Muy bien, soy consciente de que dejarlos con sólo un capítulo el martes no fue totalmente amable de mi parte pero no les iba a dar diez mil palabras para leer en un día porque es malo para la salud…
No, realmente no, la verdad es que seguía trabajando en el 30 de forma activa, para dejarlo perfecto e incluso lo sigo editando mientras hago esto porque es un capítulo que personalmente me interesaba mucho porque… pues porque sí.
Este capítulo es: Rated M
Este capítulo aclara unas de las dudas que se formaron en el 29… y de hecho que se han formado a lo largo del fic, pero el 31 ya retomará el hilo de la historia.
Este capítulo es un regalo para mí misma así que espero que lo disfruten.
Es rated M por "Mature content".
Les recuerdo: Una vez que Emma y Regina están juntas nuevamente, ni esta autora se atreverá a separarlas, disfruten la calma antes de la tormenta.
Capítulo 30:
La calma antes de la tormenta.
A penas la nube purpura se disipó en la habitación, Regina se dio cuenta de que no estaban en el palacio de Maléfica. Emma estaba de rodillas, cubierta con la manta de la cama en el suelo de su habitación, su habitación en casa.
-¿Cómo…?... ¿Cómo llegamos aquí? –Se preguntó en voz alta y Emma alzó la vista confundida.
-¿Dónde estamos? ¿Nos encontrará? ¿Seguimos en el palacio? –Quiso saber y Regina pudo sentir el terror consumiendo su corazón.
-No cariño, nadie nos va a encontrar aquí, es incluso más seguro que el palacio de Maléfica, a dónde te llevaba… hemos aparecido en casa, tenemos meses sin venir aquí. – Respondió suavemente y la tomó de los hombros para que se levantara. –Estás a salvo. –Prometió
-Regina… -sollozó desesperada y la abrazó llorando de forma histérica en su hombro. –Tenía tanto miedo. –Encontró la forma de decir entre el mar de lágrimas. –Realmente quiero pagar tu deuda, pero estoy tan asustada. –Le hizo saber y Regina sintió como si su corazón se rompiera, era imposible tanta nobleza en una sola persona.
-Claro que no, claro que no cariño, eres asombrosa y yo no debí haber permitido que eso sucediera, fue cobarde, fue horrible de mi parte, mereces mucho más de lo que yo hice… mereces mucho más de lo que yo te puedo dar.
-¿Me vas a dejar de nuevo? –Inquirió secándose las lágrimas y apartándose de sus brazos. – No voy a permitir que vuelvas a decidir por mi… yo no quería pasar todos estos años fingiendo ser alguien que no soy sólo porque tú ya no me querías cerca… únicamente me apartabas más y más como si yo fuera el problema, como si hubiera algo mal en mí y más vale que empieces a explicarme las cosas, Regina, porque si no decides bien qué es lo que quieres, yo soy quien se va a ir y esta vez no vas a poder hacer nada al respecto. –Amenazó aún envuelta en la cobija.
-Nunca.
-¿Disculpa?
-Nunca te voy a volver a dejar, Emma, no quiero escapar de ti, si algo me ha dejado claro esta vida es que no te merezco pero cielos… te amo tanto y no te voy a volver a dejar, nunca. Es un juramento. –Dijo suavemente y secó sus lágrimas mientras lo hacía… Emma era a quien quería y de una u otra forma, el destino no podría separarlas de nuevo, lucharían contra Rumpelstinskin juntas.
-Tal vez hagamos un buen juego de platos en la vajilla del señor Oscuro. –Bromeó la princesa y Regina le otorgó una sonrisa tierna antes de besar su mejilla y rodearla con sus brazos.
-Estaremos bien.- Murmuró y Emma le creyó, había olvidado por completo lo segura que se podía sentir en los brazos de alguien con palabras simples o solo su presciencia… Esto era lo que ella buscaba, lo que su corazón necesitaba y en ese momento no sintió miedo. –Deberías ir al armario y tomar uno de mis trajes de montar o una bata para dormir. Toma tu tiempo y alcánzame en la terraza, ¿Quieres? Te tengo una sorpresa.
-Creí que no sabías que veníamos aquí. ¿Cómo puedes tener algo para mí? ¿Ahora ves el futuro? No he olvidado que hay muchas cosas que no dices.
-La sorpresa está en la terraza desde que llegué a esta casa, Emma y no te ocultaré absolutamente nada, pero no hablaré contigo hasta que estés vestida, ha sido una noche muy dura.
-Gracias Regina. –Su sonrisa fue sincera y un poco ausente mientras se dirigía al armario y optaba por tomar un baño en la tina antes de vestirse. Ni siquiera tuvo que pedir permiso para hacerlo, ni siquiera tuvo que avisar, se sentía en casa y sabía que Regina estaba al tanto.
Había sido una noche muy larga, tortuosa y determinante… pero como toda noche tenía que terminar con un amanecer, Regina no se consideraba el tipo de persona que disfrutaba los amaneceres, los crepúsculos sin duda eran otra cosa… sin embargo desde que había llegado a esa casa, los amaneceres habían adquirido un nuevo significado para ella, era el momento en que su carta para Emma salía hacia el palacio de verano y observar al cuervo alejarse, mientras los rayos del sol iluminaban sus plumas le daba una sensación un tanto utópica de esperanza.
Si Regina no hubiera conocido a Emma y se hubiera encontrado en la situación de tener que dejar el trono y vivir en una casa, estaba totalmente segura de que esa no estaría entre sus opciones ni por error… demasiados inconvenientes.
Pero Emma estaba en su vida y cuando era niña había implantado en ella una idea que no la había dejado en paz y ahí estaba, viviendo en ese lugar.
Fue cuando el amanecer estaba a punto de colorear el horizonte que Emma abrió la puerta de la terraza, Regina esperaba mirando hacia el interior sólo para observar su reacción… definitivamente había valido la pena.
-Oh por todos los Reyes… ¡Es el mar! -Exclamó incrédula.
-Es Horrible, Graham tiene que pintar con laca transparente las ventanas porque se deterioran con facilidad pero al menos durante una temporada Chip estuvo practicando la pesca y conseguía manjares increíbles. Nunca te lo quise contar por carta, realmente esperaba poder traerte conmigo alguna vez…
-Es que… Regina…. ¡Vives en la costa! –Celebró recargándose en el barandal de la terraza y aspirando con fuerza el aroma a sal… sintiendo cómo de a poco el amanecer matizaba el agua de naranja y amarillo y las suaves olas del mar limpiaban las huellas de los pájaros marcadas en la arena… -Es… hermoso.
-¿Recuerdas?, antes del ataque de Robin Hood, me pediste una casa en el mar, estabas emocionada al conocerlo por primera vez… no sé si lo dijiste al aire pero al crecer seguiste mostrando mucho amor hacia el agua y creo que no hay nada mejor que darte exactamente lo que quieres.
Emma la miró enternecida y se sentó en sus piernas, rodeando su cuello con los brazos y pegando su frente a la de ella para finalmente besarla… besarla con ternura y todo el amor del mundo. –Es maravillosa… ¿Y los manzanos? ¿Si el mar es tu patio trasero… dónde están tus arbolitos?
-El mar es mi patio delantero, el patio trasero tiene mis manzanos…. Es buena tierra. –Sonrió y rozó sus labios con los de Emma… sus ojos aún cerrados. -Siento mucho no haber podido acudir antes. –Le hizo saber con dolor.
-Tuve tanto miedo y el que aparecieras justo a tiempo me hace sentir que estoy soñando, tanta tranquilidad no puede ser cierta. – Hablaban en susurros, como si las palabras fueran demasiado graves e hirientes para ser repetidas… con el miedo latente…
-La calma es momentánea, cariño pero es real, aquí estoy, podemos ir al palacio de Maléfica a penas estés lista, los demás esperan ahí… y no llegué justo a tiempo… debí haber llegado antes pero no lográbamos hacer funcionar la maldición que pudiera sumergir a Baelfire en un sueño profundo… Estuve realmente atormentada mientras terminábamos de formar todo… podía… sentir que me necesitabas… moría de impotencia… -Admitió en un gesto ausente, mostrando una sensación de culpa sincera.
-Lo importante es que llegaste, no hay nada más importante. –Sonrió con timidez y se escondió en su cuello. -…Me pregunto qué tan molesto estará el señor Oscuro al encontrar a su hijo en cama, víctima de una maldición.
-Realmente nunca hemos sido sus personas favoritas. –Respondió sintiendo cómo Emma se acurrucaba en su regazo,
soltando un dulce aroma floral y aún con el cabello mojado por el baño.
-Creo que debes empezar a hablar ahora, Regina. –Pidió alzando la vista brevemente, sólo para ver como el sol reflejado en sus ojos les hacía lucir caoba y nostálgicos.
-Tenía que sacarte de ahí Emma, no debes pagar por mis errores pero te arrastré conmigo, mantuve mi distancia para protegerte… No quería que pensara que iba a irrespetar el trato así que me porté lo más egoísta que pude… El plan siempre fue que te casaras y sacarte de ahí pero las cosas se tornaron un tanto complicadas cuando Aurora recuperó el corazón de Maléfica y lo puso en su pecho… ahora es más poderosa y controla a la perfección al dragón… Gracias a eso nos dimos cuenta de Rumpelstinskin quería utilizar tu conexión mágica, ese vínculo que te hace heredera al trono para poner en marcha una maldición…
-¿Usarme a mi? Creí que quería un heredero.
-Probablemente pero no era la prioridad… La historia de esa maldición la hemos encontrado en los mismos pergaminos Neréidicos que tus padres usaron para salir de este mundo, escritos en runas de los primeros tiempos. A Maléfica le costó unos días descifrarlos y no lo había hecho antes porque pensábamos que se trataba sólo de un cuento.
"… Al inicio del tiempo, no había nada más que un verde prado, suave como el algodón y extenso como todos los reinos; no había límites ni fronteras, no había humanos que le corrompieran… no había nada hasta que en una noche de tormenta, una pequeña charca marcó el centro y pequeños animales comenzaron a salir, poblando el vacío, tomando forma, creando un hogar…
…Un día de la charca salió un niño, sólo y maravillado por el lugar, los animales y los bosques, decidió que ahí se quería quedar; tiró unos árboles y rompió unas piedras para hacerse un hogar y cuando fue mayor, a la charca alguien por compañía pidió…
…A ella sus cabellos le llegaban a la rodilla y su mirada color cielo era tan bella que cautivaba a cualquiera, sin embargo ella no veía belleza en el bosque, no veía alegría en la vida y pedía más y más hasta que la pequeña casa del joven se convirtió en un palacio y ambos se hicieron llamar Reyes… Vivieron miles de años y tuvieron tantos hijos que no podían recordar sus nombres o sus caras, vivieron miles de años y sus corazones se volvieron tan negros y densos que dejaron de latir en su pecho y para mantenerse vivos, juntos y siempre presentes, se transformaron en una maldición.
"…Cuando dos herederos unidos al mal sucumban, a su mundo condenarán a ir contra sí mismo." ".
Ellos aún viven en la maldición, él sólo quiere hacerla feliz y ella sólo quiere más y más. Esta maldición tiene dos partes, la de él y la de ella. Como el joven Rey fue el primer habitante del mundo, tenía la capacidad de darle todo lo que quería, conseguirlo y complacerla, aunque fuera por un instante… y ella, la otra parte de la maldición, el vacío que nada puede llenar, su codicia era tan grande que todos se peleaban por complacerla, después de todo, los habitantes del mundo eran sus hijos y la amaban.
La maldición, realizada de forma apropiada puede darle a Rumpelstinskin la capacidad de obtener absolutamente todo lo que desea y hacernos desear dárselo, irá tomando nuestra dicha y alegría y nos volveremos unos contra otros, tratando de complacerle.
-¿Condenar al mundo para su propia dicha? –Inquirió escandalizada. –Eso es horrible…
-Lo horrible es el hechizo en sí, requiere muchos sacrificios voluntarios, agua de la misma charca y dos herederos unidos mágicamente como ofrenda… Rumpelstinskin esperó siglos para que tu aparecieras y cuando llegaste, esperó aún más a que tuvieras la edad apropiada.
-Estoy casada con Baelfire… ¿Eso significa que puede recuperarme y realizar la maldición? ¿El mundo entero corre peligro por mi culpa?
Regina sonrió suavemente.
-¿Qué? –Quiso saber intrigada.
-Hace unas semanas encontramos la forma perfecta de cambiar las cosas… ahora con Baelfire dormido no podrá hacer mucho por al menos un par de días… o hasta que encuentre a alguien que lo ame y lo bese, pero aun así era demasiado arriesgado permitir que te casaras con él siendo la heredera legítima. Pasamos una tarde entera en un trance pero lo logramos, no eres más una candidata a ser reina.
-¿Cómo dices? –Emma no cabía en el asombro.
-Lo siento cariño… sé que te estabas resignando a la idea de ser reina pero lamento ser quien te informa que no puedes serlo… ahora eres una persona normal, incluso más normal que Chip… él fue una taza por varias décadas. –Lamentó bajando la mirada y Emma soltó una risa suave y melódica que hizo sentir cómo toda su piel se erizaba.
-Te amo, Regina. ¿Quieres saber algo? -La mujer asintió con suavidad, encontrando su mirada e hipnotizada por su sonrisa. –Yo realmente no quería ser reina. –Afirmó soltando todos los músculos en su cuerpo, relajada.
-Claro, cuando tengas que vestirte tu sola desearás ser reina de nuevo. –Ironizó señalando su blusa y el hecho de que uno de los botones estaba en el ojal incorrecto.
-Podré vivir con eso. –Prometió besándole el mentón, riendo… Y Regina quiso que el tiempo se congelara por siempre.
Emma bostezó con ternura y talló sus ojos, agotada. –Vamos a la cama. –Pidió y Regina se dejó llevar, entrelazando sus dedos mientras Emma se hundía en las cobijas y cerraba los ojos contra su pecho, acurrucándose. -¿Estarás aquí cuando despierte?
-No iré a ninguna parte. –Prometió. Era consciente de que aún había cosas que ella quería saber, que debía decirle y deseaba haberle dicho las cosas antes… después de todo esta vida le estaba sirviendo para darse cuenta de que la valentía no era uno de sus fuertes.
Emma se quedó dormida momentos después y a pesar de que su hipnótico respirar era tenue y relajante pudo sentir como con el paso de los minutos, su corazón se iba estrujando en su pecho, el gesto se le iba endureciendo y sollozos suaves comenzaban a salir de su boca… Pesadillas, ella las recordaba bien… incluso las había tenido años después de que Leopold había muerto… incluso en los primeros años de Emma, ese monstruo se posaba sobre ella y la utilizaba como si fuera una muñeca de trapo…
-Cariño… -La llamó. –Emma… -Le pidió con pequeñas palmadas en su espalda, jalando su cabello con suavidad y repitiendo su nombre. –Sólo es una pesadilla… Aquí estoy. –Aseguró y pudo sentir como su corazón se calmaba… su rostro se relajaba de nuevo y volvía a dormir plácidamente sin siquiera haber despertado. –No permitiría que sus sueños se volvieran oscuros, así tuviera que velarlos por siempre.
Emma durmió hasta pasado el mediodía, sin pesadillas.
-¿Sigo soñando? –Fueron sus primeras palabras y tenía el encaje de la cobija marcado en una mejilla.
-No estás soñando, aquí estoy, podemos ir con tus padres y tu gato en cuanto quieras.
Emma negó en un gesto dulce, cerrando los ojos. –Me gusta estar aquí…
-Hay muchas cosas que hacer Emma, tenemos que encontrar un nuevo heredero, revisar que todo esté en orden y prepararnos para la guerra y eso es solo lo que me viene a la mente de inmediato.
-Bien, tienes razón deberíamos ir a ver si Lucifer está bien y quiero conocer a ese bebé.
-Es un huevo, ovalado, brillante, enorme… realmente no te pierdes de mucho… aunque en realidad nunca has visto uno, supongo que te va a encantar.
-Oh por todos los cielos, estás celosa.
-¿En serio? Sólo unas horas conmigo y ya recordaste qué botones tocar para irritarme. Notoriamente no estoy celosa, sólo me parece que surgió en mal momento.
La risa de Emma llenaba la habitación mientras la mujer se defendía, decidida a dejar las cosas en claro… -¿Crees que funcione en todos los casos? –La duda surgió en ella en un gesto dulce e inocente.
-¿A qué te refieres?
-Un bebé… tú y yo.
-¿Disculpa?... –Exclamó en un inesperado ataque de tos. - ¿Te perdiste la parte en que expliqué que era un mal momento?... Estamos por iniciar una guerra, ¿Planeas llevar una criatura en un brazo y la espada en la otra?
-¡Oh por todos los cielos! ¿Voy a poder pelear? –Quiso saber y sus ojos verdes bien abiertos le causaron a Regina una risa automática; sus prioridades nunca dejaban de impresionarle.
-Confío en ti, de ser necesario vas a luchar.
-Eso es lo mejor que he escuchado en mucho, MUCHO tiempo. –Suspiró. –Casi logro olvidar que rechazaste ser la madre de mis hijos.
Regina giró los ojos con fastidio y negó con ironía ante la risa suave de Emma. ¿Cómo podían sentirse tan felices? ¿Cómo podían estar tan tranquilas cuando todo lo que conocían se encontraba en peligro por ellas? … El egoísmo se sentía bien, necesario…
Emma se incorporó para mirarla a los ojos, con lentitud magnética sus labios se encontraron y Regina pudo sentir que era diferente… era un beso lleno de pasión y deseo como había sucedido en su cumpleaños en los jardines del palacio de verano… su corazón se sentía seguro… sólo estaban ellas dos y el silencio era tan abrumador que hubieran podido escuchar un alfiler golpeando contra el suelo… Sus sentidos estaban agobiados… sobrecargados y mientras Emma se ponía sobre su cuerpo iba comprendiendo hacia dónde la llevaba… Pudo sentir las manos temblorosas en su cintura y no pudo evitar el gemido que escapó de sus labios a penas su cuerpo pareció encajar contra el de ella…
-Dioses… Emma… Tú… tú no quieres esto, no tenemos qué hacer esto. –Le hizo saber al oído.
-No tienes idea de cuánto te deseo… me siento mareada sólo de pensarlo. –Gimió sin abrir los ojos y Regina exhaló ante la ironía del comentario. Ella sabía exactamente cuánto la deseaba… podía sentirlo bajo su propia piel… en su corazón… en su mente… Emma la amaba tanto y ella… ella era la que estaba asustada.
-Tengo miedo. –Confesó escondiéndose en su cuello, avergonzada.
-¿Miedo? –Su pregunta surgió a la mitad de un suave gemido y el tono de deseo se convirtió en preocupación. -¿De mí?
-No podrías estar más equivocada. –Respondió tomando su rostro con ambas manos. -Nunca he hecho "esto", con alguien a quien amo… Tuviste una noche difícil y no quiero que sufras más por mi culpa.
-Yo te amo a ti. –Le hizo saber apenas recuperó su sonrisa. – y tienes que dejar de tratar de pensar por mí, o vas a tener una chica ordinaria muy molesta.
-¿Chica ordinaria?
-Oh si… ¿No escuchaste las buenas nuevas? Ya no soy una princesa. – Preguntó divertida y Regina volvió a sonreír.
-Algo escuché de eso… -Ironizó alzando su cabeza para encontrar sus labios. –Te amo, Emma.
Repitió que la amaba con susurros suaves cerca de sus oídos…. Susurros contra su piel y volvió a besarla… No había sentido algo así… sus labios eran tan suaves… tan tersos y rítmicos… su respiración se agitaba de forma deliciosa para sus oídos y sus ojos se habían cerrado en un vaivén de emociones… Emma no estaba segura de qué era lo que estaba haciendo… pero podía confirmar en ese momento que no había nada mejor en el mundo que tocar a Regina. -Tu blusa… - Se quejó al sentir que sus dedos empezaban a molestarle por acariciar tanta tela….
-¿Has aprendido cómo desabotonar tu sola o quieres que lo haga por ti? –Regina se burló y Emma le mordió el labio inferior fingiendo molestia en un acto apasionado que dejó a Regina sin aliento… Ni siquiera logró reaccionar a tiempo para darse cuenta de que, efectivamente había aprendido a utilizar los botones y su blusa le caía por los hombros ante la mirada fija de quien siempre sería princesa para ella. -¿Hay algo mal en mí? –Preguntó con suavidad.
-No… sólo que si voy a despertar, este es el momento en que quiero hacerlo, no quiero llegar más lejos si esto es un sueño.
Regina le otorgó una sonrisa ligera, calmada y tranquila mientras se incorporaba y entre besos la dejaba bajo ella.
-Quiero que tengas mi corazón por siempre Emma. –Dijo sentada sobre su pelvis al terminar de quitarse la blusa… dejando sus pechos al descubierto y dedicándole la mirada más dulce de todas.
-Te amo Regina. –Jadeó y sintió como se inclinaba para besarla, haciendo que sus cuerpos hicieran clic, provocaran más gemidos desesperados… movimientos suaves y acalorados.
Las manos de la reina le desabotonaron con calma… sus labios besaban cada parte que quedaba al descubierto mientras la desvestía y la sentía temblar bajo su cuerpo, no estaba nerviosa… no quería que se detuviera y no estaba asustada.
Tomó sus pechos entre sus labios y la joven abrió los ojos y clavó sus uñas en la cama… insegura sobre lo que debía de hacer con sus manos… todo era tan nuevo y maravilloso que sentía que explotaría en cualquier momento… alzó sus caderas en un intento desesperado de fricción y Regina sonrió…. La sentía.
La respiración agitada y perdida de Emma comenzaba a enloquecer sus sentidos… ¿Cómo podía sentirse todo tan nuevo? Como una primera vez… Lo era porque la amaba, la amaba con fuerza y no la dejaría ir jamás… quería probar cada parte de su cuerpo como si toda su vida hubiera sido un fruto prohibido que al fin se le permitía… que se le entregaba…
Los pantalones de montar eran ajustados y apretando sus manos en la cintura los bajó junto con la ropa interior, un gemido de sorpresa se escapó de los labios… Tal vez Emma debía reconsiderar… porque efectivamente había algo equivalentemente placentero a la sensación de tocar a Regina y era ser tocada por ella… Sus manos recorriéndole el cuerpo, con suavidad y amor… con deseo, haciéndola sentir hermosa y especial… excitada. Sintió sus labios sobre su ombligo y de nuevo alzó la cadera, probablemente por instinto, sorprendida.
-¿Qué haces? –Preguntó agitada.
-Confía en mi… -Rogó y en su mirada oscura brillaba deseo, haciéndola consentir por instinto; cuando mordió su pelvis sintió cómo su cuerpo entero se paralizaba ante la expectativa y separándole las piernas con ternura se hundió entre ellas ocasionándole un gemido desesperado, haciéndole arquear la espalda con los ojos bien cerrados… Definitivamente eso no venía en los libros.
–Cielos… Regina. –Logró articular con respiración esporádica y sus manos se aferraron a las cobijas con más fuerza de la que ella hubiera pensado que tenía… lastimándole los dedos… sus ojos se humedecieron, no estaba triste sólo sintiendo… sintiendo demasiado y mientras una lágrima mojaba sus sienes una ola de placer le recorrió el cuerpo de forma tan intensa que sus hombros y caderas se mantuvieron con vibraciones fortuitas durante un buen rato.
-Emma… -Suspiró entre sus piernas llenándole de besos y suaves mordidas, regresó con lentitud dolorosa hasta sus labios y pudo sentir como esa zona, completamente húmeda y temblorosa rozaba contra la tela del pantalón de su amada…
-Regina… -Repitió cómo si fuera la única palabra con sentido en su mente y antes de poder recuperar el aliento sintió que esos suaves dedos se abrían paso entre su sexo y habría gritado si la sensación al besarla y recibir esas suaves mordidas en los labios no fuera suficiente abrumadora por si misma… Esos dedos le causaban dolor… la lastimaban y aun así no podía evitar mover su cadera en un vaivén instintivo… separando las piernas y clavando sus uñas, esta vez en su espalda… como si su vida dependiera de ello.
Sus gemidos se tornaban cada vez más incoherentes y sus ojos incapaces de mantenerse abiertos por el gozo le indicaban a Regina que lo hacía bien… lo hacía muy bien y no había sentido nada igual… no tenía igual la forma en que su cuerpo despertaba al tacto y podía sentirlo, disfrutarlo como si se tratara de ella misma y sentirse amada… la forma en que Emma sólo deseaba más y que viniera de ella la empezaban a enloquecer lentamente… la quería llenar de besos y lo hizo sin detenerse… tan suave y tersa… apretando sus dientes en ella y bebiendo su piel. Podía sentirla apretada y dulce entre sus manos y fue en jadeos frenéticos pudo sentirla llegar de nuevo… quedarse atrapada por un momento y luego mirarla inerte… en un sopor claro y hermoso. Así era como quería pasar el resto de su vida…
-Más… -Susurró en su oído, con la boca completamente seca y a penas capaz de mantenerse consciente. –Más… -Rogó.
Y Regina, aún presa de su interior accedió en una sonrisa, besándole el cuello y moviéndose en ella con más fuerza y seguridad, con fuerza como si su cuerpo se llenara de energía sólo de sentirla, piel con piel y las manos de la joven se posaron en su cintura, atrayéndola como si quisiera volverla parte de sí… apretándola y sin que la reina lo viera venir acabó debajo de ella.
-Emma… -Suspiró al sentirse sorpresivamente debajo… observando cómo sus mejillas aún estaban carmesí por el calor y la fina capa de sudor en sus hombros…
-Eres mía. –Afirmó en una dulce e inocente toma de control… mordiéndole la boca y sacándole los pantalones con las manos temblorosas… nerviosa de lo que se pudiera esperar de ella.
-Toda tuya y sólo tuya, Emma. –Gimió contra sus labios y alzó la cadera para facilitarle la labor… Nuevamente la joven se mantuvo hipnotizada un momento, esta vez ante su completa desnudez y Regina tuvo que pasarle los dedos por la mejilla para traerla de regreso. -¿Todo en orden? –Inquirió en una sonrisa completa y Emma sólo pudo besarla de nuevo… por un largo rato mientras sus manos se divertían… desde su espalda hasta sus piernas, acariciando cada parte desnuda con dulce curiosidad.
-Eres tan hermosa… eres tan suave. –Le hizo saber con ambas manos en sus caderas… tenía los ojos cerrados y el gesto apretado como si tratara de memorizar cada parte de su cuerpo.
Nunca había sentido en su vida un deseo tan intenso de hacer algo como cuando entre besos y abrazos su sexo acabó suavemente unido al de ella… cuando su instinto le dijo qué hacer y entrelazando sus dedos con los de ella empezó un ir y venir sofocante que hizo que Regina perdiera la cabeza y jadeara en búsqueda de aire cómo si lo necesitara, como si fuera nuevamente mortal y Emma la pudiera matar de deleite… Que buena muerte.
Soltó sus manos porque necesitaba tocarla… pasar los dedos por su espalda nívea… Emma apoyó sus muñecas sobre la cama y se incorporó suavemente, sin romper el contacto, sin romper el ritmo y besándole el cuello…. Sus miradas se encontraron un instante y pudo percibir sus pupilas dilatadas… esos ojos oliváceos consumidos por la labor y como su cuerpo se acompasaba al de ella de forma sinérgica… estaba tan húmeda… estaban tan húmedas que instantes después y aferrada a su piel sintió cómo el placer la inundaba, una y otra vez en ese acto tan personal y suyo… Fuertes gemidos murieron en su garganta pues sus labios unidos parecían no ceder en la batalla de gozo.
-Regina… -Gimió al sentir cómo su cuerpo se apretaba.
-Emma… -Respondió agudamente mientras se tensaba a gusto y se dejaba llevar por el descontrol…. No había nada igual….
Tardó varios minutos en recuperar el aliento… en lograr calmar ambos corazones mientras su princesa le besaba los hombros… le mordía el cuello y se mantenía unida en el centro.
-Te amo… te amo… te amo. –Susurraba entre cada beso y podía sentir sus labios resecos por la fricción.
-Siempre tuya. –Prometió hundiendo sus dedos en la vasta cabellera rubia… tomándola de la nuca y buscándola para un beso.
-Te amo… -Susurró una vez más, Emma y esta vez sus ojos se encontraron, dedicándose una sonrisa suave… tímida… como sólo alguien que se ama puede hacerlo.
Y como si se miraran por primera vez en ese acuerdo de amor perpetuo y recíproco por el que habían esperado toda la vida… Una suave onda mágica surgió de su beso hacia el exterior… con un tenue sonido a viento y un color rosado y brillante… Lo siguiente que supo fue que Emma lloraba por inercia apretando los ojos como si su mente estuviera repleta de información…
Pudo sentir la angustia… la preocupación y el amor en su pecho y al mismo tiempo… como si alguien le regresara su corazón y pudiera distinguir sus emociones de las de Emma, sentirlas a ambas y saber finalmente que ese amor residía en ambas con intensidad era mutuo y no instintivo…
-¿Qué sucede, cariño? –Le preguntó suavemente incorporándose en sus hombros… tocándole el rostro y acariciando su espalda. –Todo está bien.
Pero la joven parecía haberse congelado y su respiración haberse detenido sin previo aviso…
-Regina… Eres inmortal. –Le hizo saber.
-Lo soy. –Confirmó en un susurro, desconcertada.
-Te siento… te siento dentro de mi…, tu corazón.
-¿Cómo dices? –Alzó la mirada en confusión, parando todo por un momento sólo para mirar de nuevo en sus ojos verdes.
-Me amas.
-Claro que te amo. –Sonrió. -¿Puedes sentir mi corazón?
Emma asintió con suavidad y pegó su oído al pecho de la reina para sentirlo palpitar contra sus mejillas. -¿Puedes sentir el mio? –Su pregunta fue clara y nunca esperó que algo así sucediera antes de que pudiera explicarle por lo que se limitó a asentir. -¿Desde cuándo?
-No te va a gustar, cariño. –Le hizo saber en un tono nervioso y Emma sonrió.
-¿Qué puede ser tan malo que sólo de mencionarlo te ha puesto intranquila? –Comentó inquisitiva… con la mano sobre su pecho… sintiendo el corazón ageno… Definitivamente Emma manejaba mil veces mejor la situación de compartir emociones que ella.
-De verdad puedes sentirme. –Confirmó besando sus labios tiernamente y esta vez el beso llegó a ella en lapsos, como un eco de gozo y dulzura… -Puedo sentir que me sientes. –Exhaló asombrada y observó cómo las lágrimas de Emma aún no terminaban de caer, explorando el alma de su amada a cada latido, compartiendo el vínculo.
-¿Por qué puedo sentirte? ¿Hice algo mal? –Preguntó con ternura.
-Es mi culpa… más o menos. –Comenzó y Emma se recostó en su pecho para escucharle con atención. –Cuando fuiste atacada por Robin Hood ibas a morir, morir de forma inminente y no había nada que pudiéramos hacer… tu cuerpo no funcionaba más y eras prácticamente piedra… Fue necesario crear nuestro propio hechizo para sacar el veneno pero al sacarlo de tu cuerpo el daño era tan fuerte e irreversible que morirías…. No imagino un mundo sin ti, Emma… no lo puedo concebir, ni entonces ni ahora y Maléfica localizó un hechizo complejo y antiguo para amantes en el que uno de los dos podía renunciar a su mortalidad para darle a su amado la oportunidad de vivir sus años de tiempo en vida… condenando al amante a vivir por siempre y con el vacío recuerdo de quien habían ayudado a traer de regreso e incapaces de hacer algo al respecto con su eternidad.
-No… no puede ser cierto. No… no puedes haber renunciado a tu vida, por mi…
-Valió la pena, mantengo mi forma de pensar… tu compañía, tu presencia es lo mejor que me ha pasado, amarte y que me ames… nunca te lo dije porque no podías sentirme y quería que llevaras esa carga, no te quería cuidando cada cosa que sintieras, te deseaba sin preocupaciones…
-¿Tú me mantienes viva? –Inquirió con miedo. -¿Estoy muerta?
-No. –Respondió negando de inmediato y acarició su rostro. –Estás viva y mi corazón late con el tuyo… pero el mío podría dejar de latir y el tuyo se mantendría fuerte porque ahora tienes mi mortalidad… yo sencillamente estoy atrapada en este plano por siempre.
-No suena sencillo. –Admitió y sintió la nostalgia en el corazón de Regina… la angustia y el miedo a que ella la rechazara… Era nuevo, completamente extraño pero finalmente se daba cuenta de que Regina era una persona como cualquier otra… con deseos, miedos y preocupaciones constantes… con sentimientos puros y remordimientos serios… finalmente comprendía las razones e intenciones de la mujer que amaba… Una persona buena y desinteresada que había renunciado a su vida solo para no perderla.
-No he tenido mucho tiempo de pensarlo… aún te tengo conmigo… Maléfica se dedicaba a buscar una solución pero hace un tiempo que sólo me dedico a agradecer que existes… no hay nada en este mundo que nos pueda ayudar a revertir la inmortalidad… y de hacerlo, no sabemos si sobrevivirías, no es un riesgo que estemos dispuestas a correr.
-No tenía idea. –Admitió y su pecho aún se sentía abrumado por tantas impresiones… deseaba hundirse en la piel de Regina y perderse por siempre en ese mar de nuevo conocimiento… la mujer confiaba sinceramente en ella… descubriendo dentro de sí misma todo el amor que existía hacia ella… la lealtad y sinceridad. –Encontraremos la forma, Regina, ahora estoy al tanto y buscaremos por todos lados.
-Te amo tanto, Emma… en este momento sólo quiero estar contigo.
-Y yo contigo. –Expresó en una sonrisa y la rodeó con sus brazos antes de fundirse en un beso largo y apasionado antes de que todo volviera a comenzar entre caricias y mordidas… vaivenes enloquecedores, gritos ahogados y gritos explícitos… peticiones urgentes y placer palpable.
El sol se había ocultado cuando finalmente Emma calló rendida… aferrándose a su cuerpo y con los sentidos entumecidos… feliz y Regina no pudo hacer otra cosa que observarla… observarla atentamente…, su mentón afilado, esa nariz perfecta y las dulces pecas que se formaban en sus mejillas… ese respirar calmado de alguien que descansa y sus brazos fuertes rodeándola… haciéndola sentir pequeña y segura Realmente no tenía claro cuándo volverían a estar así de tranquilas… era consciente de que afuera de esa casa estaba su familia lidiando con la situación… Rumpelstinskin en búsqueda de venganza y un reino sin rey. Pero ellas disfrutaban.
