Bien, este es el capítulo 26.
Espero sus comentarios, nos vemos el martes.
Capítulo: 26.
El baile de Emma Parte 2.
-¿Estás segura sobre esto?-Preguntó Maléfica haciendo aparecer una pequeña bolsita de cuero para la medalla de oro con el patito.
-¿Realmente después de diecinueve años de llamarme idiota de todas las formas que es posible llamar idiota a alguien, vas a preguntarme eso?
-Precisamente por eso lo pregunto, estoy totalmente sorprendida, maravillada y sorprendida.
-No se dé qué hablas, ella siente que la voy a olvidar, tiene miedo de que un día deje de importarme, debo hacer esto, demostrarle que la amo también… ya tenemos un año con estas cartas… locas, ella debe verme… yo debo verla.
-Claro… ¿alguna vez te escuchas? O ¿Al menos la escuchas?
-Envié a Chip y Graham antes del amanecer, está emocionado y sabe perfectamente qué es lo que va a hacer, mandé el cuervo con una nota para Anastasia, ella también sabrá que hacer… ¿Puedes sacar mi vestido negro del armario?
-¿Negro? ¿A caso vas a un funeral?... más importante, ¿Vas a vestirte sin magia? Puedo aparecer un vestido azul…
Regina se levantó en dirección a su armario y sin decir una sola palabra sacó el vestido por sí misma, negro de tafetán con encaje y cuello posterior alto; la parte del torso estaba cubierta casi en su totalidad por cristales y el escote de corazón cerraba hasta los hombros para finalizar en una manga larga que ceñía las muñecas con diamantes.
-Nadie se atrevería a ir a un funeral con esto. El baile es por la tarde y si estoy lista demasiado rápido pasaré mucho tiempo esperando, hay que saber cuándo usar magia y cuando no.
-Encuentro refrescante que no dejes de sorprenderme.
Regina agradeció las palabras con un simple movimiento de cabeza y colocó el vestido sobre la cama. -¿Vas a venir?
-¿Me estás invitando?
-Todos están invitados.
-Gracias corazón, una villana en la fiesta va a ser suficiente, haré planes con Aurora y seguramente sólo teorizaremos sobre lo que estén haciendo, ¿De verdad no vas a utilizar ningún hechizo para ocultarte?
-Estoy más preocupada por tener que explicarles cómo es que me veo igual con el paso de los años.
-Luces mejor; si es que eso es posible. –La mujer afirmó mirándola atentamente desde el tocador. –Me preocupa que vayas a plena vista y sin protección.
-No es como que yo sea un alma indefensa y más importante, no es cómo que me puedan matar.
-… Dicen que no hay nada más peligroso que una persona sin miedo.
-Dicen bien. –Maléfica no había visto esa expresión antes y pudo percibir que Regina no tenía consciencia clara de lo que su presencia significaría en la fiesta de Emma, tanto para ella como para la joven princesa.
Cuando finalmente estuvo lista era un poco después de la hora de llegada de los invitados, el bajo perfil era importante; miró a su única amiga quien con un gesto afirmativo la invitó a retirarse y así lo hizo; apareció en los jardines del palacio de verano y fue hasta ese momento que empezó a cuestionar todas las partes del plan.
Recordaba perfectamente ese lugar, lo conocía como la palma de su mano, buena parte de su adolescencia la había vivido ahí, sin embargo los recuerdos no eran buenos, eran dolorosos y oscuros, apenas había podido salir se había jurado que nunca volvería y ahí estaba, hecha un mar de nervios como si fuera una joven niña de nuevo por la que los años y la experiencia no habían pasado, a la expectativa de cualquier cosa, recordándose a sí misma que no podía morir, "Si te atacan, puedes desaparecer, Regina" se decía a si misma… sus nervios eran irracionales hasta que recordó la razón de su regreso…, todo eso era tan incorrecto, mas no se detuvo, era superior a ella.
Subió las escaleras de piedra que guiaban de los jardines al salón y a través de las cortinas ondeantes pudo observar a las personas bailando, hablando, comiendo… la vida era tranquila para ellos, estaban inmersos en el ambiente; la tarde era cálida a pesar del viento y el aroma floral evocó nuevamente a aquel día que había llegado a sus brazos, el día que su vida había empezado a cambiar y probablemente también era un indicio al cambio.
Tomó entre sus manos la pequeña bolsa de cuero con el obsequio, respiró hondo no porque necesitara hacerlo sino por costumbre, porque es lo que se hace cuando se está nervioso y dibujando una sonrisa en su rostro caminó hacia el interior del salón buscando una niña en un vestido rojo, las personas continuaban sin verla mientras ella se movía entre la muchedumbre; Pudo ver a Chip bailando con Blancanieves, tal como lo había planeado y enseguida Anastasia saliendo de la cocina con un postre en las manos… debía seguirla o pasaría el resto de la velada entre un mar de personas… Y fue ahí que la pudo ver, reconocía ese modo de pararse aunque llevara vestido y a pesar del paso de los años…
Anastasia se alejó y supo que era el momento y nada la hubiera podido preparar para Emma.
No era una niña.
En su mente tenía clara la imagen de Emma angustiada, aterrada de no volver a verla el día que la había entregado a su madre años atrás… pero frente a ella estaba una mujer… una dulce mujer con un familiar gesto de confusión que la hizo sonreír y todo su cuerpo volaba.
-¿Regina? –Preguntó y sintió cómo volvía a su interior la avalancha de emociones que tenía años sin sentir, emociones que… por supuesto surgían con su presencia pero ella había sido completamente ciega.
-Tenía que probar por mí misma sus habilidades en la pista de baile, su alteza. –Declaró ofreciéndole la mano en la que fue su primera reverencia hacia Emma.
-¿Cómo?...
-Pedí ayuda. –Susurró tomándola de la cintura y entrelazando sus manos… Ahora, si no empiezas a moverte la gente va a notar que no soy una invitada más. –Susurró en su oído y pudo sentir cómo le flaqueaban las piernas… ¿O eran las de Emma?
La princesa asintió en un gesto breve y colocó una de sus manos en su hombro antes de empezar a moverse en un vaivén rítmico, un suave oleaje y solo fueron necesarios unos cuantos movimientos antes de que Emma decidiera que si soñaba, no quería despertar jamás… sonrió plenamente y relajó sus hombros. -¿Estoy dormida? –Quiso saber.
-Estás hermosa y eres un adulto.- Respondió con firmeza y le obsequió una sonrisa que le hizo dar un vuelco al corazón...
-¿Por qué?... ¿Por qué decidiste hacerlo hoy? –Parecía que la princesa estaba a punto de romper en llanto y aun así no se sentía triste, estaba fascinada… cerrando los ojos por momentos, tratando de guardar en su memoria la sensación de sus manos en su cintura… sus dedos entrelazados sobre los de ella… el sutil aroma a manzana…. Abriéndolos para perderse en sus ojos… para mirarle los labios… sentía que en cualquier momento se quedaría sin aliento. Era incluso más hermosa de lo que recordaba… si es que eso era posible.
-Tú me lo pediste. –Declaro haciéndola girar suavemente y tomándola en sus manos de nuevo, si las estaban viendo bailar nadie estaba diciendo nada, todos parecían respetar el momento tan íntimo, tan perfecto e irreal.
-Yo te pido muchas cosas… te pido muchas cosas y tú nunca…
-Escribiste que temías que yo te olvidara… que estabas olvidando mi voz… no iba a darte más mariposas o enviarte obsequios y pretender que podemos seguir posponiendo nuestro reencuentro.
Emma tomó su mano con firmeza y caminando con gracia entre la multitud la sacó del salón.
-Una anfitriona no abandona su fiesta. –Le susurró al oído.
-Calla. –Le pidió en una sonrisa, haciéndola bajar las escaleras de piedra velozmente y una vez que sus botas tocaron el pasto se giró hacia ella para fundirse en un abrazo. -Por todos los cielos… Regina. Por favor, dime que en realidad estás aquí. –Rogó mientras las lágrimas caían por si solas sobre su hombro, jadeaba con fuerza tratando de recuperar el aire pero su llanto era muy fuerte, lo había guardado por demasiados años y finalmente podía dejarlo salir.
-En realidad estoy aquí, contigo, Emma. –Le era bastante complejo tratar de definir qué estaba pasando por la mente de la joven, la tomó de la cintura y la apretó más contra su cuerpo, fuera lo que fuera, se sentía bien, sus corazones latían al mismo tiempo, a la misma velocidad
-Me haces mucha falta, no puedo hacer esto sola… -Su vista estaba nublada y su tono de voz parecía devastado.
-Eres maravillosa, serás una asombrosa reina, no me necesitas para eso. –Declaró y en un movimiento suave y lleno de amor acaricio su espalda hasta llegar a la nuca, donde hundió los dedos entre la cabellera rubia y le sonrió… ella también lloraba.
-Sabes muy bien que no te necesito para eso, te necesito para mí. –Confesó y Regina, atónita, finalmente comprendió qué Emma no solo lucía como un adulto… lo era… y era lo que todos habían tratado de decirle.
-Cariño…
-¿Vas a decir algo horrible? ¿Vas a desaparecer y no te volveré a ver? –Inquirió y pudo sentir cómo con la sola idea le faltaba el aire.
-Claro que no. –Susurró separando el abrazo y su mirada oscura se fijó en los delicados y oliváceos ojos de Emma… ¿Cuándo exactamente se había vuelto una mujer? Su rostro era perfecto, sus labios entre abiertos por el llanto le proporcionaban una visión distinta y nueva de ella; era más que obvio, no se trataba más de la niña con la que había vivido, esta mujer sufría por su ausencia y la necesitaba tanto como ella lo hacía… era mutuo… completamente. –Yo también te necesito para mí.
-No sabes lo que dices, no juegues conmigo. –Afirmó Emma, había pasado tanto tiempo queriendo escuchar eso que sencillamente no podía concebirlo como algo real.
Y por la mente de Regina pasó un discurso en el que le explicaba que ella era una reina y que no le parecía apropiado que se le cuestionara, qué ella siempre sabía lo que decía sin embargo podía notar en el gesto de Emma esas notas de angustia y desesperación, esa ansiedad y sobre todas las cosas, podía notar el rostro adulto de una mujer sufriendo. – Sé exactamente lo que digo. –Declaró posando ambas manos en la cintura de la princesa; sonrió con seguridad balanceándose de un lado a otro… en un baile suave. –No llores más, no me voy a ir. –Susurró cerca de su oído y cerró los ojos antes de decir: -Ahora pon tus brazos alrededor de mi cuello en vez de tenerlos cruzados como la mujer hostil y terrible que eres conmigo.
Emma no contuvo la risa que tornó sus mejillas rosadas de inmediato y ocultó su rostro completamente húmedo en el cuello de la reina; la música del salón llegaba hasta los jardines y con un suave ritmo ellas continuaban en una balada dulce, ambos corazones intentando unirse desesperadamente y sólo ellas dos bajo la luz de la luna y las estrellas. –Te amo tanto–Su tono fue casual y sincero, no era la primera vez que le decía a Regina que la amaba, pero era la primera vez que le decía que la amaba y podría parecer lo mismo pero no lo era, Regina sintió un escalofrío por toda la espalda y sus ojos se humedecieron con premura dejando caer lágrimas fugaces que causaron la interrupción de la danza.
-Emma…
-Tú no me amas... Es… lo siento Regina–Declaró apenada retirando los brazos de su cuello y limpiando las lágrimas de la reina.
-Tienes que dejar de hablar por mí, Emma. – Interrumpió con una suave sonrisa. –Me siento tan… tan ciega. –Explicó dándole en la mano el pequeño bolso de cuero. –Es un obsequio.
-No entiendo. –La princesa dejaba ver su confusión mientras lo abría y sacaba la medalla plateada con un pato grabado y sonrió con dolorosa nostalgia.
-A eso me refiero…, te encontré en el suelo del bosque y te creí un patito feo… nunca me percaté de que en realidad eras un cisne, el más impresionante y bello de todos; ¿Cómo pude ser tan ciega? – Preguntó tomándola de ambas manos y Emma sintió cómo la medalla se ponía caliente e irradiaba entre sus dedos. –Eres un cisne y te amo, Emma. –Concluyó soltándola y la princesa pudo notar que la imagen del patito en la medalla se había transformado en un cisne de cuello largo con una corona.
-Es perfecto. –Declaró satisfecha y sonrió con suavidad, los años de tener claro que amaba a Regina irónicamente parecían no haberla preparado para eso.
-Te amo. –Regina reafirmó cerca de su oído y sintió sus piernas flaquear nuevamente, esta vez supo que eran las de Emma y sonrió con ternura. -¿Estás bien, cariño?
-¿Me amas como… Anastasia a Lucifer? ¿Cómo la Señora Potts a Chi…? –Quiso saber y Regina interrumpió sus palabras apretándola contra ella, besando suavemente sus labios, rápido y fugazmente.
-¿Está claro?
-Mhh. –Respondió en un gruñido que ocasionó una melódica risa en Regina antes de atraer a la princesa hacia ella nuevamente; esta vez se dio tiempo de sentir sus suaves labios contra los de ella, antes de que Emma respondiera rodeándole el cuello y separándolos gradualmente.
Todo su cuerpo reaccionaba a diferente ritmo, incrédulo de lo que sucedía pero una vez que lo asimilaba estallaba en un millón de emociones que la hacían sentir que caería muerta en ese momento, jadeando por aire con desesperación entre besos y mirando a Regina con los ojos bien abiertos.
-Aquí estoy, no iré a ninguna parte, cariño. –Le reiteró juntando sus frentes, la nariz y finalmente los labios en un beso largo que le ocasionó a Emma un sutil gemido y Regina tuvo que morderse los labios… -No hagas eso. –Pidió.
-¿Hice algo mal? –Quiso saber preocupada, su respirar era irregular y Regina no pudo hacer otra cosa que volver a sus labios tomándola firmemente de la cadera y Emma perdió por completo la fuerza de sus piernas cayendo sobre el pasto con la reina sobre ella. –Lo… lo siento Regina no sé qué… -Pero interrumpió nuevamente y Emma sólo podía pensar que todo eso se sentía demasiado bien. –Regina… -Instó aferrándose a su cuerpo.
-¿Sí? –inquirió besando sus mejillas suavemente.
-Tengo mucho calor. –Declaró completamente mortificada y Regina lo sentía igualmente.
-Me voy a detener ahora. –Explicó antes de proporcionar un suave beso y recostándose a su lado en el pasto, mirándola.
-No… temo que desaparezcas, Regina, te amo... –La princesa buscó sus labios nuevamente, esta vez colocándose parcialmente sobre ella y entrelazando ambas manos…
-Por todos los dioses… Emma. –Suspiró con los ojos cerrados, las emociones en su cuerpo eran tan intensas que sentía que se iba a desmayar, le era imposible distinguir dónde terminaban las de Emma y comenzaban las suyas lo cual volvía todo mucho más difícil de lidiar… -Me vas a volver loca. –Alcanzó a decir antes de que sus labios se vieran inmersos nuevamente en el ir y venir apasionado, podía sentir su cuerpo responder al estímulo, sentir que Emma lo deseaba tanto como ella hacía que su mente diera vueltas.
Bajo la luz de la luna, Regina parecía incluso más joven de lo que la recordaba, más pequeña, menos intimidante… se dedicó a mirarla un momento, esos ojos negros, el labial se había perdido y podía notar la sutil cicatriz en el labio superior, sus dientes blancos y la hermosa sonrisa expectante… -¿Cómo es posible? –Quiso saber.
-Tomé una pócima para ser joven siempre. –Mintió.
-Ofendes mi inteligencia… ¿Es porque tienes magia?
-No.
-¿Me dirás?
-Lo haré. –Sonrió suavemente y se incorporó encontrando sus labios… todo parecía tan irreal.
-¿Estás evitando el tema? –Estaba agitada y un poco mareada
-Sí, lo estoy evitando. –Confesó pasando la punta de los dedos por sus mejillas.
-¿Es acaso algo malo?
Regina sólo lo negó con la cabeza y se incorporó lo suficiente para esconderse en su cuello, Emma la rodeó con sus brazos, podía sentir su aroma y la calidez que irradiaba su cuerpo, la suavidad en la tela de su vestido a pesar de la enorme cantidad de pedrería en su torso, la reina era una mujer pequeña.
-No era parte del plan sacar a la princesa del salón; Chip y Anastasia deben estar vueltos locos…
-Llévame contigo.
-No haré eso.
-¿Vas a irte? ¿Volveremos a escribirnos?
-Eso ya no va a funcionar, supe desde el momento que te entregué a tu madre, que si te volvía a ver no sería capaz de dejarte de nuevo. –afirmó alzando la vista y se encontró con la mirada húmeda de la princesa. –encontraremos una solución.
-Llévame contigo.
-No, Emma, no voy a iniciar una guerra.
-Dime dónde vives y yo llegaré a ti, yo llegaré hasta donde tú vives.
Regina se incorporó y le ofreció su mano para que se pusiera de pie con una sonrisa suave y dulce, con todo el amor de su corazón. –No. –Su respuesta fue dócil y a la vez determinante. -Me voy a quedar aquí hasta que podamos pensar en algo, ¿Eso te parece bien?
-¿Aquí? –Inquirió tomándola de las manos y Regina pudo sentir aún entre sus dedos la medalla ahora con el cisne grabado y la tomó.
-Así es.
-Odias el palacio de verano. –Afirmó y pudo sentir como los labios de Regina se unían a los de ella mientras ciegamente le colocaba la medalla alrededor del cuello… era tan delicada y hábil.
-Te amo a ti. –Susurró contra sus labios y le obsequió una sonrisa segura uniendo su frente… entrelazando nuevamente sus dedos. Deseaba estar así para siempre… ambas deseaban estar así para siempre y por eso no la habían escuchado bajar las escaleras de piedra, ni siquiera caminar ruidosamente por el pasto cargando una espada pero ahí estaba Blancanieves, de pie junto a ellas, sus ojos verdes escurriendo lágrimas y una expresión de terror. -¿Qué haces aquí, Regina? –Gritó.
Emma tardó un poco en darse cuenta de lo que sucedía pero su presencia finalmente confirmaba que no se trataba de un sueño, tuvo que ser rápida en reaccionar y alejó la espada del cuello de Regina.
–Madre… por favor. –Rogó aún con el corazón latiéndole con fuerza, ambas frente a Blancanieves.
-Volveremos a la fiesta, Emma. –Ordenó.
-Entiendo que estés sorprendida, madre…
-Por increíble que te parezca, olvidé que existías, Blanca. –Regina tenía los brazos cruzados y la mirada baja; la habían atrapado.
-Tu cinismo es impresionante. –Exclamó proporcionándole una sonora bofetada que la hizo girar el rostro. –Eres completamente responsable de esto, sólo por eso trataste bien a mi hija, ahora tiene sentido, eres incapaz de poseer buenos sentimientos.
-¡Madre! ¡Es cobarde que ataques a alguien que sabes que no se va a defender! –Emma se quiso poner frente a Regina al instante pero esta no lo permitió.
-No hagas esto, Blanca, no estoy buscando molestarte, esto no tiene absolutamente nada que ver contigo.
-¿El encontrarte en un arrebato de pasión con MI hija, no tiene nada que ver conmigo?
-No tiene nada que ver con nosotros. –Interrumpió David ante la mirada incrédula de Regina y la expresión furiosa de Blancanieves.
-¿Cómo dices? –Imposible saber cuál de las tres mujeres estaba más sorprendida por la intervención del Rey.
-Oh, querida, tus oídos funcionan mejor que los míos. Emma, vuelve a la fiesta con tú madre, Regina me va a ayudar a subir las escaleras.
-Padre…
-Hazlo. –Ordenó. –Tienes mi palabra de que no haré nada más que avergonzarte.
-Dioses… -Se quejó desviando la mirada y tomando a su hostil madre del brazo mientras se alejaba.
-¿Entonces… mi hija? –Preguntó ofreciéndole el brazo con ternura.
Regina se encontraba increíblemente incómoda, en parte porque su cuerpo y mente aún no lograban reponerse de lo que acababa de suceder con Emma, aún no podía asimilar todo… y aun así accedió. –No es lo que crees… es decir… no es un plan. –Explicó mortificada y enseguida recuperó la compostura, ella no daba explicaciones. –Con todo respeto…
-¿Crees poder hacerla reina?
Regina dejó salir una divertida carcajada que hizo que Emma y Blancanieves se giraran extrañadas. –Ustedes están haciendo un mejor trabajo en eso del que yo pude haber hecho. –Afirmó.
-Vaya… Entonces deberías llevártela.
-¿Cómo dices?
-La mujer no quiere ser reina, no veo otra solución.
-¿Le has preguntado alguna vez? No sobre ser reina, sino sobre quién podría reinar en su lugar.
-¿Ella te dejaría el reino a ti? Suena a algo que encontrarías bastante conveniente.
-Absolutamente no, ella tampoco quiere que yo sea reina. –Expresó sintiendo cómo el hombre se recargaba en ella para subir los escalones uno a uno. –Estás muy enfermo.
-Así es… tal vez puedas darme un poco de lo que sea que estés tomando. –David expresó tiernamente y Regina no pudo evitar sentir que en unas cuantas décadas ella sería la misma y acompañaría a una Emma que se acercaría a la muerte y la dejaría para siempre.
-Ojalá fuera tan sencillo, pero puedo trabajar en pociones nuevas y encantadoras que harán que tu corazón de guerra un poco más.
-Lo apreciaría mucho, Regina, muchas gracias; aun así considero que no es propio de dos damas de la realeza darse a conocer en los jardines, menos si es de noche.
-Por todos los Reyes…
-Deberías al menos venir a cenar antes, ya sabes, oficialmente.
-No me siento cómoda con esta conversación.
-Oh, créeme si alguien me hubiera dicho hace veinte años que este sería nuestro futuro no lo habría creído, habría muerto de risa pero aquí estamos. Eres una persona completamente diferente, en un buen sentido, el Bosque Encantado te respeta y valora de una forma que, afrontémoslo, no lo harán con nosotros y yo y Blanca no vamos a durar muchos años más, me aterra la idea de Emma sola y ella no quiere a nadie más, lo ha dejado bien claro.
Regina analizó sus palabras mientras llegaban a los últimos peldaños de la escalera de piedra, podía sentir en su pecho la incomodidad que estaba pasando Emma y al mismo tiempo aún la sensación de sus labios sobre los de ella, recordar las manos en su cintura y las piernas flaquear hasta desvanecer…
-¿Qué esperas de mí? –Le preguntó a David.
-Sólo no huyas, Regina. Yo me encargaré de Blanca. –Prometió apretando su mano. –Y por favor… manténganse a la vista por el resto de la noche. –Solicitó con una sonrisa que la hizo sentir genuinamente avergonzada antes de perderse entre la multitud en dirección al trono.
-¿Qué acaba de suceder? –Preguntó Chip alarmado y Regina sólo pudo girar los ojos con fastidio.
-¿No se supone que distraer a Blancanieves era tu única responsabilidad?
-Si bueno… hay un número determinado de piezas que un chico puede bailar con la reina antes de que se vuelva sospechoso.
-¿Dónde está Graham, y Anastasia?
-Él estaba cuidando al Rey pero no lo he visto hace un rato, Anastasia volvió a la cocina apenas desaparecieron ustedes.
-Son el equipo más deficiente.
-El Rey no parecía molesto con usted… la Reina… bueno, Blancanieves parece que está teniendo una crisis del otro lado del salón
-Acércate a ver cómo puedes ayudar. –Solicitó y el joven asintió al momento, la fiesta aún seguía, la música era armoniosa y jovial, las personas parecían no inmutarse con su presencia ni con el alboroto sucedido en los jardines… definitivamente su ignorancia era una bendición, no había duda en ello. Se movió entre la multitud para encontrar a Emma que yacía junto a su madre sosteniendo una copa de cristal con agua cerca de su boca, no dejaba de sorprenderle la mujer en que se había convertido, su altura, su pose, su presencia…. al sentirse observada se giró y le sonrió con suavidad, saludándola con una mano e invitándola a acercarse, ¿Cómo había logrado soportar tantos años lejos de ella?
Regina asintió y discretamente mordió el interior de su mejilla antes de dirigirse a ella nuevamente, a paso lento y tranquilo sobre el marfil y Emma, segura de que Regina llegaría a su encuentro se giró hacia su madre nuevamente, ofreciéndole la copa de agua en los labios con destreza y rumbo.
-Oh, querida, querida. –Escuchó a sus espaldas y se detuvo en seco, como si le hubieran golpeado el estómago. -¿No creíste que me iba a olvidar de ese pequeño favor, cierto? –Espetó Rumpelstilskin con gusto al momento que Regina se giró para verlo a la cara… el hombrecillo sonreía, completamente satisfecho ante la infamia de su presencia. –Hablemos en un lugar más privado. –Reclamó con saña y en un chasquido les hizo desaparecer.
