Hola a todos, tenía planeado subir este capítulo un poco más temprano pero tuve que llevar a mi hermana al dentista y me fue imposible volver antes.

El capítulo 26 se publicará inmediatamente después de este, tal y como lo he prometido y el capítulo 27 se publicará el día martes así que todo sigue igual : )

Respecto a la cantidad de capítulos que este fanfic va a tener, aún no lo tengo bien claro, yo tenía planeado que fueran entre 35 y 40. Pero aún no lo he definido muy bien (ya no voy tan adelantada en la escritura)

La situación de Maléfica y Aurora se retomará, como se ha ido retomando todo eventualmente.

Emma Tiene 19 años actualmente. (Información para los que han perdido el hilo de la edad de Emma)

Necesito que comenten, ya sea al final de este capítulo o al final del 26, o al final de ambos, pero que lo hagan porque cuando lo lean entenderán mis razones y por qué fue publicación doble.

Saludos a Marie (Regina Marie Mills) Del Grupo SwanQueen en Facebook ; )


Capítulo 25:

El baile de Emma.

Era temprano en la mañana y últimamente para Emma era más complicado encontrar un momento a solas, la planeación de la fiesta de cumpleaños con casi un año de anticipación se había intensificado con el paso de los meses y ahora, a tan solo un día del gran evento, deseaba estar en cualquier lugar menos ahí. Por su mente había pasado la idea de huir pero no le podía hacer eso a su madre, la mujer estaba realmente emocionada y a decir verdad no estaba muy segura para quién era la fiesta si para ella o para su madre aunque preferiría la segunda opción así no tendría que estar sujeta al protocolo, sin embargo, a un día del gran evento aún había tantas cosas que tenía que revisar y aprobar. Esperaba de corazón que esa fuera la última fiesta.

Con el paso de los meses había comprendido que el verdadero propósito del evento no era celebrar su cumpleaños sino meter a todos sus posibles prospectos en el salón para que ella pudiera conocerles… lo cual era… nuevo. Le sorprendió porque no lo vio venir pero con sus padres se estaba acostumbrando a no ver venir las cosas, aun así ella no quería conocer a nadie, sólo quería reencontrarse con Regina… Ella amaba a Regina y aunque para Regina todo era un millón de veces más complicado y parecía sobre analizar las situaciones hasta la locura… habían logrado sobrevivir un año más con cartas, cartas diferentes, abiertas a las emociones, y eso era bueno… debía serlo porque era lo que la mantenía cuerda.

-¿En qué trabajas? – David entró a la biblioteca ruidosamente sacándola de sus cavilaciones y poniendo nuevas en su mente. - ¿No estás emocionada por el baile, cielo? escuche que están viniendo de todas partes, va a ser todo un evento, imaginé que estarías con tu madre preparando el vestido –Comentó sentándose frente a ella mientras comía una naranja.

- Genial… otra expectativa altísima que debo llenar. –Suspiró sin mirarlo.

-Vamos Emma, no esperamos nada de ti, va a ser divertido va a haber mucha comida, sólo tienes que recibir a los invitados con nosotros y el resto de la noche lo puedes pasar bailando con tus amigos, Chip confirmó, no hemos podido encontrar a Aurora y Felipe no va a venir, aún está conflictuado por, bueno, ya sabes, su esposa decidió que ya no quería estar con él y Meléfica cerrando el sur… el aún está tratando de manejar… bueno, todo… si tú sabes dónde está Aurora puedes invitarla, es tú baile, tus amigas deben venir, es una lástima que Ingrid no haya dejado venir a Elsa, tu madre sabe cuánto te emociona Elsa y la hija de Fergus...

Emma sonrió brevemente, su padre realmente podía ser hablador y continuó escribiendo. –Jamás he bailado en mi vida. –Espetó sin alzar la vista. -No puedo evitar ver esta fiesta como lo que es: mi presentación en sociedad; tu bien sabes que no quiero ser una reina, ¿Dónde quedó el padre que me prometió que iba a morir muy viejo? Sólo tengo diecinueve años y ya te duelen las rodillas con el frío.

-Necesitamos un plan de respaldo, cielo, hago lo que puedo pero… -Emma lo detuvo, no quería saber.

-¿En serio te preocupa mucho mi falta de interés afectivo por los demás seres humanos?

-Me preocupa un poco que mi hija sea una reina solitaria, amo a tu madre, me encantaría que encontraras a alguien.

-¿Y te parece que meter a todas las personas del reino en el salón del palacio de verano me va a ayudar?

-Digamos que… me agrada la idea de que tengas a todos a tu disposición.

La Princesa alzó la mirada, finalmente fascinada. – Padre, debo admitir que es refrescante ver a un chico bueno en un papel cínico.

-No sé de qué hablas. –Sonrió con suavidad; Emma bajó la pluma y cruzó los brazos recargándose en el respaldo de la silla.

-De cualquier forma, ya te dije que no se bailar.

-Eso se soluciona fácilmente. –Afirmó dejando la fruta sobre la mesa y pidiéndole su mano. -¿Me permite esta pieza?

-Padre, ni siquiera hay música.

-Emma, ponte de pie o empezaré a cantar una canción. –Amenazó y la joven obedeció completamente sonrojada.

-¿Por qué insisten en torturarme de esta forma? Tengo quejándome de este baile desde que se le ocurrió a mi madre y sólo lo han vuelto cada vez más ostentoso.

-Es trabajo de los padres avergonzar a los hijos, cielo… dame gusto en esto, ¿Por favor? – Inquirió y tomándola con suavidad, acomodó la mano de la princesa en su hombro, la suya en su cintura y ambas manos libres unidas con suavidad. –Imagina que es una batalla, Emma, no hay armas, sólo tú y yo, debes predecir mis movimientos, no para acabar conmigo sino porque somos un equipo, cuando bailas con alguien, eres tú y esa persona contra el mundo. –Explicó suavemente.

-Entendido. –Obedeció suavemente y sintió cómo su padre la guio hacia la izquierda; a la mitad de la biblioteca, pudo percibir en la sonrisa del rey en un gesto que no había visto antes, estaba feliz, tranquilo, parecía realizado y en paz mientras la llevaba en el movimiento suave, de izquierda a derecha, primero un pie, luego otro…. En círculos incipientes y enseguida separándose para una vuelta, todo parecía tan natural.

Regina:

Hoy mi padre me ha enseñado a bailar, debo admitir que ha sido sumamente adorable porque yo no tenía idea de qué debía hacer y ahora al menos sé que no voy a avergonzar a la familia Encantadora, una parte de mi sabe que lo hacía para que yo pudiera brillar en sociedad: al fin he logrado que admita que este baile es una forma de exhibir y exhibirme ante los posibles prospectos para que, cito "Yo no sea una reina solitaria" y debo admitir que me parece absurdo que me quieran casar con un desconocido, como si no hubieran aprendido de la historia, como si no vinieran de haber pasado más de una década en ese mundo en el que las cosas funcionaban diferente, como si yo no te amara a ti… (Bien, esa última parte no la saben), debo admitir que fue un tierno momento padre e hija que estoy bastante feliz que se haya dado.

También me ha dicho que Chip ha confirmado su asistencia, han pasado tantos años desde la última vez que lo vi que me da miedo no poder reconocerlo, o peor, que no me reconozca, porque usaré un vestido, UN VESTIDO, creo que ni siquiera recuerdo la sensación de mis piernas tocándose una con otra ¿Podrías decirle que seré la mujer del vestido rojo? Seguramente habrá más doncellas en vestido rojo, pero bueno… ya sabes, seré la de vestido rojo que esté incómodamente junto al Rey y la Reina tratando de que la noche pasé rápido, tal vez pueda sacarme a bailar y podamos estar incómodos al mismo tiempo… sé que es raro que te pida que le hables a Chip de mi parte pero estoy emocionada por ver a alguien de la familia.

Ojalá pudieras ser tú, nada me gustaría más que poder verte, bailar contigo y mirarte a ti después de todos estos años; creo que he perdido la cuenta de la cantidad de veces que he soñado contigo (sé que lo sabes), en algunos sueños te voy a buscar, otras tu vienes pero siempre acaban igual, conmigo despertando y no hay nada más horrible que despertar lejos de ti, de mi familia y completamente encaminada hacia un destino que me parece odioso.

Tú sabes bien que no me gusta escribir para reclamarte, me gusta escribir para decirte que te amo y que te extraño pero tengo los sentimientos a flor de piel esta vez; espero que estén teniendo una buena cosecha de manzana, tal vez puedas enviar un poco de tu sidra con Chip, tal vez puedas enviar regalos, tal vez yo pueda enviarte regalos y eso haría esto un poco más tangible, a veces siento que olvido el sonido de tu voz y me aterra hacerlo pero más que eso, me aterra que me olvides a mí, que te acostumbres a no tenerme y que tu vida se vuelva tan amena que un día sencillamente yo deje de importar y no pueda hacer nada al respecto, siento que ese día moriré.

Emma.

-Debes admitir que es un muy buen chantaje. –Maléfica leyó la carta con premura mientras Regina revolvía en un enorme baúl frente a la cama.

-Está utilizando sus últimos recursos.

-¿Funcionó?

-Me duele que se sienta así… me duele porque puedo sentir que es sincera… me duele y una vez ordené matar una aldea entera, incluidos mujeres y niños, es… absurdo.

Emma despertó con una incómoda sensación en la boca del estómago; podía escuchar el movimiento de platos, sillas y mesas afuera de sus habitaciones a pesar de la distancia y antes de que pudiera si quiera pensar en incorporarse, Anastasia y Drizella entraron sin anunciarse con más energía de la que ella podía soportar en un día tan adverso… en un día en el que iba a ser forzada a bailar con personas para complacer a sus padres, en el que iba a presentarse a sí misma como un objeto.

-Debe despertar, princesa. –Drizella quitó las cobijas de encima de ella.

-No, no debo. –Se quejó haciéndose un ovillo.

-El orden del día es desayunar, enseguida un baño, arreglar su cabello, maquillarla y ayudarla a ponerse el vestido, debe estar lista para las cuatro de la tarde, a esa hora los invitados empezarán a llegar, ¿Ha visto el salón? Luce asombroso. –Anastasia se subió a la cama y empezó a jalarle el pelo y picarle las costillas.

-¿Tardarán ocho horas metiéndome en el vestido? –Quiso saber quitándosela de encima y levantándose atraída por el aroma del desayuno, llenándose la boca de huevos fritos y pan tostado, comiéndose sus preocupaciones y dejando de lado sus problemas al menos por un momento.

-Está subestimando el tiempo que una doncella tarda en estar lista para un baile, su alteza. –Explicó Drizella. –La costurera va a venir y ajustará el vestido sobre usted, literalmente para quitárselo necesitará que cortemos algunos puntos y deshagamos nudos.

-La emoción está matándome. –Exclamó con ironía mientras bebía de su copa y atragantándose al notar que era sidra. -¡Por Merlín!... ¿Qué es esto?

-Chip llegó. –Anastasia sonreía sinceramente. –La reina le envió tres botellas de sidra, dos canastas con manzanas, un pay de cumpleaños y su pajarillo enjaulado, sin carta lamentablemente.

-¿Chip está aquí? –Quiso saber y sus ojos se iluminaron con premura.

-Su padre le está dando una plática sobre el respeto que espera que tenga hacia usted… El pobre joven debe estar tratando de no reírse, nuestra princesa es… especial.

-Oh por favor… ¿Ni siquiera el día que me van a presentar como una pieza al mejor postor me pueden dejar de ridiculizar?

-Su vida sería más sencilla si sus padres supieran que es especial.

-O tal vez mi padre le daría esa plática a todas las mujeres del reino y también a los hombres y a los árboles y a los gatos porque disfruta avergonzarme. ¿Puedo ver a Chip?

-No, hasta el baile. –Puntuó Anastasia. –Tal vez no se ha dado cuenta, pero usted ya no es una niña. –Le hizo saber y enseguida Drizella puso un espejo frente a ella. –Han pasado varios años desde la última vez que lo vio y ha cambiado mucho, mire su rostro, ahora es afilado, su mentón se ha definido, sus pechos se ven a través de su ropa de dormir... –Señaló con la mano y una sonrisa burlona.

Emma se encontraba completamente mortificada, cruzando los brazos y desviando la mirada ante su propio reflejo, ¿Cuándo había crecido? –Bien, voy a darme un baño, creo que he perdido el apetito. –Concluyó en dirección a la tina y podía escuchar el eco de las indiscretas risas de las mujeres que eran su familia…

-¿Qué es?-Maléfica se aproximó con curiosidad y sentándose en el tocador esperó respuesta.

-Un collar, es una medalla de oro blanco, tiene grabado un patito, ella es un patito. –Sonrió mientras miraba el obsequio que tenía hacía un tiempo.

-Es realmente dulce… ya sabes, si tuviera once años, ¿Si sabes que es una mujer de casi veinte? Esta noche esperan que ella se enamore de alguien… - Expresó con dureza y sin hacer contacto visual…

Desde la ventana de su habitación, Emma podía observar cómo los carruajes empezaban a llegar, todas formas y tamaños, el ruido iba creciendo y ella estaba lista, la habían llamado un par de veces y se había detenido ante la puerta de sus habitaciones porque no quería hacerlo, no quería salir y enfrentar a toda esa gente a la que pronto reinaría; esto de cierta forma lo volvía oficial.

Se miró una vez más al espejo, su vestido era mucho más cómodo de lo que hubiera querido imaginar, encontraba cierto consuelo en pensar que podría pasar la fiesta entera quejándose de las costuras del mismo, sintiéndolo apretado o incluso que picara, pero era cómodo, se movía con gracia a su ritmo, el cuello en "V" le cubría con la dignidad que ella buscaba y el color… nunca se imaginó que el rojo pudiera lucir de ese modo en ella. Había deseado que sólo trenzaran su cabello y no se preocuparan por él, pero Anastasia había insistido en recogerlo dejando sueltos un par de mechones al frente y de forma extraña, al mirarse con el atuendo, el peinado y el maquillaje se sentía bien; no le incomodaba esta versión de sí misma, tal vez no le encantaba la idea de las horas que implicaba pero se sentía elegante, podía ver en sí el mismo esfuerzo que había visto emplear a Regina todos los días y lo valoraba mil veces más.

-¿Cielo?... ¿Estás lista? – Llamó su padre una vez más.

-Padre, creo que no quiero ir, ¿Puedes disculparme con todos…? Creí que podía hacerlo, pero no quiero sentir miedo y creo que estoy al borde de sentirlo y no quiero…

-¿Quieres dejarme pasar? Podemos pasar la tarde juntos, estoy seguro de que tu madre puede encargarse de todos los invitados.

-Claro que no puede, no seas absurdo. –Habló del otro lado de la puerta; su mano se aferraba a la aldaba por si su padre trataba de abrirla. –Por favor, sólo… sólo dame unos minutos más, ve con ella y yo bajaré.

-¿Estás segura?

-Por favor, Padre.

-Bien. –Lo escuchó alejarse con su caminar lento y pesado, respiró aliviada y sintió que se soltaría a llorar; eso no podía estar pasándole, había enfrentado cosas más duras, conocía a las personas que iban a acudir al baile, el que la fueran a presentar como un objeto era un hecho circunstancial que no tenía por qué hacerla sentir inferior, ella era mucho más racional que esto.

Escuchó cómo tocaban la puerta una vez más y su estómago dio un vuelco. – Padre, iré en un momento, por favor…

-Em, soy Chip, por favor, abre, salté a tres guardias, lucifer me mordió y Anastasia está cuidando el pasillo.

-Chip, vete, creí que estaba lista pero no estoy lista.

-¿Lista para qué? Sólo es un baile, no hagas una escena.

-Nunca he ido a un baile, no quiero.

-Yo tampoco he ido a ninguno pero la reina dijo que bailarías conmigo, ¿Me vas a decir que estás asustada?

-Si estuviera asustada lo sabrías.

-Oh, yo sé que estás asustada.

-Idiota.

-¿Realmente no vas a abrir la puerta? Te tengo un regalo.

-¿Qué regalo?

-No lo quieres, voy a irme y no vas a ver mi vello facial, soy tan guapo que te van a gustar los hombres.

-Eres un idiota, sólo de escucharte siento cómo Aurora me empieza a atraer.

-Qué asco, la mujer no sabe hacer sopa ni siguiendo instrucciones, se necesita realmente compromiso para ser tan malo en algo.

Emma dejó salir una risa floja y enseguida se pudo escuchar cómo la puerta se abría y asomaba primero su rostro sonriente y enseguida todo su cuerpo.

-Woah… Esto si no lo esperaba.

-De verdad tienes vello facial, ¡Que extraño!

-¿Qué le pasó al niño con el que crecí?- Se burló Chip.

-Me crecieron estos. –Le hizo saber con ambas manos en sus pechos y el muchacho giró los ojos con fastidio.

-Ahí está el niño con el que crecí. –Afirmó.

-Insistieron en que usara vestido, debo admitir que es cómodo y bonito, eres muy guapo, Chip. –Aseguró abrazándolo con fuerza.

-Tú también eres muy guapa, Emma, estoy feliz de verte pero si no bajamos vas a decepcionar al pueblo y no voy a darte tu regalo. –Le hizo saber empujándola por la cintura contra su voluntad a través de los pasillos.

-Eres un salvaje, años sin vernos y no puedes dedicar tres minutos a ponernos al día, ¿Cómo es la casa dónde viven? Regina nunca me ha querido decir, ¿Cómo está ella? ¿Sonríe? ¿Habla de mí?

-Estoy enternecido de que quieras saber tanto de mis últimos años pero sonríe, baila, te encontraré en un rato.

-¿Me vas a dejar? –Preguntó ansiosa y se dio cuenta de que habían llegado al salón, no recordaba haber visto que los candelabros brillaran tanto y apreció que todas las velas estaban encendidas haciendo que los cristales reflejaran un brillo tornasol contra las pinturas del techo y antes de poder percatarse de lo que sucedía, el guardia encargado la anunció.

-Su alteza real, la princesa Emma del bosque Encantado. –Se hizo un silencio breve mientras bajaba las escaleras de mármol blanco, apenas tocó el suelo, sintió la mano de su padre.

-Te tengo, cielo. –Y aliviada se unieron tal como habían practicado, primero ellos dos, solos en el centro del salón, el brillo intenso de los candelabros incluso les permitía ver sus propios reflejos sobre el suelo marfilado. –Luces adorable. –Le hizo saber en una reverencia y en seguida el resto de los invitados se les unieron en un vals rítmico, la música era suave, casi como si el viento cantara y la guiara, su padre le había enseñado bien, incluso pudo coordinar el cambio de parejas con una sonrisa en el rostro y llevar las charlas pertinentes entre movimientos con los invitados "Luce maravillosa, su alteza", "Nos encantaría tenerla en el baile de verano", "Realmente tiene un don, su alteza" y con todos agradecía la consideración mientras recorrían el increíble lugar, los ventanales estaban adornados con cortinas de terciopelo ámbar que se movían apaciblemente con la brisa primaveral que no sólo refrescaba la estancia sino removía los arreglos florales en los pilares haciendo que las magnolias soltaran un dulce aroma que le parecía cómodo, familiar; no era tan malo después de todo acudir a un baile y yendo de un compañero a otro pronto perdió de vista a su padre; el salón era inmenso, la gente era amable, al menos no tenía miedo y aunque se sentía sola estaba confiada de que podría sobrevivir a esa noche sin romper en llanto.

-Va a ser una reina maravillosa. –Blancanieves la observaba atenta desde lo alto, su hija luciendo como una verdadera princesa era algo que no quería perderse por un segundo.

-Va a ser una reina miserable, pero va a ser maravillosa.

-Oh, David, no seas pesimista, nació para ser reina.

-Es lo que yo le digo todos los días pero ella me sigue obligando a vivir ciento cincuenta años, es mucha presión, voy a sentarme un momento, ¿Me acompañas?, estoy agotado. –Sonrió con dulzura tras besar la mejilla de su esposa.

-Me quedaré observándola un momento más, mira que hermosa es… -Blancanieves sonreía.

-Por supuesto querida, estaré observándola desde allá. –Concluyó señalando el trono suavemente y se retiró.

-Su majestad. –Escuchó por detrás y al mirar se encontró con el joven amigo de su hija que merodeaba por el palacio desde temprano. –Sé que no soy digno, más mi sueño siempre ha sido bailar con una reina, ¿Me permitiría esta pieza? –Solicitó con inocencia.

-Estoy segura de que hay muchas doncellas por ahí, joven Chip.

-Por favor, dele el gusto a este plebeyo. –Pidió una vez más y la reina le dio la mano con una sonrisa suave.

-Vaya, que dulce.

-Admiro cómo ha logrado mantener la paz, su majestad, por favor, cuente cómo lo ha logrado, he estado estudiando. –Solicitó tomándola de la cintura y empezando a bailar con destreza mientras Emma por otro lado iniciaba su baile con la princesa Melody que debía tener unos seis años y perecía ser la persona más interesante en el salón; contaba sobre lo entretenido que era vivir cerca del mar con su tía Úrsula.

-Mi parte favorita del día es cuando despierto porque puedo ir al mar. –Expresaba entusiasmada.

-Eso realmente suena asombroso… -Admitió haciéndola girar sobre si misma ocasionándole una suave risa.

-¿Qué es lo que más le gusta hacer a usted?-Quiso saber.

-Montar a caballo. –Ni siquiera lo tuvo que pensar lo cual la hizo sentir un poco avergonzada.

-Mi papá me dio un pony, se llama Tiburón. –Expresó sonriente.

-Eso es estupendo. Mi yegua se llama Dragón.

-Eso es nombre de niño. –Le explicó con una risita y Emma estaba a punto de explicarle sus razones cuando Anastasia llegó con un hermoso pastelito rosa.

-Su alteza Emma.- Interrumpió con protocolo –Me han dicho que esto es para la pequeña más linda. –Afirmó y bajó la mirada. -¿Acaso es usted Melody del reino del mar? –Se dirigió a la más pequeña haciendo entrega.

-¡Sí! Con permiso, su alteza. –Exclamó en una sonrisa y corrió hacia sus padres con el pastelito en las manos.

-Si me disculpa, princesa, iré a confirmarle a Ariel y a Erick, que el dulce es un regalo sincero no envenenado. –Explicó Anastasia dejando a Emma completamente desconcertada.

-Vamos, cariño, como si no reconocieras una distracción, ¿Tanto tiempo lejos de mi te ha afectado? –Escuchó esa voz tan familiar y por un momento sintió sus piernas flaquear y su corazón dar un vuelco.

-¿Regina? –Preguntó en un hilo de voz y girarse al instante, ahí estaba, frente a ella, escondida a plena vista de los demás.