Publicación del Martes! Jejejejeje.
(Alekaii Michaelis Prince, tus preguntas se responden en este capítulo, de lo contrario, me puedes encontrar en Twitter "rebevividreams").
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Capítulo 12:
Sensaciones de adulto.
Emma cayó al suelo de golpe, sin tiempo de poner las manos para proteger su rostro y aún un poco mareada se incorporó con la espada para seguir peleando ante la risa burlona del jefe de la guardia real, no había mejor forma de iniciar el día.
-Lo siento princesa, ¿Quiere que le traiga una silla?
-Calla. –Pidió ocasionando que la risa aumentara, habían pasado tres años de prácticas y ni siquiera se daba el lujo de verlo agitado.
-Se esfuerza demasiado.
-Debería poder ganar.
-No, nadie puede vencerme.
-¿Por qué? ¿Tienes poderes? Eso es trampa.
-Trampa es lo que usted hace al lanzarse hacia mi cuando aún no me he puesto mi armadura; no tengo poderes princesa. Su furia está mal dirigida. –Explicó con un certero espadazo que la hizo caer de nuevo contra el duro piso del salón de baile. -¿Ya tuvo suficiente humillación por un día?
-¿Ni siquiera puedes fingir que gano alguna vez?
-Todos los días finjo que no pierde de forma tan horrible, princesa. –Sonrió y le ofreció una mano.
-Yo puedo sola, soy perfectamente capaz de incorporarme por mi misma... –Su orgullo se veía cada vez más nublado ante la realización de que sus piernas no le respondían y que el dolor en su espalda se empezaba a volver más intenso.
-No sea ridícula. –Espetó tomándola de un brazo y alzándola sobre su hombro como si se tratara de un costal de harina.
-¡Bájame!-Se quejó sin realizar ningún movimiento de resistencia lo que ocasionó que el cazador continuara riendo.
-Usted es realmente divertida. –Confesó mientras la sacaba del salón. –No sabía que era hija de Blancanieves, que bien que la reina no me dijo. Usted era una cosa pequeña, cuesta creer que ahora es algo así como una dama… más o menos.
-¡Hey! –Se quejó golpeándole la espalda. –Soy una mujer, no es mi asunto que tengan problemas con mis hábitos de aprendizaje y que no quiera ser una reina, además mi madre vivió mucho tiempo en el bosque, ¿Usted piensa que lo hizo con vestidos y punto de cruz? Tengo pechos y cabello largo, el libro dice que eso es suficiente.
-Pues le diré, que una vez su padre luchó contra un gigante que era tan grande y gordo que tenía pechos, ¿Y sabe qué? –Preguntó soltándola sobre la barra de la cocina para que la señora Potts la atendiera.
-¿Qué?
-Tenía el pelo largo. –Contestó y Emma, invalidada ante tal argumento no pudo hacer más que lanzarle media lechuga del cesto de vegetales en la cabeza.
-Es usted un tonto. –A penas podía contener la risa mientras se mordía los labios.
-Y usted no es una dama.
-Lo soy, tengo los mejores modales, he leído infinidad de libros, se montar a caballo y pelear una batalla, se cocinar y puedo poner un botón, ¡No necesito nada más! –Gritaba mientras el jefe de la guardia real se alejaba y la señora Potts le aplicaba un ungüento en el terrible moretón que se le estaba formando en el brazo.
-Las mujeres no deben tener estos golpes.
-Voy a estar bien, señora Potts, voy a usar más protectores, muchas gracias. –Había aprendido que podía tranquilizarla con afirmaciones vacías, la mujer era necia, incapaz de entender sus sueños y deseos pero la quería y esa pequeña mentira mantenía las cosas en calma. –Mis piernas están bien ahora, estoy segura de que fue un sobresalto.
-Seguramente fue eso; su majestad espera por usted para el desayuno, pidió que no la hiciera esperar.
-¿Hice algo malo?
-No que yo sepa. –La mujer pasó una servilleta de tela húmeda por su rostro y acomodó su cabello.
-Perfecto, ¿Mi cuerpo necesita otro tipo de ayuda? –Estaba aliviada al notar de que su movilidad había regresado a todo el cuerpo y no solo a las piernas.
-Tal vez la reina encuentre inquietante la condición en que se encuentra su ojo, parece que se está hinchando pero no como la última vez.
-Ni siquiera me duele ya. –Respondió caminando un poco encorvada; sentía sus músculos quejarse mientras se abría paso hacia el comedor y con cautela se colocó junto a la reina. -Buen día su majestad. –El saludo fue suave, sospechosamente despreocupado.
-¿Pasé toda tu infancia manteniéndote viva para que acabes muerta por tu propia voluntad? –El pequeño manual que cargaba siempre con ella tenía los bordes doblados, lo dejó sobre la vieja mesa de encino para mirarla con atención. - ¿Te das cuenta de que si hoy es el día que decide aparecer tu madre por esa puerta va a pensar que me he dedicado a torturarte?
-¡Pero creí que eso era bueno! ¿Qué clase de villana eres, Regina? –Bromeó escondiendo su sonrisa tras un pan tostado
-Es imposible. –Declaró con un suave movimiento de sus manos que acabó por curar todas las heridas de la princesa.
-Gracias, ¿Qué cosa?
-Que juegues con eso... ¿No te atormenta, Emma?
-Oh, en realidad lloro todas las noches, soy terriblemente infeliz, ¿Podríamos salir de viaje? Eso mejoraría la horrible tristeza que me consume. –Afirmó con seriedad mientras vaciaba casi la mitad del servidor de miel sobre su plato de avena.
-Eres oportunista. –Sonrió al tiempo que retomaba el manual que descansaba a su lado. –Sin embargo es curioso que menciones un viaje… por eso pedí verte de inmediato, el Rey Midas envió una carta, quiere saber si puedes redactar de nuevo la ley de impuestos de Aurora, misma cantidad de impuestos, únicamente anexar tu tratado como parte de la ley, estoy completamente escandalizada por la idea.
-Han pasado ocho años. –Recargó su espalda contra la silla. –He redactado diez nuevas leyes, he corregido cuatro y quieren que me meta con la única que casi me mata ¿En serio?
-Me parece exquisito que comprendas el por qué estoy escandalizada; Sin embargo no pensé que te presentaría conflicto, cariño. –Regina de pronto no pudo seguir leyendo pues los sentimientos de Emma se volvieron intensos y al alzar la mirada se encontró con esa mirada verde olivo fija en ella. -¿Qué? ¿Te incomoda la idea? Puedo decirle que lo haga él mismo, aún tiene una mano bien.
-Claro que no. Lo haré, sabes que no me pierdo ninguna oportunidad de interactuar con Aurora.
Regina le sonrió abiertamente y sintió cómo la sensación en su pecho aumentaba. -¿Segura que estás bien, cariño?
-Estoy bien, Regina, ¿Qué tengo qué hacer?
-Oh... Ya sabes, solo ir a su palacio y hablar con ella...
-¿Voy a salir? –Preguntó con ambas manos hundidas en su cabellera rubia y una sonrisa de oreja a oreja.
-No solo vas a salir, Emma, sino vas a salir sin mí, yo tengo cosas que hacer, soy la reina.
-Oh... No, pero es la razón por la que casi muero hace años, ¿Y si me matan? Por todos los Reyes, Regina, si me matan no me vas a volver a dejar ver la luz del día y me vas a meter a un pozo con sólo una ventilación por la cuál va a entrar el aire y la comida una vez al día, Regina, no puedo vivir con una sola comida al día. –Sus ojos se abrieron con horror ante la idea de morir por hambre.
-¿Te estás escuchando a ti misma? –Preguntó con desesperación.
-No, no lo estoy haciendo.
-Que bien porque no estás en tu momento más brillante; llevarás un guardia real, si te asustas tengo mi súper poder –Sonrió. – Vas a estar bien, créeme cuando te digo que esto es más duro para mí.
-¿Es uno de tus planes para hacerme reina?
-Yo no tengo planes de hacerte reina, cariño, ya me he resignado al hecho de que vas a ser el remplazo de Chip cuando te des cuenta que nunca vas a vencer a Graham.
-¿Ah sí?
-Sí.
-No voy a ser reina, Regina.
-No, no vas a ser reina, el puesto es demasiado bueno para ti.
-Soy demasiado buena para ser reina. –Su declaración fue acompañada de una leve sonrisa.
-¡Vas a ser reina, Emma, eres la legítima heredera! –Gritó lanzándole una galleta de nuez en la frente.
-¡Que no! –Comenzó a reírse y cubrió su rostro con ambas manos mientras se ponía de pie en dirección a la reina.
-¡Sí, no hay nadie más!
-Puedo buscar a cenicienta, escuché que tuvo una hija antes de que desapareciera su príncipe y la desterraras.
-¡Sobre mi cadáver! ¿Cómo puedes hablar de las cosas que he hecho como si se tratara de algo cotidiano? Es bastante cínico.
-Porque puedes redimirte con la hija de cenicienta... –Argumentó hincándose ante ella, con la cabeza sobre sus piernas.
-¡Calla...! Este reino es mío, no te lo voy a dar para que lo repartas a placer. Insisto, el puesto es demasiado bueno para ti.
-¿Me quieres?
-No, no cuando piensas así. –Respondió molesta acariciando el cabello rubio de la joven.
-¿Me quieres? –Volvió a preguntar esta vez con las manos alrededor de la cintura de la reina y un movimiento leve de cosquillas.
-Eso no me va a hacer quererte. ¡Detente! –Advirtió con jovialidad mientras todo su cuerpo se tensaba. -¡Emma!
-¿Me quieres? –Inquirió por tercera vez subiendo por sus costillas ocasionando que las advertencias de la reina se convirtiera en carcajadas sin control.
-¡Me vas a matar! –Se quejó mientras sentía cómo su corazón y pulmones trabajaban sin control contra su pecho, no se había dado cuenta de la increíble fuerza que poseía Emma, de querérsela quitar de encima tendría que utilizar magia.
-¡Di que me quieres!
-¡Te quiero! ¡Te quiero! –Se rindió con lágrimas en los ojos mientras Emma cesaba el contacto.
-¡Perfecto! Ahora, ven conmigo. –Pidió incorporándose y tomándola en sus brazos, alzándola.
-¿Qué crees que estás haciendo? –Sus ojos negros se abrieron al máximo, sorprendida al sentirse en brazos de la niña que había cuidado por dieciséis años.
-No sé si lo has notado, Regina, pero soy más alta que tú, posiblemente más pesada y mucho más fuerte, claro, si quitas la parte de la magia, por favor no vayas a lanzarme fuego.
-¿Y eso te hace sentir con derecho de levantarme como si fuera cualquier cosa? Bájame en este momento, te lo exijo. – Solicitó estática.
-En la práctica de esta mañana me caí muy fuerte y no me podía levantar así que Graham me tuvo que llevar en su hombro a la cocina, ya sabes, mientras el resto de Emma reaccionaba para no quedar como tonta en el salón mientras él se iba felizmente a seguir con su día.
-Si pretendes hacerme sentir más escandalizada respecto a ti practicando con la espada lo estás consiguiendo. –Afirmó.
-No es la idea; el punto es que le pedí que me bajara, ya sabes, mi orgullo, pero no hice nada para que me pusiera en el piso, esa es tu respuesta a estar en mis brazos así que le sugiero que disfrute el viaje, su majestad. –Sonrió al tiempo que besaba su mejilla. –… Dado que gran parte de mi vida he venido permitiendo que me haga aparecer con magia, me voy a dar el permiso de hacerle aparecer en la biblioteca, ya sabe, mi método.
-Soy demasiado permisiva contigo. –comentó en un susurró, la sensación en su pecho aún no desaparecía, era extraña y no era capaz de definirla. -¿Segura de que te sientes bien?
-Me sentiría mejor si pusieras tus brazos alrededor de mi cuello en vez de tenerlos cruzados como la mujer hostil y terrible que eres conmigo. –Se quejó y la reina obedeció al instante.
-Mucho mejor. ¿Por qué tienes un palacio tan grande? –Regina no pudo ocultar su risa.
-¿Te has cansado tan pronto?
-¿Qué? No, sólo tengo comezón en la nariz. Deja de hablar que no veo hacia dónde voy.
-Señorita multitareas, me sorprende que haya creado diez leyes.
-Ahora estás simplemente siendo mala. Bien, aquí estamos.
-La biblioteca, muy bien Emma, tu sentido de la ubicación está en orden.
-Muchas gracias. –Sus miradas se cruzaron por un instante y Emma la devolvió al suelo con cuidado. –Tome asiento, su majestad. –Pidió con ternura guiándola de la mano y enseguida sacó un pergamino. –Hace dos días estuve revisando los documentos de Anastasia, Drizella, Lady Tremanie y Cenicienta.
-Emma si no dejas el tema voy a encerrarte en un hueco bajo la tierra que solo va a tener un hoyo de ventilación por él cuál te alimentaré una vez al día, sabes que no puedes vivir con solo una comida al día.
-¡Woah! No hay necesidad de tanta intensidad... ¿Podrías escucharme? Sólo tengo unas dudas.
-El tiempo corre.
-Claro, ¿Podrías quitar la maldición que pusiste en Cenicienta para que yo pueda encontrar lugar para ella en alguno de los reinos del bosque encantado?
-Claro que puedo hacerlo.
-¿Lo harás?
-No. ¿Vas a hacer reina a su hija?
-Regina, no soy reina, ¿Recuerdas? Si no logro vencer a Graham voy a tomar el puesto de Chip, ¿Cómo pretendes que la haga reina?
-La niña es una princesa, como tú y lo sabes, si no, no estaríamos teniendo esta absurda conversación. No voy a hacer que cenicienta vuelva. –Su declaración fue firme y surgió genuina molestia.
-Sólo quiero que ella tenga una vida plena como yo, ¿De qué me sirve estudiar tanto si no puedo cambiar nada?
-Exactamente, cariño, no sirve de nada, ¿Podrías recordarme lo horrible que te parece la idea de ser reina? –Regina tomó su rostro con ambas manos y la miró a los ojos. –Es una lástima….Estudiar el periodo de cada Rey te tomó... ¿Cuánto?
-Aproximadamente una semana.
-¿Me puedes recordar cuánto tiempo tienes estudiando mi periodo de reinado?
-Dos años. –Bajó la mirada apenada.
-Dos años. –Repitió. - ¿En algún momento te he ocultado algo en relación a mis métodos?
-No.
-¿He contestado todas tus dudas respecto a tu madre, padre y abuelos?
-Lo has hecho.
-¿Qué es lo único que no te he permitido?
-Conocer a tu madre.
-¿Por qué?
-Porque te obligó a casarte con mi abuelo, te puso contra mi madre, asesinó a tú amor verdadero y te volvió malvada.
-¡¿Qué?!
-Es decir... Porque su presencia no es relevante para mi vida, mi educación o tus ánimos.
-Ten cuidado con lo que dices. ¿Cuánto ha durado el periodo de cada Rey aproximadamente?
-De sesenta a cien años, si tiene magia.
-¿Yo he sido Reina por cuánto tiempo?
-Por veinticuatro años.
-¿Puedes explicarme, por qué un reinado de cien años te toma una semana y uno de veinticuatro, dos años y aún sigues molestando cada semana con asuntos de esta índole?
-Voy a retirarme a mis clases y pensar en una buena respuesta que no implique volverme tu sucesora. –Respondió doblando de nuevo el pergamino...
-Te deseo suerte con eso… ¿Estás completamente segura de que te sientes bien? Creo que deberías recostarte. –Quiso saber poniendo la mano en la frente de la chica y al instante la sensación se hizo más intensa.
-Voy a estar bien. –La mirada de la joven se vio desviada un instante. -Regina. Voy… voy con Dragón... ¿Tú estás bien? Te noto un poco pálida, deberías comer, creo que no te he visto probar bocado en semanas. –Su afirmación fue suave y en una sonrisa la dejó en la biblioteca para dirigirse a los establos. "¿Qué te sucede?" –Se preguntó a si misma mientras avanzaba por el camino de piedras.
-Buen día, Emma, ¿Lograste vencer a Graham? –De alguna forma su batalla de esa mañana se sentía tan lejana.
-Sí ese fuera el caso lo gritaría por todo el palacio, ese va a ser el mejor día. –Le hizo saber con una sonrisa mientras se acercaba a Dragón y cepillaba su lomo dorado. – Mi caballo es mejor que Rocinante.
-No lo es, es torpe, casi no ha salido, Rocinante conoce el mundo, es inteligente, se mueve con el viento… ¿Le has pedido al Jefe de la Guardia Real que te deje ganar?
-Sabes que sí, la reina no quiere… Dragón va a ser mejor.
-La reina es malvada. –Declaró el joven ocultando una sonrisa mientras cepillaba a Rocinante. Sabía qué fibras tocar cuando se trataba de su amiga.
-¿Cómo te atreves a decir eso de la Reina? Su majestad es perfecta, no hay nadie cómo ella, ¿Sabes que su forma de manejar el sistema de cultivo y cosecha por temporada hacen que nuestro reino sea el único que no solo no tiene ninguna deuda exterior sino es capaz de realizar exportación de especias con reinos más allá del mar?
-Algo había escuchado de eso... Ya sabes, las primeras doscientas veces que dirigiste los ojos al horizonte con esa mirada perdida y voz de más grande admiradora.
-Oh, por todos los reyes, ¡Cállate! –Exclamó lanzando un puño de heno de la cubeta de Dragón.
-Tú y la reina necesitan sentarse a hablar sobre la tendencia que tienen a lanzarle cosas a la gente, es una gran ventaja para mí que no saques fuego de las manos, pero definitivamente eso lo aprendiste de ella. –El muchacho le dedicó una sonrisa. -¿Qué te trae por aquí?
-Chip, Yo puedo ir a dónde yo quiera, soy la princesa, me ofendes.
-Claro… De cualquier forma necesitas algo y creo que es más fácil si me lo dices rápido; ya sabes, antes de que le arranques el cabello por completo al pobre Dragón. –Concluyó mientras le quitaba el cepillo de las manos.
-Bien…. sabes que eres mi mejor amigo ¿Verdad? – La joven se sentía con un extraño malestar en el estómago y en el pecho, algo le oprimía y no era hambre.
-No es como que tengas muchos, de hecho soy el único, no hay con quién competir.
-¿Te parezco extraña?
-Pues si, un poco, ya sabes, el asunto de que no puedas pasar un momento del día sentada sin hacer nada como las mujeres del palacio. Hasta la reina se toma un respiro.
-Graham dice que es como si yo no fuera una dama, pero tengo el pelo largo y pechos y no tengo pene.
-Emma, no debes hablar de eso conmigo, las mujeres no hablan de eso con los hombres, no es correcto.
-¿Entonces con quién lo debo hablar? Regina dice que soy morbosa, tu mamá se sonroja y me llena de comida para no pensar en eso, Anastasia y Drizella dicen que todo va a tener sentido cuando me case con el hombre indicado.
-Bien, bien… Eres mujer, sólo las mujeres pueden decir tantas palabras una tras otra… ¿Qué quieres hablar?
-Soy una mujer, anatómicamente los libros dicen que lo soy y me siento como una mujer, lo acepto, me gusta ser una mujer, Chip.
-Parece que todo está bien entonces, Em.
-¿Por qué no puedo mejorar en mis modales y ser menos tosca?
-Tal vez eres como la Reina, ya sabes, una mujer intelectual.
-¿La has visto a la mesa? No se inclina ni un poco, jamás cae una sola pizca de pan sobre su ropa, nunca queda pintura de labios sobre la copa en la que bebe ni sobre la servilleta que pasa con cuidado sobre su boca... Cuando camina se balancea con gracia, y el sonido de sus pasos es uniforme, mientras está leyendo sus ojos son lo único que se mueve y su respiración es increíblemente calmada. Ella siempre sabe cómo contestar ante cualquier circunstancia... Regina es perfecta, la quiero. –Suspiró con ansias.
-Oh... Esto no es normal. –Regina apretó sus sienes mientras su corazón latía con fuerza contra su pecho. -No soy una joven, esto es absurdo. –Se decía a si misma mientras cerraba el tintero; no sería capaz de escribir ninguna carta sintiendo esa opresión a medio pecho, ¿Qué podía ser? No se sentía triste ni decepcionada, no tenía ningún miedo pero la incertidumbre estaba presente en su pecho, incertidumbre y anhelo, desesperación... ¿Qué le estaba sucediendo a Emma?, una parte de su ser quería correr a su lado y abrazarla para consolar ese sentimiento…
-Emma, necesitas aflojar las manos un poco o vas a perderlas. –Pidió el muchacho. –Cielos, hablas de ella como si te gustara, con razón pones a todos incómodos.
-¿Qué?
-No sé cómo ayudarte con eso, ¿Te gusta la reina?
-¿Qué? ¡No! No seas absurdo, Chip.
-Muy bien. Voy a hacer esto porque te quiero. –Confesó mientras colocaba el cepillo de Rocinante a un lado y se aproximaba a Emma. –Cierra los ojos. –Le pidió.
-¿Me vas a golpear la cara?
-¿Sabes? Ese es un muy buen ejemplo de cómo no eres una mujer ordinaria, ¿Por qué demonios querría golpearte la cara? sólo cierra los ojos, demonios. –Pidió nuevamente y Emma obedeció al instante en que él la tomaba de la barbilla y le proporcionaba un beso rápido y suave en los labios. –Abre los ojos.
-Ah...
-¿Qué sentiste?
-Que acabo de comprender el significado de la palabra "Oportunista" y eres un tonto. –Su respuesta vino acompañada de un fuerte golpe en el pecho hacia su compañero.
-¡Auch!... Deberías haber sentido mariposas en el estómago y felicidad, o esas cosas que sienten las mujeres, deberías haberte desmayado del gusto y estar brincando por todo el establo "¡Oh Chip, me encantas, gracias por ese beso!".
-En serio eres un tonto. –Su risa fue leve y sirvió para relajarla un poco. -Chip, eso solo prueba que no me gusta que me besen en la boca.
-O que no te gusta que yo te bese en la boca. ¿Hay alguien que te gustaría que te besara en la boca? ¿La Reina?
-Estás siendo un tonto. –Declaró escupiendo sobre la manga de su abrigo y limpiándose los labios con saliva.
-Mira, si hablas de esto con mi madre te va a amarrar a la cama hasta que esas ideas locas se salgan de ti y sí es extraño porque la mujer te ha cuidado desde que naciste pero tu quisiste hablar conmigo para conseguir una respuesta y yo solo puedo pensar que la reina es muy guapa y tú también y ustedes juntas... ¡bam!
-¿Qué demonios, Chip? -El rostro de Emma era de total confusión.
-Es decir... Ya sabes, ella ha estado contigo desde pequeña.
-Regina no es mi madre, es... Ella ha cuidado de mí pero yo tengo una madre, Blancanieves.
-No es ante mí con quien debes justificarte.
-Una mujer.
-No solo es una mujer, Emma, es la reina, enemiga jurada de tus padres, mucho más grande que tú, todos van a tener razones poderosas para darte, lo que menos necesitas es decirte a ti misma que está mal, todos lo harán por ti, al menos eso es lo que yo creo.
-Tal vez sabes de lo que hablas...
-Y quién lo diría, tenemos más cosas en común de lo que pensé, ya sabes, chicas.
- Y así de rápido vuelves a ser un tonto. –Se quejó con ambas manos sobre su rostro. –Chip, ¿Qué me está pasando? ¿Cómo si quiera puedo considerar tal cosa?
-Siéntete libre de sentirte mal mientras hago mi trabajo. –Afirmó y con una palmada en la espalda de su amiga continuó moviendo el heno y llevando agua fresca a los establos.
Regina se hizo aparecer en sus habitaciones sabiendo con exactitud qué haría, no podría tolerar más de Emma por el resto del día y abriendo el primer cajón de su tocador sacó el cofre que contenía el corazón del cazador; se podía sentir el latido a través de la madera negra y al levantar la tapa, el rojo brillante le iluminó la mirada negra, "Ven", le pidió con firmeza, pasaría el resto del día ocupada de ser necesario.
Emma permanecía estática, pensativa e incómoda en una esquina del lugar, soltando preguntas ocasionales y cayendo más en una vorágine existencial.
-No tiene sentido, Chip, estás equivocado, yo no siento cosas por la Reina. –Concluyó horas después con nueva determinación.
-Sólo fue una idea, Em, no tienes por qué obsesionarte, me da gusto que hables de nuevo, creí que te habías roto.
-No estoy obsesionada y no siento nada por Regina.
-Claro, por eso llevas toda la tarde en una balanza, con la mirada perdida y vidriosa, como si te acabaran de decir que vas a morir, o que la reina va a morir… - El joven sonrió y tomó a su amiga de la mano. – Sé lo que te va a alegrar, es hora de la cena.
Emma lo miró sorprendida, no era posible que se le hubiera ido el día entero en una sola idea, sus clases, su práctica de modales, la hora del té se había perdido todo…
-¿Estás bien, cariño? –Regina pasó sus dedos entre los rizos dorados y le obsequió una sonrisa suave; ese pequeño gesto venía sucediendo desde que Emma podía recordar, podía ver los ojos de la reina ese amor fraternal, ese respeto y cuidado y no pudo evitar sentir que daba lo mismo haber tomado clases de costura que los cinco años de práctica en la espada pues para la Reina ella era la misma niña incapaz de entender temas adultos y muy joven para ser merecedora de una charla recíproca, quería conocer el alma de la reina, sus problemas, sus angustias, estaba lista... Y con dolor, Emma solo podía ver en esos ojos oscuros que probablemente nunca llegarían a eso.-La Sra. Potts dijo que a penas cenaste y que pasaste el día entero en los establos, no me gusta recibir quejas de ti, así que puedes decirme la razón de tu comportamiento y yo puedo pedir que no te molesten más.
-No tengo ningún tipo de comportamiento Regina, no me hables como si fuera una niña, tengo dieciséis años, puedo hacer lo que yo quiera. –La hostilidad en su tono salió con tanta rapidez que no fue capaz de contenerlo, de contenerse, estaba molesta estaba molesta con la reina, con todos, con el mundo porque no había un punto de referencia para sus emociones.
-El hecho de que tengas que decirme tu edad, Emma, me deja ver que no eres la mujer madura que crees que eres. -Dijo y al instante la joven desvió los ojos verdes inundados de lágrimas que no correrían. -No tolero ningún tipo de insolencia y lo sabes, ¿Planeas decirme qué te sucede o me voy a retirar a mis habitaciones?
-Déjame en paz Regina, no quiero hablar, no me siento con ganas de hablar, mi mente es una gran bola de estambre, no es justo que se me quiera tener a la vista todo el tiempo y no se dé nadie que haya muerto por no terminar su plato en la cena, mañana me disculparé con ella, lo prometo.
-Bien, cariño. -Le tomó la barbilla y le hizo mirarle. –Este es tú palacio, espero que hayas tenido un buen día. -Esta vez su voz era dulce, tan dulce que sus mejillas se sonrojaron y solo pudo contestar con un movimiento afirmativo. -Me voy a la cama, trata de descansar, Emma. -Se inclinó hacia ella y con los ojos cerrados buscó su mejilla para el beso de buenas noches; la joven, fija en el acto y de forma sutil, se giró con suavidad, sintiendo la comisura de ambos labios rozar por el instante más largo de su vida, la abrazó con ternura, como cada noche y le deseó dulces sueños.
-¿Segura qué estás bien, cariño? –Fue la pregunta antes de que Emma pudiera asentir y cerrara la puerta, mientras aún sentada frente a su pequeño escritorio no lograba salir del entumecimiento en sus extremidades, su vientre parecía revolotear y en su mente, como si se tratara de un rompecabezas por fin completo, lo entendió: Estaba enamorada de la reina, enamorada como los personajes de los cuentos, como las historias en los libros, enamorada como una persona que desea a otra y enamorada como para envidiar con cada parte de su ser al jefe de la Guardia Real, ¿Por qué ella lo había elegido? ¿Por qué no matarlo inmediatamente después de su traición?... Y de cualquier forma, ¿Qué se suponía que debía hacer con esa información?, ¿Guardarla? ¿Enterrarla? ¿Cómo explicaría un sentimiento así? "Hola Regina, me gustaría decirte que te amo, quiero ser tu reina... ¿Tu reina? Dos reinas..." Su mente empezó a divagar de forma bastante particular, no había ninguna historia en los libros que tuviera a una reina y a una princesa, su vientre se sentía más extraño, su mente nublada y confundida, su respiración ahora era menos profunda y se encontró ambigua sobre lo que debía hacer al respecto, sus mejillas le ardían en un leve tono rosado, solo pudo apresurarse hacia la cama y con el rostro contra la almohada dejar salir un breve gemido de desconcierto.
¿Qué era eso que sentía en su abdomen? Con prisa desabotonó sus pantalones y se los bajó en un solo movimiento, necesitaba revisar que todo estuviera en orden, de pronto su respiración se volvió más corta, abrió sus piernas, al mirar no pudo ver nada fuera de lo normal pero empezaba a sentir demasiado calor, sus piernas, sus brazos, su cara, de pronto todo su cuerpo emanaba mucho calor y se preguntó si estaba enfermando o tal vez algo peor porque todo su cuerpo parecía vibrar en una horrenda expectativa de algo que no estaba segura como resolver, con ambas manos hizo hacia atrás su cabello mientras con las piernas separadas dudaba de su siguiente paso, tal vez debía dormirse, tal vez ya había hecho suficientes cosas raras por una un día, sin embargo mientras desabotonaba su blusa de montar y observaba sus caderas alzarse por instinto, supo exactamente dónde deseaba sentir cariño.
-¿Qué demonios sucede? –Se preguntó Regina mientras la taquicardia atacaba su corazón y su respiración entrecortada la empezaba a marear, apenas había logrado ponerse su bata de satín y ahora sentía como que todo el mundo daba vueltas, su corazón, su respiración, su piel... Las sensaciones llegaban muy rápido y con una intensidad que ella jamás se había permitido.
Cuando su dedo índice y medio sintieron la cálida humedad entre sus piernas el gemido que debió morir en su garganta resonó por las habitaciones con la dulzura de alguien que experimenta algo por primera vez, sus pupilas se dilataron y el deseo de más hizo que en un vaivén lento y desesperado ambos dedos tomaran su rumbo a cada lado de ese lugar donde provenía el placer mientras Regina, en sus habitaciones, sentía que el mundo entero oprimía su pecho. –Oh... –Pronunció al darse cuenta exactamente de lo que sucedía, sus piernas temblaban sin siquiera poder pensar en una forma de intervenir, deseaba sacarse el corazón; se puso de pie hacia las habitaciones de Emma, tenía que detener esa locura, no podía permitirle continuar compartiendo ese acto de intimidad... solo tuvo que cruzar la puerta para caer de rodillas por la energía ¿Qué podía ser tan estimulante para ella que enloqueciera de esa forma?, las incógnitas se formaban en su mente mientras en la de Emma estaba bien claro, con el vaivén de sus pelvis contra sus dedos y su mano libre apretada en la cobija, su objeto de deseo no podía ser nadie más, imaginaba cómo se sentiría poder besarla, cómo se sentiría que ella respondiera esos besos y poderse ver a través de sus ojos, sentir su sonrisa, abrazarla sin ropa como se encontraba ahora... Sin ropa, la idea de abrazarla sin ropa hizo que se quedara sin respirar por varios segundos... Nunca antes la idea de verla sin ropa le había presentado interés, no podía recordarla sin ropa... Quería apretarla contra su cuerpo... Estrujarla... Poner sus dedos en... –¡Ah...!–su gemido fue tan fuerte que sus ojos se abrieron con fuerza y la sacaron de su fantasía por un instante... Sus dedos se detuvieron y su respiración agitada fue lo único que se escuchó, algo en su interior quería suceder y no sabía si estaba lista para otra cosa nueva pero era demasiado tarde, ahora era una mujer diferente y con su mano libre cubrió sus ojos antes de continuar y dejar salir esos leves quejidos nuevamente, sin censura, sin contenerse... Regina escuchó tras la puerta y no pudo interrumpir, no supo qué le diría ni que argumento utilizar para justificar su presencia, seguramente al día siguiente podría pensar en mil razones pero en ese momento no podía, su mente, su juicio, su razón, todo estaba nublado.
Cruzó el pasillo sintiendo cómo sus piernas le temblaban, sintiendo como su corazón se agitaba al punto del desmayo, como la habitación empezaba a dar vueltas y en un momento de lucidez se guio a si misma a la tina humeante sólo con la energía para cambiarla por agua helada y se dejó caer hasta el fondo, deseaba ahogarse y morir si tan solo eso fuera posible, sentía como su propio cuerpo aún lograba emanar el calor y el latido de su corazón iba en un aumento voraz; Emma supo que gritaría si no mordía su labio al instante que sus piernas se tensaron y en seguida el resto de su cuerpo igual, la onda de energía que la sintió recorrer fue tan intensa y tan larga que pensó se rompería y deseó poder estar en ese estado para toda la vida... Cuando pasó, fue como si todo su ser se soltara, perfectamente relajado, en un suspiro largo se acomodó boca abajo y ocultó la sonrisa contra la almohada, eso había sido "asombroso"-pensó. Mientras Regina estaba al fondo de la tina de baño, tratando de que sus pulmones se llenaran de agua, atónita.
