Hola a todos : ) les traigo el capítulo del viernes, esta vez en fecha y a una hora más o menos decente (Cosa que hay que agradecerle a mi hermana porque me ha traído mi laptop desde la casa).

Nos esperan unos días muy interesantes.

El capítulo 24 se publicará el martes y el 25 y el 26 se publicarán uno tras otro el próximo viernes.

Usualmente no pido comentarios pero me encantaría saber que piensan del capítulo 23.


Capítulo 23:

Mentiras a uno mismo.

-Necesito hablar con… la princesa. -La reina se dirigió a Emma ante la mirada tensa de Blancanieves y continuó. -Sólo será un momento.

Emma hizo una breve reverencia con inquietud y la siguió por el vestíbulo hasta dar vuelta en la biblioteca cerrando la puerta apenas cruzó el umbral.

-Regina. -El resonar del nombre se transformó en llanto mientras corría a sus brazos y hundía su rostro en el cuello de la reina, ambas manos la rodeaban.

-¡Emma! -la respuesta se dio como un suspiro de alivio, la apretó, instintivamente y sintió como su corazón latía intensamente contra su pecho, latía con tanta fuerza que no le permitía respirar, no le permitía pensar. –Me has hecho tanta falta. –Susurró en su oído y la joven princesa la miró con esos enormes ojos verdes y pestañas inundadas de lágrimas.

-No me dejes de nuevo. –Rogó con ansiedad… como si la sola idea le produjera un terrible dolor.

-Tranquila… encontraré el modo. –Prometió y no fue hasta que intentó sonreír que pudo darse cuenta de que ella también lloraba... no estaba segura si era alivio, miedo o desesperación, pero tenerla cerca le producía todo eso junto.

-Tengo tanto miedo de perderte… de que me olvides. –Confesó la princesa y como si fuera lo que debiera suceder, Regina tomó su barbilla con seguridad y sus labios se unieron en un beso, como volver a casa… no, como encontrar el hogar... Sus ojos estaban cerrados y su corazón dio un vuelco, sólo pudo preguntarse de dónde había logrado sacar la fuerza para dejarla ir con su madre en primer lugar.

-Llévame contigo. -Pidió a penas se separaron, la familiaridad de Emma ante lo que acababa de suceder le parecía imposible.

-No, cariño... tu madre…

-Puedes hacerla enojar quedándote conmigo, por favor.

-La cosa... Emma, es que ya no estoy segura de quererla hacer enojar… ya no estoy molesta.

Regina se incorporó de la cama en un sobresalto, la luz de la luna entraba por la ventana de la terraza y su respiración agitada y entrecortada era evidencia del sueño más vívido que había tenido en su vida; su cuerpo entero estaba empapado en sudor, la bata de satín completamente pegada al cuerpo y se encontraba temblando… había sido un sueño y no pudo evitar estallar en llanto, podía sentir aún el recuerdo de los labios de Emma sobre los suyos, esas manos rodeándole la cintura y su respiración desesperada ansiando el contacto… Se sentía confundida, era consciente de que todo eso estaba en su mente por la conversación que había tenido lugar esa tarde en la que afirmaban que Emma tenía años ocultando los sentimientos que tenía hacia ella pero no podía dejarse regir por los rumores.

-¿Estás bien, Regina? –Maléfica la observaba con cautela desde el banquillo del tocador. –Necesitas un baño. –Afirmó aproximándose, no hablaba sólo se convulsionaba suavemente por el llanto y se dejó llevar sin oponer resistencia.

-¿La he averiado? –Quiso saber el joven desde el suelo del pasillo, el cazador dormía con la cabeza recargada en su hombro.

-Regina necesitaba claridad, nos estábamos quedando sin recursos… ciertamente no había tal cosa como "un momento oportuno".

-Todos ustedes están locos, no hay forma de que Emma, MI Emma sea ese tipo de persona. –La señora Potts se acercaba con una jarra de leche y una bandeja de galletas.

-Sencillamente no lo quieres ver, madre, ha estado frente a tus ojos todo este tiempo. –Chip recibió un vaso con leche y comió con premura; era muy pasada la media noche y Maléfica dio media vuelta al interior de la habitación, había dejado a Regina totalmente sumergida en la tina, su mirada fija y perdida en el techo.

-No puedes morir, corazón, ¿Puedes decirme qué demonios sucede contigo? – Indagó metiéndose con ella a la tina, forzándola a sacar la mitad de su cuerpo y toser toda el agua de sus pulmones. –Oh, eso está mucho mejor.

-Te odio.

-Me odias menos de lo que crees, habla.

-…Yo no soy el amor de su vida.

-Oh, pero lo eres.

-Yo no tengo sentimientos hacia ella.

Maléfica sonrió. – Estás mintiendo.

-¿Podrías pasarme el hilo rojo? –Pidió Drizella.

-Todos queremos siempre algo, hilo, tinta, papel, sidra, UNA CARTA, Y NO LO TENEMOS. –Gritó esto último y se dejó caer al suelo junto a la canasta de estambres.

-Ya contestará, siempre lo hace. – le dijo con fastidio mientras se levantaba y tomaba el hilo ella misma.

-Han pasado más de dos meses, se quedó con mi pájaro, eso es cruel, ni siquiera sé que hice esta vez, creí que estábamos bien. –Gritó con fuerza y al momento el cuervo se posó en su estómago.

-Ahí está, la mujer sabe cuándo usted está por quebrarse.

Emma:

Ahora me encargo personalmente de los jardines porque Chip disfruta demasiado de la lectura, fui completamente engañada, tenías razón, siempre la tienes aunque no es por eso que dejé de escribir, podría decirte que necesitaba tiempo para pensar algunas cosas, darme cuenta de otras… y aun así nada lo justifica.

Graham quiere saber si has estado practicando con la espada, hemos estado trabajando en unas pociones que le podrían servir a tu padre y va a viajar hacia el palacio de verano, quiere que escriba que estará encantado de permanecer unos días a tu lado porque no ha tenido una buena pelea en años.

Espero tu respuesta.

Regina.

-Espera mi respuesta… Cree que puede desaparecer por cuatro meses y… ¡Esperar mi respuesta! –Gritó.

-No fueron ni siquiera tres. –Drizella no la miraba.

-Fueron seis meses muy angustiosos. – Declaró completamente fuera de sí. – Regina. –Le susurró al ave y salió del cuarto de blancos tirando todo a su paso.

-¿Qué esperaba? –Chip tenía en sus manos el ejemplar de piedras venenosas y sólo alzó la vista cuando Regina le mostró que el ave no llevaba respuesta.

-Una carta, ella siempre escribe.

-Probablemente esa ave tendría una carta si no la hubiera mantenido aquí diez semanas, o si le hubiera contado la verdad al escribirle esta mañana.

-Nadie me respeta en esta casa. –Se quejó con los ojos húmedos al sentarse en la biblioteca y comenzar a escribir.

Emma:

Entiendo, estás molesta, me quedé con tu ave y no sabes dónde estoy, te dejé incomunicada, soy una terrible persona pero realmente necesitaba pensar, tuve un momento de realización en el que no era realmente yo misma y no puedes estar molesta conmigo… No sé cómo lidiar con esto.

Regina.

-¿Todo en orden cielo? –Blancanieves preparaba a la guardia real para un viaje de administración de recursos.

-Yo estoy bien, ¡TODO ESTÁ BIEN! –Gritó sin mirarla y siguió por los pasillos hasta sus habitaciones.

-¿Y a ella que le sucede?- Le preguntó David quien estaba sentado a su lado comiendo unas bayas.

-Querido, debes ir tú, yo no tengo idea de cómo tratar los temas de Regina, sabes que me vuelvo loca y la hago enojar aún más.

-¿Cómo sabes que está así por Regina?

-Porque no soy tonta. –Respondió molesta.

-¿Regresó el ave nuevamente? –Maléfica sonreía acariciando la cabeza del cuervo.

-Creí que dijiste que me amaba. –Se quejó hundida en las cobijas.

-Te está leyendo, Regina, de lo contrario habría secuestrado al pájaro así como tú lo hiciste, dale tiempo, ¿Enviaste a Graham con las pociones para Encantador?

-Así es, ciertamente deseaba una respuesta antes de enviarlo pero desconocemos su estado de salud.

-Su majestad. –Interrumpió el guardia cuando David caminaba hacia las habitaciones de la princesa.

-Sí, diga.

-Graham, ex jefe de la guardia real. –Presentó.

-Su majestad, justo con usted quería hablar. –Graham dio un par de pasos hacia él e hizo una reverencia breve.

-¿Conmigo? –Inquirió mirando hacia ambos lados extrañado.

-La reina Regina ha enviado un regalo para usted.

-Eso sólo lo hace aún más extraño… -Declaró y con torpeza en sus movimientos lo guio por los pasillos hasta la biblioteca. -¿De qué se trata? –Quiso saber apenas estuvieron solos.

Graham sacó dos pequeños frasquitos de cristal, uno en un tono celeste que brillaba y otro en color malva mate. –La princesa Emma le ha contado que teme por su salud, nota que se deteriora rápidamente y estos dos deberán ayudarlo a que se mantenga fuerte por un tiempo, aun así deberá hacer una lista de todo lo que siente para que su Majestad y Maléfica puedan trabajar en uno con sus síntomas específicos.

David no podía creer lo que escuchaba. - ¿Regina me quiere ayudar? … ¿Por qué está molesta mi hija?

-La princesa está al tanto de esto, no es lo que la tiene molesta; tome primero la morada y luego la azul.

Emma tomó su bolso de cuero, metió un par de cambios de ropa, oro porque era consciente de cómo funcionaban las cosas afuera del palacio, bajó con cautela por las escaleras del servicio hasta la cocina, siguió hasta los jardines y a penas Dragón estuvo ensillado salió del palacio.

La nota únicamente decía "Escribiré pronto, iré al Sur, los quiero", sobre la cama y tal vez la encontrarían aplastada por Lucifer cuando este terminara su siesta.

Mientras se alejaba del palacio entre el denso bosque otoñal sólo podía pensar que a lo largo de su vida había tenido razones más fuertes para salir huyendo y sin embargo ahí se encontraba, como una completa víctima de sus emociones, le molestaba Regina, que quisiera conducirse como si no la hubiera ignorado todo ese tiempo y no le importaran para nada sus sentimientos, deseaba interesadamente que ella sintiera lo mismo. Regina tenía un sinfín de argumentos secretos, cosas que no le decía y la mantenía al margen, la consideraba una niña que no merecía la confianza ni tampoco reciprocidad pues bien, era el momento en el que ella iba a demostrar su valía y no iba a ceder fácilmente.

-¿Cómo que no está?

-Dejó una nota, va escribir. –David sonaba como alguien que deseaba estar en cualquier lugar menos dando explicaciones respecto a los actos de su hija.

-¿Dónde estabas cuando sucedió esto? Creí que habías ido a hablar con ella.

-Bueno, Regina envió a Graham con un regalo para mí y pasé la tarde con él describiendo mi estado de salud.

-¿Cómo dices?

-Ella está realmente interesada en que yo viva muchos años, al parecer es mi nuevo médico.

-Claro, porque nos faltaban razones para volverla un santo.

-¿Te he dicho lo mucho que me gusta cuándo hablas como si no fueras de este mundo? –Sonrió suavemente tomándola de los hombros y juntando su nariz con la de ella.

La mujer giró los ojos con fastidio le golpeó el brazo y le arrebató la nota. -¿Qué hay en el Sur? Pantanos, Mosquitos…

-Maléfica, Aurora, El reino de las hadas…

-¿Acaso tú hija no puede alejarse de los problemas?

-Bueno… es tu hija también, Blanca. –Sonrió y con cuidado le mostró los frascos. –No los he tomado aún, deseaba hablarlo contigo primero, ya sabes, porque odiamos a Regina, hizo de nuestra hija un monstruo rebelde que le pone mucha azúcar a su avena…

-Deberías hacerlo… -Declaró. -Regina no te mataría, supongo que no lastimaría a Emma de esa forma y cualquier cosa que pueda ayudar en este momento será bien recibida, no estoy lista para perderte.

-Chip, ponte en guardia, vas a aprender a pelear. – Exclamó el cazador apenas pisó el vestíbulo.

-Claro que no, está estudiando alquimia. –Maléfica interrumpió.

-Nadie hará nada. –Regina entró a la casa con unas tijeras de jardinería y las dejó en el suelo para encontrarse con los demás. –Debes contarnos qué fue lo que sucedió.

-La princesa no estaba, su madre fue la última en verla e iba por los pasillos gritando que estaba bien, únicamente dejó una nota diciendo que iba al sur; empacó lo mínimo necesario y salió en dragón sin que nadie la notara. Es todo lo que puedo decirle al respecto. Realmente fue una lástima porque necesito una buena pelea. –Del bolsillo en su cinturón sacó un rollo de pergamino y lo puso en su mano. –Esto es todo lo que padece el Rey David, realmente sorprende que esté vivo, tiene mucho trabajo.

-¿Dijo exactamente a qué parte del sur? –Maléfica quiso saber. –Tal vez puedo interceptarla.

-Emma sabe lo que hace… tal vez esta vez no tenemos idea de qué está sucediendo, pero sabe lo que hace.

Emma:

¿Qué pretendes al escaparte de casa? Pensé que todo estaba en orden, ¿Es acaso que te han lastimado? Tienes muchas responsabilidades y eres consciente de que tus padres te necesitan para mantener el reino a salvo.

Graham ha estado en el palacio, ha visto a tu padre y le ha dado las pociones que hemos enviado y ha tomado nota de todos los síntomas que tu padre manifiesta, Maléfica y yo nos haremos cargo de eso en medida de lo posible pero realmente me haría mucho bien saber dónde te encuentras y si está todo en orden.

Regina.

-Ella pensó que todo estaba en orden… Claro porque la última vez que escribió fue hace meses y las cartas se interrumpieron de forma misteriosa y no tiene idea de lo sola que me he sentido, de las cosas que pensé, la impotencia que sentí y me entero que sencillamente ella "Necesitaba pensar" ¿Pensar qué? ¿Si me iba a abandonar? ¿Si alguna vez me iba a volver a contestar? ¿Quiso considerar si yo aún era entretenida? Estoy muy molesta.

-Debes de darte cuenta de lo extraña que es tu actitud, Emma. –Aurora bebía una taza de té en la biblioteca mientras uno de sus sirvientes pasaba el plumero por los estantes y el aire de los jardines florales entraba por los ventanales.

-¿Y la de ella?

-Bueno, ¿Qué es exactamente lo que quieres que ella te diga?

-Quiero que aparezca y me explique por qué demonios pasó de hablar con tanta soltura a discutir temas del reino y tratarme como niña.

-¿Por qué necesitas eso? Tienes el reino a tu disposición, yo creo que tienes un tremendo capricho con Regina.

-Calla, yo la amo.

-Lo sé, está en los libros, te despertó de un hechizo y eso no hace que se vuelva menos extraño.

-No lo sabes, Aurora, la amo, de verdad.

-Lo sé. –Explicó. –Lo sé. ¿Cuánto tiempo planeas quedarte?

-No quiero volver y realmente no tengo otro lugar a dónde ir.

-Yo quería a una niña viviendo conmigo, no una mujer con problemas amorosos. –Se quejó. –Haré que te preparen una habitación. –Concluyó y por un instante Emma pensó que realmente se levantaría pero sólo palmeó las manos y un sirviente acudió.

-¿Con Aurora? –Regina no pudo evitar sonreír. Habían transformado una de las habitaciones en un cuarto de alquimias y con Chip en la esquina estudiando, Maléfica y Regina trabajaban en la poción para sanar a David.

-Así es, la mujer tiene nueve años sin hablar conmigo, desde el ataque de Robin Hood a Emma y esta mañana me ha escrito para informarme que Emma está en su palacio.

-¿Qué te escribió? –Quiso saber y Chip dejó lo que hacía para escuchar con atención.

-Únicamente eso. – Afirmó mostrándole a nota.

Maléfica:

Emma se quedará indefinidamente conmigo en el sur.

Aurora.

Leyó Regina en voz fuerte y devolvió la nota antes de continuar con la poción.

-Evidentemente no es para mí. –Maléfica no podía ocultar su inquietud al hablar. -Emma encontró una forma de informarte dónde está y también de que Aurora hable conmigo, ¿Cuáles son sus razones?

-¿Cómo pretendes que sepa? No me habla, deberías preguntarle a tu reina.

-¿Preguntarle? La última vez que hablé con ella fui muy dura y ella dijo que no quería saber nada de mí y ahora actúa como si nada hubiera sucedido al informarme sobre la ubicación de Emma.

-Parece que Aurora y yo tenemos cosas en común. –Declaró al mezclar una formula rojo brillante con otra que parecía un humo celeste y notar cómo la poción perdía todo color y magia al instante. -¡Demonios! ¿Por qué ese hombre no puede tener males más sencillos? Es la quinta poción que se arruina.

Madre:

Disculpa por haberme ido del palacio sin aviso, sólo necesito un descanso antes de iniciar con todo el protocolo que ser una reina implica, prometo que voy a volver y voy a asumir todas las responsabilidades necesarias; los quiero muchísimo.

Actualmente me encuentro con Aurora y como no me estoy ocultando pueden venir a visitarme cuando gusten. Sé que parece contradictorio pues al inicio de todo esto me negaba por completo a permanecer un instante en su palacio pero evidentemente las cosas han cambiado, la necesito.

Emma.

-¿La necesita? –Quiso saber David.

-Eso dice. – Confirmó entregándole la carta. -¿Se referirá a Aurora o a Regina? ¿Crees que Regina esté con Aurora?

-Por lo que he leído no se llevan bien, Graham me dijo que Emma y Regina tenían conflictos, tal vez eligió ese lugar para alejarse de Regina.

-¡Ella estaba alejada de Regina aquí!... –Exclamó molesta. -¿Qué tipo de problemas? –Su curiosidad afloró de forma tan inminente que David no pudo evitar reírse.

-Maléfica le dio a Emma un cuervo con el cual se comunica con Regina.

-¿¡Maléfica hizo qué?! ¿Mi hija se comunica con Regina? ¡LO SABÍA! Emma no podía ser tan dócil.

-Pensé exactamente lo mismo, pero estás perdiendo el punto, cielo.

-Tienes razón, Dios… Este mundo es tan interesante.

-¡Lo sé! Al parecer le dijo algo a Regina que la puso a pensar por algo así como entre diez semanas y seis meses, la historia varía si la escuchas de Anastasia, porque ella dice que la carta no decía absolutamente nada extraño y bueno, Emma estuvo sin saber nada de Regina y luego cuando al fin respondió lo hizo como si nada hubiera sucedido, tu hija está muy molesta. Fue lo que Graham dijo porque ahora Emma no está enviando cartas, sólo regresa al cuervo. – Concluyó dándole una mordida a una manzana.

-Que sutil… No entiendo.

-Yo creo que deberíamos hacer las paces con Regina, las cosas van muy bien con Emma…

-David, entiendo que parece ser una persona completamente diferente, el pueblo la respeta, Emma es maravillosa y nos quiere como si nunca nos hubiéremos ido gracias a ella, pero no puedo olvidar todo sólo porque sí, necesito… necesito hablar con ella, que me explique… tal vez disculparme por tratar de matarla cuando llegué… ¿Por qué no se murió? Además la niña huyó a la mitad de la mañana en un berrinche, si mi hija está molesta con ella yo también.

-Que conveniente… Emma no es una niña y no es un berrinche, está herida; deberíamos visitarla para su cumpleaños.

-Ella no lo celebra… y faltan cuatro meses, ¿Estás diciendo que Emma no va a estar en casa por cuatro meses?

-Yo creo que deberíamos acostumbrarnos a no tenerla cerca por un tiempo y dejar de tratarla como si fuera de nuestra propiedad. Es cierto que volvimos por ella pero eso no significa que deba pasar todos los momentos del resto de su vida a nuestro lado.

-Honestamente, Regina, suena poco práctico.

-¿Se te ocurre una mejor idea? He tratado de hacer una sola poción que arregle todos sus problemas de forma individual, pero no existe.

-¿Y por eso creaste cinco diferentes?

-Funcionará.

-Ni siquiera puede tomarlas todas al mismo tiempo.

-Sabes que no, se inactivarían y no serviría de nada. Dos de ellas en la mañana, una a la mitad del día y las otras por la noche.

-¿Y debe hacerlo a diario?

-En dosis pequeñas.

-¿Qué clase de persona puede estar atada a un estilo de vida así?

-Una persona muy enferma y deberá hacerlo.

Emma:

Sé que han pasado varios meses desde la última vez que comenté algo referente a la salud de tu padre, no creí que tratar problemas de salud con magia fuera realmente algo tan desafiante, es decir, fuiste una niña bastante sana. A decir verdad teníamos las respuestas desde el inicio pero nos negábamos a creer que fuera tan impráctico. Te explico: No hay una poción definitiva para curarlo pero hay cinco diferentes que lo pueden hacer en diferentes áreas. He tenido que redactar un pequeño manual sobre cómo debe tomarlas y prepararé más para que no se quede sin ello. Va a estar bien, cariño.

Te extraño muchísimo y sé que lo sabes. Te escribo todos los días para decírtelo, pero me haces mucha falta, leerte era mi felicidad y ahora me encuentro irónicamente trabajando para mantener vivo a tu padre y por ende feliz a tu madre… el destino trabaja de forma muy curiosa y no puedo dejar de preguntarme cuál va a ser mi propósito en esta vida a partir de ahora.

A penas termine el invierno, esperamos que los manzanos den sus primeros frutos y tal vez no sean las mejores manzanas aún pero seré paciente, lo prometo.

Regina.

-¿Entonces está manteniendo sano a tu padre? –Aurora revisaba la carta mientras Emma leía el tratado de comercio del sur con el reino más allá del mar y corregía concentrada.

-Así no tengo que ser reina inmediatamente. –Respondió sin mirarla. –No me sorprende que tu relación con Ingrid sea tan mala, ¿Quién demonios redactó esto? Vives prácticamente en la costa, deberías aprovechar tus recursos, Aurora.

-Es lo más egoísta que he escuchado… y yo soy bastante egoísta. –Respondió ignorando el argumento sobre el tratado.

-No sólo quiero que mi padre esté bien por eso, lo quiero mucho, lo otro sólo me hace la vida más sencilla hasta que ser reina sea algo inminente, además no soy tonta, sé que voy a ser reina con ellos aún vivos.

-Claro y sigues sin contestarle a Regina, a pesar de todo.

-No hablaré con ella.

-Nadie te está obligando, realmente creo que es odiosa y no deberíamos escribirles de nuevo jamás.

Maléfica:

La reina Blancanieves ha escrito para informar que nos harán una visita en un par de semanas con el propósito de celebrar el cumpleaños de la princesa Emma, al parecer nació en una noche a finales de invierno o cuando ya había terminado el invierno… honestamente no le puse atención pero van a venir.

Emma está odiando la idea y tiene entre sus planes huir al este y vivir en el bosque, a veces quiere atravesar el mar y por momento sólo mira al vacío y repite que no hay forma de que ella acceda a tal cosa. Su falta de claridad respecto a su siguiente paso hace evidente el hecho de que va a celebrar su cumpleaños al lado de sus padres, le guste o no.

Aurora.

-Cartas impersonales con información aleatoria, me están utilizando de mensajero.

-No lo estás viendo de forma adecuada, sí te están utilizando de mensajero pero Emma es muy lista, podría enviar a alguien del servicio a la plaza del pueblo e iniciar el rumor de que ella está ahí, nos hubiéramos enterado igualmente. Pudo haber hecho que Anastasia o Drizella corrieran el rumor de que sus padres iban a dejar el palacio. Pudo haber atravesado el mar en búsqueda de Elsa o ir al Norte ahora que sabe que le obsequié un portal Mérida, pero no. Eligió a tu princesa.

-Para usarme de mensajero.

-Emma no es así, la conozco. Su corazón late en mi pecho, ella quiere ver si pueden ser solucionadas las cosas entre Aurora y tú… y tal vez yo haya sido una idiota y secuestrado al cuervo por diez semanas porque soy incapaz de acomodar mis emociones, pero Emma… tal vez ella piensa que si funciona para ustedes… tal vez.

-No me agrada Felipe. –Declaró la joven al instante que el cuervo se posó sobre su hombro. Esta vez no tenía carta de Regina lo cual sucedía a veces como la forma de hacerle saber que aunque no tuviera nada qué decir, nunca se quedaría con el ave más de lo debido.

-Bueno, no tiene por qué agradarte, es mi esposo, no tuyo. –Explicó dándole al ave un trozo de pan que este devoró al instante y se acurrucó en su regazo, el cuervo amaba a Aurora.

-Ni siquiera está en el palacio, mis padres están juntos siempre.

-Es porque tú tienes un reino enorme y nosotros tenemos un reino de buen tamaño, cada uno.

-¿Por qué no los unen?

-Porque mi reino es especial, muchas hadas, duendes, criaturitas… si lo uno con otro reino sería matar todo eso. Los pobres habitantes del sur ya tienen suficiente conmigo construyendo plazas donde eran sus casas… El sur necesita una reina con amor y respeto por todo eso. Mientras tanto yo sólo contengo las cosas lo mejor que puedo.

Emma sonrió.

-David, te toca la morada. –Blancanieves le acercó el frasquito con cautela.

El carruaje se movía uniformemente a través de los senderos el sur una vez que habían tomado el camino calcinado por Maléfica hasta el palacio de Aurora. Debían estar a tan sólo unas horas de viaje lo cual era alentador.

-Gracias cielo.

-No puedo creer que Regina se tomara tantas molestias redactando un manual, tomar 5 pociones al día es cómo estar en el mundo sin magia con el pastillero de lunes a domingo.

-Debes admitir que ese manual es la receta más elegante que nos dieron jamás.

-Y con mejor caligrafía. –Sonrió. ¿Te sientes mejor? –Quiso saber apretando su mano con suavidad y recargando la cabeza en su hombro. –Honestamente esto si se siente como una buena razón para solucionar los conflictos con Regina.

-¿Aunque tú hija siga molesta? ¿Vas a interceder por Regina con Emma? "Oh cielo, Regina es realmente una buena chica, deberías escribirle, invítala a cenar". Concluyó David imitando la voz de su esposa lo que hizo que se ganara un buen golpe en el brazo. –Auch.

-¡Eso nunca!

Emma:

Debo admitir que el que seas un bebé de invierno es irónico, ¡Moriste congelada una vez! Nunca supimos en qué momento del año habías nacido y hemos vivido en base a tu edad hipotética por lo cual es realmente maravilloso que el regreso de tus padres nos pueda proporcionar la fecha. Sé que actualmente no represento una gran influencia para ti pero espero que tengas un buen día, que sea agradable y puedas aprovechar las maravillas que el sur tiene para ofrecer, tengo entendido que Aurora está siendo una anfitriona bastante conveniente para la situación y eso me alegra, creo que faltaba alegría en su vida y estoy realmente complacida de que estés a su lado.

Te ama, Regina.

-FELIZ CUMPLEAÑOS A TI, FELIZ CUMPLEAÑOS A TI, FELIZ CUMPLEAÑOS QUERIDA EMMAAA…. FELIZ CUMPLEAÑOS A TI. –Cantó su padre con entusiasmo ante el rostro completamente avergonzado de su hija.

-Por todos los Reyes, padre, ¿Qué clase de canción es esa? –Quiso saber. -¿Y por qué hay una vela en mi pastel de cumpleaños?

-Es para que pidas un deseo, cielo. –Le explicó Blancanieves con dulzura. –Piensas en un deseo y luego soplas la vela, no debes decir que has deseado.

-Sus costumbres son muy extrañas, ¿Si lo saben? – Sonrió. –"Deseo que Aurora sea feliz." –Pensó con fuerza y no supo por qué no pidió que Regina volviera o tener su amor incondicional, sólo supo que eso era lo que sentía correcto al momento. –Quiero volver a casa con ustedes. –Declaró a penas la vela se apagó, su expresión era de seguridad, algo en ella le decía que no tenía por qué seguir ahí.

Maléfica:

Emma ha decidido volver con sus padres para el final de esta semana. La voy a extrañar.

Aurora.

-¿Y decías que era impersonal? –Regina se encontraba totalmente complacida tras leer la última carta de Aurora.

-Supongo que tienes razón respecto a las intenciones de Emma, aunque no sé cómo ayudarla a ver que puede ser feliz aunque yo no lo sea… Después de todo Aurora es una mujer casada.

-Pero le dejaste un sendero para que supiera llegar a ti. ¿No?

Fue hasta que el carruaje de Blancanieves se perdió de su vista que pudo sentir de nuevo la soledad que en todos los meses que había tenido a Emma como compañera no había experimentado. Felipe no llegaría sino hasta dentro de dos semanas más.

Muchas cosas habían cambiado para ella desde el ataque de Robin Hood a Emma y era increíble cómo Regina había decidido ocultarle su participación a la princesa permitiéndole crear esta nueva amistad. Antes del ataque ella participaba activamente en el reino de Felipe, era cómodo y había personas, plazas y ciudades en las que podía desenvolverse a placer. Su esposo realmente no era un monarca de ambiciones y con su ayuda habían impulsado la economía, cosa que le costaba trabajo hacer en su mundo de hadas y criaturas mágicas.

Sin embargo, aquella noche que Maléfica la había visitado le había quedado claro dónde estaban sus prioridades, al menos como reina y era así como Felipe tenía años dividiendo su tiempo para reinar con sabiduría y ocasionalmente visitar a su esposa en su paraíso.

Felipe no era una mala persona, ella realmente lo había querido, era guapo y tenía intenciones nobles pero para tener una relación se necesitaba mucho más que eso, se necesitaba que en su corazón no hubiera una persona más.

Le parecía absurdamente abrumadora la facilidad con la que Emma lo admitía, ella había vivido treinta años negándolo y de pronto aparecía una joven que tenía todo completamente claro, que sabía que era diferente y que abrazaba eso como una característica natural de su persona.

Fue hasta que el carruaje de Blancanieves se perdió de vista que se dio cuenta que también ella se estaba moviendo, no llevaba nada con ella más que su ropa y con los brazos cruzados sobre el pecho le tomó casi dos horas admitir que estaba siguiendo el sendero al pequeño reino de Maléfica.

-No tienes por qué caminar, corazón. –La voz de Maléfica hizo que su piel entera se erizara y detuviera la marcha de inmediato.