Hola a Todos! Traigo el capítulo del Viernes extra temprano porque tengo un compromiso toda la tarde de hoy entonces me levante antes, quienes me conocen saben que levantarme temprano es algo que no hago porque lo considero malo para la salud (jajajaja).
Bueno, para quienes quieren asesinar a Aurora les pido paciencia, ella es el menor de nuestros problemas :)
Espero que disfruten las razones de la reina
Capítulo 15:
Las razones de la reina.
Regina se juró a si misma mientras guardaba sus pociones en el cofre, que nunca nadie la vería llorar del modo que lo estaba haciendo; las lágrimas salían de sus ojos de forma tan inminente que por momentos tenía que detenerse o temía acabar acomodando las escamas de ente junto a los lirios solares y todos sabían cómo podía acabar una mezcla de ese tipo.
Era como si el dolor de su corazón le oprimiera el pecho y cayó al suelo antes de siquiera poder llegar a la cama, hecha un ovillo con una sola pregunta en la mente "¿Por qué duele tanto?" tenía bien claro que un día Blancanieves regresaría, pero también sabía que no la iba a entregar, Emma le pertenecía y nadie se la podría quitar jamás porque era su venganza, no había nada más valioso para ella que saber que había arruinado a Blancaieves al quitarle el privilegio de estar con semejante ser humano… y sin embargo no era así, no era para nada así y ella lo sabía, lo había sabido desde el inicio, desde que había dado la vuelta al escuchar su llanto y la había recogido del suelo como si fuera nada, sabía que se trataba de alguien especial, sabía que no le importaba a quien había pertenecido porque esa persona era suficiente por si misma.
Le dolía el regreso de Blancanieves porque había arruinado su mundo utópico, era consciente de que su felicidad era temporal, nadie abandonaría a Emma mucho menos su madre y aún así se encontraba odiándola más que nunca por haber vuelto, porque Emma era de ella, tenían una vida perfecta que había arruinado… Por eso estaba sorprendida de que en vez de luchar, en vez de levantarse y hablar por su corazón hubiera entregado su trabajo de los últimos veinticuatro años, el reino que había hecho crecer y prosperar… lo había entregado en manos de la mujer que le había quitado a su primer amor y que ahora volvía para quitarle a Emma…
Sus acciones no tenían sentido y a la vez parecía lo correcto, ella no quería el reino, no lo quería si estaba Blancanieves cerca, no quería estar cerca de la realeza, no quería estar cerca de Emma y al mismo tiempo ansiaba tanto poder abrazarla, pedirle perdón por desaparecer de forma tan abrupta y explicarle que lo había hecho por su bien, porque no quería que sus padres se escandalizaran al ver que interactuaban de forma tan natural, con tanto amor y estima.
Se percató de que no había forma de que la Reina Malvada volviera, era demasiado tarde para eso porque era una mujer diferente, fuerte e independiente que podría salir adelante por si misma, no necesitaba un palacio, no necesitaba guardia real y tampoco doscientas personas a su servicio...
Era una mujer poderosa que lloraba tendida en el suelo de forma escandalosa como si le estuvieran sacando el corazón.
Regina se juró a si misma que nunca nadie la vería llorar de ese modo y fue por eso que cuando la puerta de su habitación se abrió sin avisar, sintió que su corazón se saltó un latido y con genuino temor se incorporó en un salto.
-Creí haber dejado claro que todos debían estar en el palacio de verano, con Blancanieves. –Su voz estaba completamente quebrada y su maquillaje se extendía en líneas negras y acuosas que pintaban sus mejillas.
-Lo siento su majestad, Chip y yo nos vamos a quedar con usted, lo estuvimos hablando y… yo no sé nada de Blancanieves, debe ser maravillosa si le está entregando el reino así nada más y le está regresando a su hija, pero… bueno ahora que Emma está con su madre, supongo que ya no necesita de mis cuidados y yo le he jurado lealtad a usted así que por favor, permítame quedarme. Mi hijo y yo ayudaremos, la vamos a seguir a dónde sea.
-Emma… -Dijo y al pronunciar su nombre sintió cómo se quebraba su voz nuevamente. –Ella los necesita, aún no conoce bien a sus padres, usted la crio.
-Exacto, yo la crie, se perfectamente de lo que es capaz, le vamos a hacer falta y va a estar asustada, pero quien nos necesita es usted, con todo respeto, su majestad. –Dijo con cautela mientras se aproximaba a la reina, la ayudaba a levantarse y con cuidado limpiaba su rostro. –Chip está afuera, esperando que usted nos de alguna orden, ¿Sabe a dónde vamos a ir?- La señora inquirió con ternura y la reina de forma extraña encontró consuelo, necesitaba de alguien en ese momento y aunque no lo admitiría ni en sus pensamientos, se sentía aliviada de no estar completamente sola.
-¡Regina! Por todos los magos, ¿Estás loca? –Inquirió Maléfica al ver la nube purpura desvanecerse en su habitación. –Tengo cuatro días esperando que aparezcas por aquí, ¿En serio le entregaste todo tu reino? ¿Entregaste a tu princesa? ¿Entregaste… todo?
-Lo hice. –Respondió de forma taciturna mientras caminaba hasta la cama y se recostaba. Maléfica no la había visto así jamás, usaba el pelo suelto debajo de los hombros, un traje de montar marrón y botas sin tacón; su cara no llevaba maquillaje y al observarla hundirse en las cobijas, no pudo evitar sentir que tenía nada más y nada menos que a una jovencita con el corazón roto en plena crisis existencial a la espera de una epifanía.
-¿Vas a quedarte aquí?
-Por supuesto que no, solo hay una mujer con la que puedo vivir y no eres Emma, la señora Potts y Chip están arreglando mi nuevo hogar y decidí que podía venir aquí en vez de observar cómo trataban de acomodar mis cosas en una casa… nunca he vivido en una casa pero esa es buena, es perfecta.
-No tienes por qué vivir así, eres una reina, lo has sido por más de dos décadas, te mereces algo de respeto.
Regina ignoró por completo sus palabras y sacó la cabeza de entre las cobijas, manteniendo cerrados los ojos. -Blancanieves trató de matarme… Me clavó una daga de caza en el estómago, me miró a los ojos y lo hizo, es la primera vez que permito que me ataquen desde que soy inmortal y una parte de mi lo hizo porque quería saber si Emma sería capaz de sentir mi dolor… por esta conexión que tenemos, pero ella sólo temía por mi vida; la herida no tardó en sanar y me hice desaparecer, no creo poder verla de nuevo, es decir, ya no tengo por qué verla, ella es hija de Blancanieves.
-Es lo más estúpido que has dicho, tu amas a esa niña, diste todo por ella, una y otra vez no dejas de renunciar a cosas, no te puedes excusar con "llegó su madre, ya no tengo nada que ver con ella", haces que su corazón lata, literalmente la mantienes viva y ella no lo sabe y observarás como disfruta de tu mortalidad mientras te quedas atrapada aquí, para siempre, creo que no has asimilado realmente lo que significa "para siempre" no importa que hagas, nada te puede matar, ahora tienes a Emma, pero cuando ella se haya ido, los días empezarán a transcurrir diferente, el día y la noche no importarán más. Deberías quedarte en el palacio así puedo observarte y ver si hay un modo de conseguirte una forma de morir.
-Increíble que sea lo más amable que me hayan dicho en mucho tiempo… pero no gracias, tengo una casa, si quieres encontrar una forma de matarme tendrás que hacerlo durante mis visitas.
-Espero que me visites seguido, querida. –Pasó su mano por entre el cabello de Regina y la miró fijamente, sus ojos negros, el fino contorno de su nariz y la cicatriz en el labio superior... –Es Increíble, te vez incluso más joven que cuándo te hice inmortal… han pasado casi diez años y haces que la inmortalidad parezca algo tentador.
-¿Me estoy volviendo joven? Eso sería bastante desagradable, ya tuve una pubertad, estoy viviendo la de Emma y no quiero una tercera.
-No, eres inmortal, no hay envejecimiento ni rejuvenecimiento, sin embargo el cuerpo mortal tiene muchas fallas, la piel empieza a arrugarse y los órganos a fallar entonces mejora antes de volverse inmune al cambio; estamos atrapados con la mejor versión de ti; ¿Cuántos años tenías cuando sucedió?
-Esa es una pregunta grosera.
-Eres demasiado sensible para ser inmortal… ¿Sensible? –Se preguntó mientras se ponía de pie y salía a toda velocidad de sus habitaciones ocasionando que Regina se incorporara confundida.
-No es correcto dejar a la visita así… -Pero Maléfica ya no la escuchaba, salió de entre las cobijas y la siguió por el pasillo hasta la biblioteca. Tenía todo el tiempo del mundo y daba igual si se hacía aparecer o si caminaba. -¿Descubriste algo? –Quiso saber.
-Eres sensible.
-¿Disculpa? –Inquirió ofendida.
-¡Lo ves! ¡Eres sensible!
-¡Por Merlin! Deja de decir eso, tú eres irritante, Maléfica.
-Muy bien. –Expresó sacando un pergamino antiguo en un fuerte tono sepia. –Me alegro de informarte que tienes sentimientos propios; acabo de entenderlo, si no los tuvieras, no habrías dejado ir a Emma, porque claramente la niña no quería volver con sus padres y tú puedes sentirlo, pero elegiste tus sentimientos sobre los de ella.
-¿Ah? ¿Estás llamándome egoísta?
-Estoy llamándote una persona con sentimientos propios; yo creía que habías perdido tu capacidad de sentir y que estabas sintiendo a través de Emma, pero no; sigues ahí, lo que significa que tu transición de ser mortal a inmortal es exactamente igual a la de los otros casos registrados, lo cual es un alivio, tengo mucho tiempo sintiendo que hice todo mal.
-¿Y qué significa eso? ¿Sabes como separarnos?
-Oh no, de hecho, aún puedes encontrarlos por ahí si los buscas, obviamente solos por que las personas por las que dieron su mortalidad están muertas hace siglos; la única diferencia es que eres la primera mujer lo cual no debe tener absolutamente nada que ver pero sí el hecho de que eres la primer persona que no lo hace por un amante.
-¿Utilizaste un hechizo de amantes para mantener viva a Emma?
-Funcionó, es lo único que importa en este momento. Los amantes quedan unidos de una forma increíblemente intensa y son capaces de sentir plenamente lo que hace el otro, saber si está en peligro, saber si está sufiendo… todo.
-Eso es lo que yo siento.
-Así es. Pero Emma no puede sentir lo que tu, o al menos no ha demostrado tener ese vínculo contigo.
-Eso es bueno, así debe ser, ella no tiene por qué estar sufriendo.
-Es que es extraño, Regina, no es opcional. Tienes tus sentimientos y los de Emma, vives con eso, si no encontramos la forma de que sea mutuo, cuando ella muera, una parte de ti va a morir con ella, la única parte que puede morir y te vas a quedar sola con tus sentimientos, Emma necesita ayudarte con los tuyos, así como tú la ayudas con los de ella.
-No va a pasar eso, soy muy feliz sin que esté metida en mi cabeza, además no creo que pueda soportar todo lo que no digo.
-Es mucho más fuerte de lo que piensas, y tiene mucho amor hacia ti, lo haría sin pensarlo.
-Ni siquiera sabes de qué forma podemos estar conectadas, ni siquiera sabes qué hiciste mal en primer lugar.
-El problema es que no hice nada mal, he revisado todo miles de veces, paso por paso. –Le explicó mostrándole un cuaderno con hojas membretadas en runas. -Tal vez eres tú misma la que está bloqueando a Emma, el mismo desconocimiento de la situación la tiene en un estado utópico de ignorancia.
-¿Dime por qué sería buena idea sacarla de eso?
-Pues porque ella es tu lado bueno… ¿Qué tal si al morir enloqueces?
-No me agrada que lo único de lo que podamos hablar sea de cómo matarme o de cuándo va a morir Emma. ¿Podríamos dejar esto de lado por un tiempo? Esperar… no sé a que Emma sea una adorable anciana guerrera que nunca quiso ser reina y vive en las copas de los árboles.
Maléfica le obsequió una sonrisa y soltó el cuaderno, el pergamino y el libro que estaba por abrir. –Claro, claro que podemos hacer eso; no hay prisa. ¿Quieres un té?
-Quiero una copa de vino. Por favor. –Solicitó sentándose pesadamente en el diván.
Era impresionante para Emma observar la devoción de las personas del servicio hacia su madre y su padre, todos parecían completamente maravillados con el cambio de monarca; las habitaciones en el palacio de verano eran increíblemente amplias, luminosas y ajenas a ella pero nadie parecía triste, nadie más que ella.
-¿Todo en orden, Emma? –David quiso saber al observarla desayunando en la cocina con Lucifer en las piernas.
-Todo en orden, señor, ¿Necesita algo?
-No, pero has estado muy callada los últimos dos días, tú madre realmente siente mucho haberte hecho sentir mal.
-Yo la hice sentir mal… crecí sabiendo que Regina era su enemiga, es completamente cuerdo que no puedan concebir el hecho de que mi vida haya sido buena mientras no estaban, más por todo lo que sufrieron. Me disculparé con mi madre.
-No es necesario.
-Pero lo haré. Me siento… sola. –Admitió casi avergonzada. -Y si ustedes están molestos conmigo no sé qué tipo de vida voy a llevar aquí. Regina envió a todo el servicio menos a la mujer que me crio y mi mejor amigo.
-¿Te gustaría que fuéramos a buscarlos?
-Hay muchas cosas que me gustarían y eso no está en la lista de mis prioridades por el momento.
-Es una prioridad si te preocupa que los lastime.
Emma soltó una risa suave antes de darse cuenta que su padre no bromeaba… -Oh... no, eso no me preocupa. –Debía portarse a la altura y dejando con cuidado a Lucifer en el suelo salió de la cocina con una reverencia.
Blancanieves estaba en los jardines, los cuales a diferencia de en los que había crecido, estos estaban llenos de flores, no frutas y su madre admiraba encantada los rosales que de forma admirable florecían hasta su punto máximo; era el momento oportuno, debía disculparse, acoplarse a su nueva vida la cual por más incómoda e inadecuada que se sintiera, parecía no tener retorno, Regina la había preparado para eso, era su propia necedad la que no le permitía dejar de usar el traje de montar negro, aferrándose a su pasado.
-Son las rosas rojas más hermosas que he visto, su majestad. –el jardinero le hizo saber a Blancanieves y fue hasta que Emma estuvo bien cerca que se pudo dar cuenta de que su madre no estaba sola.
-Lo son, ¿No es así? Es una de las pocas cosas que le puedo reconocer a Regina. –La voz de su madre era dulce y se mantuvo escondida tras los rosales, sabía que escuchar conversaciones ajenas estaba mal pero había mencionado a la reina. –Mantuvo estos jardines tal y como mi madre los dejó, ella amaba las rosas y mi padre le obsequió este palacio, ¿En serio nunca trató de posesionarse de él?–Le preguntó al hombre que podaba la hierba que crecía de forma irregular alrededor.
-No su majestad, la reina Regina nunca tuvo el mínimo interés en este palacio, pero el jardín en el palacio Real es asombroso, hace unos años le hice la sugerencia de volverlo frutal y le pareció una idea fabulosa, me permitió contratar a toda mi familia y estuvimos trabajando en eso por casi seis años.
-¿Qué le pasó a tu familia después?
-¿A qué se refiere?
-Cuándo terminaron de trabajar en los jardines para Regina. –Blancanieves sonaba preocupada.
-Ohh, la reina nos pagó bastante bien, tenemos nuestras propias tierras y trabajamos en la importación de grano.
-¿Cómo dice?
-Mis hijos se encargan de eso, yo ya soy muy viejo y los jardines son lo mío… siempre lo han sido, pero la reina Regina tiene un tratado de importación y exportación bastante conveniente que apoya económicamente a los agricultores permitiéndonos invertir y ahorrar para nuestra vejez. Al inicio todo era a base de documentos imprecisos pero su hija Emma realmente es un genio para eso y formula unos contratos y leyes que muchas veces hicieron enojar a la reina porque eran más convenientes para el pueblo que para la realeza, su hija se hizo cargo muy bien de nosotros en su ausencia.
-Sí… he escuchado que es la favorita.
-Lo es. –El hombre rió melódicamente. –Al inicio no teníamos idea de quién era la criatura con quien cargaba la reina para todos lados, había todo tipo de rumores, unos pensaban que era una hada, otros que era un diablillo y sólo los que trabajábamos para la reina conocíamos que era una niña ordinaria… aunque nos costó mucho trabajo tenerle cariño, con todo respeto su majestad, pero la era increíblemente traviesa y escandalosa, siempre estaba molestando a todos en el palacio, una vez persiguió al gato y destrozó la planta baja… O esa vez que la niña se escapó y casi murió congelada; sin mencionar que hace unos años su ejército la atacó con una flecha y durante meses no pudimos saber nada de ella por lo grave que estuvo. No sé quién ha tenido más difícil ganarse al bosque encantado, si la reina o la princesa Emma pero al final ambas lo hicieron y han gobernado juntas de un modo nunca antes visto.
Blancanieves no supo bien cómo tomar las palabras del hombre, se sentía nuevamente atacada, le costaba trabajo volver a un reino en el que no solo ya nadie le temía a la mujer que la había perseguido a muerte durante sus años de juventud, sino que ahora le tenían respeto y una especie de devoción.
-Estoy segura de que la reina malvada sigue debajo de esa fachada amable.
El jardinero pudo ver la seriedad en las palabras de Blancanieves y así como Emma, pudo comprender que en la mujer, el paso de los años y las nuevas circunstancias no tenían validez, el rencor hacia la reina seguía presente.
-Usted tiene razón su majestad. –Concluyó y con una reverencia se retiró.
Emma trataba de entender a sus padres, su sufrimiento y angustia, tantos años lejos de casa… ¿Qué podía haber dolido tanto que no pudieran simplemente agradecer el volver y recuperar todo lo que habían perdido? ¿Por qué tanto rencor? Ellos eran héroes.
-¿Madre? –Inquirió con suavidad mientras se le acercaba. -¿Son los rosales de tu historia?
-Oh… Emma… Hola cariño ¿Mi historia?
-Tu historia cuenta que la reina Eva deseaba una hija mientras admiraba sus rosales y distraídamente se pinchó el dedo dejando caer una gota de sangre sobre la nieve, por lo que deseó que fueras blanca como la nieve, con los labios rojos como la sangre y con el pelo negro como la noche... y te llamaría Blancanieves. Realmente es la mejor historia que había escuchado, hasta que supe que nací en una ciudad de lobos en una noche de invierno, eso le gana a cualquiera.
La mujer no pudo evitar sonreír y la invitó a sentarse a su lado. -¿Así que conoces mi historia?
-Me gustaba pensar que sabía todo sobre ustedes, por eso los reconocí cuando los vi.
-Supongo que debo agradecerle eso a Regina.
-¿Habría sido mejor que me ocultara quién era yo? ¿O que no me hubiera recogido cuando me encontró en el suelo del bosque? –Quiso saber la joven sin mirarla fijamente.
-Por momentos pienso que si… No me gusta estar en deuda con ella.
-No estás en deuda con ella.
-Eres muy inteligente, Emma, ponte a pensarlo, claramente nos está ocultando algo, nadie renuncia a todo sólo por que sí.
-¿Piensas que algo anda mal y por eso cedió el poder? –La joven conocía a la perfección lo que sucedía en el reino, no había nada malo en él, no había ninguna razón válida para que la reina entregara todo. –No tengo conocimiento de ninguna anomalía, te prometo que revisaré, te prometo eso.
-Eres muy joven para tener tanto trabajo, deberías estar estudiando, o con un pasatiempo.
-¿Un pasatiempo?
-Claro… ¿Qué es lo que más te gusta hacer?
-Me encanata montar a caballo y las peleas de espadas; mi sueño era convertirme en jefe de la guardia real porque no hay forma de que yo sea reina… es decir… obviamente me encantará sumir cualquier papel que me corresponda. –Declaró. –Se poner botones.
Blancanieves no pudo evitar estallar en risas y poner su brazo alrededor de ella, aún no sabía si estaba lista para recibir un abrazo pero lo ansiaba. –Vas a ser una reina asombrosa Emma, usualmente son las personas que no quieren estar en el poder las que mejor lo ejercen.
La joven princesa asintió con una sonrisa; no le diría que en su interior deseaba que con ternura afirmara que no tenía que preocuparse, que nadie jamás la obligaría a ser reina. -¿Cree que pueda retomar las clases de pelea con espada? Me haría mucha ilusión poder vencer a Graham algún día… ¿Han visto a Graham, madre?
-Puedes practicar, claro, pero no con el cazador, si quieres vencerlo debes dejar de pelear contra el, practica con tu padre.
-¿Con mi padre? –Quiso saber intrigada.
La Señora Potts cada vez estaba más convencida de que quedarse con Regina había sido la decisión correcta, era imposible sacarla de la cama, aún más hacerla comer y cuándo al fin la veía en pie era sólo para desaparecer por horas y volver completamente ebria; estaba segura de que su lugar estaba junto a Regina, sin embargo no estaba muy segura de qué era lo que debía hacer para mantenerla a salvo de si misma.
-Puedo ir a buscar a Emma, madre. –Sugirió Chip sentado a la mesa de la cocina, puedo tomar a Rocinante e ir, la reina no se dará cuenta.
-No digas cosas sin sentido, hijo, ¿Cómo va a estar así por Emma? Está así porque tuvo que entregar su reino a la legítima dueña, tú sabes que el reino era todo para ella.
-Claro madre… ¿Qué sugieres entonces?
-No lo sé, pero hay que estar preparados por si solicita algo.
-Buenas tardes. –Interrumpió Graham. Al igual que Emma, parecía ser el único guardia real que aún utilizaba negro y no sólo eso, sino que no estaba en el palacio de verano, al servicio de Blancanieves.
-Jefe. –Saludó Chip poniéndose de pie en un salto; como todo joven admiraba al imponente caballero. -¿Qué podemos hacer por usted? ¿La nueva Reina lo ha enviado? ¿Emma está bien?
-Su majestad la reina Regina me ha mandado llamar y aquí estoy.
-Por supuesto, anunciaré su llegada, por favor sígame. –Solicitó la señora Potts caminando por el recibidor hasta las escaleras de mármol y enseguida se encontró con la puerta de la habitación principal. –Disculpe el desorden, hay más cosas qué espacio en esta casa, pero pondremos más estantes, estamos trabajando en eso. –Explicó la Señora Potts ante los libros apilados junto a la entrada de la habitación. –Su majestad; el jefe de la guardia real ha venido a visitarla; ¿Desea que lo haga esperar abajo?
-Sólo haz que entre. –Se escuchó desde la cama y la mujer obedeció. –Pasa, cazador. –volvió a hablar y Graham pudo notar que la mujer entre las cobijas no era la reina que él conocía, esta era una mujer frágil, completamente rota y probablemente al borde de la locura.
-¿Me llamó?
-Lo hice. –Respondió incorporándose con lentitud y cerrando con el cintillo su bata negra de satín.
-¿Necesita…?
-No necesito nada, cazador, estoy perfectamente bien. –Graham creyó ver una suave y fugaz sonrisa en los labios de la reina quien enseguida caminó hasta un armario y sacó un cofre negro de madera. Al igual que la casa entera, la habitación de la reina tenía más objetos de los que podía contener pero parecía haber un orden en todo ese caos. –De hecho, no te necesito ni siquiera a ti; por eso te llamé; voy a regresarte tu corazón.
-¿Cómo dice?
Regina abrió la caja y al instante la luz carmesí y el sonido palpitante del corazón del cazador llenaron la oscura habitación; lo tomó en su mano y con cautela se aproximó a él. -Sentirás probablemente mucho odio hacia mí, agradecería que no intentaras matarme. –Afirmó y apretó el corazón contra su pecho hasta dejarlo nuevamente en su lugar.
-¿Por qué hizo eso? –Quiso saber y de rodillas cayó al suelo, sus ojos se inundaron de lágrimas y hecho un ovillo se dejó consumir por casi tres décadas de emociones.
Graham no supo cuánto tiempo estuvo en ese estado catatónico pero de a poco pudo sentir el suelo, su rostro inundado por lágrimas y sus brazos y piernas completamente rígidos ante el hecho de tener un corazón latiendo en su pecho; definitivamente las emociones estaban sobrevaloradas.
-De nada servirá que me disculpe pero lo haré, lo siento mucho Graham. –Dijo Regina y el Cazador supo que la reina no se refería a haberle quitado el corazón y mucho menos a habérselo regresado.
-Cientos de niños… mujeres, padres de familia; personas inocentes, no merecían la muerte que les di.
-Fui yo y yo soy quien debe cargar con la culpa, vuelve con Emma, dile que te regresé tu corazón y ella limpiará tu nombre.
-No creo sentirme cómodo alrededor de los héroes ahora, su majestad.
Regina suspiró pesadamente y se dejó caer a su lado. – ¿Sabes? Si la gente sigue eligiéndome tendremos que conseguir una casa con más habitaciones.
