Hola! Vengo con la publicación del viernes , gracias por la respuesta que obtuvo el capítulo anterior, yo personalmente también me sentí devastada de que Emma tuviera que presenciar a Regina en ese acto, sin embargo, espero que también entiendan que la vida va siendo marcada por situaciones determinantes y lamentablemente para Emma el crecer no va ser una de las cosas más sencillas.
Respondo preguntas:
*Respecto a la edad de Regina; ¿Cómo se atreven a preguntar eso? La reina es una mujer respetable. Me encuentro consternada de que si quiera lo piensen, los años no pasan por ella, that´s it.
No, claro que no, suponiendo que Snow tuvo a Emma a los 20 años y Regina es 6 años mayor y para el momento en que la princesa necesita de la inmortalidad de la reina tiene 11; Regina debe estar eternamente congelada tal y como la conocemos (Esto fue planeado desde el inicio, les recuerdo que voy al menos 10 capítulos adelante en la escritura).
*Cómo Explicar alquimia: Es usar la química esperando resultados mágicos (Es la explicación más sencilla con la que pude salir).
*Sobre la pregunta de si Regina no se puede morir sacándose el corazón después de que muera Emma: Regina no se puede morir, literalmente. Perdió ese privilegio.
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CAPÍTULO 11:
La segunda pubertad de la reina.
Chip cayó al suelo sin tiempo si quiera de poner las manos para protegerse el rostro, adolorido y derrotado por tercera vez en esa mañana, su orgullo lo obligó a incorporarse en el instante que Emma le ofreció una mano.-Yo puedo. –Contestó hostilmente.
-Podemos descansar si quieres. –Declaró la chica un poco apenada; con quince años, él la superaba en estatura pero Emma había desarrollado rapidez y fuerza que a sus trece la garantizaban un peligro, al menos para Chip.
-Mi mamá dice que no deberías hacer esto. –La respuesta salió como un quejido mientras empleaba su espada como bastón hasta una roca cercana, su gesto de dolor hacía que su piel se viera aún más pálida y sus ojos avellana parecían hundirse en su rostro sudado. –Creo que me torcí el tobillo.
-Sólo lo dices porque no dejo de ganarte, Chip.
-Lo digo porque no conozco ninguna chica que sea un guerrero.
-Puedo ser la primera, puedo hacer las mismas cosas que un chico y que una chica, no veo por qué no sea correcto, se concentran demasiado en juzgarme. –Afirmó hincándose frente a su amigo y revisando su pie. –No está torcido, unos minutos en agua helada y un vendaje harán maravillas, ¿Quieres subir a mi espalda? Te llevo. –Se burló.
-¿Por qué insistes en continuar con mi humillación? –Quiso saber al tiempo que la empujaba al suelo con su pie sano.
-Porque eres un tonto. –rio con ganas y se levantó con gracia antes de proporcionarle un golpe en la cabeza.
-Estaré bien, de aquí veo la cocina, son las nueve, vas tarde a alguna de tus clases de números o lo que sea.
-¿Las nueve? Oh no, no, no, me va a matar o peor, me va a obligar a vivir por siempre en una caja de cristal –Sus ojos verdes se abrieron con incertidumbre y ansiedad mientras abandonaba su espada y compañero en el jardín, corrió por la cocina y el vestíbulo tirando una maceta con un ficus y llegó a la biblioteca con el traje empolvado y la respiración agitada ante la mirada tal vez cansada, tal vez molesta de Regina.
-La puntualidad, Emma, es una virtud que todos los integrantes de la Guardia Real poseen, es una virtud de la realeza, y es una virtud que lamentablemente se ha saltado a tu generación. ¿Puedes tomar asiento cariño?
-¡Regina! –El grito salió tal vez más agudo de lo que esperaba, aun así corrió a sus brazos y llenó su mejilla de besos haciéndola poner los ojos en blanco y reír al instante.
-Me fui tres días, Emma, tres. –Repitió tratando de quitársela de encima pero sencillamente se estaba volviendo demasiado fuerte. –Y no podías ir, Úrsula no te invitó.
-Estoy segura de que le dijiste que no me invitara.
-No tendría por qué hacer eso, y más importante, no tienes como probarlo. –Acarició su mejilla. -Tengo tres inmensos libros listos para que los estudies. -¿Qué clase tienes ahora?
-Historia de los Reyes y Reinas, estoy a un reinado de ti y tengo varias incógnitas...
-No sabes qué emocionada estoy de que hagas una revisión en mis métodos, sobre todo esa temporada en la que estuve cazando a tu madre. –Espetó con ironía lo que hizo que Emma se apenara.
-Usted es demasiado negativa a veces, su majestad. –la respuesta de Emma fue breve y diplomática. -¿Regina? –Inquirió moviéndose hasta el libro de registros y colocándolo al centro de la mesa..
-Estoy segura de que eso debe manejarse con muchísimo más respeto del que acabas de demostrar, cariño, no es un libro cualquiera. –La miró un instante y sumergió su pluma en el tintero sepia antes de trazar su firma con elegancia sobre un documento. -¿Qué tienes en mente. –Quiso saber antes de soplar con suavidad sobre la tinta fresca.
-Bueno, llegué a un tal rey Leopold antes de que tú fueras reina, al parecer es mi abuelo... Y estuviste casada con él.
-Oh... Vaya, eso.
-Sí...
-¿Cuál es tu duda?
-...No me hagas parecer una loca por preguntar, es evidente que prefiero escuchar cualquier cosa que tengas por decir. –Afirmó. –Dice que él y la reina Eva tuvieron a su hija, Blancanieves, su madre falleció de una enfermedad desconocida cuando la niña tenía doce y sólo un poco después, él emprendió un viaje por el reino en búsqueda de una nueva madre para su hija... ¿Querías a Blancanieves como me quieres a mí? ¿Por eso me cuidas tan bien? ¿Por qué te desagrada?
-Muy bien, toma asiento cariño porque no te voy a mentir y es una larga historia. –Removió los papeles al rededor del libro y la recibió a su lado con un gesto cálido. -¿Alguna vez te he contado de mi madre? –Inquirió.
-¿Tienes una mamá?
-Oh cariño, todos tienen una madre, aunque no la conozcan, tú tienes a Blancanieves yo tengo a Cora; mi madre vino de una familia extremadamente pobre, como hija de un molinero con muchas carencias, tanto económicas como afectivas, muchos dirían que esa es la razón por la que ella es como es... Nació sin magia pero la aprendió lo cual debes reconocer que es increíble.
-Es increíble, yo no puedo encender un fósforo sin quemarme los dedos. –La niña tomó asiento frente a ella y con sus codos sobre el escritorio de madera le dedicó todos sus sentidos.
-Bueno, son cosas diferentes Emma, la magia surge del interior y la de ella, como la mía, no surgió de un lugar bueno, nació del deseo de venganza, mi madre originalmente se iba a casar con el rey Leopold, tu abuelo, sin embargo, tu abuela Eva se encargó de difamarla, sin importar si lo que se dijo de mi madre era verdadero o no, arruinó lo que esperaba fuera su destino soñado. Mi madre, gracias a su magia... cosa que puedes leer sobre ella, se casó con mi padre, un príncipe, el más joven de la casa del rey Xavier, su reinado fue bastante decadente...
-Uso inapropiado de metales preciosos, apenas fue capaz de pagar la deuda que dejó su reinado con los bienes que adquirió por medio del matrimonio arreglado de su hijo Henry...
-Estás bien informada cariño, ¿Acaso hay algo que realmente quieras saber?
-Bueno... ¿Cómo acabaste casada con el rey Leopold?
-Tu madre era una niña encantadora, todos la amaban y que quedara huérfana a esa edad nos causó mucho dolor a todos, yo acababa de cumplir los diecisiete años cuando sucedió y todo el bosque encantado participó en el luto..., vivía con mis padres en una finca bastante ostentosa, no estaba entre mis planes heredar ningún trono, de hecho estaba enamorada.
-¿Cómo dices? –Esto último fue demasiado.
-Rocinante fue un obsequio de mi padre cuando tenía quince años, mi madre estaba más que molesta al respecto. –Declaró con el esbozo de una sonrisa en sus labios y para Emma llegó como golpe la realización de que un día, Regina también había sido una niña, y no solo eso, una con padres. –Fue así como empecé a asistir a los establos y conocí a Daniel, él se encargaba de las caballerizas. Yo estaba completamente enamorada de él, ¿Sabes? Íbamos a huir juntos si mi madre no permitía el matrimonio.
-¿Tú? ¿Ibas a escapar con un muchacho? ¿TÚ?
-Suenas ofensivamente sorprendida, cariño, el amor es la única razón que justifica un escape furtivo, te da tiempo de analizar, pensar las cosas, planear... Fue lo que hicieron tus padres al desaparecer antes de que su hechizo fallara y te quedaras aquí conmigo.
-Me es difícil imaginarte.
-No me imagines por favor, era débil y tonta. Fue una tarde mientras cabalgaba que escuché el grito horrorizado de tu madre, su caballo iba desbocado y pedía auxilio. Yo la salvé y como recompensa, su padre, el rey Leopold me propuso matrimonio. Yo no quería porque estaba enamorada pero me obligó a hacerlo, no fui educada para rechazar la idea de convertirme en reina y mi madre quería vivir su sueño a través de mi... Yo iba a escapar porque era infeliz, me sentía atormentada y muy asustada... Blancanieves me descubrió una tarde mientras planeábamos el escape, le hablé sobre Daniel y el amor verdadero, ella juró que entendía y con mucha ilusión prometió guardar el secreto...
-¿No lo hizo?
-Se lo contó a mi madre y ella consideró mis impulsos, con mucha razón, como una amenaza hacia su sueño... –Regina hizo una pausa, todo se sentía tan lejano y a la vez tan fresco. –Mi madre le sacó el corazón a Daniel y lo hizo polvo frente a mis ojos, murió al instante y no tuve otra opción que continuar con el matrimonio arreglado, presa de mi madre, presa del rey... Atrapada a un lado de la niña que me había traicionado. -Emma bajó la mirada al instante, no le parecía correcto observar a la reina cuando sus ojos se humedecían con el recuerdo del pasado, comprendía que se sintiera molesta. –Sólo viví con mi madre en el palacio por dos años antes de que mis poderes surgieran de la desesperación, de la tristeza... Del abandono y de ese sentimiento de traición y soledad. A penas los tuve y con un poco de ayuda la pude sacar de mi vida...
-¿La mataste?
-No lo hice, mi madre y mi padre, ambos viven en un mundo mágico el cual reinan a placer y es completamente odioso.
-¿Hiciste reina a tu madre?
-La única reina de su mundo, si, ella envía cartas eventualmente y se dedica a cortar cabezas... Honestamente creo que la edad la está afectando pero yo no iba a lograr nada de mi vida si continuaba temiéndole.
-Eso es increíblemente considerado.
-Ella no lo vio así, ese no era el reino que quería y es en cierta forma prisionera del mismo, si no tiene una razón para salir no lo puede hacer y ese lugar le nubla las ideas, durante mucho tiempo no escribió, hasta que tu llegaste lo hizo y solo para saber de primera mano sobre ti. Eras una buena razón para que ella viniera, por un tiempo no se si estuve más nerviosa de que apareciera tu madre o la mía. –Regina había sido joven, había amado, temido, y aún había cosas que la ponían nerviosa, la mente de la niña se movía con rapidez mientras trataba de asimilar toda la información sobre el lado humano de la reina pues solo con ver su rostro mientras narraba se percataba que aún había miles de gestos que desconocía de ella... Podía observar su boca tensarse, podía verla morder el interior de sus mejillas y también contraer el rostro ante los recuerdos más trágicos, esa faceta estaba cambiando por completo la forma que tenía de verla.
-¿Qué harías si aparece?...¿La puedo conocer?
-No, no es relevante para tu formación; si ella llega a aparecer por aquí la voy a regresar a su reino, cariño, nuestra relación no tiene solución, tal vez no pueda matarla, pero no voy a perdonar ni a tu madre ni a la mía por la forma en que decidieron sobre mi vida.
-¿Cuando tu madre se fue... Por qué no rehiciste tu vida? Hablar con el Rey...
-El rey era muy bondadoso pero en mí no veía más que la sombra de la esposa que había tenido y su comportamiento hacia mi persona era bastante cruel... ¿Huir de mis problemas? No soy así, había crecido y había sufrido, había vivido cosas horribles en esos años y yo estaba ansiosa por conseguir mi venganza. Blancanieves era cada vez más adorada por el reino y yo estaba lista para tomar las riendas de mi vida. Indirectamente me encargué de que el rey Leopold tuviera una trágica y repentina muerte. –Regina esperó una reacción, algún sentimiento de miedo o decepción en el corazón de la niña, pero no había nada. -Lo que me dejó como reina... hubiera eliminado a tu madre en un suspiro pero sufrí una traición que la dejó libre y no fallé por falta de intentos, yo había madurado, pero aun así mis tácticas carecían de perspicacia y violencia lo cual debo admitir que es bueno, de lo contrario no estarías aquí. Tu madre trató de recuperar el reino muchas veces y yo no lo permití, lo hice lo que es ahora.
-Eres asombrosa, Regina, eres tan fuerte y has vivido tantas cosas.
-Y tú tienes la increíble capacidad de ignorar por completo quién soy realmente... He vivido más cosas desde que estás en mi vida, cariño y debo admitirte que me hace feliz.-Regina acarició la mejilla de la niña con el dorso de su mano y enseguida recuperó la compostura. –Más desde que dejaste de morir con frecuencia, o escapar, o ser envenenada... ¿Te hizo feliz mi información?
-No me hizo feliz, pero gracias por darme respuestas.
-Si algo me ha podido transmitir Maléfica, es que la información debe darse a tiempo y con sinceridad, afrontar las consecuencias de ello y si quieres a la persona, enmendarlo. –La última parte no se nos da bien... ¿Cómo te sientes? Te he dado mucha información y pareces bastante tranquila.
-No lo estoy. –Su sonrisa fue tímida y la mirada de ambas se encontró. –Estoy sorprendida, has vivido muchas vidas y soy muy afortunada de poder estar aquí, contigo. Te quiero.
-Yo te quiero a ti, ahora, por favor, si tienes más dudas estaré feliz de contestarlas pero fundaméntate en hechos y eventos, si vas a estudiar mi reinado hazlo bien.
-Lo haré... Estoy tan feliz de que hayas vuelto.
-Sólo fueron tres días.
-Tres días muy largos... , ¿Te parece si Tú y Rocinante nos llevan a Dragón y a mí a dar una vuelta? –Pidió rompiendo el contacto visual y aclarando su garganta.
Regina respondió alzando la mirada, genuinamente impresionada. –¿Me estás invitando a salir únicamente porque quieres montar a caballo?
-¿Qué? ... ¿Yo?... ¿Eso hice? Es decir... –Explicó tirando un ejemplar de "Reyes de antaño" y siendo víctima de un inesperado ataque de tos. –Eso no fue lo que yo quise...
-Después del té, cariño, yo también te extrañé.
La sonrisa de Emma le iluminó el rostro antes de agradecer y girarse hacia la salida de la biblioteca, su tutor de historia la esperaba en el estudio contiguo.
Regina permanecía aún con sus guantes de viaje sobre las manos, su ropa de gala y el peinado perfecto que la había acompañado a lo largo de su travesía, Emma había obtenido de ella una completa y sincera declaración del inicio de su maldad, cosa que ni siquiera ella se había permitido analizar en voz alta y en vez de sentirse liberada con ello, había quedado con un curioso sentimiento de vulnerabilidad, extrañamente Regina no podía descifrar si le pertenecía a ella o a la niña, ¿Por qué Emma se sentiría vulnerable? Era ella la que había abierto su corazón a la historia.
El resto de día, esa incertidumbre y angustia llenó su pecho como el humo de una fogata tierna, no le permitió concentrarse, ni siquiera moverse de forma adecuada fue por eso que se sorprendió ante el hecho de que la puntualidad para Emma fuera un asunto totalmente circunstancial; a su llegada mágica a los establos, se encontró con que Dragón y Rocinante estaban perfectamente ensillados, alimentados y listos para la travesía, parecía estar evitando algo dentro de sí misma y su forma de lograrlo se había dado al comprometerse de lleno con el cuidado de los corceles. Era una buena táctica que no utilizaba desde sus años de adolescente.
-Solo haces las cosas perfectamente cuando encuentras placer en ello. –Le dijo a modo de saludo. –No me sentiré sorprendida hasta que no pongas el mismo esfuerzo en todo, ya seas una reina, jefe de la guardia real, incluso una cocinera, ¿Te imaginas si Anastasia solo hiciera bien los postres porque eso es lo que le gusta a ella? El resto de la comida probablemente sería lamentable; cuando tomes el lugar de Graham espero que tu trabajo sea impecable, no solo las batallas emocionantes, no solo la implementación de tratados, no solo los viajes.
-Dejé todo bien, ¿Por qué estás molesta? –Se quejó con indignación y Regina sintió en su pecho cómo las emociones de la joven se salían de proporción... Ahí estaba de nuevo en su pecho el ímpetu emocional de la niña.
-No estoy molesta, te he hecho observaciones de este tipo toda tu vida. –Su declaración era cierta y sabía que ambas eran conscientes de ello.
-Si bueno, pues tal vez ya me cansé, tal vez quiero irme del palacio y vivir en el bosque. -Emma se sintió sorprendida de sus propias palabras y mientras las lágrimas caían de sus ojos, corrió de vuelta al palacio dejando a la Reina atónita y con una sensación extendida de confusión. -Yo soy una mujer madura, soy fuerte y hago las cosas bien. -Se secó las lágrimas con su manga mientras deambulaba por los pasillos dejando todas las pinturas desalineadas.
-¿Con quién hablas, Em?
-¡Me asustaste! –Se quejó al ver a su amigo. –No hagas eso, cuando me asusto La Reina tiene un súper poder que la hace aparecer y no quiero verla. –Trató de calmarse y miró hacia ambos lados solo para darse cuenta de que su enojo la había dirigido hasta sus habitaciones.
-Eso no suena a ti, los últimos tres días fueron "La Reina tiene mejores temas de conversación en el desayuno que tú, Chip.", "Chip, extraño tanto a la Reina", "Chip, ¿No te parece que esa patata tiene un parecido con la Reina?", "Oh por todos los Reyes, esta espera me está matando.", "Chip, la Reina es tan..."
-Ya entendí Chip. –Se quejó de brazos cruzados... El joven tenía razón, ¿Por qué le había hablado así a Regina? Y justo después de que esta había abierto su corazón.
-¿No deberían estar montando a caballo?
-Mh... Podría decirse, no sé qué pasó... Ella me estaba regañando y...
-Ella siempre te regaña, es más dura contigo que con muchos, eso nunca te ha detenido para hacerla callar, ¿Me vas a decir que esta vez solo te fuiste llorando?
-Déjame en paz, me siento mal, me siento enferma. –Podía sentir el enojo dentro de ella.
-¿Quieres que llame a mi madre?
-No, quiero que me dejen sola, nadie entiende. –Se quejó en dirección a la puerta de sus habitaciones.
-¿De qué estás hablando?
- ¡No entiendes tampoco! –Su frustración iba en aumento.
-¿Entender qué?
-Sólo... Sólo deja de hablar, por favor, Chip. –Afirmó exasperada cerrando la puerta de golpe.
-Deja de molestar a Emma, hijo.–La voz de la señora Potts surgió de la habitación contigua.
-¿Qué? ¡Yo no hice nada! –Se quejó confundido mientras se alejaba.
Regina se había hecho aparecer en sus habitaciones y escuchado la conversación a través de la puerta, con una sonrisa se dio cuenta que por primera vez en los años que llevaban conectadas ella podía entender el sentimiento en el interior del corazón de quien aún era su niña, sin embargo no había nada en los manuales que la pudiera auxiliar, la señora Potts parecía no notarlo y el joven sólo lidiaba con la situación lo mejor que podía pero ella necesitaba algo más que solo un consejo como consecuencia de una discusión, necesitaba ayuda...
-¡Por todos los magos! Regina debes dejar de hacer eso. –Se quejó Maléfica desde la humeante tina de oro puro llena de espuma en la que probablemente tenía buen rato sumergida.
-Necesito ayuda. –Pidió tomando asiento en el sofá de plumas y terciopelo junto a la bañera.
-Lo que necesitas es relajarte, estás demasiado tensa, aquí hay espacio. –Sonrió.
Regina negó suavemente con la cabeza, se permitió dar un respiro hondo y continuó. –No sé cómo hacerle saber a Emma que la entiendo, en primer lugar, porque sé que en el estado en que se encuentra no escuchará a nadie y en segundo lugar porque no le voy a decir que nuestros corazones están unidos, aún no.
-Claro... ¿De qué hablas?
-Cierto. Creo que Emma es... una adolescente, la encontré hace unos trece años y era una cosa como... Como diez manzanas. ¿De cuántas manzanas nacen los niños?
Maléfica rio con severidad -¿Al menos sabes cómo se hacen los niños, querida?
-No seas ilusa.
-Nacen como del tamaño de unas ocho manzanas... Supongo. –Contestó sorprendida de que esa conversación estuviera sucediendo. –Así que Emma debe tener efectivamente trece años, si acaso un poco más, es normal... De hecho un poco tarde, esa edad fue difícil para Aurora, no trates de entenderla, únicamente debes pedir disculpas por todo, ella siente que todo es tu culpa, admite que todo es tu culpa. Tiene sentido ¿No?
-La voy a convertir en un monstruo.
-Tarde o temprano se va a dar cuenta de que le estás dando la razón en todo y no le va a gustar, no creo que debas permitir que la hostilidad de un adolescente rompa la relación que tienen, si no quiere hablar contigo oblígala. No sé, ¿Por qué pides consejo al dragón que perdió a su niña?...
-Eres la única con quien puedo hablar, deberías tenerlo claro después de tantos años, además encuentro positivamente estimulante el grado de inteligencia que posees.
-Oh, creo que sentí un halago. –Su voz era suave mientras cerraba los ojos y se acomodaba dentro del agua. –Si no piensas acompañarme te sugiero que te retires; Emma no va a dejar de crecer, no dejes que esas cosas extrañas la enloquezcan, tú le puedes enseñar, por primera vez parece que entiendes lo que sucede y no te sientes mal compartiendo el vínculo, enséñala a manejar sus emociones. –Afirmó moviéndose entre la espuma.
-¿Eres consciente de que elegí vivir parte de mi vida sin corazón para no tener que lidiar con las emociones? ¿Qué te hace pensar que estoy lista para eso? –Inquirió aproximándose a la tina.
-Nadie te está forzando, estás ahí por tu propia voluntad, yo encabezo la lista de personas que tomarían tu lugar.
-Claro, no creo que nadie lo haga por las razones correctas.
-¿Y cuáles serían esas?
-Amor. –Contestó en un suspiro leve.
-Entonces, cariño, considero que has venido aquí únicamente a escucharte en voz alta, a menos que desconozca algún tipo de tendencia a aparecer mientras las personas se dan baños...
-Muy graciosa. –no había un dejo de humor en su tono de voz pero sonreía con calma. –Pero tienes razón... Respecto a que necesitaba escucharme a mí misma.
Maléfica le otorgó un gesto cálido y salió de la bañera envolviéndose en su bata de seda, la cual al instante se pegó a su piel mojada. –Emma es grande, debió empezar a sentir estas cosas hace al menos un par de años... ¿Hoy sucedió algo en particular? -Concluyó saliendo por delante a través del palacio.
-Hoy le conté cómo es que me volví la reina malvada, estudia historia de reyes y llegó al padre de Blancanieves... No podía mantener "eso" oculto.
-Eso es bastante curioso, querida, tal vez tu iniciaste su adolescencia.
-¿A qué te refieres?
-Sencillo, dejaste de tratarla como una niña, tuviste una charla de corazón a corazón, si quieres que ella se convierta en la magnífica persona que sabemos que es, creo que necesitas soltarla un poco... Dejar de retrasar su avance, están unidas, tienes que poner de tu parte. Sabes que tengo razón, tienes esa expresión de terror en tu cara.
-¿Soltarla? La última vez que la "Solté" tuve que renunciar a mi mortalidad.
-Bueno, querida, ya lo dije, están unidas, no es como que "Soltarla" signifique sacarte el corazón, es un solo un... Voto de confianza, en ella y en ti misma, en que permitiste que se desarrollara como alguien capaz de pensar.
-Suena terrible. –Confesó con los brazos cruzados.
-Es joven... Y tú estás viviendo su juventud, haz que sea lo mejor posible para ambas. –Su declaración fue definitiva y con una sonrisa suave, le ofreció una charola con galletas.
-No llores pequeña. –Le pedía la señora Potts mientras acariciaba su cabello. –No debe tardar, yo te puedo ayudar con esto, no pasa nada.
-¿No pasa nada? ¡Estoy Muriendo! Yo le grité, de seguro se molestó conmigo y no me quiere ver de nuevo y me va a dejar aquí, sola para siempre y voy a morir. –Su rostro enrojecido contra la almohada y el llanto sofocante la hacían parecer una persona totalmente diferente.
-Eso es absurdo princesa, eres lo único que le importa a la reina, seguramente tuvo una emergencia, ven conmigo.
-¿Emergencia? ¿Y si muere? ¿Y si la matan y yo no me disculpé? Las dos vamos a morir, va a llegar y estaré muerta, no me puedo mover.– Para ese punto, Regina se encontraba riendo en el marco de la puerta principal de las habitaciones, tal vez era cruel pero tras años llorando por cada sencilla emoción de Emma, era justo verla reaccionar.
-Yo te debo una disculpa, cariño, debí ser más sensible y considerada, estuve pensando y no debí tratarte así. –Aunque era incapaz de recordar el origen de la discusión, al menos tenía la atención de la pequeña voluble. –Voy a tener más cuidado. –Las promesas silenciosas usualmente le agradaban a Emma porque ella era una mujer de palabra y mientras se aproximaba a la cama podía sentir la tranquilidad volver a su ser.
-No sé qué me pasa. – Confesó y Regina dejó escapar una breve risa mientras la atrapaba entre sus brazos. –Estoy muriendo, necesitas llevarme con Maléfica de nuevo, porque estoy muriendo.
-¿De qué hablas cariño?
-Estoy desangrándome, de seguro el veneno volvió, porque estoy desangrándome, me duelen las entrañas... –El tono dramático que Emma empleaba solo la hacía sentir inmensas cantidades de ternura; con cuidado retiró las cobijas y observó que era verdad, Emma se estaba desangrando, pero no hasta la muerte ni por veneno y tal como lo había analizado momentos antes, era algo que había tardado demasiado en suceder.
-Oh... Ya veo, supongo que no he autorizado ninguna clase de anatomía humana ¿Cierto? Realmente no tienes idea de lo que sucede.
-¿Debería?
-Deberías y es mi culpa, ¿Me creerías si te digo que eso es normal?
-¡Por supuesto que no! –Gritó con horror mientras sus ojos resplandecientes se llenaban de lágrimas de nuevo.
-Pero lo es, eres tan fuerte que puedes sangrar días y días y no morir... No vayas a hacer nada estúpido por favor Emma, será mejor que explique esto de la forma correcta. Señora Potts, ¿Podría sacar ropa limpia para la princesa y prepararle el baño? –Ordenó con cortesía. –Bueno, eres consciente de que hay diferencias físicas entre los hombres y las mujeres, ¿Cierto cariño? –Comenzó.
-¿Cómo vestidos y pantalones? ¿Cabello corto y largo?
-Así es y también en el cuerpo, las mujeres son como tú y como yo, lo que significa que al crecer empieza a haber ciertos cambios, de niña a mujer.
-¿Cómo volverme más alta? ¿Qué tiene que ver con esto que siento? Todo el mundo no tiene sentido, te juro que hoy por la mañana era mucho más lista.
-No solo volverte más alta, sino como esos horribles calambres y sangrar significa que te estas convirtiendo en mujer y no tiene por qué ser horrible, yo sangro, ¿Me has visto convaleciente? No. Es porque sé lo que se debe hacer, sé cómo no sentir dolor y tú vas a aprender, sigues siendo la misma.
-¿Voy a tener pechos?
-No todo podía ser malo. –Sonrió.
-¿Por eso que me siento tan extraña? Yo no quería decir lo que dije.
-Yo pienso que todos tenemos permiso de perder la razón a veces. –Le dijo al oído y besó su mejilla.
Emma apartó el abrazo y observó a la reina, esos ojos negros y brillantes, siempre comprensivos y cálidos con ella, su nariz fina y estilizada, los labios gruesos y delineados que poseían esa pequeña cicatriz por la que tantas veces había pasado los dedos cuando era bebé, la dentadura perfecta en su sonrisa y voz ronca que inexplicablemente podía anhelar y despreciar dependiendo del contexto, la seguridad que le hacía sentir era insuperable y deseaba que fuera mutuo... Era por eso que quería ser guerrero, no quería ser una doncella que lloraba en cama por no poder comprender su cuerpo, ella estaba desviándose de su objetivo por razones que no parecían tener sentido.
-Soy una tonta.
-No, eres probablemente la joven más inteligente y fuerte en todos los reinos y yo soy muy desconsiderada contigo. –Emma sonrió apenada y desvió la mirada.
-Eso, necesitaba verte sonreír. ¿Aún me quieres?
-Como para romper cualquier maldición, Regina. –Susurró Emma a su oído y la volvió a abrazar.
-Entonces todo resuelto, confía en mí, vamos a que te des un baño.
-No me quiero levantar, siento mucha... Vergüenza.
-No deberías. Toma. –Indicó mientras se quitaba el saco azul zafiro y se lo ponía sobre los hombros. –Esto deberá cubrirte bien. –El gesto cálido la llenó de amor y seguridad.
-Gracias, Regina. –Le parecía que de cierta forma su vida ya no sería la misma y tenía razón pues fue tan solo al día siguiente que descubrió, no solo qué se estaba perdiendo toda una rama en el aprendizaje, sino que la vida entera no se enfocaba únicamente en etapas de reinado, números, construcción de puentes y montar a caballo... Había situaciones, había más reacciones, el cuerpo funcionaba de una y mil formas y fue por eso que la Reina decidió que no tomaría parte como tutora en las clases de anatomía, no porque no pudiera manejar el contenido teórico sino porque las emociones que dichas lecciones le producían la ponía en una situación muy complicada: explicar y percibir la reacción emocional ante la nueva información, debía hacerlo lo menos bochornoso posible para ambas.
-¡Oh, claro que no!
-¿No, qué? –Se quejó Regina tras verla entrar por octavo día consecutivo a sus habitaciones con un libro en las manos.
-No hay forma de que las personas hagan eso simplemente porque sí. –Declaró escandalizada antes de percatarse de que el jefe de la Guardia Real se encontraba de pie junto al escritorio.
-¿Por qué? ¿La señorita Bianca sigue cambiando los nombres de las partes del cuerpo?
-No, pene y vagina, ¿Ves? Solo que no parece práctico, no quiero tener hijos jamás.
-Me parece perfecto cariño, estás en la actitud correcta. -Celebró mientras concluía con la correspondencia del día y la entregaba en manos de Graham.
-¿Es al menos divertido? –Preguntó y Regina alzó la mirada.
-¿Estás preguntando si encuentro divertidas las interacciones sexuales? Señorita, usted está abusando completamente del amor que le tengo. –Sonrió. –Las interacciones sexuales son amenas, siempre y cuando desees que sucedan, deberías saber eso en base a la lectura, tienes mucho sentido común, tu pregunta es morbosa. –Continuó esta vez con unos pergaminos y permitió que Emma se sonrojara en privado. A pesar de las preguntas fugaces de ese tipo iba mucho más lento de lo que ella a su edad.
-Bueno, creo que puedo dejar de preocuparme por mi cuerpo más o menos un mes y no lo quiero desperdiciar leyendo sobre penes, por favor, Regina, es muy extraño, quiero tener un poco de las clases que tenía antes de que... Esto iniciara, como mis clases de pelea, Graham está aquí, ¿Puedo derrotarlo?
-Eso suena bastante ambicioso, cariño, ¿No es, así? –Se dirigió al jefe de la guardia real.
-No quiero lastimarla, princesa. –Declaró el caballero bajando la cabeza. –Le he jurado lealtad a su estirpe. –Concluyó hincándose ante ella y Regina abrió grandes los ojos con intriga, ciertamente eso era algo en lo que hacía mucho que no pensaba: Graham era el responsable de la primera traición que había impedido la muerte de Blancanieves muy al comienzo de todo, la lealtad del caballero era hacia su enemiga y ahora hacia Emma pero ella tenía su corazón, no podía permitir tal insulto en su cara.
-Me has jurado lealtad a mí. – Regina corrigió con una bofetada fuerte sobre el caballero y pudo sentir en su corazón cómo la niña disfrutaba el acto lo que en seguida le erizó la piel por completo y la miró fijamente. -¡Emma!
-¡No dije nada! –Se defendió en un sobresalto.
-Pero tú... –Estuvo a punto de reprenderla pero se contuvo. -¿Crees poder ganarle a Graham?
-¡Claro que puedo!-Gritó, sus ojos se llenaban de furia al recordar el acto que ahora tenía sentido, moría por correr con una espada hacia a Graham... La reina había confesado sentir amor hacia Daniel... ¿acaso sentía lo mismo por el jefe de la guardia real? Su enojo fue tan intenso que Regina necesitó tomar asiento, esta adolescencia era completamente diferente a la que había vivido.
-Bien, baja al jardín y prepárate. –Le pidió sintiendo cómo la felicidad y optimismo volvían a su cuerpo y la niña salía corriendo de las habitaciones.
-No se preocupe, su majestad, un par de golpes y me tiro al suelo, permito que trate de lastimarme con la espada, no tengo ningún problema.
-Todo lo contrario, naturalmente si la lastimas voy a poner tu corazón al fuego por la eternidad, pero no estoy interesada en que Emma gane este duelo, derrótala lo más rápido que puedas, está preocupantemente ilusionada ante la idea de acabar contigo.
-¿Disculpe?
-No me había percatado de que no le agradas a la hija de Blancanieves, cazador.
-¿Cuál es la razón? –Quiso saber y Regina quiso pensar que si Graham pudiera sentir resentimiento o dolor, eso sería lo que expresaría su pregunta.
-No puedo leer su mente. –Declaró al tiempo que se ponía de pie. –Tienes solo unos minutos para prepararte, bajaré con ella a los jardines. –Concluyó.
-¿Una batalla con el Jefe de la Guardia Real? ¿Has perdido la razón?
-Creo que es momento, me siento fuerte, me siento llena de energía y muy molesta. –Emma agitaba sus manos mientras daba brinquitos de calentamiento.
-Yo creo que estás loca. –El rostro pálido de Chip reflejaba ansias y preocupación por su amiga. –Una vez acabó con un ejército entero él solo antes de que la guardia real llegara, por eso es el jefe.
-Soy muy fuerte, no importa que él tenga pene.
-¡¿Qué?! –Exclamó escandalizado por escuchar esa palabra de la boca de una niña.
-Regina dice que hay que llamarlo por su nombre o la gente se puede confundir, yo no tengo pene, ¿Sabías?
-Emma, por favor cállate. –Pidió sonrojado y tomando asiento.
-Tú si tienes porque eres niño. ¿Lo puedo ver?
-¿Qué?... ¿Ahora? ¡No!
-Emma por todos los Reyes, jamás vas a brillar en sociedad si acosas a las personas de ese modo con sus genitales. Eso es privado, completamente incorrecto y te prohíbo volver a solicitárselo a cualquier persona, ofrece una disculpa. –Interrumpió Regina con mirada impasiva.
-Disculpa Chip, realmente no quería incomodarte. –Dijo mientras daba el último ajuste a su traje de batalla pero la mente del muchacho parecía haberse petrificado de la vergüenza y no pudo hacer más que dar la vuelta y salir corriendo.
-¿Qué le sucede? –Emma quiso saber extrañada.
-Oh cariño, los hombres pueden ser más sensibles con esos temas, debes evitarlos con ellos. ¿Estás lista?
-Nací lista.
-¿Sí? Yo te recuerdo amarilla, como un pato. –Corrigió con una sonrisa y Emma le dedicó una mirada retadora que provocó que su risa se escuchara por los jardines.
-Su majestad. –Graham se presentó, lucía nervioso junto a la niña a pesar de que le doblaba la estatura, su uniforme negro de la guardia estaba perfectamente colocado y se descubrió el rostro para que la pequeña pudiera mirarle a los ojos en todo momento.
-Muy bien, hagamos esto rápido tengo un día bastante ocupado, la regla es sencilla, el primero que no pueda levantarse es el perdedor, Emma, cariño, trata de no matarlo. –Le pidió.
Ambos sacaron su espada y se situaron al centro del jardín, Graham asintió y en el aire se encontraron en un fuerte sonido metálico que rompió el silencio, Emma avanzó dos pasos hacia adelante atacando de forma defensiva contra su pecho y la mirada azul del caballero se llenó de júbilo al ver la fuerza en los brazos de la diminuta criatura. De inmediato respondió con un ataque primero a la izquierda dos veces y luego a la derecha haciéndola retroceder tres pasos y Emma, aguantando la respiración lo hizo retroceder uno más por el costado rozando la espada a todo lo largo en un fuerte sonido de fricción que los separó por completo.
-¿Es todo lo que tiene, princesa? –La provocó con media sonrisa.
-Misma pregunta. –Regina podía sentir el corazón latir con violencia contra su pecho mientras las espadas se encontraban de nuevo con movimientos cortos que hacían retroceder a Emma más y más por el jardín, dando vueltas, tratando de cansar al cazador, sin saber que se empezaba a convertir en una presa... Nuevamente el contacto de las espadas con fuerza la hizo retroceder, cayendo al suelo y sintió el filo de la espada de Graham contra su pecho, eso había sido todo.
-Magnífica batalla, princesa. –Declaró guardando su espada y dejándola a ella en el suelo. –Su majestad –Hizo una breve reverencia y esperó nuevas indicaciones.
-Gracias Graham, ha sido un placer observar esta batalla, mañana a partir de las seis de la mañana empezaras a ser el nuevo tutor de batalla de Emma, tiene más potencial del que creíamos, puedes retirarte. –Ordenó. -¿Te divertiste? –Se dirigió a la niña recostándose a su lado en el suelo.
-¿Es cierto que acabó solo con un ejército? –Quiso saber aún en completo estado de shock, nunca había sentido una espada tan cerca de su corazón, ni había caído al suelo de esa forma.
-Oh sí, y no sólo eso, fue criado por lobos y es incapaz de sentir emociones como las personas normales, necesita grandes estímulos.
-¿Por qué?
-Porque tengo su corazón en un cofre. –Confesó mirándola a los ojos y se sorprendió al ver como Emma parecía de todo menos horrorizada ante la confesión.
-¿Para qué quieres su corazón? Yo te puedo dar el mío. ¿Necesitas corazones?
Regina dejó escapar una risa floja y dejó los ojos en blanco por un instante. -¿En serio te cuesta aceptar que soy malvada?
-¡Oh! ¿Es por eso? –La pequeña sonrió y la confusión en Regina creció al instante. –Creí que el corazón de Graham era importante para ti, por eso lo guardabas, yo también puedo ser importante, Regina, puedes tener mi corazón si deseas.
-No cariño, Graham es un prisionero aquí, le ordené matar a tu madre hace muchos años... Creo que olvidé comentarte esa parte, le pedí que me trajera su corazón pero me traicionó, su lealtad es con tu madre y contigo, le saqué el corazón y desde entonces trabaja para el reino, para mí.
-¿Tú lo utilizas a él? –Quiso saber un poco confundida.
-Es el mejor cazador.
-Cielos Regina, parece que tengo una idea equivocada.
-¿Acerca de mí? –Temió.
-Oh no, tu actitud es constante... Yo tengo una idea equivocada sobre él.
-¿Te importaría compartir de qué se trata? Estás siendo demasiado críptica. –Una repentina opresión en su pecho se volvió sofocante y se incorporó para tomar aire.
-No estoy segura. –Y Regina pudo sentir que en esa afirmación yacía lo que las oprimía a ambas. -Pero definitivamente no me importaría compartir una rebanada de pay de manzana.
-Eso es absurdo, Emma. –Su rostro fue serio por un instante. –Si tenemos uno entero no hay razón para compartir una rebanada, podemos tener una cada quien.
-Oh... Eres perfecta. –La niña soltó una carcajada levantándose del lugar en el que acababa de perder la batalla y estiró la mano a la reina.
-¿Cuándo te volviste tan alta? –Quiso saber cuándo estuvo a su nivel y se percató de que no necesitaba inclinarse para besarle la frente.
-Estoy segura de que fue en algún momento entre el verano pasado y el confinamiento de invierno, en unos años entraré perfectamente en tu ropa. –Sonrió.
-Claro, porque mi reinado va en decadencia y seguramente llegaremos al punto en el que te debo heredar mi ropa, ojalá estuvieras así de dispuesta en lo que al título de reina respecta. –Se quejó con una amplia sonrisa. No era sencillo verla crecer, ni como su mente empezaba a procesar los hechos, no era sencillo ser testigo del nacimiento de quién podría ser la mejor reina que hubiera existido jamás y saber que viviría para verle morir…
