Hola a todos les traigo la publicación del martes como debe de ser.
Les debo recordar que este fanfic es Angst y que si se solucionaran las cosas esto se terminaría y estaríamos molestos todos.
Emma y Regina necesitan un tiempo separadas, es un hecho, fue la única forma en que Emma pudo darse cuenta de que Regina no estaba envejeciendo y bueno (Esperemos que a Regina le sirva de algo (No es que yo sepa algo (jejeje))), a partir de este capítulo vamos a empezar a atar cabos de varias cosas, puedo darles esa seguridad.
Vuelven los capítulos largos lo cual creo que les es agradable.
Capítulo 18:
Diligencias 2/5.
-¿Entonces no estoy loca?
-No pienso que usted sea la imagen de la cordura, menos desde que cambiamos de palacio, pero al menos en eso no está loca. –Drizella empacaba la ropa de la princesa en un baúl de cuero apenas prestándole suficiente atención.
-Y… ¿Cómo?
-No sabría decirle.
-No parece mucho mayor que yo.
-Tal vez usa la magia para mantenerse joven.
-Nunca consideré a Regina alguien banal
-Todas las personas poseemos algo de banalidad. Si tiene tantas dudas ¿Por qué no le pregunta? tiene bastantes días sin escribirle sólo porque esperaba algo más en la carta anterior y ambas sabemos que iniciará poniendo algo cómo "Disculpa por tardar en responder" y fingirá que no ha estado masacrando frutas y amasando sus emociones en la cocina.
Regina:
Disculpa por tardar en responder, he estado bastante ocupada, ya sabes, cosas de futura reina pero finalmente estamos listos para salir del palacio; es mi primer caravana sin ti o Graham a mi lado, pero estaré bien, no estoy nerviosa, han pasado tantos años desde que pude recorrer el reino y finalmente podré hacerlo; no tengo idea de dónde vives pero con suerte pasaremos cerca de tu finca, hacienda, palacio, mansión o casa y tendré que presentarte el reporte oficial de los cambios en el reino.
Hay un asunto bastante particular… no tiene nada que ver con el reino y no quiero parecer grosera por preguntar pero realmente me gustaría saber cómo logras mantenerte tan… joven, es hasta hace unos días que me di cuenta que eres mayor que mi madre y bueno, creo que vi una cana en mi cabeza, tal vez me gustaría utilizar tu método.
Emma.
-Algún día te iba a preguntar, Regina, la niña no es idiota, a diferencia de ti.
-¿Crees que sí tenga una cana? ¿Estará creciendo de forma acelerada?
-La criatura es rubia como el sol, está tratando de sacarte información, tiene dieciséis años.
-¿Qué le digo?
-¿Planeas decirle la verdad?
-Me parece muy impersonal hacerlo por carta y no la voy a ir a buscar…
Emma:
Todos los meses en luna llena me baño en leche de cabra mezclada con flores de manzanilla mientras conjuro a la antigua diosa de la belleza eterna…
Regina.
Regina:
Estás bromeando, ¿Cierto?
Emma.
Emma:
Claro que no hablo en serio, pero me parece muy grosero que hayas dedicado una carta a preguntarme mi edad, soy una mujer respetable y no voy a permitir que quieras quitarme la poca dignidad que me queda únicamente porque las fechas no cuadran en esa mente hiperactiva tuya.
Te confirmaré que hay algo que me mantiene joven pero no lo voy a discutir por carta y mucho menos para saciar algún tipo de curiosidad morbosa que haya nacido en ti, no es algo que suceda por vanidad, es un efecto secundario. Espero que esto te mantenga momentáneamente satisfecha
Espero que tus labores de futura reina no te estén agobiando completamente, si necesitas ayuda escríbeme aunque dudo que aparezcas en mi puerta para informarme los nuevos lineamientos, sería una grata sorpresa.
Regina.
Regina:
Como futura reina del bosque encantado, te informo que yo te puedo escribir todas las veces que quiera, te necesite o no, incluso aunque no tenga nada para decir.
Emma.
Emma:
Me pregunto qué pensará tu madre de eso, ¿Te gustaría que le escribiera una carta preguntándole?
Regina.
Regina:
Eres terrible, increíblemente odiosa y no me agradas para nada, ¿Cómo osas amenazar con acusarme con mi madre? No creas que no recuerdo el hecho de que también me extrañas, me quieres y me necesitas, estamos en esto juntas, te guste o no.
Tenemos varios días en el camino, sólo Anastasia ha venido, Drizella se ha quedado en el palacio con Lucifer, consideré traerlo pero el pobre es asustadizo y alguien tenía que cuidarlo aunque ya lo extraño, creo que le agrado aunque con los gatos y contigo, uno nunca sabe realmente qué es lo que está sucediendo.
Emma.
Emma:
¿Realmente consideraste llevar a Lucifer en un viaje de varios meses alrededor del reino? Debo agradecértelo porque me has hecho la tarde.
¿Podrías dejar de atacarme con indirectas? Yo soy bastante sincera contigo, conoces más de mi que nadie, si hay algo que no sepas es seguro porque el tema no se ha dado y si vamos a hablar de personas que se guardan lo que sienten hasta el fin de los tiempos, señorita, tal vez deberías empezar a contarme cosas tú también y así tal vez lleguemos a un punto en que ni tú ni yo, cambiemos de tema.
Regina.
-Lo dijo.
-¿Está poniéndose cataplasmas de lodo? –Quiso saber Anastasia mientras se sentaba a su lado en una roca. Su padre estaba con la guardia real, pescando y su madre dirigía las tropas con elegancia por el poblado, haciendo notar su voz y presencia.
-¿Qué? ¡No! Admitió que ha estado cambiando el tema, yo lo sabía, ella lo sabía, hasta los arboles lo sabían pero lo ha admitido.
-¿Y qué va a hacer? ¿Va a contarle que se siente extraña?
Regina:
Sólo hay algunas cosas que me gustarían saber, es decir, si no me puedes contar sobre el asunto de que luzcas increíble, a veces me gustaría saber por qué nunca utilizamos el palacio de verano o por qué guardabas las cosas de mis padres ¿Por qué fuiste tan buena y nunca me ocultaste nada de mi pasado?
Puedo decirte que tienes razón, yo también oculto mi sentir y mi pensar muchas veces, todo va más allá de no querer ser reina, yo soy diferente y no sé si me quieres mucho y por eso no te has dado cuenta o si lo has notado y has decidido dejarme ser libre tal y como soy, pero de cualquier forma no soy como las demás mujeres, lo he intentado pero soy más tosca y realmente creo que si no hablo de eso con nadie es más fácil para mi adaptarme y fingir que formo parte.
Emma.
-Su majestad, he visto pasar por el pueblo a las tropas de Blancanieves, ¿Cree que nos hagan una visita eventualmente? –La señora Potts le sirvió un plato con avena y dejó que la reina vaciara sobre la misma, cantidades formidables de azúcar.
-No nos pueden ver, sería realmente interesante que lo hicieran, además estamos bastante lejos, pero si usted quiere visitar a Emma puede hacerlo.
Emma:
Honestamente no sé si me gusta contarte estas cosas de forma escrita pero dado que no sé cuándo volveré a verte es la única opción; la razón por la que no hayamos utilizado el palacio de verano es porque no me trae buenos recuerdos y contrario a lo que todos piensan, soy una mujer sensible que evita lo que le lastima. Ese palacio es dónde viví los primeros tres años de mi matrimonio con el Rey Leopold y como sabes fue algo que yo no busqué; tú sabes esto, lo estudiaste es sólo que no lo habías concientizado.
Cariño, yo traté de decirme a mi misma durante los primeros años de tu vida, que mi aprecio hacia ti era resultado del tiempo que habíamos pasado juntas, sin embargo me fui dando cuenta, conforme ibas haciéndote mayor que yo te quería en serio y no quería que tus padres aparecieran y te enteraras de toda la verdad y decidieras que me ibas a odiar; no viene en los libros pero fue así lo que sucedió entre Maléfica y Aurora y decidí que lo correcto iba a ser hablarte con la verdad y permitirte ser imparcial.
Respecto a lo otro que comentas, formar parte está completamente sobrevalorado, aunque me gustaría saber a qué te refieres exactamente porque para mi eres una mujer perfectamente normal lo que me lleva a pensar que puedes sentir que hay algo que no anda bien dentro de ti y eso me preocupa ¿te duele algo? ¿Es tu corazón?
Regina.
-Realmente lo siento mucho, son las únicas opciones y son buenas. –Declaró la joven a media plaza mientras las personas se amotinaban a su alrededor.
-¡Son demasiados impuestos! –Se quejaba un hombre.
-¡Mis hijos no tienen para comer! –Gritó una mujer.
-¡Sus hijos no tienen para comer! –Defendió Blancanieves y Emma giró los ojos con fastidio.
-¿En serio madre? ¿Vas a contradecirme en plena reunión con los jefes de las aldeas? Tenemos nueve años manejando estos impuestos, el que haya una nueva reina no va a interferir, si no quieren pagar impuestos pueden inscribir su causa en las listas con Gastón, el jefe de la guardia real y el reino se encargará de subsidiarlo, no estamos imponiendo una tiranía, es acción pasiva, si no lo quieren tomar, van a dejar de recibir el apoyo por parte de la corona. ¿Ha quedado claro? –La princesa dijo esto último de forma solemne, impasiva y mostrando su autoridad y los representantes del pueblo bajaron la cabeza apenados.
Regina:
Entiendo perfectamente por qué no vivimos jamás en el palacio de verano y lamento mucho haber preguntado, realmente es bastante obvio si lo analizo; claro que sé que eres una mujer sensible, con emociones propias y genuinas, te conozco y sé que así es, nunca lo he dudado aunque me llevaré el secreto a la tumba, lo juro.
Sé que el matrimonio arreglado con ese hombre fue terrible y que eras sólo una niña, me da mucha rabia sólo de pensarlo, tú no naciste siendo mala, ni siquiera eres mala en este momento, sólo fuiste víctima de circunstancias terribles y actuaste lo mejor que pudiste para mantenerte a salvo y yo no soy nadie para juzgarte por tus actos, ¿Querías a alguien imparcial? Aquí me tienes y no voy a ir a ningún lado, amaría que me dejaras verte, estamos trabajando en el punto dos y tres de tus indicaciones de forma simultanea y estoy agobiada, una parte de mi siente que si fuera por mis padres, no cobraríamos impuestos y el reino se volvería una anarquía que nos metería en conflicto no solo con los habitantes sino con los demás reyes… ojalá pudiera hacerlos entender…
Me parece curioso que preguntes por mi corazón, por tu forma de hacerlo es como si sintieras que se va a detener en cualquier momento cuando lo que realmente siento es cómo late con más y más fuerza a medida que crezco y descubro cosas nuevas sobre mi; evidentemente soy una mujer normal, los libros me han ayudado a confirmar eso pero no me ilusiona ser una reina ni los vestidos ni las fiestas, no me ilusiona encontrar un esposo… es así, soy diferente, soy una guerrera que disfruta escribir, luchar y sólo quiere estar cerca de ti.
Emma.
-Wow…
-Maléfica por favor. –Regina giró los ojos de forma indiferente y cubrió su rostro con ambas manos, cansada.
-Ella lo sigue haciendo, sigue escribiendo de esa forma, ¿Qué es lo que le escribes tú para que responda cosas así?
-No significa nada.
-¿Y si significara algo?
-Es una niña, los niños escriben cosas así porque son niños…
-Tus argumentos son cada vez más inconsistentes y no es porque te estés volviendo senil porque eso es imposible, te recuerdo que antes de que aparecieran sus padres ella ya estaba experimentando sentimientos de adulto que te atormentaban…
-Sólo… sólo deja de hablar.
Emma:
Encuentro tus palabras bastante crípticas, si lo que sientes no es un síntoma físico, ¿De qué se trata entonces?
Se acerca el invierno, te sugiero que apresuren el paso y regresen al palacio antes de la primera nevada, Maléfica y yo lo hemos estado estudiando y no sabemos de qué forma te vaya a afectar el frío, sé muy bien que ahora que estoy lejos vas a querer salir y divertirte pero por favor hazlo abrigada y cerca del palacio.
Te extraño, Emma y te quiero, siempre he sido consciente de que te gustan las peleas, disfrutas el aprendizaje, subirte a los árboles y ser increíblemente molesta pero también sé que eres muy lista y capaz, si alguien te está empezando a juzgar por nimiedades como sentirte incómoda en un vestido, va a sacar a la reina malvada dentro de mí.
Regina.
-¿Y Por qué no se lo dice? –Anastasia se encontraba sentada eviscerando unos pescados con las manos mientras Emma recolectaba agua.
-¿Decir qué?- Inquirió David llegando por detrás con vegetales que habían adquirido como parte de un tributo en el pueblo cercano.
-Que me gustaría volver al palacio antes del invierno, padre, sé que habría que apresurar las cosas un poco, pero es inconveniente salir en invierno.
-Oh… hija, un poco de nieve no nos va a hacer daño, estaremos bien, trataremos de finalizar todo antes del invierno, seguro que sí, pero no te preocupes
-Claro, gracias. –Respondió y su padre se retiró enseguida.
-También debería decirle a sus padres la verdadera razón por la que no sale en invierno, princesa.
-Realmente quiero ver la nieve y si me congelo de nuevo Regina tendrá que venir a salvarme, todos ganamos.
-Me parece que está siendo egoísta de cualquier forma, princesa, me agrada.
Regina:
Hoy descubrí que soy una persona que puede llegar a ser egoísta, traté de decirle a mi padre que deberíamos volver al palacio antes del invierno y en vez de explicarle las razones por las que no puedo salir, dejé que él hablara de las maravillas del invierno y de cómo estaríamos bien y yo no interrumpí ni me inmuté. Decidí que si me congelo vas a tener que venir y romper la maldición de nuevo; Anastasia dice que le agrada mi lado egoísta pero yo pienso que sólo son deseos de verte… ¿Vas a detener el invierno, como lo hiciste con los frutos en los árboles?
Respecto a tu pregunta central, lo que siente mi corazón no, no es un síntoma físico, es un sentimiento bastante particular que no tiene igual en los libros y me hace sentir bastante conflictuada; sin embargo si algo he aprendido estos últimos meses es que los libros no tienen toda la información, tienen lo que al autor le parece más relevante y créeme que si yo fuera el narrador de las historias estas serían distintas, largas, detalladas y nadie te consideraría malvada, todos te querrían porque de eso se trata ser imparcial, las historias tienen glorificadas a los héroes.
Lo primero es algo que ya sabe, pero nunca has tomado en serio y es el hecho de que no quiero ser una reina: realmente no quiero serlo, amo el bosque encantado y a los habitantes sin embargo siento que no pertenezco aquí, no quiero reinarlos, no quiero darles órdenes; disfruto redactar sus leyes, escribir sus historias, hacer que se cumpla la ley… y podrás decir que eso es ser una reina, pero no, yo no necesito el protocolo, estoy cansada de que se hinquen ante mí cuando realmente somos iguales y yo sólo busco el bienestar… no quiero ser una reina.
Lo segundo es algo que ignoras de mi pero me consume por dentro, es que no encuentro en los libros y me hace sentir completamente alienada del resto de las personas, incluso más alienada que el hecho de ser una princesa que no quiere ser reina y es el hecho de que no me quiero casar; te sonará repetitivo y como algo que ya te he dicho pero lo mantengo y lo defiendo, porque no sólo es el hecho de que no me quiera casar, sino que esta situación ha tomado claridad y se ha tornado específica: No me quiero casar con un hombre, estoy segura de que eso le correspondería a una mujer y no se qué tan extraño y antinatural se eso pero me siento bastante fuera de lugar sólo de pensarlo.
Emma.
-¿Puedes creerlo? –La voz de Regina denotaba asombro.
-No, no puedo creerlo.
-Todo este tiempo pensé que estaba bromeando, que quería fastidiarme, pero… realmente…
-Creí que no existía alguien que no deseara ser reina, Regina. –Maléfica tampoco cabía en el asombro.
-Bueno yo no quería ser reina, pero luego fui reina y me encantó ¿Crees que sea igual con ella?
-Suena bastante decidida a no serlo, ¿Qué vas a hacer al respecto?
-No puedo ayudarla a no ser reina, sus padres no me tienen aprecio, ¿Qué se supone que haga? ¿Robármela? –No quería pensar que había abandonado a Emma para ser una reina infeliz el resto de sus días.
-Puedes conseguirle una princesa para que se entretenga y su vida no sea tan miserable. –Bromeó al aire.
-¿Conseguirle una…? Oh… Conseguirle una princesa… tienes razón.
-¿La tengo? –Reconoció escandalizada atragantándose con la sidra de la reina.
-Necesita conocer chicas, es simple.
-Dios, Regina, eres idiota.
-Te tengo mucho aprecio, Maléfica, pero me insultas de forma repetitiva e innecesaria.
-Cómo tú digas… ¿Qué tienes en mente?
-No lo sé… Emma pronto se reunirá con Ingrid, creo que tiene dos sobrinas, Jelsa y Sonia.
-¿Te refieres a Elsa y Anna?
-¿Las conoces? ¿Son lindas?
Emma:
Me ha tomado por sorpresa completamente el hecho de que tu negativa a ser reina sea algo genuino, me he sentado a discutirlo con Maléfica por horas y no hemos podido surgir con una solución, ¿Tus padres no han considerado tener otro hijo? Esa podría ser una forma de librarte del trono aunque realmente sería una lástima porque eres perfecta para eso.
También me ha dolido mucho saber que te sientes fuera de lugar por algo tan natural como el hecho de que tu corazón haya decidido sin consultarte a quién amar ¿No lo has pensado? Es una buena forma de que hagas a Alexa reina sin que yo me sienta completamente mortificada, la chica debe de tener tu edad, esa sería una genuina razón por la que yo consideraría quitar el hechizo que tengo sobre cenicienta., aunque no te voy a imponer matrimonio con ninguna mujer, considero que debes hablarlo con tus padres, no veo por qué deban sentirse mal al respecto, hay problemas serios en este mundo como para que eso en particular les inmute.
Regina.
-Te juro, Anastasia, que cada día entiendo menos a las personas. –Emma acababa de leer la carta en voz alta y no se había detenido en ninguna parte, a pesar de que sus mejillas se encontraban completamente sonrojadas.
-¿Esperaba sentirse rechazada por la reina? –Quiso saber.
-…Tal vez. Ya sabes, lo normal que dicen las historias, princesas desterradas por hacer cosas innombrables, tal vez vivir en una torre… -Confesó guardando el sobre.
Regina:
¿De verdad? Yo te cuento esto sobre mi… algo que me atormenta y ¿Tú te concentras en el hecho de que no quiero ser reina? ¿Podrías intentarlo de nuevo y ser más empática?
Emma.
-Ella tiene razón, Regina, no lo pudo haber dicho mejor.
-¿Qué se supone que debo decir?
-Únicamente escribe
Emma:
Tal vez no consideré que el hecho de que te sientas atraída hacia las damas sea algo que hayas tenido guardado dentro de ti por bastante tiempo, algo que te haya quitado el sueño y que te haga sentir mal contigo misma, no lo vi de ese modo y me disculpo; me disculpo porque no me di cuenta en ningún momento; ni de eso ni de que la señora Potts y el mundo en el que estabas creciendo estaba marcando las relaciones interpersonales para ti y haciéndote sentir confundida, ahora tal vez varias cosas que antes no comprendía empiezan a tener sentido. Sin embargo mi postura sigue siendo la misma, no considero que mi carta anterior esté mal o carezca de tacto, eso sólo es una característica de ti, no te hace mejor ni peor persona y por ende no te define, deberías sentirte libre y si aún no quieres hablarlo con nadie más, al menos deberías saber que es un tema que puedes tratar de forma natural conmigo.
Regina.
-Bueno, esto es muchas veces mejor.
-¿Qué cosa, cielo? –David quiso saber.
-¡Ah!... Creí que estaba sola, estoy revisando mi… redacción.
-No necesito ser un experto para saber que mientes, puedo verlo por toda tu cara. –Sonrió y se sentó a su lado. –Tranquila y aunque no busco ser entrometido, bonita carta con el papel de Regina la que tienes en las manos; sabía que no podíamos tener una hija tan dócil. Empezaba a sentir que eras una extraña. –Bromeó.
-¿No está… molesto?
-No, supongo que ella te está orientando en este camino, te está ayudando a organizar a la guardia real y a crear tus discursos en público, ¿No?
-… A decir verdad… -Lo pensó un momento y rio. -No interviene en mis decisiones, en lo que a ella respecta estoy lista para ser una reina, lo cual me molesta y cuando hablamos de eso acabamos muy fastidiadas una con la otra entonces… evitamos todo tema del reino en medida de lo posible… creo que ni siquiera lo hacemos conscientemente.
-¿Estás diciendo que realmente tú has organizado sola todo esto?
-¿Es difícil? –Preguntó con inocencia. – ¿Padre? ¿Han pensado en tener otro hijo? Realmente no quiero ser reina.
-Oh… Es un poco tarde para tener más hijos, cielo. –Rio nerviosamente. –Serás una maravillosa reina, pero si te hace sentir mejor, prometo morir hasta que seas realmente vieja así tal vez sólo tienes que ser reina un par de años antes de que mueras también.
-¿Puedes hacer eso en serio?
-Puedo intentarlo.
-Eso sería maravilloso, Padre. –Respondió con un abrazo que David aceptó enternecido.
-Necesitamos tu ayuda ahora, cielo, tu madre está hablando con los representantes de la zona este y como has notado, no nos toman con la misma seriedad si no te ven presente para que garantices el respeto de las leyes de retiro pactadas durante el reinado de Regina.
-Son leyes fabulosas, ¿Cierto? Los mismos habitantes van creando su propia cesión de retiro que se respeta de forma independiente a los impuestos a la corona y se les proporciona una vez que son muy mayores para trabajar.
-¿Cómo es que eres tan lista?
-Siempre he estado aprendiendo cosas; ese es el problema, confunden el que sepa hacer todas estas cosas, con el hecho de que quiera ser una reina.
Regina:
Me encantaría que cenicienta no estuviera desterrada, sin embargo tendríamos que pactar un acuerdo, por ejemplo, si Alexa no me agrada ¿Ellas se podrían quedar en el bosque encantado? Además, ¿Qué tal si yo no le agrado a ella? No puedo creer si quiera que estemos teniendo esta conversación.
En otros temas, mi padre ha descubierto que intercambiamos correspondencia, inicialmente pensó que me estabas asesorando para apoyarlos a recuperar el reino de forma adecuada; honestamente su comentario me tomó por sorpresa; no sé si por qué realmente no me has dado más apoyo más que los anexos en la primera carta o el hecho de que el pensara que yo no era capaz de hacerlo sola.
Por una parte entiendo que tu no estés apoyando a recuperar el reino porque es TÚ reino, yo me siento mal haciéndolo, usualmente acabo apreciando todas y cada una de tus maravillosas leyes pero al mismo tiempo me desconcierta que piensen que soy incapaz de hacerlo por mí misma; podría quedarme sentada y no hacer nada, sería mucho más sencillo después de todo mi propósito es no ser reina, pero por alguna razón soy una persona con buenos valores que sin desearlo y sin el título pertinente, ya lo soy, así es, es como si yo ya fuera la reina del bosque encantado y me molesta muchísimo, no dejo de acudir a reuniones en las que los representantes se dirigen hacia mi como si mi madre fuera invisible y vamos, lo irónico es que la aman, pero se dan cuenta de que no tiene mucha idea de lo que hace, es muy frustrante, ¿A caso hiciste esto a propósito?
Emma.
-¿Vas a perdonar del destierro a cenicienta? –Quiso saber Maléfica desde la terraza de la habitación; era increíble cómo tras unos cuantos meses de correspondencia con Emma, las ventanas en la casa estaban abiertas.
-Por supuesto que no.
-Repasemos esto un poco… Aurora nunca ha sido víctima de un ataque tuyo y tuvo parte en el ataque de Robin Hood, no has considerado desterrar a Bella y también te ha fastidiado, Erick mató personas a tú nombre y dejaste que alguien más lo castigara… Pero no vas a perdonar del destierro a cenicienta.
-Estás hablando de personas de la realeza, Aurora, Bella, Erick, ellos lo son, cenicienta creció en una granja, seguramente vive en una granja aún y su hija está bien.
-¿Qué pudo ser tan grave para que la desterraras? Ni siquiera desterraste a Blancanieves.
-¿Podrías dejar el tema por la paz?... ¿Vives aquí? No recuerdo la última vez que no estuviste. –Inquirió en el marco del ventanal.
-Le estoy tomando afecto a tu diminuta casa.
-No es diminuta, sólo hay demasiadas cosas.
Emma:
No haría nada para lastimarte, me ofende que lo pienses, tu madre fue educada para ser reina y debería estar a la altura, puedo decirte que yo sé que no lo está pero es sólo por que dejé las expectativas muy altas y me alegra que tú las puedas cubrir aunque realmente lamento y lo digo de corazón, que estés sufriendo al tomar un papel que no te satisface.
Yo tampoco me encuentro completamente satisfecha con mi situación y no lo digo por el hecho de que ya no sea una reina, aunque ciertamente eso no me hace muy feliz; verás, vivo en una casa agradable pero Maléfica no se ha ido en semanas, tu niñera todo el día está haciendo de comer y tratando de encontrarle lugar a mis cosas con la esperanza de que cabrán si las mueve eventualmente, Chip ha desarrollado una pasión forzada por la jardinería y la pesca, Graham ahora no responde a mis órdenes y pasa sus días en la cocina comiendo con un libro en las manos; no solo ya no soy reina sino vivo en una especie de comunidad en la que me tratan como un igual, no se me respeta y constantemente me preguntan qué tal me siento como si me estuviera por romper.
A veces hay que asumir los cambios en la vida lo mejor que podamos, después de todo ningún estado en tu vida es permanente.
Regina.
Emma sonrió ante la idea de una vida alejada de la realeza, en la que no había protocolo, despreocupada y sencilla, deseaba poder estar ahí con Regina, decirle que estaba muy molesta porque la había dejado con sus padres… pero que amaba estar de nuevo con ella...
-Su alteza… -Interrumpió Anastasia.
-¿Mh?
-Su madre la solicita.
-Realmente es increíble cómo no pueden tener una reunión con los representantes de los pueblos sin que yo esté. –Se quejó guardando la carta en su bolsa de cuero y caminando entre el campamento de la guardia real. –Yo sólo quiero terminar esto antes del invierno, ¿Por qué me lo hacen tan difícil?...
-Su alteza. –Saludó el hombre; estaba lleno de cicatrices y se apresuró a hacer una reverencia exagerada hasta el suelo, fue en ese momento que pudo ver que detrás de él había un grupo de personas, liderados por la mujer de capa roja que ella había visto el día que la habían atacado.
-¿Robin Hood? –Le preguntó al individuo en reverencia.
-¿Dices que te atacó? –Quiso saber su madre. -Viene a explicarse.
Emma retrocedió varios pasos, podía sentir cómo su corazón se aceleraba de forma casi involuntaria; no le gustaba sentir miedo pero se sentía mareada sólo de recordar el dolor que había pasado, esos momentos en que su cuerpo entero se había casi convertido en piedra, la sensación que quemaba su interior, el sentir que moriría… las tres semanas que había pasado dormida después de eso. Emma no era una persona rencorosa y tener a Robin Hood ante ella sólo la hacía desear salir corriendo en dirección opuesta para no tener que verlo, para no desear hacerle saber lo mucho que había cambiado su vida desde que él la había atacado… su mente estaba completamente confusa.
-Cielo, ¿Estás bien? –Blancanieves examinó preocupada, sin embargo apenas concluyó la frase, Graham se materializó en una nube purpura con la espada desenvainada frente a ellas y puso la punta en el cuello de Robin Hood.
-Sólo dame una razón para no matarte. –Pidió mirándolo fijamente a los ojos.
