Capítulo 6 "Entrenamiento Carmesí"

Dos personas se encontraban en un mar de rojo carmín en las profundidades del bosque, uno era un hombre de mediana edad muy apuesto de cabellos cobrizos, mirada serena y sabia, la otra era una niña de unos 12 años de cabellera aguamarina y rostro de ángel, ella veía fijamente los blancos enganchados en los árboles tanto cercanos como mas alejados.

Poseía tres Royal Demon Rose en su mano derecha, cerró los ojos y recordó las palabras de su padre allí presente "debes concentrarte y fijar puntos neurálgicos, que no haya nada mas en el mundo aparte del objetivo"

Lanzó tal cual fueran dardos aquellas hermosas pero letales rosas, dos se enterraron limpiamente en los árboles más cercanos mas la última llego al árbol más alejado y lo rasguño.

_Maestro lo logre! – dijo con alegría la niña, por alguna razón no le gustaba decirle padre cuando entrenaban – pude acertar en todos los blancos con las Royal Demon Rose!

_No, debes hacerlo otra vez – le dijo parcamente.

_Por que? Apenas…

_Ingenua, una de las rosas no llegó a su objetivo! – interrumpió duramente – sabes realmente lo que eso significa? Significa la muerte de otro! Ya sabes que las Royal Demon rose contienen un veneno mortal por eso mismo debemos tener un control total de ellos para evitar la muerte de inocentes.

Los ojos cobaltos de la niña lo miraron fijamente, eso era lo que menos quería, el solo hecho de matar a un inocente hacía que se le secara la boca y se le hiciera un nudo en el estomago.

_Recuerda Albafika, si no lo haces solo nos queda esperar una tragedia – le extendió tres rosas más – vamos, hazlo de nuevo!

_Si! – dijo energéticamente, tomó las rosas y concentro todo su cosmo en los objetivos, solo ellos nadie ni nada más existía en esos momentos.

Una tragedia, es lo que más teme mi maestro, su sangre está impregnada con el mismo veneno que las rosas, siempre ha vivido en soledad entre estas flores escarlata, me pregunto como se siente una soledad tan grande.

_Maestro!, acerté todos los blancos! – esta vez tanto los árboles más cercanos como el más alejado quedaron ensartados con las Royal Demon Rose.

La niña miro radiante a su padre y mentor, este simplemente la miro con una sonrisa llena de orgullo.

_Muy bien Albafika y recuerda siempre que no debes fallar objetivo alguno, debes ser implacable.

Los rayos del sol eran tan fuertes que traspasaban las cortinas del templo de piscis hostigando el sueño de cierta niña.

_Solo un rato más – murmuró perezosamente, aún era muy temprano para levantarse, pero en unos instantes se levanto como si la cama estuviera compuesta por miles de espinas, recodó que su padre dijo que el entrenamiento era lo primordial – no, si quiero ser fuerte debo entrenar desde que tenga conciencia.

Se vistió rápidamente, extrañamente no sentía la presencia de su padre en el templo ni en ninguna parte, habría ido nuevamente a alguna misión asignada por el patriarca? Se aterro ante la idea, odiaba más que nadie la soledad.

Se alivió al ver sentado en la sala principal a Lugonis, estaba tomando una taza de té tranquilamente.

_Buenos días Albafika – dijo con su parsimoniosa voz.

_Buenos días padre, esto…

_Te preguntas como puedo estar ante tus ojos sin que sientas mi presencia?

_Efectivamente, o sea… tu cosmo desapareció por completo.

_Eso aprenderás hoy – dejo la taza a un lado y se levantó – a esconder tu cosmo.

Los ojos cerúleos de ella destellaron, era algo que había añorado con tanta fuerza como el solo hecho de hacerse fuerte, significaba que podía ir con casi cualquier libertad sin que nadie la rastreara, incontables veces había sido pillada por sorpresa por no poseer aquella habilidad.

Se dirigieron en silencio hacia el jardín de la casa de piscis, Lugonis se sentó tranquilamente entre las rosas, con la mirada invito a que Albafika hiciera lo mismo, cuando ambos estaban ya sentados el comenzó a explicar.

_Todos los seres poseemos fuerza vital, el cosmo, pero no todos tenemos la capacidad para incendiar esta fuerza vital hasta el infinito, es como un pequeño universo en nuestro interior, ahí nos diferenciamos los santos de los seres humanos corrientes, como somos capaces encender la llama hasta posibilidades insospechadas también tenemos la capacidad de detener este poder.

_Es como un proceso inverso? – todo comenzaba a tomar sentido para ella.

_Exactamente, debes ser capaz de poder detener por completo tu universo interior, se que es difícil de comprender al comienzo pero deberás aprender a meditar.

Los primeros días le costó mucho poder hacer aquello, no le había costado nada poder potenciar su cosmo y utilizarlo en las rosas pero esconderlo era muy difícil, apagar su interior sin perder la conciencia, sonaba risible pero era cierto.

_A ver hazlo una vez más – dijo pacientemente Lugonis.

La joven cerró los ojos para no desconcentrarse, se sentía lenta, pesada, su cabeza comenzó a caer….

_Albafika!, no debes quedarte dormida – le reprendió su maestro.

_Lo siento pero es mas difícil de lo que parece.

_Una vez más.

Así sucesivamente, lo repitieron durante días, semanas, ya había pasado un mes y medio desde que habían comenzado este delicado y por qué no, tortuoso entrenamiento, hasta que un buen día:

Se encontraba sentada en su habitación en posición de flor de loto, tenía que hacerlo no se quedaría de brazos cruzados, su mente vagaba por una especie de líquido color lavanda, una parte de ella gritaba por exteriorizar todo su poder pero ella lo retenía como podía, esa llama se iba diluyendo en este líquido hasta que desapareció por completo.

Abrió los ojos de súbito, se sentía liviana, diferente a lo normal, era como si pudiera tocar el cielo con sus manos, como si pudiera respirar bajó el agua, tantas sensaciones extrañas que quizás no pudiera explicar bien.

Sintió de pronto pasos apresurados, acercarse a su habitación.

_Albafika, donde estas? – la voz de su padre sonaba anormalmente preocupada.

Lugonis entro a la habitación y vio a la niña sentada en posición de meditación en el medio de sus aposentos.

_Lo logré!... o no? – dijo dudosa.

El rostro de Lugonis se iluminó, efectivamente, lo había logrado, se había preocupado de sobremanera al no sentir su cosmo, una parte de él quería pensar que había logrado el objetivo del último mes pero era luego, demasiado luego, así que opto por la otra opción, la preocupación, se habría debilitado tras tanto entrenamiento?
No, como lo había predicho el patriarca, la chica tenia condiciones sobrehumanas para ser un santo, lo más probable es que en un futuro lo superaría.

_Felicidades querida, lo lograste – la niña se levanto y se acerco a su padre, le sonrió como solo ella sabía hacerlo, definitivamente era su tesoro – me sorprende que tan luego.

_Por que lo dices? – según ella había demorado mucho.

_Es un entrenamiento avanzado, yo demore en dominarlo 6 meses – le dijo con una sonrisa.

Seis meses! Eso era mucho tiempo, Albafika realmente no se imaginaba a su padre como un aprendiz, lo vio siempre tan sabio y poderoso, estaba radiante de alegría al saber que lo estaba haciendo bien, ahora sería capaz de poder andar con libertad sin ser molestada.

Su padre le había dado el día libre, le había dicho que se lo había ganado tras tanto entrenamiento.

Se encontraba en el bosque apagando el calor en la cascada donde siempre iba, estúpidamente no llevaba sus atuendos ligeros para bañarse sino que había ido con su vestimenta de entrenamiento que era bastante pesado y tosco, no tenía remedio, tuvo que desnudarse por completo para poder bañarse con total libertad ,se despojo grácilmente de sus vestiduras y puso su nuca debajo de la cascada, el agua era realmente refrescante y apagaba el abrasador calor de verano, se sentía segura, conocía a todos los animales del bosque y sabia que por su naturaleza venenosa no se acercarían a ella, y si alguien quería hacerle algo siempre podría defenderse con las Royal Demon Rose.

Olvidó el hecho de que quizás más de alguna persona fuera capaz de esconder su cosmo al igual que ella…

Había entrenado mucho, quizás demasiado para el gusto de su mentor el gran patriarca, cada día lograba hacerse más poderoso, su crecimiento físico e interior daba pasos agigantados.

_Bueno Manigoldo, te parece si hoy te tomas el día libre? – le dijo tranquilamente, sabía que esta noticia no le caería bien al terco muchacho.

_Pero anciano… aún me falta mucho, nunca será suficiente.

_Ten cuidado, el exceso de entrenamiento agota el cuerpo y la mente, considero que lo has hecho bien, tómalo de este modo, es tu premio por tanto esfuerzo y sudor.

_No me convences… - lo miro irónicamente.

_Bueno tendrás que hacerlo a la fuerza porque tengo una misión muy importante que hacer y no podre vigilarte.

_Entonces… puedo hacer lo que quiera? – su mirada se torno ladina.

_No te pases de listo, sabes que Sísifo quedara a cargo de todo y no aguantara que hagas estragos en el santuario.

_Tan joven y tan aburrido…

_Que dijiste?

_Nada, bueno entonces iré al pueblo haber si encuentro algo interesante.

_Suerte con ello muchacho – él sabía perfectamente que Manigoldo no haría eso, pero mientras no hiciera estragos las cosas deberían estar bien, Sísifo era impecable como reemplazo.

De ese modo el joven aprendiz se dirigió a la casa de cáncer, que haría realmente? No lo pensó demasiado, hacía un calor de los mil demonios era como si el diablo hubiera decidido compartir una parte del abrasivo inferno con todos los mortales.

Se dio una ducha de agua fría y se puso ropa ligera, salió rápidamente del santuario, no quería encontrarse con los demás aprendices, eran tan correctos y aburridos exceptuando al enardecido Kardia aprendiz de escorpio, se parecían bastante y habían hecho buenas migas.

Cuando iba en la casa de géminis se encontró con el aludido Kardia, venia con cara de hastió más mugroso que perro vagabundo, a su siga iba caminando elegantemente Degel que a pesar de venir con ropas de entrenamiento no perdía ese dejo de etiqueta que lo caracterizaba.

_Creo que esta vez te pasaste pedazo de hielo – le dijo molesto Kardia.

_Era eso o que me punzaras con tus pocas aseadas uñas – dijo el peliverde en un respingo.

_Ahhh!, el señorito no soporta un entrenamiento de verdad – le encantaba desafiar a Degel, a pesar de que este no le llevara demasiado su juego.

_Dices eso y te quejas por una pequeña brisa – le contestó mordazmente.

_Ya dejen de pelear, parecen matrimonio anciano – dijo divertido Manigoldo.

_A ti nadie te invito al baile cangrejo – le dijo Kardia, Degel simplemente lo miro y bajó la mirada, se había dado cuenta que había caído en el juego del pequeño escorpión.

_Buenos días Manigoldo – le dijo Degel cortésmente.

_Hola hielito – a este denominación Degel lo miro fríamente, no le gustaba que le dijeran así, pero aguanto algún comentario que lo hiciera entrever.

_Por cierto, a donde vas? – le dijo curioso Kardia.

_Es mi "día libre" – dijo haciendo total énfasis en aquellas dos palabras.

_Puede ser un cabezota pero entrena en demasía – dijo Degel, era cierto, el entrenamiento del patriarca era muy duro.

_Podrías esperarme para ir a molestar a las niñas de Rodorio – le dijo Kardia mordazmente, aparte de molestar el aprendiz de acuario adoraba enfadar a las niñas lindas.

_Kardia, no todos son tan infantiles como tu – aunque dudaba que Manigoldo le dijera que no, ambos eran unos cabeza hueca.

_Reconozco que es una buena oferta, pero pensaba entrenar un poco en el bosque – le dijo sinceramente, tanto Kardia como Degel abrieron los ojos sorprendidos, esa no era una respuesta usual.

_Bueno si es lo que deseas, quizás te encuentres igualmente a alguna flor a la cual molestar.

_Que quieres decir con ello? – no entendió, las niñas de Rodorio tenían prohibido acercarse al bosque.

Degel solo frunció el ceño, tampoco comprendía del todo las palabras del escorpiano.

_Vi a una niña dirigirse al bosque, quizás necesitaba hierbas medicinales, era una visión extraña.

_Ya lo creo, ir solo al bosque sin saber defenderte es un suicidio – recordó su encuentro hace algunos meses con Albafika, por alguna razón nunca pudo sacarse esos ojos y cabellera aguamarina de su mente, era tan especial, agito su cabeza molesto, no le gustaba recordarla, demostraba debilidad, era simplemente una aprendiz más – por casualidad viste como era exactamente?

_En una palabra – posó su uña sobre sus labios pensativamente – hermosa.

Manigoldo y Degel empalidecieron, podría ser?
_Mas detalles por favor – dijo Degel.

_Bueno bueno – dijo el muchacho molesto – cabello semi largo aguamarino, ojos cobalto, rostro perfectamente perfilado.

_Como lo pensé – dijo el acuariano despejándose un mechón de cabello – es Albafika.

_Alba que? – Kardia no entendía.

_La aprendiz de piscis, Albafika – dijo manigoldo intentando no darle importancia al asunto, de hecho no la tenia, la chica sabía defenderse sola.

_El aprendiz de piscis es una chica?!

_No seas idiota Kardia, en ninguna parte se dice que las mujeres no pueden ser santos.

_Lo se pero… pueden ser dorados?
_Claro que si – le dijo Manigoldo – bueno tengo que irme, el entrenamiento me espera.

_Ahora lo llamas entrenamiento – le dijo Degel entrecerrando los ojos, tonto no era y sabía que quería ver a la niña.

_No te metas!

_No lo haré, haz lo que te plazca – sabía que Albafika se daría a respetar, no tenía por que preocuparse.

De ese modo tanto Kardia como Degel se fueron a sus respectivos templos, Manigoldo se sentía extraño, quería con todas sus fuerzas volver a ver aquel rostro pero por otra parte lo encontraba estúpido, era solo una aprendiz más.

_Iré al bosque como lo había dicho, es mi entrenamiento, mi deber – se dijo no muy convencido, muy en el fondo de su ser, el sabía sus verdaderos motivos.