Hola a todos, les traigo la publicación del viernes :)
Tengo entendido que el capítulo pasado fue considerado bastante polémico y debo admitir que realmente lo es, ¿Qué va a hacer Regina al respecto?
Muy bien, espero que se queden conmigo para descubrirlo, la idea no es que esta historia se convierta en "Lolita" de Vladimir Nabokov, tal vez en un futuro haga otra con esa temática pero este no es el caso.
Me encanta leer sus comentarios.
CAPÍTULO 13:
Nos vemos pronto.
-Regina. –Llamó desde la puerta y enseguida entró. -¿Dónde estás?
-Ya salgo… cariño, espera…-Su respuesta vino seguida de un fuerte ataque de tos; sus pulmones se encontraban completamente llenos de agua.
-Por todos los reyes, Regina, ¿Estás bien?
-Mejor… Que… Nunca… -alegó en una sacudida con el leve esbozo de sonrisa mientras se aferraba a los lados de la tina.
-¿Qué… se supone que haces? –Quiso saber con angustia.
-Tragué un poco de agua, eso es todo, ¿Me estas interrogando? –Regina aún no lograba recuperar la compostura y le costaba hablar con tanta agua en su cuerpo pero claramente estaba avergonzada de haber sido descubierta al fondo de la bañera.
-No, no, claro que no… ¿Entras a la tina con ropa de cama? –Señaló y de forma fugaz se sonrojó ante sus propios pensamientos, su piel aún se estremecía ante lo sucedido la noche anterior.
-No sé qué responder al respecto, cariño. –No venía a su mente una excusa y se hubiera sumergido entera bajo el agua a no ser porque sintió los brazos de la joven alrededor de su cintura y como ésta la sacaba con agilidad. – ¡Por Merlín! Emma, ¡Suéltame!
-Dios, Regina, el agua está helada. –Se quejó al sentir como al igual que el agua, la piel de la reina se sentía como hielo contra su piel.
-¡Te he dicho que me sueltes! –Gritó al tiempo que se hacía desaparecer de entre sus brazos y aparecer de pie frente a ella, molesta y escurriendo; por primera vez en mucho tiempo, Emma la tuvo de frente sin maquillaje, sin zapatos altos y sin el cabello arreglado y extrañamente no le pareció que tuviera más de veinte años… una chica de no más de veinte años bastante, bastante furiosa.
-Lo siento, Regina. –Se disculpó y de inmediato bajó la mirada, si hubiera podido se hubiera hecho más baja que ella así que dio un par de pasos hacia atrás. –No quise molestarte; lo siento.
La mirada de Regina parecía haberse vuelto sombría y su gesto endurecido no mostraba misericordia. –No quiero que vuelvas a hacer eso, Emma. –Espetó con dureza para enseguida darse la vuelta y salir del baño.
La joven no pudo responder, era como si hubiera recibido un fuerte golpe en el estómago, estaba sin aire, empapada y completamente sorprendida, Regina no se había comportado así con ella.
-¿Cuál es el itinerario en tu día, Emma?– indagó y para el tiempo que la joven se encontró de nuevo frente a la reina ya estaba mágicamente lista con un vestido de terciopelo y piedras preciosas…
-Pensaba… quedarme en cama, creo que no me siento muy bien. –Emma tenía una mirada tímida que le hizo hervir la sangre… a decir verdad Regina ya no estaba segura de qué sangre era la que hervía y no podía tolerar eso.
-Ya... No lo creo, vas a salir hoy mismo. –El tiempo bajo el agua le había permitido contemplar, al menos un plan a corto plazo.
-¿Cómo dices? –La joven estaba genuinamente sorprendida, ¿Regina ya no la quería cerca?
-Es una diligencia incomoda; mientras más rápido acabemos con eso es mejor.
-Y... ¿Cuánto tiempo me iré?
-El que tome, cariño.
-Regina, no quiero ir sin ti, la sola idea...
-No es algo que se pueda discutir, Emma, puedo ir con Midas y decirle que no vas a realizar el trabajo si es lo que decides… yo no entro al reino de Aurora, ella no lo permite y sabes que no me agrada meterme con ella… de cualquier forma ahí trabaja Lady Tremanie, creí que ibas por el lado de hacerme molestar con todo ese asunto de Cenicienta, su hija y mis problemas. –Los ojos de ambas mujeres se encontraron por un instante y la más joven entendió la honestidad en la afirmación: No era opcional.
-Siempre tomas lo peor de mis intenciones, Regina. –Declaró no como reclamo, sino como un hecho y le sonrió buscando nuevamente su mirada; no quería irse si la reina estaba molesta.
-Te conozco a ti y a tus malas intenciones, eso es diferente, La señora Potts. Preparará tu equipaje a penas le dé la orden así que te sugiero que te sientes y tomes mi desayuno para que puedas ir y hacer la selección de documentos que vas a llevar. –Regina señaló la bandeja de plata y se sentó con los brazos cruzados ante la chimenea.
-¿Y así se supone que crea la historia de que te das baños fríos para el calor? Estás temblando. –Su tono fue divertido.
-¿Vas a cuestionar la forma en que decido vivir?- Regina ya no sonaba molesta, aunque su rostro no expresaba felicidad.
Emma suspiró abatida y dando media vuelta se sentó ante la bandeja. -No, tú y tus nuevos hábitos de limpieza pueden hacer lo que quieran. ¿Y qué vas a comer tú? – Quiso saber mientras se sentaba a la mesa de roble y mordía con ansias el pan de centeno. –Que rico… -Completó mientras se llenaba la boca con huevo duro y jamón. -Debería quedarme con tu desayuno con más frecuencia.
-Es mucho más sano que los pasteles que solicitas cada mañana y estoy segura de que toda la miel que le pones a la avena un día te va a matar y me voy a morir de un disgusto.
-¿Vas a juzgar mis hábitos alimenticios? –Inquirió con la boca llena.
-No me atrevería, acabaría siendo devorada por ti. –Le respondió con una sonrisa delicada; era como si no pudiera mantener levantada la pared contra Emma, sin embargo era una realidad el hecho de que había pasado la noche entera tratando de ahogarse por sus abrumadores sentimientos y sin embargo, Emma parecía la misma, ya no tenía la nube de enojo y confusión sobre sus hombros y actuaba con naturalidad.
-Muy graciosa. –Se quejó lanzando una fresa con extrema precisión hasta la cabeza de la reina.
-Es gracioso y lo sabes. ¿Hay alguien a parte de mí a quien quieras llevar contigo en este viaje?
-Chip… no... Graham, no lo quiero en el palacio mientras no estoy, él es el guardia real que deseo como escolta, además no quiero dejar de practicar.
-...Bien. Los hare aparecer en el palacio de Aurora, el viaje toma de sol a sol y no me gusta la idea de que hagas una cabalgata tan larga sin mí, envía a un mensajero cuando quieras volver y haré lo mismo para traerte de vuelta.
-Dragón no conoce el mundo aún, debes dejarme ir a caballo, vamos Regina, Rocinante no llego a ser lo que es a base de aparecer a la entrada de palacios dorados y avanzar hasta las puertas, es un guerrero. Graham va conmigo.
El silencio se dio por lo que pareció una eternidad entre ambas mujeres, Regina ya había permitido mucho al acceder ante Midas que Emma hiciera el viaje sola sin embargo le costaba bastante ser inflexible con los deseos de la princesa, más porque conocía su sentir… Literalmente. –Bien.
-¡Fabuloso! ¡Gracias, Regina! –Exclamó con una amplia sonrisa mientras corría al sillón de espalda alta y se hincaba a su lado, por un momento pensó en abrazarla, pero no quiso abusar de su suerte. -¿Qué harás sin mi si se demora mi travesía?, Aurora no es precisamente una persona que coopere.
-Celebraré haberme librado de ti después de tantos años. –Sonrió. –Ten cuidado con Aurora, sé que te gusta molestarla pero estarás en su territorio.
-Ahí está la Regina que conozco, con preocupaciones desproporcionales, empiezo a sentir que el viaje vale la pena.
-Claro y es evidente que tengo razón respecto a tus malas intenciones. Retírate Emma, tienes cosas que hacer. –Le obsequió una sonrisa suave y le hizo una seña con las manos para que saliera; la reina tenía un par de días cubiertos, en los que Emma no podría procrastinar y aunque no le agradaba la idea de que quien la mantendría ocupada fuera Aurora ni las repentinas razones de Midas, debería aceptar las situaciones que se le habían presentado.
La señora Potts, así mismo estaba horrorizada al no poder acompañar a la joven, ciertamente ni siquiera ella comprendía por qué había elegido como escolta a la única persona en el palacio –aparte de ella misma- que le producía una constante oscilación anímica… sin embargo estaba acostumbrándose a no entender qué era lo que sucedía en la mente de Emma, podía sentirla, más descifrarla era un asunto completamente distinto y tampoco obtendría una respuesta con preguntarlo; Emma era una persona hermética con sus emociones y no se podía quejar: ella era igual.
La Joven no tardó en estar lista, con su cabello recogido en una trenza que le cubría la espalda; su traje de montar negro la hacía parecer un miembro más de la guardia real y bajo brazo llevaba el bolso de cuero con sus documentos. Sentada en el diván de la biblioteca esperaba que la reina terminara el documento que le informaría a Aurora el propósito de su llegada, le parecía un requisito que excedía el protocolo, más no la cuestionaría cuando estaba por realizar su primer salida sola.
-Bien, cariño, todo listo. Recuerda escribir si sientes que algo no anda bien, si no puedes escribir, que Graham te saque de ahí, en el sur hay seres distintos, no los mires como si fueran cosas extrañas, es grosero y…
-Regina, lo tengo bajo control, confía en mí, de verdad, lo haré rápido, preparé las preguntas que le haré a Aurora y tendré todo terminado antes de que te des cuenta.
-Muy bien.- Su voz surgió suavemente y ambas se obsequiaron una sonrisa antes de fundirse en un abrazo.-Sólo serán unos días.
-Lo serán. –Prometió ciñéndola con más fuerza antes de soltarla.
-Listo, su majestad. –Graham llamó con cautela y se aproximó a la princesa entregándole una espada de oro.
-¿Para mí?
-Oh… si cariño, necesitas una espada de verdad y la vas a tener a tu regreso, esta es de tu padre, fue recuperada cuando hicimos el viaje de reconocimiento al templo en el que tus padres convirtieron a medusa en piedra; era hierro antes de que el Rey Midas la tocara.
Emma la observó por un instante y se preguntó si habría más cosas de sus padres que la reina mantendría a la espera de convertirse en un obsequio oportuno y agradecida trabó las hebillas del cintillo con agilidad a su cintura y estuvieron listos para el viaje.
La Joven conocía bien el sendero que guiaba al camino del sur, repleto de altos árboles y con caminos marcados por aldeas; el comercio permitía que todos los reinos del bosque encantado se comunicaran y por las tierras de la reina Regina, los caminos eran amplios y seguros; sin embargo, con el paso de las horas, el sendero claro se empezó a estrechar, hasta convertirse en un camino de hierba corta y arbustos bajos, las montañas altas empezaron a parecer montes y luego colinas bajas floridas y llenas de lagos.
-¿Ya vamos a llegar? –Los libros no la preparaban para la cálida humedad y las picaduras de insectos.
-No, princesa, no imagino a la Reina Aurora viviendo en los Pantanos del Sur, pero es necesario atravesarlos, mantenga firme a su Yegua.
-Chip dice que Rocinante es mejor que Dragón.
-El joven no está siendo justo, su Yegua es joven y no conoce el mundo, Rocinante es mejor que cualquier corcel, a menos claro que de un paseo en la bestia alada de la señorita Megara; y aun así, Rocinante tiene mejor actitud y apenas se encuentra en sus primeros cincuenta años.
-Creo que Dragón extraña a Rocinante, es la primera vez que salimos sin la Reina, él es un buen guía.
-Usted es más tonta de lo que creí su piensa que su yegua necesita a Rocinante de guía, la Reina consiguió a su Dragón de una familia de corceles indomables, la primera color oro en su generación, nieta de "Spirit", lo que Dragón necesita es un jinete aventurero.
-Yo soy un jinete aventurero, me iban a enviar con magia al palacio de Aurora.
-Princesa, usted es la única en todos los reinos que elegiría por voluntad propia un viaje al sur a caballo, estoy de acuerdo en que Dragón está destinado a usted.
-Creo que me llamó tonta, pero lo tomaré como un cumplido. –Sonrió. -¿Qué tan lejos estamos del palacio de Maléfica?
-A cinco días. –Respondió apuntando hacia el sureste. –Debe seguir por los pantanos, realmente sencillo llegar, únicamente debe seguir el sendero carbonizado hasta el árbol que aún arde, cuenta la historia que cuando se rompió el hechizo de sueño eterno de la entonces princesa Aurora, esta le gritó que la odiaba con toda su alma y el corazón de Maléfica se rompió y empezó a arder dentro de su pecho; esto le causó gran dolor y furia, se cree que para mostrarle a Aurora que siempre podría volver a ella, regresó a su palacio caminando, dejando a su paso el sendero carbonizado y al llegar a su pequeño reino, sacó los pedazos de su corazón en llamas y los lanzó en el hueco del árbol que aún arde, nadie se puede acercar.
-Eso no está en el libro…
-Crecí en el bosque, no fui educado de la misma forma que usted y déjeme decirle que hay muchas cosas que no vienen en los libros. – Graham la miró a los ojos y Emma sintió cómo su corazón se congelaba por un instante… ¿Era posible que hubiera personas como ella y los libros prescindieran la información? Chicas que soñaban con ser guerreras y se negaban a su destino… Chicas con sentimientos por una reina.
-¿Cómo qué cosas? –Preguntó con la mirada baja; el sol estaba en lo alto y por el fango no podían avanzar tan rápido como deseaban sin embargo esa velocidad se prestaba para la conversación.
-¿Tiene algo en mente, princesa?
-Supongo que lo que quiero saber es si ha habido princesas como yo… diferentes.
-Ha habido todo tipo de princesas, su alteza, todas diferentes unas de otras, por lo que se, los libros solo se centran en su reinado, puedo apostar que cuando usted muera, sólo dirán… veamos, que fue educada bajo la tutela de su majestad la reina Regina, tomó posesión del trono a los… ¿21? Reinó por ochenta años y el Bosque Encantado nunca fue tan próspero; los escribanos tienden a omitir cosas como "Extraño gusto por los pantalones de montar; prefería morir que usar un vestido" o "Subía los codos a la mesa", "disfrutaba de hacer viajes increíblemente largos por los pantanos del sur cuando el sol estaba en lo más alto" o "Murió a los ciento veinte años tratando de vencer al jefe de su guardia real en un duelo de espadas".- Emma no pudo evitar estallar en risas y lanzarle a la cabeza unas vallas que crecían en los arbustos bajos por los que pasaban.
-¡No hay forma de que esa sea mi muerte! –Se quejó sonriente.
-De cualquier forma, lo que trato de decir es que nunca conocerá realmente la vida de los reyes y princesas por medio de los libros, necesita viajar y escuchar las historias de la gente de los pueblos.
-Regina nunca me dejaría viajar.
-Bueno, su alteza, yo no opino lo mismo, por algo le dio esa bestia para montar.
Emma bajó la mirada por la dorada melena de Dragón y acarició el lomo de su compañera, momentos atrás no había imaginado la fuerza y el gran significado que este tendría, tal vez Graham tenía razón y lo único que necesitaba era un jinete decidido…
-Regina, en serio necesitas dejar de aparecer así. –Pidió Maléfica al dejar caer la copa de vino en su mano, La Reina estaba a la mitad de sus habitaciones sin la mínima pizca de gracia o elegancia.
-No es una situación sustentable por más tiempo, la niña empieza a tener deseos… que no me apetece que comparta. –Explicó al recuperar mágicamente la copa de vidrio que acababa de romper con su llegada.
-Querida, es en lo único en lo que trabajo.
-No quiero sentirla, no quiero, NO DEBO.
-Toma asiento, te traeré unas galletas.
-Quiero una copa de vino. –Solicitó con seriedad
-Te traeré galletas, me contarás y posteriormente consideraremos la bebida.
Regina tenía años sin beber una sola gota de alcohol, sin importar lo difícil que hubiera sido el día, sin importar el problema con el que estuviera lidiando y ahí la tenía, frente a ella llenando su boca de galletas de mantequilla mientras trataba de hacer desaparecer su sentir, sus recuerdos, narrando con escalofríos lo sucedido y explicaba una y otra vez su necesidad de ser separada de Emma.
-No sabemos qué tipo de persona eres si no estás unida a Emma, no eres mortal, ni siquiera estamos seguros de que puedas sentir algo en lo absoluto, ¿En serio quieres convertirte en un ser inmortal que no es capaz de sentir nada? ¿Cuándo fue la última vez que comiste algo?
-Soluciónalo, soluciónalo antes de que empiece a pensar que debí haberla dejado morir y después morir con ella. Puedo con su adolescencia, puedo con todas sus intensas emociones, pero no hay forma de que viva otra noche como esa. No puedo soportarlo, sacaré el corazón de mi pecho y morirá y yo me volveré completamente loca.
-Estoy segura de que estás exagerando, es una niña, no sabe lo que es el amor, no sabe lo que es el deseo.
-Ella lo sabe, lo sabe, tienes que creerme.
-¿Has tratado de descubrir quién le produce esas emociones?
-Inició ayer, todo esto inició ayer y no es cómo que haya estado detrás de ella todo el día.
-Volvemos a lo mismo de hace unos años, Regina, ¿Qué sucedió ayer? ¿Le diste un caballo nuevo? ¿Le hiciste ver que el reino le pertenece? ¿Qué cambió? Piensa.
-Recibí una carta inesperada de Midas, una MUY extraña si me permites decirte; tu sabes que Emma ha pasado los últimos años reescribiendo las leyes bajo mi supervisión, realmente no me necesita sin embargo es una niña y hay que verificar lo que haga. Sin mencionar que no quiero que en uno de sus tratados entregue el reino a Cenicienta… Emma tiene la iniciativa de un monarca loco… El punto es que en este momento está en el palacio de Aurora, Midas consideró pertinente el tiempo para modificar el tratado de impuestos, debe contener el testimonio con sus razones sin mencionar que debe ser transcrito y anexar oficialmente el método de acción pasiva de Emma…
-Ahí lo tienes.
-¿Qué?
-¿Aún no has aprendido? Desde que están unidas, cada que tienes un voto de confianza en ella, crece, descubre cosas; no creo que tengas que preocuparte.
-¿No me has escuchado? No quiero volver a sentirla.
-No creo que lo digas en serio.
-¿A caso estás enferma? Emma tiene derecho de sentir sin atormentar a nadie.
-Estas sintiendo el mundo por medio de ella, si supiera que te atormente sería más cuidadosa con sus actos, es por eso que has decidido guardar el secreto, ¿Recuerdas? Yo no lo apruebo, pero son tus decisiones; cuando vuelva puedes realizar una intervención, hacerle saber la realidad. Tú sacrificaste tu mortalidad por ella, lo hiciste, así que te sugiero que empieces a lidiar con los sentimientos de Emma y dejes de portarte como una cobarde, no puedes ir por la vida decidiendo dejar de sacrificarte por ella cada que no te gusta lo que siente, claro que no siempre te va a gustar.
-Si bueno, ese es el problema, Maléfica, ¿Cómo no me va a gustar sentir de forma tan intensa el mundo? Es como si todo tuviera más sentido o como si al fin tuviera sentido, puedo sentir que soy buena sin dejar de ser fuerte. El asunto es que se trata de Emma.
Maléfica se aproximó a ella y de la mano la guio hasta su escritorio, forzándola a tomar asiento y enseguida sacó un par de cuadernos.
-No sé qué es lo que salió mal en el hechizo, tal vez es porque Emma era muy pequeña, sin embargo hay tres casos registrados de mortalidad transferida y los tres coinciden en algo: Ambas partes pueden sentir lo que la otra experimenta. Es por eso que es probable que la inmortalidad te haya dejado incapaz de sentir por ti misma, sólo puedes sentir atreves de Emma.
-No lo creo, Maléfica, yo siento, yo estoy sintiendo angustia y desesperación en este momento, estoy consternada, abrumada… Emma en este momento siente frustración, tal vez Aurora no está cooperando… Ser yo es como tener dos personas en mi cuerpo.
-Tal vez lo que tu sientes es una reacción aprendida… tal vez tu no sientes por ti misma sino de la forma que ella reaccionaría al sentir eso.
-No puedes decirme que perdí mi capacidad de sentir.
-¿Cuándo fue la última vez que comiste?
-…No sé.
-¿tres días? ¿Una semana? ¿Un mes?... ¿Seis meses?
-Tal vez no como nada desde la cena de invierno hace ocho meses.
-¿Tal vez?
-No he comido nada desde la cena de invierno hace ocho meses; No tiene caso, no necesito comer.
-Tal vez deberías hacerlo por hábito, vas a terminar convirtiéndote en una piedra inmortal si no haces que tu cuerpo trabaje.
-Mi corazón trabaja.
-Solo porque está conectado al de Emma.
-¿No me vas a separar de ella, cierto?
-No lo haré. –Afirmó haciendo aparecer un plato con carne y vegetales. –En primer lugar porque no tengo ni idea cómo, y en segundo no me voy a arriesgar hasta no saber por qué Emma no puede sentirte, no hicimos nada mal en el hechizo.
-Deberías hacerme dormir por siempre, todo sería más sencillo.
-Si crees que el mundo de los sueños es un lugar sencillo estaré encantada de enviarte unos minutos sólo para poner en perspectiva tu definición de sufrimiento; de cualquier forma ¿Por qué no acompañaste a Emma con… ya sabes?
Regina fingió no haber escuchado la primera parte y de forma despreocupada argumentó.-Midas dijo que Emma debería desplazarse al palacio de Aurora porque no iba a cooperar en ese aspecto nuevamente, solo se requiere el testimonio y la transcripción, mi princesa está segura de poder hacerlo todo en 4 días, tu niña no me quiere en su reino y lo sabes. De haber sabido que el voto de confianza despertaría en Emma sensaciones de adulto la habría dejado en una torre desde que la encontré.
-Claro porque eso funcionó muy bien para Rapunzel.
Regina le obsequió una sonrisa suave y mordió un esparrago. –Emma va a ser una reina, sólo que no lo sabe aún.
-No puedo creer que Midas la enviara a modificar el documento que casi le cuesta la vida, está por demás, no debiste permitirlo
-Emma es fuerte, es increíblemente fuerte e inteligente y confío en ella para hacerlo.
-Yo sé, tú confías en Emma para hacer cualquier cosa, nos lo has dejado claro a todos desde el momento que la pusiste a cargo del palacio cuando tenía… ¿Qué? ¿Ocho meses?
-No sé su edad exacta, pudo haber tenido un año. –Se defendió y Maléfica dejó salir una fuerte carcajada.
-Oh querida…, el punto es que nos queda muy claro que confías en ella incondicionalmente, la única que no lo sabe es la misma princesa, lo cual es curioso, ya sabes, para ser alguien con quien compartes corazón es bastante despistada. Sin embargo yo creo que cualquiera pudo haber hecho ese trabajo, Midas tiene más escribanos y te voy a dar la razón en el hecho de que Emma es la persona favorita del bosque encantado pero no es la persona favorita de Aurora.
-¿Qué estás diciendo?
-Midas quería a Emma en el palacio de Aurora sin ti o Aurora quería a Emma sin ti.
-Eso no puede ser, nadie me haría eso, si quieren verla sólo deben pedirlo.
-¿Todos?
Chip estaba en lo cierto al afirmar que Dragón no igualaba en majestuosidad a Rocinante, Dragón era una yegua nerviosa y un tanto aturdida, era la primera vez que salían de viaje sin compañía, sin embargo la aventura era algo emocionante, un viaje al sur era algo que no habían tenido la oportunidad de hacer y la nieta de Spirit estaba a la altura de la travesía, todo era diferente, el clima, los árboles, los lagos, los ríos, los animales y las criaturas, nada se igualaba a la magia del sur; era casi una lástima que Aurora reinara sobre toda esa belleza, sobre todo conociendo su tendencias hacia la violencia y poca tolerancia a la magia; llegaron antes del alba a su destino: el que podía ser el palacio más lujoso que hubiera visto jamás. No era como que Emma se pudiera considerar a sí misma una experta en palacios, sin embargo conocía el de Midas, completamente hecho de oro y no se acercaba al excesivo uso de piedras preciosas en las puertas y los pisos de mármol.
Ambos caminaron hasta la entrada, dónde un guardia en una cota de malla cobriza anunció su llegada; el interior del palacio era aún más lujoso, los vitrales parecían moverse con la luz del sol y los altos techos estaban pintados con paisajes, hadas y animales que nunca antes había visto, era evidente ahora, al menos ante sus ojos, el que Aurora hubiera necesitado aumentar los tributos para sostener ese estilo de vida.
-Princesa Emma, la Reina Aurora la verá ahora, sígame. –Una mujer de pelo grisáceo y vestido púrpura los recibió con la frialdad de alguien que tiene mejores cosas que hacer y con un caminar recto, desapareció entre pasillos.
-Creo que hay que seguirla. –Afirmó la joven caminando de prisa.
-Es Lady Temaine, su alteza. –Graham le hizo saber utilizando un tono suave.
-Con más razón hay que seguirla. –El entusiasmo en su voz era palpable mientras caminaba de prisa.
-Su alteza la princesa Emma. –Anunció de forma breve al abrir la puerta y dejarla pasar acompañada del jefe de la guardia real.
-Buen día, Reina Aurora. –Saludó con cortesía fugaz y en seguida se quedó pasmada al observar que la reina no se encontraba sola, Midas descansaba sobre una silla alta de oro, Bella estaba de pie con un libro en sus manos y Megara bebía de una copa mientras Felipe abrazaba a Aurora y hubiera apreciado sus rostros a no ser que casi al instante sintió cómo chocaba contra ella en un abrazo el cuerpo de una emotiva mujer.
-Emma, no puedo creer que seas tú. –Blancanieves lloraba y cuando la joven princesa trató de volver la vista hacia el jefe de la guardia real, se encontró con que este se hallaba de rodillas en una completa reverencia.
