Hola a todos, me alegro que les haya gustado la publicación doble de la semana pasada, entenderán que era realmente necesaria : ), el baile de Emma era algo con lo que se venía soñando desde hace mucho y personalmente ese reencuentro era muy necesario, tanto para ustedes como para mis sentimientos SwanQueen (jajaja).
Bueno, entonces ahora retomaremos esta historia con el nuevo rumbo que ha tomado, con la nueva actitud de Regina, con la nueva actitud de Emma y los Charms… todo.
Pido disculpas por las posibles barreras lingüísticas que mi fanfic les pueda ocasionar, les recuerdo que es mi primera historia SwanQueen y que no soy una persona entrenada, agradezco sus críticas constructivas.
Les hago entrega del capítulo 27 y nos vemos el viernes con el 28 : )!
Capítulo 27:
Los malos en la historia.
-Estaba… a la mitad de algo. –Se quejó Regina.
-Créeme, querida, que es mejor para ti que hubiera interrumpido. –El hombrecillo se movía por el vestíbulo de su palacio con gracia mientras Regina se mantenía estática.
-¿Qué es lo que deseas? –Quiso saber.
-Bueno… no te habrás olvidado de ese favor… ¿Cierto?
-No lo he olvidado… Pero al parecer tú lo habías olvidado… ha pasado más de una década.
-Oh… El tiempo pasa diferente cuando eres inmortal… deberías saberlo a estas alturas. –Se burló.
La reina se limitó a bajar la vista con dolor… no le agradaban los recordatorios de su estado como inmortal.
-Regina… Te mueves. –Exclamó Baelfire desde el diván dorado y se pudo dar cuenta de que estaba atado de pies y manos, completamente ebrio.
-Veo que has encontrado una forma de mantener al niño en casa…
-Bae es escurridizo… lo necesitaba para esto, además es pertinente ponerlo sobrio, es encantador cuando está sobrio… no lo creerías.
-¡Eres muy joven para ser mi suegra! –Gritó antes de echarse a reír.
-Querido… No arruines la sorpresa. –Apresuró el padre acompañando en la risa. -¿Bebes té, Regina?
-¿Por qué no me dices de una vez qué es lo que quieres?
-¡Impaciencia! –Se quejó.
-Sólo está en su primer siglo, padre, aún cree en la muerte y esas cosas. –Logró formular el hijo.
-Tienes toda la razón… Bien, Regina… Realmente nos ha enternecido la expresión de…. Amor…. Que hemos presenciado esta noche… ojalá sirviera para quitar la inmortalidad, de ser así el pobre Bae habría muerto hace siglos con Pochahontas… con Wendy… o con la pelirroja del burdel la semana pasada…. Pobre, tiene un corazón suave...
-¿Por eso lo tienes atado?...
-Oh no… es la segunda pieza en mi juego y si lo dejo suelto se escapará… vamos siéntate.
Debía ser casi el amanecer porque la madrugada se encontraba en su punto más oscuro y frío, los invitados se habían retirado poco después de la media noche y sólo se escuchaba el mecánico ir y venir de la servidumbre limpiando el salón del palacio.
Sin duda alguna el evento había sido un éxito, incluso a pesar de que Regina se robara a la princesa en cierto momento de la fiesta todos estaban completamente maravillados con los encantos de Emma, habían conocido a la niña en las juntas del consejo, a la pequeña escribana creadora de leyes y líder nata, pero verla convertida en mujer había sido una completa revelación para todos… para todos.
Regina con ambos brazos cruzados y una sonrisa un tanto ausente la observaba a los pies de la cama, por más que lo intentaba no podía ver más a la niña con la que había vivido; en esa cama dormía pacíficamente una mujer a la que amaba, una mujer que la amaba.
Con cautela se aproximó y dejando caer sus botas abrió las cobijas y se coló a su lado, no usaba más el vestido de fiesta, no usaba más el maquillaje ni el peinado, sólo un sencillo traje de montar de color crema que le permitió aferrarse y tomarla de la cintura con suavidad atrayéndola a su cuerpo.
-¿Regina? –Preguntó aún dormida, Emma reconocía el aroma, esas manos, la suavidad, aunque eso no podía estar pasando. -¿Estoy soñando? –Esa pregunta se había convertido en la más presente en su mente esa noche y por instinto hundió su rostro en el cuello de la reina.
-¿Así es como sueñas cada noche, Emma? –Inquirió con una sonrisa completa mientras enredaba un rizo rubio en su dedo índice.
-Por todos los cielos, Regina, estás aquí. –Respondió y agradeció la oscuridad para ocultar su vergüenza. –No estabas por ningún lado… de no ser porque mis padres también te vieron hubiera pensado que jamás estuviste… que nunca sucedió.
-Sucedió cariño, y aquí estoy.
-No deberíamos estar en el palacio de verano… –Declaró con dulzura y entrelazaron los dedos antes de que Emma sacara el rostro para tratar de encontrar su mirada en la oscuridad. –Te amo. –Susurró
-Es donde la futura reina debe estar, además tu padre quiere que cene con la familia oficialmente… o algo así.
-Oh por todos los Reyes… ¿Por qué me hacen eso?
-¿A ti? Soy mayor que ellos, fuimos enemigos declarados por… ni siquiera sé y ahora… ahora ellos parece que me doblan la edad y creen que pueden darme sermones. –Emma dejó salir una risa suave, una risa melódica que hizo que Regina sintiera escalofríos y se aferrara con más fuerza a su compañera. –Te amo Emma. –susurro en su oído y como respuesta esta sólo se giró hacia sus labios para encontrarse en un beso.
-¿Por qué se siente tan bien? –Quiso saber con los ojos cerrados y las manos apretadas a la tela en su espalda y Regina sólo pudo reír suavecito y proporcionarle otro beso, uno breve.
-Eres increíble. –Susurró acariciando su espalda y nuca por tiempos. –No te merezco… sencillamente no te merezco. –Declaró y tal vez estaba completamente oscuro, pero Emma pudo darse cuenta de que algo en el gesto de la reina había cambiado.
-¿De qué hablas, Regina?
-No creo que debamos estar juntas. –Dijo aun aferrándose al cuerpo de la princesa y Emma sintió cómo con la sola idea le faltaba el aire… a Regina también le faltaba el aire.
-¿Por qué me dices esto?
-Lo estuve pensando… yo no soy buena para ti, mereces muchas más cosas…
-Creo que soy suficientemente madura para saber qué es lo que merezco y qué no, saber qué es lo que quiero o no y más importante, para tomar mis propias decisiones, así que no trates de hacer esto sobre mi… si tú no quieres estar conmigo… sólo dilo claramente. –Pidió y no supo exactamente en qué momento había empezado a hacerlo pero se encontraba llorando ante la sola idea.
-Yo… hice algo que no debí haber hecho, Emma. –Susurró cerca de su cuello y pudo sentir la incertidumbre en el corazón de la futura reina.
-No estoy acostumbrada a la Regina que dice lo que siente. –Admitió.
-Yo no estoy acostumbrada a caber en tus brazos.
-No planeo soltarte. –Expresó con ternura y Regina pudo sentir el amor en sus palabras lo cual hacía todo más doloroso. -Por qué no me dices qué sucede y encontramos una forma de solucionarlo.
-¿Sabes quién es Rumpelstilskin? –Inquirió de golpe rompiendo el abrazo y sentándose en la cama.
-Claro… un mito, te puede conceder lo que quieras a cambio de un favor… ¿Le pediste algo?
-No es un mito, es real, muy real desde la guerra de los orcos y su magia es increíblemente poderosa… Y sí, cuando eras pequeña acudí a él porque no tenía idea de cómo criarte, yo… yo no tenía idea de qué hacer y no quería hacer un monstruo de ti, no iba a convertirme en tu madre bajo ninguna circunstancia… Acudí a él…
-Oh por todos los Reyes… Él es el monstruo que tenía atrapados a Chip y a la Señora Potts… ¡Los salvaste! –Exclamó y Regina se sintió completamente confundida.
-¿De qué hablas cariño?
-Cuando era pequeña… siempre me pareció extraño que Chip no te temiera como los demás y él me contó que fue porque los salvaste, a él y a su madre…
Regina no recordaba que la historia hubiera sucedido de esa forma y eso la hacía sentir un poco mal, sus razones habían sido completamente individualistas y no incluían el bienestar de la señora Potts y su hijo… aunque ahora tenía sentido el que se hubieran mantenido a su lado.
-Él los había transformados en un juego de té, no habían sido capaces de pagar su deuda y realmente no se decirte por cuanto tiempo estuvieron así… acudí a pedirle un favor, necesitaba a alguien perfecto para criarte, alguien que te pudiera dar lo necesario… y me dio a la Señora Potts y a Chip… Pero toda la magia viene con un precio…
-¿Cuál fue el precio Regina?
-Creí que iba a querer algo de mí, porque era un favor… sencillo. Tal vez uno de mis hechizos, uno de mis ingredientes… Incluso me olvidé de él porque sencillamente tardó demasiados años en cobrar el favor.
-¿Qué quiere, Regina?
-Te quiere a ti…
-¿A mí? ¿Cómo me va a querer a mi? ¿Yo? Es decir…. ¿Qué?
-Tiene planes… No sé exactamente qué planes pero eres una pieza en su juego, cuando yo firmé, accedí a darle lo que quisiera y pasé las últimas horas tratando de explicarle que tú no eras mía pero él me mostró el contrato, la señora Potts y Chip fueron un servició que te benefició a ti y sólo a ti y por ende puede disponer de ti… cometí un grave… muy grave error, debí haber sido tu madre pero la sola idea me parecía….
-Absurda… era y es una idea absurda… además salvaste a Chip y a la Señora Potts… aunque haya sido de forma indirecta., se convirtieron en mi familia, no imagino mi vida sin ellos… ¿Qué es lo que quiere de mí?
-Debe haber una forma de solucionarlo, Emma, no voy a permitir que suceda eso.
-Debo asumir la responsabilidad que me corresponde.
-No estabas al tanto y es mi culpa. –Su voz era completamente seria y salió de la cama sin ponerse las botas, caminando por la estancia hasta la ventana… Emma pudo ver el amanecer reflejado en su perfil… las lágrimas que no caían haciendo brillar sus ojos.
-Dime, ¿Qué es lo que quiere? Yo puedo con lo que sea. –Prometió levantándose de la cama y encontrándola, tomó su rostro entre sus manos y le obsequió una sonrisa en la penumbra.
-Quiere un nieto… quiere que te cases con Baelfire, una unión mágica… -Le hizo saber rompiéndose en un llanto inminente y silencioso… lleno de culpa y angustia, como si no pudiera creer sus propias palabras.
-Lo haré… lo haré Regina, todo estará bien. No vas a convertirte en una taza. –Susurró contra sus labios sin dejar de sonreír y Regina pudo sentir en su pecho el terror que la inundaba por dentro.
-¿Entiendes que…?
-Eso significa que no vamos a estar juntas… significa que no vas a venir a cenar… significa que tu deuda estará saldada…
-No lo puedo permitir, tiene que haber una forma…
-…No la hay Regina, si la hubiera no estaríamos teniendo esta conversación. – Respondió tomándola de ambas manos y juntaron sus frentes… finalmente Emma no pudo contener el llanto y se dejó llevar… ambas lloraron con fuerza mientras el amanecer las tocaba con suaves rayos….
-Voy a irme ahora. – Susurró contra sus labios y Emma la hizo callar con un beso húmedo antes de que Regina se esfumara entre sus brazos, dejándola únicamente con la dulce sensación en la boca y cayendo de rodillas para llorar contra el duro suelo de piedra mientras las lágrimas de Regina caían sobre el piso de madera en su pequeña habitación… parecía que había pasado un siglo desde la última vez que había estado ahí y ni siquiera había sido un día, se había vestido para salir al baile, para ver a Emma con tanta ilusión y ahora estaba totalmente quebrada.
El sonido de la aparición mágica hizo que Maléfica empujara la puerta de la habitación pero la imagen de Regina contra el suelo sólo hizo que se le borrara la sonrisa del rostro y confusa se hincara a su lado… sencillamente en ese punto nada tenía sentido y debieron pasar un par de horas antes de que Regina pudiera si quiera juntar las fuerzas suficientes para explicar lo sucedido… todo, desde lo bueno hasta lo malo.
Evidentemente estaba en un problema, un gran problema y no tenían idea de cómo solucionarlo.
-Debías haber acudido a mí para conseguir una niñera. -Reclamó
-Nuestras vidas habían resultado muy diferente y lo sabes. –Se defendió desde la oscuridad. No estaba de humor para reclamos.
-La reina nos salvó. –Chip expresó desde el marco de la puerta…. -Debe haber algo que pueda hacer para ayudar ahora. –Chip y Graham habían vuelto al anochecer y Aurora los había puesto al tanto de lo sucedido.
Regina tampoco estaba de humor para eso. –Claro que debe haber algo que podamos hacer, sólo que no sé qué. Firmé un contrato y si este no se cumple él va a poder disponer de mi persona a su gusto.
-¿Y por eso vas a dejar que disponga de Emma a su gusto? –Reclamó Maléfica. –Eres tan cobarde, Regina.
-Firmé un contrato y voy a encontrar la forma de salvarla, sólo que no sé cómo.
-Bien, entonces tenemos que trabajar en la forma de salvarla… todos. –Declaró Maléfica con decisión hincándose a su lado.
-¿Cómo dices?
-Tienes a mucha gente viviendo en esta casa, vamos a sacar a Emma de eso y vas a dejar de ser un idiota por una vez en tu vida. –Concluyó dándole un severo golpe en la cabeza. –Todos tienen cinco minutos para juntar lo que quieran llevarse, ¿Me escucharon? vamos a ir a mi palacio.
Cuando Rumpelstilskin y Baelfire se presentaron a las puertas del palacio de verano la guardia real se puso en alerta máxima y la noticia fue lo único que logró sacar a Emma de su nueva burbuja de apatía: tenía un compromiso que cumplir y si había algo que podía hacerla incorporar energía para ponerse de pie era la idea de mantener la responsabilidad que había hecho con Regina, para bien o para mal.
-¿Qué puede querer con nosotros? –Preguntaba Blanca confundida al saber que tenían visita.
-Seguramente nada bueno. –David dejaba ver su angustia. -¿A caso pensaste si quiera en hacer algún trato por mi salud? –Algo así ni siquiera estaba a consideración… aceptaba la ayuda de Regina porque… bueno se había convertido en familia de alguna forma pero Rumpelstinskin era peligroso, muy muy peligroso.
-No cielo, el precio de su magia…
-¿Entonces?...
-Entonces hay que escuchar qué es lo que tienen que decir. –Interrumpió Emma entrando al salón con los ojos aún hinchados pero una pequeña sonrisa tranquila en sus labios, estaba vestida en un traje de saco azul marino de cola, pantalones ajustados y el cabello suelto.
-Cielo… ¿Cómo te encuentras? –Inquirió su madre preocupada sin poder quitar la vista de su elegante atuendo. Habían pasado un par de días desde el baile de presentación y su hija había abandonado los trajes de montar lo cual era nuevo y apresurado, como madre le parecía preocupante pero lucía hermosa.
-¿Has recibido noticias de Regina? –Quiso saber su padre. La historia oficial era que se había esfumado después de la conversación y David no podía evitar sentir que tenía algo que ver con su repentina desaparición, tal vez no debía haberla presionado con venir a cenar, tal vez para Regina las cosas eran más complicadas y quería mantener un bajo perfil… tal vez las cosas no eran como él imaginaba.
Emma sólo pudo negar con suavidad y bajar la mirada de forma ausente ante el sonido de su nombre. –Que salga un guardia y de la bienvenida a Rumpelstilskin y Baelfire. –Ordenó a Gastón de una forma que hubiera hecho sentir orgullosa a Aurora. –Los recibiremos en la biblioteca. –El caballero obedeció mientras la princesa caminaba en silencio con sus padres por los pasillos de piedra e incógnitas se formaban en sus mentes… ¿Era acaso Emma quien lo había llamado? ¿Por qué estaba tan tranquila? ¿Qué había sucedido con Regina?...
Ninguno de los dos se atrevía a hablarle en ese estado… temían abrir alguna puerta que luego no podrían cerrar, muchas veces sentían que las emociones de su única hija eran mucho más de lo que podrían soportar, como por ejemplo el día del baile… Blancanieves era consciente de que interrumpir ese momento íntimo había estado mal… pero por Dios, era su hija… y la reina malvada. Por supuesto ella tenía sus sospechas respecto a Emma… por supuesto se había emocionado demasiado ante la idea de ver a Elsa aquella vez y era muy cercana a Mérida y como dicen en el mundo sin magia "El que anda con lobos, a aullar se enseña"… sólo que tal vez Emma no lo "aprendió" tal vez Emma así era… también había mucha gente como ella en el mundo sin magia y eso no tenía nada de malo allá, tampoco tenía porqué ser malo en el bosque encantado… pero aun así el que Regina hubiera desaparecido después de una ausencia de varios años la había dejado con una sensación de inquietud, tal vez no había sido culpa de David sino de ella pero no podía evitar el deseo de atacarla cada que la veía… Era Regina, Por Dios Santo. Aunque ahora no lo haría más, ya no iba a ir contra Regina, había aprendido su lección… y cuando ambos padres habían tratado de disculparse con su hija sencillamente la habían encontrado en el suelo de su habitación, completamente quebrada, afirmando que la había perdido para siempre…
Ningún padre deseaba ver a su hija de esa forma… es decir, tampoco enamorada de su más grande enemigo pero bueno, si había que elegir…. Y ahora se encontraban caminando hacia la biblioteca para recibir al Ser Oscuro y… ¿A su hijo? Sinceramente habían olvidado que Baelfire existía, debía ser solo un renglón en los libros….
-Espero que hayan tenido un buen viaje. –Saludó Emma a penas se abrieron las puertas con una suave sonrisa.
-Su majestad, alteza. –Saludó el hombrecillo en una reverencia exagerada y el Joven Baelfire lo imitó con decencia y una sonrisa tímida. –Hemos traído unos obsequios… desinteresadamente por supuesto, comida en su mayoría, la guardia real lo ha recibido por protocolo… entiendo que no tenemos la mejor reputación.
-Usted no tiene la mejor reputación. –Se dirigió Emma hacia el hombrecillo. -De su hijo desconozco cualquier cosa con excepción del nombre.
-Entiendo que no ha sido exactamente una figura pública pero es un buen hombre, a diferencia de mí por supuesto. –Sonrió.
-Entiendo. Tomen asiento. –Los invitó señalando la mesa de roble en la que trabajaba usualmente, Rumpelstilskin y Emma quedaron cara a cara mientras Blancanieves y David seguían al margen de la situación, estaban seguros de que se estaban perdiendo de algo. -¿Qué es lo que puedo hacer por ustedes? Creo que son conscientes de que no van a obtener ningún trato de mí ni de ningún miembro de mi familia.
-Siempre me ha molestado la impaciencia de los mortales. –Expresó juntando repetidamente las yemas de sus dedos.
-Padre, con todo respeto, no es manera de dirigirte a la realeza. –interrumpió el hijo con premura. –Deben disculpar a mi padre, no está acostumbrado a no estar en control de la situación y en este caso… bueno, ustedes tienen ventaja. –Dijo con una risa suave al final y juntó sus manos en un gesto nervioso, Emma pudo ver incluso que se sonrojaba, el hombre era un encanto pero sabía que todo era un engaño, un muy… buen engaño.
-Bae aquí presente. –Continuó hablando el hombrecillo. –Me ha convencido de venir hasta aquí, con ofrendas y en son de paz porque ha caído total y completamente enamorado de la joven Emma y hemos venido a pedir su mano en matrimonio. –Terminó girando los ojos como si acabara de decir la cosa más absurda y sonrió de una forma boba. Emma sabía que el teatro pero no podía percibir donde empezaba la mentira… todo lucía muy auténtico, se sentía un poco mareada y tuvo que recordarse a su misma hacer un par de respiraciones ante la mirada confundida de sus padres…
-Lo sentimos mucho señor Rumpelstinskin pero Emma… -Inició su Padre.
-Nos tememos que nuestra hija se encuentra en un momento muy delicado y no podemos permitir un matrimonio ahora. –Continuó Blancanieves a su rescate y en su corazón Emma agradeció esas palabras, sus padres finalmente entendían… sus padres sabían que para ella era difícil, sus padres no la volverían a obligar… sin embargo ahora era ella misma la que se obligaría… era ella misma la que frente a esos dos hombres entregaría todo su ser a su nuevo destino.
-Muchas gracias madre, gracias padre, pero me encantaría que aprobaran mi matrimonio con Baelfire. –Dijo con seguridad y sonrió asintiendo en dirección al joven.
