Hola a todos , hoy he actualizado un día después por que fanfiction no reaccionaba el día de ayer

Además tuve que llevar a mi hermana al doctor pero el capitulo del viernes, se dará de forma normal.

Este capítulo es exageradamente corto pero el capítulo 23 es bastante largo e interesante : ).

Para quien preguntó sobre el amor entre Aurora y Maléfica, eso se va a tratar en capítulos posteriores .


Capítulo 22:

Cuidándole a la distancia.

Regina:

Creo que estoy enamorada del mar, las personas usualmente hablan de tormentas, remolinos y monstruos marinos pero no he visto nada de eso, no hemos tenido nada más que un perfecto viento y un oleaje suave, creo que tengo a Úrsula de mi lado en este viaje, de seguir las cosas así llegaremos en tan sólo un día más y podremos dar fin oficialmente a las diligencias planteadas.

Realmente lamento que consideres tu vida tediosa pero debo confesarte que me pareció de lo más lindo imaginarte rodeada de arbolitos que no superan tu estatura; en esos casos hay que ser paciente, puede que los veas frágiles y pequeños pero crecerán y darán la mejor manzana para sidra, confío en ello y en las capacidades de jardinero de Chip; supongo que también para él debe ser extraño encontrarse en esa situación; para él y para todos pero creo que en vez de luchar contra lo que no puedes cambiar podrías tratar de verle el lado bueno, se han convertido en tu familia y prefiero mil veces que estés acompañada de ellos a imaginarte sola, sé que es incorrecto pero realmente envidio tu nueva vida, suena completamente irresistible.

Por lo pronto deséame suerte en mis próximas responsabilidades.

Emma.

Maléfica se encontraba riendo y no pudo continuar la carta más allá del primer párrafo. –Eres demasiado buena, ¿Ni siquiera le vas a decir que renunciaste a uno de los líquidos más mágicos en esta tierra para que ella pudiera viajar sin marearse?

-Claro que no.

Emma:

Suerte, cariño.

Regina.

-Su majestad, la Reina Ingrid de Arendelle, Su alteza, la Princesa Elsa de Arendelle, Su alteza, la Princesa Mérida del Norte. –Anunció el guardia; se encontraban en un pequeño palacio con un salón construido completamente en mármol, Blancanieves y Emma habían llegado unas horas antes y cuando la princesa escuchó el nombre de Mérida justo después del de Elsa, no pudo evitar soltar un pequeño grito de entusiasmo que confundió por completo a su madre.

-Trajo a Elsa. –Explicó tratando de justificar su felicidad. –Es un placer, su majestad. –Emma sonrió al verla entrar y le hizo una breve reverencia.

-Su majestad, la Reina Blancanieves del Bosque encantado, Su alteza, la princesa Emma del bosque encantado. –Las presentó el guardia y se retiró.

-He escuchado muchas cosas sobre usted, Princesa Emma. –La mujer era alta, rubia y con una mirada azul que por un instante le robó el aliento; hablaba fuerte y claro haciéndoles saber quién mandaba a cada paso. –Reina Blancanieves… un gusto saber que ha vuelto de su exilio. –Después de ella, Mérida y quien debía ser Elsa, entraron. –Su amiga era la misma chica impetuosa a la que recordaba y llevaba de la mano a una versión más joven de la reina Ingrid, su vestido celeste contrastaba con sus ojos y sonreía con tranquilidad mientras cargaba en un brazo algunos documentos.

-Un placer verla de nuevo, su majestad. –Saludó Blancanieves y las invitó a sentarse.

-Hagamos esto rápido, estamos ocupadas en nuestro reino sólo entrégame lo que debo firmar.

-¿No piensa revisarlo? –Blancanieves lucía completamente confundida, ella había tardado meses en proporcionar la firma.

-No es necesario.

-Hemos traído un tratado de comercio para que usted lo conserve. –Emma le hizo saber entregándolo en una bolsa de cuero; también se encontraba confundida, no podía ser tan fácil.

-Muy bien, servirá para que Elsa se familiarice con las reglas. –concluyó pasándolo a su sobrina y sacando su pluma para firmar el documento, selló con el grabado de su collar y devolvió el documento.

-¿Eso es todo? –Emma no podía evitar sentir incluso un poco de decepción.

-Esa es la idea, tenemos realmente mucho qué organizar y no nos interesa perder los beneficios que obtenemos por medio del tratado de comercio. –La reina Ingrid mostraba una actitud que contradecía todas las historias que existían sobre ella… tal vez era cierto lo que decía Graham: Los libros solo cuentan una pequeña parte de los hechos.

-Disculpe su alteza, pero creí que iba a ser más complicado. –Confesó la princesa con vergüenza.

-Usualmente lo es, pero le debemos un gran favor a Regina y me hizo jurar que no iba a cuestionar nada.

-¿Cómo dice? -Inquirió Blancanieves recuperando el interés.

-¿Regina? –Fue lo único que pronunció Emma.

-Encontró a la princesa Mérida navegando en un barco de pasajeros, sola y sin oro hace meses. -¿Así es como sucedió, pequeña? –Mérida asintió como toda una princesa siguiendo el protocolo, no había dicho palabra alguna a pesar de la emoción que sentía al verla nuevamente. –La llevó hasta mi lo cual fue bastante conveniente porque su huida de casa hizo que sus padres nos declararan la guerra alegando que nosotros la teníamos. Es bien sabido que mi sobrina y la princesa del norte tienen una amistad… muy estrecha.

-Oh, vamos tía Ingrid. –Elsa habló con inquietud y Mérida no pudo ocultar una suave risa.

-Necesito tiempo, Elsa… El punto es que Regina le ha obsequiado a Mérida una puerta para que pueda ir y volver, llevar a mi sobrina con su ruidosa familia y permitirle regresar en un respiro. Regina le devolvió la sonrisa a Elsa y yo prometí no cuestionarte.

-¿Vieron a Regina? –Completó tras la información y Mérida giró los ojos impresionada ante el manejo de prioridades de su amiga. -¿Te ayudó? –Le dirigió la pregunta.

-Es asombrosa… -Respondió sonriente.

-Afirmó que todo iba a estar bien y mi reino confía en su palabra. –Explicó Ingrid poniéndose de pie. –Ahora, si me disculpan me debo retirar ¿Listas, niñas?

-Nos vemos pronto, Emma. –Se despidió Mérida.

-Gracias… por todo. –Completó Elsa y se esfumaron en una nube blanca.

Regina:

Eres asombrosa y te amo.

Emma.

-Creo que alguien ya se enteró de lo que hiciste por su amiga.

-No hay discreción en esta vida. –Se quejó mientras escondía su sonrisa contra la almohada.

Emma:

Realmente desearía que hubiera un poco de respeto ante mis aleatorios y anónimos actos hacia las personas.

Regina.

Regina:

Tengo muchos celos, no me va eso de ser una doncella en apuros pero podría tirarme desde lo alto de una torre con tal de que aparezcas… mi mente suele pensar ese tipo de cosas cuando siento que no aguanto un segundo más.

Lo que has hecho unificó a los dos reinos más lejanos entre sí, evitaste una guerra e hiciste feliz a un par de princesas… todo con bajo perfil, salidas mínimas de tu casa ubicada en un lugar secreto y sin recursos. Regina, eres mejor reina de lo que yo podré ser jamás, de lo que cualquier persona podrá serlo, el Bosque Encantado no tiene idea del tipo de reina que perdió

Llegaremos al palacio de verano al anochecer, el viaje ha sido increíble, me encantaría vivir en la costa y navegar a placer.

Gracias por todo.

Emma.

Regina leyó la carta detenidamente, estaba sentada junto a uno de los pequeños manzanos y sonreía, le agradaba el reconocimiento de Emma… era el único reconocimiento que esperaba y hacía que su estómago recuperara la sensibilidad que con la inmortalidad había perdido.

-Prometo que van a crecer pronto y podrá descansar bajo la sombra en vez de sentir que yace entre un montón de arbustos. –Le hizo saber Chip mientras revisaba las hojas de uno de los manzanos.

-Eso dijo Emma… no de ese modo, me dio una charla sobre tener paciencia, ahora son pequeños y frágiles pero con el tiempo darán la mejor sidra.

-Oh, bueno saber que esa tonta a veces dice cosas inteligentes. –Declaró cubriendo su rostro con la manga de su camisa para que la reina no pudiera ver su sonrisa.

-¿Cómo la llamaste?

-La llamé tonta, su majestad.

-¿Eres consciente de que tiene diecisiete años y está al frente de todos los asuntos sociales en el bosque encantado? Es el escribano más joven que ha habido, ha hecho leyes y modificado otras, conoce el apropiado uso del protocolo Real y es la favorita del reino.

-Confíe en mí, es mi mejor amiga y es tonta.-Para ese momento le costaba mantener la compostura.

-No seas absurdo, es maravillosa, no hay nadie que la iguale, ¿Por qué estoy discutiendo contigo sobre esto?

Chip trataba de no reírse. –Emma es tonta, inmadura y joven.

-Tú no sabes absolutamente nada, Emma es perfecta y hablas por hablar.

-La conozco.

Regina se puso de pie de inmediato y lo tomó del brazo a través de los jardines, por la cocina y hasta la biblioteca. –Se acabó tu temporada de jardinero, Chip. –declaró con dureza y la Señora Potts escandalizada miraba desde el marco de la puerta. –Estudiarás Historia de Reyes.

-¡Por Merlín! –Maléfica guiada por el ruido miraba sobre los hombros de la madre del muchacho y Graham del otro lado.

-¿Ustedes también quieren estudiar? –Gritó Regina antes de que desaparecieran en direcciones opuestas.

-¡Traidores! –Exclamó el joven.

Emma:

Si se te ocurre saltar de una torre sólo para que yo aparezca culparé enteramente a tu madre, no hagas nada estúpido, preferiría que me contaras cómo te sientes ahora que has vuelto al palacio.

Estoy enseñándole a Chip historia de Reyes como castigo por empezar a hablar mal de ti, te menospreciaba como si tu reinado fuera decadente, voy a enseñarle al niño lo que es realmente un reinado lamentable.

Regina.

-¿Estás sonriendo, cielo? –Su padre se sentó a su lado con una taza de té y Emma no pudo ignorar el sutil temblor en su mano.

-Oh, padre, yo no sonrío, probablemente es tu visión. –Bromeó.

-Eres mentirosa y cruel, ¿Cómo te atreves a jugar con mi visión? Es una de las pocas cosas que me quedan bien ¿Te escribió Regina?

-No me acostumbro a que a ti no te moleste.

-Shh. –Sonrió. –Estoy muy molesto, eres la peor de las hijas. –Dijo en voz alta y enseguida bajó la voz. –Ahora dime qué te dijo.

-Mi amigo Chip… Solía molestarme diciendo que la reina era terrible y yo sabía que él no lo decía realmente pero me provocaba gritar todas las cosas buenas que yo sabía de Regina… has notado que eso me sucede… Regina no sabe que eso es algo que hace Chip y al parecer él se puso a hablar mal de mí y el pobre ahora debe estudiar historia de Reyes para comprender quiénes son realmente malas personas.

-Esa es una acción bastante sensata, ese muchacho… ¿Es acaso un cavernícola? No puede ir hablando mal de las mujeres para probar un punto.

-¿Un qué? –Quiso saber.

-Oh… En el mundo sin magia, los cavernícolas eran personas no desarrolladas… te hubiera encantado ese mundo, eres tan inteligente, estoy de acuerdo con que lo pusiera a estudiar por haberte insultado, aunque fuera para probar un punto… ¿Qué punto?

Regina:

Mi padre no tiene ningún problema con que hable contigo y aunque su curiosidad abarca todos los temas posibles ciertamente me he visto resistente para tocar todo lo que tratamos, me ha causado mucha gracia la situación de Chip y creo que debo decirte que eso es algo muy propio de él, le gusta atacar aquello que más amas para ponerte en evidencia, no tienes idea de cuántas veces te llamó mala reina sólo para hacerme explotar, has caído en su juego.

Por otro lado creo que mi padre está enfermo y no me refiero a un resfriado o algo que un beso pueda arreglar, me siento preocupada por él.

Emma.

-¿A caso soy un juego para ustedes? –Maléfica, Chip y Graham estaban sentados lado a lado en el diván de la habitación con la cabeza baja mientras ella caminaba de un lado a otro con la carta en las manos.

-No te habrías enterado si Emma no nos hubiera traicionado. –Explicó Maléfica.

-Sí, Emma es la traidora. –Agregó Chip.

-Deja de hablar mal de ella, yo ya no te creo nada. –La reina lo fulminó con la mirada e hizo aparecer una silla frente a ellos para sí misma.

-Regina, no te hagas la inocente, sabes bien que todo lo hacemos para mantenerte ocupada.

-¿Por qué me cuidan? Deberían estar haciendo sus vidas.

-¿No lo ha entendido aún, su majestad? –Chip se enderezó. –Esta es nuestra vida, Emma y usted son nuestra familia y si ella no puede estar con nosotros sólo me queda cuidar de usted; esa idiota no me perdonaría jamás si algo le pasara al amor de su vida.-Dijo despreocupadamente y al instante pudo ver la sonrisa en el dragón y el cazador.

-Creo que nadie lo pudo haber dicho mejor, Regina. –Maléfica se recargó en el respaldo aterciopelado, poniendo sus piernas en el regazo de los dos hombres; los tres aún esperaban su reacción.