Hago entrega del capítulo 20 en la publicación del martes, este capítulo es largo y muy especial, uno de mis favoritos si me permiten decirlo, espero que tengan preguntas y dejen comentarios al respecto.

Me alegra que todos hayan tomado de la mejor forma la rebeldía de Emma hacia la situación que estaba viviendo con sus padres.

El fin de semana hice un One-Shot SwanQueen completamente AU llamado "Cosas que pasan", por si quieren pasar a revisarlo, eso también estaría bien : )


CAPÍTULO 20

Diligencias 4/5.

-Puede hacerme aparecer con ella de nuevo si eso es lo que gusta, no me dio tiempo de seguirla, Dragón es todo lo que se esperaba que fuera cuando lo eligió como caballo para ella. –Graham afirmó tras contarle todo lo sucedido a la reina, quién había sentido toda la furia de Emma, todo el enojo y desesperación y extrañamente, por primera vez en casi un año, no sentía que la princesa se encontrara atormentada, a decir verdad, casi ni siquiera podía sentirla, sólo sabía que estaba bien.

-Ella está bien, no quiere compañía por el momento; tengo su cuervo, no he escrito la carta de regreso, el ave la encontrará y podremos seguir en contacto con ella; muchas gracias.

-¿No crees que deberíamos ir a buscarla? –Maléfica estaba sentada en el diván y tan sorprendida como Regina, había escuchado sobre el arranque emocional de la joven.

-Eso es lo que tenía que pasar, es la consecuencia de que yo no haya ido a salvarla, es el precio.

-No es verdad, es lo que la hace una mujer sensata. –Interrumpió Maléfica.

-Se que va a estar bien. –Regina sonrió.

Emma:

Graham está de regreso y me ha contado lo que ha sucedido; una parte de mi quiere gritarte porque no puedo creer que realmente hubieras sido lo suficientemente necia para no explicarle a tus padres por qué el invierno y tú no se llevan bien; lo dejaste pasar hasta que fue demasiado tarde; pero la parte de mí que te quiere gritar sólo es pequeña y el resto de mí, desea enormemente que estés teniendo una buena travesía.

Una cosa es verdad, si piensas que te voy a premiar apareciendo a tu lado por haber enfrentado a tus padres estás muy equivocada, tú conocías bien sus argumentos y su sentir, su forma de pensar respecto a mí y a ti y a toda la situación de haber crecido lejos de ti, así que de momento estás por tu cuenta, conviértete en la guerrera que quieres ser, encontrarás alguna forma de sobrevivir al invierno.

Regina.

Emma leyó la carta en silencio mientras observaba el amanecer entre los árboles y no pudo evitar sentir tristeza y entusiasmo simultáneamente conforme avanzaba en la lectura; era un hecho que Regina no aparecería, ni siquiera en ese momento que estaba completamente sola a gran distancia de sus padres y cualquier criatura pero al mismo tiempo finalmente estaba recibiendo el mérito que merecía, tanto por sus malos actos como por los buenos y se le estaba respetando por ello, Regina respetaba su escape del campamento, aceptaba que estuviera sola en el bosque, lejos de cualquier protección; la reina finalmente confiaba en ella.

-Estoy segura de que está con ella. – Blancanieves espetó con los ojos llenos de lágrimas. –La perdí, ¡Esto era lo que Regina quería! Quería que Emma volviera a su lado; ¡Tenemos que encontrar a Regina! –Exclamó con furia.

-Amor. –David la interrumpió. –Basta, por favor, Emma no es un objeto, no nos pertenece y realmente necesita pensar las cosas y no sólo ella, tú también. Tenemos mucho tiempo molestos con Regina, no significa que debamos amarla e invitarla a cenar todos los días, no tienes que compartir recetas con ni verla en el desayuno; ella nos devolvió a nuestra hija de forma desinteresada y hay que apreciar y valorar eso, seguir adelante, tal vez no estamos listos para olvidar lo pasado pero si para disfrutar el presente y Emma es la persona más impresionante que he conocido desde que posé mis ojos en ti.

-… sólo la pude tener en mis brazos unos meses, era una niña pequeña y frágil, acostumbrada a la oscuridad y que sabía que debía guardar silencio para que no nos descubrieran… Volvemos para encontrarnos con la mujer más fuerte y autosuficiente de la historia.

-Es tú hija, Blancanieves, viviste por 4 años ocultándote en el bosque, lideraste un ejército, la tuviste en una ciudad de lobos… necesitas darle un voto de confianza en esto, si no es por ella al menos hazlo por la guerrera dentro de ti, tú y yo no tuvimos quiénes cuestionaran nuestros actos y salimos bien; tenemos que dejarla crecer, en apariencia es fuerte y autosuficiente pero aún tiene mucho que aprender y debes dejar que lo haga.

-Si algo le pasara yo no podría perdonarme.

-Tenemos que acabar el trabajo que nos corresponde, hay un reino que debemos mantener en orden si queremos que algún día ella pueda ser reina.

Era entrada la mañana cuando Emma se dio cuenta de que no tenía idea de su ubicación; a juzgar por la vegetación debían seguir en el este pero si lo analizaba cercamente, el clima se sentía cada vez más húmedo y cálido y se dio a la tarea de encontrar algún pueblo pronto para redefinir su destino.

Aún no tenía hambre, no se sentía cansada y tampoco era víctima de las inclemencias climáticas pero sabía que eventualmente todas las palabras que le había dicho a sus padres le empezarían a pesar y deseaba sentirse entumecida al menos por un rato más y con el cuervo volando sobre su cabeza, al menos no se sentía del todo sola.

-¿Disculpe? –Preguntó a una persona que caminaba junto al sendero, era la primera que veía desde su huida lo cual le parecía alentador y misterioso en misma medida, tenía una capa que le cubría desde la cabeza hasta los tobillos pero caminaba con seguridad y llevaba un arco en la espalda. -¿Podría decirme dónde estoy?

-¿Quién es usted? –Preguntó bajando su capucha y Emma se dio cuenta de que se trataba de una mujer, una mujer con un acento nórdico y abundante cabellera roja de rizos apretados que portaba un arma; este viaje estaba siendo mucho más prometedor de lo que hubiera imaginado.

-Ah…

-¿Ah?, Ustedes en el sur hablan de forma muy extraña.

-Yo vivo en el norte. –Respondió Emma a la defensiva.

-Para los que vivimos realmente en el norte, el resto del reino es el sur. –Afirmó aún con desconfianza.

-¿En el norte? ¿Qué tan en el norte? –Inquirió mostrándole ambas manos desarmadas y sonriendo con curiosidad.

–Hasta topar.

-¿Eres Merida? –Inquirió totalmente segura de la respuesta y al mismo tiempo confundida por encontrar a una princesa nórdica tan lejos de casa.

-¿La Reina Regina le enseñó historia de reyes a todos en el reino?

-No, sólo a mí, soy Emma. –Afirmó bajándose del caballo.

-La famosa Princesa Emma.

-Eso creo. –Respondió con un poco de vergüenza. -¿Qué hace tan lejos de su reino? Ni siquiera forman parte de nuestro consejo de Reyes.

-Si bueno… ¿Y usted? Próxima heredera al reino más grande de todos, ¿Le permiten andar sola en los parajes del sureste?

-¡Sureste!... gracias por la información. ¿Hacia dónde vas? –Emma evitó responder, la joven parecía tener su edad, era sólo un poco más alta y se notaba lo obstinada que era.

-¿Y tú?

-Deberías subir a mi caballo, puedo caminar un rato, te acompañaré.

-Eso es realmente amable su alteza, pero tú me estaba pidiendo direcciones a mí.

-Vamos, sube. –Pidió una vez más y la princesa Mérida montó a Dragón con agilidad. –Mérida es mi amiga. –Le explicó al caballo y palmeó su lomo antes de caminar tomándole de las riendas, sintió cómo el cuervo se posaba sobre su hombro, acurrucándose tras su oreja.

-¿No te ha escrito? –Maléfica inquirió.

-Sólo ha pasado un día, seguramente tiene otras cosas de qué preocuparse y está bien.

-Fuiste algo dura en la carta anterior.

-¿Querías que la fuera a buscar para que sus padres tuvieran más razones para odiarme?

-Me parece sumamente estúpido que entre tus preocupaciones se encuentre ser del agrado de Blancanieves, te encargaste de que su hija recibiera lo necesario mientras ella estaba en el mundo sin magia, no es tu culpa que su hechizo haya salido de esa forma.

-Los orillé a tomar esa decisión. –Declaró Regina y Maléfica pudo ver en su gesto el sentimiento de culpa.

-Las cosas salieron lo mejor que podían haber salido dentro de las circunstancias, Regina. –Afirmó y enseguida escuchó el picoteo del ave en la ventana. –Oh, mira quién ha enviado correo.

Regina:

A pesar de que duela tu ausencia y no comprenda el hecho de que no estés aquí conmigo, te agradezco el voto de confianza. – La reina leyó en voz alta y se detuvo para mirar con superioridad a Maléfica antes de continuar. -Honestamente aún no sé a dónde me dirijo y no tengo mucha idea de qué es lo que estoy haciendo pero al menos siento que no estoy atada; aunque sea una mera ilusión y el recuerdo de las responsabilidades me haga volver eventualmente de momento estoy disfrutando estas vacaciones.

Hoy he hecho una nueva amiga; a decir verdad no sé si puedo llamarla mi amiga porque es bastante obstinada y se la pasa a la defensiva como si yo quisiera hacerle el mal a cada momento pero de una u otra forma hemos logrado llevarnos bien, al menos por un día; se trata de Mérida, la hija de Fergus y Elinor, ya sabes, de allá del verdadero norte. Mi primera reacción al encontrarla fue de sorpresa, nunca había visto a una princesa como yo; claramente no lo digo por lo obstinada y extraña porque soy dócil y perfectamente normal, pero ella sueña con ser una guerrera, está huyendo, no tengo claro de qué, pero se ha convertido en mi compañera de camino y al menos tengo a alguien con quien hablar que entiende sobre la enorme presión que pueden poner sobre uno.

El invierno se acerca y ella viene de climas helados así que no está realmente preocupada, pero yo sé que debo acercarme al sur, así que instintivamente mi camino se va formando mientras ella sigue sin decir a dónde va en realidad.

Me encantaría que estuvieras aquí, mis habilidades sociales son bastante malas.

Emma.

-No necesitó de tu ayuda para conocer una chica. –Molestó Maléfica y pudo observar el fastidio en la mirada de la reina.

-Ella es libre de hacer lo que quiera, siempre hemos querido una unión conveniente con los reinos más allá de las montañas. –Respondió saliendo de la habitación en dirección al jardín.

Emma:

Me alegra que hayan formado su pequeño grupo de autoayuda, es magnífico que hayas encontrado a alguien que odia a los reyes y reinas tanto como tú, es perfecto.

Regina.

-¿Qué rayos? –Emma trataba de recordar qué había escrito en la carta que pudiera ameritar una respuesta así de hostil y cortante.

-¿Todo en orden? –Mérida desollaba un conejo con maestría

-Realmente tienes que enseñarme a hacer eso.

-¿Qué les enseñan a hacer a las princesas aquí en el sur?

-Vamos, no mientas, estoy segura de que eso no lo aprendiste en tus lecciones, así como yo no debería saber pelear con espada, sino bordar.

-Sería un placer que supieras bordar, antes de irme rompí una manta muy especial para mi familia... Enséñame a pelear con espada y yo te enseño a cazar con arco.

-Tienes un trato.

Regina:

Hoy me he encargado de la cena, sostuve el arco de Mérida entre mis manos, apunte la flecha, divisé una liebre, disparé y fallé de tal forma que la risa de mi compañera de viaje ahuyentó a todos los animales kilómetros a la redonda, cenamos bayas y patatas salvajes; mientras escribo esto aún puedo escuchar cómo se burla de mí y eso que se ha quedado dormida hace horas; me tocó la primer guardia y la he aprovechado para escribirte.

Realmente no sé qué dije en mi carta anterior que te hiciera sentir molesta, yo no odio a los reyes y reinas, los respeto, te amo y eres una reina, sería bastante inconsistente hacer una declaración en la que manifieste mi desagrado hacia la monarquía; mis padres son reyes ahora y mientras más lejos estoy de ellos menos molesta me siento y creo que pudimos haber solucionado las cosas de otra forma; luego recuerdo que lo hice para defender mi integridad como niña feliz y recuerdo que mi enojo no estuvo del todo desproporcionado; aún tengo sentimientos mixtos al respecto.

Estamos tan al sur que hemos encontrado el camino incinerado que guía a Aurora al reino de Maléfica y es la primera vez que puedo decirte que sé exactamente dónde estoy, o al menos a dónde llegaré si sigo caminando y puedes estar tranquila porque por lo que sé, el invierno no quema por estos lugares: Misión cumplida.

Puedes hacerle saber a Maléfica que no la visitaré, sé que no está en casa y no quiero que deje tu lado, me da tranquilidad saber que tienes compañía; eso es lo que es Mérida; mi acompañante de viaje, tiene su propósito y yo el mío.

Emma.

-¿Por qué no puedo leer la carta?

-No dije que no la pudieras leer, sólo estoy leyéndola una vez más. –La reina estaba sentada en una silla de mimbre con su bata de seda y sus rodillas contra el pecho mientras leía. Seguía sin usar maquillaje y su cabello había crecido tanto que le caía en ondas quebradizas sobre el pecho; con una mano sostenía la carta y con la otra mordía la uña de su dedo pulgar mientras apretaba el gesto.

-¿Qué dice? ¿Te está invitando a su boda? –Empezaba a disfrutar de fastidiarle, sobre todo porque era demasiado fácil y Regina parecía completamente confusa.

-Sí, solicita que usemos vestidos color salmón en la ceremonia, quiere que vayamos a juego con el cabello de la novia. –Respondió de modo irónico y Maléfica casi se ahoga con su propia saliva antes de empezar a reír sin control.

-Necesitamos una nueva costurera, cariño, deberíamos mandarlos a hacer iguales.

Emma:

Por supuesto que sé que no odias a los reyes y reinas, estoy segura de que tu carta llegó en un mal momento, cariño, estoy completamente orgullosa de tu capacidad para conseguir bayas y patatas salvajes y estoy también feliz de que no estés sola, por lo que leo puedo darme cuenta de que al menos están aprendiendo a llevarse bien, parece ser una chica agradable aunque opino que deberías tratar de saber qué es lo que hace lejos de casa, no sabes si toda su familia la está buscando y puedan llegar de improvisto, me preocuparía que fueras prisionera de una tribu del norte y por favor no digas algo como "Sé que me salvarías" porque estamos viviendo una buena temporada de paz que no quiero romper por ir a matarlos a todos.

Maléfica ya está informada de que no la vas a ir a visitar aunque apenas se ha enterado de to ubicación ha acudido a su palacio por si tuvieras deseos de comer algo de forma sofisticada; me ha prometido que no te va a tratar de persuadir de nada que te haga sentir mal y te va a dejar ir cuando quieras.

Me haces mucha falta.

Regina.

Mérida cayó al suelo de golpe, con la vara de madera en su mano bien sujeta y con una amplia sonrisa se incorporó y respondió el ataque de Emma con tres golpes que la princesa detuvo con gracia y facilidad.

-Eres realmente buena en esto, ¿Verdad? –Inquirió la pelirroja mientras empezaba a romper todas las reglas y únicamente trataba de apalearla causando que Emma comenzara a reírse y fingiera de forma exagerada caerse y agonizar.

Mérida se sentó junto a ella en el suelo y "acabó" con su sufrimiento presionando suavemente la vara contra su corazón. –Gané.

-Sí, parece que lo has hecho. –Respondió volviendo de la muerte y limpiando el pasto de su cabello. -¿Te gustaría visitar a una amiga mía?

-No. –Respondió. –Pero suena a algo que te gustaría hacer a ti y por algo nos has traído al sur, ¿Es normal que haga calor en pleno invierno?

-Sólo aquí en el sur, es lo que yo estaba buscando… la maldición del invierno… la tuve de pequeña.

-Espera… ¿Eso es cierto? Creí que era una historia que me contaba mi madre para que no llegara tarde, "Te vas a congelar como la princesa Emma y no te amo lo suficiente como para traerte de regreso"

Emma se sonrojó suavemente y trató de ocultar fallidamente una sonrisa. –Que vergonzoso.

-A mí me parece genial; ¿La reina Regina te trajo de regreso?

-Así es.

-Eso es asombroso, mi padre le tiene mucho respeto, cuando era época de reinado del rey Leopold, mi reino tenía una deuda enorme con el tuyo, apenas nos podíamos considerar sustentables y cuando él murió y ella tomó el poder hizo una visita a mi padre con un contrato; por casi dos años nuestro reino estuvo completamente empeñado en pagar la deuda de lo contrario íbamos a tener que ceder el poder, mi padre estudió mucho para capacitar a los habitantes del reino en la apropiada fabricación de embutidos y mermeladas para importación y no sólo pudimos pagar sino que nos volvimos sustentables y ella cumplió su parte del contrato.

Emma recordaba haber leído de ese contrato con los países nórdicos, se lo había contado a Chip unas cien veces a lo largo de sus estudios y no pudo evitar sonreír sólo de reiterar que en el mundo, efectivamente había alguien como ella; que no deseaba ser reina, que conocía cómo funcionaba todo y que extrañamente era imparcial.

-¿Y bien? –Mérida preguntó de la nada.

-¿Qué cosa?

-¿Es tan maravillosa como dicen?

-Oh por todos los Reyes, no quieres guiar la conversación hacia allá, toda mi vida se han burlado de mi por dar cátedras sobe lo fabulosa que es; y es por eso que estoy huyendo, mis padres estuvieron ausentes mucho tiempo… por un hechizo que salió mal, no entraré en detalles pero ellos están fijamente atrapados en la idea de que Regina es malvada cuando realmente es el ser humano más increíble, inteligente y asombroso que existe.

-Ohh.

-¿Te he puesto incómoda? Lo siento.

-Claro que no, entiendo.

-¿De qué estás huyendo? –Emma preguntó finalmente.

-Mis padres creen que pueden oponerse al matrimonio que yo elegí así que me fui.

-¿Cómo dices?

-Vamos, sé que mi acento no es tan malo y entendiste, quiero casarme con alguien y ellos prefieren que yo reine sola a que me case con esa persona.

-¿Cómo puedes saber que te quieres casar? No te imagino…

-Supongo que cuando uno encuentra al individuo con quien quiere pasar el resto de la vida, sencillamente casarse es el siguiente paso, más si eso ayuda a que la persona que amas cumpla sus sueños.

-¿Con quién te quieres casar?

-Mh… Con Elsa, Elsa de Arendelle, el reino más allá del mar. –Confesó la chica desviando la mirada vidriosa, evidentemente estaba acostumbrada a que la rechazaran y Emma, sin saber realmente qué decir sólo tomó su mano y sonrió.

Blancanieves y David habían terminado las diligencias dos y tres, diecisiete días después de que comenzara el invierno, el palacio de verano lucía majestuoso cubierto de nieve y con el enorme lago congelado les fue mucho más fácil atravesar y volver a casa; no había señales ahí de Emma y el poco personal que se había quedado, entre ellos Drizella ni siquiera estaba enterado de que la princesa no estaba en la caravana real.

Lo único que les indicó que era momento de continuar con la cuarta diligencia: "El lugar de la reina Regina en la mesa redonda le pertenece a la nueva reina", fue una apresurada carta en sobre dorado enviada por Abigail que les indicaba que debían emprender el viaje de inmediato, los reyes iban a tener una nueva reunión.

-A penas llegamos. –Se quejó Blancanieves recostada en su cama.

-Tal vez por eso Emma no quiere ser reina. –David sonrió.

-Oh, no la defiendas, es nuestra responsabilidad, si no lo hacemos nosotros el Reino quedaría a la deriva.

-Tal vez debamos imponer una democracia, elecciones, una cámara de diputados y senadores… -Bromeó

Blancanieves giró los ojos con desdén y lo llamó a su lado. –No están listos para eso y lo sabes, pero me sorprende que prefieras cambiar el sistema de gobierno que decirle a tu propia hija que no crees poder vivir más años que ella sin tu medicina para la presión. – Dijo esto último en voz muy suave con la mano sobe el corazón de su esposo. –Eres la mejor persona que existe David, el amor de mi vida, aguanta un poco más, te prometo que yo me encargaré de todo.

-A veces creo que no le hacemos ningún bien, Blanca.

-Yo me niego a creerlo, te prometo que me disculparé, me disculparé con ella y seré más tolerante, yo la amo.

-Yo la amo también, espero que esté bien.

-Confío en que sí. –la mujer sostenía a su esposo entre sus brazos, esta vez realmente creyendo en sus propias palabras

-Muy bien, Emma; sostén la flecha con firmeza… cierra un ojo… fija bien el objetivo… dispara. –Ordenó en voz bajita y Emma obedeció realmente concentrada. Esta vez falló por unos cuantos centímetros, espantando a las liebres.

-Eso salió realmente bien. –Admitió Mérida. –lo tenías en la mira, sostenías bien el arco, soltaste la flecha a tiempo pero deliberadamente decidiste fallar.

-Muchas gracias, creo que no estoy lista para matarlos yo misma.

-Bien, consigue otras cosas, yo me encargo de esto.

Emma asintió en silencio y sigilosamente se alejó de su zona de caza para no ahuyentar a los animales; caminó tal vez tres minutos en dirección opuesta y se acercó a un árbol frutal empezando cortar lo suficiente para ambas.

-Cinco días, corazón. –Maléfica se encontraba sentada en una de las ramas del árbol. –Tengo cinco días esperando tu visita, he tratado de convencer a Regina para que te mintiera diciendo que ella estaba también en mi palacio pero al no querer hacerlo decidí venir a buscarte yo misma.

-¡Maléfica! –Exclamó emocionada dejando caer los frutos entre sus manos y la mujer se dejó caer con la gracia que sólo las hadas y las personas con magia poseían.

-Oh… Por… Merlín… Has crecido demasiado… Has crecido… mucho. –Afirmó antes de sentirse rodeada por los brazos de la princesa.

-Tú luces igual de hermosa. –Respondió apretándola.

-Emma… Regina no lo creería. Es en serio. –Continuó mientras la tomaba del rostro y revisaba su perfil, su frente, su mirada.

-¿Crees que le agrade?

-Primero tiene que querer verte, corazón y no creo que eso suceda pronto. –Admitió revisando el resto de su cuerpo. –Pero yo estoy encantada.

-¿Te quedas a cenar? Mérida va a matar unas liebres y yo recojo fruta.

-Vaya, tu retiro de la realeza te está volviendo una salvaje… claro que me quedo a cenar, yo llevo el vino.

Regina:

Como he decidido no visitar a Maléfica, ella ha decidido visitarme, así es, se ha aparecido de pronto mientras yo buscaba la cena y ha criticado absolutamente todo en mi estilo de vida; pero al menos trajo vino (el cual sabe horrible pero creo que fue amable).

Mérida se sorprendió mucho al verla, la apuntó con una flecha y todo, fue necesario explicarle pero ahora se encuentra encantada haciéndole preguntas sobre plantas medicinales y yo no podría sentirme más en casa… Es mentira, claro que si podría, te extraño muchísimo, deberías estar aquí comiendo de mi fruta y la liebre que cazó Mérida; somos autosuficientes en nuestra etapa de prófugas y eso me hace sentir útil y valorar el trabajo de cada una de las personas que conforman el reino.

Maléfica quiere que escriba y cito "Regina, es maravilloso observar cómo Emma escribe las cartas, incluso pone esa cara de concentración que tanto te gusta", no tenía idea de que disfrutaras mi cara cuando estoy concentrada; pero es bueno saberlo y te informo que nunca te he escrito una carta sin estar concentrada; aún no tenemos claro nuestro destino, es por eso que nos mantenemos cerca del camino pero quiero creer que para cuando recibas esta carta habremos podido decidir un lugar al que ir, aunque eso signifique que Mérida y yo debemos tomar caminos separados; ella parece tener más claro qué es lo que quiere hacer respecto a Elsa y creo que es cuestión de tiempo antes de que se dé cuenta de que es necesario empezar a trabajar en ello.

Yo, por otro lado aunque me quede sola de nuevo, creo que puedo arreglármelas bastante bien.

Emma.

-¿En serio le dijiste que me gustaba su cara cuando se concentraba? –Regina se dirigió a Maléfica, quien descansaba sobre la cama con un paño frio sobre la frente.

-¿Qué te puedo decir? Estaba ahí con dos niñas de diecisiete que no disfrutan de beber vino, tenía mucho para mí, tal vez hable un poco de más.

Emma:

El vino de maléfica es horrible, debo darte la razón en eso cariño, y también en que disfruto tu rostro cuando estás concentrada aunque es realmente embarazoso que te lo dijera ebria, como si fuera un oscuro secreto. Debo informarte que ha vuelto y se encuentra en cama recuperándose del viaje.

Es muy noble que apoyes a tu amiga en lo que sea que decida hacer, honestamente cuando me dijiste que ella y Elsa de Arendelle tenían sentimientos mutuos me pareció una noticia muy dulce, es una lástima que sus padres se muestren resistentes a la situación; es probable que sea porque no quieren perder a su hija, esas dos damas no pudieron elegir reinos más alejados uno de otro para enamorarse y si una de las dos quiere reinar la otra deberá renunciar y por lo que dices está claro que Mérida no tiene interés en volverse suma monarca del norte.

Respecto a ti, me he enterado que la reunión de tu madre para tomar el puesto en la mesa redonda ha sido programada así que es posible que todos los reyes se reúnan en el palacio de Midas, supongo que estás feliz de que tus padres estén continuando con las diligencias pautadas en tu ausencia.

Regina.

-Oh, mira quién ha vuelo. –Sonrió Mérida hacia el cuervo y ofreciéndole un trozo de manzana y se sentó junto a Emma. –No luces muy felíz, usualmente cuando recibes carta de la reina eres feliz; es decir, sólo nos hemos conocido por un par de meses pero esa mujer te hace sonreír como Elsa lo hace conmigo.

-Sí… trato de no pensar en eso pero tienes razón. –Admitió Emma mostrándole la carta; era muy extraño para ella tener una amiga, alguien que no se escandalizara ante el nombre de las partes del cuerpo, que estuviera enamorada de una chica y que fuera valiente. –Regina dice que deberías ir con Ingrid, dice que ella va a entender; yo debo ir al palacio de Midas, sé que estoy molesta con mis padres pero no los puedo dejar solos cuando van a tomar el lugar en la mesa redonda, es un gran paso.

Mérida leyó la carta atentamente y enseguida la miró a los ojos asintiendo. –Creo que nuestro destino está claro entonces, iré a buscar a Elsa y tú a tus padres.

Regina:

He salido hoy por la mañana en dirección al palacio de Aurora, con suerte aún no habrá salido y podré dirigirme al palacio de Midas siguiendo su caravana y si las indicaciones son correctas solo debo seguir en dirección opuesta el camino carbonizado y llegaré; Mérida por otro lado se ha dirigido a la costa, tomará el próximo bote de pasajeros, espero realmente que las cosas con Ingrid salgan bien, leí que es una monarca bastante dura pero tiene mucho amor hacia sus sobrinas, eso debe servir, ¿Cierto?

Me siento bastante extraña respecto a tener que volver con mis padres, las cosas quedaron bastante mal entre nosotros y me rompería el corazón si al llegar no estuvieran felices de verme.

Te extraño mucho y no quiero que pienses que es porque mi amiga se ha ido a perseguir el amor y estoy sola; claro que no, yo te extraño todos los días y sé que si estuvieras aquí conmigo yo no sentiría miedo ni incertidumbre respecto a nada.

Emma.

-Emma me agrada, me agrada mucho más ahora que es una adulta. –Maléfica bebía una copa con la sidra de Regina mientras revisaba la carta.

-No es una adulta.

-Claro… ¿A dónde demonios vas? –Alzó la vista sorprendida al notar acababa de vestirse con sus pantalones de cuero y un abrigo largo turquesa aterciopelado con cuello en "V", su cabello estaba recogido por primera vez en un año y su rostro maquillado perfectamente.

-Voy a salir.

-¿Vas a buscar a Emma?

-Claro que no.

-¿Entonces? –Quiso saber poniéndose de pie y analizando de cerca el atuendo.

-Afortunadamente para mí, no debo decirte todo lo que hago.

Emma:

Cariño, estoy segura de que todo va a salir bien para tu amiga, tienes otras cosas de que preocuparte y debo admitirte que me pareció una jugada bastante interesante el que te dirigieras al palacio de Aurora en vez de al de Midas directamente; confío en que lograrás alcanzarla, trata de no irritarle mucho, sabes bien que cuando se trata con Aurora no importa la edad que tengas debes adoptar el papel de adulto responsable.

Respecto a lo que dices de tus padres, yo estoy segura de que deben estar vueltos locos buscando por ti, jamás dudes de su determinación después de todo lograron encontrar magia en un mundo sin ella para volver por ti; yo nunca dudé de ellos y ahora afirmo que tanto tu madre como tu padre van a estar muy emocionados por verte; probablemente yo aún no sea su persona favorita en el mundo y es muy probable que nunca lo sea pero debes tener confianza en que aunque erráticos no tienen malas intenciones. Es bien sabido que me ha costado entender eso de tu madre pero la distancia me ha servido bastante para la imparcialidad y tú eres experta en eso, no dejes que tus sentimientos hacia mi te impidan llegar a ellos.

Yo también te extraño, no tienes idea de cuánto.

Regina.

-Su alteza, la princesa Emma. –La presentó el guardia frente a Aurora quien se encontraba desayunando.

-Cielos… creciste. –Fueron sus primeras palabras. -¿Qué demonios te pasó? –Quiso saber enseguida.

-Hui.

-¿Y me viniste a buscar a mí? ¿De qué me perdí? –Inquirió realmente impresionada. –Acomoden un lugar para Emma. –Gritó tras aplaudir un par de veces y los sirvientes acomodaron el plato y los cubiertos enseguida.

-Gracias.

-Te ves horrible.

Emma sonrió; era la primera vez que notaba la similitud en conducta que tenía con Maléfica y probablemente era porque también era la primera vez que estaba a solas con ella; extrañamente le parecía más amable si no estaba frente a los demás reyes tratando de demostrar su supremacía. –Sí bueno, tal vez puedas prestarme tu baño después de comer y me aseguraré de hacerme lucir mejor.

-Bien, ¿Qué haces aquí?

-Quiero volver a casa, ¿Me puedes llevar al palacio del Rey Midas? –Inquirió sirviéndose avena y poniendo dos cucharadas enteras de azúcar y un tanto de miel sobre la misma.

-Qué asco, Emma.

-¿Viajar conmigo? –Quiso saber mezclado todo.

-No, claro que no, salimos mañana temprano. ¿Cómo puedes comer eso?

-Deberías probarlo. –Afirmó poniendo la cuchara cerca de sus labios y un tanto desconfiada comió.

-¡Por todos los Reyes! ¿Cómo es que no has muerto? Puedo sentir el azúcar.

-Hui porque no me dejaban comer mi avena así. –Bromeó y terminó el bocado de Aurora antes de hundir la cuchara nuevamente en su mezcla y continuar comiendo

Regina:

He llegado bien al palacio de Aurora y nos prepararemos para salir mañana temprano con sus guardias, estoy teniendo un comportamiento adecuado del cual estarías parcialmente orgullosa…. Y digo parcialmente porque no estoy siendo precisamente la princesa con modales a la que educaste pero al menos ella encuentra mi compañía agradable y no está siendo completamente odiosa.

Esta noche dormiré en una cama por primera vez en meses, es irónico cómo un lugar tan hermoso como el palacio de Aurora me puede hacer sentir tan sola y nostálgica incluso con una cama cómoda a mi disposición, supongo que este es un preludio de lo que sentiré al volver al palacio de verano con mis padres y aunque no quiero predisponerme sé que el volver con ellos es iniciar de nuevo con la carga de responsabilidades, me siento extraña, agobiada y sola como si finalmente estuviera asimilando la realidad que me corresponde… Soy una princesa y eventualmente me convertiré en reina.

Emma.

-¿Qué hora es en el sur? – Inquirió Regina.

-Pasada la media noche, debe estar dormida, ¿Vas a ir a espiarla mientras duerme? –Maléfica se dedicaba a leer un manual de cubierta negra en el diván y sólo alzó la vista un instante.

-No seas absurda. Haré… magia.

-¿Harás algo privado? ¿Quieres que me retire de la habitación? –Preguntó con una sonrisa.

-Magia blanca. -Reiteró

-Tienes mi atención.

Regina sonrió apaciblemente y con un movimiento suave de sus manos hizo aparecer una mariposa naranja que con suavidad se empezó a mover entre sus dedos. Cerró los ojos y esta se desvaneció.

Cuándo Emma despertó no estaba segura de por qué lo había hecho, aunque a decir verdad tampoco recordaba el momento en que se había dormido, únicamente haberse dejado caer a la cama; seguían encendidas las velas sobre la mesilla y por la ventana podía observar que aún era de noche, bastante noche, ¿Qué era lo qué podía haberla despertado?

Se llevó una mano a la cara y se hubiera tallado los ojos a no ser porque sobre su dedo meñique descansaba una mariposa monarca… -Hola. –Saludó a la diminuta reina y la acomodó en el borde de su copa de agua, sólo para notar que yacía otra más en la tela del dosel y enseguida otra que bajaba por su cabello… -¿Mariposas? Esto es… muy cursi Regina… –Afirmó maravillada y ante sus ojos apareció una más en su otra mano, caminó por sus dedos y brazo hasta su hombro. –Woah…

-Está despierta. –Regina declaró con una sonrisa suave y dejó de enviarlas.

-La despertaste para enviarle mariposas. –Maléfica no podía creer lo que acababa de presenciar.

-No hay nada peor que cuando debes asimilar la realidad que te corresponde, sientes miedo y coraje, hay impotencia y sólo quieres… sólo quieres dejar de existir. –Nunca había presenciado a Regina tan sensible respecto a una carta de Emma, ésta definitivamente había tocado una fibra. –No puedo tolerar que Emma deje de existir; tal vez no puedo aparecerme en su habitación y consolarla, pero puedo encontrar formas de llegar a ella.

-Pero… ¿Por qué? ¿Por qué no puedes hacerle visitas ocasionales?

Sus ojos se encontraban inundados de lágrimas que con las manos se apresuró a retirar sin protocolo y respiró hondo mirando hacia el techo. -Dejarla con sus padres ha sido una de las cosas más difíciles que he hecho; tengo la certeza de que si la vuelvo a ver no seré capaz de soltarla jamás. -Admitió en voz baja, cómo si las paredes pudieran escucharla, cómo si temiera a sus propios pensamientos y al mismo tiempo, ignorando por completo el significado implícito en sus palabras.