Había pasado una semana desde la partida de Lugonis, Albafika no podía esconder su preocupación, siempre cuando llegaba alguien preguntaba por él pero solo recibía dudosas respuestas.

Había decidido entrenar su estado físico por cuenta propia para darle una grata sorpresa a su padre cuando éste regresara.
Sabía que no era pertinente que fuera a lugares poblados así que iba a las zonas más profundas del bosque que colindaban con el santuario.

Si bien no era fuerte físicamente, era muy ágil y tenía una visión y motricidad sorprendente, había trotado toda la mañana y estaba fatigada, llegó a un claro en el bosque donde desembocaba el agua del rio y se arrodilló en la orilla, podía ver todas sus facciones reflejadas en el espejo cerúleo, mojo su rostro con abundante agua y se amarro su cabello celeste en una coleta.

De pronto todo su relajo se esfumó, sintió un cosmo profundo y lúgubre, el antónimo a todo el esplendor de donde se encontraba, decidió esconderse entre los arbustos,

Se aproximó una silueta entre los árboles, parecía mascullar palabras frustradas que la niña no pudo entender, por su voz, no, no podía ser…

Un niño…
No pudo esconder su asombro, como era posible que un niño tuviera esa clase de cosmo? Tan sombrío y oscuro.

El niño de piel morena y cabello azuloso miro molesto el claro donde hacía unos momentos Albafika había calmado su cansancio, tomó una piedra y la lanzo con rabia al agua.

_Que se cree ese viejo al tratarme asi! No soy un niñato, soy un verdugo!

Debía irse, no tenía un buen presentimiento, pero como lo haría? Como si este supiera lo que pensaba dijo aún molesto.
_Será mejor que te vayas por donde llegaste, no querrás perderte en este enorme bosque.

La niña decidió salir de su guarida, era ridículo querer seguir escondiéndose si aquel niño sabía de su presencia.

_Conozco mejor de lo que crees este bosque – el chico solo bufó molesto, aun le daba la espalda, no le dirigió la mirada en ningún momento – pero aun así, gracias.

_No sería agradable que una niña perdiera la vida solo por creerse la valiente, estos no son lugares para personas como tú.

_En primer lugar, mi padre me enseño que no debía tomar en cuenta las palabras necias de personas que ni siquiera son capaces de mirarte a los ojos – dijo en un siseo ácido, aquel niño había colmado su paciencia, no la conocía en absoluto para hacer aquel tipo de juicios.

_Si hallas tan necesario el contacto visual – se dio vuelta de súbito y no pudo esconder su sorpresa al ver a la niña, se sonrojó levemente e intento esconderlo con dificultad – eres tu…

_Que yo soy qué? – dijo incomoda, no entendió la reacción de aquel niño.

_Albafika… eres Albafika cierto?

_En efecto, como sabes eso?

Estaba exhausto, su maestro se había pasado con el entrenamiento, tenía todo su cuerpo lleno de magullones y rasmilladuras pero no se quejaba en lo absoluto, su orgullo era mayor.

_Es suficiente por hoy – dijo Sage conforme.

_No, no lo es, yo quiero seguir entrenando.

_No seas necio, tu cuerpo no da más, debes recuperarte para dar tu rendimiento optimo – levanto su mano callando el reclamo del niño – y no es algo conversable.

Él solo lo miro resentidamente y lo siguió de vuelta al santuario, de pronto a lo lejos cerca del bosque vio una nube color carmesí, jamás en la vida había visto un color semejante teñir el cielo.

_Royal Demon Rose – murmuró por lo bajo su maestro.

_Viejo, que es eso? – dijo el niño sorprendido.

_Una de las técnicas de Lugonis.

_Lugonis?

_El caballero dorado de Piscis, uno de los guerreros más fuertes que hay.

Al oír la palabra fuerte, captó toda la atención del chico, quería conocerlo y si era posible, luchar con él.

_Con que uno de los más fuertes… seria genial poder luchar con él.

_Ni en tus sueños serias capaz de ganarle. Están a un nivel ni siquiera comparable, necesitas mucho entrenamiento para hacerle frente, además el solo hecho de acercársele a él es mortal.

_Tan hostil es?
_Todo lo contrario, es muy pacífico, lo mortal es su naturaleza.

_Su naturaleza… - cada vez le parecía más interesante el guerrero de Piscis.

_Su sangre al igual que las rosas que utiliza para luchar están envenenadas, su solo contacto causan la muerte.

_Y no hay un modo de contrarrestar ese veneno?

_Solo los destinados a la senda de Piscis pueden soportar el veneno de las rosas pero ellos mismos deben fundirse con él, es parte de sí mismos.

_Quieres decir que… hay alguien más capaz de soportar ese veneno?

_En efecto, la hija de Lugonis tiene esa habilidad innata, además de poseer un cosmo natural muy fuerte, nació para seguir con la tradición de Piscis.

_Las mujeres pueden ser santos?

_No seas idiota, no has visto a los santos femeninos de plata? – le dijo frunciendo el ceño.

_Claro que si viejo pero… puede haber santos de oro femeninos?
_Nunca se ha dicho lo contrario, además la armadura es la que escoge a su portador.

_Ya quisiera conocer a aquella chica – dijo con añoranza, como seria luchar con alguien asi?

_Albafika?, lamentablemente aun no sabe la verdad y vive como una niña normal dentro de lo que se puede.

_No sabe su destino? – dijo molesto – que desperdicio.

_Ella no podrá renegar de su destino, será su decisión – dijo con una sonrisa comprensiva.

_Y que crees que decida?

_No lo sé, solo esperemos que tome la decisión mejor para ella.

_Como es ella? – tenía ganas de saber cómo era la heredera de Piscis.

_En que sentido? – su mirada se volvió aguda, cautelosa.

_Todo – dijo con seguridad.

_Bueno, es una niña muy tímida y dulce pero a la vez esconde unas espinas mortíferas, debe ser su modo de protegerse del entorno hostil.

_Imagino que debe ser tosca y arisca… - dijo con recelo.

_Todo lo contrario, su aspecto hace que todos queden embelesados con ella, tiene una belleza casi irreal.

_Con que una cara bonita… - dijo con interés.

_Dicen que las flores más hermosas son las que esconden las peores espinas – dijo mirando hacia la nube carmesí a lo lejos.

_Contesta, como sabes eso?

_Tengo mis fuentes – dijo haciéndose el interesante, jamás le diría que la reconoció por su belleza.

_Comprendo, sentiste mi cosmo – dijo pensativa, debía encontrar un modo de saber esconderlo.

_Algo así, te falta entrenamiento – dijo reprendiéndole.

_Ni siquiera lo he comenzado, por supuesto que me falta.

_Es cierto… tu maestro está en una misión.

_Pareces saber mucho sobre nosotros – lo miró con recelo, de donde había aparecido este chico? – dime, cómo te llamas?

_Manigoldo – le contesto sin mucho interés.

_Que nombre tan raro… - le dijo algo divertida.

_No es que digamos que Albafika es un nombre que se escucha todos los días.

_Me lo dio mi padre cuando me encontró y me gusta bastante.

_Toda la vida has vivido con Lugonis?

_Para ti es señor Lugonis, y si, toda la vida he vivido con el.

_Y aun así no te ha entrenado ni un poco, que decepción.

_Yo no sabía que poseía esa habilidad – le dijo avergonzada – todo comenzó cuando conocí a Shion.

_El carnero… tiene bastante potencial también a pesar de ser tan joven.

_Conoces a todos los aprendices de caballeros? – parecía saber que Manigoldo sabía mucho más que ella.

_A la mayoría, es fácil conocer a la gente cuando estas cerca del viejo.

_Viejo? A quien te refieres?

_Al vejete Sage – le dijo como si se refiriera a cualquier conocido.

_Sage… el único que conozco es… no, no puede ser… el patriarca!

_Por qué te sorprendes tanto?

_Como te refieres al patriarca de ese modo? – su mirada era incrédula.

_No le suelo tomar el valor a los procesos burocráticos del santuario si eso es a lo que te refieres.

_Entonces, eres el discípulo del patriarca Sage – ahora entendía mejor las cosas, por eso sabía tanto – como comenzó a entrenarte?

Es una larga historia, si estas interesada…