Hola! Espero que estén teniendo un muy buen martes, yo traigo el capítulo 16.
Les recuerdo que el menor de nuestros problemas actualmente es Aurora.
ALGO QUE PODRÍA INTERESAR: Como el Fanfic no tiene imagen aún y yo realmente no se hacerlo, estaría encantada de adelantarle el capítulo 17 A CUALQUIERA que me envíe una para "Vínculo", para mí sería un honor.
Pueden enviarme la imagen aquí en mensaje por fanfiction o a mi twitter rebevividreams y yo les responderé al instante con el capítulo y podrán hacerme saber sus dudas.
Capítulo 16:
El cuervo mensajero.
-Soy muy viejo para que me hagas levantarme a esta hora, cielo. –La voz de David era cansada y lánguida.
-Disculpe señor, estaba terriblemente aburrida, si le incomoda la hora puedo ir a leer.
-¿Cómo te puedes aburrir tan temprano, criatura? Ni siquiera ha salido el sol.
-Tengo años levantándome antes del alba, todo el día tenía lecciones y levantarme temprano era la única forma de alcanzar a practicar con la espada.
-Muy bien, cuéntame un poco de eso, ¿Qué pensaba Regina? –A diferencia de su madre, el presentaba ocasionales arranques de curiosidad.
-Oh, ella lo odiaba, pero yo lo deseaba muchísimo; ella quería educarme para ser reina del bosque encantado; aunque la idea me parece absurda… con todo respeto, señor. Entonces dijo que si lograba vencer a Graham en un duelo consideraría dame el puesto como jefe de la guardia real.
-¿Prefieres ser una guerrera a una reina?
-Así es.
-¿Puedo saber por qué?
-Regina siempre estaba ocupada trabajando y la gente no la quiere; a mi me quiere la gente pero me parece desleal; me gustaría una vida con menos protocolo, una vida al servicio de las personas, buscar la justicia pero no ser una reina.
-Eres muy honorable, Emma, parece que Regina hizo un buen trabajo contigo. –Admitió en una suave sonrisa y Emma sintió al fin que alguien la entendía.
-Gracias señor.
-¿Lista para que te enseñe a vencer a Graham?
-Nadie puede vencer a Graham, una vez acabó con una aldea él solo.
-Oh si… lo recuerdo, yo tenía un primo en esa aldea…. Pero no es imposible vencerlo, ya lo habrías logrado si él fuera un buen maestro pero él estaba totalmente decidido a que tú no aprendieras a ganarle; yo por el contrario, te enseñaré a vencerme.
-No parece muy complicado de vencer… señor. –Declaró con la mirada baja y David sonriendo le entregó la espada envainada.
-En posición, cielo.
De todas las cosas nuevas en su vida, jamás se imaginó que estar en el suelo, sometida por su padre con la espada en la garganta fuera posible. Graham usualmente lograba derribarla sin piedad a los dos minutos, pero su padre la tenía en el suelo y apenas habían chocado sus espadas; no tenía idea de qué había sucedido.
-¿Cómo demonios hizo eso? ¿En realidad soy tan mala? –Quiso saber y por el tono de voz, David se dio cuenta de que su hija se encontraba desmoralizada.
-Oh… cielo, lo siento mucho, hagámoslo de nuevo.
-No quiero que me deje ganar, lo que quiero es aprender.
-No eres mala, Graham te enseñó a atacar y lo que yo hice, fue dejarte atacar, retirarme y enseguida aprovecharme de ti.
-Eso… eso es… eso no es valiente.
-Se llama estrategia, te gané ¿No es cierto?
La princesa asintió.
-Vamos, levántate. –Le pidió retirando la espada de su cuello y con su sonrisa encantadora le ofreció nuevamente la mano. –Tienes tu furia mal enfocada.
-Dígame algo que no sepa. -Era lo mismo que Graham le decía una y otra vez.
-Muy bien, primero quiero que te concentres en algo que te haga feliz; deja que eso te consuma; si peleas llena de odio le vas a dar ventaja a tu oponente… ¿Lista?
Emma cerró los ojos y en una respiración profunda pudo visualizar a Regina, sonriendo ante ella con un libro en las manos; no estaba segura de si era un recuerdo o si su mente quería verla de esa forma: feliz. Pero ahí estaba, tan imponente como sólo ella podía ser. –Estoy lista. –Afirmó al abrir los ojos.
-Tienes una técnica impecable así que toma la espada y escucha mi voz, pero no pierdas la concentración, te voy a informar mis movimientos antes de hacerlos así podrás darte cuenta de qué es lo que voy a hacer y podrás asociar mi voz con mi lenguaje corporal; podrás predecir mis movimientos.
-Muy bien.
-Te voy a atacar por la izquierda. –Declaró una milésima de segundo antes de que la espada callera y Emma la frenara.
-Woah…
David sonrió. -¿Fabuloso, verdad?... atacaré tu cuello. –Informó y Emma tuvo tiempo de defenderse y contraatacar por el flanco izquierdo con varios espadazos rápidos que hicieron retroceder a su padre varias veces. –Tus tobillos. –Gritó y Emma lo esquivó de un salto antes de poner la espada contra su pecho y dejarlo contra el suelo.
-¡Por Merlín! Lo siento muchísimo, ¿Está usted bien? –Declaró asustada soltando la espada de golpe y ofreciéndole una mano, pero David la observaba completamente orgulloso.
-Cielos, Emma, eres natural; ¡Hagámoslo de nuevo!
Regina miraba por la ventana de su habitación mientras su corazón emocionado palpitaba con fuerza. –Odio esto; estoy sufriendo, estoy, literalmente sufriendo y al mismo tiempo… no lo estoy.
Maléfica suspiró desde la cama con una copa de sidra, cualquier cosa que pudiera decirle era inútil, habían decidido dejar de investigar por un tiempo, abrazar esa tristeza y dejar que le consumiera el tiempo que fuera necesario para que Emma se acoplara, sin embargo era duro, sufría enormemente, sufría la ausencia de la princesa en su vida más de lo que jamás hubiera podido pensar.
Regina parecía una niña en apuros, con la frente contra el cristal y lágrimas fugaces que resbalaban por sus mejillas, hacía semanas que había dejado de preocuparse por el maquillaje y el peinado; hacía semanas que su ropa no era más que batas de satín y hacía semanas que no salía de su habitación; era por eso que Maléfica había optado por visitarle y no solo eso, sino por quedarse ahí, tal vez de forma indefinida. Sin embargo, en esos momentos en los que el corazón de Emma era feliz y el de ella miserable, no tenía otra opción más que darle su espacio pues no importaba qué cosa pudiera decir, Regina no escuchaba.
Se levantó de la cama y la dejó con su dolor; bajó las escaleras y se encontró con Graham y Chip en la cocina comiendo, curioso que semejantes personajes se hubieran acoplado a la presencia unos de otros pero ya ni siquiera se inmutaban.
–Al menos ustedes comen. –Espetó sentándose en el banquillo y la Señora Potts que entraba con un balde de leche le sonrió y momentos después le puso en frente una taza de té.
-¿Cómo se encuentra la reina? –La mujer se encontraba feliz de que hubiera alguien en la casa que pudiera hablar con Regina.
-Extraña a la princesa. –Declaró dando un sorbo.
-Te lo dije, mamá. –Chip la miró como si acabara de ganar una apuesta y la señora giró los ojos con desaire.
-No puede estar así sólo por la princesa.
-Claro que sí. –Contestaron los tres al unísono.
-No digan tonterías. –expresó parcialmente escandalizada. –Haré un pay. –Indicó y salió de la cocina dejándolos con sus opiniones.
-Puedo ir a buscar a Emma, la reina no se dará cuenta, la saco del palacio de noche, la traigo y la reina estará feliz. –Chip expresó su plan y Graham asintió mientras mordía una pierna de pollo.
-No creo que nos perdone si le traemos a la niña, pero no es una mala idea. –Maléfica le explicó. -Debemos encontrar un modo para que se comuniquen…Hay miles de hechizos, la reina tiene su espejo, si quisiera podría ver qué es lo que hace, pero no quiere, debe ser algo que no implique magia.
-¿Cómo una carta? –Inquirió Chip.
-¡Por Merlín! Niño, no eres idiota. –El joven le dedicó una mirada irritada.
-¿Cómo van a lograr que una carta de la reina Regina llegue a la princesa Emma? Hay toda clase de filtros. –Graham explicó limpiándose la boca y las manos con una servilleta de tela.
-Haciendo que la carta llegue a Emma y sólo a Emma, no al palacio, no la vamos a enviar con un mensajero ni con una paloma, utilizaremos un cuervo. –Expresó y con un movimiento de muñeca hizo aparecer tinta sepia, una pluma y un trozo de pergamino aperlado.
-¿Lo hará ahora? –Chip se incorporó emocionado sobre la mesa para ver qué escribía y Graham alzó la vista de forma discreta. -¿Puede decirle que la extraño?
-¿Puede decirle que me estoy oxidando sin nadie a quién vencer? –Agregó Graham y la mujer sonrió.
-Tenemos que hacer esto bien, no se puede convertir en una lluvia de ideas. –Explicó antes de comenzar.
Emma:
Como tu autonombrada madrina acompañada de tu único amigo y el ex jefe de la guardia real de Regina, hemos tomado la decisión de hacerte un obsequio que tienes todo el derecho de rechazar, sin embargo si eres la joven que conocemos desde que eras del tamaño de ocho manzanas (palabras de Regina), no lo harás.
El regalo se trata del cuervo que te ha entregado esta carta, tal vez te preguntes "¿Para qué necesito un ave?" Pues bien, este es especial cuídalo, tiene la capacidad de entregarle la carta a la persona que se lo pidas y lo hará, tenlo por seguro, no se la entregará a nadie más.
No quiero que utilices el ave para contestar esta carta, sabes bien a quién le debes escribir, te necesita pero es muy estúpida para admitirlo, necesita saber cómo estas, qué es lo que estás viviendo, cómo te sientes y si eres feliz; tal vez por carta puedas llegar a ese corazón que tiene tantas puertas y cadenas que lo protegen.
Pensamos en buscarte y traerte ante ella, pero sabes que no lo aprobaría, estás en una misión, ella está en otra pero eso no significa que no puedan romper las reglas un poco y hablar entre ustedes para calmar esas ansias y dudas que tienes en tu alma y esa soledad que la está consumiendo a ella.
Considera escribir pronto.
Atentamente: Maléfica. Chip y Graham.
-¿Maléfica, Chip y Graham? –Se preguntó Emma completamente intrigada mientras releía la carta un par de veces más. El cuervo picoteaba suavemente su cabello y se acurrucaba detrás de su oreja mientras ella asimilaba la críptica información que acababa de leer. Ella sabía que Regina no estaba bien, pero ahora realmente lo sabía, Maléfica, Chip y Graham lo confirmaban.
Por un lado, Regina le había pedido que se comportara a la altura, lo que implicaba ser buena con sus padres, con el servicio y con el reino, sobre todo con el reino, ¿Se molestaría si ella decidía escribirle? Por otro lado ella tenía tantas dudas, ¿Por qué había entregado todo sin más? ¿Por qué ya no la quería ver? ¿Por qué se sentía tan mal con toda la situación? ¿Era normal sentirse tan ajena a sus padres?, Emma extrañaba a Regina, la extrañaba con locura, deseaba poder abrazarla de nuevo y no separarse de ella, deseaba poder volver al pasado y decirle que por ella sería reina sin discutir, que por ella usaría vestido, que sería dócil… decirle que la amaba y que no quería comportarse a la altura con nadie más que con ella… Pero era muy tarde.
Regina:
Quiero que conozcas a mi cuervo, sólo debes decir mi nombre y hará llegar tus cartas a mí, o al menos es la forma en que yo te haré llegar las cartas porque me haces falta, mucha falta y me niego a seguir viviendo sin ti.
Te extraño, he decidido que azul es mi nuevo color y que mi mejor amigo es Lucifer. Anastasia y Drizella odian a mis padres pero aman sus habitaciones, el jardinero extraña los árboles frutales y la costurera me persigue para hacerme trajes nuevos, las personas del servicio se ven contentos y la guardia real, ahora que usa blanco puede notar las manchas de vino y salsa sobre sus estómagos.
Te cuento esto para que notes que soy una persona observadora que está a la altura de la situación, sin embargo hay momentos en los que creo que me voy a volver loca, necesito saber cómo estás, yo me encuentro bien, hago mis alimentos tres veces al día (tal vez siete), me voy a la cama temprano y me levanto antes el alba, practico la espada con mi padre quien es una persona agradable, ambos parecen serlo aunque no logro congeniar como tú desearías y me disculpo por eso; me haces mucha falta, necesito saber cómo estás, yo ví cómo mi madre te atravesó con una daga, vi la sangre en sus manos y te sostuve en mis brazos sólo para darme cuenta de que estabas bien. ¿Hay algo que quieras decirme?
Me haces muchísima falta.
Con Amor: Emma.
Cuándo Regina observó el cuervo picoteando en la ventana de su habitación, su primer instinto fue ahuyentarlo, incinerarlo con una bola de fuego y lo habría hecho sin dudarlo si se tratara de una paloma o una ave azul; lo habría hecho si aún fuera la Reina Malvada, pero ahora era sencillamente Regina y Regina pensaba antes de actuar y más si se le acercaba un ave con un sobre.
"Por todos los Reyes… ¿Acaso Emma es fruto del amor de Blancanieves y Maléfica?¿Un ave mensajera? ¿Un cuervo?" –Se preguntó al ver el sobre fijo en la pata del animal. -¡Maléfica! –Gritó a todo pulmón asustando al ave y a los habitantes en la casa.
-Emma escribió. –Susurró el dragón al cazador en una sonrisa. –Debemos desaparecer o nos va a incinerar. –explicó tomándolo de la mano y desaparecieron en la nube malva al igual que Chip, la señora Potts e incluso Rocinante.
-¡MALÉFICA! –Gritó nuevamente con las manos apretadas hacia las escaleras y aproximándose a la cocina, una brisa entraba por la puerta al jardín y fue en ese momento que se dio cuenta que estaba sola; probablemente eso era lo mejor, lo mejor porque no quería que nadie la viera leer la carta, no quería admitir ante nadie que estaba ilusionada, que eso era algo que sin saber estaba esperando.
Tomó una manzana del frutero y ansiosamente abrió el sobre sólo para romper en llanto con su caligrafía.
"Te odio" pensó y mientras leía se dio cuenta de dos cosas: en primer lugar de que estaba completamente orgullosa y en segundo de que no estaba lista para responder.
-Emma. –Susurró al ave y le envió de regreso y Regina pudo sentir el momento exacto en que llegó al palacio de verano y la princesa se percató de que no llevaba una respuesta, pudo sentir cómo el corazón de Emma parecía quebrarse y al mismo tiempo se contenía y a lo largo del día, por episodios se sacudía por el coraje y decepción.
-Drizella.- La princesa la llamó con lucifer en las manos y la hermanastra de cenicienta se dio cuenta de que la joven había estado llorando.
-¿Le prohibieron usar pantalones? Se estaban tardando, es una dama, señorita. –Espetó mientras doblaba sábanas.
-No.
-¿No? ¿Le van a poner a régimen?
-Tampoco
-¿Entonces? ¿Por qué llora?
-Extraño a Regina. –Admitió y hundió su cara en el vasto pelaje del mortificado gato.
-Oh… ese es un problema.
-Le escribí una carta y no me contestó, ya no me quiere, ya no le importo, siento que mi corazón se va a deshacer… no puedo respirar.
-Tome asiento su alteza. –Le pidió dejando las sábanas a un lado y quitándole al gato de las manos. –No sé por qué está tan afectada, usted nació héroe, la reina es del equipo contrario, nunca he entendido, nadie nunca ha entendido dónde reside el cariño que ustedes se tienen pero tenemos claro que es algo profundo y que no es fácil de romper, tal vez debería pedirle a sus padres que le dejen verla.
-Regina no me quiere ver, me entregó como si fuera una cosa, no me preguntó, me entregó a mi y al reino y no hay nada que pueda hacer al respecto.
-Cuando era pequeña y salvaje, la reina la dejó al cuidado de Anastasia y, naturalmente usted no lo aceptó nada bien, se escapó a los manzanos, supongo que pensó que ahí la podría encontrar pero la reina no estaba ahí y nadie puede entrar ahí aparte de ella y usted. Anastasia pasó el día entero con la cara pegada a la barrera mágica, mientras jugaba trepando el manzano central, se recostaba en la banca, comía frutas y se divertía a lo grande, porque ese era su lugar. ¿Lo recuerda?
-No. –Admitió con una sonrisa mientras secaba sus lágrimas.
-Pues sucedió. Sí usted quiere ver a la reina no hay nada que la pueda detener, tiene la idea equivocada de que es una prisionera, tal vez por el momento su lugar es aquí, pero no es una prisionera, y bueno, tal vez la reina no le contestó la carta, sí, pero ¿Desde cuándo usted se desmoraliza tan fácil?
-Gracias Drizella. –Emma la abrazó y la mujer en su rigidez le palmeó la espalda un par de veces.
-Ya, ya, ve y escribe otra carta, niña, tengo cosas que doblar. –Ordenó y Emma se puso de pie y salió de la habitación sin despedirse.
Regina:
Mi padre me está entrenando con la espada, me enseña estrategia, Graham me contó que una vez mi padre venció a un gigante así que supongo que no está nada mal. Hazle saber que la próxima vez que lo vez, tal vez esté lista para hacerlo sudar un poco.
Tengo muchas dudas sobre la forma de reinado que están impartiendo mis padres, los noto bastante relajados y no puedo evitar sino preguntarme si es normal o si tal vez tú exagerabas con las cargas de trabajo que te dabas, ellos tienen demasiado tiempo libre.
Con Amor: Emma.
Regina:
Te extraño, me haces mucha falta, te odio.
Con amor, Emma.
Regina:
No te odio, por favor, escribe, te necesito.
Con amor, Emma.
Regina:
Anastasia me enseñó a hacer Sidra de manzana, ¿Qué opinas de eso? He decidido que voy a volcarme a los vicios terrenales, fumaré hojas de tabaco y beberé sidra, también he decidido que sólo comeré las cosas que se caigan de los árboles para estar en paz con la tierra.
Con amor, Emma.
-¿Princesa? –Una voz angustiosa la sacó de sus sueños agitándola ansiosamente.
-¿Mh?
-¿Princesa? Despierte.
-¿Quéee? Es muy temprano. –Se quejó y abriendo un ojo confirmó que era demasiado temprano, incluso para ella.
-Princesa, ¿Le dijo a la Reina que yo le estaba enseñando a hacer sidra?
-¿De qué hablas, Anastasia? –Quiso saber incorporándose por completo y tallándose los ojos.
-¿Le dijo o no?
-Sí.
-¿Le dijo algo más?
-Le dije que fumaría tabaco y que sólo comería cosas de los árboles, ¿Me escribió? –Preguntó ilusionada.
-No… pero manifestó su molestia. –Explicó sacándola de la cama hasta la cocina y mostrándole que toda la sidra que habían dejado en reposo estaba arruinada, los cultivos de tabaco estaba inundados y al sacarla a los jardines pudo notar que los frutos en los árboles parecían estar extrañamente verdes, como si les faltaran semanas para madurar y caer…
-Esto es…. Esto es completamente ilógico…
Regina:
¿Y así te atreves a pedirme que me comporte a la altura? Eres completamente absurda.
Emma.
Escribió y tras susurrar su nombre lo envió. Deseaba sentirse enojada, indignada o al menos un poco consternada, pero sonreía ante la confirmación de que la reina estaba leyendo su correspondencia, sonreía abiertamente al igual que Regina al abrir la carta de la joven, muy a pesar de las palabras y muy a pesar de que no estaba lista para responder.
Pasaron meses antes de que se despertara en el palacio de verano con la abrumadora sensación de la realidad en el pecho; cenaba con sus padres y no estaba nada mal, Regina después de todo tenía razón al decir que eran buenas personas. Tanto tiempo en el nuevo mundo los había vuelto excéntricos, "abrumadores", pero eso no los hacía malas personas, ella entendía que quisieran conocer tanto de ella, lo que genuinamente no dejaba de molestarle era la negativa que tenían hacia Regina, "La Reina Malvada" y el hecho de que personas tan buenas y amadas por el pueblo fueran completamente incapaces de ver la nueva realidad del bosque encantado y de que, principalmente: Ella estaba bien.
Como todas las mañanas se levantó con una sola idea en mente: Escribir.
Regina:
Debo decirte que para mí es muy equívoco que se refieran a ti como "Reina malvada", ¿Cómo es posible? No puedes definir a una persona eternamente por los hechos de su pasado, ¿Qué no creen en las segundas oportunidades? Eso me molesta mucho, me da rabia. No me canso de contarles aventuras sobe Dragón y Rocinante, sobre como deseaba ser caballero de la guardia Real… pero mi madre se encuentra, horrorizada creo que es la palabra correcta.
Esperan que yo sea una dama… Regina, hay algo mal en mi porque nunca soy más honesta que cuando digo que no quiero ser reina… hay algo en ser una dama, en la fragilidad, en todo el protocolo, yo no encajo en eso y nadie es capaz de comprenderlo, nadie es capaz de aceptarme como soy realmente.
Siento que mis padres son una versión adulta de la reina Aurora.
Te extraño con locura y necesito un descanso de esto.
Con amor, tú Emma.
Como con toda entrega de carta, Emma esperaba el regreso del cuervo antes del crepúsculo, debía alimentarlo y ponerlo en una jaula para que Lucifer no lo hiciera su cena y descansara antes del viaje del día siguiente, sin embargo cayó la noche y no fue hasta que estaba a punto de dormirse que escucho el picoteo del ave contra su ventana… llevaba una carta.
