a la niña antes de que el humo se desvaneciera por completo y el rostro sorprendido de Maléfica congelara una sonrisa en pánico ante la escena.