Pesadilla

En los días siguientes la vida pareció volver a tomar su cauce normal. El tema de la pureza de la sangre pareció nunca haber ocurrido; Harry no tenía tiempo de recordarlo entre los entrenamientos finales de la Academia y las nuevas misiones que le eran asignadas. En las noches llegaba demasiado cansado como para no poder dormir y apenas podía jugar un partido de ajedrez con Ron antes de que su amigo lo subiera prácticamente a rastras a su habitación. Veía a Hermione solamente a la hora de la comida en la Madriguera cuando ambos estaban invitados a comer por sus respectivas parejas, y su amiga se veía también tan ocupada y feliz que no hubo ni una sola ocasión en la que pudieran disponer de un minuto para hablar de lo que había pasado. De todas maneras, habían prometido no hacerlo y ninguno parecía querer romper esa promesa. Los preparativos de la boda continuaron y Harry se sorprendió inmiscuido en miles de detalles que consideraba aburridos pero a la vez le interesaban un poco debido a que era su propia boda. Ginny aprovechaba cada minuto de su tiempo libre para besarlo, para hacerlo sonreír y secuestrarlo a miles de locales que fabricarían algo para la fiesta.

Lamentablemente, la falta de tiempo de Harry para pensar en el asunto no quería decir que no estuviera al menos un poco preocupado y él lo sabía. Su cuerpo estaba muy cansado para aguantar las divagaciones de su cabeza pero su mente se empeñaba en torturarlo de aquella manera en la que ya tenía experiencia haciéndolo: por medio de pesadillas:

-Por tu culpa me veré condenada a ser siempre la esposa del gran "Harry Potter?-decía Ginny mientras lloraba y lo golpeaba con los puños en el torso y Harry intentaba detenerla- ¿Y que hay de mi? Puedo ser más grande, puedo convertirme en una leyenda… ¡Eres un bastardo egoísta Potter! ¿Qué hay de mí? ¡Mis hijos no tendrán magia totalmente pura corriendo por sus venas!!! ¿Y eso es amor para ti? ¿Eso es lo que TANTO ME AMAS?

Harry se quedaba mudo, intentaba contestar pero ninguna palabra salía de su boca. Ginny se daba la vuelta y se alejaba, sin que él pudiera detenerla. Se quedaba sin embargo, ahí de pie, aguardando el golpe final que siempre lo tomaba por sorpresa:

-¡Maldito cobarde!-decía Ginny, girando para verlo ya alejada de él y gritando fuera de sí como Harry nunca la había visto- ¡Maldito egoísta!

Los sueños variaban de una manera pero fuera lo que fuera el final siempre era el mismo: Harry despertaba, completamente empapado de sudor, cuando su novia empezaba a llamarle cobarde o egoísta. A veces también aparecía Ron, de una manera menos cruda pero más cruel al mismo tiempo:

-Soy tu mejor amigo-decía el pelirrojo mientras Harry lo escuchaba atentamente- ¿Cuántas cosas he hecho por ti? ¿Cuántas veces arriesgue mi vida por TI?... vamos ¿Cuántas?

Harry no respondía, se limitaba a mirar a su amigo y tamborilear nerviosamente la superficie de la mesa con los dedos. Rehuía la mirada azul, pero solo por un par de segundos antes de que su amigo siguiera:

-Ni siquiera lo sabes ¿no es así?-decía el chico y en su rostro se formaba una terrible mueca de tristeza-Jamás te importo y siempre lo supe, jamás me valoraste ni a mi ni a todo lo que hice por ti… ni siquiera a mi familia que te acepto prácticamente como a otro hijo-Harry intentaba hablar pero Ron lo detenía- No te preocupes… no importa… No te pido que lo hagas ahora, lo único que te pido es que te alejes de mi hermana y no arruines lo único que tenemos…

-Ron no entiendes…

-No, tú no entiendes-decía Ron y en su mirada azul se notaba que perdía la paciencia- No tenemos dinero, no tenemos renombre… somos unos traidores a la sangre que pueden redimirse y tú no quieres permitirlo porque estas encaprichado con mi hermana…

-¡No estoy encaprichado!-contestaba Harry y ahora era él quien perdía la paciencia- Tú sabes que…

-Yo sé que empezaste a notarla después de años-contestaba Ron furioso-y que yo fui suficientemente estúpido para permitirlo... como lo fui siempre siguiéndote prácticamente hasta la muerte … Fue mi culpa, déjame remediarlo, ayúdame por todas las veces que te ayude yo a ti…

-No entiendo que demonios dices ¿Cómo puedo ayudarte?

Ron lo miraba nuevamente con esa tranquilidad tan impropia de él que hacia las cosas más difíciles:

-Déjala, deja a mi hermana en paz antes de que sea demasiado tarde…

Y Harry despertaba, escuchando aún en su cabeza la voz suplicante de su mejor amigo; maldiciendo el hecho de que el Ron de su pesadilla se comportará así en lugar de querer recurrir a los golpes.


ODIOSA PERO NECESARIA NOTA DE AUTOR: Esto es un pedazo que acabe quitando del capítulo 3 de mi otro fic Para No Manchar Tu Sangre. Me gusta mucho como quedo pero no encajaba en el original por lo que me atrevo a subirlo aquí, para hacerle honor a Viñetas Sin Sentido y de paso resguardar esto antes de que borre el archivo que ya no sirve. Espero les guste o al menos no les moleste. Saludos.