Capítulo 1
Los rayos del sol se filtraban tímidamente a través del cortinaje, ladeo la cabeza buscando escapar de aquella molestia pero era imposible, recordó las palabras de su padre "La pereza es la cumbre de la mediocridad humana" , algo molesta decidió que ya era hora de levantarse.

Como era habitual la casa de piscis estaba desolada, sus pasos se escuchaban en al salón principal más fuerte de lo que quisiera, necesitaba saber dónde estaba su padre ya que no sentía su presencia, desde que tenía memoria recordaba sentir la energía interna de algunas personas, en especial las del santuario que eran demasiado intensas.

A pesar de las advertencias de su padre de que no saliera del templo a no ser necesario decidió ir a buscarlo, tenia estrictamente prohibido acercarse a las personas ajenas a ellos dos, jamás entendió el motivo.

Aprovechaba las ocasiones en las cual él no se encontraba (la cual no eran pocas) para salir del monótono templo, a pesar de gustarle mucho el jardín dentro de este mismo una vida encerrada no era lo más atractivo del mundo, salió en la dirección de la cámara del patriarca, allí se extendía todo el camino de rosas característica de su padre, era hermosa pero jamás comprendió porque todo el camino estaba repleto, con unas cuentas al borde del camino deberían ser suficientes, tomo una rosa y la miro, su aroma era dulce y fresco a la vez, se la amarro a su sencillo vestido y prosiguió su camino.

Había una pequeña bifurcación antes de llegar a las escaleras, esta también repleta de rosas, la descubrió hace mucho tiempo cuando jugaba en los alrededores, siguiendo el camino se podía llegar fuera del santuario sin la necesidad de pasar por las doce casas, era algo realmente practico ya que de ese modo no tenia que ver a nadie como le habían ordenado.

Bajó con sumo cuidado ya que el camino era escarpado y sinuoso, había algunas zonas que solo una persona muy pequeña podría pasar ya que era anormalmente estrecho.

Cuando por fin hubo terminado el tramo más riesgoso ocurrió algo extraño, pudo notar una energía interna, no era extraño sentirlas en el santuario pero esta era inusual, no era tan intensa como la de algún santo dorado sino que más tímida y calmada, provenía de la casa de aries, debía parar para ver? No era acaso peligroso para una persona indefensa como ella? La verdad es que era muy ágil y si querían hacerle daño podía escapar a través de su peculiar atajo, como convenciéndose a si misma decidió indagar la primera casa.

Estando cada vez más cerca esta energía se hacía más clara y segura, transmitía mucha tranquilidad, fijo su mirada hasta la escalinata, allí vio a un niño de más o menos su edad sentado con los ojos cerrados de manera apacible, parecía ser que estaba meditando.

Se acerco con cuidado no sabía si era por precaución o porque no quería perturbar aquel estado de meditación.

_Necesitas algo? – sintió de pronto la voz de éste, abrió unos enormes ojos castaños y la miro con expresión curiosa y expectante.

_Bueno yo… - titubeo, sabia realmente que responder – solo pasaba por aquí, estaba buscando a mi padre – dijo sinceramente.

_Entiendo – le sonrió cálidamente, jamás había visto a un niño en el santuario, solo muy de vez en cuando veía a algún guerrero dorado o de menos rango dirigirse a lo lejos con su padre, los observaba a lo lejos ya que se le tenía prohibido acercase y mucho menos dialogar con ellos.

Era levemente más alto que ella, su cabello de un misterioso verde le llegaba a los hombros, unas extrañas marcas adornaban su frente y vestía una túnica que por su diseño parecía ser extranjera.

_No me harás nada malo? – dijo ella finalmente rompiendo el silencio, si bien se veía como una buena persona no podía fiarse de un desconocido.

_Y por qué tendría que hacerte daño? – la miro incrédulo – por lo que veo puedo asegurar que no eres el enemigo.

_Enemigo? – Muchas veces en su vida escucho aquellas palabras, sabía que eran malas personas que deseaban la destrucción del santuario – claro que no soy el enemigo si este es mi hogar.

_Vives acá en el santuario? – la miro sorprendido –no pareces griega, cómo te llamas?
_Albafika – le dijo a secas, nunca nadie le había preguntado su nombre, parecía ser que todos ya lo sabían de antemano, tampoco es que se relacionara demasiado con las personas.

_Bonito nombre – se rasco la barbilla como intentando recordar algo, abrió los ojos como si de ese modo atrapara su respuesta – debes ser la hija del señor Lugonis.

_Y tu como sabes eso? – no pudo evitar asombrarse ante el conocimiento de aquel niño.

_Lo supe el día en que nos fue a visitar a nuestro hogar, bueno la verdad es que lo escuche de casualidad – se rasco la cabeza como intentado bajarle el perfil a lo ultimo dicho.

_Como lo suponía, tú no eres de acá, jamás había sentido tu energía.

_Soy de la tierra de Jamir – le dijo orgullosamente – pero dime, a que te refieres a esa "energía"?

_Desde siempre he sentido energía en ciertas personas, por ejemplo la de los guardianes de las casas son muy poderosos a pesar de que cada uno tenga un esencia diferente se pueden sentir siempre, algunos son menos intensos e imponentes, es como si vieras el universo en sus miradas.

El niño la miro impactado, como si hubiera algo realmente malo en las palabras que ella decía, se sintió avergonzada, que había hecho mal? Bajo la mirada y murmuro.

_Dije algo malo?

_No… no es eso, pero todavía no puedo creer que sientas los cosmos sin saber que son.

_Cosmos? – jamás había escuchado esa palabra pero extrañamente se le hacía familiar, entonces lo que sentía se llamaba de ese modo?

_Si, mira – frunció el ceño – mejor dicho siente- se corrigió.

Y tal como lo había dicho sintió aquella energía, antes pasiva y calmada encenderse de a poco, no era ni una parte como la de los guardianes de las casas pero tenía su sello, su poder interno era grande. Con la rapidez que pudo encender aquella llama interna fue bajando las revoluciones de a poco hasta volver a la normalidad.

_Que fue eso? – lo miro curiosa, era realmente atractivo todo aquello, no pudo evitar pensar en lo egoísta que era su padre privándole relacionarse con gente que le podía enseñar tantas cosas.

_Encendí mi cosmos, bueno la verdad es que me estoy entrenando en dominarlo a la perfección, todavía me queda mucho por aprender – dijo humildemente.

_Todos pueden hacer eso? – no podía evitar preguntar aquello, todo esto era nuevo para ella, lo que sentía tenía una explicación por lo menos decir coherente.

_Por supuesto que no, es algo muy complejo – la miro y por su expresión se pudo dar cuenta de que necesitaba una pequeña clase – no todos los humanos nacemos con cosmos, y solo algunos pocos tienen el privilegio de dominarlo y explotarlo.

_Nacemos? – había escuchado bien? Que tenía que ver ella en todo aquello?, está bien, podía sentirlos, pero ir mas allá era algo increíble.

_No me digas que… - no siguió su frase, la miro como buscando que entendiera, cerró los ojos y finalmente siguió – aun no te das cuenta de que posees cosmo?

_Debes estar jugando conmigo – le dijo seriamente y es que no era gracioso, como iba ella a tener eso si era alguien normal?

_No lo hago, Albafika – su expresión antes asombrada ahora era seria en su totalidad – no jugaría con algo tan serio – le sonrió benevolentemente como si toda la confusión de la niña fuera entendible - Dime algo, como crees que supe que estabas aquí?

_Me viste? – en el momento en que lo decía sabía que era una excusa débil.

_Algo difícil si consideramos que estaba meditando con los ojos cerrados, además cabe señalar que ibas bastante sigilosa, solo hay una respuesta, sentí tu cosmos, es bastante salvaje.

_Salvaje? – le dijo algo ofendida, él le sonrió como buscando su perdón.

_Me refiero a que es muy característico, es fuerte pero dulce a la vez, como las rosas de un jardín.

_Yo no he hecho nada para tener cosmo… - dijo apenada.

_Uno no elije tener o no cosmo, se nace con ello, tu padre jamás te lo dijo?

_No, cuando le preguntaba sobre mi habilidad para sentirlos me decía que tenía sentidos agudos pero nada más.

_Y no me digas que te conformabas con esa explicación.

_Que mas podía hacer? No hablo con nadie más que con él.

_Y eso por qué? – parecía aún mas sorprendido.

_No lo sé, me tiene prohibido acercarme a las demás personas, supongo que es por mi seguridad.

_Pero no puede hacer algo así, tienes el derecho de comunicarte con las personas, quizás tenga temor que la gente se embelese contigo.

_Por qué tendrían que embelesarse? – no comprendió las palabras del chico de extrañas marcas.

_Las personas suelen dejarse llevar por la primera impresión, eres tan bonita que le gente lo más probable es que se sienta atraída a ti, puede ser que tu padre tenga temor a eso.

_Nunca nadie aparte de mi padre me había dicho que era bonita… - algo en su interior le hizo sentirse incomoda, no se sentía bien que le dijeran que era bella.

_Extraño porque lo eres – el chico se levantó y se acercó lentamente a ella, algo en su interior le daba mala espina, no era desconfianza hacia ese muchacho sino a lo que ocurriría si tenían contacto, era algo tan prohibido para ella desde siempre.

_Shion no la toques, es una orden!

Sintió dos cosmos, uno era imponente y lleno de vitalidad y el otro era demasiado conocido para ella, fuerte pero amable, el de su padre.

Allí vio a los portadores de tales energías, adelante iba un hombre de cabello cano tomado en una coleta, poseía las mismas marcas que aquel muchacho lo cual le hacía concluir que era su maestro, algo le decía que ya lo había visto, su rostro le era muy familiar sin embargo jamás había sentido su cosmo.

Atrás venia su padre con paso acompasado pero con los labios apretados, jamás lo había visto tan serio y sabía que obtendría una buena reprimenda por no hacerle caso en sus órdenes, pero no le importaba, gracias al niño Shion había aprendido algo nuevo, tenía muchas dudas y sabía que era momento de saber la verdad sobre ella misma.

_Maestro Hakurei – el chico empalideció, se notaba que respetaba en demasía a su maestro, se alejo de inmediato de la niña – volvió más rápido de lo esperado.

_Y tú me desobedeciste, te dije claramente que meditaras hasta mi llegada – le dijo duramente, el joven solo agacho la cabeza algo avergonzado.

_Al igual que tu jovencita – dijo Lugonis casi en un siseo, toda bondad en su voz se esfumo, no pudo evitar sentirse algo intimidada ante aquel comportamiento.

_Lo… lo siento padre – no tenía mucho que decir, había desobedecido y esperaría su castigo – yo te estaba buscando.

_Deberías haberme esperado en la casa de Piscis… bueno eso ya no importa – se acercó a ella y le tomo la mano, la niña se sentía tan a salvo cuando estaba cerca de su padre.

_Ella debe ser Albafika – dijo el maestro de Shion, la miró con ternura, ella pensó que esa expresión ya la había visto pero no recordaba donde – tenías razón Lugonis, es hermosa.

_Mi niña es lo más hermoso que hay, pero eso no quita que me desobedeció – cuando dijo aquellas palabras apretó la mano de ella.

_Al igual que mi testarudo discípulo – dijo Hakurei mirando severamente a Shion – bueno, es hora de volver a Jamir, nos espera un nuevo entrenamiento – sus ojos brillaron al decir aquellas palabras, se veía que tenia puesta mucha fe en el muchacho.

De ese modo y con las respectivas despedidas cada grupo tomó su camino, lo último que Albafika pudo apreciar fue la mirada pura y honesta en el niño Shion, realmente estaba agradecida por las cosas que le había enseñado en tan poco tiempo.