El trayecto de regreso a la casa de Piscis fue en total silencio, no se atrevía aún a preguntarle a su padre porque le había omitido información, sabía que debía tener sus motivos pero no comprendía con exactitud cuáles eran. Cuando por fin llegaron a la casa de Piscis Lugonis soltó la mano de la niña y le preguntó.

_Quieres algo, té, zumo, leche?

_Té de arándano seria genial – él le sonrió y de ese modo se dirigió a la cocina.

Se dispuso a esperarlo sentada en el comedor, un ramo de hermosas rosas rojas decoraba la mesa, toda su vida había convivido con ellas, aparte de su padre eran su única compañía.

Lugonis llegó con dos cuencos llenos de humeante brebaje, uno era rosáceo y el otro verde, la niña sabía que el té favorito de él era el verde de jazmín, ella misma se lo preparaba desde que tenía memoria.

No sabía con exactitud cuál sería su castigo, tampoco se sentía preparada para exigirle la verdad a su padre, tomo un pequeño sorbo de té y espero a que él tomara la palabra.

_Que es lo que quieres decirme, Albafika? – le dijo calmadamente, ni siquiera se veía enojado, parecía ser que su molestia se había esfumado de la nada.

_Lo siento mucho, no debería haberte desobedecido – bajo la mirada avergonzada.

_Está bien que pidas perdón, pero no creo que sea eso lo que quieras decirme.

_A que te refieres? – abrió los ojos sorprendida, era como si su padre supiera de antemano lo que quería decirle.

_Sabía que tarde o temprano este día llegaría – tomó un sorbo de su te y cerró los ojos como buscando las palabras indicadas – ya debes saber que te he escondido muchas cosas.

_Por qué no me dijiste que tengo cosmo? – lo miro fijamente, quería ver la expresión que él tomaba, él simplemente frunció el ceño algo confundido.

_La verdad es que tenía pensado decírtelo algún día pero el tiempo pasaba y lo fui dilatando, supongo que fue miedo.

_Miedo?

_De que tomaras alguna decisión apresurada, de que fueras infeliz.

_Pero hay algo que no entiendo – tomó una pausa, tenía que de algún modo ordenar sus ideas, sabía de antemano que se enteraría de cosas importantes, solo debía saber cómo proceder para tomarlo del mejor modo posible – que tiene que ver eso a que tenga cosmo?

_No te lo dijo Shion? No todos poseen cosmo, los afortunados solo tienen un camino.

_No puede ser… - ahora sí que encontraba toda la circunstancia sorprendente, no se referiría a… - tú dices ser un santo?

_Exacto, y no uno cualquiera sino que de gran categoría, ya debes saber que no todos los cosmos son iguales, hay algunos más poderosos que otros.

_El tuyo y el de los guardianes de las otras casas son los que siento más fuerte, eso significa que ustedes son los más poderosos del santuario.

_Podría decirse que si – dio un hondo suspiro, parecía apesadumbrado, jamás lo había visto así, era como si todavía no le terminara de contar todo, había aún más? – hay algo que todavía no sabes.

_Algo más?

_Acompáñame.

De ese modo ambos salieron al jardín de la casa de Piscis, como siempre lleno de rosas, el cielo de un azul intenso contrastaba con el fuerte color de aquellas flores tan hermosas, Lugonis se arrodillo y corto una de ellas, se la entregó a Albafika.

_Es hermosa, verdad?

_Lo es – siempre se había preguntado por qué su padre solo tenía rosas y no otras flores.

_Cuantas veces he tocado a las personas?

_Nunca, solo a mi – ahora que lo decía, era cierto su padre jamás había tocado a alguien que no fuera ella.

_Y dime, a cuantas personas has tocado tu?

_A nadie a parte tuyo, me dijiste que nunca lo hiciera.

_Y sabes realmente el motivo?

_Siempre quise saberlo – era algo extraño, por qué no podía tocar a los demás?

_Mira.

Lugonis se dirigió a un pequeña fuente donde usualmente los pájaros bebían agua, estando allí se mordió su pulgar haciéndolo sangrar, dejó caer las gotas a la fuente tiñéndola de un suave rosa, se alejo un poco para que los pájaros regresaran.

Los pajaritos de múltiples colores volvieron a la fuente y bebieron esa agua teñida de sangre sin saber lo que les deparaba, uno a uno iban cayendo al suelo, no parecían volver a moverse.

_Que les paso?, no me digas que…

_Efectivamente, están muertos, para ser exactos fueron envenenados.

_Pero, como? – no entendía o mejor dicho no quería hacerlo, no podía ser cierto.

_Yo los envenene, con mi sangre – se acerco nuevamente a la niña, se hincó para quedar a la misma altura que ella – eso era lo que algún día tenias que saber, mi naturaleza venenosa.

_Entonces yo puedo tocarte – acaricio el rostro de su padre, este sonrió tristemente - yo, soy como tu?

_Exactamente, ambos somos muy parecidos, tenemos la habilidad de soportar el veneno de las royal demon rose.

_Veneno? Acaso estas flores son venenosas?

_Así es, te has fijado si otro tipo de vida crece en este jardín carmesí?

Ahora que lo pensaba, las aves jamás se posaban en las flores, ni los insectos, mucho menos algún animal, no crecía nada en ese jardín aparte de esas bellas flores. Pero que fueran venenosas? Era algo que no quería creer, cuantos años viviendo con ellas y jamás lo supo, las tocaba, las cuidaba y jamás tuvo algún signo de envenenamiento.

_Solo estas rosas… ahora lo entiendo todo, o por lo menos eso quiero intentar.

_Sabes que eres lo más preciado que tengo, no quiero presionarte, piensa las cosas con calma, solo quiero que seas feliz.

La niña no dijo nada, lo miro confundida y salió de aquel jardín, se dirigió a su habitación y se tendió en la cama, miraba continuamente el techo como si este le brindara respuestas y explicaciones.

Ser un santo…

Jamás se imagino que ese sería su destino, está bien, no estaba obligada a serlo pero siempre sintió que su existencia no servía de nada, ser un santo le daría una utilidad y sentido a su vida, podría proteger a sus seres queridos, sería más fuerte, podría cuidar de sí misma.

No podía evitar sentir miedo ante todo lo sabido, era venenosa o por lo menos inmune al veneno, no era una chica normal como lo había pensando todos estos años, abrumada por todo se quedo completamente dormida.

Lugonis entro en la habitación de Albafika, se recostó al lado de ella y arreglo sus cobijas para que no sintiera frio, sabía que quizás fue muy luego para decirle toda la verdad pero por otro lado no era la verdad absoluta, había muchas cosas que la chica no sabía y que era mejor no hacerlo ya que cambiaria mucho sus decisiones.

_Se dejaría llevar por sus sentimientos… - la miro, la chica de una belleza indescriptible dormía plácidamente – mi querida hija, ojala no sufras con las decisiones que tome por ti.

Y de ese modo salió de la habitación, la joven desconocía las cosas que vendrían en un futuro y el papel que ella jugaría en todo.